Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling y a la Warner (Bros). La trama es mía, no robes. No escribo con ánimo de lucro.

ACTO

-Como podrá comprender, señorita Tonks, no puedo levantarle el castigo pese a que casualmente caiga en día de partido -severa, Pomona Sprout, la jefa de Hufflepuff, observa como el cabello de la metamórfaga se marchita lentamente al oirla.

-¡Pero profesora! -protesta-. ¿Como puede ganar nuestro equipo sin uno de los bateadores?

-No sé yo en las otras Casas, pero me parece recordar que en Hufflepuff existen los suplentes -se coloca bien el sombrero-. Lo siento, no hay nada más que decir.

Abre la boca dispuesta dejar salir un torrente de palabras indignado, pero afortunadamente para ella la vuelve a cerrar con un movimiento seco antes de acabar de condenarse.

-Quiero verla aquí el lunes por la mañana, a las ocho y media señorita, no se olvide del desayuno porque no vamos a salir hasta que acabemos.

-Pero...

Vuelve a callar, sabiendo en lo más hondo que no hay nada más que decir. Y desanimada, con los hombros caídos y el pelo de un color cada vez más marchito, se dirige hacia la puerta. Pensando posiblemente en lo que les va a decir a sus entusiastas compañeros de equipo.

-¿Señorita Tonks? -se gira, la esperanza brillando en sus ojos-. Puede llegar quince minutos más tarde. Quince minutos, tan sólo, ni uno más -sonríe-. Pese a lo que pueda parecer, creo que la experiencia de oirla gritar en los vestuarios anima a sus compañeros antes de jugar.

Su pelo no vuelve de repente a su aspecto habitual, pero las puntas empiezan colorearse de nuevo con ese color rosa chillón y una sonrisa asoma a sus labios. Susurra un gracias, profesora antes de cerrar la puerta e irse corriendo.

Mientras la oye alejarse por el pasillo Pomona piensa lo mismo que lleva pensando durante tres años, desde que Nymphadora Tonks entró en el castillo. La joven tiene que aprender a aceptar las consecuencias de sus actos, pues estas podrían llevarse por delante esa esperanza inocente, esa fe incondicional en el mundo que tan especial la hace.

Y nadie (mucho menos ella) quiere eso.