¡Nuevo capitulo! Mis disculpas por la tardanza, problemas personales me impidieron actualizar pero ¡aquí estoy de vuelta! Espero que disfruten esta nueva entrega, agradezco las reviews y lecturas :D


Capítulo 2: Encuentros y desencuentros

Frieda no paró de fulminar con la mirada a Levi durante el desayuno. Sus ojos gritaban reproche y derrochaba tristeza. Historia comía su cereal con la cabeza gacha y en silencio.

-Si tienes algo que decir, dilo de una buena vez, Frieda. – Levi no le gustaba las indirectas ni ninguna clase de disimulo, prefería las cosas de frente, a calzón quitado como diría Farlan. La mirada de su hija mayor la sentía pesada como un yunque.

-No gracias. Si hablo serán mis cosas las que terminaran siendo arrojadas por la ventana – respondió con brusquedad.

- Historia ¿Tienes algo que decir? – la chica levantó la mirada al ser preguntada.

- ¿Por qué se fue papá Erwin? – sus ojos estaban irritados de tanto llorar.

-Corrección. Papá no se fue, lo echaron Hisu – respondió Frieda.

-Tu padre – alzó la voz Levi – necesita estar a solas para pensar. Tiene que tomar una decisión muy importante.

- ¿Y porque no se encerró en su despacho? Allí puede pensar a solas –se cuestionó Historia.

Levi fue franco.

-Tu padre tiene un amante.

Frieda se levantó bruscamente, golpeando la mesa con sus manos.

- ¡ESO NO ES CIERTO!

-Es verdad. La señora Zacharius me mostró pruebas irrefutables de su infidelidad, así que le di un ultimátum a tu padre: que eligiera entre su familia y su amante.

- ¡Pero no por eso tenías que echarlo como a un perro! – reclamó Frieda.

- ¿Es que te parece poco que me haya puesto los cuernos?

-Por algo habrá sido ¿no? Se vio obligado a buscar afuera lo que aquí ya no estaba encontrando.

¡PAF!

Frieda se tocó la mejilla sorprendida. La bofetada, que se esperaba que la hiciera callar, le dio bríos para escupir palabras más hirientes.

-Puedes pegarme todo lo que quieras. Eso no cambia el hecho de que no pudiste retener a papá, tu eres el culpable de que haya tenido que buscar cariño en otra parte.

-Frieda, por favor detente – suplicó Historia.

-No, Historia. Alguien tiene que decir las cosas como son en esta casa.

-No pienso seguir tolerando tu falta de respeto, me largo.

Se retiró del comedor, tomó las llaves del auto y se largó con rumbo desconocido.


Por donde mirara, había sujetos de marcada musculatura bajo sus judogis. Uno que otro le chifló a Armin.

-Oye belleza, se te cayó un papel. - le dijo uno.

Armin se volteó indignado.

- ¿Cuál papel? –preguntó con la voz más grave que pudo impostar.

-El que te envuelve, bombón – respondió el sujeto con descaro.

A la indignación de Armin se le sumó una cuota de vergüenza manifestada en el repentino sonrojo de sus mejillas. Aquello les pareció muy adorable a los sujetos del dojo.

Pero no podía quedarse callado. Creía firmemente que esos piropos eran para molestarlo y burlarse de él, tan enclenque que era, que podía ser confundido con una chica.

Repuesto del bochorno, preguntó tranquilamente:

- ¿Qué hora es?

- Primor, son las once.

-Chúpalo entonces.

Acto seguido, huyó. Porque soldado que arranca sirve para otra guerra. Oía a la distancia las carcajadas simiescas de esos tipos.

Jadeando llegó a la recepción. Una muchachita de flequillo tupido lo recibió.

-Bienvenidos al dojo de Leonhardt sensei. ¿Qué se le ofrece?

-Emmm… busco al señor Leonhardt.

-No se encuentra en estos momentos. Pero yo puedo ayudarlo con gusto, señor…

-Arlert. ¿En verdad trabajas aquí? Pareces muy joven…

-Estoy en entrenamiento. Soy la hija de Leonhardt sensei.

- ¿Annie? – el rubio recordaba que Eren le comentó que la hija del dueño y entrenadora de Mikasa era de su misma edad.

- ¡Zofia! – exclamó una mujer de cabello negro, la verdadera recepcionista.

- ¡Mina! Estaba atendiendo al cliente. Todo tuyo.

-Discúlpeme, tuve una emergencia que atender. ¿Viene a inscribirse a alguna clase?

-De hecho, me gustaría solicitar clases particulares de defensa personal. Me contaron que tienen este servicio…

- ¡Por supuesto! Mire, aquí tenemos los horarios disponibles a los que se puede inscribir.

-Bien, me interesa el de las siete de la tarde.

-Con Annie. Muy buena elección, señor.

-Todavía está a tiempo de arrepentirse, señor Arlert – intervino Zofia – solo los masoquistas se matriculan con mi hermana.

- ¡Zofia por favor! No le hagas mala fama a Annie.

-Si es capaz de ayudarme a deshacerme de los brayans y los viejos lesbianos, mantengo mi inscripción.

-Entonces es la indicada para usted- afirmó Mina – Ahora necesito sus documentos para formalizar la matrícula.

-Oh, de acuerdo – el joven revolvió entre sus cosas, en medio del caos que era su bolso.

- ¡Hey, se te cayó un papel! – señaló una voz autoritaria.

"Aquí vamos de nuevo" el rubio rodo sus ojos con fastidio. Tomó aliento.

-Sí, si es el papel que me envuelve porque soy un bombón. ¿Es que en este dojo se ponen de acuerdo para proferir los mismos piropos? – replicó con impaciencia.

-Se te cayó la hoja de inscripción, "bombón"

Si antes Armin se había sonrojado, esta vez se puso lívido. Tenía frente a si a una mujer de baja estatura, pero de fuerte presencia, vestida con pantalón de buzo y un enorme bolso deportivo.

- ¡Hermanita! Ahí tienes a tu nueva víctima, digo, a tu nuevo alumno.

Annie lo observaba de arriba abajo y desde todos los ángulos. Eso mantenía nervioso a Armin, que se avergonzaba de su cuerpo flacucho.

-Tendremos mucho que hacer contigo.

Armin asintió, cabizbajo y consiente de su inferioridad física.

