Hola a todos mis lectores, de ante mano lamento el retraso que ha sufrido este fic, pero la tecnología me ataco y estuve enfocado en muchas nuevas posibilidades.

Espero el cap sea de su agrado, espero este cap me haya salido decente.


Illidan corría por la pradera que separaba una aldea de elfos, con el bosque que era la frontera con el territorio de la Horda. Si bien en un principio asumió que sus continuos encuentros con fuerzas expedicionarias de la Horda fueron simplemente coincidencia, al final tuvo que reconocer que sus pasos habían sido guiados de alguna forma por Midna.

-Sé que estas allí muéstrate.

Grito el cazador de demonios mientras la pradera terminaba, dando lugar a un inmenso bosque, el cual señalaba la frontera que los elfos tenían con Ogrimar.

La misteriosa elfa quien se hacía llamar Midna solo apareció sentada a la sombra de un muy alto árbol.

-Has llegado aquí antes de lo previsto, supongo que subestime tu fuerza.

Illidan no se tragó sus palabras, incluso aunque no había podido verla, con sus ojos o su visión espectral, él sabía que ella había tenido cierta influencia sobre sus acciones en todo momento.

-Tú me has guiado hasta este lugar, asumo que es otra de tus pruebas.

-Más o menos…antes que nada, hay algo que me gustaría preguntarte ¿Cómo piensas llamarte de aquí en adelante? Yo no tengo problemas con tu nombre, pero estoy segura que si vas por allí diciendo eres Illidan Stormrage las cosas podrían complicarse.

Illidan asintió ante esa verdad, realmente el no había pensado en el asunto. Claro que hasta la fecha no había tenido que decir su nombre, las pasadas semanas se había dedicado a masacrar a los orcos que atacaban las aldeas fronterizas, sin pararse a hablar con ningún habitante. Pero ahora que se encontraba en la frontera, si el cantaba a los 4 vientos su verdadera identidad, en el mejor de los casos lo considerarían un loco.

-Supongo que tener un sobrenombre sería muy útil para continuar mi viaje.

Midna solo asintió y aplaudió con alegría.

-Entonces ¿Por qué no te haces llamas Neku?

-¿Neku? Que nombre tan simplón, y falto de toda gracia.

El cazador de demonios pudo ver como La pequeña elfa solo inflaba sus cachetes a forma de puchero tras su negativa.

-¿Entonces como deseas llamarte?

Illidan lo pensó por unos segundos antes de negar con la cabeza, no se le ocurría un buen nombre.

-Bueno, entonces piensa en uno y luego me lo dices-Midna salto desde el árbol y aterrizo alado de Illidan-Tu camino continua hacia la frontera, allí entre las tropas orcas hay un mago que guarda un artefacto de gran poder que alguna vez fue tuyo, recupéralo.

-Un artefacto que alguna vez fue mío ¿Podrías ser más específica? En mi anterior vida acumule una incontable cantidad de artefactos de poder.

Midna solo sonrió mientras desaparecía, tragada por la luz.

-Sé que lo reconocerás al verlo….a algo más antes de irme, ten cuidado, este bosque está lleno de oídos poco gratos.

Illidan vio como terminaba de desaparecer.

-¿Un artefacto mío? Elune sabrá cuantos hay.

Reclamo el cazador de demonios mientras en su mente revivía sus últimos momentos en el templo oscuro.

-Estoy seguro que mis verdugos saquearon todo lo que pudieron mis arcas….¿Neku?-Illidan niega con la cabeza-Supongo para la próxima vez que nos veamos necesitare haber pensado en un nombre apropiado.

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Tyrande descansaba su cabeza sobre sus manos, mientras leía los últimos informes sobre la guerra. Diversos escuadrones de la Horda habían logrado pasar por sus fronteras y ahora se encontraban atacando todas las aldeas que podían. Pese a que vil, la estrategia usada por el líder de la Horda era nítida.

Mientras los escuadrones destruyen las pequeñas aldeas, cortan los suministros que los soldados de la frontera necesitan, además de crear un inmenso caos entre las tropas estacionadas en puntos estratégicos.

-¿Se encuentra bien, mi señora?

