Hola! Muchísimas gracias por sus comentarios y su recepción. Me da muchísima alegría que la historia les haya gustado, me motivan mucho para seguir publicando. Aquí les dejo el segundo capitulo. Por favor, léanlo y disfrútenlo, como siempre agradezco sus comentarios e impresiones. Todos son bienvenidos.

Silencios significativos

La luz rojiza del amanecer llegó a su rostro haciendo que abriera sus ojos cafés lentamente. Otra vez esa luz a través de su ventana. Dibujó una sonrisa, se desperezó y caminó a la pequeña ventana. Ese amanecer tan abrumador le recordó la mirada y la presencia tan imponente de su jefe. Frío. Cogió sus cosas para darse un baño y salió. Abrumador.

―Hermione Granger- volteó asustada hacia la voz ronca y malhumorada de su casera, se veía con un aspecto huraño y descuidado. Gruñía al caminar y se acercaba rápidamente como si fuese a golpearla. La chica sólo apretó sus cosas a su pecho y respondió temblando

―Señora Weasley, bu..buenos días- cerró los ojos al verla tan cerca, la encaraba con las manos en la cintura; observándola ―Serán buenos el día que pagues los últimos tres meses que me debes – le escupía en la cara

―Así será señora Weasley, he encontrado trabajo y pronto le pagaré lo que le debo

―¡Trabajo! Mujer deforme – espetó mirando sus piernas – más te vale pagarme Granger, de lo contrario aventaré todas tus porquerías a la calle - Dio media vuelta y desapareció por las escaleras. Hermione ahogó un suspiro profundo, quizás por el frio o por el miedo. Vio sus piernas, sabía que no eran bonitas y menos después del incendio, pero aún le ayudaban a sostenerse de pie, hasta ahora.

Miró maravillada, una vez más, la vista desde el ascensor. La ciudad le parecía tan lejana, insólita – Bella – susurró. Escuchó abrirse las puertas, ahí estaba frente a ella su jefe, imperturbable como el primer día. Se sintió nerviosa de tenerlo tan cerca. Su porte intimidaba mucho y más cuando la miraba a los ojos y toda entera como estudiándola, se alegró de traer mallas oscuras sobre las piernas, si él llegase a ver cómo son en realidad le darían asco. Agachó la mirada, con tristeza

―Señorita Granger – habló, intentó ser cortés pero el saludo resultó ser más frío de lo que pensó – Señor Malfoy, buen día – la vio hacer una pequeña reverencia. Enarcó una ceja ¿Por qué hace eso? La observo, el mismo atuendo de ayer, sólo que esta vez su cabello estaba suelto, parecía más libre, lucia lindo. Gruñó molesto.

―Disculpe, señor, ayer Emily debió entregarle una nota … - empezó diciendo nerviosa, no la miraba, parecía atento a la vista a través del cristal

―Sí, lo hizo. Sólo limítese a trabajar, Granger -cortó y salió con paso firme al abrirse las puertas del ascensor, dejando a la joven perpleja y sonriente. Leyó mi nota.

Por el rabillo del ojo alcanzó a ver que la joven brinco del susto al darse cuenta que se equivocó de piso. La vio salir corriendo rumbo a las escaleras. Se preguntó si llegaría a recordar que olvidó su libro de poemas en su escritorio. Tenía pensado ir a entregárselo hoy a su cubículo de trabajo, pero cambió de opinión. Lo conservaría por unos días. ¿Para qué? Tú no sabes árabe.

―Conseguiré mi propia traducción – concluyó con una sonrisa triunfante, y dio un portazo al entrar a su oficina.


Neville y Hermione estuvieron trabajando toda la mañana sobre el caso que le asignó su jefe. Luego de que le explicara todo referente a él tuvo un poco más idea de lo que se trataba. Una de las editoriales más importantes en el país había sido demandada por difamación. Un historiador aficionado, Tom Riddle, acusó al autor Severus Snape por haber mencionado en su libro que Riddle era un aficionado y racista al apoyar y justificar las ideas de Adolf Hitler sobre la raza pura, y querer extenderlas y difundirlas, otra vez

EL caso era complicado porque Severus Snape sí escribió por lo que Tom Riddle lo acusa, pero lo hizo porque sentía la necesidad ética de poner un alto al creciente racismo en el país y demostrar que histórica y genéticamente la pureza de la raza, no existe. La defensa de la editorial estaba a cargo de la Firma Malfoy, y debían estudiar todos los posibles caminos para ganarlo.