-Pero te garantizo que al final le patearas el trasero a todos esos imbéciles del dojo que te acosaron. Nos vemos el martes… Armin – le tendió el papel que efectivamente se le había caído. Se retiró a los camerinos, sin antes palmearle la espalda a su futuro pupilo.


Farlan miraba aburrido los lomos de los libros que estaban a la venta. Nunca ponía un pie en la librería si podía evitarlo, pero hizo el esfuerzo por su amiga Hange. Mañana cumpliría su vuelta al sol y como la abogada es una fanática de la lectura, supo de inmediato donde encontrar el regalo perfecto.

No se imaginó que iba a ser tan difícil encontrar el libro indicado. No tenía ni la menor idea de que llevar. Se decidía por uno y luego se retractaba de su elección porque a lo mejor ya tenía ese libro, o no le gustaba el autor o no le interesaba el tema… y así se pasó media hora mirando fijo el estante sin decidirse por ningún libro.

Notó que, a su lado, un hombre alto con su cabello atado en una descuidada coleta sacaba sin titubear un libro de la misma repisa que estaba mirando. Farlan lo envidiaba, era evidente que el hombre sabía lo que quería y donde encontrarlo. Pero otra cosa le llamó la atención… esos rasgos, ese color de ojos le eran muy conocidos y muy queridos…

- ¿Eren? ¿Eren Jaeger?

Esos ojos verdes, inconfundibles, se abrieron con sorpresa.

- ¡Farlan Church! ¡Hombre, no has cambiado nada!

-A ti la pubertad te pegó fuerte, Eren.

-Que sorpresa. Este es el último lugar que esperaba encontrarte. Odiabas las librerías antiguas.

-Y lo sigo haciendo, tranquilo. Solo el enorme cariño que le tengo a una amiga hace que esté aquí a pesar de mi alergia al polvo.

- ¿Alérgico al polvo? Yo te creía adicto a él. ¡Cuántos ligues te habré conocido yo!

- ¡Tonto! Sabes bien a lo que me refiero.

- ¿Qué buscas exactamente?

-Ese es el problema. No sé muy bien qué libro le puede gustar a mi amiga.

-Cuéntame como es ella y te diré que libro debes regalarle.

Farlan le contó a grandes rasgos como era Hange haciendo énfasis en su personalidad excéntrica. Eren se tocaba pensativo la barbilla.

-Emmm… con esas características, ya veo porque no te has decidido aún. La tienes en tus redes sociales, me imagino. Muéstrame su perfil.

Tras examinar las publicaciones, los likes, los menjaja y los meencorazona de la abogada, Eren llegó a una conclusión.

-Aquí no encontraremos el libro perfecto para tu amiga. Yo sé el lugar exacto donde puedes comprarle un libro que le fascinará.

-Llévame allí, pues.


- ¿Esto es en serio? – preguntó Farlan, para cerciorarse que esto no fuera una broma. Estaban frente a un sex-shop.

-No, tonto. Es la otra tienda.

- ¿¡Esto es en serio?! – volvió a cuestionar con mayor incredulidad. Estaban frente a una tienda de manga especializada en…

- ¿Yaoi?

-BL suena más elegante – repuso Eren.

Entraron a la tienda, Farlan con muchas dudas y Eren muy seguro de su idea.

Miraron todos los títulos que la librería ofrecía. Farlan se mostraba menos agobiado, la ausencia de polvo ayudaba mucho en eso.

-No me vas a creer, pero reconozco muchos de esos dibujos. – sacó un tomo edición kanzenban. Su cara se iluminó de repente. – Ya sé que regalarle a Hange. Voy a quedar como rey con esto… aunque Moblit se escandalice con ello

Sin titubear sacó una edición de lujo de un manga que sabía que Hange amaba en secreto. Sin escatimar en gastos pagó la suma que pedían por él y se fue con una sonrisa de satisfacción. Sería el mejor regalo de la velada, por lejos.

-Eren me has salvado, en serio. Te ganaste un trago del mejor sake de la ciudad. ¿Aun te gusta el sake?

-Hace tiempo que no lo tomo.

-Vamos, yo te invito. Queda a algunas calles de aquí.

Los dos hombres se sentaron a la barra, una chica de cabello negro y ojos adormilados les preguntaba que iban a consumir.

-Dos vasos de sake, por favor – pidió Farlan.

Eren miraba a su alrededor. Había muchos detalles de la decoración que llamaban su atención.

-Me parece que mi amigo Armin me hablo de este lugar alguna vez. Tienen días temáticos o algo así – comentó el periodista.

-Y estamos en el día donde los licores exóticos están a precio rebajado.

-Salud por eso – Eren alzó su vaso y bebió un trago. Farlan imitó su gesto.

Hablaron de temas triviales, como eran sus vidas actualmente, se ponían al día sobre sus conocidos en común y a medida que la botella de sake disminuía en volumen, las confidencias entre el par aumentaban.

-Así que al final te casaste con Reiner y tienes una hija.

-Y ahora estoy felizmente divorciado. Reiner se ha encargado de hacer que lamente el día que le propuse matricidio. Se las ingenia de mil y una maneras para sacarme dinero y aun encuentra tiempo para criticarme como padre. Que soy permisivo, que soy mala influencia, que la mal alimento. Es mi culpa cuando me citan a la escuela porque Gabi se peleó con medio curso, pero claro, cuando la niña gana medallas deportivas en el torneo escolar, el mérito es de Reiner.

-Ese Braun es un estúpido, sí señor. Mira que cambiarte por otro con lo bueno que estas Eren. No me canso de decírtelo, la pubertad hizo un buen trabajo contigo. ¿no estás en pareja ahora?

-La traición de Reiner me caló hondo. No me siento con la confianza suficiente para iniciar una nueva relación, tengo el corazón maltrecho. – suspiró quedamente.

-Dejemos este tema, hay algo que he querido preguntarte desde que nos encontramos, ¿Cómo está Isabel? Perdí contacto con ella unos años después de que egresamos de la universidad y me fui al extranjero.

-En esos años, mamá murió, Is se deprimió muchísimo. Fueron días muy duros para nosotros.

Farlan estaba conmocionado ante esa revelación. Sus ojos celestes se aguaron.

-Lamento no haber estado allí para ustedes –

-Tranquilo, no te guardamos rencor. Is no quería arruinar tu estadía en el extranjero.

-Típico de Is, sobreprotegiéndome. Y hablando de sobreprotección ¿Cómo está Mikasa?

