Después de todo lo ocurrido después de DTGM, Duncan y yo comenzamos a salir "oficialmente"; y si cuando éramos amigos pasábamos mucho tiempo, juntos, cuando empezamos a salir pasábamos muchísimo más tiempo a solas. Aquel día decidimos ir al cine, ya que se cumplían tres meses desde lo del "incidente" en el confesionario.
*Flashback*
—Dime que no soy el único que se quedó decepcionado con el final de la película
— ¿Hablas en serio? ¡Esperaba ver muchísima más sangre! ¡Y la trama era tan predecible que juraría que ya la había visto antes!
—Pero no puedes negar que la parte en que descuartizan a la chica se vio tremendamente real
—No lo sé. No me pude concentrar en esa parte mientras alguienme besaba el cuello…
— ¡Hey! No me puedes culpar por tener una novia endemoniadamente hermosa… —Acto seguido Duncan me besó mientras me abrazaba por la cintura.
—Pero si te puedo culpar por las marcas en mi cuello— dije con una sonrisa. —Ojala siempre pudiéramos salir así…
—De verdad que sí, pero no creas que se me olvida lo que se celebra este viernes…
— ¿En serio lo recuerdas?
—Claro. ¿Cómo olvidar que el 10 de junio es el cumpleaños de la chica más divertida y hermosa del planeta?
— ¡Por Dios! ¡Duncan, lo recuerdas!
—Por supuesto. Y no creas que ese día te salvarás de una gran fiesta de cumpleaños organizada por un servidor…
— ¿Ese será mi regalo?
—Más bien tómalo como una amenaza. El verdadero regalo te lo daré después… —respondió él acercando más mi cuerpo al suyo.
—Pervertido —dije antes de besarlo de nuevo.
*Fin del flashback*
De verdad que debí considerarlo como una amenaza, pero simplemente no podía. La idea de tener una fiesta de cumpleaños me emocionaba. No había tenido una desde hace cinco años, cuando mis padres se separaron; y mis amigos góticos dejaron de hablarme desde que salí de la tercera temporada porque no les parecía que saliera con un punk, así que no esperaba celebrarlo este año. Pero gracias a Duncan sería diferente.
En su casa todos sus amigos (bastantes, debo decir) estaban reunidos bailando con la música que sonaba a todo el volumen que los parlantes lo permitían. No pude evitar hacerle notar que no conocía a la gran mayoría de los invitados, a lo que él contestó con tranquilidad que las fiestas eran para conocer gente. No discutí, digo, hasta cierto punto tenía razón. Conforme la noche avanzaba las cosas se iban poniendo más calientesentre nosotros, hasta que me llevó a su habitación para darme mi regalo. Creo que es bastante obvio lo que pasó allá. Pero después de media hora nos interrumpieron dos oficiales de policía que entraron en donde nosotros estábamos diciendo que Duncan debía acompañarlos. Al parecer se habían cometido varios actos de vandalismo en los alrededores de su casa, asaltos a sus vecinos, además de el robo de un auto y puesto que Duncan era el encargado de la fiesta se le había acusado de los crímenes. Al día siguiente fue juzgado y debido a su historial, se le culpó al menos de la mitad y lo sentenciaron a un año en la correccional. En cuanto a mí, digamos que tampoco me fue muy bien. Me llevaron junto con Duncan a la comisaría, allí me recogió mi madre y si el regaño por estar tan tarde en la calle no fuera suficiente, también le dijeron que era sospechosa de complicidad y que me encontraron con lasmanosenlamasa con Duncan en su habitación. Mi mamá hablo con los oficiales y me dejaron ir ya que mi expediente estaba libre de "actos delictivos", al menos hasta donde ellos sabían. Pero eso no significa que me había librado de mi castigo.
*Flashback*
—Ma, lamento mucho lo que pasó esta noche, pero te aseguro que no volverá a pasar. —Dije con la cabeza agachada evitando verla a los ojos.
— ¿Lo sientes Gwen? Porque no te ves muy arrepentida de lo que pasó en la habitación de tu noviecito, ¿cierto? — Dijo ella utilizando el típico tono de toda madre cuando regaña a sus hijos.