Tyrande solo levanto la vista para ver a su asistente Celentis y suspiro derrotada.

-Trato de coordinar una nueva ruta de suministros, mientras reúno las tropas necesarias para darle caza a los grupos que se nos colaron.

En palabras era algo simple de hacer, pero en la práctica era todo un trabajo de logística lograrlo.

Celentis asintió mientras le entregaba el más reciente informe.

-Creo eso puede esperar.

-¿Otro?-Tyrande solo ve como su compañera asiente-Elune que nos guarde.

Todo el asunto de los informes de las aldeas atacadas era malo de por sí, sin embargo, las cosas cambiaron cuando los escuadrones de la Horda comenzaron a ser cazados por una tercera y desconocida fuerza. Al principio la líder de los elfos se permitió un suspiro de alivio cuando se le informo que alguien parecía estar dando caza a las fuerzas de la Horda. Suspiro que rápidamente se convirtió en un silencioso gemido de miedo.

Todas las fuerzas de la Horda habían sido cazadas por un grupo desconocido, el cual haciendo gala de una brutalidad que solo los demonios podían aprobar fueron exterminando hasta el último de sus miembros sin dejar ni un solo sobreviviente detrás.

Eso podía no ser tan malo si no fuese por el dato más preocupante. El grupo que se estaba encargando de las fuerzas orcas no costaba con más de cuatro miembros, algunos reportes incluso señalaban a un único elfo de la noche.

-Este parece ser cerca de este bosque, podemos intuir que está viniendo en esta dirección -Celentis sonrió- Me pregunto cómo será nuestro salvador.

Tyrande tuvo que hacer un esfuerzo consiente para no dejar a su imaginación volar, ella sabía que nadie luchaba únicamente por el bien de los demás, que los gallardos caballeros de brillante armadura solo habitaban en los cuentos.

-Sea quien se esta tercera fuerza no es nuestro aliado Celentis.

-Pero si no fuese por su ayuda la frontera ahora estaría en caos sacerdotisa.

-Lo sé, pero que los orcos tengan un enemigo más, no hace automáticamente que sea nuestro aliado.

Celentis asintió de mala gana ante las palabras de Tyrande, ella aun quería creer que en algún lado un poderoso caballero de plateada armadura, al servicio de la diosa, protegía a los elfos.

Tyrande suspiro mientras veía como de los ojos de su compañera, las historias que ella había escuchado de pequeña brillaban con fuerza. Pero Tyrande ya había perdido la esperanza en esos cuentos, Elune era su diosa y guía, pero sin importar cuanto le rogasen ella no interfería.

-Quiero un grupo de centinelas vigilando, y un registro de cualquier recién llegado-Tyrande tiro los papeles que estaban sobre la mesa- Veremos si ese supuesto caballero realmente existe.

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Illidan caminaba despreocupadamente entre las tropas apostadas en el campamento fronterizo.

Si bien había pensado no relacionarse con nadie, la idea de una comida caliente y una cama acolchada, superaban su recelo a interactuar con otros. Así que con paso decidido busco la taberna más cercana.

No había necesidad de algún tipo de disfraz o algo semejante, sin sus tatuajes o alas era prácticamente un elfo más, únicamente había cubierto su boca con una tela.

-Lo que sea que tenga de comer caliente, y un poco de vino también.

Pidió apenas se centró en la barra, justo enfrente de la elfa encargada de atender el establecimiento.

-¿Tienes con que pagar?

Illidan tuvo que morderse la lengua ante la cortante actitud de la elfa, él ya no era Illidan Stormrage así que ya no podía exigirle nada a nadie. Así que se limitó a sacar algunas de las monedas de oro que había recuperado de los cadáveres calcinados de sus enemigos.

-¿Con esto basta?

La elfa conto rápidamente las monedas que había puesto frente a ella, antes de traer lo pedido.

-Buen provecho caballero.

Frente a Illidan la elfa coloco una carne mal aliñada y un vino agrio, alimentos cuales comenzó a comer sin mucho entusiasmo. Si otras fuesen las circunstancias, hubiese hecho colgar a ese elfa de los pies en medio de algún desierto. Atrás habían quedado los banquetes de carnes exquisitas o los vinos de aguamiel.

