Death Note no me pertenece de ninguna forma, ni tampoco 'World is mine'. Lamentablemente.
Además, debo dar una advertencia especial sobre este capítulo; hay crossdressing, y podría herir la sensibilidad de muchos corderos de Dios.
'World is mine'
El número uno en el mundo.
Debes saber como debes actuar cuando estás… ¡Conmigo!
2
¡Segundo!
Asegurate de mirarme bien de pies a cabeza, ¿OK?
Summary: No era posible, ni aquí, en la más remota dimensión desconocida, ¡esto no le podía estar pasando a él! Mello miró una vez más su reflejo en el espejo, solamente para ver que una linda chica le devolvía la mirada. ¿¡En qué estaba pensando cuando aceptó una idea tan descabellada!?
—¿Una fiesta de disfraces? —preguntó curioso Mello. Matt suspiró cansado.
Ambos se encontraban solos en la sala del orfanato. Estaba atardeciendo y casi todos los demás chicos se encontraban jugando fútbol en el jardín. Mello y Matt no habían podido jugar, pues el primero se sentía un poco cansado y Matt no quería dejarlo solo, así que se habían quedado estudiando durante todo ese tiempo.
A pesar de que Mello estaba aburrido y a esas alturas absolutamente cansado de leer libros sobre cosas que realmente no le importaban, se había quedado allí meramente por el extraño fenómemo "Near está desaparecido". Y no le apetecía moverse y topárselo; no podía nombrar muchas ocasiones en que hubiese pasado un día entero sin ver a ese niño molesto, por eso esa tarde en especial era memorable. Tranquila y sin sobresaltos.
—¿Es qué acaso no te enteras de nada? —dijo Matt, sin poder creerse lo desinformado que podía llegar a ser Mello.
—Al parecer, no —contestó el rubio con bastante simpleza; su amigo suspiró con cansancio.
—Oh, está bien... —soltó con resignación, y antes de continuar con su discurso tomó una bocanada de aire—. Como sabrás, pronto será Halloween, ¿no?
—En un par de días —dijo Mello, bastante cabreado de que Matt lo tratara como ignorante.
—Y bueno, ya sabes como son las chicas y su asunto de que el simple hecho de tener novio las hace geniales… Entre ellas mismas, por supuesto —se apresuró a agregar el pelirrojo—. Por eso aprovechan estas ocasiones para organizar y fiestas y exhibirse como si de mercadería se tratara.
—Debí suponerlo —dijo Mello—. Pero, exactamente, ¿qué tiene que ver eso con nosotros?
—¡Es obvio que debemos que ir! Así que tendremos que elegir un disfraz para ambos —contestó Matt, completamente entusiasmado.
Mello se había quedado en blanco. ¿Qué? ¿Había escuchado bien?, ¿ir él una fiesta de disfraces? Su cerebro iba procesando las cosas más lentas de lo normal. Bien, si es una fiesta, seguramente iban a poner música—era obvio, no tendría sentido ir a una fiesta sin música; y, en eso caso, habría muchas personas que bailaran. Si había muchas chicas bailando, seguramente se vería forzado a bailar con alguna y...
—Oh, no Matt —dijo Mello cuando terminó de analizar las cosas. ¡Mierda! ¡No quería ir!—. No, no, no, no y ¡no!
—¡Vamos, Mello! —le insistió Matt, mirándolo con unos ojos suplicantes difíciles de ignorar—. ¿Por qué no?
—¡De ninguna manera iría a una de esas fiestas! —gritó Mello, totalmente en contra de la propuesta de Matt. El pelirrojo se decepcionó al ver que la técnica de los 'ojos suplicantes' no sirviera con Mello—. Es un 'no' definitivo, así que no insistas.
—¡Por Dios, Mello! ¿Por qué no?
—Porque no quiero, y punto —contestó cortante. ¿Por qué insistía tanto? Si Mello decía que no, era definitivo. Nadie iba a hacerlo cambiar de opinión. Y Matt seguramente lo sabía mejor que nadie.
—¡Pero Mello! —protestó su amigo, sin hacer que Mello cambiara su expresión siquiera—. Suponiendo que tu problema es tener que ir disfrazado, no tienes por qué preocuparte, será un disfraz común y corriente. Admito que mi primera intención era llevarte disfrazado de Barbie, pero si no te gusta ese puedes llevar otro.
—El disfraz no es el problema, realmente… ¿¡Cómo es eso de ir disfrazado de Barbie, maldito degenerado!? —gritó Mello, golpeándolo en la cabeza.
¡Por favor! ¡Él era macho! ¡Un semental en potencia! Desbordaba testosterona; era tan obvio que saltaba a la vista. Matt no merecía menos que una paliza por imaginar ponerle un vestido, en el mejor de los casos.
—¡Ay! Mello, no te enojes, ¿vale? Era sólo una broma —dijo Matt, sobándose el lugar donde Mello lo había golpeado. Para no ser tan alto, golpeaba fuerte. Sintió pena por Near, quien era víctima de las agresiones de Mello con más frecuencia que él—. Supongo que no es por el traje, ¿qué es entonces?
—No es tu problema.
—Mello, puedes confiar en mí. Somos amigos después de todo, ¿no? —le insistió Matt—. Vamos, no seas tan arisco.
Mello lo miró indeciso. Jamás había hablado de ese tema con nadie; era uno de sus más grandes secretos. Sabía que esa información en las manos equivocadas podía arruinar su reputación para siempre ¡Y no podía permitirse eso! Los demás debían seguir pensando que Mello era perfecto ¡Y no es que no lo fuera! Pero esto, sin duda, haría que la gente le perdiera respeto.
Por otro lado, Matt era su amigo. Ciertamente el pelirrojo no tenía cara de ser la persona más confiable en el mundo, pero tampoco era un cualquiera en su vida. Después de todo ese tiempo, quizás el chico merecía algún voto de confianza de su parte.