-Se fue a vivir con el cara de caballo muy lejos de aquí – respondió Eren, demostrando con gesto lo desagradable que le parecía la situación de su hermana.

-Nooo… ¡no lo puedo creer! ¡Kirschtein salió de la friendzone! ¡Ídolo! ¡Maestrazo! – aplaudió el rubio.

-No celebres tanto. Creo que Jean le hizo un amarre o le dio agua de calzón a Mika, de otro modo no se explica semejante atentado contra el buen gusto.

-Si Kirschtein se anima a patentar su método para salir de la friendzone, se haría rico. Me tienes que dar su número, el de Is y el tuyo. No quiero volver a perderles la pista.

-Descuida, me tendrás que soportar de aquí en adelante. A mí y a Is.

Farlan saca su teléfono para registrar los números de Eren, Jean, Mikasa e Isabel. Su semblante cambió uno de decepción.

- ¿Qué pasa? –preguntó Eren preocupado ante el brusco cambio de humor.

-Me cancelaron. ¡A mí, a Farlan Church! –un mensaje de su conquista de turno le informaba que no podría acompañarlo a la fiesta de Hange - ¡Y la fiesta es mañana!

-Terrible. Tomemos. –empinó el brazo para tomar un largo trago de sake.

-No es gracioso, Eren. ¿Qué dirán cuando me vean llegar solo? Estuve toda la semana hablando maravillas de la persona que me iba a acompañar, no puedo ir con las manos vacías.

-Pues pídele a alguien más que te acompañe – sugirió Eren.

- ¿En dónde voy a conseguir a alguien a esta…

Farlan se detuvo a mitad de frase. Solito se había respondido. Miró a Eren con otros ojos.

-Eren… se bueno y acompáñame ¿sí? –trató de poner su mejor cara de gato con botas.

-No conozco a nadie además de ti… no sé… además, ¿Dónde conseguiré un regalo a esta hora?

-Tú me ayudaste a escoger el regalo perfecto para mi amiga, compartiremos el crédito.

-No lo sé, Farlan… no quiero sentirme como un intruso.

-De eso no temas, Hange es muy sociable y ya te la ganaste con el manga que le daremos. ¡Vamos, anímate! Ese cumpleaños necesita una cuota de diversión y locura.

- ¿Es que no les basta contigo?

-Esta celebración la está organizando el marido de ella y conociéndolo, invitará a gente del bufete. Imagínate estar encerrado, departiendo solo con abogados, que solo hablaran temas del trabajo, en una jerga que solo ellos entienden. ¡Dios, me aburro de solo imaginarlo! Y como guinda del pastel, tener que soportar al imbécil de Erwin Smith… con lo arrogante y antipático que es.

- ¿Conoces a Erwin Smith, el abogado? –El hombre al que trató de contactarse por todos los medios habidos y por haber estaba a una fiesta de distancia.

-Por desgracia, sí. Es el jefe y amigo de Hange y el marido de mi mejor amigo y casi hermano– dijo, casi escupiendo la palabra "marido".

-En honor a nuestra antigua amistad, iré contigo- cedió Eren.

-Te acabas de ganar otra botella de sake.

Eren no se imaginaba que iba a ganar muchísimo más que eso en esa velada que cambiaría su vida por completo.


Era común en los niños de su edad admirar a los youtubers y tratar de ser como ellos. Gabi Braun no era ajena a esa fiebre y junto con su amiga Zofia estaban dando los primeros pasos para alcanzar la fama en las redes sociales. En los recreos, las dos amigas se reunían y pensaban en el contenido que tendría su canal. No pretendían hacer lo típico que harían chicas preadolescentes como tutoriales de belleza. Cantar tampoco era una opción: intentaron cantar una canción de sus idols coreanos, pero su padre Reiner creyó que estaban invocando el diablo y les prohibió que hicieran eso.

La inspiración llego en el lugar menos pensado: el supermercado. El altercado con el señor bajito le proporcionó un buen material para lo que sería su primer viral. Gabi y Zofia estaban decidiendo la música que acompañaría el video en casa de la primera, riéndose del resultado. Sus risas fueron interrumpidas por la voz d un muchacho que se asomaba por la puerta.

-Gabi…

- ¿Qué quieres Udo? Con Zofia estamos muy ocupadas.

-Papá dice que desocupes la computadora y bajes a cenar.

-No podemos, estamos haciendo una tarea que es para mañana -mintió Gabi.

- ¿En YouTube? -Udo sonaba escéptico.

-Sip. En casa de MI papá Eren veo a Julio Profe para estudiar matemática, así que dile a TU papá que Zofía y yo no vamos a bajar.

Ambas chicas retomaron su trabajo habiéndose marchado Udo, pero no duró mucho su ausencia: volvió a asomarse por la puerta.

-Dice Papá que si no bajas le dirá a papá Reiner que no quieres comer y que no obedeces.

Gabi frunció el ceño.

-El kilometr… digo, el señor Bertholdt no es mi papá así que no tengo porqué hacerle caso. Me agrada, pero eso no le da derecho a, déjame terminar Zofia – le dijo a su amiga que le zamarreaba el brazo - no le da derecho a decirme lo que tengo que hacer, porque no es mi maestro ni mi… ¡papá!

Zofia estaba tratando de advertirle a Gabi que su papá había llegado hace u minuto para que no siguiera hablando de más.

- ¡Gabriella Braun! ¿Oí bien o me parece que estas desautorizando a Bertholdt? – cuestionó Reiner.

-Con Zofia estamos en algo muy importante y no podemos bajar a cenar hasta que esté terminado.

-Bertholdt dijo que bajaras a cenar y eso vas a hacer. – dijo Reiner con voz firme.

-Lo haré solo porque tú me lo ordenas papá. Vamos Zofia. Hizo el ademán de levantarse para ponerle fin a esta conversación, pero Reiner no había terminado de decir todo lo que tenía que decir.

-Aguarda, muchachita. ¿No piensas hacerle caso a Bert si no estoy yo?

-No pienso permitir que se tome atribuciones que no le corresponde. – contestó Gabi.

-Derecho… atribuciones… no son vocabulario de una chica de doce años… ¡Eren te está metiendo esas ideas en la cabeza! Quiere ponerte en contra de Bert. ¡Es un manipulador!

- ¡No es cierto! - gritó Gabi. – ya no soy una niñita papá. Puedo pensar por mí misma.

