*****TODOS LOS LUGARES Y LA MAYORÍA DE PERSONAJES DE ESTA HISTORIA PERTENECEN A NINTENDO, CONCRETAMENTE A THE LEGEND OF ZELDA: TWILIGHT PRINCESS*****
"¿Eh? ¿D-dónde estoy? No recuerdo… ¿Qué… qué me ha pasado?"
"Saludos, elegida…"
Abrí los ojos lentamente…Frente a me había tres borrosas figuras de luz, que hablaban a la par… me hablaban… a mí.
"¿Quiénes son? ¿Qué quieren decir con eso? –mejor tratarles con respeto, por si acaso."
"Bien, recuerda, te hemos elegido para ayudar a nuestros héroes, te necesitan…Eres nuestra protegida, la protegida de las Diosas…"
¿Las tres diosas de luz? ¿Qué estás pasando aquí?
"¿QUÉEEEE? ¡¡¡¡EY, UN MOMENTO!!!! ¡No se vayan! No…"
Mas ya era tarde. Se desvanecían, todo se oscureció: allí donde antes habían estado, se erguía un majestuoso triángulo dorado, dividido en tres partes y envuelto en llamas.
"Una Trifuerza-pensé-. Y se… acerca. ¡Aaahh!"
No pude más que gritar cuando las llamas me mordieron el brazo. Curiosamente no me dolía, pero una extraña cicatriz con forma de llamarada apareció en mi brazo… Y perdí el sentido. No sé cuánto tiempo después, oí a alguien gritar.
-¡Oye, tú! ¡Despierta!- y luego, agua fría.
Al abrir los ojos, lo primero que hice fue mirarme el brazo. "No puede haber sido un simple sueño", me dije. Y sí, la marca de fuego seguía justo ahí, la llama espiralada, desde el dorso de la mana izquierda a la base del cuello.
-Eso es muy raro- dijo la persona que me había rescatado. Era una joven Zora. La miré con cara de no entender, básicamente porque no entendía qué quería decir con eso-. Una humana, en el curso alto del río, inconsciente… Además, para ser una humana, también eres harto peculiar- mi mirada decía: "¿Qué?"-. Sí, con el pelo tan largo y oscuro, color corteza, diría yo, y los ojos de un color verde desconcertante…- ¿Quién se había creído que era esa… esa medio pez para hablarme de esa forma?
-Vaya, gracias- le bufé.
-¿Cómo te llamas?- me preguntó.
-Eh…Susana, creo.
-¿Creo? Bueno, yo soy Khalim. Encantada- me sonrió. La correspondí-. ¿Cuántos años tienes? –encogiéndome de hombros, le indiqué que no lo sabía- Ah… Bueno, yo te pongo diez.
La Zora se ofreció a acompañarme hasta un sitio llamado "la Ciudadela", donde, según dijo, había más humanos.
-¿No tienes apellido?- inquirió.
-¿Qué es un apellido?
-Una palabra que los humanos se ponen tras el nombre, para distinguirse de otros con su mismo nombre- me explicó, paciente.
-Ah… pues va a ser que no- dije.
-¿En serio? La gente rica suele tener apellidos- dijo, mirando mi ropa de arriba abajo.
-¿Y si me busco uno?-sugerí.
-No perdemos nada.
Hasta llegar a la barca que me iba a llevar a la Ciudadela estuvimos proponiendo apellidos. Incluso le propusimos el tema a un barquero.
-¿No la encontraste en el lago de Hylia?- Khalim y yo asentimos con la cabeza-. Pues Susana de Hylia, y ya.
-Hmmmm. Me gusta. Suena bien.
Y hablamos y reímos hasta el fin del viaje.
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-Son cinco rupias. Oye, ¡que me debes cinco rupiaaas!- me gritó la impaciente panadera, sacándome de mis fantasías.
-Ah, sí, vale.- pagué y me fui.
Me dirigí a casa de mis padres (adoptivos), pensando aún en el día en el que llegué aquí. Mis padres son personas muy amables, amigas de uno de los Zora-barqueros que me trajeron a la Ciudadela de Hyrule aquel día, que al ver en el estado en el que me encontraba, no dudaron en adoptarme hasta que pudiera valerme por mí misma.
