Habían pasado media hora desde que se había alejado de la cueva, y ya estaba comenzando a arrepentirse. Estaba perdido en aquel bosque y, ¡estaba muriéndose de hambre! Quería regresar a la cueva, pero ya hace demasiado rato atrás había perdido el camino de vuelta. Lo bueno es que estaba acostumbrado a caminar, aun no le dolían los pies.

Mientras caminaba, observando el cielo, tratando de calcular la hora (que ya debían ser casi las 7pm) escuchó algo bastante cerca suyo.

—¡Vuelve aquí, pequeño fenómeno! — Escuchó una voz bastante rasposa que hablaba entre dientes, con un acento bastante extraño.

Se acercó más al lugar de donde provenían aquellos gritos. Notó como salía del bosque y, lo rodeaba esta vez luces de velas y del sol que, ya se estaba escondiendo. Había encontrado un pueblo.

—¡A la hoguera! — Volvió a escuchar, esta vez era la voz de una mujer.

Observó cómo, no tan lejos de donde estaba el, muchas personas se acercaban amenazadoramente con antorchas en las manos, al parecer estaban persiguiendo algo. Comenzó a correr hacia la dirección de la masa de personas, escondiéndose detrás de unos árboles con la esperanza de que no lo vieran.

Al estar más cerca, vio el objetivo que perseguían. ¡Era un niño!

''¿Por qué lo estarán persiguiendo? ¿Qué habrá hecho?'' Se preguntó Alfred, viendo como el chico comenzaba a correr en dirección al bosque.

Sin quitar la vista del chico, comenzó a correr detrás de él, queriendo alcanzarlo. No sabía que estaba haciendo, le había vuelto a picar la curiosidad.

Tras unos minutos corriendo detrás de él, se dio cuenta que la multitud de gente ya no los perseguía. O mejor dicho, ya no perseguía al chico. Comenzó a detenerse de a poco, observando como el chico también se detenía. Ambos jadeaban, el niño aún no se había dado cuenta de su presencia.

Al recuperar su compostura, se acercó sigilosamente al chico, fijándose mejor en él. Era rubio… ¿y llevaba una capa verde? Aun no podía observar su rostro, el chico estaba de espaldas a él.

—…Hey. — Dijo Alfred a modo de saludo, tratando de sonar lo más amigable que pudo.

El chico se dio la vuelta abruptamente, dejando caer lo que llevaba oculto. Al parecer se había robado… pan.

—N- ¡No te acerques! — Le grito el chico, se había dado cuenta de que era un poco más bajo que él. — O… ¡O te haré una maldición para el resto de tu vida! — Volvió a gritarle el chico, que se había enderezado y lo observaba fijamente a los ojos.

—¡Hey! ¡No te haré daño, descuida! — Dijo Alfred levantando ambos brazos, a modo para dar entender que era inocente. — ¡No soy como aquellas personas…!

—¡¿No me llevaras con ellos?!

—¿Por qué debería? — preguntó confundido. — Solo robaste un poco de pan, no es el fin del mundo.

El chico frunció el ceño. Fue donde se dio cuenta de lo gruesas que eran sus orejas, eran como tener dos gordas orugas incrustadas en la frente (o quizás estaba exagerando un poquito). El chico se agacho para recoger el pan que se la había caído al asustarse, aun manteniendo la vista en Alfred. Una vez asegurándose de que no haría nada, recogió todo el pan y se incorporó rápidamente, dispuesto para irse a casa.

Antes de que pudiera si quiera darse la vuelta, Alfred preguntó:

—¿Cuál es tu nombre? — Sus ojos azules destellaban un brillo lleno de curiosidad y alegría. Según Alfred, podrían volverse amigos. — El mío es Alfred. ¡Alfred F Jones! — Dijo este, tendiendo su mano en frente del otro chico.

—… Arthur…— Dijo el chico, llevando su vista a las manos de Alfred. No se atrevía a recibirla, y tampoco podía de todos modos al cargar con el pan entre brazos. —Arthur Kirkland. — Volvió a decir con tono más decidido.

—Gusto en conocerte, Arthur. — Sonrió alegremente. — ¿Puedes decirme dónde estoy?

Arthur enarco una ceja, confundido por aquella respuesta. — ¿Te refieres a… Inglaterra? Estas en Inglaterra.