Vamos, si hasta Mello debía tener un poco de consideración de vez en cuando…
—Pues… verás Matt —comenzó a hablar Mello. Se le notaba nervioso, aunque era evidente que estaba tratando de ocultarlo—. Y-yo no sé… eh…
—¿Qué cosa? —preguntó Matt, con expresión ansiosa—. ¡Vamos Mello! No seas tan lento
—¡No me presiones, idiota! —le gritó Mello, realmente enojado. ¿¡Quién se creía que era Matt para tratarlo así!? Él era Mello; merecía algo mejor. Nadie tenía derecho para ordenarle o presionarlo.
—P-perdón Mello —se disculpó Matt, con una mezcla extraña entre miedo y vergüenza. —N-no tienes que decírmelo ahora si no quieres…
—No es que no quiera… —dijo Mello, aunque sabía que se trataba de una mentira—. Odio que me presionen. Es todo —terminó el rubio, todavía con el rostro molesto.
—No sólo que te presionen, también odias que te ordenen, que te hagan callar, que te dejen en segundo plano, que se olviden de ti, que te pongan después de Near y que…
—Matt… —lo interrumpió Mello de una forma poco amable.
—¿Si Mello?
—¿Haz escuchado un dicho que dice, más o menos, 'por la boca muere el pez'?
—¿Significa que si sigo hablando me matarás?
—Dime Matt, ¿qué crees tú? —respondió Mello, que miraba a Matt con cara de pocos amigos. El pelirrojo intuyó cuál era la respuesta que no debía darle a Mello.
—M-me callo entonces —Mello sonrió satisfecho. Le gustaba hablar con Matt, porque captaba las indirectas apenas las lanzaba. De hecho, después de eso, seguramente a Matt se le habría olvidado el asunto de la fiesta—. ¡Espera Mello! Aún no me das la razón de por qué no quieres ir a la fiesta —Mello suspiró. Bueno, era Matt, después de todo.
—E-eso es porque, bueno, sobre eso, ya sabes, es porque, p-porque… —dijo Mello, volviendo al nerviosismo inicial. Sentía sus mejillas arder intensamente ¡Maldición! Odiaba ponerse así de nervioso, en especial cuando estaba frente a otras personas.
—¿Por qué…?
—Porque no sé bailar—dijo finalmente, desviando la mirada hacia cualquier punto
—¿Q-qué?
—¡No me hagas repetirlo, imbécil!—gritó Mello, nuevamente enfurecido. ¡No hacía falta que se riera de él!
—N-no, es sólo que no me lo esperaba —contestó enseguida Matt. Mello se sorprendió de que el pelirrojo no se burlara de él; si la situación fuera al revés, él si se burlaría de Matt. Bueno, quizás Matt era confiable después de todo—. Ajá… Aún no veo el problema.
—Se te olvida con quien hablas —dijo Mello con superioridad. Matt miraba sin comprender—. ¡Dios! Estás en un orfanato de chicos superdotados, ¿o no? —se apunto a sí mismo—. Mello, guapo, popular entre las chicas... ¿Chocolate?
—Eh... Lo siento Mello. Creo que todavía no lo capto...
—¡Santo cielo! A veces las personas de éste orfanato me hacen dudar si de verdad se trata de un orfanato para niños superdotados, o llevamos años siendo parte de un morboso reality show, lo cual en realidad no es tan difícil de creer considerando lo aislados que nos mantienen del mundo real… ¡Ni chocolate me dejan ir a comprar!, ¿puedes creerlo? No sé que planean que haga cuando se me acaba el chocolate. ¡Dios, doce barras no son suficientes! ¡Necesito más! Sin chocolate no puedo pensar claramente, y si no pienso claramente no podré superar nunca a Near y… ¡Ese maldito de Near! Juro que algún día lo haré morder el polvo, ¡y haré que reconozca ante todo el mundo que soy el mejor de todos!, porque soy el mejor ¿no? ¿O acaso alguien se cree mejor que yo?
—Mello, lamento interrumpir tu extraño y perturbador monólogo, pero creo que entendí a lo que te referías antes hace un rato ya.
—¡Debiste haberme avisado!
—Lo hice, pero parecías tan interesado en insistir que somos protagonistas de un reality show que ni siquiera me escuchaste.
—¡Debes aceptar que es una teoría razonable!
—Si, muchísimo —contestó sarcásticamente Matt.
—¡Es verdad! —gritó Mello, a punto de comenzar una pataleta. Matt rió sonoramente, haciendo enfadar más a Mello.
¡Nadie debía burlarse de él! Odiaba cuando la gente usaba sarcasmo. No era para nada genial.
—Dejando tu teoría de lado—comenzó hablar Matt una vez que terminó de reír—, creo que ya entendí a que te refieres. Si no sabes bailar, no podrás bailar con ninguna chica, porque más de una te lo rogará, eso es obvio, ¿voy bien? —Mello asintió—. Si no bailas con ninguna, sería descortés y dejarías de gustarles ¿no? Y eso, después de unos meses perjudicaría a la campaña 'muchos chocolates para Mello en San Valentín', ¿es eso?
—¡Justamente! Es mucho más sencillo para mí no ir a la fiesta, ¿no crees? —Matt sonrió de una forma maliciosa, una forma que le trajo a Mello un horrible presentimiento.
—Tengo otras cosas en mentes.
—¿Q-qué cosas?
—No te preocupes… Ya lo verás
Y el tono en que dijo eso no era para nada alentador.
No… Esto era inaceptable.
No era posible, ni aquí, en la más remota dimensión desconocida, ¡esto no le podía estar pasando a él!
Mello miró una vez más su reflejo en el espejo, solamente para ver que una linda chica le devolvía la mirada. ¿¡En qué estaba pensando cuando aceptó una idea tan descabellada!? Oh, ya lo recordaba.
Chocolate.
¡Dios! A veces se sorprendía a si mismo las locuras que hacía por un poco de chocolate, y a pesar de todo, jamás era suficiente. Siempre quería más, y eso lograba que hiciera cosas aún más descabelladas… pero esta, sin duda, se llevaba el premio.