-Eren odia a Bert y está haciendo que tú lo odies también. No lo pienso tolerar más. No irás este fin de semana donde Eren, te quedaras aquí con nosotros. Iremos a pasear los cuatro, o cinco si invitas a Zofia y pasaremos tiempo de calidad como familia.

- ¡No! ¡Tú quieres que me olvide de papá Eren para reemplazarlo por el kilómetro parado!

- ¡Gabriella! ¡No le faltes el respeto a Bert! – Reiner alzó la voz.

- ¡Tú no me faltes el respeto a mi obligándome a jugar a la familia feliz! -gritó Gabi al borde de las lágrimas. Le fastidiaba que su padre la siguiera viendo como a una niñita pequeña que no puede tomar decisiones. Odiaba que la subestimara.

Tomó su morral y se largó. Zofía tomó sus cosas rápidamente y fue tras ella, para evitar que cometiera alguna tontería.

- ¡Gabriella Braun, vuelve aquí AHORA! ¡Gabriella! ¡GABRIELLA!

No obtuvo respuesta.


La alegría de Hange al abrir la puerta y ver allí a su queridísimo Levi era indescriptible. No contaba con su presencia para su cumpleaños, no después de saber que Moblit cometió la torpeza de invitar a Erwin.

-Eres mi amiga Hange. El hecho de que esté Erwin no me va a impedir compartir este día especial contigo.

Hange lo abrazó con tanta energía que llego a levantarlo del suelo.

- ¡Te estás sacrificando para estar aquí conmigo! ¡es lo más bello que alguien pudo haber hecho por mí! Me siento privilegiada. Gracias, gracias, Levi.

-No me agradezcas tanto, anteojuda. No se cuanto pueda aguantar escuchando a esos leguleyos que tienes por compañeros ¿Es que tu marido no pudo escoger algo más a propósito para aburrirnos?

-No seas exagerado Lev. – dijo Hange, bajándole el perfil a lo dicho por su amigo.

-No estoy exagerando y lo sabes. Una fiesta con ellos es como ver el canal del Senado. ¡Aburrido!

-Tranquilo y confía en que Farlan evitará que eso suceda. Estuvo hablando maravillas de su nueva conquista, me aseguró que es un tipo interesante y divertido, el alma de las fiestas.

Levi bufó.

-Farlan lo único que hará será comerle la boca a ese sujeto toda la noche, estará muy ocupado para evitar que esto se convierta en aburridolandia. Oi, ¿Me estás escuchando?

Hange había dejado de prestar atención para leer un mensaje reciente.

-Malas noticias, le cancelaron a Far. ¡Ah! Pero va a llevar a un viejo amigo suyo que es mil veces mejor que el desertor.

-Genial, ahora seremos tres los que nos aburriremos como ostras.

-Eres un pesimista.

-No. Soy un optimista informado.

-Bueno señor "optimista informado", ¿no vino aquí a ayudarme a decorar?

-Manos a la obra, nos quedan un par de horas para que lleguen los invitados.


Eren y Farlan estaban llegando con retraso a la casa de Hange a causa de una emergencia parental. El periodista encontró a su hija sentada a la puerta del departamento, con expresión triste y los ojos enrojecidos. Una vez dentro, Gabi le contó la pelea que tuvo con Reiner.

-Papá no quiere que pase el fin de semana contigo porque quiere que pase más tiempo con el kilómetro parado, digo, el señor Hoover y cree que tú me estas manipulando para que lo odie.

-Hija, tú sabes que siempre te he alentado para que pienses por ti misma y no ser como el ganado. Odio al jirafon, no lo voy a disimular, pero quiero que entiendas que no estas siendo desleal conmigo si te llevas bien con él.

-Pero no quiero que el señor Hoover sea mi papá, ya te tengo a ti. Papá Reiner quiere que te reemplace y no estoy de acuerdo con eso. -protestó Gabi.

-Escucha Gabi. Siempre seré tu papá y nadie, ni siquiera Reiner va a cambiar eso. Haremos esto: iremos a hablar con él y tú te disculparas con el palote. Sin peros – añadió Eren ante los gestos de negativa de su hija.

Ambos, en compañía de Farlan, partieron a la casa que hasta hace un año compartían. Gabi se disculpó con la pareja de su papá y se encerró en su habitación. Eren advirtió a su exmarido que, si intentaba cortar el régimen de visitas sin consultárselo, lo demandaría a los tribunales.

-Cada día es más difícil lidiar con Reiner, Far. Le molestó mucho que Gabi recurriera a mí, pero no es mi culpa que la siga tratando como a una niña de seis años. No se ha dado cuenta que Gabi necesita ser escuchada. ¿Por qué me miras de esa manera?

Farlan acababa de estacionarse y miraba divertido a Eren.

- ¿Dónde está ese muchacho impulsivo, que se madreaba con todo el mundo y pasaba metido en problemas?

-Ese muchacho reencarnó en una niña llamada Gabi Braun Jaeger.

Farlan lanzó una carcajada.

-Nunca imaginé este nivel de madurez en ti, sin ofender. -comentó el rubio.

-Maduré a golpes, Farlan. La muerte de mamá, el nacimiento de Gabi y bueno, también fui a terapia. -respondió con simpleza.

Farlan tocó el timbre.

-Oi, ¿Estas son horas de llegar? – se quejaba Levi, que hacía las veces de portero- ¡Tarzán anoréxico! – exclamó a reconocer al sujeto del supermercado.

- ¡Pitufo gruñón! – respondió Eren de vuelta.

- ¿Ustedes se conocen? – interrogó Farlan.


En el hogar de los Berner se respiraba elegancia y sobriedad. Los escogidos invitados vestían trajes de marcas costosas que podrían alimentar a una familia entera por un mes. Con sendas copas en la mano, debatían sobre temas de actualidad y del trabajo.

Eren miraba su atuendo: jeans negros, bototos negros y una sencilla camisa blanca suelta y con los dos primeros botones desabrochados. Con eso era suficiente para que esos elegantes lo miraran como miraba Miranda Priestley.

-Esto parece como si la tele me hubiera succionado y escupido en el canal del Senado. -comentó Eren.

Levi se sorprendió. Lo mismo le había dicho a Hange. Le alegraba saber que alguien más percibía la fiesta de la misma manera que él, no podría ser tachado de exagerado.

Hange se salió del círculo de los abogados y fue a recibir a los recién llegados.

