Epílogo


Obito se estaba tardando como siempre; lo mismo le había hecho Tobi en Akatsuki. Solía presentarse tarde a "recibir" las misiones. Deidara suspiró, mientras se distraía con la película de lo que había sido la vida de Tobi, esperando con la chica.

–Y esta fue la vez en que Guy quiso retar a uno de sus duelos a Kakashi-kun, Obito se tropezó con su bufanda y recibió el golpe sin querer. Obito siempre se golpeaba mucho, si ves aquí, fue la primera vez que practicamos con shuriken con Minato-sensei; afortunadamente Obito había empezado a utilizar esas placas de hierro en los brazos, no sé en qué habría terminado si no las usaba la primera vez que pasamos a los kunai en un dos contra uno. Minato-sensei dijo que quería nivelarnos al más avanzado, por supuesto que era Kakashi-kun, y a mí, que tenía miedo de herirles con las armas blancas, así que Obito tuvo que enfrentarnos a ambos; si bien intenté ser suave era mucho para él tratar de esquivarnos a los dos, Kakashi-kun no le daba respiro y como verás aquí se tropezó con sus sandalias y cuando cayó la antiparra le hundió la bandana en la frente, tuve que coserle varios puntos, aunque afortunadamente se curaba bastante rápido y…

–¡Basta! ¡Tobi es peor de lo que creí!– jamás había visto a un ninja tan torpe y bruto. ¡Ni siquiera él cuando era pequeño había cometido errores tan absurdos! Tampoco recordaba que en Iwa alguien tan rústico se hubiera convertido en ninja. La política de Konoha era muy blanda, o estaban muy necesitados de shinobis durante la infancia de Obito. Sí, eso debía ser, la guerra. Como sea, le daba algo de vergüenza que ese haya sido el líder de Akatsuki, su jefe.

Deidara tamborileaba nerviosamente los dedos sobre su codo, los brazos cruzados, vistosamente indignado. Rin se rió y volvió a dirigir la mirada al río donde aparecían sus recuerdos mezclados con la vida de Obito que le iba mostrando al rubio mientras pasaban el tiempo esperando. Esperar acompañada era mucho mejor que hacerlo sola, la última vez que había visto a una persona fue a Kushina.

–¿Y qué más quieres ver, Deidara-kun?– prosiguió con amabilidad.

–Hm, al menos muéstrame la primera vez que ganó una batalla para no morirme de nuevo por la vergüenza ajena.

–¡Ok! Veamos… Si mal no recuerdo, el primer gran avance que vi en Obito fue en el Bosque de la Muerte, durante el examen para chuunin.

–Al fin…

La imagen comenzó a aparecer con nitidez. Rin nunca dejaba de sorprenderse de cómo en el más allá podía ver toda su vida con claridad, incluso si no recordaba algo a detalle.

–¿Ves? ¡Obito logró controlar el katon!

–Woah, ¡al fin un jutsu medianamente digno!– exclamó Deidara entusiasmado, sacudiendo sus puños.

En el río de imágenes, Obito inspiró para escupir fuego, atragantándose con un caramelo, y recibiendo una patada del cejudo ridículo que lo dejó fuera de juego en el acto.

–Rin…

–¿S-sí…?

–¿Este tipo nunca ganó una batalla?

–¡Oh, no es eso, es que creí que te interesaría ver su progreso!

–Así que una ninja analítica, hm. Por lo visto, Tobi era el único tonto de su equipo.

–Oh bueno, gracias, aunque creo que es porque me era muy difícil seguirle el nivel a Kakashi-kun… ¡Pero Obito no era tonto! Te mostraré su otro gran avance en ese mismo examen.

–Sor-prén-de-me.

–Deidara-kun, no seas malo. Tú quieres mucho a Obito, no pretendas que no me he dado cuenta– le dijo guiñándole un ojo, con un gesto angelical que no podía hacer que se enojara con ella. Seguro así se había enamorado el idiota de Tobi.

Deidara comenzó a peinarse el cabello, fingiendo que no la había escuchado. Rin sólo sonrió y le palmeó suavemente la espalda.

–Está bien Dei-kun, te lo mostraré.

–Hmp.

Allí estaba Tobi, con esas ropas tan ridículas que usaba de crío, en lo que parecía un estadio cerrado, a punto de enfrentarse en un duelo individual con el mismo cejudo de antes.

–¿Ese tipo molestaba a Tobi?– preguntó, frunciendo el ceño más la cuenta. Apenas muriera y se apareciera allí, le daría una paliza por molesto y por feo.

