Disclaimer: Los personajes de Roruouni Kensin pertenecen a Nobuhiro Watsuki.


Lady Ookami

El enemigo, ¿en casa?

El Aoiya estaba hecho un caos: Shiro, Kuro, Okkon y Omasu iban de aquí para allá preparando y sirviendo la comida, mientras Aoshi hablaba con Okina sobre los sucesos ocurridos en la ciudad aquella mañana y Misao se enredaba con los pedidos, repasándolos una y otra vez para no equivocarse.

- Vaya, creo que llegamos en mal momento… - comenta Kenshin poniendo los ojos de puntito al ver a tanta gente en el local.

Misao reconoce a los recién llegados y se dirige hacia ellos, esquivando a todo aquél que estaba en su camino.

- ¡Himura! – grita con voz chillona – Dana-chan me dijo que vendrían, pero no creí que tan pronto…

Antes que la comadreja recibiera una respuesta, Omasu la toma por el cuello del traje ninja y la lleva hacia adentro, pues los comensales empezaron a ponerse "histéricos" porque no había nadie quien tomara sus pedidos.

- Creo que necesitan algo de ayuda, ¿ne, Kenshin? – dice el castaño mientras una gota de sudor aparece en su frente.

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- ¡Estoy muerta! – masculló Misao mientras se recostaba sobre el tatami.

Aoshi sólo levantó una ceja ante el comentario de la chica, sin mostrar ninguna expresión. Extendió entonces una especie de mapa sobre la pequeña mesa frente a él y pasó su dedo sobre algunos puntos marcados en el mismo, indicando a Kenshin que en esos lugares habían sucedido los disturbios más importantes. En tres de ellos se produjeron incendios de forma inexplicable, mientras en el resto ocurrieron una serie de robos y asesinatos.

- ¿Crees que están relacionados con ese tipo? – preguntó Kenshin con curiosidad. Aoshi sólo movió la cabeza de manera afirmativa.

- Tal vez sea sólo para distraernos del verdadero objetivo… – comenta la Okashira. – Pero aún no estamos seguros cuál es ese objetivo.

- Dana será de gran ayuda ahora – mencionó Okina – Es muy buena haciendo ese tipo de "trabajos".

Al escuchar los halagos de Okina hacia la joven, Misao sólo frunció el ceño, molesta.

- ¿Por qué pones esa cara, Misao? – pregunta Yahiko al ver la expresión de enfado.

El pequeño no obtuvo respuesta, sino hasta que el ex okashira murmuró algo que sonaba como a "está celosa".

Viendo el ambiente tenso, Okina explicó rápidamente su comentario: Dana es la hermana del miburo, y, al igual que él, posee una gran inteligencia y audacia, por lo que Saitou supuso que sería de gran utilidad si formaba parte de la policía de Kyoto, pero la joven aún debe desarrollar algunas habilidades, por lo que decidió que Aoshi, como el ex okashira, le enseñara algunas técnicas.

- Entonces Dana es… con razón su mirada me era conocida… – se sorprendió Sanosuke, al igual que el resto de sus amigos, cuando Okina terminó con su relato.

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En las calles aún se apreciaba el olor a tierra húmeda producido por las constantes lluvias que habían caído durante esos días y la luz del sol entraba por la ventana del dojo donde Dana practicaba, refunfuñando porque su brazo izquierdo no le respondía como ella lo deseaba, deteniéndose por instantes debido a las constantes punzadas en el hombro.

- Demonios… - murmuró mientras se llevaba la mano derecha al hombro lastimado.

- No deberías exigirte demasiado o podrías lastimarte – comentó Tokio con preocupación mientras entraba al dojo y ofrecía a la joven un poco de té.

Dana sólo miró a su cuñada con esos penetrantes ojos ámbar y tras beber el té casi de un sorbo, continuó con su entrenamiento. – Gracias por preocuparte…

La mujer suspiró con resignación y al salir del dojo se encontró con la figura de su marido, quien tenía algunas heridas y contusiones leves.

- Son sólo algunos rasguños – murmuró al ver la preocupación reflejada en los ojos esmeralda.

----- Flashback -----

De acuerdo a la información proporcionada por Shinomori, un barco era cargado con mercancía de contrabando y planeaba zarpar esa misma mañana.

- ¡Pólvora! – gritó Cho al momento que abría una de las enormes cajas de madera.

- La suficiente como para volar este barco en pedazos – concluyó Saitou.

El rubio estaba a punto de abrir otra caja cuando escuchó pasos tras ellos.

