Al final.

Capítulo 1


Si me dijeran que había una persona que creyera menos que yo en el amor… era mentira.

Nada era para siempre y el "amor" no se salvaba de la generalidad; era solo una buena escusa mercadotécnica para las tiendas. Imagínense ¿Cuánto dinero no generaba a las grandes empresas el estar enamorado?

No faltaba la fecha para celebrarlo. Así como el 14 de febrero, o el día de su cumpleaños, los aniversarios… la reconciliación… bla… bla… bla… no había nada más estúpido que el amor en el mundo.

Embrutece la razón, nubla el pensamiento, llena de ignorancia el alma y hace sentir burbujas en el estómago… ¡Era peor que estar enfermo de cáncer! Por lo menos sabes que algún día te vas a morir o te vas a curar pero la enfermedad te va a dejar… al contrario del amor o costumbre o… tortura… como quieran llamarlo.

Para mi es lo mismo y al mismo tiempo son las dos cosas juntas.

Apenas comienza a salir en sol y ya comenzaba a escuchar los gritos en mi casa, eran normales ya hasta cierto punto.

Siempre que mi padre se encontraba en ella que eran pocas semanas al año, la bienvenida a todas las horas del día… era así: A gritos.

Tomé mi almohada y traté inútilmente de amortiguar los agudos gritos de mi madre y las maldiciones que mi padre lanzaba a diestra y siniestra. Cerré mis ojos intentando volver a dormir y permanecer aislado del mismo problema de siempre.

Cada vez era peor… y cada vez era menos el tiempo que duraba la calma. En un principio traté de convencerme de que después de tantos años de matrimonio era la única forma de conversación que tenían… con el tiempo supe que era por que se odiaban y no soportaban la presencia del otro.

Entonces… ¿Qué esperaban para divorciarse?

Los hijos… sí, claro. Yo era el menor de cinco hijos y ya tenía 19 años, no era un niño y comprendía perfectamente lo que sucedía desde hace tiempo atrás.

Mis hermanas, realmente las envidio, ellas ya se encontraban casadas y con una familia estable, bueno… lo más estable que se podía al vivir en una casa como la mía por ejemplo para educar a una familia… pero no era por eso que las envidiaba, claro que no, no estoy tan estúpido. No, yo soy amante de la soledad y en esa casa…con esos sobrinos… era imposible.

Ya estoy desvariando, la razón por que yo que envidiaba a mis hermanas era por que ya no estaban en esa jaula de locos. Habían salido a hacer su vida cada una por su lado y yo seguía allí… escuchando los gritos llenos de odio y rencor por parte de los dos que se decían llamar mis padres.

Además la escusa de los hijos ya no se las creía ni un niño de preescolar, ¿Qué creían? ¿Qué éramos sordos además de ciegos para no notar lo mucho que se aborrecían?

Todo sería más fácil para todos si se iban cada uno a un polo diferente, entre más kilómetros los separarán todos viviríamos más tranquilos. Incluso para ellos sería mejor, aunque sería excelente que dejaran de mentirse y se dijeran la verdad. Si ellos no se separaban era por que tenían miedo de quedarse solos…

…aunque siempre habíamos estado solos. Mis hermanas y yo siempre nos valimos por nosotros mismos siempre, aunque fuéramos muy pequeños ya sabíamos lo que era trabajar… mi madre nunca había sido la ama de casa que nos esperara en la cocina para hacer la tarea… claro que no.

No les reprochaba del todo esa situación, nos habían enseñado a valernos por nosotros mismos desde pequeños y que la vida no era fácil, que para ganar el dinero para llevar la comida a casa era necesario el sudor de la frente… sin embargo, el dinero siempre había bajado cosas de la lista de relevantes en la familia.

Los fines de semana que para otros eran sagrados para la familia, para nosotros era día de aprovechar en el trabajo… eran mejor pagados que los otras seis días. Dado que nadie quería trabajarlos.