Los chicos se encontraban aún en la habitación de Mello, esperando a que el último terminara de arreglarse, pues la fiesta ya había comenzado. Matt se encontraba impaciente, pero aún no podían salir, Mello llevaba un rato negándose a abandonar la habitación.
—Matt… estoy seguro de que el traje de Alicia era más largo.
Mello miró una vez más el vestido (¡vestido!) que llevaba. Era de color celeste con un delantal blanco encima, idéntico al de Alicia de 'Alicia en el país de las maravillas', con la pequeña—para Matt, porque para Mello era notorio; pequeña diferencia de que el vestido que traía puesto era más corto que el de ella. El de Alicia era ligeramente bajo de las rodillas; el suyo le cubría apenas la mitad del muslo. Era una mini falda… Mello estaba usando una minifalda… Dios.
—Vamos, Mello. No es para tanto —lo animó Matt. Mello lo miró con odio. ¡Él y sus estúpidas ideas! Si no fuera porque la propuesta de Matt había parecido convincente nada de esto habría pasado.
Hace unos días, cuando habían estado hablando de la fiesta, Matt había dicho que, como no sabía bailar, pero tampoco quería rechazar a ninguna chica, lo más 'sano y lógico' era ir vestido el mismo como una. Tenía sentido, ¿qué chica iba a querer bailar con un chico vestido de mujer? No iba a tener que rechazar a nadie, pues nadie querría bailar con él.
Estúpido Matt. Habría sido más sano no asistir a la dichosa fiesta.
—Claro, como tú no llevas el vestido —miró el disfraz de Matt. Iba vestido con un chaleco a rayas que lo hacía ver idéntico a el gato de 'Alicia en el país de las maravillas'. Además, se había puesto una cola y unas orejas de gato para completar el conjunto. Aquello le parecía completamente injusto ¿¡Por qué era él el único travestido!?—. Además, ¿De qué va esto de ir vestidos a juego? Parecemos un par de idiotas obsesionados con la estúpida película esa
—¡No somos los únicos! Les pedí a algunos chicos que se vistieran de cartas. Y Linda se va a vestir de la Reina de corazones
—¿¡Y por qué yo soy Alicia!? ¡Linda es una chica! Ella debió haber sido Alicia.
—Por que eres rubio, y Linda tiene el pelo castaño. Acéptalo, a ti te queda perfecto, no a ella.
Mello lo golpeó, molesto. Odiaba ese vestido, ¡parecía una chica! Y él no era ninguna chica. Era un hombre muy macho. Muchísimo. Tenía un cuerpo muy, muy masculino. Sabía que su cintura sólo se veía más pequeña porque traía un vestido. No es como si él tuviera una cintura acentuada. ¡Y que sus piernas se veían así de contorneadas era sólo por las medias blancas! El era muy, muy musculoso. Muy macho. Y estaba seguro que el próximo año por fin le saldrían vellos en las axilas. Aunque era el único que todavía no tenía… ¡Pero eso no le hacía menos macho!
Finalmente, luego de muchos ruegos, Matt logró sacar a Mello de la habitación, ganándose de por medio muchísimos golpes, aunque Matt los aceptó de buena manera, sabiendo que se trataba de un sacrificio y de que esta vez había sido su turno de correrlo, ya le tocaría a otro.
Cuando llegaron al lugar donde se estaba dando la fiesta, Mello se sorprendió al darse cuenta que prácticamente la mitad del orfanato iba vestido como personajes de la dichosa película. No sólo cartas, al parecer estaban todos los personajes. Pudo darse cuenta de que algunos se repetían. Había varios sombrereros locos, un par de gatos, unas cuantas orugas extrañas y más de un reina.
Eso lo alentó un poco; si se repetian algunos personajes, tal vez hubiese otra Alicia. Mello buscó desesperadamente, pero nada. Él era el/la única/o.
Y en ese momento, acabaron de morir sus esperanzas de que nadie se diera cuenta de que llevaba vestido.
Como era de esperar, apenas cruzaron el umbral de la puerta, todos voltearon a ver a Mello. El rubio se sonrojó inmediatamente al sentir todas las miradas sobre él, ¡Dios! ¡Traía vestido!, ¿qué pensaría todo el mundo de él ahora? ¡No era ningún homosexual o algo así! Seguro todos se iban a burlar de él, ¡pero nada de esto era su culpa realmente! Sólo era víctima de una serie de hechos desafortunados y la mentalidad degenerada de su mejor amigo. Sólo eso.
El pobre Mello caminó hacía la multitud, ¿qué más podía hacer? No es como si tuviese muchas opciones; iba a hacer el ridículo de todos modos. Sabía que el haber escuchado a Matt había sido una mala idea.
¿Cómo eso pudo siquiera parecerle lógico en algún momento?
Se paró en medio de toda la gente y cruzó los brazos. Esperó pacientemente a que las carcajadas y las burlas de sus compañeros llegaran, pero ninguna de las dos apareció. Lo único que Mello pudo escuchar de ellos fueron unas cuantas exclamaciones de asombro. Pudo contemplar también que ninguna de las personas a su alrededor parecía extrañada.
El rubio ya no sabía que era peor. El hecho de que estuviera travestido, o el que cuando sus compañeros lo vieron llegar nadie pensara que se veía mal como una chica.
—Vaya, Mello —dijo una niña pequeña. Mello no recordaba su nombre. No tenía tanto tiempo como para perderlo en aprenderse los nombres del resto. Bastaba con que los demás supieran el suyo—, te ves bien —agregó la chica. Iba disfrazada de carta, y sólo eran visibles su rostro y sus manos.
—Ajá. Gracias —contestó el rubio, haciendo un esfuerzo sobrehumano por sonreír, sin obtener muy buenos resultados. Sólo consiguió esbozar una sonrisa torcida que logró espantar a la chica. Genial, una menos para la fundación del chocolate.