Esto fue de lo que se enteró Hermione en los primeros días de trabajo, ahora se encontraba con Neville intercambiando algunas impresiones respecto al caso antes de que Draco entrara al cubículo asustándolos por la entrada tan repentina que hizo.

―Los quiero en el privado, ahora – dijo toscamente y salió caminando un poco azorado. Neville y Hermanione lo siguieron inquietos. – Algo no va bien- le susurró Neville lo más cerca que pudo de la chica. Ella sólo se limitó a ver la espalda de su jefe con un signo de angustia.

Una vez que entraron a una amplia sala con una enorme mesa de madera y sillones alrededor, Draco tomó el teléfono y pidió a su secretaria enviar los principales titulares de esa mañana con urgencia.

― ¿Qué sucede? – preguntó Neville consternado por el comportamiento del rubio, quien había tomado asiento a la cabeza de la mesa. Antes de responder, Emily entraba dejando sobre la mesa los cinco principales diarios del país. Hermione, que hasta el momento se encontraba de pie junto al rubio, tomó uno de los diarios y leyó los titulares, sorprendida por lo que veía

― ¡Lo apoyan! ¡La gente apoya las demandas e intenciones de Tom Riddle!

― Grupos neonazis se reúnen para demostrar su apoyo a Tom Riddle y repudian que la Firma Malfoy dé la espalda a la "raza aria" defendiendo a Severus Snape – Esto lo leyó en voz alta Neville en otro diario que tomó de la mesa. Hermione quedó horrorizada por la noticia.

―¿Qué vamos a hacer? – pregunto Hermione con angustia en sus ojos, mirando a su jefe que tenía la barbilla recargada en sus manos sobre la mesa, cavilando toda la situación

―Construir la mejor defensa posible.

―Tendrá que ser una excepcional, Draco, porque mira que involucrar a la prensa y a los medios. Tom Riddle parece ir con la artillería pesada.

―Esta firma es excepcional, Neville. Ningún pseudo historiador va a intimidarme. Quiero que estudies todas las defensas legales que tengamos a nuestro alcance, incluso las ofensas. Reúne al equipo de peritaje y diles que quiero que me consigan todos los supuestos libros y artículos escritos por Tom Riddle durante los últimos veinte años

― ¿Qué es lo que pretendes hacer, Draco?― no entendía el procedimiento de su colega – Ganar este caso – contestó con obviedad.

― ¿Qué debo hacer yo? – al fin habló Hermione que no entendía bien el camino que debía tomar esa dichosa defensa

―Tú – dijo inquisitivamente Draco, mirándola fijamente a los ojos – Te encargarás de leer todo lo que el equipo de peritaje consiga, además del libro de Severus Snape

― ¿Qué, estás loco? -gritó Neville- Es una locura, ¿leerá los últimos veinte años de artículos escritos por ese desquiciado?

― ¿A caso tiene un problema con eso, Granger? – preguntó el rubio, casi como una amenaza a la joven

―No señor, por supuesto que no. Pero necesito saber qué estoy buscando exactamente.

―Aún no estoy seguro de que pueda funcionar, por necesito que Neville se haga cargo de estudiar la ley y los procesos de juicio en el país con sumo detalle. Por lo que quiero que usted revise con cuidado la sintaxis de Tom Riddle, debe haber algo ahí, en sus propios escritos, que podamos usar como defensa.

―Una contra -defensa― meditó Neville ― Debemos tener cuidado, una defensa usando las palabras del demandante no siempre resulta.

―Tenemos a la mejor filóloga de Harvard aquí, ¿no es así? ― dijo sonriendo de medio lado a Hermione, quien quedó embelesada por ese gesto y esa demostración de confianza y orgullo que el rubio dirigía hacia ella. No supo qué decir o qué hacer, sólo atinó a asentir fuertemente con la cabeza, y sonreír ampliamente.

Después de comentar algunos detalles más sobre la defensa que debían sostener. Neville salió para hacerse cargo del equipo de peritaje. Hermione se quedó recogiendo los diarios que había llevado Emily al privado bajo la curiosa mirada de Draco.

―No tienes que hacer eso, Emily se encargará – le dijo observándola

―No es necesario, puedo hacerlo yo. A demás me llevaré estos, los examinaré también, puede que encuentre algún dato importante – le contestó sonriéndole cálidamente.

No sabía por qué, pero ahí estaba esa mirada, otra vez. No pudo apartar los ojos de la joven, se levantó calmadamente dirigiéndose cerca de ella. Se inclinó para tomar el paquete de diarios rosando fugazmente sus manos. Sintió el tacto suave, pero hubo algo que le quitó esa sensación. Una bandita enrollada sobre su dedo anular que no había notado.