Y eso nos había llevado a la situación en la que estábamos… no habíamos aprendido a convivir entre nosotros mismos. Si bien sabía que mi rol dentro de esa familia era de hijo y hermano… nunca nos habíamos comportado como tal, casi parecíamos jefe y empleados.

Nuestro trato era frío e impersonal. ¿Qué otra cosa buena podía recatarse de esa situación?

…Nada…

El matrimonio de mis padres se había restirado tanto que había terminado rompiéndose y ahora que ya no éramos unos chiquillos podíamos ver y entender que la situación que nos parecía tan normal… había sido solo el principio del fin. La punta del iceberg.

La ausencia de mi padre en casa viajando de un lado a otro durante todo el año. Perdiéndose las cosas importantes y las épocas felices. Y la indiferencia de mi madre al hablar de él cuando lo necesitábamos cerca.

Habían estado tan ocupados recolectando dinero de allí y de allá que se habían olvidado de nosotros, de sus hijos, que en ese momento éramos solo niños y que necesitábamos la presencia de nuestro padre y nuestra madre, por que a pesar de que mi madre siempre vivió bajo el mismo techo que nosotros estaba tan lejos como él.

Era triste ver en lo que podía terminar una relación… era difícil tener que aceptar que cuando todo había terminado lo único que restaba era retirarse con la frente en alto.

- Shaoran levántate – dijo la voz de mi padre quitándome las sábanas de encima. Se escuchaba alterado y furioso. – ¡rápido hijo! – me gritó.

Me quité la almohada de la cabeza y me senté en la cama. Respiré hondo antes de abrir los ojos y mirar a mi padre. Tenía la misma mirada de siempre y yo ya me sabía la dinámica.

- empaca tus cosas, nos vamos en media hora – y dictando mi sentencia salió de mi habitación.

Seguramente mi madre lo había corrido de la casa… una vez más… y yo tendría que irme con él, para así tener los dos una escusa para llamarse y quizá para mi padre volver casa… aunque yo tuviera que vivir un infierno.

Una sonrisa irónica se dibujó en mis labios… si me dieran una moneda por cada vez que escuchaba lo mismo salir de los labios de mi padre… ya sería millonario. Ya no tenía por que preocuparme por poder costearme la universidad… es más… ya ni siquiera tendría que estudiar con tanto dinero.

Movía la cabeza de un lado a otro… Siempre era lo mismo, peleaban y yo era el chivo expiatorio y… era la única carta a jugar que les quedaba a ambos… sin embargo, yo ya no era un niño.

¡Estaba harto!

Cansado de la misma situación, de que ellos no me vieran como una persona, que siente y que piensa… que solo me usaran como su comodín para intercambiarme al diablo por un momento de calma en sus planas y grises vidas.

Me cambié con la misma ropa que había usado el día anterior, no me importaba, lo único que deseaba era escapar a donde no tuviera que seguir soportando a mis egoístas padres, no quería regresar a esa casa y no quería necesitarlos nunca más.

Por que si, por más que quisiera negarlo, los había necesitado muchas veces… había deseado que dejaran de ver más allá de sus narices y se dieran cuenta de que había un alguien, una tercera persona que los necesitaba que… pero no. Nunca había tenido ni su cariño ni su apoyo.

Aunque si algo había aprendido era a ser independiente… ya no más, esta vez sería la última vez. Quizá mi padre regrese a casa… pero no con conmigo.

Ya no esperaré en vano. Esta vez estaba decidido a tomar el toro por los cuernos como debí de haberlo hecho hacía un año atrás.

"Hijo, nosotros te apoyamos en sea cual sea tu decisión, lo sabes… pero… si quieres estudiar una universidad… tendrás que pagarla tu"

Si a eso le llamaban apoyo… quería ver que era lo que lo dejaran a su suerte.

Sé que el dinero que tengo ahorrado no era mucho, y que viviendo solo… no me duraría para mucho tiempo… pero prefería morir de hambre que tener que seguir viendo pasar el tiempo frente a mis ojos y yo sin hacer nada, resignándome a un futuro negro.

- hijo – susurró una voz a mis espaldas. Estaba llorosa y resentida – ¿te irás con tu padre no es así?