En sólo fracciones de segundo se vieron rodeados por una veintena de hombres armados con katanas, dispuestos a detener a los intrusos.

- Imbéciles – una sonrisa sádica se dibujó en el rostro del miburo. Se abalanzó rápidamente sobre ellos y de un solo movimiento se deshizo de casi la mitad.

En cuestión de minutos sólo estaban Cho y Saitou en cubierta, o al menos eso pensaron, pues una explosión comprobó lo contrario.

- ¡Vámonos de aquí o volaremos en pedazos! – Cho esbozó una sonrisa sarcástica.

Antes de salir, el miburo sacó un cigarrillo de su chaqueta, lo encendió y arrojó el fósforo cerca de las enormes cajas de madera. Al ver esto, Cho sólo abrió grandemente los ojos. – "¡Está loco o qué!".

----- Fin Flashback -----

- ¡Auch! – Dana frunció el ceño y ahogó un grito de dolor mientras Tokio curaba su hombro herido y repetía una y otra vez "te lo dije".

- ¿Qué demonios pretendes? – Saitou frunció el ceño, sin apartar la vista de la joven.

- … Gatotsu… - Dana se puso de pie, subiendo la manga de su haori hasta cubrir su hombro nuevamente – Ahora si me disculpan… debo ir con Shinomori-sensei.

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- Dana se toma muy en serio su entrenamiento – comentó Yahiko al momento que terminaba de engullir una bola de arroz y veía de reojo a la chica que se encontraba en el patio trasero.

- Pues creo que deberías tomarla como ejemplo – Kaoru miró desafiante a su alumno.

Aoshi sólo levantó una ceja al ver que comenzaban a pelear. Se escuchó una pequeña risita, Misao miraba divertida cómo Kenshin esquivaba los objetos que la kendoka le lanzaba por intentar "calmar los ánimos". Sanosuke, en cambio, miraba fijamente hacia el patio…

El ruido de los puños chocando contra el poste que sujetaba un muñeco de paja se escuchaba a varios metros de distancia. Dana intentaba inútilmente derribarlo, pues su brazo izquierdo estaba resentido y no cooperaba para ese objetivo.

Escuchó que alguien se acercaba y se detuvo por un instante, giró la cabeza y vio a Sanosuke tras ella, con una sonrisa burlona.

- Lo estás haciendo mal – el luchador golpeó el poste con el puño derecho y éste cayó en el acto. Dana alzó una ceja y, sin prestar demasiada atención, continuó con su práctica.

- No necesito tu ayuda, tori atama…

Sanosuke miró fijamente a la joven, ámbar y marrón chocaron con tal fuerza que parecían fulminarse el uno al otro. El luchador dio media vuelta y desapareció dentro de la casa, "Futae no Kiwami", alcanzó a escuchar la joven.

¿Por qué ese chico siempre la hacía sentir de esa forma? ¿Podría comportarse amable con ella al menos una vez?

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La oficina del miburo estaba impecable, no había nada fuera de su lugar. Él se encontraba sentado frente a su escritorio fumando y revisando algunos reportes que le habían hecho llegar esa misma mañana.

- ¿Hasta cuándo vas a seguir enfadado conmigo? – Dana se encontraba sentada frente a Saitou, jugueteando con los dedos. – Llevas casi una semana ignorándome sólo porque traje aquí a Himura-san y los demás…

El hombre, fingiendo indiferencia, continúo con su trabajo, esta vez, acomodaba los reportes sobre el escritorio, separándolos de los que aún le faltaban revisar.

La chica se puso de pie y apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Cerró los ojos intentando controlarse, quería abalanzarse sobre el policía y golpearlo hasta que le diera una respuesta, pero sabía de antemano que no la obtendría.

- ¡Carajo Fujita! – Golpeó con ambos puños el escritorio, provocando que una pila de reportes se esparcieran por el suelo y que un par de tazas de té derramaran un poco de su contenido. Saitou alzó una ceja molesto, la joven rara vez actuaba de esa forma, y sólo lo llamaba "Fujita" cuando estaba realmente enfadada, y Dana enfadada era peor que el propio policía.

La joven dio la espalda al oficial y suspiró, sabía que lo había hecho enfadar y que lejos de mejorar la situación, la había empeorado.

- La investigación está estancada desde hace días… todo se está complicando – dulcificó su voz y desvió la vista hacia el techo de la oficina.

