Al despertar por la mañana, Charlie estaba aturdido y totalmente desorientado

Al despertar por la mañana, Charlie estaba aturdido y totalmente desorientado. Los recuerdos de la noche anterior, estaban completamente borrosos en su mente, apenas eran pinceladas de lo que realmente debía de haber ocurrido.

Al principio le costó abrir los ojos, pues la cabeza le dolía lo suficiente como para desear volver a quedarse dormido hasta que ese tremendo martillo dejara de golpear su cabeza.

Decidió moverse, tenía entumecidos los músculos después de lo que debía de haber sido una noche sin moverse apenas. Sin embargo, al hacerlo notó el fuerte dolor en el tobillo. En ese momento, el recuerdo de que Don le había tenido que colocar en su sitio el tobillo dislocado le recorrió todo el cuerpo.

Se volvió a quedar quieto, aunque recorrió la cama con la mano, en busca de su hermano. Recordaba que se había quedado a su lado cuando se había dormido, pero al no haberse despertado en toda la noche, por lo menos que él pudiera recordar, no sabía si se había levantado.

Deseaba que siguiera a su lado, que al despertarse, al abrir los ojos y tener que enfrentarse a la realidad de no saber como había llegado allí o como había acabado tan mal; Don estuviera a su lado. Sin embargo, no encontró nada, Don se había levantado.

Por fin, Charlie abrió los ojos, en busca de Don, pero la poca luz que entraba a través de la ventana, no le permitía saberlo. "¿Don?" Tenía la garganta seca y le dolió terriblemente al pronunciar el nombre de su hermano. Como había llegado a ese horrible estado, lo desconocía y por más que intentaba pensar en que había hecho el día anterior, nada le daba ninguna pista.

La puerta del dormitorio se abrió muy despacio y la luz brillante de la nueva mañana le hizo daño en los ojos y en la cabeza. Cerró de nuevo los ojos, pero no pudo evitar sentir innumerables agujas clavándose en su sien.

Sin volver a abrir los ojos de nuevo, notó que la cama se hundía al sentarse su hermano, que todavía permanecía en silencio, que se acercaba a él con todo el cuidado que podía y que le acariciaba la frente con dulzura; tras lo cual, notó que colocaba algo húmedo sobre ella.

Al mirar hacia donde estaba Don, se encontró que este le estaba sonriendo, no estaba alegre ni mucho menos, pero le sonreía con ternura. "Esta noche has tenido un poco de fiebre, pero creo que casi se ha bajado del todo." Un momento después, Don tocó su mejilla. Charlie se dio cuenta que la mano de su hermano no dejaba de temblar al tocar su piel, todavía algo caliente. "No sabes lo mal que lo he pasado esperando a que te despertaras."

"Don, ¿qué pasó ayer?, apenas recuerdo nada, tan sólo un terrible dolor." Charlie trató de incorporarse en la cama, pero sólo lo consiguió cuando Don le ayudó.

Se impulsó con su pierna izquierda y tan sólo arrastró la derecha, que Don había vendado con fuerza la noche anterior y se dio cuenta que sobre la venda había una bolsa de hielo para intentar bajar la hinchazón y que debía de haberlo hecho cuando el había quedado semiinconsciente.

Apoyó la espalda en el cabecero de la cama y volvió a intentar recordar, pero tan sólo vislumbró la expresión de terror en el rostro de su hermano cuando lo había encontrado.

"Charlie, eso tienes que decírmelo tu, yo sólo te encontré aquí, tirado en el suelo del apartamento, inconsciente y con un tobillo dislocado." A pesar de la oscuridad que reinaba en la habitación, Charlie conocía demasiado bien a su hermano como para saber que debía de haberlo pasado muy mal durante toda la noche, que apenas había dormido y que sonaba totalmente exhausto. "He llamado a papá, vendrá en un rato y te llevaremos a casa."

Don se levantó y fue a marcharse del cuarto. Apenas podía continuar mirando a Charlie, la impotencia que sentía al verlo y no poder ayudarle a recordar, a encontrar a los que le habían hecho eso y que podían haberlo matado.

Pero si había algo que estaba acabando con él, mientras permanecía cerca de su hermano, era algo mucho más fuerte todavía, algo que trataba de negarse continuamente, que prefería pensar que no era cierto, antes de asumir que sus sentimientos son verdaderos.

"Don, espera, ¿Por qué no te quedas conmigo?" La voz de Charlie sonaba tan débil, que por mucho que hubiera intentado evitarlo, Don no hubiera podido irse de allí como había conseguido convencerse de hacer, antes de que ocurriera nada de lo que pudiera arrepentirse después. "Se que es una tontería, pero me siento más seguro si estás cerca."

Don respiró con fuerza. Afortunadamente para él, Charlie no podía verle el rostro en ese momento, no podía ver la angustia que estaba sufriendo por lo que su corazón le pedía y lo que su cerebro le reprochaba una y otra vez.

