Aclaración: 'kore' es la expresión que utiliza Konohamaru como Naruto hace con 'dattebayo.
Naruto cerró la puerta.
Contuvo la respiración en su pecho, tratando de guardar el mayor silencio que pudiera, como si quisiera eliminar su existencia de ahí con un borrador.
No sabía si el otro seguiría parado afuera de su casa, pero deseaba que no fuera de ese modo para poder agarrarse mechones enteros de pelo, jalarlos hacia abajo y ahora si, gritar a gusto por lo que acababa de pasar.
Okay.
Inhala.
Konohamaru lo había besado.
En los labios.
Exhala.
El rubio se había felicitado por haber mantenido la compostura frente al menor -o más bien haber actuado extraño diciendo cosas sin un mero sentido-, luego de ser acariciado con ineptitud por los labios del otro. Besado, vaya. Ya ni tenía idea de lo que había usado como excusa para meterse, era algo de que Konohamaru estaba confundido, y eso no era muy diferente a lo que había querido decir, pero por favor, había actuado como un idiota. Pero si no, ¿qué se supone que debía decirle?
De nuevo respiró profundo, tratando de organizar en su cabeza el curioso rompecabezas que era la situación. Aunque bueno, se sabe bien que Naruto no siempre es muy rápido a la hora de usar la cabeza y si se trata de relaciones ya ni qué decir.
Antes de marcharse a su cuarto se asomó por el mirador de la puerta, encontrando todavía al nieto del tercero sentado frente a su casa, recargado en la pared como si le hubiera abandonado el alma al cuerpo.
"¿Qué estás esperando, ttebayo? ". Quizo salir a gritarle, apretando los dientes con una mueca impaciente.
Le ponía nervioso verlo ahí afuera, es como si Konohamaru fuera uno de esos acosadores con una paciencia tremendamente colosal que esperan por horas para ver a su víctima de cerca unos segundos.
Se preguntaba qué estaba haciendo, por qué no se iba, mas no podía salir a decirle que se fuera, el otro se daría cuenta de que él tampoco había dejado de verlo.
No tenía ganas de irse a su habitación y dormir hasta que estuviera seguro de que el otro se hubiera retirado, no iba a salir a hablarle, dudaba que Konohamaru quisiera eso, pero no le dejaría ahí. En cambio, imitó los movimientos del de bufanda azul y se sentó en el suelo dentro de su casa con la idea bien puesta de que no descansaría hasta que pasara un rato, recargándose en la puerta dándose un golpe a posta en la nuca para acomodarse las ideas que le rebotaban de un lado a otro.
-Agh maldición -gruñó apretando los párpados, rasguñando su cabeza de modo que arruinaba el orden de su cabello ya de por si rebelde.
No entendía cómo había resultado todo en eso. Más bien estaba impactado de que, entre todas las personas de la aldea, fuera Konohamaru quien viniera con eso.
Se conocieron en su niñez, y desde entonces habían compartido el sueño de convertirse en Hokages, estableciendo una rivalidad mezclada con un respeto por parte de Konohamaru, quien se hizo aprendiz de Naruto y le siguió. Ahora que la guerra había acabado y habían pasado años relativamente normales se veían más seguido por la aldea, pero no demasiado debido a las misiones de cada uno. Sabía que el otro lo admiraba de algún modo, también recuerda que hasta lo trató de jefe.
Pero bien, esa había sido y era su relación, con el recién dado repaso pensó que lograría entender de dónde había surgido esa pronta y absurda confesión de parte de Konohamaru. Eran amigos, amigos cercanos, mas no recuerda haber visto algo que le dijera a gritos que le gustaba a él, ni el por qué -claro, Naruto no era consciente de lo despistado que puede ser a veces-. Lo único que podía decirle que el otro no mentía era esa actitud extraña que traía cargando consigo desde hace semanas atrás.
Le gustaba a su amigo entonces.
¿Y ahora qué?
Se levantó para volver a colar el ojo por el mirador, cachando que se había quedado dormido el "honorable nieto" frente a su puerta.
¿...?
Que rápido se había dormido.