—Anímate, Mello —le dijo Matt al ver a la pobre niña correr espantada.
—Cállate, esto es tu culpa.
—¿De que hablas? Nadie te obligó, Mello.
—No es cierto. Si no lo hubieses hecho parecer una buena idea no habría venido vestido con esta cosa —le gritó Mello, totalmente furioso. ¡Demonios! Solamente a él podía pasarle algo así—. ¡Y-y…! Es horrible Matt, de verdad parezco una chica —admitió algo deprimido.
—No es para tanto. Te ves muy bien… ¡Q-quiero decir! Aún con eso te ves muy macho —se retractó de inmediato al sentir la mirada asesina de Mello clavarse sobre él—. S-si quieres, puedes ir a tomar un poco de aire al patio. Seguro que nadie te dirá nada.
Mello sonrió ante la idea. Jamás había podido ir al jardín de noche, pues Roger se los tenía estrictamente prohibido por alguna razón. Nunca había escuchado atentamente qué hablaba Roger, la verdad.
Quizás, ¿Sería el primer niño en salir al jardín de noche? Le emocionó pensar aquello, ¡Primero! ¡Iba a ser el primero! Incluso si se trataba de algo tan insignificante como salir a pasear de noche estaba completamente feliz. Jamás había tenido la suerte de ser primero en algo, a pesar de lo mucho que destacaba. Near se encargaba siempre de amargarle la existencia en ese sentido.
¡Ja! ¿Pero qué más daba?, ¡sería primero!
Llenó de satisfacción salió del edificio y sigilosamente se adentró en el jardín, sin ser descubierto. ¡Era obvio! ¿Quién podría descubrir a Mello? Él era demasiado cuidadoso como para ser atrapado.
Una vez allí, se llenó de una inocente emoción. Trató de pensar en una cosa que siempre hubiese querido hacer y no había podido hasta ahora en el jardín por la noche, pero no se le ocurrió nada en especial. Jamás se había puesto a pensar en una situación así. Era demasiado extraño.
De cualquier forma, seguía feliz, así que optó por sentarse bajo un árbol y devorar la barra de chocolate que había estado guardando desde la mañana. Había sido un duro trabajo esconderla en ese vestido, pero finalmente, había valido la pena. Se trataba de chocolate del bueno, era totalmente imposible compartirlo.
Metiendo el chocolate en su boca, Mello se recostó en pasto. Adoraba las sensaciones que le producía ingerir un poco de aquel preciado tesoro. Y aquella tranquilidad que lo llenaba cuando se deshacía en su boca era la parte que más le gustaba, sobre todo cuando estaba solo en un lugar tan silencioso y calmado como ese.
—¿Mello? —escuchó aquella vocecita tan molesta a sus espaldas.
Sabía que en la vida no existía nada completamente perfecto, pero por qué tenía que ser Near entre todas las personas posibles el que arruinara su felicidad.
Para variar.
Ni siquiera tuvo la necesidad de voltearse para comprobar que pertenecía a Near, pero, como era una persona educada y sabía que debía mirar a la cara a las personas cuando les hablaba, lo hizo, aunque completamente molesto.
¡Claro! ¡ Y cómo no iba a estarlo si el mocoso iba e interrumpía paz y tranquilidad!
Sólo en ese momento pudo notar que Near también iba disfrazado. Llevaba un pijama parecido al que siempre traía, pero Mello pudo darse cuenta que no era el mismo por algunos pequeños detalles, como los botones; además, llevaba una especie de chaqueta, justo como el conejo de la maldita película. En su mano, traía un reloj que cumplía meramente una función de adorno, pues no daba la hora. Y en su cabeza, tenía puestas unas orejas de conejo, de un blanco idéntico a su cabello, haciéndolas parecer casi reales.
Sin duda, Matt también había convencido a Near de que formara parte de ese extraño tributo a 'Alicia en el país de las maravillas'. Aunque todavía no entendía porque el albino y él mismo habían caído en semejante estupidez.
—¿Eres tú, Mello?
—¿Qué quieres, Near? —le respondió, aunque con otra pregunta. No se encontraba de humor para que, encima, tuviera que lidiar con el pesado de Near.
—Nada en realidad —contestó tranquilamente mientras caminaba y se sentaba junto a Mello en el césped, e inmediatamente comenzó a jugar con su cabello, como solía hacer—. No te había reconocido —Mello sonrió de forma amarga.
—¿Lo dices por el vestido? —preguntó burlonamente—. ¡No te preocupes! Yo tampoco me reconozco.
—Si no te gustaba, no tenías por qué usarlo —dijo Near carente de emoción. Mello lo miró enfurecido.
—¡Tú no lo entiendes! —le gritó, levantándose del césped donde hace momentos se encontraba recostado—. T-tengo mis razones. ¡Además no tiene nada que ver contigo!
—Ciertamente, no tiene nada que ver conmigo —contestó el albino con tranquilidad, todavía jugando con uno de los mechones de su cabello—, pero creo que entiendo más el asunto de lo que crees. Si no sabías bailar, lo más sano habría sido que fingieras una lesión y haber asistido al baile de todos modos.
—¿¡Matt te lo dijo!? —preguntó totalmente sorprendido. Matt se lo había dicho, ¡que mierda de amigo que tenía! Pero Near había negado con la cabeza—. Entonces, ¿C-cómo lo adivinaste?
—Es fácil para mí saberlo. Cuando Matt me dijo que viniera disfrazado, inmediatamente me negué. Pero él, alegando que si no iba disfrazado tú tampoco, y que eso terminaría por arruinar la fiesta, hizo que cediera de todas maneras. Me resultó bastante extraño, así que le pregunté a Matt de qué irías disfrazado tú, y me contestó que serías Alicia.
—¿Y eso qué…?