"Por el amor de dios, es tu hermano, está herido, lo esta pasando fatal y tu no haces más que preguntarte si él sentirá lo mismo por ti. ¿No crees que estás un poco enfermo?"

"Don ¿Me estás escuchando?" Charlie intentó moverse hacia el borde de la cama, pero el latigazo de dolor que sintió en la pierna, le hizo caer sobre la cama y emitir un pequeño gemido de dolor.

Su hermano se volvió deprisa al escucharlo, se arrodilló a su lado y tomó su rostro entre sus manos. "¿Estás bien?" Respiraba agitadamente por la mezcla de sentimientos, por tener demasiados pensamientos contradictorios en la cabeza, que no le dejaban comportarse con normalidad.

"Si te quedas conmigo si." Charlie trató de sonreírle a Don, pero el dolor en el tobillo herido era demasiado fuerte. Por ello y sin pretenderlo apenas, ocultó el rostro contra el pecho de su hermano, que lo abrazó con fuerza.

"Es tu hermano y le quieres con locura, ¿No será que estás confundiendo sentimientos? ¿Qué vas a hacer, decirle lo que sientes por él o besarle para ver como reacciona?

¿Por qué no? Seguramente, no sentirá lo mismo por fin y eso le cogerá por sorpresa, pero es un tío demasiado inteligente como para no saber comprender que sólo ha sido un error por mi parte. No tiene porque cambiar nada entre nosotros. Charlie no me haría eso."

Por mucho que lo intentaba, Don no estaba convencido con ninguno de sus propios pensamientos y mucho menos, sabía lo que hacer. Los segundos pasaron, mientras Charlie permanecía aferrado a él con fuerza, esperando a que el dolor en la pierna disminuyera, pero era tan intenso, que al cabo de unos momentos, no pudo evitar comenzar a llorar, sin hacer ningún ruido aparente, sin aspavientos, tan sólo humedeciendo la ropa de su hermano.

Sin embargo y de alguna manera, Don se dio cuenta. Siempre había tenido un sexto sentido con su hermano, sabía muy bien cuando y porque Charlie estaba deprimido o estresado. No hacía falta que Charlie hablara con él, de alguna manera, Don lo sabía; como ese mismo momento, que Don lo sintió, su tristeza, su miedo y desesperación ante lo que le había ocurrido y no sabía.

Volvió a tomar con sus manos el rostro de su hermano y le hizo mirarle, hasta que pudo ver las lágrimas, pequeñas, pero devastadoras para él, correr veloces por el rostro de su hermano pequeño. Don se quedó paralizado. Durante toda la noche había estado pensando en lo que le diría a Charlie cuando se despertara, en como le ayudaría a recordar lo ocurrido para saber quien y porque lo había hecho.

Pero ahora que lo veía llorar, todo lo que había planeado, desapareció de su cabeza como arrastrado por el viento de un soplo. Sólo pudo quedarse ahí, sentado en el canto de la cama, con Charlie abrazado a él, teniendo su rostro entre sus manos y sus ojos fijos en los suyos, sin que ninguno de los dos los apartara del otro.

"Don, ayúdame por favor, necesito respuestas, quiero saber lo que me ocurrió ayer, pero yo sólo no puedo." Charlie hablaba con voz entrecortada a causa de las lágrimas, pero cada una de sus palabras iba directamente al corazón de su hermano, hasta que estuvieron a punto de desgarrarlo.

"No te preocupes, te prometo que solucionaremos esto y los que te hicieron esto pagaran por ello, eso tenlo por seguro." Un momento después de hablar, Don ayudó a su hermano a que volviera a tumbarse de nuevo en la cama, pero él también lo hizo; también se tumbó al lado de Charlie, viendo como su hermano juntaba su cuerpo con el suyo propio, hasta que casi pudo notar los latidos de su corazón contra su pecho.

El rostro de Charlie desapareció al apretarse contra el pecho de Don y este besó su frente como haría cualquier hermano mayor, sólo que en su caso, una fuerte corriente de energía recorrió toda su espina dorsal de arriba abajo, tan violentamente que incluso Charlie se dio cuenta del respingo que dio su hermano.

"¿Te encuentras bien?" Dijo Charlie elevando la cabeza hasta poder encontrar los ojos de Don. Este tardó unos segundos en contestar, pues necesitaba encontrar una respuesta suficientemente coherente y que no fuera la pura verdad y que no sonara una auténtica estupidez.

"¿A quien quiero mentir? Charlie, creo que estoy enamorado de ti desde hace un tiempo, pero no me atrevía a decírtelo por miedo a como reaccionaras." Pero Don no lo dijo, no estaba preparado para hacerlo teniendo la intensa, al mismo tiempo que dolorosa mirada de su hermano clavada en la suya.

"Si, es sólo que no he dormido bien. Estoy cansado es todo." Don desvió de nuevo la mirada de Charlie.