- no me vengas con tus reclamos mamá – contesté dándome la media vuelta – esta es la misma situación de siempre ¿recuerdas? Te estoy dando la oportunidad de volver a hablar con él – tomé mi maleta – es como siempre lo hacen ¿lo olvidaste?

Los ojos negros de mi madre me miraron dolidos, aún más de lo que ya lo estaban a causa de mi padre.

- no me hables así Shaoran, tu no sabes lo difícil que es un matrimonio…

- no, no lo sé… y ni quiero saberlo – la reté – pensar que voy a estar en la misma situación… no quisiera deseárselo a mi peor enemigo… - no me dejó terminar el golpe que recibí en mi mejilla. Permanecí mirando el piso… tragándome la rabia y la impotencia que crecían a medida que sentía el escozor en mi mejilla izquierda.

- soy tu madre y no te permito que me hables de esa manera. ¿me escuchaste?

- Fuerte y claro – contesté con una sonrisa satírica – nunca lo he olvidado, al contrario de ustedes que se han olvidado que tienen un hijo que venden al diablo por unos momentos de felicidad – le reclamé con todo lo oscuro que llevaba invadiéndome desde que la venda se había caído de mis ojos – yo también siento y no soy un muñeco para que puedan hacerme como se les antoja – tomé mi maleta y sin mirar nuevamente a mi madre… caminé a la salida de mi habitación…

- tu padre tiene la misma culpa que yo… y aún así te vas con él…

La miré desde el marco de la puerta… ella aún miraba al vacío…

- tal vez – contesté - ¿pero esta es la misma dinámica no? Ustedes mismos la implementaron… ahora no te hagas la mártir – me di la media vuelta y me marché; sin siquiera decirle algo de mis planes. No, si a ellos no les importaba lo que me pasara… no tenía por que molestarme en aclarar que no volvería.

No había empacado demasiadas cosas, no tenía miedo de arrepentirme, no. Simplemente no quería más reclamos sin fundamento por parte de mi madre. El auto ya estaba encendido. Mi padre me miraba molesto.

- te tardaste – ladró.

Yo me callé. Las cosas ya no podían se peores, ahora no solo tenía que joderme y largarme a Timbuktu hasta que uno de mis progenitores diera su brazo a torcer si no que ahora también tenía la culpa de que llegáramos tarde.

- ¿Shao, hijo tienes novia o… algo parecido? – preguntó mi padre como si estuviera hablando del clima.

- no – contesté seco. Lo que menos necesitaba era una plática de sexo o peor aún… de "amor".

- ¿pero tú… te has…?

- "lo que menos necesito es que vengas a hablarme de amor además ¿no crees que ya es muy tarde para que te preocupes por mi a estas alturas de la vida?... si vengo contigo en este momento… no es por que quiera." – no – contesté nuevamente más seco que el desierto.

- no puedo creer que mi hijo varón no se haya cogido a ninguna fursia en su vida – contestó mi padre con una sonrisa socarrona.

No quise aclararle nada ni mucho menos seguir hablando con él. Era lógico lo que había sucedido. Mi padre entendía por amor solo al sexo y mi madre… mi madre era la mujer que menos se amaba en la faz del planeta.

Aún no podía comprender como era que una mujer podía tenerse tan poco cariño. Una cosa era decir que amaba a una persona por sobre todas las cosas pero otra muy diferente… era aceptar que su marido… aquel al que le llamaba llorando mientras le rogaba que volviera con ella… pasaba las noches despreocupado en la casa de su amante.

Disfrutando lo que las dos mujeres podían darle…

Durante mucho tiempo me había sentido como un bastardo, mi padre… nunca pasaba mucho tiempo en casa y cuando me pude valer por mi mismo y ayudarle en el trabajo en turno… me había llevado lejos de casa.

A una casa que no era la mía, con una mujer que no era mi madre. Recuerdo que siempre que mi madre llamaba… yo siempre mentía, tenía miedo de decirle la verdad, de donde estábamos… con quien estábamos… la mujer nunca me trató mal sin embargo… me daba asco pensar que ella sabía lo que hacía.

