-KISEKI-
-Milagro-
Capitulo II: Compañeros
Lenalee irguió algunos centímetros su cuerpo tan solo para ver como la espalda del exorcista desaparecía tras la puerta sin siquiera dedicarle una última mirada. Dejó caer su cabeza sobre la almohada y se quedó en esa posición mientras el silencio del lugar le llevaba hasta la cama la voz de la enfermera comunicándose muy seguramente con su hermano por teléfono, la mujer asintió con unos cuantos monosílabos antes de bajar la bocina y dirigirse ahora a uno de los estantes donde empezó a sacar varios instrumentos médicos.
En todo ese tiempo que Lenalee no supo si habían transcurrido horas o tan solo unos minutos, permaneció pensando en lo que había hecho. Algunas veces aceptaba que no era tan inteligente como su hermano Komui o alguno de los chicos del laboratorio pero al menos contaba con la suficiente astucia para tomar hasta ese momento las decisiones correctas, sabía que lo de ese día no había sido ni remotamente una decisión inteligente.
De pronto al figurar el rostro serio del pelirrojo sintió nuevamente deseos de llorar, porque sabía que por su tonta ilusión las cosas entre ellos dos jamás llegarían a ser lo que fueron; porque de un modo u otro su relación se había fracturado por su culpa, por dejar que sus sentimientos la dominaran y no pensar con la cabeza fría.
No necesitaba dejar pasar más de un día para saber que el trato entre Lavi y ella sería formal y serio, tal vez alguien lo llegara a notar pero Lavi era un maestro en inventar excusas y manipular a la gente, en cuanto a ella le bastaría con sonreír antes de cambiar la conversación de ese modo nadie tendría que enterarse de lo sucedido entre ellos.
El sonido apresurado de alguien corriendo dando traspiés llamó su atención antes de ver a su hermano entrando en una carrera desbocada a la enfermería, ubicando desde la entrada su cama; cuando la mirada de ambos se encontró Lenalee le recibió con una lánguida sonrisa, que Komui asocio de inmediato a su estado de salud.
-"¡¡Lenalee!!"- Gritó finalmente el jefe de la orden antes de lanzarse hasta su hermana.
-"Jefe Komui podría por favor bajar la voz y comportarse de acuerdo a donde esta, podría incomodar a los demás enfermos"- Lo reprendió la enfermera Lisa, intimidándolo no solo con su voz sino también con la fría mirada que le lanzó mientras se acercaba a ellos con el carrito lleno de instrumentos.
La joven exorcista contempló desde su lugar el puchero de reproche que hizo su hermano, mientras jugueteaba con sus pulgares trató de aplacar el enojo de la mujer.
-"Pero si aquí no hay nadie"-Trató de defenderse y ciertamente el lugar se encontraba vacío excepto por ellos tres, una enfermera junto a un buscador que abandonaban la habitación después de coger los medicamentos administrados.
La jefe de enfermeras tosió con disimulo ante lo evidente.
-"Aún así le pido se comporte. Justo ahora le iba a practicar a Lenalee los exámenes médicos para saber que ocurrió con ella"-
-"¡Pero!, hermano, Lisa-san yo estoy bien"-
Trató de intervenir la joven antes de notar la inusual mirada seria del hombre, indicio de que toda la farsa se quedaba atrás sobreponiendo su salud. Lenalee solo dejó escapar el aire antes de apartar la manta de su cuerpo y dejar que ambos adultos la examinaran.
Lenalee sintió como la piel de sus piernas se erizaba mientras la mujer le colocaba algunas sondas para determinar el daño de sus piernas mientras Komui centraba su atención en la pantalla digital frente a él.
-"No hay ninguna anomalía de importancia, al menos eso indican las primeras pruebas, pero Lenalee mañana al medio día lo estudiaremos con mayor detenimiento"-
Explicó con seriedad el hombre aún con el expediente en sus manos. La exorcista desde luego sabía a que pruebas se refería su hermano así como sabía que sería inútil tratar de persuadirlo de realizar dichos estudios.
No dijo nada en lugar de eso lo observó recostada, encontrándose con el Komui que muy pocas veces tenía la oportunidad de ver, un hombre sereno concentrado en su trabajo aislado de todo lo demás, las finas arrugas que surcaban su aún joven rostro y el labio inferior ligeramente fruncido le decían que se tomaba el asunto con demasiada seriedad.
Lenalee pasó de mirarlo con interés a verlo con impotencia por no poder hacer algo para aliviar una parte de las penas que embargaban a su hermano, deseó poder decirle algo que lo hiciera olvidar por un instante su salud pero no encontró nada lo bastante bueno para expresarle su gratitud por todas las cosas que hacía por ella y por todos los miembros de la orden.