—Yo… no estaba pensando en lo que hacía. Lo siento— Dije no precisamente arrepentida, sino avergonzada de que mi madre se hubiera enterado de lo que pasó.
—Créeme, todavía no sientes nada.
*Fin del flashback*
No me dirigió la palabra en el resto de la noche hasta que llegamos a mi casa y me mandó a mi habitación. Lo último que supe fue que se la pasó toda la noche en el teléfono. A la mañana siguiente bajé a desayunar con la esperanza de que ya se le hubiera bajado un poco el enojo y el castigo no fuera tan duro, pero con lo que me encontré fue con mi madre, mi padre y mi tía, la hermana de mi padre, en la sala viéndome con miradas de decepción.
*Flashback*
—Gwen, por favor siéntate. —Empezó a decir mi padre extendiendo su mano hacia el sillón que se encontraba en frente de él.
— ¿Qué pasa? ¿Todo está bien? — Pregunté tomando asiento.
—Creo que tú sabes muy bien que está pasando— Dijo mi madre con un tono muy enojado.
— Tu madre nos llamó anoche y nos contó todo— Dijo mi tía intentando aclarar un poco la situación.
—Gwen— comenzó mi madre— estuve hablando con tu padre para encontrar una manera de que lo que pasó anoche no se vuelva a repetir.
—Y decidimos que lo mejor sería que te concentraras en tus estudios por ahora, ya sabes, sin la presión de los medios que te persiguen después de ese reality, o de un novio. — Continuó mi papá mientras mi madre me dirigía una mirada de desaprobación. —Así que pensamos que sería buena idea que estudies en el internado de señoritas que dirige tu tía.
— ¿Qué? — fue lo que dije apenas reaccioné a lo que había dicho— ¿Sólo por tener sexo con mi novio?
—Alice, tu hija es muy insolente, pero no te preocupes, yo me encargaré de arreglar eso. — Hablo por primera vez mi tía dirigiéndose a mi madre quien asentó con la cabeza.
—Hija, empaca tus cosas. Hoy te vas con tu tía. —Me dijo mi padre mientras mi mamá y mi tía hablaban.
*Fin del flashback*
El resto del día hice el mayor berrinche que había hecho alguna vez. No hablé con nadie, no comí nada y cuando llegué no salí de la habitación que me asignaron, hasta esta mañana. Al parecer a mi tía no le va nada mal con lo del internado, cualquiera que viera esta casa podría decir que le pertenece a alguna celebridad, a la realeza o a alguien influyente. Pero para mí era peor que una prisión, principalmente porque no hay manera de escapar y porque sabía que cuando saliera sería para ir a esa dichosa escuela para niñas ricas y presumidas donde me vigilarían las 24 horas del día.
— ¡Hey, Gwennie! ¿Intentas escaparte? —Esa voz era la de mi primo Russell, quien se acercó a mí montado en un caballo hacia el árbol donde yo me encontraba sentada.
—Imposible… — Le dije levantándome y me acerqué mientras él bajaba del caballo. — ¿Tú qué haces aquí?
—Vengo a cabalgar cada mañana aprovechando que no hay nadie por aquí. — Dijo Russell sentándose donde yo estaba antes, por lo que tomé asiento junto a él. — Veo que por fin decidiste salir de tu habitación.
—Por más que quisiera haberme quedado allí todo el día tenía que salir antes de que tu madre mandara al ejército para sacarme. —Le dije bromeando. Parecía una eternidad desde la última vez que lo hice aunque sólo haya sido una semana.
—Parece que no te emociona la idea de entrar a la escuela ¿cierto?
—Adivina genio…— Le dije rodando los ojos.
—Bueno, pues ya no te puedes librar de esta. — Me respondió mientras se levantaba y volvía a subirse al caballo— Las clases empiezan el lunes, y tienes que irte desde el domingo para instalarte.
—Gracias por el apoyo— Le dije aún con sarcasmo.
—Por cierto Gwen, olvidé decirte— Dijo cuando estaba a punto de irse— ¡feliz cumpleaños! — y se fue con una sonrisa en su rostro.
Bueno, no sé si esto deja la historia más clara; espero que si. El siguiente capítulo ya se tratará de Courtney y después ya comienza la historia de las dos.
Bye-bye!