—De inmediato, supe que había algo raro. Mello no se vestiría de una chica sin una razón lo suficientemente poderosa. Entonces, un montón de teorías llegaron a mi mente, pero cada una era tan probable como la otra —siguió hablando Near, como si Mello jamás lo hubiese interrumpido—. Luego, comencé a recordar situaciones parecidas, y en todas se repetía un patrón; Mello no había asistido a ninguna fiesta. Nunca. Supuse que allí se encontraba el problema. De esta manera, mi gama de teorías se redujo casi a la mitad —Mello lo escuchaba asombrado, aunque no lo hacía notar—. Y ahora, finalmente aposté por la que tenía más probabilidades. Así que, podríamos concluir que en realidad fuiste tú quien me lo dijo.
—¡Tú…! —dijo furioso—. ¡Eres muy molesto!, ¿¡sabías!?
—Lo siento, pero creo no equivocarme al recordar que fuiste tú el que me pidió que le explicara cómo había 'adivinado'.
—¡Aún así no tienes permiso de analizarme! No soy tu conejillo de indias, o algo así. No voy a rebajarme a ser tu objeto de estudio —le gritó Mello, totalmente frustrado. Para variar había culpado a Near. Todo era culpa de Near, siempre lo era.
—Pido disculpas, entonces. Lo hice de manera mecánica.
—No importa si lo haces o no intencionalmente. Simplemente no lo hagas y ya —contestó Mello—. Y ahora no me molestes más. Estoy ocupado.
Ciertamente, la intención de Mello al decir esas palabras era que Near optara por largarse y dejarlo en paz. Nunca le había fallado con nadie, y no veía el por qué esta ocasión sería especial.
Pero el verlo sentado allí después de un rato, logró que se enfureciera. Trató de enviarle más indirectas de 'vete-y-déjame-en-paz', pero no dio resultado. Near parecía demasiado sumido en sus pensamientos como para darse cuenta de lo evidente, o quizás simplemente no tenía una pizca de sentido común.
Resignado, y totalmente sin ganas de moverse de donde se encontraba, optó por ignorar a Near justo como Near lo ignoraba a él. Nunca había intentado algo así, pues no creía que diera mucho resultado. Porque, por alguna extraña razón, le resultaba muy complicado ignorar al niño albino.
Suspiró con cansancio. No quería darle tanta importancia a un niño tan molesto como Near, porque en realidad, su existencia no tenía ninguna relevancia para Mello; era como un cero a la izquierda, como una molesta piedra en su zapato, como… ¡No! ¡Se suponía que debía alejar sus pensamientos de Near, no centrarlos en él! Mello buscó entonces en su mente otro pensamiento que lo mantuviera lo suficientemente ocupado como para ignorar a la persona que se encontraba a su lado. Y funcionó mejor de lo que esperaba: Chocolate.
¡Chocolate!, ¡esos si que eran buenos pensamientos! Y además, los había de todo tipo… dulce, amargo, blanco, con almendras, centro crujiente, nueces… ¿Light? Si, ese también, aunque a Mello en realidad no le servía para nada, pues el no tenía ni la más mínima necesidad de bajar de peso. Él era muy delgado, quizás demasiado…
Cuando volvió de sus pensamientos sintió una mirada muy penetrante clavada en su rostro, y no tuvo necesidad de pensar demasiado para saber de quien se trataba. Era un genio, después de todo.
—¿Qué miras, enano? —preguntó Mello, evidentemente molesto. ¿Qué demonios pretendía Near mirándolo de esa manera?, ¿asustarlo? Pues no lo lograría.
—Es extraño —dijo Near sin escucharlo.
—¿De qué hablas?
—Hm… Oye Mello
—¿Si?
—¿Puedo ver algo? —preguntó el albino, acercándose curioso.
—D-depende, ¿qué es? —respondió Mello, nervioso por la cercanía. ¡No, no y no! No iba a dejar que ese niño molesto lo intimidara.
Lo que ocurrió después fue muy rápido, tanto, que Mello ni siquiera tuvo tiempo de ordenar los hechos y que tuvieran coherencia. Near sobre él, su espalda contra el suelo, sus muñecas aprisionadas, sus piernas temblando…
¿¡Qué demonios estaba pasando!?
Mello tomó aire. No entendía que ocurría… Esta posición era muy extraña, ¿estaba siendo acosado sexualmente por Near? La idea le parecía tan fantástica que casi se le escapa una carcajada. Pero estaba ocurriendo, y por el dolor que le había dejado el impacto de caer en su espalda era prueba suficiente de que aquello no era ningún sueño.
—¿¡Qué demonios te crees que haces, idiota!? —gritó Mello. Near lo estaba mirando fijamente, como si estuviera haciéndole un análisis muy complicado.
—Aclarando una duda —contestó simplemente.
—Me pregunto… ¿¡qué clase de duda tienes si para aclararla necesitas tenerme así!? ¡Exijo que me sueltes! —dijo el rubio, verdaderamente enojado. A pesar de esto, el chico albino no parecía demasiado interesado en hacerle caso—. ¡Oye!, ¿me estás escuchando?... ¡Near!
—Me daré prisa.
—¡Respon…!
Ni siquiera había podido terminar su frase cuando Near se abalanzó sobre él, y le levantó el vestido, dejando toda la parte inferior de su cuerpo al descubierto. Mello se quedó congelado, sin poder asimilarlo todo.
Si el hecho de que Near estuviera sobre él, acosándolo, no era lo suficiente como traumatizarlo de por vida, esto, terminaba por garantizárselo.
¡Esto era violación!
—¡Suéltame, pervertido!, Apenas pueda salir te denunciaré, ¡ya verás!
Mello gritaba con mucha energía pidiendo que lo soltara, pero no hacía ningún esfuerzo para salir por sí mismo. En el fondo tenía curiosidad de saber qué quería hacerle Near, pues tenía claro que no era ningún degenerado. Eso era obvio, pues la única persona que conocía y que podía entrar en esa categoría era Matt.
