Disclaimer: Todos los personajes de Supernatural pertenecen a Eric Kripke, por lo que esta historia no persigue fines de lucro.
Pairing: Este es un girl!Dean/Castiel.
Spoilers: Ninguno realmente. Tal vez ubicado entre la cuarta y quinta temporada.
Not chance, just fact.
Capítulo 1.
No podía conciliar el sueño. No porque los ronquidos de Sam fuesen tan sonoros que hacían vibrar el vaso de agua de la mesita de noche, sino porque tenía la mente ocupada pensando en mil cosas.
Clavó los ojos en el techo, respirando lentamente. Era como redescubrir el mundo. Sentía la ropa plegada contra su piel, un cosquilleo abrupto en el pecho y una sensación incómoda corriendo por su entrepierna.
—Oh, por favor —se quejó en voz baja. Se levantó desganadamente de la cama y avanzó al baño, maldiciéndose por no poder dar pasos más largos. Dio con el interruptor y cerró la puerta apoyando la espalda contra ella. Una vez más, como venía haciendo desde un buen turro de horas, bajo la vista esperando no encontrarse con…
Nope. Ahí estaban.
Senos. Redondos y firmes. Sacudió la cabeza en un gesto resignado. A él le gustaba mirar, acariciar senos, no tenerlos.
Avanzó apenas y se dejó caer contra el lavabo. Con una mueca en los labios alzó los ojos, reticente, hasta anclarlos al espejo.
Cabello sedoso y ondulado cubriendo sus hombros, piel ligeramente tostada, ojos verdes, nariz pequeña pincelada en pecas, rostro ovalado con suaves curvas y labios sonrosados, suaves y tiernos.
Mujer.
La imagen gritaba mujer pese a la camiseta blanca y los bóxers que le tapaban. Sus pies descalzos se contrajeron de súbito contra las frías lozas del suelo e involuntariamente apretó las piernas.
— ¡Mierda!
Sí. Sus enormes ganas de orinar a cada segundo también eran indicio del cambio.
Dean despertó por los golpes a la puerta. Estuvo a punto de gritarle a Sam pero para su conveniencia éste estaba vestido y por la taza de café en su mano, bien despierto desde algún rato. Una vez abrió la dichosa puerta, Dean quiso golpearse la cabeza contra la pared más cercana.
—Sam… —gruñó sin reparos evitando mirar al recién llegado.
—Hola Bobby —saludó Sam ignorando la pseudo amenaza del otro Winchester—. Qué bueno que has venido.
El viejo cazador asintió sin más, adentrándose al cuartucho de motel una vez Sam se hizo a un lado invitándole a pasar.
—La santa madre de- —exclamó en cuanto dio con el otro cazador. ¿A esto se había referido Samuel cuando le había llamado?
—Hey Bobby —saludó con voz rasposa, unos tonos más aguda a la que estaba acostumbrado, advirtió Singer—. Si pudieras dejar de mirarme como una jodida atracción de circo te lo agradecería… —soltó cansinamente, atreviéndose por fin a mirarle.
—Es… —balbuceó el adulto sin decidirse a creerse lo que veía.
—Lo sé —le palmeó Sam—. Para tratarse de Dean, se ve como una muñeca cuando no abre la boca.
—Esta muñeca te va a moler a palos si no cierras la boca, Sammy —dijo con voz melindrosa, sonriendo falsamente —. Vamos, Bobby, tengo suficiente con Sam. Dame un respiro.
—Sí —concedió Singer sin dejar de contemplarle—. Lamentablemente es Dean. Pero si le cosiéramos la boca podríamos pasarla como modelo y ganar una buena pasta.
Sam contuvo la risa lo mejor que pudo; Dean les dedico tal mirada de odio antes de coger su bolso y encerrarse en el baño. Jodidas ganas de mear. Ni que se hubiese bebido un estanque de agua.
—He estado indagando y hasta ahora nunca se ha mencionado una criatura sobrenatural capaz de modificar el género de un humano —comentó Sam una vez que se pusieron serios a discutir el caso—. Al principio creímos que nos enfrentábamos a un wendigo por el estado de las victimas que la policía encontró.
—Pero cuando le hallamos estaba bebiendo sangre de una nueva víctima —continuó Dean con semblante pensativo— y además al dispararle con balas de sal resulto herido.
—No se parece a nada a lo que estamos acostumbrados a enfrentar —aseveró Bobby arrugando las cejas—. Es como si alguien hubiese tomado monstruos al azar y los hubiese mezclado —reparó en Dean—. ¿No recuerdas nada antes de despertarte como Bettie Boo?
—No —respondió bruscamente—. Sólo forcejeamos y… —sacudió la cabeza, sus bucles meciéndose grácilmente ante el movimiento. La escena era casi adorable de no ser por la poco femenina postura del cazador; las piernas abiertas y las manos detrás de su nuca—Había esta neblina… y después tenía a Sam haciendo pucheros.
—Dean… —el aludido le miró ceñudo.
—No lloriquees, Samantha —rebatió entornando los ojos.
—De hecho, la tía ahora, técnicamente, eres tú. ¿Cómo quieres que te llame? ¿Deanna? ¿Debbie?
—Llámame Debbie y te frío los huevos.
— ¿Podríamos retomar el tema, par de idiotas? —Intercedió Singer rodando los ojos. Los hermanos guardaron silencio—. Creo que lo único que nos queda por hacer es llamar a Cas. De seguro él sabrá algo sobre la neblina que mencionaste —añadió enfocándose en Dean.
—Estoy de acuerdo. Tal vez hay algo que estamos pasando por alto, o quizás se trate de alguna mutación. Anda a saber —apoyó Sam volviéndose a Dean.
— ¿Tengo que hacerlo? —Cuestionó mirando a los hombres de hito en hito.
—Ya sabes que Cas acude sólo si tú le llamas —recordó Sam con retintín—. ¿Recuerdas que ya antes he intentado llamarle yo y que no ha funcionado?
—Ya, vale. Entendí —cerró los ojos—. Cas. Eh… Tenemos un pequeño problema acá y créeme que nos vendría bien tu ayuda, colega —Escuchó a Sam carraspear. Joder con su hermanito— Por… ¿Por favor?
— ¿Qué sucede? —Una voz resonó a espaldas de Dean. Éste giró el cuello lo suficiente y en cuanto sus ojos se cruzaron con los azules del ángel un pequeño escalofrío le recorrió la espalda.
Castiel le contemplo con ojos grandes, anonadado (considerando la escases de expresiones faciales en el mensajero de Dios) y pese a que Dean ya había pasado por esto antes, simplemente se dio cuenta de que no era capaz de molestarse ni mucho menos de romper el contacto visual.
—… ¿Dean? —Arrugó las cejas y los labios, como rebuscando en su alma.
—Sí, Cas —su voz fluyó suave sin su consentimiento, y sin proponérselo se remangó la camiseta hasta exponer la marca de su brazo. La marca de la mano del ángel—. Soy yo.
Castiel suavizó sus facciones e inexplicablemente, un misterioso brillo bañó sus pupilas.
Por su parte, Dean estaba consciente que el ángel estaba actuando raro, más de lo normal, aún así, se descubrió correspondiendo al gesto esbozando algo similar a una sonrisa.
Bobby y Sam se miraron enseguida. ¿Qué demonios estaba pasando aquí?