-Tonto -murmuró dando media vuelta para perderse entre los pasillos y reaparecer al minuto con una cobija. Abrió la puerta de la entrada principal con lentitud, anotando un recordatorio mental de volver a echar aceite a la puerta.
Una vez fuera extendió el pedazo de tela sin miramientos, dejándolo caer sobre el cuerpo mal acomodado de Konohamaru. Le dolería el cuello al despertar, eso seguro.
No le movería ni un pelo. Confiaba en que el frío de la noche despertaría al castaño en apenas un rato, este se daría cuenta de dónde seguía, se levantaría para ir a casa y listo.
Bueno, ¿ y ahora?
Se volvió a preguntar Naruto, poniéndose en cuclillas a unos centímetros para observar en silencio al ya hombre que reposaba frente a su casa. La cobija le cubría hasta el pecho.
Se acercó en busca de contemplar mejor en medio de la oscuridad, captando detalles bajo esa visión nocturna que tanto engañaba a los ojos con encantos que se inventaba.
Konohamaru era guapo y tenía una voz atractiva, eso según varias personas en las que podría incluirse en secreto. Había crecido, si, y aunque nunca admitiría en voz alta que le había pegado bien la adolescencia y pubertad, tampoco lo negaría. De todos modos, no se sentía como que le gustara el castaño o que muriera por tenerle cerca, le tenía aprecio y cariño, pero no más.
¿Debía rechazarlo entonces? Eso significaba estropear su relación y herir sus sentimientos. Una opción que no le satisfacía más que la enorme locura de fingir atracción para complacer al otro. Por eso Naruto deseaba con unas ganas que ese beso y esa idea de gustar que tenía Konohamaru fuera sólo una confusión, como le había dicho él, de modo que nada cambiaría y seguirían como siempre.
Recordarlo como una historia bochornosa sería encantador años más adelante, si que si.
Volvió a entrar, no para irse a dormir, sino para esperar un rato, jugando cartas con sus clones en la mesa de la cocina.
Al cabo de una hora el rubio escuchó ruidos en la entrada. Se levantó con cautela del suelo, caminando de puntitas hasta llegar a la puerta para pegar su ojo en el mirador por tercera ocasión.
En efecto, se había despertado.
Konohamaru todavía no se levantaba, estaba sentado, estirando la piel de su cara con las manos para quitarse el sueño.
Cuando él notó la cobija encima de su cuerpo, Naruto pensó que por reflejo se la quitaría de encima para dejarla a un lado, pero en lugar de eso vio algo que lo dejó sin qué pensar y con mucho que sentir.
Había estrujado la cobija entre sus brazos. Como si la abrazara y se acariciara la mejilla con ella.
Sus dedos repasaban la tela cuidadosamente, sintiendo la suavidad, mirando con ojos cansados que detrás escondían una emoción parecida a la alegría o emoción.
Naruto había salido a taparlo. Eso había pensado Konohamaru.
—Naruto nii-chan... —susurró disfrutando un último rato con la manta, viéndola como si fuera el objeto más preciado que podía tener ahora. Debía doblarla y dejarla ahí, era lo mínimo que podía hacer, aunque quisiera no podría traerla consigo—. Ou —se quejó por un dolor en el cuello al impulsarse para ponerse de pie.
Naruto no falló en que se lastimaría.
Se paró, todo en vista de Naruto que seguía en la puerta, dobló la cobija y la miró con antojo de robársela descaradamente. No sabía bien el por qué, el simple hecho de que el otro se hubiera preocupado por él mostrando un gesto así -porque asumía que había sido el rubio-, lo hizo sentir sólo un poquitito especial, olvidando por un rato que técnicamente había sido rechazado.
En fin, no tuvo más opción que irse, sin manta, sin nada.
El rubio se quedó pensando con lo que había visto. Seguía sin creer del todo que le gustara a Konohamaru, pero lo había pasado con su cobija había sido actuar como si a través de ella Konohamaru sintiera que llegaría a él.
Le dio un escalofrío.
No, de todos modos no era suficiente. Hasta que no obtuviera pruebas verdaderas de que eso que le había dicho su amigo era real, no se preocuparía tanto por qué hacer al respecto. No podía rechazar a alguien a quien no le gustaba en realidad, ¿no?