Al pensar en Matt, Mello recordó aquella frase que tanto le gustaba decir al chico: 'la curiosidad mató al gato'. Tenía cierto sentido decir que si era curioso, podría verse perjudicado. Pero, siendo sincero, Mello no consideraba a Near bajo ningún punto de vista como 'peligroso', así que ¿Qué podría salir mal?
—Te soltaré de inmediato. Espera un poco —contestó el albino con toda la calma del mundo.
—¿Esperar qué? ¿De qué hablas? —preguntó Mello, pero sólo obtuvo silencio—, ¡oye! Tienes que responder cuando alguien te habla… ¿Me estás escuchando? ¡No me ignores! Te hice una pregunta... ¡Responde Near!
Pero Near no parecía tener ningún interés en seguir hablando con Mello; parecía cansado de responder sus insistentes preguntas.
En vez de responder, se acomodó con tranquilidad entre las piernas del rubio y posó sus manos en la cintura de este. Con la misma serenidad, comenzó a recorrer el estómago de Mello con sus manos, tocando su espalda, costillas y cintura de una forma totalmente examinadora, carente de cualquier tipo de pudor o vergüenza.
Si se hubiese tratado de otra persona, lo más probable habría sido que Mello lo hubiese golpeado y puesto de una vez en su lugar hace ya un rato, además de haber parloteado un gran repertorio de insultos, claro está. Pero en esos momentos se sentía incapaz de mover un músculo siquiera; era Near.
Near, el chico reservado que no hablaba con nadie. Aquel molesto y sereno niño que no abría la boca a no ser que fuera una situación estrictamente necesaria, como comer o bostezar y que, a pesar de todo, era un genio. El mismo Near, que cuando llegó se convirtió inmediatamente en el número uno en la lista de sucesión de L, y por consecuencia, en el mocoso que se encargaría de joderle la existencia. El maldito idiota imperturbable que tanto odiaba, que justo ahora se encontraba toqueteándolo. Y él, comportándose como un completo inútil, no ponía ningún tipo de resistencia.
Y contrario a lo que cualquiera pensara, no había golpeado al otro muchacho todavía porque le gustase la situación. No, no, no. Es sólo que aún no podía salir de su conmoción, sólo eso. Es decir, era Near. Él no haría algo así sin tener buenas razones y Mello, por algún motivo, sentía más deseos de oírlas que de golpearlo.
—Near, ¿qué haces? —preguntó Mello. Extrañamente, el contacto de las manos de Near no le desagradaba; eran mucho más calidas, suaves y pequeñas de lo que había pensado, no se esperaba manos tan infantiles… pero, ¡eso no cambiaba que se sintiera violado! Se sentía menos alterado, pero violado—. Eres muy extraño. Vas y haces estas cosas tan raras sin explicarme nada… ¿No vas a hacerme nada malo?
—En absoluto.
—¿No estás mintiendo?
—No
—Me pregunto si debo creerte —dijo el rubio, bastante relajado para tratarse de él.
Mello ya no tenía idea que era lo que pensaba y que era lo que salía de su boca, y apenas tenía seguridad de que las cosas que pensaba-¿o las estaba diciendo?- eran las que realmente deseaba.
Además, estaba preocupado por su propia tranquilidad, aunque sonase contradictorio. ¿Cómo podía estar calmado con Near humillándolo de esa manera? Sentía como si un extraño tipo de drogas estuviese empañando sus sentidos, impidiéndole razonar como corresponde
—¿Vas a explicarme luego por qué haces cosas tan extrañas?
—Así es, pero si te lo explico ahora, pienso que sería un impedimento para seguir con mi labor.
—Esperaré a que me digas.
—¿Estás más tranquilo ahora, Mello? —dijo sin responder el más pequeño metiendo un dedo en el ombligo del rubio y presionándolo, logrando que el otro se removiera un poco—. Ya te dije que iba a darme prisa
—Oye, deja mi estómago en paz —dijo de pronto Mello, incómodo—. Se siente raro
—Lo siento —respondió Near, levantándose del estómago de Mello.
Cuando el rubio sintió al chico levantarse, pensó que todo terminaba ahí, pues confiaba en que cuando Near se encontrara lejos y comportándose como solía hacerlo, él iba a recuperar su cordura y podría de una vez por todas ponerlo en su lugar y exigirle a gritos una explicación, como quería hacerlo. Pero no le costó mucho darse cuenta que, en realidad, no podría, pues el niño volvió a acomodarse, esta vez de manera diferente.
Near, serio como siempre, ni siquiera miró a Mello cuando le levanto un poco las piernas y comenzó a tocarlas sin pudor alguno, desde sus rodillas hasta un lugar cerca de su entrepierna, sin rozarla siquiera.
—¡Near! —gritó Mello, rojo hasta las orejas —. Que no te haya dicho nada hasta ahora no significa que puedas llegar a estos extremos.
Pero Near no le hacía caso. Seguía toqueteándole sin pudor y, milagrosamente, a Mello ya no le tranquilizaba. Es más, sentía que la sangre le hervía, aunque no tenía claro si era por la rabia o la vergüenza… ¡No, no! No era cierto. Estaba seguro que era por la rabia, pues nada de lo que hiciera ese mocoso lo avergonzaría, eso era obvio.
—¡Te dije que te detuvieras! —gritó el rubio un tanto enojado—. ¡Near suéltame!
—Ten paciencia Mello, ens…
Mello, en un rápido movimiento, logró invertir las posiciones, siendo él el que se encontraba sobre Near, aprisionando sus muñecas. El albino sólo pudo darse cuenta de esto cuando sintió su espalda contra la superficie.
El rubio sonrió satisfecho mientras se acomodaba el vestido. ¿Quién se creía que era ese Near? Mello obviamente era muchísimo mejor.
—Si te digo que te detengas, te detienes —le grito Mello a Near, molesto—. Estabas incomodándome, mocoso.
—Mello, bájate por favor.
—Vaya, ahora quieres irte, ¿no? —preguntó el rubio. Near lo miraba inexpresivo, aunque Mello podría jurar que por un momento hizo un gesto de dolor—. Para tu desgracia, no te dejaré ir hasta que me expliques qué demonios intentabas hacerme.