Por un instante se le figuró que ella no era otra cosa más que un estorbo en aquel lugar y en la vida de todos, era la causante de tantos malos recuerdos para su hermano. Desde siempre supo de los sentimientos de soledad y tristeza de Komui pero les había dado egoístamente prioridad a los suyos, escondiéndose en el regazo del hombre para aliviar ese dolor sin prestarle atención. Ahora se daba cuenta que hacía exactamente lo mismo con Lavi orillándolo a una situación difícil, porque lo conocía y sabía que el exorcista no deseaba hacer infeliz a ninguno de sus compañeros incluso si eso suponía su propio bienestar.
Pero ella había sido lo bastante ciega para no prestar atención a otra cosa que no fueran sus problemas. Sin apenas percatarse su delgado cuerpo comenzó a agitarse en la cama y esporádicos sollozos atrajeron la atención de Komui.
-"¡¿Lenalee, qué sucede?!"- Preguntó sentándose en la orilla de la cama.
Abrió lleno de sorpresa los ojos al sentir el intempestivo abrazo de su hermana, se había arrojado a él como si buscara algún consuelo que solo le podría brindar por un corto tiempo porque desconocía todas las cosas que se guardaba en su interior.
Komui cerró cariñosamente sus brazos alrededor del cuerpo de su hermana, permitiéndole a la chica esconder su rostro aún más en su pecho, y él escuchó en silencio el desesperado llanto. No trató de preguntar qué le sucedía porque sabía que Lenalee nunca le contaría que era aquello que la hacía tan infeliz.
Aquel rasgo en la joven exorcista era algo que Komui sencillamente detestaba, su hermana era tan hermética en sus sentimientos que él se sentía incapaz de poder hacer algo más por ella, muchas veces deseó que fuera más abierta y le tuviera más confianza de ese modo él compartiría parte de su dolor, así ninguno tendría que cargar con todo ese agobiante peso a solas.
Pero Lenalee creía que haciendo frente ella sola a sus problemas su mundo estaría bien, sin darse cuenta que con ese gesto procuraba todo lo contrario, Komui tenía la certeza que ella misma se daría cuenta de su propio error algún día, por eso prefería esperar con una sonrisa antes de violar la privacidad de su insegura hermana.
-"Komui-niisan, lo siento tanto. Por favor perdóname por todo el daño que te he hecho..."-
-"Shhh"-
La calló con dulzura, para él Lenalee no le debía ningún tipo de disculpa, sabía a que venían sus palabras pero entre ellos ese tipo de cosas no eran necesarios, ambos habían sufrido en su pasado y seguirían cargando con el enorme peso de esa cruz hasta que todo terminara, por eso él no necesitaba esa disculpa porque sentía que era indicio de un final próximo que ninguno estaba dispuesto a enfrentar aún y mucho menos aceptar.
-"Todo estará bien mi dulce Lenalee; sea cual sea tu miedo y tu problema ten la certeza que se solucionara. Tan solo cree un poco más en ti misma"- Le habló cuando su llanto tan solo era esporádicos sollozos.
-"Hoy pasaras la noche en la enfermería, necesitas a alguien que este a tu lado por una posible recaída"- Le recalcó antes de escuchar el reproche de la exorcista. –"Yo iré a buscar a Lavi, pero más tarde volveré"-
Lenalee abrió temerosa sus ojos, reflejando la duda en sus pupilas violáceas, por un instante creyó lo peor así que su pregunta salió en un débil murmullo.
-"A Lavi, no entiendo para que, hermano ¿tu sabes algo?"
-"Fue él quien te trajo, fue un alivió que te haya encontrado de lo contrario sé que tu no hubieras dicho nada, así que solo quiero preguntarle que fue lo que detectó" -
Lenalee suspiró aliviada, al parecer hablaban de cosas diferentes sonriéndole ahora de mejor manera cuando se puso de pie y se despidió de ella.
Hasta ese momento, mientras observaba el elegante candelabro en medio del lugar se percató del hambre que tenía, recordó que su única comida había sido el desayuno y de eso ya había transcurrido demasiadas horas. Seguramente a esa hora la mayoría se encontraría en el comedor cenando, así que eso la terminó de convencer para escaparse por unos cuantos minutos de la enfermería.
Por un momento se sintió como Allen aclamando por algo de alimento, pero al contrario del chico ella se conformaría con un poco de la deliciosa sopa que Jerry solía preparar, se sentó sobre la cama y deslizó sus pies dentro de los zapatos antes de ponerse de pie.
