Capítulo 2

Emma estaba contenta de que su hija se hubiese adaptado tan bien el nuevo invitado, aunque todavía se mostraba tímida. Ella también. Pero cuando estaban las dos solas no paraba de hacerle preguntas sobre él. ¿Por qué tío Joe…? ¿Y qué…? ¿Y cuándo tío Joe…? La mayoría eran buenas preguntas que ni ella ni Will sabían contestar. En realidad, no tenían ni idea de casi nada y por el momento, había evitado completamente hablar de su pasado desde el viernes en la puerta de la casa. Y cada vez que insinuaban algo, se podía tenso y cambiaba radicalmente de tema. Debía de ser incómodo para él, pero siguiendo el propio consejo de Emma, decidieron no presionarle y darle tiempo para que les contara. Todo llega cuando tiene que llegar.

Olvidándose de todo eso y centrándose en el presente, Will había tenido una conversación a escondidas de su esposa donde le explicó a su hermano sobre la misofobia. Como la misma Emma comprobó, se lo había tomando en serio porque se comportaba con bastante limpieza en todo momento. Por supuesto, no eran los gestos acostumbrados sin pensar de ella, sino más bien daba la impresión de que se llevaba la mayoría del tiempo pensando que debía y que no debía hacer, pero de todas formas lo agradecía. Así sería más fácil para ella.

Por eso cuando llegó el lunes no tuvo ningún reparo en dejarle completamente solo en casa, ni tampoco durante el resto de la semana. Al poco tiempo, era costumbre encontrarle allí cuando regresaban después de todo un día de trabajo. En parte, llegaba a ser agradable. Era como si hubiese alguien siempre pendiente del hogar y de que todo estuviese perfectamente en orden.

Emma apagó el motor de su coche y se bajó a buscar a Caroline. Will seguía llevando el Glee Club, donde cada vez rotaban más chicos nuevos y se iban otros antiguos, así que solía quedarse más tiempo en el instituto que Emma. Por eso, era ella quien solía recoger a la pequeña de Preescolar. Aunque Joe se había ofrecido voluntario, prefería seguir haciéndolo ella. Le gustaba y no le suponía ningún trabajo.

Caroline dio brinquitos hacía ella mientras se ponía la mochila en la espalda y le decía adiós a sus amigas con la mano. Su madre la cogió en brazos y le dio un beso en la mejilla.

-¡Mami! –la abrazó.

-Hola, cariño. ¿Qué tal el día?

-¡Genial! Hoy he hecho una ovejita de plastilina, mami, y la he llamado Suave, porque las ovejas son muy suaves y blanditas y blancas. Pero la mía no era blanca, porque la plasti blanca se había acabado, así que era verde. Pero el verde es muy bonito. A mí me gusta mucho. Es una ovejita especial, mami, solo hay una y es la mía. Y te he hecho un dibujo, mami, y lo tengo en la mochila, ¿quieres verlo? –Emma la sentó en la silla especial de niños y le abrochó el cinturón.

-Claro, pero cuando lleguemos a casa –contestó al ver que empezaba a vaciar toda la mochila allí mismo.

-Vale –sonrió y sin parar a tomar aire siguió hablando- Y he jugado a las casitas con Cloe. Teníamos dos bebés y…


Emma alineó el nuevo dibujo de la oveja verde en un prado rosa en el frigorífico junto a todos los demás. Cuidó que los imanes siguieran una secuencia perfecta de orden y sonrió satisfecha.

-Parece que la pequeña es una artista en potencia.

Se volvió sobresaltada al oír una voz a su espalda.

-Sí, eso parece –le sonrió a su cuñado- ¿Crees que aceptarían los dibujos en una galería de arte? Podría venderlos para tener una paga extra.

-Mmm No creo que una oveja marciana sea precisamente lo que buscan.

-No, no lo creo.

Aunque bromeaban, se sentía incómoda. Notaba como había algo que no estaba bien. Odiaba cuando las cosas no estaban bien.

Sonrió tratando de suavizar el ambiente mientras se ponía a preparar un sándwich de PB&J para su hija. Cuando ya casi había terminado, se lo pensó mejor y tomó una rebanada más para hacerse medio para ella.

En su nuca, podía sentir aún la mirada de Joe, que no se le despegaba. Era muy incómodo. No le gustaba que ningún hombre la mirase de ese modo, excepto, por supuesto, Will. Era el único que tenía su permiso.