—Estaba asegurándome de que no fueras una chica —respondió sencillamente.
Mello casi se desmaya la impresión al escuchar al otro chico. ¿Qué?, ¿se trataba de una broma, no? Buscó en los ojos del otro chico alguna señal que indicara que efectivamente lo que acababa de decir era una mentira, y que en realidad todo se trataba de una prueba de eliminación del dichoso reality show. Pero no encontró nada más que seriedad y tranquilidad en la mirada de Near.
No, no era verdad. Porque… ¡porque Near era un genio! No podía tener una duda tan básica... tan obvia…
¡Porque él definitivamente era un chico!
—Near, ¿es un chiste, verdad? —preguntó Mello, tratando de sonreír.
—No lo es —respondió con una calma que alteraba a Mello—. No soy muy bueno con los chistes. No me gustan.
—Entonces… ¿¡Por qué…!? —el rubio no encontraba las palabras que buscaba. Su mente era un revoltijo de ideas y las palabras adecuadas se escondían, logrando alterarlo aún más—. ¿Cómo…? Near, eres un genio… Entonces, ¿por qué tú…?
—Sólo sentí curiosidad. Con ese traje no pareces un chico, y para ser sinceros, no hay nada que me de la seguridad de que lo seas.
—¿Qué…?
—Es decir, cuando me puse a examinar tu cintura, me parecía tan pequeña como la de una chica, así que opté por examinar tus muslos. Aunque, no sirvió de mucho. Tus piernas también son como las de una chica. Ni siquiera tienen vellos, ¿no te depilas las piernas?
Mello no podía creérselo. Ese niño con apariencia débil osaba insultarlo, y de la peor forma. No tenía a nadie cerca para que pudiera defenderlo y aún así hablaba con esa tranquilidad que lo sacaba de quicio. Era una actuación tan valiente… o quizás tan estúpida.
— Dime, Near —dijo Mello acomodándose entre las piernas del otro tal y como él había hecho con Mello—. ¿Sabes por qué no pudiste descubrir que era un hombre?
—Porque mis métodos no fueron efectivos.
—Muy bien. Y, ¿sabes cuáles son los métodos efectivos? —se burló Mello al tratar a Near como un ignorante. Sonrió. Aquello lo hacía sentir tan bien, pero Mello sabía que su venganza iba a ser muchísimo más dulce.
—¿A qué te refieres?
—Mm… Mira, pongámonos en la siguiente situación: Abandonan a un par de bebés en las puertas del orfanato. Dos mellizos; un niño y una niña, y son a simple vista idénticos ¿Cómo crees tú que Roger se daría cuenta?
—Tarde o temprano notaría que sus genitales son diferentes—respondió tranquilamente Near. Mello sonrió
—Exacto.
Luego de la explicación de Mello, a Near no le sorprendió notar que de un momento a otro sus pantalones y su chaqueta ya no estuvieran, y que el rubio le sonriera de esa manera tan retorcida. Sólo lamento un poco que esa noche hiciera tanto frío, pues sus piernas ya estaban comenzando a temblar. Porque estaba seguro que era por el frío.
—Lo hiciste muy mal, Near.
—¿De qué?
—Es obvio. Mira, repasemos tus errores —le dijo Mello, aún sonriendo de esa manera retorcida—. Primero, no vengas a molestarme cuando estoy ocupado —la mano de Mello viajó a al pijama de Near y abrió el primer botón.
—¿Mello? —dijo el otro chico, ligeramente sorprendido. Al ver su reacción, el rubio sonrió aún más. Vaya, vaya, así que si seguía con ese juego Near iba a mostrar otra cara que no fuera la expresión seria que siempre traía. Eso era definitivamente interesante.
—Segundo, no me confundas nunca más con una chica… ¡soy muy hombre! —Mello abrió el segundo botón.
—Mello, no creo que sea necesario…
—Tercero —lo interrumpió Mello—. Jamás vuelvas a tocarme sin mi permiso —y abrió el tercer botón.
A esas alturas, ya era apreciable una porción del pecho de Near, pero a Mello no le importaba. Él sólo ponía a Near en esa situación para devolverle el favor. Quería que Near también supiera lo que se sentía estar tan vulnerable bajo la persona que más odiabas. Quería que el muy idiota sintiera la humillación que él sentía en ese momento.
—Cuarto, no vuelvas a decirme absolutamente nada sobre mi cintura, mis muslos o mi falta vello en las piernas —dijo el rubio y seguido abrió el cuarto, el quinto y el sexto botón, terminando así de abrir el pijama de Near.
Near se sentía incómodo. El viento que corría estaba comenzando a molestarle bastante, pues no traía puestos ni sus pantalones ni la camisa de su pijama. Sólo su ropa interior. Y aquello era desagradable, sobretodo considerando que tenía a Mello sobre él, quien, para variar, estaba muy enojado con Near y él no entendía por qué.
Siempre era lo mismo. Mello se enojaba cuando permanecía callado, y cuando hablaba y le daba su opinión también se enfurecía. Cuando no hacía nada le gritaba y cuando hacía algo que a Mello no le agradara lo golpeaba. Cuando le prestaba atención se enojaba y cuando lo ignoraba también. Por eso, cada vez que terminaba uno de sus encuentros Near se hacía la misma pregunta: ¿Qué debía hacer para hacer que Mello no se enfadara?
Todo ese asunto era demasiado problemático, y Near siempre había optado por permanecer solo porque no entendía mucho sobre las demás personas. Pero con Mello había sido diferente. Él era el que buscaba a Near, siempre tratando de llamar su atención por diferentes medios. Y aunque siempre terminaba molesto, hiciese lo que hiciese, volvía sin falta al día siguiente.
Por eso, Near había llegado a la conclusión de que si siempre Mello era el que lo buscaba a él y terminaba enfurecido, la solución sin duda era que Near fuera a su encuentro, pues de esta manera el rubio no iba a enojarse ni a golpearlo. Muy sencillo.