Sabía que mi padre era casado y aún así no le interesaba o no le importaba saber que estaba rompiendo un matrimonio que… no, rompiendo no, por que ya estaba roto.

Pero si causándome un asco repulsivo hacia mi padre… hacia ella…y aún más hacia mi madre…

Reconozco que circunstancias en la vida no se pueden controlar pero mi padre había jugado vilmente con mi madre, lo había hecho con toda la alevosía y ventaja de las que gozaba su mente fría pero… ¿Por qué? ¿Por qué no había hecho nada? ¿Por qué preferí guardar silencio?

Mi padre sabía que yo lo sabía pero prefería ignorarlo y a su vez yo también participaba mintiéndole a mi madre cuando llamaba a la oficina y le mentía respecto a su paradero.

Pero yo no quería decírselo, en ese entonces yo apenas tenía nueve años y creía que mis padres de verdad se amaban… ¡era solo un niño!...

Sin embargo el momento sucedió, como todo lo que sube tiene que bajar…

- llamé a la oficina – le dijo mi madre en la mesa de la cocina, estábamos cenando, mis hermanas estaban a mis lados y mis padres de polo a polo.

- estaba ocupado – se excusó mi padre cortando un trozo de carne sin siquiera voltear a verla.

Yo había estado ese día en la oficina… y no había contestado, no quería mentirle nuevamente a mi madre. Y en esos momentos lo único que quería era desaparecer debajo de la mesa.

- ¿a sí? – preguntó irónica - ¿con quien?- un sollozo se escuchó por parte de mi madre, yo seguía mirando mi plato como si eso consiguiera transportarse a otro lugar y no estar presenciando lo que quería evitar desde un principio.

Mi mamá sospechaba y no haber contestado el teléfono… había sido la prueba que ella había esperado. Él la miró sin ningún escrúpulo en sus ojos iguales a los míos.

- ¿de verdad quieres saberlo?- solo eso había necesitado. La pregunta estaba llena de un ácido humor sátiro y no podía ser más cínico con la madre de sus hijos.

Las lágrimas comenzaron a caer por los ojos de mi mamá… mis hermanas que no eran tan infantiles como yo, que no habían querido tapar el sol con un dedo también lo comprendieron y no podían creer que su "papi" fuera tan cruel.

- ¿y cuando planeabas decírmelo?- le retó a la cara con todo el aplomo que en ese momento se podía tener…

- no te lo iba a decir… - siguió comiendo - ¿para que decírtelo?

Mi madre se levantó de la mesa y gritó:

- ¡lárgate de mi casa maldito infeliz! –mis hermanas lloraban… y yo solo continuaba mirando mi plato.

Por el rabillo del ojo alcancé a ver como mi padre se levantaba de la mesa y también le gritaba a mi madre

- ¡Esta también es mi casa! ¡y es más mía que tuya! ¡sí alguien tiene que irse eres tú! – miró a mis hermanas - ¡y ustedes dejen de llorar, no son unas niñas ya!

Eso valió para que ellas guardaran silencio, yo casi había saltado de mí asiento por el grito y el terror comenzaba a presentársenos en forma de escalofríos por la espalda.

Sentía que de un momento a otro uno de los dos se mataría por el odio que destilaban sus gritos.

- ¡No tienes derecho a reclamar nada, tu has mancillado a nuestra familia! ¡Eres un bastardo, has pasado por el mundo sin pena ni gloria… solo yo fui capaz de ver al pobre diablo que eras!

De repente sentí la mano de mi hermana mayor en mi hombro, la miré con tanto arrepentimiento que ella solo me tomó de la mano y me llevó de allí.

