Capítulo 2. ''Aquella niña''

(Punto de vista de Pepa)

La boda en la iglesia se me hizo muy rápida. Por alguna razón no pudimos saludar a nadie antes del banquete. Ya que fue llegar, sentarnos y aquello empezó en menos de dos minutos.

Al terminar la boda, todos fuimos a un restaurante que a mí me parecía el más grande que había visto en toda mi vida. Era un sitio amplio de paredes blancas. Las mesas estaban decoradas por centros formados por lirios y unas velitas blancas que olían muy bien. Y en medio de todo el salón había una lámpara de araña que colgada del techo. Aquello no se parecía en nada a Sevilla.

Cuando llegamos, un hombre muy elegante que estaba situado al lado de la puerta de entrada exclamó:

-¡Con todos ustedes el señor y la señora de Miranda y Castro!

En ese momento Paco apareció con Lola cogida de su brazo, y con una sonrisa de oreja a oreja.

Todos empezaron a aplaudir y silbar, pero yo corrí y salté en los brazos de mi hermano, quien me levantó en el aire y me tomó en brazos.

-¡Qué guapo estás hermano! ¡Y este sitio es casi tan grande como las playas de Huelva!- exclamaba yo entre besos.

Paco y Lola se miraron y empezaron a reírse.

-Pepa, ¿has saludado a Lola?- me preguntó Paco volviendo la cabeza hacia mí.

-No, aún no me ha dado tiempo hermano.- dije con voz de reproche. -Felicidades Lola estás guapísima, pareces una reina.

-Gracias cariño.- dijo Lola resplandeciente. – ¡Tú sí que estás preciosa y altísima!- prosiguió y plantó un beso en mi mejilla.

Tras aquella pequeña charla, Lola notó como alguien tiraba suavemente de su brazo para girarla.

-Lola la boda ha sido muy bonita, me ha encantado.- dijo una niña pelirroja que sonreía tímidamente.

Lola abrazó a la niña tan fuerte que parecía que se le iba a cortar la respiración. Mientras, mi hermano me dejó en el suelo y le dio una palmadita en la cabeza.

-¡Muchas gracias cielo mío!- dijo Lola.

Me quedé mirando a aquella chica, mientras ella hablaba con Lola y mi hermano. Era pelirroja, con un pelo tan rizado y tan bonito que era difícil dejar de mirarlo. Tenía la cara recubierta de pecas, y la piel tan pálida que parecía de porcelana. Pensándolo bien, se parecía mucho a una muñeca que me encantaba que tenía mi abuela en la casa del pueblo. Tenía hasta los mismos labios rosados y los ojos de un muy marrón oscuro, tanto que no se podía distinguir si quizás eran negros. Llevaba puesto un vestido azul de manga corta, con unos zapatos de charol que brillaban por donde pisaban.

-Pepa, está es Silvia. Es la hermana de Lola.- dijo Paco tomándome del hombro y acercándome hacia ella.

Ella parecía muy tímida y lo único que hizo fue mirarme sin mover ni un músculo durante unos segundos.

-Soy Pepa, la hermana de Paco.- dije por fin, y le di dos besos.

Ella volvió a sacar a relucir su tímida sonrisa.- Yo Silvia, encantada.- me dijo.