― ¿Saldrá o se quedará ahí, Granger? - le preguntó Draco, encantado por la reacción de la chica al quedarse estática y muda por el contacto de sus manos ― Cla, cla..ro- tartamudo para salir corriendo, como una adolescente.

Caminando por los pasillos, Hermione parecía ir ensimismada mientras el rubio la observaba por el rabillo del ojo. Miraba de vez en cuando sus piernas cubiertas por las mallas negras siempre cubiertas. Debería dejarlas libres, seguramente son bellas. Se dijo. Notó una vez más la bandita sobre la mano de la chica, se intrigó.

― ¿Qué fue lo que sucedió ? – preguntó sin más dirigiendo su mirada a la mano de Hermione. Ella miró despistada la bandita que señalaba ―Es sólo una herida – dijo meditando más de lo normal.

―Debe tener cuidado- le dijo mientras dejaba el paquete de diarios en el cubículo de Hermione y salir de ahí. El aroma a vainilla que emana de la joven le perturbaba los sentidos, más de lo que debía permitirse. Hermione Granger no era su tipo de mujer, o por lo menos no como las que acostumbra a pasar el rato. No es ninguna belleza extravagante, por el contrario, es sencilla y recatada. Un tipo de belleza diferente. Tan diferente que le atraía demasiado. Vestía siempre con faldas hasta la rodilla con mallas oscuras. Su vestimenta era sencilla, su cabello era rebelde. Le gustaba más cuando lo usaba suelto, sin ningún broche que intentara domar la libertad con la que se movía al caminar.

Antes de entrar a su oficina le pidió a su secretaria hacer un pedido especial. Debía conseguir un libro que le dijo necesitaba lo más pronto posible. Sin embargo, al ser un libro publicado por una universidad americana, el tiraje fue de un número reducido, por lo que el rubio ordenó a Emily conseguir ese libro al precio que sea, le daba cartera libre pero lo quería lo más pronto posible.


Unos días después …

En su oficina, estaba tratando de lidiar con las excesivas muestras de agradecimiento que Luna y Harry le dirigían por haber contratado a su amiga. No era para tanto, él sólo vio eficiencia y calidad y la contrató, eso es todo. Se decía así mismo para converse de que así era.

―Sé que piensas que no es necesario, pero lo es y te agradecemos que hayas dado una oportunidad a Hermione. Es una buena chica, ha sufrido demasiado pero siempre encuentra la ternura escondida hasta en el lugar más oscuro del mundo. – Draco quedó aún más intrigado por lo que Luna le estaba contando; tenía mucha curiosidad por saber más de la filóloga, quería saber más de ella, pero no se iba a dar el lujo de mostrar interés.

―Mientras haga bien su trabajo, lo demás no me importa – contestó cortante, como queriendo decir a sus amigos que no pensaba volver a hablar del tema. Intención que comprendieron y decidieron cambiar el curso de la conversación y decirle lo que habían acordado decirle después de agradecerle por su amiga.

―Está bien, Draco. Veras, lo que Luna y yo vinimos a decirte es que… - se detuvo un poco, estaba nervioso, aunque no sabía por qué. No, sí sabía. Habían ido a decirle que él y Luna se casarían y deseaba que fuera su padrino de bodas. Conocía de sobra a Draco y entendía que él odiaba ese tipo de cosas; sobre todo porque no creía en el amor ni mucho menos en el matrimonio. De eso Pansy tenía la culpa. Justo el día de su boda, momentos antes de realizar la ceremonia, Draco encontró a Pansy teniendo sexo con uno de los abogados de la firma de su padre. No toleró aquel desplante y sacó a Pansy de la habitación con todo y vestido de novia, aventándola violentamente a la calle. Luna quería ayudarla a levantarse, pero el rubio le gritó que no lo hiciera

Fue un alboroto total. Draco estaba descontrolado golpeando al empleado de la firma de su padre, Harry intentaba detenerlo, pero tenía demasiada fuerza. Lucius y Harry tuvieron que derribarlo golpeándole por la espalda para que solara al hombre. Casi lo mata, eso le costó a Draco al menos ocho meses de prisión en Azkaban. A partir de ahí empezó a desarrollar claustrofobia, no podía tolerar los lugares cerrados, oscuros y húmedos. Lucius trabajó mucho para sacar a su hijo de ahí y una vez afuera, Luna le aconsejó trabajar en El Profeta como abogado del diario, que dirigía su padre, en Alemania.