Sentados a la mesa, mi padre preguntó:
-Hija, ¿qué tal te ha ido el día?- si, en el fondo éramos una familia como tantas otras.
-Mayoritariamente normal- respondí, sin interés.
-¿Cómo que mayoritariamente?- preguntó mi madre, preocupada- ¿No te habrás… transformado de nuevo, verdad?
No soy normal. Ellos lo saben. Hay algo que me hace diferente, quizá con relación a ese extraño sueño, a la marca que recorre mi brazo. De vez en cuando, cuando me altero mucho por algo, cambio de forma. Es como tener un "alter ego", sólo que, en vez de ser uno solo, son muchos. Diferentes formas animales, todas diferentes, algunas de las cuales nunca se han visto en Hyrule. A veces me transformo a voluntad, como cuando voy a nadar con Khalim, que es ahora una de mis mejores amigas.
-No, no. Ha sido algo… extraño. Más de lo normal, quiero decir.
-¿Qué te ha pasado, hija?
-Pues veréis…-no sabía por dónde empezar- cuando rezaba en el santuario, como de costumbre, un rayo de luz entró por un ventanal. Cayó justo sobre mi cicatriz- dije, llevándome la mano al brazo izquierdo- . Ésta se iluminó de repente, y oí voces, llamándome, diciéndome lo que debía hacer… "encuentra al héroe, ayúdale, el futuro de Hyrule está en vuestras manos…" Creo que me he vuelto loca de remate, ¿por qué no me encerráis?
-Porque igual no estás tan loca. Mira, tu madre y yo hemos estado hablando… -¿de qué me hablaba?- Y pensamos que deberías… irte de casa, por así decirlo.
-¿¡¡¡¿QUÉEEEEE?!!!?
-Verás… Hace ya seis años que vives aquí y…
-¿Tantos?
-Sí, así que, en teoría, tendrías que iniciar ya tu vida en solitario. Puedes ir donde te venga en gana, ya no podemos impedírtelo.
-Eres toda una mujer ya- lloriqueó mi madre- , y parece que fue ayer cuando llegaste, eras tan pequeña…
-Por eso- siguió mi padre, que también estaba muy emocionado, aunque no lo aparentaba- te hemos comprado esto.
Me dio unos bultos, que desenvolví a la velocidad de la luz. Eran una espada, un escudo (de madera por el momento, pero ya ahorraré para comprarme uno en condiciones) y dos trajes de viaje, en verde y marrón. Tantas emociones, tan distintas unas de otras, todas a la vez… ("¿Se puede saber qué hago llorando? Parezco mi madre").
-Muchísimas gracias a los dos- dije, secándome las lágrimas.
-Todavía no lo has visto todo- sonrió mi padre-. Tu último regalo está en el establo.
Salí corriendo, no era para menos. En el pequeño establo del pueblo había un caballo que antes no estaba ahí.
Era una yegua blanca como la nieve, con unos delicados cascos negros como el ónice. Sus ojos oscuros parecían sabios y una chispa de entendimiento y vivacidad cruzó por ellos. Sobre su frente había tatuados símbolos arcaicos, parecían formar parte de su pelo.
-Se llama Irial- dijo mi padre, detrás mío -. Es tuya.
-E-esto es demasiado- balbuceé -. Debéis haberos gastado una barbaridad de dinero… y además…
-Acéptala. Te será útil. Y parece que le caes bien –la yegua frotaba el hocico contra mi espalda, pidiéndome que le acariciara. Le rodeé el morro con las dos manos.
Les di un gran abrazo a los dos, agradecida, y me mandaron a la cama. Mañana sería un día largo…
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-
Ya por la mañana, pasé por delante de la habitación de mis padres silenciosamente, para no despertarlos. Lo único que conseguiría es alertar a toda la calle. Me puse la ropa nueva y guardé provisiones en mi zurrón de viaje. Cogí la espada ("¡Leches, cómo pesa la condenada!") y el escudo y me los puse a la espalda. Me dirigí al establo y ensillé a Irial rápidamente. Me pasé por el santuario para maitines, y los sacerdotes me preguntaron adónde iba.