Por parte del otro, ya había llegado lejos como para pretender que nada había pasado, se había declarado e insistiría hasta que el otro le tomara en serio, fuera una intención caprichosa, pues deseaba eso al menos. Sus anhelos no iban tan lejos con esperanzas poetizadas donde era protagonista del florecimiento de un amor digno de suspiros, no, tan sólo quería ser tomado en serio, que no negaran aquello que saliera de él y le dieran la validez como libertad de sentir, vamos, que minimizar sus sentimientos era casi equivalente a pasarles un pie encima.
Por ello no daría media vuelta con tanta mansedumbre, dejaría las cosas lo más claras que pudiera, ya después viniera rechazo o una oportunidad minúscula, lo aceptaría.
Costara lo que costara.
_
—¡No voy a hacer eso, él no es una chica y yo tampoco, kore!
Para cada solución o alternativa que intentaba darle su amiga, Konohamaru se escandalizaba como si fuera un niño. Moegi llegó a pensar por un momento que el nieto del tercero quería escuchar una sugerencia en específico, haciendo que las demás propuestas que le daba fueran a la basura en cuestión de segundos. Esa conducta renegona la conocía bien, él sabía lo que quería pero no lo admitiría hasta que ella lo dijera.
Konohamaru le había contado a Moegi lo que había pasado. Eso había sido hace dos semanas mas o menos, había pasado un poco de tiempo desde la última vez que se había visto con el susodicho rubio. Ella no se vio muy sorprendida, sin que lo predijera realmente, ya intuía que a ojos de Konohamaru Naruto era especial en un sentido particular de la palabra, aunque si se sintió algo preocupada por como fueran a acabar las cosas con la respuesta del rubio, por ello se ofreció a ayudar con un par de consejos, dando dosis de positivismo y motivación. Pero bien que les iba ahora, contradiciendo al otro sin llegar a arreglarse en un intermedio que convenciera a ambos.
—¿Pero entonces qué vas a hacer? Creí que querías que al menos te tomara en serio, si dejas pasar el tiempo así no vas a lograr nada, así no eres tu —en sus ojos podía ver que no aceptaba reconocerlo como aquel amigo que tuvo desde hace mucho tiempo. Entendía que en cuestiones de amor y esas cosas melosas era más difícil para algunos lograr aventarse, pero Konohamaru no era de los que se hicieran para atrás en nada ni se amedrentaran.
Había abierto los labios para responderle a la chica pero se detuvo, reflexionando un momento con la mirada puesta en el panorama que se veía a través de la ventana de su casa.
A pesar de estar los dos sentados en una estancia, se sentía más similar a estar expuestos en un parque o en una pasada pública donde todos podían oír y husmear.
Miró a su alrededor, buscando alguna mirada intrusa, acabando por encontrarse con nada, pues claramente estaba en su casa.
—No es tan fácil —volvió los ojos hacia la joven de cabello anaranjado, quien lo enfrentó con todavía más desaprobación, haciéndolo reparar en lo que decía, tratando de corregirse—. Bueno… tienes razón —cedió con un bufido, entendiendo que si se esperaba más Naruto acabaría por dar por sentado que él ya se había olvidado de lo que le había dicho.
Moegi sonrió con amplitud, a su gesto se le sumó un brillo en los ojos que le hacía lucir jovial y bonita.
—Lo ves, es lo que te dije desde el principio, si quieres que empiece a ver que de verdad sientes algo muestra interés. Yo no te creería si me dices que te gusto pero no me invitas a salir —insinuó lo que tenía en mente, su voz sonaba juguetona así como su mano empujaba despacio el hombro de su amigo, tratando de dejar la respuesta lo más obvia posible.
—Ya, pero ¿cómo se supone que lo haga si no le he hablado en semanas? —esta pregunta iba en serio, cuando se preguntaba cómo se acercaría al otro de nuevo, se respondía a sí mismo, pero apenas se daba el tiempo suficiente para pensar acababa por descartar la idea. Dejó su cabeza caer hacia atrás en el sillón, devastado por la indecisión. ¿Cuándo se había vuelto tan indeciso? No se reconocía, si era gracias a tener sentimientos románticos, entonces se daba asco.
