Espero que les guste este cap, en realidad esta historia es una adaptación de una novela que yo estoy escribiendo, y espero de todo corazón y les guste.

Disclaimer: Los personajes son propiedad de Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi.


Dejo caer las maletas en la cama, suspiro y miro a mi alrededor, en busca de algún indicio que me haga sentir como en casa. Más, por mucho que me esfuerzo, no lo consigo. Lo único familiar era el ambiente, un extraño aire con aroma a maderas y frutos secos que yo recordaba como mi aroma favorito. Lo único bueno que conseguía sacar de esta situación es que ahora lo olería más a menudo. Me acerqué a la ventana, apoyando la frente sobre el cristal. A través de este, podía ver los árboles, con sus troncos gruesos, sus hojas encarnadas y sus raíces largas e imponentes. Como yo nunca sería.

Escucho un tímido golpeteo en la puerta de mi habitación. Me giro y veo a Annie de pie en el umbral, mirándome como si no me hubiera visto en años. Podía sentir su nostalgia, su melancolía, su preocupación, su temor, miles de emociones en un mismo cuerpo. Frunce el ceño, pero pude percibir que realmente me necesitaba y que solo intentaba hacerse la dura. Suspiro, me acerco a ella y le paso el brazo por el cuello, en un intento por consolarla. Ella esconde su rostro en mi hombro. Al poco tiempo siento mi hombro húmedo, y me doy cuenta de que está llorando. Annie siempre fue débil, siempre me necesitó para sobrevivir. Y ahora tendría que pasársela sin mí durante, al menos, un montón de tiempo. Estábamos en recámaras separadas. En casa dormíamos juntas, desde pequeñas. A mis padres no les importaba mucho.

Intento decir algo, pero no se me ocurre nada. Es como si tuviera la garganta seca. Al final, pese a tratar de ocultarlo, acabo llorando yo también. Y nos quedamos las dos juntas en la cama, abrazadas y llorando. Bella acaba de llorar mucho antes que yo. Una vez y se da cuenta de que mis sollozos se han calmado, empieza a hablar. Su voz suena temblorosa, claro signo de que ha estado llorando, mientras comenta:

—Lo siento. No debí recordarte esto… A veces siento que dependo demasiado de ti, ¿sabes?

—A mi me da igual —digo, esforzándome por sonar convincente, cuando realmente se lo reprochaba internamente—. Es lo normal, soy tu hermana mayor y mi función es protegerte.

—Si tú lo dices así, acabaré pensando realmente que no te importa…

—No me importa, es más, creo que deberíamos olvidarlo lo antes posible y aprovechar para pasar el tiempo de calidad que no habíamos tenido hasta ahora, ¿sabes? Nos parecemos en lo físico, de acuerdo, pero no es que seamos muy parecidas cuando alguien mete esa larga narizota que tiene en nosotras para estudiarnos más a fondo, como si nunca hubiera visto gemelas, ¿sabes?

Ella ríe, a pesar de que sé que mi comentario no tiene gracia. Se limpia las lágrimas con el torso de la mano y se despide, antes de retirarse a su habitación a prepararse para cenar. La sigo con la mirada hasta que el último mechón de su pelo desaparece por la puerta. Estaba a tan sólo dos habitaciones de distancia, pero sentí que nos separaron cientos de miles de metros. Desventaja de estar tan unida a ella desde pequeña.

Me acercó a una de las maletas y la abro. Extraigo lo primero que encuentro: un vestido verde, zapatos amarillos que no me vienen bien y me los pongo apresuradamente. Decido dejarme el pelo en la cola que llevaba recogida con una cinta. Abro la puerta y miro alrededor del pasillo: nadie aparece en ningún extremo. Decido dejar sola a Annie durante un momento; necesita más tiempo para asimilar esto. Miro las puntas de mis pies, sintiendo que las cosas están cambiando demasiado para nosotras. Estábamos bien antes, pero ahora era como si no nos conociéramos ya, como si hubiéramos cambiado de la noche a la mañana. Presentía que este viaje podría cambiar para siempre la vida de Annie, e incluso la mía propia. Y ya no había forma de dar marcha atrás.