- ¡Al fin llegaste Farlan! Como te haces esperar, hombre – le estrechó la mano con afecto. Luego se fijó en su acompañante y le sonrió. -Preséntame a tu amigo, Far.

-Hange, él es Eren Jaeger, el hermano menor de Isabel y un gran amigo mío.

-Bienvenido Eren, siéntete como en casa.

-Un momento, ¿Eres pariente del macaco? -interrogó Levi ante la mención del apellido Jaeger. Estaba dispuesto perdonarle por lo del Mr. Musculo por compartir la misma opinión sobre la fiesta, pero si resultaba ser pariente del noviete de su hija…

-Oiga, ya le dije que mi nombre es Eren, no tiene por qué seguir con el apodo de Tarzán.

-No Eren, así llama Levi a su "yernito" Zeke Jaeger. -explicó Farlan. Eren hizo una mueca de incomodidad que solo Levi percibió.

-No tengo parientes con ese nombre. Toda mi familia se reduce a mis hermanas y mi hija.

- ¿Alguien dijo hija? – saltó Moblit al oír esa palabra. Deseaba con todo su corazón tener un retoño. Hange puso los ojos en blanco, ese tema la tenía fastidiada.

-Mi esposo Moblit. Iré a traerles una copa.

- ¿Me haría el favor de prestarme un esmoquin también? -soltó Eren.

A Levi se le escapó una risilla, lo suficientemente audible para detener la conversación de los abogados. Uno rubio lo miraba con reproche, como si hubiera cometido una falta a la etiqueta.

Hange río ante la ocurrencia.

-Eren, estas bien así vestido.

-Aunque desvestido se vería mucho mejor. -dijo Farlan con el descaro propio de él. Eren se ruborizó como un chiquillo. A pesar de mostrar un desplante y seguridad en el trato con personas, era tímido respecto a los cumplidos.

-Vengan pues, tomen asiento – invitó el dueño de casa. -Me tienes que contar sobre tu hija, Eren. – tomó asiento a su lado.

Los recién llegados saludaron a los invitados. El rubio que miró feo a Levi le soltó un comentario insidioso a Farlan.

-No sabía que te iban los jovencitos, Farlan. ¿No me digas que te las das de sugar daddy? – los abogados rieron a coro.

- ¿Y si fuera así, que tiene de malo? – espetó Eren. No le gustó el tono que usó el hombre ni el propósito, que era incordiar a su amigo.

-Solo decía – respondió el hombre encogiéndose de hombros.

- A Farlan ya lo conocen – dijo Moblit. -Él es Eren Jaeger, un viejo amigo de Farlan.

- ¿Eres pariente de Zeke? – preguntó el tipo rubio.

-No conozco a ningún Zeke, señor…

-Smith.

Hange les trajo copas de vino y Moblit acaparó al periodista con preguntas sobre su hija. Luego llamaron para cenar.

La charla en la mesa la dominaba Erwin Smith. Estaba acostumbrado a ser escuchado por una audiencia interesada. Entre bocados y elogios de los platillos, se charlaba sobre temas jurídicos, quedando excluidos de la conversación Farlan, Eren y Levi. Hange hacía esfuerzos por incluirlos, sin éxito. Sin embargo, la apertura la dio el mismo Erwin.

- ¿A qué se dedica, Sr Jaeger?

-Soy periodista de la emisora Trost, sr Smith.

-Trost… Trost… ¡Ah! Esa es la radio que llamaba todos los días pidiendo una entrevista contigo, Erwin – acotó Moblit.

-Yo era el de las llamadas. – dijo Eren.

- ¡Que insistente! – espetó Erwin.

-Prefiero el término perseverante.

-No se le ocurrirá entrevistarme aquí – le advirtió el abogado.

-Descuide señor Smith, no soy de los que se llevan el trabajo para la casa.

-Ya veo – Erwin no era tonto, sabía que esa respuesta era una indirecta dirigida a él, que se había dedicado a charlar temas de oficina durante la velada.

La festejada sopló una cantidad de velas que no revelaremos aquí, embarró su cara en el pastel por obra y gracia de Farlan Church. Llegó Levi a su rescate y limpió su rostro, este no toleraba la suciedad.

Erwin había quedado picado por la indirecta de Eren y cuando volvieron al salón, le lanzó un dardo, esperando con eso bajarle esos humos.

-Debe ser sencillo su trabajo si tiene tiempo para dedicarle a su hija señor Jaeger. -dijo Erwin tras escuchar lo que contaba Eren a Moblit sobre las veces que trasnochó con Gabi por jugar al Fortnite.

-No crea, señor Smith. Tengo la misma jornada laboral que todo el mundo, pero como padre que soy, es mi deber tener tiempo para dedicarle a mi hija, aun si tengo que inventar horas para estar con ella.

- ¿Y puede rendir en su trabajo con tanto trasnoche? -Erwin no compartía el método de crianza del periodista.

- ¿No es prueba suficiente acaso el hecho de que haya llamado sagradamente a su bufete todos los días? – respondió Eren con otra pregunta.

-Llamar no cuesta nada, hasta un niño lo puede hacer.

-Concuerdo. En lo personal, el trabajo más duro no es el suyo en el bufete ni el mío en la emisora, sino que es el de dueño de casa. Trabajas 24/7 y no te pagan por ello.

-No te dan las gracias, no reconocen el esfuerzo y las vacaciones no existen. – añadió Levi.

Sintió la necesidad imperiosa de pararle los pies a Erwin, quien se estaba ensañando más de la cuenta con el periodista. Aun guardaba un poquito de rencor a Eren por raptarse a su amado míster Musculo, sin embargo, nunca había conocido a alguien que se opusiera abiertamente a Erwin ni que se defendiera hábilmente de los ataques de este. Admiraba que pudiera expresar con convicción sus opiniones a pesar de su juventud. Sintió un calorcillo en el cuerpo cuando notó que había alguien que valoraba el trabajo no remunerado de los dueños y dueñas de casa.

-Si, eso puede ocurrir – concedió Erwin, quien acusó recibo de la indirecta de Levi – más por otra parte, los dueños de casa no tienen que cumplir horarios, lidiar con el tráfico, ni rendirle cuentas a nadie y si tienen servicio doméstico, ni siquiera tendrían que mover un dedo para mantener una casa. Además, no se requiere un esfuerzo intelectual para hacerlo, mejor dicho, no se realiza ningún esfuerzo intelectual.

Golpe bajo.