Pero, todo había terminado peor de lo que esperaba. Mello ahora parecía auténticamente molesto, al punto en que asustaría a cualquiera.
Había sido un mal plan, a pesar de que a Near le había costado tanto entender a Mello para encontrar una solución a sus heridas-literalmente-.
—Mello, no es necesario llegar a estos extremos. Me disculpo.
—Disculparse no es suficiente—dijo Mello—. Además, falta sacarte en cara tu último error. Te subiste sobre mí y me dejaste abajo como si fuese una mujer… Qué mal, Near. Eso fue un error fatal —agregó y miró maliciosamente la ropa interior de del albino.
Near miraba expectante a Mello. No creía que fuera capaz de hacerlo, ¿verdad? Eso era violar el espacio vital de una persona. Near no lo había hecho porque había respetado ese espacio, pero Mello seguramente…
La cara del albino hizo una mueca de desconcierto cuando se sintió completamente desnudo. Dirigió su vista hacia arriba y miró con horror como Mello sostenía en la mano su ropa interior y la miraba con asco.
—¿Blanco? —dijo Mello, refiriéndose al color de su ropa interior—, ¿ni siquiera puedes comprar estampados?
Near sentía que la sangre se le acumulaba en las mejillas. Era una sensación tan extraña como desconocida para él. ¿Sería eso estar sonrojado? Habría sido interesante comprobarlo y analizar las causas de ello, pero en ese momento tenía cosas un poco más urgentes.
—¡Mello devuélvemelo! —gritó Near alzando su mano e intentando tomar su ropa.
—¿Y para qué? —respondió el otro, restándole importancia al asunto.
—¡P-porque voy a enfermarme!
—Lo dices como si fuese algo que me importase.
—¡Mello!
Mello pensó que ver a Near nervioso y algo desesperado iba a resultarle gracioso, pero no lo estaba disfrutando como él quería. Le resultaba mucho más interesante ver el leve sonrojo que adornaba las mejillas del niño y apreciar su piel nívea, que casi parecía tener brillo propio en la oscuridad de la noche. Su pelo despeinado, su camisa abierta y las orejas de conejo que aún llevaba en la cabeza terminaban por completar la fantasía de cualquier pervertido. ¡Pero no la de Mello! No, para nada. Mello no se interesaba en los hombres, y menos en Near… Aunque, a decir verdad, en esos momentos Mello no podía estar seguro de ser heterosexual.
Acercó lentamente su mano hacia el pecho de Near. Quizás, si tocaba un poco, sólo para probar…
—¿¡Mello!? —Escuchó aquella voz y supo inmediatamente que se encontraba en problemas—. ¿¡Qué le haces a Near!?
—Roger.
De todas las personas que habrían podido encontrarlo en esa situación tan vergonzosa y completamente extraña tenía que ser el director. Seguramente sería castigado de por vida, porque prefería eso a tener que explicarlo todo y pasar por un momento tan vergonzoso que seguramente lo marcaría de por vida.
—Te hice una pregunta, Mello —dijo Roger, mucho más serio de lo habitual. Mello se mantuvo en silencio, mientras pensaba frenéticamente en una excusa—. Responde cuando te hablo.
—Bueno… Es obvio que no estamos jugando cartas.
—En mi oficina, ahora —fue lo único que dijo Roger a la respuesta de Mello—. Tú también, Near.
Cerró la puerta tras de sí al momento de salir de la oficina de Roger. Se sentía fatal, a tal punto de no querer salir nunca más de su habitación. Y es que era lo normal después de que te dijeran semejante castigo, que más bien parecía una tortura.
Un mes, 30 días, 43.829,0639 minutos, 2.629.743,83 segundos… ¡Tendría que estar todo ese tiempo sin chocolate!
A Mello le parecía inhumano. Hacerle eso era condenarlo a noches de insomnio, pesadillas, ojeras, cansancio, frustración, ansiedad y un montón de efectos negativos más.
¡Y todo por culpa de Near!
—¡Mello! —dijo Matt apenas vio a su amigo entrar a la habitación—. ¿Qué te hicieron?
—Castigado sin chocolate… por un mes.
—Oh, vaya. Eso sí que es mala suerte —opinó Matt, sin ser demasiado alentador para su amigo—. ¿Y que le hicieron a Near? —Mello hizo una mueca de odio cuando escuchó la mención del nombre de su rival.
—Esa… es la peor parte de todo…—hizo una pausa antes de continuar, como si le costase aún creer lo que le había pasado—. Le quitaron sus juguetes por una semana… ¿¡Te das cuenta lo injusto que fue ese tipo!? —Matt asintió—. Y además nos obligaron a ambos a quedarnos todas las tardes en la biblioteca organizando los libros… hasta terminar de ordenarla. Y, ¡Maldición! Esa cosa es enorme. Jamás terminaremos.
—¡Pero Mello! Sólo a ti se te ocurriría tratar de tirarte de Near en el jardín —Matt rió con su propio comentario—. Si me hubieses avisado con tiempo te habría conseguido una habitación…
El golpe de Mello en el rostro fue lo suficientemente fuerte como para que Matt notara lo furioso que se encontraba, y que no le convenía nada reírse de él.
Así que tomó sus consolas y sus juegos velozmente y salió de la habitación. Tuvo suerte de cerrar la puerta a tiempo, pues de lo contrario habría recibido un cojín en su rostro, cortesía de Mello.
Caminó por el pasillo tranquilamente y sonrió, pues todo había salido bien. Porque que al final, Alicia, llena de curiosidad, había seguido al conejo.
Agradecimientos a los reviews de todas ustedes, chicas :D Nunca me imagine recibir tanto en el primer capitulo -llora-. Gracias a Neferura por la corrección, si ven algo mal no se repriman en corregirlo, estamos todas aprendiendo
(25/03/13): Corrección general del fanfic. I see ya soon!