–No, Guy era un chico muy bueno también, sólo algo… Incomprendido y… Em, él quería ganar a toda costa para enfrentarse a Kakashi-kun.

–Veo que todo gira alrededor del espantapájaros, hm.

–¡No le llames así, por favor! ¡Es que Kakashi-kun siempre sobresalió desde muy temprano por sus habilidades y…!

–Ya entendí, Rin, dime, ¿cuándo van a comenzar?

–Aguarda un poco. Eres muy impaciente, Deidara-niisan.

¿Deidara-niisan? Le recordó brevemente a Kurotsuchi. Sonrió de costado, inclinándose a ver el desarrollo de la pelea.

–Rin.

–…

–¿Es en serio? ¡¿Siempre estaba comiendo mientras peleaba?! ¡Con razón no se cansaba de pedirme que le comprara paletas en Akatsuki, hm! Y que se las comprara cuando todo éramos criminales… Oh, no debí decir eso– la miró con algo de recelo.

Rin parecía estar bien, le sonrió como siempre. Esa niña no se cansaba de sonreír.

–No te preocupes, no hay nada que no haya visto ya, ¿recuerdas? Después de todo, incluso soy mayor que tú.

Sintió el palpitar de una vena. No le gustaba que nadie insinuara superioridad sobre él. Aunque Rin no lo había hecho con esa intención, realmente. La pequeña había colocado una manecita sobre la suya, en un gesto que intentaba ser reconfortante. Y sí lo era.

–Está bien, entonces, volviendo al examen para chuunin… Puedo ver que Obito no pasó de buenas a primeras.

–Tuvo mala suerte al enfrentarse con Guy en esa ronda, eso fue todo.

–Rin, no puedes defenderlo siempre. No estaba preparado, ¿quién come caramelos mientras el rival de Kakashi necesita sacarte de en medio? Veo que lo curaste de nuevo, hm.

–Sí, pero ahí termina la participación de Obito.

–¡Espera! Mira eso.

Rin miró. Sonrió con un brillo especial en sus ojos. Era Kakashi a punto de obtener la victoria.

–Mírate tú, hm. Estás ahí, alentándolo tan feliz. Tobi te está mirando como si aceptara que nunca ibas a gustar de él.

–¿Tú crees?

–¡Rin, eres demasiado inocente! ¡Tobi estaba sufriendo, hm!– esa chica de repente se le hacía una gran desconsiderada. Mientras tanto, la expresión del joven Tobi le estrujaba tanto el corazón, que no pudo evitar sentir una oleada de celos.

Rin miró con atención el recuerdo del evento congelado. Sí, Obito se veía desilusionado, aunque no parecía sufrir tanto como Deidara decía. Sintió una pequeña punzada de culpa, pero sabía que no podía hacer nada y que no había actuado de mala fe.

–Creo que el que sufre más aquí eres tú, Deidara-kun– se atrevió a susurrar, mirándolo con cuidado.

Deidara pareció hiperventilar.

–¡No es cierto, hm!

–Estás enamorado de él, ¿verdad?

–QUÉ, PERO QUE ESTUPIDECES DICES NIÑA IMPERTINENTE-

Rin se tapó la boca, entre avergonzada por escuchar groserías, incómoda por haber molestado a Deidara, y algo tentada por su reacción. Ese chico era muy transparente con sus emociones. Cuando pudo contener su risita, mientras el rubio parecía que lloraría de la rabia, le respondió.

–Jiji, pero Deidara-kun, tú también eres muy joven. Estoy segura de que a Obito también le pareces muy lindo, quizás más que a la mayoría.

Deidara se puso rojo.

"Ojalá hubiera sido así", pensó con algo de desilusión.

–No seas tímido.

La sonrisa otra vez. Tanta bondad iba a darle un ataque, y ya no tenía arcilla ni nada que destruir.

–Ya, volvamos a sus batallas. ¿Alguna vez ganó, hm?

–No pude vivir para verlo, pero por la magnitud de sus heridas, sé que daba lo mejor de sí– Rin frunció el ceño, apretando el puño.

–Rin, creo que eras su enfermera. ¿Estás segura que el muy idiota no se lastimaba a propósito para verte?

A Rin la idea no pareció gustarle.

–Segura, Obito intentaba ocultarme sus heridas. Pero como le dije una vez, siempre le estaba vigilando.

Deidara se quedó de piedra.

–Qué stalker

–¿Eh?

