Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Eiichiro Oda.

Mystery
— 02 —

Todos observaban a Luffy, quien en esos momentos parecía volver a ser el mismo Capitán glotón de siempre. Estiraba sus brazos, robando cada pedazo de carne o comida de cualquier plato al azar.

—¡Luffy, devuélveme mi comida! —exclamó Usopp algo consternado—. ¡A este paso te vas a zampar todo lo que Sanji ha preparado para todos!

Chopper y Franky se echaron a reír, mientras Nami y Robin disimulaban sus risitas.

Sanji le dio una patada al capitán con su pierna derecha, mientras colocaba más comida sobre la mesa.

—¡Nami-swan~! ¡Robin-chwan~! —exclamó el cocinero con los ojos enamorados—. He reservado estos postres especialmente para vosotras —dijo mientras ponía sendos platos con una considerable porción de tarta de manzana, adornados con un corazón construido con nata, delante de las dos chicas.

—Gracias, Sanji-kun —agradeció la del pelo naranja.

—Muchas gracias, Cocinero-san —contestó la Nico Robin.

—¡Yo quiero! —reclamó Luffy.

—Ya va, ya va —replicó Sanji poniendo mala cara.

Zoro observaba los acontecimientos en silencio, bebiendo su jarra de cerveza. Sabía que aún había algo preocupando al capitán, pero no podía adivinar de qué se trataba. Quizás estaba sobre reaccionando. Aún así, no estaba del todo tranquilo.

De momento observaría y si veía que las cosas volvían a ponerse feas, volvería a hablar con el chico de goma.

Nami había indicado que estaría en su camarote y que no quería que nadie la molestara. Todo el mundo sabía muy bien que la chica podía llegar a tener un humor pésimo si se la estorbaba cuando estaba trabajando, así que cada uno se puso a hacer cualquier cosa.

Zoro fue a entrenar. Necesitaba despejarse y perfeccionar sus técnicas y musculatura. Como bien había dicho Luffy, a partir de ahora habría muchos más enemigos y cada vez serían más fuertes. El Nuevo Mundo no podía ser tomado a la ligera y sabía que allí se encontraría de nuevo con Mihawk Ojo-de-Halcón.

Usopp y Franky se pusieron a rellenar los barriles de cola, mientras que Chopper se fue a su camarote para seguir preparando medicamentos y algunas Rumble Balls más.

Robin, por su parte, se dedicó a cuidar el pequeño jardín de abordo. Se sentía feliz de estar con esa tripulación. Aún recordaba la mirada de determinación de Luffy, la esperanza que había crecido en su interior al ver a todos dispuestos a arriesgar sus vidas para salvarla del destino que ella misma se había impuesto y odió a Spandam al descubrir la mentira que le habían colado.

Había tenido que vivir de nuevo el horror de la Buster Call, algo que había estado intentando olvidar por veinte años. Aún recordaba el terror vivido en Ohara, cómo su isla natal había sido aniquilada del mapa sin contemplación alguna… Allí había dejado a su madre atrás.

Suspiró. Aquellos tiempos habían pasado ya. Ahora tenía verdaderos amigos en los que poder depositar su confianza y Luffy le había enseñado el significado de esa palabra: amistad.

—Las flores están preciosas, Robin —comentó Luffy con una gran sonrisa.

—Sí, la verdad es que están hermosas —concordó ella—. Es una suerte que Franky-san pensara en este detalle.

—¿Estás bien?

—Sólo estaba pensando en los acontecimientos de hace unos días. Gracias por abrirme los ojos.

—Eres nuestra camarada, ¿no? —dijo el chico de goma—. No iba a permitir que uno de los nuestros muriera sin motivo.

Robin asintió sonriendo.

—Al principio se me hacía extraño… —comenzó Robin.

—¿El qué? —preguntó Luffy poniendo sus manos detrás de su cabeza, ladeándola ligeramente en señal de confusión.

—Estar con vosotros… Supongo que me sentía intimidada. He estado huyendo durante mucho tiempo y al final siempre era traicionada o era yo la que traicionaba a la gente… Pero me di cuenta de que vosotros erais distintos. Supongo que ahora entiendo el significado de las palabras "nadie nace para estar solo".

Luffy sonrió. Robin era una persona muy curiosa.

—Supongo que no fue una vida fácil —concordó el capitán—. Pero como has dicho: no estás sola, ya no.

—Sí. Alguien, una vez me dijo, que algún día encontraría a compañeros que realmente se preocuparían por mí, que incluso arriesgarían su vida por mí. Tenía razón, ahora lo comprendo.

—A veces tardamos en darnos cuenta de las cosas —suspiró el chico de goma—. Pero es bueno darnos cuenta de ello a tiempo, ¿no crees?

La usuaria de la fruta Hana-Hana* asintió.

La travesía estaba siendo tranquila. Usopp, Luffy y Chopper se encontraban sentados el césped. El pequeño reno con un par de palos en la boca y nariz, haciendo reír de forma descontrolada a Usopp, mientras el Capitán observaba divertido aunque distantel.