Escuchó un gruñido de parte del policía como respuesta… al menos le había prestado atención, ya era un avance…

- Todo lo hice para… - la joven agacha la cabeza y fija la mirada en el suelo, ocultándola para que Saitou no se diera cuenta que las lágrimas estaban a punto de aparecer. - … lo hice para protegerte… ¿acaso no lo entiendes? – las lágrimas comienzan a rodar libremente por sus mejillas.

Sin cambiar su expresión, Saitou se pone de pie y se para frente a la joven, toma delicadamente su barbilla para que lo mire fijamente. El policía se quitó los guantes y pasó sus dedos índices por las mejillas de la joven y limpió sus lágrimas. – Baka… - esbozó algo parecido a una tierna sonrisa – eso es lo que yo estoy haciendo… - rodeó la cintura de la joven y la abrazó con fuerza, al instante se percató que un ligero temblor invadía el cuerpo de la chica: estaba asustada, realmente no quería que aquella situación se les fuera de las manos. – No quiero que nada malo te suceda… - murmuró. El miburo besó la frente de la joven. – Nada ocurrirá… – dijo acariciando el cabello castaño.

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La luna brillaba en lo más alto del cielo y un suave viento hacía que las copas de los árboles se movieran a un ritmo, produciendo un agradable sonido.

Dana estaba con los codos apoyados en el barandal del puente, mientras su mirada se perdía en la claridad del río. Suspiró largamente.

- ¿Interrumpo? – la voz de Sanosuke sacó a la joven de sus pensamientos. Giró hacia él, y le sonrió alegremente.

- No – se sentó sobre el barandal.

Sano la miró minuciosamente, la había visto vestida de esa forma un par de veces, pero esta vez había un no sé qué en ella que llamaba la atención del luchador: la chica ya no vestía kimono, sino que traía un haori color cerezo y un hakama blanco, y su cabello estaba recogido en una coleta alta.

- ¿Por qué me miras de esa forma? – levantó la ceja, molesta.

El luchador se acercó al oído de la joven y susurró – Porque te vez muy linda… - sonrió. El rostro de Dana tomó el color de su haori por instantes. Se puso de pie sobre el barandal y recargó los brazos sobre la cabeza del castaño.

- ¿Has visto por aquí a Chou-san? – el castaño sólo movió un poco la cabeza en señal de negación. La joven entonces retiró los brazos de la cabeza de Sanosuke y llevándoselos tras la espalda, cerró un ojo juguetonamente.

- Lo he buscado en las okiyas más conocidas y no está en ninguna – comenzó a caminar por el barandal, girando sobre sus talones para cambiar de sentido.

El luchador imaginaba a la joven entrando en las casas de té para buscar a la escoba, yendo de aquí para allá. Rió divertido al pensar en la cara que pondría Saitou si llegara a enterarse dónde estaba la chica esa noche.

Dana seguía caminando sobre el barandal, cuando uno de sus zori se atoró y, para evitar caer al río, se sujetó de Sanosuke, cayendo ambos al suelo, quedando el luchador sobre la chica.

- ¿Estás bien? – Sanosuke miraba el rostro de la joven a escasos centímetros del suyo.

- …Sí… - El rostro de Dana tomó nuevamente el color de su haori.

Dana podía sentir cómo la respiración de él se volvía un poco agitada, y por un instante pensó que su corazón saldría de su pecho al sentir que los labios de Sanosuke rozaban los suyos. Un olor a hierba fresca la envolvió, haciéndola estremecer.

- Sanosuke… ¡¿podrías quitarte de encima?! – empujó al joven a un lado y se incorporó rápidamente. Se sonrojó al ver que las pocas personas que por ahí pasaban se les quedaban viendo, extrañadas de apreciar tan singular espectáculo.

- Lo siento… - murmuró Sano al momento que sacudía el polvo de su ropa. Nuevamente el ámbar y el marrón chocaron, pero esta vez ambos mostraban un extraño brillo.

- ¡Sanosuke! – La voz de Yahiko se escuchó por todo el lugar. El pequeño corría con todas sus fuerzas, y cuando al fin observó a su amigo, se detuvo frente a él. – Misao… Misao está muy mal herida… - tartamudeó el niño.

- ¡¿Qué?! – Sanosuke tomó a la chica de la mano y siguió al pequeño.

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El estado de la joven okashira era bastante delicado. Tenía una enorme y profunda herida en su costado derecho. Okkon, Omasu y Kaoru no pudieron contener las lágrimas al ver a su amiga, mientras Shiro, Kuro, Okina y Kenshin sólo la veían con preocupación y Aoshi conservaba su rostro inexpresivo.

- ¿Qué ocurrió, Kenshin? – Sanosuke observaba en ese momento a la inconciente comadreja y sus pupilas se dilataron al ver la herida de la joven.