Rin no entendía. Tampoco parecía entender que esas cosas podían ilusionar a cualquier niño tonto de once o doce años. Pero según lo que veía Deidara, no había ninguna maldad en ella. Quizás, demasiada bondad. No le extrañaba que así hubiese muerto tan joven.

–No importa. Muéstrame algo que Obito haya hecho bien.

–¡Te sorprenderás, Deidara-kun! ¡Aquí vamos!– exclamó Rin, concentrándose en sus recuerdos. Luego de un rato, aparecieron nuevas imágenes.

Obito retando a duelo a Kakashi.

"Esto va a terminar mal", pensó Deidara.

La pelea le sorprendió. Obito no cometía tantos errores como antes, ni parecía estar comiendo caramelos. Aunque claramente era superado por el espantapájaros corta-brazos, ya se notaba que sería un hombre muy alto y corpulento. El calor subió a su cara, mientras que admiraba como Tobi intentaba compensar la técnica con la fuerza bruta. No estaba tan mal. Si seguía así, aunque hubiese perdido, sería una buena batalla. Nada podría quitarle lo épico de esos movimientos, y la manera en que empuñaba el kunai mientras perdía la chaqueta, la remera marcando sus músculos, tenía algo de elegante que…

–Rin. ¿Cómo puede haber una cáscara de banana en medio del campo de batalla?– quería creer que Kakashi le había jugado una pesada.

–Mmm… ¡Ah! Ahora que recuerdo, en esa época Obito dijo que los caramelos no le ayudaban a ser fuerte y empezó una dieta a base de bananas.

–…

Guardó silencio mientras veía como el rayo amarillo de Konoha nombraba ganador a Kakashi. Obito estaba inconsciente contra un árbol por el porrazo que se había dado al no recoger su propia basura. La elegancia, a la mierda. Deidara se tapó los ojos con una mano.

–Sabes, Obito era huérfano y su clan no se responsabilizaba demasiado por su crianza, así que tampoco tenía muchas opciones al momento en que eligió esa dieta– le dijo, tratando de consolarlo.

Deidara volvió a mirar al hilo de recuerdos. Tobi parecía más dormido que desmayado, por la manera en que se babeaba. Podría haber estado cansado, ya que después de todo se hacía cargo de sí mismo desde muy pequeño. Rin había sido una buena amiga. Se sintió extrañamente conmovido y más atraído hacia el morocho. Una especie de orgullo crecía en su pecho.

Entretenido, se quedó mirando a Tobi a medida que crecía, con una sonrisa boba pintada en el rostro.


Cuando Obito le tomó de la mano y decidió irse con él, no lo podía creer.

Menos cuando, alejándose más, Obito le abrazó muy fuerte y le estampó el beso largo que en su Tsukuyomi no había podido durar demasiado. Se quedaron una eternidad abrazados, besándose con cariño y haciéndose leves caricias; Tobi pareció enamorarse de la nariz de Deidara por la manera en que jugaba con ella. Era algo totalmente nuevo y quizás hasta cursi, pero el artista no tenía ganas ni corazón para negarle esos detalles y atenciones que tanto había querido. Su amor era real.

Totalmente real.

Ahora tenían un espacio en común, y si bien no entendía cómo funcionaba ese mundo y seguía detestando la idea de la eternidad, no le molestaba para nada tener la larga charla sobre sus vidas que otrora no pudo suceder.

Obito aún le tomaba firmemente de la mano, como queriendo no soltarlo nunca, sonriéndole y mirándolo con una alegría que atravesaba sus ojos color carbón. A Deidara le pareció que así también se veía muy atractivo.

Enseguida se apenó de sus pensamientos. Le gustaba un tipo que, según lo último que alcanzó a ver de él, había sido apaleado por caramelos, cáscaras de banana y se había quemado con ramen instantáneo en una pulseada. Tobi nunca dejaría de sorprenderle, pero aun así…

Aun así…

–¿Quién demonios come caramelos mientras intenta hacer un katon, tonto?

–¿¡C-CÓMO SUPISTE ESO!?– Obito se puso rojo hasta las orejas.

–No te importa, ¡respóndeme, hm!– le increpó, escaneándolo con la mirada.

–Te han mentido– rápidamente le soltó de la mano y le dio la espalda, pretendiendo mirar hacia otro lado.

¿Así iba a ser? A Deidara eso no le gustó nada.

