2
Dean pasó un dedo por el techo del Impala. La capa de polvo que lo cubría hizo que la trayectoria de su dedo quedara dibujada en el techo. No estaba cuidando bien a su auto en estos días. Debería tomarse unas horas libres y limpiarlo, revisarlo… y probablemente debería también dejar de actuar como un cobarde y enfrentarse al problema que traía entre manos. Pero pensar en el Impala no era tan difícil que pensar en lo que había pasado esa noche, con Sam. Lo único que deseaba era dejar de pensar en Sam, demonios. O por lo menos eso quería él, porque su conciencia o subconsciente o lo que sea no hacía otra cosa que torturarlo con las malditas imágenes una y otra vez. Las imágenes, las sensaciones, las sensaciones… ese estúpido cosquilleo que se había apoderado de sus manos desde que empezaron a tocar a Sam y que le recorría todo el cuerpo y que… ¡Pero, joder! Se suponía que estaba intentando no pensar.
Daba por descontado que esta noche no iría a dormir al motel. No podía hacerlo hasta que supiera bien qué hacer. Ese era el problema, que hacer. ¿Qué se supone que haces cuando acabas de be… besar a tu hermano? Ahí estaba, acababa de admitirlo por primera vez desde que salió del cuarto. Había besado a su hermano. Dean tenía ganas de golpearse la cabeza contra el techo del Impala, como mínimo. Tenía ganas de poder regresar en el tiempo y eliminar esos minutos de su vida. Ya tenía más que suficiente de su relación con Sam tal y como estaba y ahora esto no hacía más que complicar las cosas.
-¿Cuándo demonios voy a tener un poco de paz?- se pregunto en voz alta y se respondió demasiado rápido para su gusto.
"Cuando evites el apocalipsis, cuando convenzas a Sam que no se puede confiar en demonios, cuando desaparezcan los puñeteros ángeles… "
Era una lista demasiado larga para él hoy. Casi sin querer empezó a rememorar los momentos con Sam. Habían estado discutiendo. De que, no lo recordaba. Últimamente peleaban por cualquier cosa, cualquier cosa era suficiente comenzar a recriminarse, cuando Dean tenía ganas de contestarle a Sam, porque también, últimamente, lo único que hacía era quedarse callado y escuchar a Sam gritarle, Sam intentando que le diga algo, que grite, Sam reclamándole su falta de confianza y Sam. Sam. Sam. Sam. ¡Joder! ¿Por qué el noventa por ciento de lo que pensaba tenía que ver con Sam?
Sin embargo, esta vez, Dean le había respondido. Recordaba haberle reclamado por el asunto de la sirena, recordaba a Sam diciendo que ya lo había explicado miles de veces, gritándole "¿Por qué no eres capaz de creerme?" y luego sus manos cogiéndolo de la solapa de la chaqueta y atrayéndolo a su rostro, recordaba haber pensado unas cuantas cosas estúpidas en ese momento, como que Sam parecía más alto y también parecía más fuerte. Su hermanito le ganaba en fuerza física, joder. No escucho lo que Sam le decía y este empezó a balbucear algo. Por un momento pareció desesperado, sus ojos dudaron y luego sin saber cómo ni porque la distancia entre los dos se redujo a cero y Sam pego los labios a los suyos. Después del "¿Qué mierda?" inicial no pensó nada mas, solo que de repente era él quien atraía a su hermano más cerca, primero enredando una mano en su cabello y luego sosteniéndolo de los hombros y por un momento, Sam pareció estar a punto de derretirse. Derretirse entre sus manos, joder, como si… como si volviera a ser su Sammy, que nunca debió haber cambiado, nunca debió haber crecido. Como si Dean volviera a ser el centro de su atención, como si ahora si formara parte de su vida.
Dean sacudió la cabeza, se dirigió al maletero del Impala y saco una cerveza de la nevera que mantenía allí. Nunca lo admitiría delante de Sam, pero aquellas palabras ("ya no te necesito, ya no formas parte de mi vida") le habían dolido más de lo que él mismo imagino. Y no podía pasar un día, ni un solo maldito día, en que no se repitieran en su cabeza, resonando, cada vez que miraba a Sam, cada vez que Sam parecía acercarse un poco. Se bebió la cerveza en tres tragos. Si tuviera ánimos se iría a un bar, pero ni siquiera esa idea le atraía. Se sentó en el impala con otra cerveza y decidió esperar a que pasen un par de horas.
Como siempre, los demonios no sabían nada sobre Lilith y si sabían, se negaban a hablar. Ruby se había despedido hace media hora dejando a Sam con un terrible sabor en la boca. Había considerado pedirle que se quede, pero no podía arriesgarse a que Dean llegara y la encontrara allí. Dean…
-¿Te sientes bien?- le había preguntado Ruby casi una hora atrás. El había contestado negando con la cabeza.
-¿Es por Dean?
Estaban acostados en el piso. Ruby le acaricio el cabello y le miro, comprensiva, como siempre.
-No te preocupes tanto. Cuando esto acabe, volverán a ser como antes. Solucionarán todo, ya lo veras.
-No lo creo. No creo que nada pueda solucionarse.