Levi lo sintió como una cuchillada al corazón. Su exmarido lo estaba humillando, lo estaba tratando de estúpido delante de todos sus amigos y conocidos. Nunca se había atrevido a tanto. Lo peor es que todo el mundo se dio cuenta del trasfondo de las palabras de Erwin y no hallaban que decir para salvar la situación. Levi tiritaba y hacia enormes esfuerzos para no llorar de rabia.

¿Es que nadie saldría en su defensa? ¿No se daban cuenta que lo que hizo Erwin estaba mal? Miró a Farlan. Bullía de indignación, pero no le salían las palabras. Hange se tapaba los ojos y negaba pesarosa con la cabeza.

- ¿Usted le llama esfuerzo intelectual el aprenderse unos cuantos conceptos de un libro y repetirlos como perico delante de un juez? Eso no cuesta nada, hasta un niño lo puede hacer – contestó Eren parafraseando algunas palabras dichas por el abogado. Si en algo no había cambiado era el no poderse quedar callado ante las injusticias y la soberbia de los poderosos.

Silencio tenso. Alientos contenidos. Luego la risa a bocajarro de Farlan que distendió el ambiente.

- ¡ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Eren: 1 – Smith: 0!

Levi se retiró discretamente y se perdió la apertura de regalos. Salió al jardín a rumiar su pena con un cigarrillo por toda compañía.

Oyó crujir la gravilla.

-Márchate, quiero estar solo Farlan. No insistas.

-Soy Eren.

El periodista se acercaba lentamente con una ¿chancla? en la mano. Se la tendió a Levi.

- ¿Qué significa esto? – el hombre no entendía nada.

-Allá adentro te insultaron muy feo. Limpia tu nombre golpeando al cejón con esta chancla.

-No puedo, aun es mi esposo.

- ¡Aun es tu esposo! -Eren estaba incrédulo. Se sacó rápidamente uno de sus bototos y se lo ofreció a Levi. -La falta es más grave entonces. Tome, son con punta de fierro.

- ¡No pienso pegarle!

- ¡Vamos! Usted me pegó por menos que eso, no se haga el mojigato.

-Aun no le perdono por lo del desengrasante.

- ¡Qué rencoroso! Y yo que le ofrezco mi humilde calzado…

-Usted es un llorón, Eren Jaeger.

- ¿Me va a perdonar si lo compensó con muchos Mr. músculos que está en oferta en cierto outlet que conozco?

-Suena tentador…

-No lo piense más. Intercambiemos números y así coordinamos un día para ir a comprar.

-Está bien.

Luego de registrar sus respectivos números, Levi preguntó:

- ¿Por qué me defendiste?

-Porque conozco de primera fuente lo difícil que es ser dueño de casa. O sea, no es nada fácil que te veten de cinco supermercados y quedar detenido en uno de ellos… ¡auch! -Levi l dio un chanclazo en la espalda. - ¿Por qué me pegas?

- Tú me diste esta chancla ¿Es de Moblit?

-Mi error. Mi mamá, que en paz descanse, se consagró a nosotros – se confesó Eren -no trabajó por cuidarnos, presencié sus desvelos, su esfuerzo por darnos comodidades, el cariño y el apoyo que nos brindaba, como arreglaba los problemas del mundo con una sopa de pollo. Sin ella, no sería el hombre que ahora soy.

-Vaya…

No alcanzó a decir nada más, pues Farlan los estaba llamando. Levi estaba reticente por entrar hasta que la mano de Eren agarró la suya y lo hizo entrar en contra de su voluntad.


Sin la presencia de Erwin, quien estaba recibiendo una reprimenda por parte de Hange, los otros abogados colegas de Moblit se mostraron amistosos más dispuestos de conversar otros temas que no fueran del trabajo.

Levi aún se mostraba cabizbajo, después de todo, todavía guardaba sentimientos por Erwin. Largos años de matrimonio no se borran por una crisis, que esperaba sortear para volver a ser la familia de siempre. Ese era le tenor de los pensamientos de Levi, quien no departía con los demás, limitándose solo a escuchar y beber.

-Erwin te espera en la biblioteca -le comunicó Hange.

-Voy.

Subió las escaleras con deliberada lentitud. Su todavía esposo estaba de pie hojeando un libro (o fingiendo que lo hacía). Lo cerró apenas Levi cruzó el umbral.

-Hange me señaló que te ofendieron mis palabras. Nunca fue mi intención desvalorar tu labor en la casa, me consta tu dedicación – se pasó el cabello de la frente entre los dedos - ¡Ese periodista que me sacó de mis casillas!

-Él solo estaba dando su opinión, Erwin. Además, tú te lo buscaste.

-Más encima lo defiendes.

-Lo estabas provocando y lo sabes. No esperabas que fuera capaz de responderte.

-Como sea. Solo quiero ofrecerte mis disculpas.

-Dime una cosa, Erwin. ¿Ya tomaste una decisión? -Levi temía y ansiaba esa respuesta a partes iguales.

-He meditado el asunto y he concluido que nuestro matrimonio no da para más…

-Yo creo que todavía se puede salvar. -refutó Levi - Llevamos muchos años casados, tenemos dos hijas, una historia en común ¿Es qué nada de eso vale para ti?

-Claro que vale, Frieda e Historia no dejarán de ser mis hijas.

-Entonces ¿No quisieras darle una oportunidad a nuestra familia por ellas? -interrogó Levi con voz suplicante.

-Lo llevo haciendo hace años, Levi. Pero ya no más. No puedo continuar con esta farsa, no está bien ni para ti ni para mí.

- ¿Por qué lo das todo por perdido? -Levi estaba al borde del colapso.

-Porque ya no te amo.


Uno de los sueños de juventud de Eren era el convertirse en cantante. Su testarudez y perseverancia lo llevaron a crear una banda de heavy metal llamada "Rogue Titan" durante su adolescencia. Participó en muchas batallas de bandas y ganó varias de ellas hasta que la realidad, encarnada en la figura de su padre, borró de golpe sus aspiraciones artísticas. Su progenitor quería que se convirtiera en medico como el, a lo que Eren rechazó con desdén, no quería que nadie le dijera como vivir su vida. Ponía los ojos en blanco cada vez que Grisha realizaba odiosas comparaciones con su medio hermano, un estudiante ejemplar de medicina, un hijo que escuchaba los consejos de su padre y respetoso de su figura paternal.