–¡Acabas de admitirlo! ¡Y lo vi todo!– exclamó, sacudiendo los brazos–. ¡Debes de estar podrido en caries!– agregó, algo preocupado. ¿Habría caries en el más allá?

Las preguntas estúpidas que Tobi le provocaba parecían superarse a sí mismas.

Obito se giró de repente hacia él, con una expresión desesperada.

–No lo creo, hace mucho que no como paletas y…– se interrumpió para torcer la cabeza– ¡Pero Dei, estamos muertos!– concluyó, mirándolo mientras esperaba que su senpai le entendiera.

Deidara no podía creer que le restara importancia a un asunto así. Después de todo, haber tenido bocas extras le había dejado una costumbre de limpieza dental extrema. Aunque allí no parecía haber algo con qué lavarse, ni con qué ensuciarse, pero eso no importaba de momento. Lo importante era que Tobi, si pudiera, le pasaría caries sin ninguna dilación si seguía intentando meterle la lengua hasta la garganta. Debería enseñarle a besar. Pero es que así, no se podía.

No, no le importaba si las caries no podían pasarse. Lo que importaba es lo poco considerado que era con él, para no faltar a la costumbre.

–¡Así no dejaré que me beses, hm!– se puso las manos sobre las caderas.

Un momento… ¿Le había llamado "Dei"?

–No hablas en serio, ¿no?– Obito preguntó con algo de timidez, jugando con sus dedos índices, tal cual lo solía hacer con el papel de la colegiala Tobi. Sabía que había mucho de cierto en ese pretendido "papel".

–Ve a un dentista primero, hm– prefería desviar la cuestión para no derretirse de la ternura que Obito era capaz de provocarle.

Los ojos de Obito parecían que iban a llenarse de lágrimas. Pero antes de que ello ocurriera, se repuso con rapidez y le señaló, acusador. Era tan histriónico sin darse cuenta. Le gustaba ese aspecto de él. Era tan Obito y tan Tobi a la vez.

Al menos ahora, parecía estar en paz consigo mismo, pensó Deidara. Eso era lo más importante. Que Tobi estuviera bien, que siguiera sonriendo sin tener que fingir nada. Y por supuesto, a su lado.

–¡Dei-chan, tú siempre estabas comiendo arcilla! ¡Eres tan injusto conmigo!

–¡Yo no comía arcilla, la moldeaba con mis bocas extras!

–Ah, pero te vi masticando un buen trozo para hacer la Garuda C4– canturreó.

–Eso fue pocas veces. Y te recuerdo que luego me morí, hm.

Obito se sintió mal. Inseguro, lo abrazó, con algo de culpa aún. Primero con suavidad, y al ver que no encontraba resistencias, fue imprimiendo más fuerza. No quería perder a su senpai nunca más.

Pero tampoco era el momento de estar tristes. Por fin estaban juntos, eso era lo que debía cuidar ahora. Quizás una broma destensaría la situación.

–¿Ves? El senpai se murió sin lavarse los dientes, y luego vino a besar a Tobi. Como objeción, Tobi puede besarte cuantas veces quiera. Es un derecho que me otorgaste– levantó un índice y lo sacudió en el aire, moviendo con brusquedad su muñeca. Se había acostumbrado a ese movimiento cuando jugaba a la colegiala con su senpai. Y no iba a quitarle el mote nunca–. ¡Estoy en el paraíso!– y comenzó una de sus clásicas danzas para-nada-artísticas que sabía que le molestaban.

Deidara le dedicó una de sus clásicas miradas feas. Aun así, mentiría si negara que le causaba algo de ternura verlo así. La verdad era que se sentía bien saber que ya no era parte de una actuación.

Que, estando juntos, podían ser como siempre lo habían sido.

Pero esta vez y definitivamente, con más intimidad y seriedad que nunca.

De repente, Obito pareció quedarse pensativo unos momentos. Deidara le miraba los labios, distraído.

Era tan atractivo que quería sellarles los labios a puros besos; al demonio con todo lo que alguna vez consideró cursi, romántico y ridículo. Estaba enamorado como nunca lo estuvo. La prueba, era que se sentía así aun habiendo muerto. Definitivamente, un amor así era algo serio, sopesaba el rubio. Algo tan significativo, que trascendía los límites de la vida y de la muerte. Quizás el arte era así, debía repensarlo, resignificarlo a la luz de los nuevos hechos de su no-vida.

No-vida, qué ilusoria era la línea, creyó mientras se apartaba unos flecos con un soplo.