-Estas provisiones son muy poca cosa para tu delicado paladar sabandija.

Detrás de Illidan algunos de los soldados se habían parado, posiblemente molestos por la expresión que el cazador de demonios tenia mientras ingería sus alimentos.

-Solo lamento lo lejos que estoy de la jarra de aguamiel más cercana.

A esta declaración todos los presentes comenzaron a reír.

-¿Escucharon eso camaradas? Este pobre y raquítico elfo quiere aguamiel-El soldado comienza a reír más fuerte-A juzgar por tu apariencia no eres más que un pobre ladronzuelo que acaba de sacarle esas monedas a un pobre incauto.

Ante esas palabras y las risas de todo el bar, Illidan examino sus ropas, el realmente nunca había sido participe de vestirse con finas telas o costosas pieles, no había nada más cómodo que un buen pantalón hecho de ceda de araña y una camisa hecha de blancos hilos, así que eso era lo que vestía.

A la burla se sumaron algunos enanos y humanos, quienes estaban en la frontera esperando poder ganar una buena cantidad de dinero ayudando a los elfos de la noche.

-¿Cómo te llamas extranjero?

La pregunta de la camarera tomo desprevenido a illidan, quien aún no había pensado en que nombre le gustaría tener.

-Que sucede, nuestra desagradable comida lastimo tu fina lengua.

El soldado que continuaba con sus burlas se aprovechó del pequeño silencio del cazador de demonios para seguir con la juerga. Sin embargo las burlas ya habían consumido toda la paciencia y buena voluntad que Illidan pudo haber tenido.

Con un único movimiento le rompió el brazo al soldado antes de lanzarlo al otro lado de la taberna de una patada.

-Neku, suelen decirme Neku.

Illidan, Neku se paró frente a veinte soldados quienes parecían quieres defender a su compañero.

-¿Que sucede? ¿Se les acabaron las burlas?

Un druida de la zarpa fue el primero en reaccionar y atacar al cazador de demonios transformado en oso. Sin embargo el resultado dejo a más de uno sin habla.

Illidan había sujetado al oso por la garganta sin darle oportunidad de defenderse siquiera, mientras lo estrangulaba con una solo mano.

El cazador de demonios examino a su alrededor y maldijo su sangre caliente, había causado mucha más conmoción de la que se había imaginado, si esto seguía así, no tardaría en llamar la atención de los altos mandos.

-¿Sera posible que me ahora pueda terminar mi alimento tranquilamente?

Los presentes parpadearon como si fueran búhos, muchos ya estaban preparados para luchar.

-Entonces bien.

Con un rápido movimiento lanzo al oso sobre la cabeza de todos los presente, haciendo que este cayese fuertemente sobre el primer soldado que se había atrevido a burlase de él.

La camarera, rápidamente cambio la comida que había servido para el recién llegado. Ya no eran la misma carne mal sazonada, sino ahora se trataba de una sopa especial y un poco de vino sacado de las provisiones para los generales.

Illidan solo suspiro derrotado, al final había tenido que usar el nombre que había rechazado, la calidad de los alimentos había mejorado, pero aun así si fuese por él, esa camarera, estaría colgada.

Nadie se atrevió a reírse de nuevo, o comenzar una nueva discusión en voz alta.

"Mal, esto está mal, llame mucho la atención, seguramente los idiotas que salieron corriendo van a alertar a las centinelas, creo que tras todo el espectáculo que ponto no poder dormir en una cama….Solo quiero una cama cómoda y algo agradable de comer ¿Acaso es mucho pedir?"

Y mientras Illidan planeaba el rumbo que sus acciones debían seguir, tres centinelas entraron discretamente a la taberna.

Oficialmente quien estaba sentado en la barra comiendo había sido la víctima, de eso cualquiera de los presentes podía dar fe, el había sido atacado y ridiculizado, por lo que se había defendido, sin embargo eso no significaba que no habrían consecuencias a sus actos.

-Eres bastante flaco para ser alguien capaz de lanzar a un druida de la zarpa.

Hablo la centinela que se había sentado a la derecha de Illidan.

-Se dice lo hizo con una sola mano hermana.