El convertirse en papá muy joven y el estudiar una carrera diametralmente opuesta a medicina, enfriaron las relaciones entre padre e hijo. Grisha ya no esperaba nada de su hijo menor, perdió todas las esperanzas con él. Prefería fingir que Eren no era nada suyo pues tenía vergüenza en admitir que fracasó en su educación.

En esa fiesta de cumpleaños Eren recordó ese sueño de juventud. Con Farlan volvieron a revivir la vieja costumbre de cantar karaoke en casa de Hange, unas copas en el cuerpo ayudaron que los invitados se desinhibieran.

Por ello, mientras Erwin y Levi mantenían una importante conversación que decidiría el futuro de su unión conyugal, el cantico de Eren rompió con el ambiente de solemnidad.

- ¡No te enamores de mí, Nooo Nooo Nooo no, no te enamores de mí, noo noo, no no, tu corazón puedo partir, noo noo noo noo!

A Levi le tiritaba la vena de la sien. La charla más importante de su vida siendo interrumpida por unos alaridos de borracho. Se disponía a hacer callar al periodista a golpes, pero la voz de Erwin lo detuvo.

-Quiero el divorcio.


Levi estaba secuestrado en la casa de su amiga. La muy desgraciada le escondió las llaves de su auto arguyendo que en semejante estado emocional no podría manejar y nada de lo que le dijo -incluida amenazas- la convenció de lo contrario.

Así que, sentado enfurruñado en un rincón, miraba como el resto hacia el ridículo destrozando canciones con saña. Rechazó varias copas e invitaciones para cantar, no tenía ánimo para nada.

Unos de los abogados compañeros de Hange, con la corbata en la cabeza a modo de bandana propuso jugar a verdad o reto. Levi chasqueo la lengua a modo de desprecio. ¿Desde cuándo una fiesta de gente adulta se convirtió en desenfreno juvenil? Sorprendido quedó cuando todos los demás secundaron la idea con entusiasmo.

-ioo elijjo verrdah -dijo la cumpleañera- en la escuela me gustaba espiarrr a mizz compañeros mientras se daban amorsh en el gym ¡salud! -tomó un trago al seco.

- ¿Eremm, que elijes tu? -preguntó Farlan.

-Reto, eso es obvio.

-Te reto a que le dé zum beshito a Levi que ta triste porque lo acaban de dejarsh -sentenció Hange.

- ¡A mí no me metan en sus estupideces! ¡Me rehúso a participar! -exclamó Levi.

- ¿Y si te invito a una copa y me acerco a tu boca? Si te robo un besito a ver ¿te enojas conmigo? -recitó Eren, invadiendo su espacio personal y tratando de seducir a su compañero de reto.

- ¡Suficiente, me largo!

-Tengo tus shaves, enaniiin -acotó la ebria Hange.

-Me iré caminando.

-No, no, no, es muy peligroso. Far, préstame las llaves -pidió Eren. Las agarró del aire y se fue detrás del enojado Levi.

- ¡Hey, espera!

-Aléjate o no respondo de mí. -amenazó el más bajo.

-Tranquilo, vengo en son de paz. Te daré aventón para tu casa -dijo haciendo tintinear las llaves.

Suspiró. Era mejor que destrozarse los zapatos.


Su teléfono estaba sin batería. No podía avisar a nadie que estaba a punto de ser violado por un sujeto con pinta de vagabundo.

-Oye, no voy a ser nada que tu no quieras. -lo tranquilizó Eren.

-Entonces ¿porque me trajiste aquí? -interrogó cruzándose de brazos y temblando de frío.

Estaban literalmente en la punta del cerro.

-Supe que te dejaron. Necesitas desahogarte.

-No necesito la compasión de nadie y menos la tuya.

-Sé por lo que esas pasando, Levi.

- ¿Qué va a saber un mocoso como tú? No me digas que lo sabes porque a tu mamá le pasó lo mismo – espetó con desdén.

-A mí fue a quien dejaron – respondió Eren con simpleza.

Se formó un silencio incomodo, de esos que dan cuenta que la has cagado.

-Perdón… no sabía – dijo con timidez.

-Tranquilo, no tenías como saber tampoco. Y fue hace tiempo, ya no me duele como al principio. -respondió con serenidad.

-No entiendo. Eres profesional, no eres para nada feo y te llevas bien con todo el mundo…

Eren esbozó una ligera sonrisa. Así que ese hombrecillo malhumorado lo consideraba de buen ver…interesante.

-Así que te parezco guapo ¿eh? -Levi se sonrojó violentamente. De todo lo que dijo, Eren tuvo que quedarse precisamente con eso.

-Dije que no eres feo. Escuchas solo lo que te conviene.

-Soy periodista, que quieres que haga.

-Llévame a mi casa, copia barata de George Harrison.

-Primero responde a esto: ¿Hay alguien esperándote en casa?

Frieda de seguro se quedó a alojar con el macaco e Historia… él mismo la fue a dejar a casa de Ymir porque tenían que hacer un proyecto de ciencias. Erwin ya no volvería a poner un pie y de todos modos él nunca lo esperó, era siempre al revés.

-No hay nadie ¿Contento?

Eren sacó del maletero un par de cervezas y le ofreció una a Levi, quien rumiaba su soledad.

-A Farlan se le olvido bajar estas delicias. Son artesanales.

-No tomo cerveza, gracias. – hizo ademán de devolverle la botella. Eren no se la recibió.

-Nada de ponerse remilgoso. Te traje aquí para que te desahogues y lo harás, quieras o no.

- ¿Quieres que me desahogue ahogándome en alcohol? No tiene ni un puto sentido.

-Vas a tomarte esa botella y vas a gritar todos los insultos habidos y por haber, todos los que el cejón se merece.

-Esto es una estupidez.

-Créeme, con 250ml de ese brebaje no te va a parecer estúpido.

-No lo haré. Llévame a mi casa.

-Si no lo vas a hacer, entonces tendré que cumplir el reto de Hange. -amenazó.

Levi se tragó el contenido de la botella como si se trata de la última coca cola en el desierto.

No sabía tan mal.


- ¡HIJO DE PUTA! ME CAGASTE LA VIDA. SIEMPRE ME MIRASTE EN MENOS, IMBECIL , PELITEÑIDO, DEPILATE LAS CEJAS, PICHULA CORTA, DURAS MENOS EN LA CAMA QUE…

La luz de una linterna cortó la retahíla de insultos que profería Levi en estado etílico. Era el guardia del lugar dispuesto a llevarse detenido a quien fuera responsable del escándalo.