—¿Acaso hay una manera en que debas de hacerlo? —preguntó como si Konohamaru fuera el único que no se enteraba de las cosas. Para ella era más sencillo verlo, estaba más familiarizada con esos casos donde el tan sensiblero corazón se idiotizaba, pero el honorable nieto estaba lejos de advertir esas obviedades—. Sólo acércate como siempre haces, si no quieres que te trate diferente, no seas tú quien se porte como tal —resolvió encogiéndose de hombros, dejando asomar una sonrisa ladina—. Invítalo a salir contigo a hacer algo, después podrás expresarte con otras cosas.
Se imaginó enviando flores al rubio, cortejando con los pasos más básicos del modo más deplorable. Terrible, no alcanzaba ni el nivel de tragicómico, se quedaba solo en terrible, una vez más.
—Me siento como un niño —confesó desenmascarando uno de esos pensamientos que pocas veces se exteriorizan.
Este no era el modo en el que se había imaginado pretendiendo a alguien, lo hacía sentirse una persona mucho más simple, o mucho más joven como cuando tenía unos quince años y se había sentido maravillado por lo bonita que le parecía una niña, queriendo acercarse a quien le gustaba a través de actos castos.
—No creas tanto que pretender a alguien siendo mayor cambia mucho de cuando niños —vaya, Moegi era algo observadora, meticulosa con su manera de leer las emociones, sabía a la perfección a lo que se refería con sentirse como un niño—. Naruto no es tan complicado, de hecho creo que es mejor irte por lo sencillo con él, las cosas claras, nada de intentar seducirle con juegos mentales raros.
Por su cara no se veía muy convenido.
—Además, apenas empiezas a hacer algo, después irá avanzando si las cosas salen bien —sonrió. Dentro de ella había una sensación de utilidad. Tiempo antes, cuando llegó a flaquear, él fue quien le quitó las dudas sobre seguir intentando o no, ahora era ella quien le devolvía el favor y si era sincera, se sentía bien ver al otro inseguro para poder entrar y apoyarle, porque de todos modos, sabía que muy pronto dejaría de ser necesaria, a Konohamaru no le costaría andar solo en un momento—. Vamos.
Se llenó de aire los pulmones con lentitud, soltándolo paulatinamente por la boca cerrando sus ojos con simultaneidad.
No había tiempo para ensayos, tampoco debían de ser necesarios, debía sentirse seguro sin tener de respaldo algún diálogo enlatado para encararlo.
Había asomado su cabeza a través de la rendija, viendo que el rubio se acercaba luego de una ardua jornada de entrenamiento. No era muy difícil predecir que iría a comer a su puesto favorito, por ello se había puesto ahí, para interceptarlo en el momento justo.
Naruto traía una apariencia despreocupada, caminando sin fijarse en su alrededor, recibiendo la sorpresa de sentir que algo lo jalaba desde la cadera, de modo que frenó en seco para mirar abajo y encontrarse con que una bufanda color azul le había envuelto y tiraba de él desde atrás.
—Te atrapé —sonrió apenas, asomándose de su escondite.
Naruto alzó las cejas, viendo hacia la bufanda y luego a Konohamaru, repitiendo el mismo acto incrédulo repetidas veces, esto sin dejar de ser atraído por los tirones que tenían al rubio atado.
El castaño no estuvo satisfecho hasta tenerle a un paso de distancia, aún así no dejó rodear la cadera del mayor con su prenda, manteniendo sus manos suspendidas en medio de ambos cuerpos, casi rozando la cintura contraria. Era una posición un tanto sugerente si se hablaba de tomar al de ojos azules por los costados, un casi pero no.
Si Kurama tuviera el poder de revolverse en el interior de Naruto y hacérselo sentir, este estaría seguro de que en ese momento lo haría para advertirle de algo extraño aproximándose. Se sorprendía de ver al otro, no habían hablado desde hace semanas, cuando entrenaron por última vez y había pasado eso de lo que se ha estado hablando todo el tiempo aquí.