-Bueno… y… ¿tienes noticas nuevas? –comentó para desviarle los posibles pensamientos.

-¿Noticas?

-Sí, ya sabes… tu mujer, tu trabajo…

-¿Mi trabajo? –daba la clara impresión que no la estaba escuchando, pero sí prestando atención de otras formas. Eso la ponía nerviosa, haciendo que le temblase la mano. La mantequilla de cacahuete no era bien extendida y eso la ponía más nerviosa aún.

-Dijiste que creías saber cómo recuperar tu dinero –cortó el pan por una raya que no era precisamente la que le cruzaba por el medio. Dobló el pan y se volvió para enfrentarle.

Estaba mucho más cerca de lo que había calculado por su voz. Apenas un palmo les separaba. Estaba segura de que si él respiraba un poco más fuerte, le llegaría su aliento. Pero como no quería comprobarlo, se presionó contra el mostrador para alejarse.

¿Por qué hacía eso? ¿Y por qué no dejaba de pasear la mirada por su cuerpo de esa forma? ¿Qué buscaba en ella?

El cuchillo resbaló de sus manos y cayó a sus pies. Él solo le hecho un rápido vistazo y luego lo ignoró.

Entonces se dio cuenta de que estaba alargando la mano hacia ella.

Dejó de respirar. ¿Qué estaba pasando? ¿En serio iba a tocarla?

Sus dedos le rozaron la cintura sobre la falda. El estómago se le revolvió. No estaba segura de lo que debía pensar.

Unas llaves luchando contra la cerradura parecieron devolverle a la realidad, borrando la mirada. Su mano viajó un poco más allá hasta alcanzar el tarro de mantequilla y luego se agachó para recoger el cuchillo caído.

-Creo que yo también tomaré uno –dijo con voz animada mientras cogía un plato para sí mismo.

Will entró en ese momento en la cocina, con Caroline ya en brazos.

-Hola, familia –los labios de Will sobre los suyos la hizo recordar que tenía que volver a respirar.

-¿Qué pasa, hermano? Como van tus futuras estrellas –dejó un momento el pan para palmearle el hombro amistosamente.

-¡La merienda! –exclamó feliz la pequeña queriendo alargarse para coger su sándwich.

Fue en ese momento en el que Will se giró para dárselo, cuando Joe le dirigió una última mirada diciéndole que más le valía tener la boca cerrado sobre el asunto.

Emma tragó saliva incómoda y limpió de mermelada la punta de la nariz de su hija.


Trató de borrar de su mente el pequeño incidente. No tenía por qué ser mal pensada. Solo había esperado para prepararse su propio sándwich, ¿no? Y la había rozado sin querer. Simplemente se había imaginado cosas. Por supuesto que no la había mirado mal, ¿verdad? No, no. Sólo… había sido un pequeño malentendido.

O eso fue lo que Emma se repitió tantas veces a sí misma que acabó creyéndoselo. Además, era lo que deseaba. Le gustaba su cuñado, como cuñado, por supuesto y no quería romper la imagen bonita que se había hecho de él. Y era de la opinión, de que dentro de una casa, no puede haber malas relaciones o la convivencia se haría imposible. Conocía muchos casos de esos. No eran pocos los alumnos que iban llorando a su despacho por problemas dentro de casa, que terminaban creando problemas con ellos mismos.

Igual que el pobre Charles Tayler, que se sentaba en ese mismo momento frente a ella. Siempre había sido un buen chico, con gran expediente, pero desde que su padre les abandonó y su madre, destrozada, se fue por el camino del alcohol, sus calificaciones habían bajado de golpe, y había abandonado antiguas amistades para unirse a otras que no le hacían ningún bien.

Le dio un folleto más y le dejó irse. Estaba convencida de que no había escuchado una palabra de lo que le había dicho. En fin… Seguro que algo se había grabado en su subconsciente.

Dos toques y la puerta se abrió. Ni siquiera le hacía falta levantar la cabeza para saber quién era. Will siempre llamaba así.

-Hey, Em –levantó la mirada de sus papeles para sonreírle- ¿Tienes un momento? –asintió y le hizo un gesto para que se sentase.


N/A: Espero que esté gustando ^-^

Por cierto, he comenzado también otro fic, un Terca (Terri/Carl). Se llama Appointment or Date?, por si os interesa pasaros.