Trató de controlar el involuntario pánico que se apoderó de su cuerpo cuando sus piernas se quedaron inmóviles, sin dar muestras de querer obedecer a sus ordenes. Apenas se irguió sus piernas se doblaron y tuvo que impulsarse con sus manos tratando en vano de ponerse en pie.
Hizo un gran esfuerzo por regresar a la cama, acallando esa voz interna que asustada le preguntaba qué pasaría si llegara a quedar inhabilitada de esa parte de su cuerpo. Se tranquilizó diciéndose que aquella debilidad era producto del cansancio y solo le bastaría con descansar lo que restaba del día, pero aquello no la tranquilizó del todo.
-"¡Eyy! Se puede"-
Aquella voz llamó su atención respondiendo con un imperceptible monosílabo.
-"Esto esta demasiado oscuro para tratarse de un lugar donde se espera que las personas se alivien"-
-"Reveer taicho, ¿qué haces aquí?, no me digas que mi hermano te ha hecho trabajar horas extras pidiéndote que vengas a cuidarme"- Se alarmó al ver como el rubio hombre encendía la luz antes de andar hacía ella.
-"Nada de eso, nos enteramos que habías vuelto a recaer, Komui es quien esta trabajando horas extras así que tal vez venga más tarde. Jhonny y yo recordamos que seguramente no has comido así que te traje algo de cenar"-
Le explicó con tranquilidad mientras le mostraba la charola con algunos alimentos.
-"No debiste haberte molestado, si has terminado tu trabajo hubiera sido mejor que disfrutaras tu día, sé que es inusual que tengan este tipo de descansos"- Le dijo Lenalee, mientras se sentaba en la cama y le agradecía a Reveer el haberle colocado la charola a su alcance.
-"Son pocos los días que podemos disfrutar de una tarde libre, seguro mañana trabajaremos hasta tarde y sé que si tu estuvieras mejor nos llevarías de comer a todos. Así que al menos déjame agradecerte por lo que haces, dejando que me quede un rato contigo"-
Lenalee se sintió agradecida por el gesto del hombre. Él junto con Jhonny eran de las personas que más apreciaba, después de su hermano Lenalee estaba segura que ellos dos formaban parte de esa infranqueable familia, así que solo asintió con el gesto antes de dedicarse a comer.
-"Reveer ¿podría hacerte una pregunta?. ¿alguna vez te has preguntado qué pasaría si perdieras aquello que te une a este lugar?"-
El hombre jugó un tiempo más con su cigarrillo apagado en los labios escuchando la extraña pregunta de la chica. Observó su perfil y entonces supo a que se refería.
-"No debes preocuparte tanto por tus piernas, sé que aún es apresurado decirlo y no sabremos nada hasta mañana cuando te hagamos de nuevo los estudios, pero no hay nada malo con tu inocencia o tu cuerpo.
Lo que te pasó hoy puede deberse simplemente al proceso de adecuación del arma con el portador. Tu siempre has sido fuerte, así que ahora no puedes dejarte vencer por algo tan simple, además debes saber que lo te une a la orden no es tu condición de exorcista, así como mi trabajo no es lo único que me mantiene en este lugar, si ambos estamos aquí son por los lazos que hemos formados con cada miembro de la orden.
Incluso si ustedes dejaran de ser exorcistas siempre tendrán un lugar en la orden. Es natural que estés preocupada pero no debes dejar que tus temores se conviertan en una realidad porque todos nosotros haremos hasta lo imposible por tu bienestar"-
La mujer lo escuchó con atención experimentando un especial apreció por el hombre que hablaba sin ninguna mentira o duda, así que lo único que pudo hacer fue abrazarlo asegurándole que no se rendiría.
Conversaron un rato más hasta que Jhonny apareció agitado hablando del trabajo a última hora que le había surgido. Reveer los dejo solo y entonces la conversación de ambos adolescentes se tornó menos seria que con el rubio.
Poco después de la media noche el hombre se despidió, finalizando con eso el tiempo de visitas de la chica. Lenalee le dedicó una cálida sonrisa hasta que su espalda se perdió en la oscuridad del pasillo.
Volvió a recostarse en la cama y en la soledad de la habitación cerró sus ojos esperando quedarse dormida, pero entonces el recuerdo del exorcista volvió a hacerse presente en sus recuerdos. Dándose cuenta que mientras estaba con Reveer y Jhonny no había pensando en el pelirrojo pero ahora regresaba a ella como un seguro augurio de sus futuras pesadillas.
Gracias a quienes dejaron sus comentarios y leyeron el 1er chp.
-Sherrice Adjani-