Robin, Sanji y Franky estaban sentados en el pequeño tronco a modo de mesa tomando algo de té. Desde la cubierta podían escuchar el tintineo de las pesas de Zoro al ser movidas y si te concentrabas lo suficiente, se podía incluso escuchar el rasgar de la pluma de Nami mientras ésta dibujaba un nuevo mapa.

A veces, Luffy se preguntaba qué pensaban los demás en esos momentos de calma. Era cierto que eran pocos, la mayor parte del tiempo algo ocurría mientras estaban navegando y los momentos de paz eran bastante raros.

El capitán se sentía inquieto. Hacía apenas unos días que habían abandonado Water 7 y las heridas de su última pelea, en la cual se había enfrentado a Lucci aún le dolían. Aparte, estaba algo cansado a pesar de haber dormido y comido mucho. Gear Second y Gear Third desgastaban mucha energía y no sabía hasta qué punto podía utilizarlas y cómo de seguido. Desconocía completamente el límite de su propio cuerpo. Que fuera de goma no era una excusa suficientemente factible.

Chopper le había regañado por forzarse tanto y él tan sólo se había podido disculpar con el pequeño reno por haberles preocupado tanto.

Zoro suspiró. Era aburrido estar de guardia durante la noche. De vez en cuando echaba una cabezadita, pero duraban poco rato. Necesitaba estar alerta. Habían escapado a duras penas del Vice-Almirante Garp cuando se largaban de la Isla de Agua y todo gracias a las invenciones casi suicidas de Franky. Por suerte, habían logrado que fuera con ellos, sino, a estas alturas, todos estarían bajo arresto y el Thousand Sunny bajo el mar.

Se incorporó y se acercó a una de las ventanas del puesto de vigía y vislumbró una silueta sentada sobre el mascarón en forma de sol.

Miró alrededor. No parecía haber nadie más. El pequeño jardín estaba vacío al igual que la cubierta que quedaba detrás del mascarón. Las luces estaban apagadas, a excepción de donde él se encontraba.

—Luffy… —murmuró. Sin pensarlo, bajó hasta la cubierta, caminando hasta quedar detrás del sitio favorito de su capitán.

El Primer Oficial se cruzó de brazos, apoyándose en la barandilla. Sabía que no hacía mucha falta decir nada, puesto que su capitán ya le había notado.

—No hacía falta que bajaras, Zoro —susurró el chico de goma.

—De todas formas es aburrido estar ahí arriba sin poder hacer nada —comentó el espadachín—. ¿Aún sin poder dormir? Llevas así desde que dejamos Water 7, Luffy.

—No es nada —insistió el moreno—. No deberías preocuparte tanto por mí.

—Algo que me es imposible de cumplir. Te conozco, algo está afectándote demasiado.

El Sombrero de Paja sonrió. No había forma de ocultarle algo al del pelo verde.

—Realmente no es nada con lo que no pueda lidiar —comentó el más joven—. Es algo que tengo que arreglar yo solo.

—Luffy, sabes que no estás solo, ¿verdad? —dijo Zoro mirando al Capitán de reojo.

—Lo sé, pero hay cosas que tan sólo yo puedo arreglar. No puedo esperar que todo el mundo arregle asuntos que me conciernen.

—¿Tiene que ver algo Lucci en todo esto?

—¿Debería? Hay veces en las que pienso si realmente vale la pena arriesgarlo todo por un sueño.

—Esto está fuera de lugar, Capitán —rebatió el espadachín—. Luffy, tú fuiste quien nos impulsó a formar parte de esta aventura, si tú titubeas, inevitablemente nosotros también titubearemos.

El chico de goma sabía eso de sobra. Había veces que se preguntaba hasta qué punto podía permitirse replantear esa alocada aventura y ahora, había muchísima más gente a su lado.

Había empezado el viaje solo y a lo largo del camino había ido encontrando a gente que le había seguido, quizá sintiéndose en parte presionados o simplemente por el hecho de querer seguir sus propios sueños y ambiciones.

Aunque había un par de excepciones. Usopp se había emocionado ante la invitación del Capitán y Robin se había auto-invitado a formar parte de la tripulación (aún cuando ésta les había "traicionado" en Water 7, cosa que se demostró ser falsa e infundada).

—Supongo que tienes razón…

Zoro se movió y Luffy pudo sentir los fuertes brazos de su Primer Oficial rodeando su cuerpo.

—Deja de atormentarte con pensamientos infundados. Sea lo que sea que te dijera Lucci, podremos con ello. Nosotros confiamos en que tú serás el Rey de los Piratas y haremos lo que esté en nuestras manos para que así sea.

El chico de goma se sintió abrumado. Se colocó el sombrero sobre su cabeza y sonrió, agradecido de tener a Zoro con él.

—Siento preocuparte de esta forma… Tú sabes que yo no suelo ser así —murmuró el moreno.

—Lo sé, por eso siempre estaré ahí, pase lo que pase.

Continuará…

Nota: Hana Hana no Mi: Fruta del Diablo. Con ella, Robin es capaz de hacer florecer cualquier parte de su cuerpo en cualquier superficie que ella pueda vislumbrar.


Espero que os guste el capítulo. ¿Críticas? Que sean constructivas, por favor.