-¡Uwa!-
Exclamé luego de recibir un golpe directo en el abdomen y caer al suelo. Es cierto que el dolor no existe en este juego pero, aun así, la realidad acostumbra al cerebro a reaccionar de alguna manera ante ocasiones como esa.
Otra verdad irrefutable es que, el jabalí que me golpeó, es un simple e inútil adversario que se usa para subir los primeros niveles en el juego pero yo, aun después de haber sido un beta tester, seguía sin acostumbrar a los patrones de ataque que usaban los monstruos, eso obviamente me había causado un par de muertes, poco a poco aprendía a memorizarlos, la experiencia se acumulaba entonces no solo a mi personaje virtual.
-Ding, ding, dong, ding-
El sonido estridente de la enorme campana situada en la Starting City llenó todo el campo de cacería donde me encontraba, aquello, más allá de parecerme extraño, solo me hizo ver el reloj en la parte superior izquierda de mi campo de visión, 5:24pm, apenas si había estado inmerso más de dos horas, entonces una luz azulada apareció desde el suelo y cubrió mi cuerpo entero impidiendo que viera los alrededores, para cuando recuperé la noción del entorno me encontraba en la plaza central de la ciudad inicial, otros resplandores azules aparecían llenando el centro de personas, realmente pensé que ahí mismo estaban todos los diez mil jugadores de SAO. Ya todo comenzaba a ser extraño para mí y el presentimiento de un peligro cercano comenzó a llenar mi cabeza.
Cuando dejé de lado mis pensamientos, una enorme cantidad de ruido me golpeó, muchos gritaba y otros maldecían a los Game Masters, no pude evitar reir pues para mi se veían como unos pobre inútiles.
-¡Ah…miren arriba!-
Exclamó uno entre tantos y yo, al igual que todos, fijé mis ojos al cielo. Un "Warning" encerrado en un hexágono rojo titilaba en lo más alto, luego pude leer "Anuncio del sistema" y, así, el cielo se llenó de polígonos rojos mientras, de entre estos, pequeñas gotas que a cada segundo se hacían más grandes caían y se unían, una enorme túnica carmesí se alzó frente a los ojos de la multitud y cuando intenté fijarme en que ente portaba aquellas ropas simplemente no había nada. Vacío era lo que llenaba la túnica.
-Ok, esto ya es bastante extraño…- susurré y vi hacia el suelo. En la beta los portadores de esta túnica tenían cuerpo, eran los GM´s de SAO disfrazados de ancianos, pero que un "fantasma" se vistiera de esa forma, no, jamás sucedió.
-Jugadores, les doy la bienvenida a mi mundo-
Y esas fueron las palabras que rompieron con las mías, alcé mis ojos hacia las ropas gigantescas, solo me quedaba esperar que más diría.
-Mi nombre es Kayaba Akihiko- continuó el ente –en este momento soy la única persona que puede controlar este mundo-
Inspiré con fuerza, sinceramente no lograba comprender esas palabras, mucho más porque las decía con una voz apacible, como si realmente no hubiera mucho que comunicar, como si ese presentimiento de peligro mío fuera falso y el solo tratara de calmar a la molesta muchedumbre.
-Creo que la mayoría de ustedes han descubierto el hecho de que el botón de Log Out ha desaparecido del menú principal. Esto no es un bug, todo es parte del sistema de Sword Art Online-
BOOM, esas palabras hicieron mella en mi pecho e hicieron explotar algo en mi interior, y no, no era dolor, no sabía ni que era. Gire mi cabeza a todos lados y todos a los que pude ver estaban en silencio, tan quietos como estatuas. Como si me negara a creerle a Kayaba hice un ademán con la mano derecha y automáticamente un menú flotante apareció ante mí, navegué por este y efectivamente, el ente no mentía, la opción de Log Out no existía.
Navegué un poco más por el menú, mis manos no mostrabas desesperación, mis ojos tampoco, lo hacía con una "tranquilidad" nata, sin embargo mi subconsciente se negaba a aceptar las palabras ajenas. Mientras hacía todo esto me pareció escuchar la voz de Kayaba, a la que no presté atención, solo estaba centrado en encontrar el botón, presionarlo y largarme de esa…divertida broma.
Luego de rebuscar inútilmente el botón de salida cerré el menú y observé a Kayaba, su voz aun me parecía un sonido lejano e inentendible, agité mi cabeza y nuevamente la realidad del entorno volvió a mi.