- ¡Mierda, nos descubrieron! -Exclamó Levi asustado.

-Haz lo que yo voy a hacer. Sígueme la corriente.

Sin previo aviso, Eren estampó al más bajo contra el capó y con sus grandes manos agarró su cintura para apegarse a ese pequeño cuerpo. Comenzó a devorarle la boca con ansias, con hambre, con una pasión que Levi desconocía porque jamás lo habían besado de esa manera. El alcohol lo dejó vulnerable, sin capacidad de apartarlo con fuerza, como lo hubiera hecho de haber estado sobrio. Pero ¿Quería apartarlo, quería que Eren dejara de hacer lo que estaba haciendo?

No reaccionaba. Una mano agarró la suya y la posó en esos largos cabellos castaños.

-Déjate llevar si no quieres que nos lleven presos… de nuevo – susurró Eren contra sus labios.

Levi dejo de pensar y comenzó a actuar.


El guardia alertado por los alaridos provocados por algún borracho fue al sitio del suceso para ponerle fin. El sujeto gritaba semejantes palabras que harían sonrojar a la Real Academia Española si pudiera escucharlas.

Llegó al lugar acompañado de su linterna, dispuesto a atrapar al escandaloso.

No encontró nada de eso. Solo era una pareja que se besaba con desenfreno. El más bajo hundía sus dedos en el cabello del más alto, mientras que el otro lo abrazaba.

"¡Ah, el amor!" suspiró el guardia, conmovido. Y se marchó. No era capaz de interrumpir tan bella escena.

No tan bello fue lo que ocurrió a continuación. La parte racional de Levi tomó el control y de una patada (que Leónidas de 300 hubiera envidiado) despachó al atrevido que osó aprovecharse de su inocencia y vulnerabilidad.

- ¡Suéltame, sátiro! ¡Quita tus sucias manos de mi persona, cochino! -le gritaba mientras se acomodaba la ropa.

Una réplica, que correspondería en esta clase de intercambio verbal, jamás llegó. El otro interlocutor había desaparecido de la escena.

- ¿Jaeger? – miraba a todos lados, espantado. Era como si la espesura hubiese tragado de repente al periodista. Encendió la linterna de su smartphone y la acercó hacía unos setos donde creía que podría estar Eren. Esperaba no encontrarlo regando un arbolito.

Se oyeron unos sonidos ahogados que provenían de un lugar hondo. Levi apuntó la linterna hacia la fuente del ruido. Se puso blanco ante su hallazgo.

Eren yacía en lo que parecía un agujero, con su pierna derecha en un ángulo extraño. Emitía unos quejidos y con esfuerzo trataba de afirmar su pierna lesionada.

"¡¿Qué hago, ¡¿qué hago, que hago?!" estaba entrando en pánico. Su parte racional le sugirió: "Primeros auxilios, tarúpido"

Con cautela bajó hacia el agujero, agarro de las axilas al herido y lo arrastró hacia la superficie. Tanto se quejaba su familia de que corriera los muebles cada vez que hacía aseo, ni sospechaban que esa habilidad que desarrolló le ayudó a arrastrar el peso muerto de un sujeto al menos 20 cm más alto.

"paso siguiente: RCP"

Colocó sus dos manos en donde presuntamente estaría el corazón y comenzó a realizar compresiones, guiándose con una canción de los Bee Gees para mantener la frecuencia constante, tal como lo sugieren los expertos.

-How deep is your love, … How deep is your love? … I really mean to learn …'Cause we're living in a world of fools … Breaking us down when they all should let us be … We belong to you and me…

Las grandes manos (no tanto como las de Usagi, - san cabe decir) del herido aprisionaron las muñecas de Levi y frenaron sus buenas intenciones.

-Detente, detente, con eso no revives ni a Juan Gabriel.

-Tu cállate, se supone que estás inconsciente. – trató de reanudar su labor.

Eren se incorporó, quedando sentado.

-Escúchame. La reanimación cardiopulmonar se realiza cuando hay compromiso de conciencia y si la persona no reacciona y no respira porque eso significa que está entrando en paro cardiorrespiratorio. No tengo compromiso de conciencia, reacciono y estoy respirando. No digas nada. Además, para RCP se coloca las manos una arriba de la otra y se hace compresiones al ritmo de Stayin´ alive. Usaste la canción equivocada de los Bee Gees, Levi.

-Uy, discúlpeme doctor House. Agradece que te saqué de ese agujero de hobbit en el que caíste.

-En el que me tiraste -corrigió Eren.

-Como sea, te salve y eso es lo que cuenta.

-Te agradecería si me traes esa rama gruesa que está detrás de ti.

Levi rezongó, pero de todos modos trajo lo encargado por Eren. Para su sorpresa este se estaba sacando la camisa.

-Oi, no es el momento de hacer striptease.

-Voy a entablillarme la pierna. Es lo mejor que puedo hacer en estas circunstancias y para eso necesito tela.

-Pero usa otra cosa, hace frio y sería el colmo que te resfriaras.

- ¿Me donarías tu camisa?

- ¡No!

-Bueno, entonces sigo en lo que estaba.

Levi observaba sin perder detalle la pericia con la que el periodista aseguraba su pierna. A Eren no le pasó desapercibido esto.

-mmm ¿Te gusta lo que ves? -preguntó moviendo las cejas sugestivamente -podemos continuar donde quedamos, el guardia no nos va a perdonar si no le damos el hard.

- ¡uy, porque no te lesionaste la mandíbula! -le dio la espalda, avergonzado y molesto a la vez. Eren soltó una risita burlesca.

-Ayúdame a andar hacia el auto.

-Primero pásame las llaves, conduciré yo.

- ¿Con alcohol en el cuerpo? ¿Quieres ir preso de nuevo? ¿Tanto te gusta estar encerrado?

-Tenemos que salir de algún modo.

-Esperemos mientras en el auto.

Así, Levi -ya no Smith-, pasó toda la noche pernoctando en el auto de su mejor amigo, hombro con hombro con el que sería su mayor dolor de cabeza, su karma, su castigo divino, Eren Jaeger.


Próximo capitulo...

La incipiente amistad entre Levi y Eren corre peligro por un viral.

Armin se siente atraido por su instructora, Annie.

Un encuentro de hermanos.