A cada grito que seguía explotando en mis tímpanos sentía que era dirigido a mí, era yo el bastardo que la había engañado, era yo el traidor no mi padre…

No pararon de escucharse los gritos pasada la media noche… yo me quedé dormido de tanto llorar en el hombro de mí hermana a la que sin pensar le había contado todo… me miró con los ojos azules que poseía y solo me susurró:

- eras solo un niño ¿Qué ibas a poder hacer? – me tranquilizó. Pero comprendí que era no era escusa para que yo hubiera dejado que sucedieran las cosas… debí de habérselo dicho a mi madre. Después de todo ¡era mi madre!

No volví a ver a mi padre esa mañana… mi madre se veía desolada, ni el más cálido rayo de sol parecía calentarla aún así mis hermanas se desvivieran para que ella volviera a levantarse… yo guardaba silencio, sin tener el valor de mirarla a los ojos.

- Shaoran – escuché mi nombre de sus labios - ¿tú… tú lo sabías… verdad? – me dijo con su voz agónica.

Mis hermanas me miraron temerosas de lo que yo iba a contestar. Nuevamente sentía que el terror recorría mi espalda.

- contesta... por favor – me dijo nuevamente cuando no recibió respuesta de mi parte.

- … - respiré hondo y dejé de mirarla – sí…

Ella me miró sorprendida… casi al borde de la locura.

- y… ¿y por que no me lo dijiste? – se levantó del sillón donde estaba y me miraba furiosa - ¡Dejaste que tu padre me viera la cara de estúpida!

- mamá tranquilízate ¿Qué querías que él hiciera? – me defendió Fanren, mi hermana mayor. Su razón… nunca la supe. Solo lo hizo.

- ¡Cállate Fanren! ¿no lo comprendes? Este maldito hijo mío… dejó que su padre jugara conmigo hasta que se cansó.

Sentía tanto frío al ver los ojos llenos de rencor de mi madre que no podía moverme… mucho menos hablar… mis ojos me estaban ardiendo y sentía mis labios rojos… como sucedía cada vez que sentía que las lágrimas jugaban ya con mis pestañas.

Los sollozos que me tragaba hicieron que mi cuerpo comenzara a temblar… había cometido un error… lo sabía y siempre me sentiría culpable de haberlo ocultado pero… pero era mi madre… y ahora maldecía el día que me había dado la vida…

Mis ojos comenzaron a mojarse, las lágrimas ya no me dejaban ver el rostro de mi madre desfigurado por la rabia y la ira que descargaba en el traidor. En mí.

- yo no quería – susurré.

- ¡Claro! – dijo con sarcasmo - ¿Por qué no me haces un favor Shaoran y te mueres? – tenía los labios apretados y yo me sentí como la basura más grande del planeta…

¿Qué estaba haciendo yo allí? Ella tenía razón… por que no mejor facilitaba la vida de todos…

Moví la cabeza, tratando de alejar las sensaciones deprimentes y suicidas que hacía ya tanto tiempo no me asaltaban.

Durante ese tiempo no sabía identificar cual infierno era peor, si mentirle o saber que mi madre me prefería muerto… ¿Por qué me odiaba tanto? Sí, le mentí pero… no había sido yo el que la había engañado con una mujer… no había sido yo el que había regresado a casa con una sonrisa cuando ella le llamó y le rogó que volviera… no había sido yo el cínico que le dijo la verdad sin siquiera sentirse avergonzado… ¡no había sido yo!

Todo eso no me mató… pero si sirvió para que la odiara tanto como ella a mí, para que los odiara a los dos que después de que me hicieron tanto mal todavía se creyeran con el derecho de poder echarme en cara errores de los que yo no había tenido la culpa.

Él la había engañado, ella lo había perdonado a sabiendas de que él seguía haciéndolo… y a mí que me llevara el tren.


Continuará…

Sinceramente no sé que poner de notas… creo que me salió mas oscuro de lo que pensaba… espero que no les cause un shock tan grande como a mí pero no sé que decir. Espero que les haya gustado el capí sobre Shaoran y su historia y espero también sus comentarios.

Y muchas gracias por todos los reviews del capítulo anterior, de verdad me agrada muchísisisisisisimo que hayan recibido bien a mi nuevo triste fic.

Bueno cuídense y Chao!!!