-Desafortunadamente 213 jugadores ya han salido de este mundo, y del mundo real para siempre-
Inspiré nuevamente con fuerza, esas palabras que volvían a dejarme confundido, quizá, estando en ese trance, él dijo algo de lo que no estoy enterado y no podía preguntarle a alguien que era, estaba seguro me golpearían o algo parecido. Luego el continuó avisándonos que la noticia del secuestro que yo y otras…9786 personas sufríamos ya había sido emitida por radios, televisoras e Internet. Derrotar el juego palabras que ya al menos le ponían una razón a todo lo anteriormente dicho por el genio tras SAO, Kayaba Akihiko.
Comencé a entender todo eso que no había escuchado mientras navegaba por el menú, podría adivinar las palabras siguientes palabras de Kayaba pero, aun, no podía encontrar el sentido de hacer todo esto y secuestrar en un juego a diez mil personas, lo que si sabía era que, la diversión, no era uno de esos motivos.
Entonces el ente de la túnica carmesí pidió lo siguiente: -Entiendan que Sword Art Online ya no es más un simple juego. Desde ahora es una segunda realidad. Cualquier forma de revivir en el juego ya no funciona más, en el momento en el que su HP llegue a 0, dejarán de existir-
Y esas palabras eran las que yo ya me esperaba, sin embargo, este hombre aun seguía hablando con una tranquilidad impasible, en su voz no se podía encontrar remordimiento alguno, ni culpa. Escuché como avisaba que la única forma de vivir era llegar al último piso de Aincrad y como prometía que, para entonces, los que siguieran con vida, cerrarían sesión y volverían al mundo real.
Mirando a mis al rededores podía distinguir a muchos incrédulos que aun querían jurarse a si mismos que aquello no era más que una broma, yo solté un corto suspiro y con ello terminé de asimilar la verdad, el silencio era inquietante y Kayaba pareció percatarse de la incredulidad de la muchedumbre pues, agitando la mano derecha, se reincorporó diciendo
-Entonces les mostraré la evidencia de que esta es sólo la realidad. En sus inventarios hay un obsequio de mi parte. Por favor, confirmen esto-
Y yo, acatando las palabras del hombre y con el mismo ademán de mano derecha, abrí el menú e ingresé a mi inventario, entonces, debajo de cuatro objetos más, estaba lo que se suponía era el obsequio, "Hand Mirror", lo piqué con la punta del dedo índice y en una unión de polígonos azules apareció un espejo con bordes morados que calló entre mis manos. Aquello me recordó al espejo de mi cuarto, me recordó que no hace más de tres horas yo estaba parado frente a este y me miraba tan despeinado y finalmente no pude evitarlo y me miré al espejo virtual.
Alli estaba el rostro de mi avatar pero, antes de que pudiera detallarlo, el destello azulado me cegó nuevamente y cuando cesó estaba, en el espejo, la cara con la que había vivido durante 16 años, mi verdadero rostro, y solo dibujé en el una sonrisa falsa, observé a los demás y claramente a todos les había pasado lo mismo, sin excepción alguna, y el sonido del vidrio que se rompe llegó a mis oídos, todos soltaron sus espejos y estos se destruyeron en infinitos polígonos azulados que desaparecían progresivamente, yo, por el contrario, sostenía el mió con fuerza, piqué un par de opciones en el menú y este volvió al inventario.
No me interesó saber como era posible lo ocurrido, y me parecía estúpido lamentarme con gritos y lloriqueos como ya estaba pasando con los demás, solo solté un largo bostezo y luego una risa maquiavélica y descontrolada se impulsó desde mis cuerdas vocales hacia fuera y rompió con los gritos a mi alrededor y ni siquiera las nuevas palabras de Kayaba la detuvieron, no quise escuchar más lo que decía aquel sujeto, no estaba en paz pero me sentía ligeramente tranquilo, tenía mi cuerpo real, era el yo real contra un mundo falso, no había más, era sencillo y lo comprendía.
-Ahora, ha terminado el tutorial oficial para Sword Art Online. Jugadores, les deseo suerte-
Y esas fueron las últimas palabras de Kayaba antes de que su túnica se deshiciera y el cielo rojizo volviera al naranja natural del atardecer, el paisaje obligaba a creer que nada había pasado, rasqué lentamente mi nuca al tiempo que daba media vuelta y comenzaba a caminar para salir de la plaza y, cuando di el primer paso fuera de allí, el ruido estridente del temor se hizo presente, me detuve por un momento sin borrar esa sonrisa desesperada de mi rostro.
-Seguramente los jabalíes desearán matarme- dije con alegre cinismo.