Charlie se había dado cuenta que últimamente, Don no era capaz de mirarle durante un largo rato sin tener que apartar la mirada de él. No estaba seguro sobre porque ocurría aquello, porque estaba seguro que no había hecho nada que pudiera hacer sentir incómodo a su hermano, sin embargo, no encontró ningún motivo lógico para el extraño comportamiento de Don.

"¿Don qué te ocurre estos días?, ¿Por qué no te comportas conmigo como antes? Casi no hablamos, apenas me pides ayuda en tus casos y prácticamente no pasas por casa desde hace más de dos semanas. ¿He hecho algo para hacerte sentir mal?"

"Charlie, ¿Cómo puedes decir eso? Claro que no has dicho nada." Don tragó saliva, Charlie por fin estaba haciendo las preguntas que tanto miedo le daba pensar en ellas; su hermano estaba comenzando a atar cabos, a notar su extraño comportamiento y a querer saber lo que le ocurría.

"Déjalo ya Charlie, no le preguntes más, porque no se si voy a ser capaz de contestar sin meter la pata o sin hablar más de la cuenta. No sabes lo mucho que me arrepentiría de perderte si te dijera lo que realmente siento por ti."

"Entonces ¿Qué es, es por un caso?, ¿Por qué no me has pedido ayuda antes?, seguro que podríamos haberlo solucionado entre los dos." Don se pasó la mano por el pelo con un gesto extremadamente nervioso, que no pasó desapercibido para Charlie, pues lo reconoció en seguida; sabía que se estaba acercando al verdadero problema.

"No Charlie, estoy bien de verdad, no ahora no estoy con ningún caso, terminé con el último ayer." Por fin Don volvió a fijar la mirada en los ojos negros de su hermano, que no había dejado de mirarle en ningún momento.

"Por favor, deja de preguntar, se que te hueles algo, pero no me lo quieres preguntar directamente. Eres demasiado inteligente y perspicaz como para que te pueda engañar por mucho tiempo, así deja de indagar."

Charlie volvió a incorporarse, apoyándose sobre su hermano, hasta que pudo estar a su misma altura. La cabeza le dolía como nunca y el dolor en la pierna estaba acabando con sus nervios poco a poco, pero no estaba dispuesto a descansar hasta que averiguara lo que realmente rondaba por la cabeza de su hermano y que desde luego tenía que ver directamente con él.

"Dímelo." Aquella frase había sido con tanta rotundidad que a Don le cogió de improviso.

"Ya te lo he dicho, no es nada, sólo es que estoy exhausto."

"No lo hagas, te vas a arrepentir si das ese paso y lo sabes."

"Ya es suficiente Don, eres mi hermano mayor y te conozco mejor que nadie, ¿no crees que ya es suficiente de que ten andes con tantos jueguecitos y engaños y me digas de una vez lo que te preocupa?"

La voz en el interior de su cabeza desapareció sin más, de repente ya no escuchaba a su conciencia gritarle sin parar, ya no tenía quien detuviera sus verdaderos sentimientos. Escuchar a su hermano hablar de esa forma tan directa, tan serena a pesar de lo mal que lo debía de estar pasando, le hizo ver que pasara lo que pasara; por mucho que Charlie no le correspondiera con los mismos sentimientos, como seguramente ocurriría, sabría comprenderle y si hacía falta, le perdonaría, pero desde luego no le ocurriría nada a su relación, que tanto le había costado forjar.

Charlie esperaba la respuesta de su hermano, mientras notaba que su cabeza parecía acostumbrarse a la luz, que ya no le palpitaba con tanta intensidad como antes, aunque no estaba seguro si era porque ya no le dolía tanto o porque estaba demasiado concentrado en la tensión que veía en el rostro de su hermano.

Sin decir nada, Don se acercó a él, acarició su mejilla, sólo que en esta ocasión la mano no le temblaba, se sentía seguro de lo que iba a hacer, al menos momentáneamente. Charlie le seguía mirando sin decir nada; algo extrañado, pero esperando, por lo que Don continuó acercándose a él, hasta que pudo sentir la dulce respiración de su hermano pequeño sobre su rostro. Sonrió al ver la pequeña sonrisa que se dibujó en la boca de Charlie.

Ahora todo parecía mucho más sencillo, todo era simple y parecía que lo que estaba a punto de hacer fuera lo más natural del mundo, que nadie podría decir que aquello estaba mal, que su propia mente había estado equivocada al decir que no debía hacerlo.

Llevó el cuerpo de Charlie con el suyo, colocando sus manos sobre la espalda de su hermano. Los ojos de Charlie no dejaban de mirarle y aunque no había miedo en ellos, si que pudo ver cierta confusión.

Charlie vio acercarse a su hermano, sin saber muy bien lo que iba a hacer. Ya no estaba tenso, desde luego estaba mucho más relajado mientras iba hacia él. Para cuando quiso darse cuenta de lo que iba a hacer, sus cuerpos ya se habían juntando y los labios de Don ya se habían encontrado con los suyos.