Continúo la que se había sentado a la izquierda

-¿Serias tan amable de acompañarnos?

Una tercera centinela le toco su espalda, para que se levantase y las siguiese.

Illidan se vio rodeado de centinelas mucho más rápido de lo que hubiese esperado, bueno no era como si no hubiese esperado ese tipo de control en una zona de guerra. Así que ¿Qué hacer? Si accedía y las seguía, lo más probable es que fuese llevado a una prisión como castigo por sus acciones, él no quería regresar a una prisión, ya había estado en una por más de 10 000 años. La otra opción era negarse lo que sin duda causaría más caos, él estaba seguro de que podría someter fácilmente a esas tres centinelas y cualquier otro incauto en la taberna que tratase de atacarlo, pero al hacerlo estaría anunciándose como un posible enemigo, por lo que será cazado, lo cual le dificultaría cumplir su objetivo de buscar al mago orco, y recuperar el objeto que le había sido robado.

-Maldita sea ¿Puedo terminar mis alimentos primero?

Pese a que Illidan había tratado de sonar lo más calmado posible, en su voz se notaba su enfado.

Las tres centinelas se vieron la una a la otra antes de asentir, podían dejarle terminar su comida antes de llevárselo, ya sea por las buenas o por las malas.

-Gracias.

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Detrás de la línea de defensa de los elfos, se encontraba la maquinaria de guerra de la Horda, hacia algunos mese había enviado a varios escuadrones con la misión de destruir las rutas de suministro de sus enemigos, capturar cuantas aldeas pudiesen, y quemar todo lo que no pudiesen llevarse de los poblados.

Toda esa estrategia tenía como único fin debilitar a los elfos y sus aliados, para que cuando la orden de atacar llegase, ellos pudiesen ganar con un mínimo de bajas. Sin embargo.

Reciente mente habían perdido cualquier contacto con los escuadrones que habían mandado detrás de las líneas enemigas, inclusos sus espías eran incapaces de encontrarlos.

-Esto es todos, perdimos el contacto con el ultimo de nuestros escuadrones de sabotaje.

El comandante orco golpeo con fuerza el mapa frente a él mientras se rascaba la cabeza tratando de identificar donde su estrategia había fracasado.

-Deberíamos atacar ahora comandante.

Sugirió uno de los tenientes mientras afilaba sus hachas.

-Estoy harto de estas estrategias de atacar y correr.

-Nuestro jefe de guerra no nos ha dado la orden de avanzar.

Se sumó a la discusión otro teniente convirtiendo la pequeña diferencia de opiniones en una gran guerra.

El comandante orco solo gruño mientras veía como todos los presentes comenzaban a pelear entre sí. Y la batalla se hubiese prolongado mucho más si no fuese porque uno de los tenientes decidió que era el momento de irse por su cuenta.

-Estoy harto de esperar, comandante si usted tiene miedo de avanzar, lo hare yo, atacare a esos raquíticos elfos, y todo aquel que sea un guerrero me seguirá.

El mando estaba dividido, en dos, aquellos que atacarían siguiendo el mando de un imprudente orco, y aquellos que esperarían las órdenes.

-Señor ¿no planea detenerlos?

Pregunto uno de los pocos tenientes que se habían quedado con su comandante.

-Déjalos, solo el tiempo podrá decir quien tiene la razón.

-Yo considero que es una imprudencia atacar a los elfos de la noche en un bosque, esos malditos son muy escurridizos.

El comandante asintió, los elfos de la noche no serían muy fuertes en comparación a los orcos, pero combatirlos en medio de un bosque era suicidio.

-Ya va siendo hora de que los pequeños orcos dejen de esconderse tras las faldas de sus madres y tomen sus propias decisiones.

-¿Incluso si eso significa morir?-El joven orco entra a la sala y le presenta un mensaje al comandante-Esto acaba de llegar, parece ser de los sobrevivientes de alguno de los escuadrones que enviamos.

El comandante orco sintió como su garganta se secaba mientras recibía el mensaje, no había forma que sus tropas dejasen tan imprudentemente la comunicación en situaciones normales, así que era obvio asumir que los escuadrones que habían cruzado la frontera, estaban muertos o capturados.