Pensó que dejaría pasar más tiempo para acabar por olvidarlo, pero oh, su pensamiento era totalmente equívoco, ahí estaba planeando algo, mirándolo con intenciones ocultas mas no muy discretas tras esos ojos de azul profundo.
Debía admitir que le tenía curioso esa forma de verle.
—Que sorpresa que te dejes ver, ttebayo —bromeó pasando sus brazos detrás de su cabeza.
—¿Seguro que soy yo quien no se deja ver? —siguió la misma broma, haciendo referencia a que él también se la vivía ocupado.
—Escondido ahí detrás, si.
Oh no Naruto, no vayas a avergonzar al chico.
—No me escondía.
—Si lo hacías —dijo Naruto.
—Bien, me escondía, ¿pero cómo esperabas que te sorprendiera si no?
—Hmm —el rubio adoptó una pose pensativa—. Podrías sorprenderme diciéndome por qué me esperabas.
Konohamaru a pesar de no haber planificado nada, sentía que le habían roto todo el plan. Que fueran un paso delante suyo era desfavorecedor, le impulsaba a perder la calma, no debía ser él quien respondiera preguntas, así que devolvería una respuesta con signos de interrogación.
—¿Por qué mejor no me sorprendes tu tratando de adivinar por qué te busco? Naruto nii-chan, ¿se te ocurre algo? —inclinó su cabeza hacia un lado, apretando el agarre a su bufanda que todavía no soltaba.
El mayor torció los labios
Se la habían devuelto. Tenía idea de por qué le buscaban, pero no tenía toda la certeza, la verdad.
—Quieres retarme a un duelo —más que una afirmación era una interrogante.
—¿No estás muy cansado ya para eso, kore?
—Je, lo estoy, lo estoy —sonrió apenas, reflejando su cansancio—. Pero si no es para hacerme sentir cansado, ¿querías pedirme un favor?
Un favor, eh. Podía aprovechar que había mencionado algo así. Usaría todo para su beneficio ahora que podía.
—Bueno, si, es un favor —bajó la cabeza, aprovechando para revisar lo que pasaba abajo con sus manos y la cadera del rubio. No se movía—. Acabo de terminar de trabajar y es hora de cenar…
—¡Eso sin problemas! Justo iba a cenar también, me han invitado Chouji y Shikamaru por una barbacoa, puedes unirte pero pagas tu parte de la cuenta —comenzó a escupir las palabras a prisa, disparándose en dirección al restaurante con el hecho olvidado de que estaba sujeto al otro.
Un paso firme al enfrente y un paso atrás que lo tambaleó. Konohamaru había tirado de la bufanda, trayéndolo de vuelta ahora para afrontar esos ojos serios que se ponían encima de los suyos y penetraban sin recato.
—Tu y yo.
Su voz se había asomado firme. Cualquiera podría pensar que en ella imperaba la seguridad de no ser por la cara que, deformada en una expresión adorable para alguien de su edad, se mostraba avergonzada.
Quien aspiraba a ser Hokage se quedó quieto, vencido por esa faceta de Konohamaru quien se negaba a soltar la prenda que lo envolvía, apretando sus puños. Comenzaba a entender con más lucidez cuál era la finalidad de todo esto.
—¿Tu y yo qué? —sonaba desubicado.
—Sólo tú y yo.
—Pero Shikamaru y Chouji…
—¡No! —se mordió el labio frunciendo las cejas. No había gritado, o lo había hecho, pero no molesto, cada vez se apenaba más de que el otro fuera despistado, todavía más de lo que el mismo podía serlo.
—¿Sólo los dos? No entiendo a que te… —antes de que pudiera avanzar más -o retroceder- dentro de su burbuja encapotada donde todo seguía sin estar claro al cien por ciento, el castaño lo tomó por ambos hombros, entregando lo que le quedaba de paciencia a sus ancestros para entregarse como ser desesperado que era y empujar con todo el sentido literal a Naruto.
—Mierda, ¿por qué es tan difícil que entiendas? ¡Si quiero que cenamos solos es porque te estoy invitando a una cita, kore! ¡Te estoy invitando a salir! ¡Conmigo!
Sus manos apretaron la ropa de esa misma persona que le había logrado sacar de quicio en poco tiempo. La bufanda ni tiempo tuvo de despedirse de cuando cayó al suelo, ensuciando su color con tierra.