Agradecía que Luna le hubiese dado ese consejo, alejarse un tiempo de Londres le sirvió para controlarse a sí mismo, aunque eso no siempre lo conseguía; porque ahí estaba su amigo Harry, indeciso y tambaleante, como siempre, intentando hablar.

Draco mantenía una mirada seria sobre su amigo esperando a que terminara de darle esa noticia que le había prometido cuando habló por teléfono con él. Sabía qué clase de noticia era. Es evidente, Harry y Luna habían estado juntos desde hacía mucho tiempo. Sabía que estaban ahí para decirle que se casarían, pero Harry no sabía cómo decirlo. Así que le dio un poco de ayuda.

―¿Cuándo será? – preguntó visiblemente desquiciado por seguir esperando a que hablara su amigo

―¿eh?

― En seis meses – intervino Luna

―¿eh?

―¿Padrino de bodas?

―¿ehmm?

―Sólo si lo deseas

―¿cuán… cóm..

―cuenten conmigo – Luna sonrió ampliamente ante la respuesta de su amigo, mientras Harry no paraba de pasear miradas entre Draco y su novia, perplejo por haberse perdido en la importante conversación.

Sonrieron los tres, aunque Draco pareció hacer más una mueca que una sonrisa. Antes de despedirse Luna le comentó que había hablado con Hermione sobre la boda. Era una gran amiga y quería que ella fuera su dama de honor, pero la chica se negó. No porque no quisiera, sino porque no tenía nada que ponerse, apenas había logrado conseguir trabajo y no estaba segura cuándo recibiría su primer pago. Emily le había dicho que el papeleo es un poco lento. A demás con el caso tan complicado que tenían que resolver, decidió dedicarse a tiempo completo a examinar todos los escritos que ya le había conseguido el equipo de peritaje.

―Sé que ya has hecho mucho ayudando a Hermione, pero tal vez puedas hacer algo para acelerar ese papeleo – le pidió Luna con bastante timidez

Draco no contestó, sólo se limitó a mirar a Luna seriamente mientras abría la puerta de su oficina para dejarlos pasar. Cruzaron el umbral y Harry se volvió para golpear ligeramente el hombro del chico a modo de despedida. Draco asintió y cerró la puerta.

―Recuerda, cariño, nunca ningún silencio de Draco

―Es insignificante- concluyó la rubia un poco más tranquila. Dracó haría todo lo que pudiera para ayudar a Hermione. Dejó de sentir esa congoja que le embargó al charlar por la mañana con la castaña. El dolor en su piel era cada vez más intenso, necesitaba volver a sus tratamientos, pero no podía porque aún no contaba con dinero.

Luna le dijo que ella hablaría con Draco, pero Hermione le pidió que no lo hiciera. Sentía una terrible vergüenza que el señor Malfoy se enterara de su condición. Así que Luna tuvo que idear alguna excusa creíble para decirle que Hermione necesitaba con urgencia ese dinero. Era verdad que quería que fuera su dama de honor, pero le preocupaba más que Hermione no pudiera atender su salud.

― ¿Crees que debimos contarle a Draco sobre Hermione?

―Cariño, Hermione nos pidió ser discretos con su salud. Yo intenté contarle, aunque sea un poco, pero ni el mismo Draco estuvo interesado. Así que dejémoslo así, por el momento.

El rubio los vio desde su ventanal cruzar la calle y subirse a un auto. Pensó que talvez sí debió preguntar más sobre Hermione a Luna. Intuía que algo más había, él no se tragaba esa excusa de no ser dama de honor sólo porque no le ha llegado su primer pago. La boda se celebraría hasta dentro de seis meses, para entonces Hermione estaría gozando de su sueldo en la firma. Espera un segundo, ¿la llamaste Hermione? -Ese es su nombre- y ¿dos veces? Gruñó y empuñó las manos. Sólo es una simple filóloga amante de libros.

El timbre del teléfono lo sacó de su ensimismamiento. Era Emily diciéndole que ya había llegado el libro que mandó a pedir por paquetería. Agradeció secamente a su secretaria y la despachó prontamente. Abrió el paquete; era un libro pequeño, con cubierta verde y decorado plata en los bordes, en la portada se leía: "Rubaiyat: Poemas de amistad y amor. Traducción y edición por Hermione J. Granger." Se sentó en su silla de piel, giró hacia el ventanal y empezó su lectura.

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