— ¡¿Inglaterra?! — Exclamo Alfred, sorprendido. Siquiera hace unas horas estaba en un pueblo en Estados Unidos. — ¿Cómo llegue acá?

— Dímelo tú. — Respondió Arthur con sarcasmo. — ¿Eres de otro país?

— ¡Sí! Soy de Estados Unidos, de América. — Respondió.

—… ¿Estados Unidos? ¿América? ¿De qué demonios estás hablando? — Por su tono de voz, Arthur estaba comenzando a impacientarse.

A Alfred estas respuestas lo estaban confundiendo. ¿Cómo no podía Arthur conocer América? Era algo básico que todos los niños aprendían, ¿acaso no tenía un mapa? Estaba a punto de preguntarle cómo no sabía aquello, pero otra pregunta surgió en su mente.

—Arthur, ¿Qué año es?

—… Estamos en 1385. — Dijo Arthur frunciendo su ceño por segunda vez en el momento que conoció a Alfred.

Alfred tuvo que esconder su asombro. ¿Estaba en pleno siglo XIV? ¿Cómo carajo sucedió eso? ¡Él no debía de estar allí! ¡El pertenecía en el siglo XIX! ¡1841!

—Mira, tengo que irme. Se me hace tarde para ir a casa… — Dice Arthur dándose una vuelta y caminando en dirección contraria.

—Espera —Dice Alfred acercándose más y comenzando a caminar junto a él—. ¿Cuántos años tienes?

—…Tengo 14 años…— Murmuro por lo bajo Arthur, sabiendo que probablemente diría algo por su altura.

—Vaya, quien lo diría. ¡Tenemos la misma edad! — Dijo bajándose el gorro hasta los hombros, ya le molestaba. — Aunque… te ves como de 10 años o algo.

Arthur se detuvo en seco observándolo con molestia. Si no fuera por la cantidad de pan que tiene en brazos ya le hubiera dado un golpe.

—¿Por qué me sigues? ¿No deberías irte a casa? — Pregunto enojado, no quería que lo siguieran, probablemente solamente iría a espiarlo y luego a delatarlo con los aldeanos.

—Bueno… No tengo un hogar… — Respondió Alfred. Tenía uno, pero en el maldito futuro.

Arthur no pudo observarlo con pena. —Uhm... Bueno. Ven conmigo entonces…— Dijo en voz baja, reanudando su caminata.

Caminaron juntos en silencio por un largo rato, y Alfred ya se estaba cansando de caminar. ''…¿Cómo volveré a casa…?'' Se preguntó tristemente Alfred, observando el suelo. Había perdido la cueva, y ya no tenía idea de cómo volver a su tiempo actual. Había caído en la teoría de que, aquella cueva era mágica y le había hecho volver años atrás en el pasado, y encima en el otro lado del mundo.

Mientras caminaba, se detuvo al escuchar la voz de Arthur diciéndole que ya habían llegado.

Era una especie de cabaña situada en el bosque, y, podría decirse que todo se veía como un cuento de hadas. La cabaña era de un modo redondeado, y alrededor estaba repleto de flores de diferentes tipos y colores. Incluso habían luciérnagas, que habían comenzado a aparecer hace unos minutos atrás ya que era de noche.

— ¿Qué esperas? Entremos. — Le dijo Arthur, haciendo que saliera de sus pensamientos.

—Lo siento, me quede contemplando lo bello que era todo. — Dijo Alfred con una sonrisa tímida.

Arthur rodó los ojos y abrió la puerta de la cabaña, indicándole que entrara. Observo también como todo esta alumbrado con velas, y una pequeña vela que estaba dentro de un jarro, colgado cerca de la puerta.

Alfred entró observando todo con sumo cuidado, quería capturarlo todo como una memoria. Se tuvo que piñizcar para asegurarse de que no estaba soñando. Todo lo de aquel día, justo al descubrir la cueva, era jodidamente extraño, pero no se arrepentía de haber bajado ahora que estaba allí.


Acá enseguida les dejo otro capitulo nuevo.

La verdad es que me esta encantando este AU u3u

Tengo grandes espectativas de él xD (son las 8am y yo deberia estar durmiendo)(?)

Espero que les guste : Byes