Vamos, ya se había perdido todo el encanto de las sutilezas que marchaban bien al iniciar. Ahora que todo había salido con un grito alborotador y esa tensión que se pudo haber creado mediante un coqueteo del que ninguno se daría cuenta, se había desecho la idea de que podía ser una escena romántica para convertirla en una risible.
Le había gritado que tuviera una cita con él, en medio de la calle donde uno que otro se giraba para participar en el arte del chisme, y por si fuera poco actúo como si lo hubiera regañado.
Suspiró pensando que si Moegi estaba por ahí mirando desde lejos, seguro lo llamaría asno.
Giró su cuerpo entero tratando de olvidar esa escena tan mala que acababa de vivir en carne propia y, volteando apenas su cabeza, se dirigió hacia quien todavía seguía impactado.
—Sígueme.
Naruto permaneció dubitativo, levantando la bufanda del suelo en un burdo intento de tomar tiempo prestado para decidir qué camino seguir.
Konohamaru seguía pensando en ello, que tenía sentimientos especiales hacia él y lo estaba intentado, acercarse, conquistarlo era una palabra que también cabía. Uzumaki entendía su esfuerzo pero no podía cambiar más que un ápice lo que pensaba ahora y lo que pensaba hace unas semanas. Seguía sin ser suficiente así que, ¿no estaría mal cenar con él, no? Después de todo estaba casi seguro que no le atraía al nieto del tercero realmente.
Extendió la tela para que su dueño la recibiera, lo que no esperaba es que solo tomara un extremo y dejara que Naruto siguiera cargando con la otra parte. Sabía que no podría tomarse de las manos directamente ya fuera por la gente de alrededor o porque estaba muy lejos de poder lograr esa cercanía, así que se conformaba con crear un contacto similar e indirecto, usando como vínculo una de sus cosas favoritas de toda la vida, su bufanda.
El rubio le acompañaría, aceptaría la invitación por esta vez, pasando por alto esa acción que hablaba por si sola.
Tomarse de las manos. ¿De verdad deseaba representar algo tan simple? El mayor podía dejarse impresionar un poco por otra ocasión, pues que Konohamaru fuera tan lento y con detalles pequeños, es algo que se hubiera imaginado ni él ni otros.
—¿Y a dónde vamos a cenar?
—Al río —respondió sin hacerlo realmente.
—¿Al río, ttebayo? ¿Vamos a comprar pescado de los mercados que están cerca o cómo? —y otra vez no eran claros con él.
—De hecho vamos a pescarlo.
—¡¿EHH?! Pero qué clase de cena es esa, Konohamaru, muero de hambre ya—chilló de solo pensar que tendría que esperar.
—Pues es la nuestra —respondió sin parar de caminar rumbo a las afueras de la aldea.
No confesaría que era malo con ideas para citas porque simplemente no se daba cuenta, para él era buena opción porque estarían solos, harían cosas juntas que necesitarían la ayuda del otro y podrían cenar con una fogata y el sonido del agua correr. Panorama de ensueño según su cabeza que ignoraba el hambre que tenían ya, el frío que hacía de tarde y lo lejos que estaba. Cosas buenas y cosas malas, en fin, compartidas lo malo se reduce y lo bueno se multiplica.
El tiempo transcurrió en forma de colores a medida que avanzaban por el camino, compartiendo un silencio que no entraba en incómodo. El cielo que era amarillo oscureció a naranja, creando una paleta de colores cálidos variada, hasta que apareció el azul con su presencia melancólica, mezclado lo frío con lo vivaz e intenso.
Había luz apenas para poder pescar cuando habían llegado a la orilla del río.
Konohamaru se apresuró en prender el fuego con un jutsu al montículo de madera que habían acumulado con ramas sueltas de por ahí, sería una cosa menos de qué preocuparse.
—No hay tiempo para hacer cañas, pesquemos con estacas. Quítate los zapatos si no quieres empaparte —sugirió el descendiente de los Sarutobi, haciendo lo mismo con sus propios pies para meterse en el agua helada y probar su habilidad con el palo.