- No hay tiempo para preguntas – Dana suelta la mano de Sanosuke, quien hasta ese momento se había dado cuenta de ello, esperando que nadie los hubiera visto. Se sienta sobre sus talones y comienza a examinar la herida de Misao. – Necesito agua, jabón, toallas limpias, vendas y un poco de sake… - ordenó. Al escuchar la última palabra, Okkon y Omasu se miraron una a la otra, despertando la curiosidad de Dana. – No se lo habrán dado a Hiko-sama, ¿o sí? – levantó una ceja.

Las dos mayores sólo se sonrojaron levemente al escuchar el nombre de Hiko, y rápidamente fueron por todo aquello que la joven había pedido. – Hay demasiadas personas en la habitación, necesito que salgan, por favor… - Dana hizo un movimiento con la mano y después señaló a Kaoru y Sanosuke y les indicó que se quedaran.

Descubrió la herida de Misao, tomó una toalla y comenzó a limpiarla con un poco de agua y jabón. Después, empapó otra toalla con sake y frotó la herida para desinfectarla y un pequeño gruñido salió de la garganta de Misao.

- Esa herida se ve realmente mal – Sanosuke movió la cabeza en forma negativa. – Si tan sólo Kitsune estuviera aquí… - una venda se estrelló en el rostro del chico y una vena roja apareció entre el cabello de Dana. Kaoru comprendió de inmediato la reacción de la joven, pero no dijo nada.

El tiempo transcurría lentamente, Sanosuke entraba y salía una y otra vez para cambiar el agua de la pequeña bandeja de madera mientras Kaoru colocaba una toalla húmeda en la frente de Misao para disminuirle la fiebre.

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El shoji se cerró tras la castaña, suspirando se recargó un momento en la pared para tomar un poco de aire, habían transcurrido un par de horas desde que comenzó a revisar la herida de Misao, y al fin había logrado controlar la hemorragia, esperando que aquello fuera suficiente y que la joven soportara hasta el amanecer mientras llegaba el médico.

Dana enjugó el sudor de su frente con la manga de su haori y se deslizó en la pared hasta quedar sentada junto a la puerta, estaba a punto de caer dormida cuando unos pasos sobre el tatami la pusieron nuevamente en alerta.

Okina preguntó a la joven cómo se encontraba "su ángel". – Ella está bien, por ahora… - Dana se incorporó lentamente – Pero deberán ir por el médico a primera hora - El anciano sólo asintió ante las palabras de la joven.

- Puedes quedarte a dormir – dijo al ver el enorme bostezo de la castaña.

- Gracias… – inclinó la cabeza como reverencia – pero debo llegar a casa o Hajime se enfadará.

Okina movió la mano de arriba abajo mientras decía a la joven que Aoshi había ido a ver al miburo y, seguramente, le hablaría de lo ocurrido.

La joven abrió nuevamente el shoji y entró a la habitación – Entonces me quedaré cerca de Misao-chan por si necesita algo… - sonrió – Buenas noches…

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Faltaban aún un par de horas para el amanecer, cuando los ojos ambarinos recorrieron la habitación y se detuvieron al ver a la otra chica completamente dormida. Dana había dormido sentada y recargada en la pared junto al futón, por lo que sus piernas estaban algo adormecidas, en ese momento se percató que la gabardina del ex okashira le servía como cobija, seguramente él había entrado durante la noche sin que ella se diera cuenta. Se incorporó poco a poco y estaba a punto de abrir la puerta cuando sintió que la observaban fijamente.

- Creí que aún dormías – giró la cabeza y se encontró con los ojos verdes de Misao, quien observaba la gabardina que Dana tenía entre sus manos.

- No es lo que piensas – dijo serenamente la castaña. Se acercó lentamente hasta el futón y se sentó junto a Misao, sonriendo de forma divertida. – Entre Shinomori-sensei y yo no existe absolutamente nada – colocó la chaqueta sobre el futón y casi por impulso Misao la apretó con fuerza hacia ella.

- Sé lo que sientes por él – Dana pasó su mano por el fleco de Misao revolviéndolo un poco – Y… créeme que él también – al escuchar estas palabras, el rostro de la comadreja se tornó rosado, y decidió romper con su silencio.

- ¿Estás segura? – preguntó sorprendida y esperando una respuesta rápida.