–Deidara, ¿siempre fuiste capaz de meterte esos trozos grandes en la boca?– Tobi preguntó, torciendo la cabeza tal cual lo hacía cuando llevaba la máscara espiralada, la mano sujetando la mandíbula, mirándolo como si estuviera calculando algo. Nunca le había visto esa expresión, pero le sentaba bien. Seguramente la solía hacer tras la máscara, pero no era una simple actuación: verdaderamente, Obito ya era así.

Y se volvía a ver tan lindo que quería abrazarlo hasta que se le cayeran los brazos otra vez. Era un hombre muy, muy tierno. Tanto, que su ternura le estrujaba el corazón y lo aceleraba a mil.

–¿Ah?– atinó a balbucear, habiendo perdido el hilo de la conversación. Sólo era consciente del ritmo desbocado de su pecho, causado únicamente por la cantidad de ternura que ese hombre podía emanar. Le pareció que era el chico más inocente del mundo. Qué suerte tenía al haberse fijado en él, al haber sido correspondido, al haberse conocido los dos. Tobi realmente era un buen chico en el fondo.

–Crees que… ¿con esto también puedas hacerlo?– le preguntó Obito, señalándose la entrepierna, mientras que lo miraba con una mirada que jamás le había visto.

La mirada de un sátiro.

A Deidara se le cayó la mandíbula y sintió como una voz interna le regañaba por idealizar tanto a Tobi, al tiempo que el morocho intentaba ocultar una sonrisa algo depravada y subía y bajaba rápidamente las cejas, señalando de nuevo su entrepierna.

–¡Pedazo de pervertido necrófilo!– retrocedió un par de pasos, mirando desesperado por si alguien aparecía en los alrededores. No se veía a nadie más que ellos dos, pero no conocía el lugar. Podría ser el más allá o lo que fuera, pero había sido un ninja, al fin y al cabo.

–Tu boca es muy linda, y sabes, aquí no hay nadie…– le susurró, acercándose demasiado. De repente, sus ojos azabaches tomaron un extraño brillo carmesí, mientras volvía a sonrojarse otro poco.

A Deidara se le pararon los cabellos. No hacía mucho que se habían alejado de Rin, ¿y si ella aún estaba cerca? Era apenas una niña. ¡Y no se suponía que eso sería lo primero que harían en el más allá!

–¡No voy a coger con un muerto!

Obito sintió que le apretaba el corazón con una mano. ¿Estaba mal querer recuperar el tiempo perdido lo más rápido posible?

–Yo le llamaría hacer el amor y…– de repente las mariposas desaparecieron de su estómago, dejó de tomarse las manos como una chica, y contraatacó, caprichoso –¡Pero tú también lo estás!

–¡No me contradigas!– ya sabía que estaba muerto. Ese no era el punto.

–¡Porfi, porfa, porfis, por favor, Dei-chan!– lloriqueó, poniéndose colorado de más. Vaya a saber en qué cochinadas estaba pensando en hacerle cuando no llevaba más de una hora estando muerto. ¡Tuvo tiempo cuando estaba vivo! Eso era lo más bizarro de la situación, creía Deidara.

Y lo peor, era ese "Dei-chan" que de repente usaba con tanta liviandad. Se sacudió como un gato mojado en cuanto Tobi empezó a alargar unas manos temblorosas y poco sacrosantas hacia su cintura. Pero el otro era demasiado grande para él, y no estaba seguro de querer escapar del todo.

Obito comenzó a fruncir sus labios esperando un beso. Cuando Deidara comenzó a flaquear en su determinación y estuvo a punto de corresponderle el beso, vio con desagrado cómo a Tobi se le caía un caramelo de tanto estirar la boca.

El culpable abrió los ojos como si le hubieran pillado en medio de una travesura, y cuando Deidara abrió la boca e infló el pecho tomando aire para darle la reprimenda de su vida (y de su muerte, aparentaba), le tomó con fuerza de las nalgas.

–¡TOBI, HM!

–¡Oh, sennnnpaaaaaaaaaaaaiiii!


Lo prometido es deuda. Con esto finaliza el romance tragedia vs comedia de la ObiDei week 2017. Obito no ha cambiado la costumbre de hacer "piquitos" a la persona que le gusta, aunque afortunadametne esta vez no se trata de una foto. Repetir esa escena de él con Deidara fue de lo más divertido, jaja! Ojalá les haya hecho olvidar un poco las ganas de golpear a Bobito del capítulo anterior :p

¡Gracias por una semana tan hermosa! ¡Viva el ObiDei!