Ruby le acaricio la mejilla, se acerco y le beso. Sam le correspondió. Se pregunto qué pensaría ella si supiera que estaba pensando en su hermano mientras la besaba, comparando ambas sensaciones. Tal vez, por ser un demonio, no lo encuentre tan raro. Era diferente, con Ruby había calor, pero no calidez. La abrazo, casi desesperado y al fin pudo dejar de pensar en Dean. Cuando terminaron, Ruby le hizo apoyar la cabeza en su regazo y lo acuno como si fuera un niño.
-Todo está bien- susurró- Ya lo sé y está bien.
¿Se estaba refiriendo a Dean acaso cuando dijo eso?
Incluso él mismo reconocía que estaba mal, muy mal, era peor que la sangre de demonio. Besar a su hermano y lo peor, no arrepentirse de eso…
En algún momento mientras reflexionaba Sam se había dado cuenta que no se arrepentía, no sabía porque lo había hecho, pero no se arrepentía.
-Tal vez si soy… anormal- susurró.
La ira que Sam había sentido en un principio ahora se había reemplazado por llana preocupación. ¿Y si Dean no regresaba? ¿Y si lo odiaba? ¿y si Dean… ?
La puerta del cuarto se abrió, interrumpiendo sus pensamientos. Sam bajo la cabeza y no se movió un ápice de la cama en donde estaba sentado. No sabía que decir. Tampoco es que fuera una situación normal. ¿Qué le dices a tu hermano después de besarlo? ¿Hagámoslo de nuevo?
Y ahora caía en la cuenta que en realidad, si y por mas malo que sonara, estaba esperando que se repita. Porque quería sentir eso de nuevo, esa sensación de caer y caer y caer…
-Dean- dijo sin saber que más agregar.
-¿Qué pasa?- pregunto Dean.
Se había sentado en su propia cama y le miraba de reojo, pero con una semi sonrisa. Sam apretó los puños. Al final de cuentas, Dean había decidido hacer como si nada pasara. No es que eso le extrañara realmente, pero, esperaba otra reacción, la que sea.
-Sabes que no podemos dejarlo pasar.
-Olvídalo, Sam.
-¿Olvidarlo? ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?
-¿Y tú te das cuenta?- Dean elevo un poco la voz y luego suspiro- Ya basta. No quiero tener que lidiar con esto. Es solo… Solo olvidémoslo y adiós al problema.
La furia regreso a la mente de Sam. ¿Olvidarlo? Si, tal vez era lo mejor, pero… pero ¿Por qué demonios no podía aceptarlo? ¿Por qué sentía que casi odiaba al Dean sentado allí, cabizbajo, derrotado? Hubiera preferido que lo golpeara…
Sin detenerse a pensar se levanto de la cama y se acerco a Dean, le cogió de la chaqueta y le obligo a levantar el rostro. Sabía que debía detenerse, pero… no podía pensar.
-¿Qué haces Sam?
Su mente gritaba que lo detuviera, pero Dean no podía moverse. Sam se acerco dejando soltar el aire que parecía haber estado conteniendo, haciendo que su aliento chocara con el rostro de Dean y luego lo besó. Un beso rudo y desesperado que hizo que Dean olvidara que había decidido acabar con ese "problema". Le respondió, abriendo la boca y mordiendo, besando, lamiendo sus labios, hundiendo sus dedos en la nuca, hasta que Sam soltó un quejido bajo y ahogado y dejo de intentar ser rudo y volvió a ser Sammy, el bueno de Sammy, el dulce de Sammy que se aferraba tontamente a él, mientras se dejaba besar.
Dean abrió los ojos (no sabía en qué momento los había cerrado) solo para darse cuenta que ahora Sam estaba debajo suyo, mirándolo con esos ojos de cachorro que ponía cada vez que quería conseguir algo. Pero, demonios ¿Cómo había permitido que pasara esto?
-Tú- dijo Dean con voz renca mientras se alejaba- No vuelvas a hacer esto nunca más.
Sam le dirigió una mirada angustiada, que Dean ignoro.
-No hables como si no hubieras hecho nada- masculló.
-¡Por Dios! ¿Te das cuenta de lo que dices? ¿Te das cuenta que esto no es normal?
-¿Y desde cuando lo que nos pasa es normal?
-¡Joder, Sam, somos hermanos!
Sam cierra la boca antes de decir nada y baja la cabeza, como si acabara de acordarse de algo sustancial. Hermanos. Claro que sabía que eran hermanos, era solo que… que… ¿Qué? Que por un momento había pensado que estaba bien, más que bien, que era necesario… que lo necesitaba. Dios, estaba enfermo. Sam acaricio su frente, como si de repente le hubiera empezado a doler la cabeza. Ya no quería pensar más en eso. Quizás por esta vez lo mejor sería hacerle y olvidarlo. Se levanto de la cama y fue a la suya.
-Tienes razón- dijo- Lo siento.
Se acostó sin molestarse en cambiarse de ropa y se cubrió con las sabanas.
Dean hizo lo mismo unos minutos después. Lo mejor era eso, olvidarlo ¿no? ¿Entonces porque seguía recordándolo? ¿Por qué le había parecido que todo iba bien mientras lo besaba? Pero ya no importaba, Sam parecía haberlo aceptado y él haría lo mismo. Solo lo olvidaría.