La castaña respondió moviendo la cabeza de forma afirmativa – Él mismo me lo dijo…

----- Flashback -----

Los fríos ojos azules de Shinomori observaban fijamente los ojos ámbar de Dana: esa mirada sí que lo perturbaba, haciéndolo sentir incómodo, algo que no pasaba ni siquiera cuando miraba a los ojos al propio Saitou.

- ¿Pasa algo, sensei? – la joven ofreció un vaso de té a su mentor, sentándose frente a él. Aoshi lo tomó y movió la cabeza de un lado a otro como respuesta.

De repente, el joven rozó con sus dedos la mejilla de Dana, haciéndola sonrojar. Tan pronto como sus dedos se acercaron al rostro de la joven, los retiró rápidamente.

- Lo siento – fue lo único que atinó a decir.

La joven estaba algo extrañada por la reacción de su sensei, pues esa fría mirada se había esfumado por completo dando paso a una mirada profunda y cálida – Está pensando en ella, ¿ne? – La voz de la chica resonó en los oídos de Aoshi, quien sólo movió un poco la cabeza en señal de afirmación. La mirada de la chica, aunque distinta por completo a la de Misao, lo hacía recordarla todo el tiempo – "Misao…" – pensó sonriendo para sí mismo.

Una pequeña risa lo sacó de su ensimismamiento, haciéndolo arquear una ceja al ver la expresión divertida de su deshi.

- Creo que Hajime tiene razón… - dice tomando un pequeño sorbo a su té – usted es demasiado fácil de entender… sus ojos lo dicen todo… - ríe nuevamente.

Aoshi siente cómo rubor casi imperceptible se posa en sus mejillas… ¿realmente expresaba tan abiertamente sus sentimientos que hasta el mismo Saitou podía ver? ¿Acaso Misao podía verlos también? Se puso de pie y con su rostro inexpresivo observó a la joven – Vámonos… no quiero meterme en líos con Saitou – La joven asintió con una sonrisa y salió lentamente del templo tras un apenado Aoshi…

----- Fin Flashback -----

Misao no creía que una "perfecta desconocida" conociera mucho más a su Aoshi-sama que ella, pero al mismo tiempo se sintió aliviada de escuchar aquellas palabras.

- Además… - continúo la castaña – Shinomori-sensei no es mi tipo… - se llevó una mano tras la cabeza, mientras en su mente apareció el rostro de cierto joven castaño.

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- ¿No fe fupone que deferías eftar en tu cafa? – Sanosuke señaló a Dana con los palillos mientras comía un enorme trozo de pescado.

- No me moveré de aquí hasta hablar con Shinomori-sensei – devolvió una mirada seria al castaño.

Si su presentimiento era real, Saitou estaría metido realmente en un GRAN problema.

- Pues tendrás que quedarte aquí todo el día – Sanosuke tomó otro gran trozo de pescado – conociendo a Aoshi, tardará medio día en traer al médico – rió al pensar que primero el joven estaría meditando un par de horas y después iría por el médico, si lo recordaba, claro, pues en ocasiones parecía ser más despistado que el mismo Sanosuke.

A todos sorprendió la repentina "gentileza" de Aoshi al ofrecerse a ir en busca del médico, tal vez después de todo comenzaba a mostrar preocupación por la pequeña comadreja.

- ¿Y qué es eso tan importante que tienes que preguntarle? – Yahiko recibió un gran golpe en la cabeza de parte de Sano por entrometido.

- Necesito saber qué fue lo que pasó ayer… - respondió con seriedad.

Kenshin suponía qué es aquello que realmente le importaba saber a la joven, pero prefirió no entrometerse demasiado.

- Himura… - la chica se dirigió a él como si adivinara sus pensamientos – La herida de Misao fue hecha por una estocada horizontal, ¿ne? Kenshin movió la cabeza afirmativamente.

- ¿Estocada horizontal? – preguntó Kaoru con curiosidad.

- La única estocada horizontal capaz de hacer ese tipo de daño es… - Dana tragó saliva antes de continuar - … el Gatotsu…


¡Al fin terminé el segundo capítulo! Como ven, la historia es en torno a Saitou y su hermana (es que es mi personaje favorito de la serie, después de Sano, claro).

Cosas interesantes serán reveladas en el próximo capítulo, y ¡se descubrirá al culpable de todo! Un nuevo personaje aparece y el pasado de Dana saldrá a la luz.

Espero les guste.

Aquí les dejo algunas palabras que utilicé en el capítulo:

Haori: parte superior del traje para practicar kendo (para las mujeres).

Hakama: parte inferior del traje para practicar kendo (para hombres y mujeres).

Zori: sandalias sencillas (como las que utiliza Tsubame o Misao).