—Hacia mucho esto de niño cuando salía a entrenar por aquí —recordó el rubio sosteniendo el palo entre sus dientes, remangando el pantalón hasta la rodilla—. No hay manera en que me puedas ganar en esto.
Sonrió salpicando agua al rubio, así iniciaría otro reto estúpido, lo veía venir y justo por qué sabia que procedía, no pondría ningún impedimento.
—Presumido.
No podía decir que no había sido culpa suya provocar al otro para devolverle el chorro de agua.
…
Habían pescado un par, de sobra incluso, todo con el costo de haber acabado con la ropa húmeda y la piel helada gracias a sus juegos y competencias, tiritando cuando estaban lejos del fuego. Pero estaban bien con eso, sentados en una roca dejando que una parte de sus prendas se secaran aparte, comiendo con un intercambio de palabras ocasional que se daba sin forzarse debajo del cielo ya oscuro, pintado con puntos blancos que daban la ilusión de parpadear.
Una cita…
No era tanto como esperaba, pensaba que pasaría otra cosa vergonzosa o algo por el estilo, a veces le hablaban de ellas o las veía como encuentros intensos donde surgían todo tipo de cosas y se descubrían secretos que uno se guardaba a sí mismo. En casos más comunes le platicaban que eran románticas y especiales, pero sentía que discrepaba con todas aquellas cosas que había oído. La suya era tan simple que había pocas cosas que contar, tanto de su parte como desde el punto de vista de Naruto.
Se habían reído un rato, habían competido y justo como cuando entrenaban, reposaban en la espada del otro cuando las cosas se aplacaban y querían descansar.
Eran cosas que no estaban fuera de lo normal para ellos, quizás había sido fallo de Konohamaru por no intentar hacer algo más diferente y adecuado que lo llevara al resultado que había escuchado de otras bocas. Pero que más daba, se sentía cómodo con Naruto de esta manera y tenía el pensamiento de que no quería tener lo que los demás habían cosechado, no era lo que buscaba, quería su propio resultado y esa satisfacción en el pecho tras pasar tiempo con él era imposible de intercambiar.
Lo veía, tomándose todo el tiempo del mundo para admirar las marcas de sus mejillas, las pestañas de sus ojos, su cabello húmedo y rubio que daba la impresión de encenderse con la luz del fuego que chasqueaba en brasas. Todo él parecía encendido en el fuego, como una chispa con una cara llena de fuerza, que arde y no parece tener momento para apagarse. Si tuviera que mencionar algo que le gustaba de él definitivamente sería ese espíritu apasionado y reacio a lo que quería. Esa era una de las cosas en las que también buscó parecerse.
Jugó un poco con el palo que sostenía el pescado asado, moviendo este de lado a lado con los ojos puestos en la tierra, más concretamente en las sombras del fuego que mostraban trucos a su imaginación.
Le daba la sensación de que esta noche acabaría como la otra.
¿Y por qué no?
Sólo que esta vez sería mejor.
—Naruto —lo llamó, esperando ser visto por esos ojos azules que con el reflejo de las llamas parecía un sol con lagos en el. Precioso.
No hubo tiempo de que se formulara la pregunta cuando Konohamaru se acercó plantando un beso corto sobre los labios del otro, apenas haciéndolo sonar al momento de separarse.
Naruto se quedó helado, ahora el otro actuaba más natural y calmo con haberlo besado, sin pensar que a él le seguía dando un vuelco en el estómago. Había sido desconsiderado de cierto modo.
El castaño volvió a su posición inicial, recargando su espalda sobre la de Naruto sin decir ni una palabra, sin temer mucho que el otro tampoco hablara.
Más tarde tendría basto tiempo para poder hacerse marañas la cabeza, por ahora se daría sólo cinco minutos sintiendo el cuerpo del otro cerca suyo, tibio y cómodo como un hogar.
Deseaba repetirlo, salir con él como ahora, de modo en que sus encuentros fueran algo simple sin abstracciones ni vanidades a través de lugares bellos. Y se pondría el objetivo de lograrlo, pero todo después de que tuviera que decir "volvamos a casa" por esa noche.
Esperaba que Naruto comenzara a creer.