-No lo sé- respondí-. A ver mundo.
Salí, triunfante y a galope tendido, por la puerta más cercana a la calle donde vivía. Me giré para contemplar mi hogar una vez más, y no pude retener un grito de horror: un manto de oscuridad comenzó a cubrir el horizonte a una velocidad vertiginosa…
Espoleé a Irial para que siguiera galopando, pero estaba tan asustada que no se movió. Se quedó quieta, como congelada, mirando aquel anochecer prematuro.
"Igual ve algo que yo no puedo ver"
De súbito, se desbocó, y tuve la mala suerte de perder el zurrón en la carrera. Corría hacia el sur, hacia de Farone, como si intuyera, que ahí estaría a salvo…
Cuando el caballo saltó un árbol caído, uno de los estribos se soltó y caí precipitadamente. Lo último que vi antes de perder el sentido fueron aquellas nubes, oscuras y anaranjadas, como si fuera la hora del crepúsculo…
Desperté. En un movimiento reflejo, salté sobre las cuatro… ¿patas?
-¿Qué estoy haciendo aquí?- dije, confusa. Pero no hablé en hyliano… Me miré todo lo que alcanzaba a verme. Pobre de mí, mis sospechas eran fundadas. Donde antes había habido una joven humana, había ahora una leona de pelaje dorado.
-Irial- llamé-. ¡Irial!
La vi algo más lejos, pastando, ajena a mis gritos.
-Irial, ¿estás bien?- pregunté- ¡¿Me oyes!?- le grité (o más bien rugí) a la oreja.
-Hm… ¿dónde estará la humana?- decía, ente bocado y bocado. Su cuerpo era ahora de una tonalidad verde translúcida, igual que los pocos pájaros que sobrevolaban el cielo.
Vi algo que salía del bosque: era un monstruo horrible, nunca había visto nada igual. Era morada, con algunos detalles, como venas, de color rojo sangre, y por cabeza tenía una losa de piedra… y arrastraba algo. No lo vi bien, no quise acercarme más.
Proseguí mi camino hacia el bosque, para ver si averiguaba por qué pasaba todo esto. Éste estaba muy cambiado. Siempre que he ido al bosque era de un verde exuberante, ahora todo tenía ese color negro anaranjado del cielo. Corriendo, fui a la fuente del espíritu. Una débil luz flotaba sobre el agua.
"Protegida…" se oyó de repente. No sabía dónde meterme. "Encuentra al héroe convertido en bestia… debéis recuperar la luz del mundo…rápido…"
-¿Qué?
"Encuentra al elegido, él recuperará nuestra luz… recuperar el orden…"
-¿Cómo?
"No hay tiempo, mi energía se… acaba…" y la luz se extinguió.
Vale. ¿Y ahora qué?
Podría volver a la Ciudadela, pero de todas formas también está cubierta por las tinieblas, y no creo que nadie pueda ayudarme allí.
También podría ir a la Montaña de la Muerte, pero últimamente ha habido erupciones y sería casi imposible conseguir ayuda.
Al final opté por el río Zora. Son gente muy pacífica, e igual el rey de los Zora sabían algo.
Me puse en camino. Para ir más rápido, opté por una transformación alada, quizá un águila, un halcón… (*transformación*)
¿Sabíais que en Hyrule los gorriones son considerados alimento de la nobleza? Precisamente por eso cuando vi en lo que me había transformado volé a toda velocidad hacia Kakariko, al pie de la montaña. De paso, tuve que ir haciendo slalom entre unos extraños y feos pájaros violeta que me perseguían para cobrarse el postre, y sortear flechas incendiarias que unos goblins verdes y feos me lanzaban desde el suelo, divertidos.
-¡¡¡IMBÉCILES!!!- Les grité, furiosa. Para ellos sólo fue un débil trino.
Llegué al lago de Hylia demasiado cansada. Me posé suavemente sobre una rama y me dormí, con las nubes del ocaso sobre mi cabeza, con la esperanza de que todo eso sólo fuera una horrible pesadilla…
