Hello!
Sip, después de meses he decidido terminar esta historia.
Espero les guste :'*
Bye.
P/d: Olvidé mencionarlo, pero la historia en el capítulo anterior transcurre en el 2010, pero en este ya están en el 2011 (y, bueno, parte del 2010). Por lo tanto, Noah tiene 19 años y Harry, 31 años.
Disclaimer; los personajes y los lugares de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.
.
.
.
II
Harry
Hoy te pido no pierdas confianza
Aunque sientas que la luz se apaga
Aquí yo sigo junto a ti
Si nos lleva el destino
Lo mejor está por venir
(Aleks Syntek - Corazones Invencibles)
Hay demasiadas cosas en mi cabeza.
No hay alcohol que me ayude a superar las pérdidas que he vivido, pérdidas a las que no puedo acostumbrarme. No importan los años, siempre están ahí. Son constantes, como respirar o beber agua, pero más dolorosas.
Estoy a la deriva en un mundo que me alaba con cada paso que doy, pero no puedo evitar sentirme ahogado con cada gesto. No lo merezco.
Hice cosas.
Cosas buenas.
Cosas malas.
Tomé decisiones, acertadas y erradas, pasando a llevar a más de alguien.
No puedo evitar pensar en los resultados opuestos. En lo que hubiera pasado si…
Y todo esto me está ahogando y angustiando. Todo a la vez.
Es insano.
Pero perdí tanto y a tantos que es imposible no torturarme con ello.
A duras penas, y solo porque me convencieron, decidí tomar el curso de Auror sin siquiera terminar Hogwarts. La propuesta estaba ahí, pero no tenía pensado hacerlo. Andrómeda fue la voz que escuché y acaté sus consejos.
¿Fue lo mejor? Quizás. Robards me da misiones tan extenuantes, largas y peligrosas que siempre estoy a punto de agradecerle esos detalles. Sin ser irónico. Las necesitaba. O pensé que lo hacía. Yendo a esos inhóspitos lugares podía augurar que jamás volvería a mi apartamento. Pensaba que al tomar cualquiera, ese sería mi destino. Eso me tranquilizaba.
Y lo digo en tiempo pasado porque en este círculo de viciosa monotonía que era mi vida, apareció una arista. Una pequeña arista que ha revolucionado mis días.
Noah.
Noah Reeve*.
Sucedió sin siquiera pensarlo, sucedió una noche en que el peso fue demasiado para mis hombros y no lo estaba tolerando muy bien a solas en mi apartamento. Los demonios suelen aparecer en los momentos menos indicados.
Pensé que vivir en el mundo muggle haría las cosas más sencillas, pero alejarme y estar solo no fue tan bueno como suponía.
Salí esa noche sin ningún rumbo en mente, solo me metí al primer sitio que encontré. Bebí lo más fuerte que había. Llevaba dos tragos cuando sentí la presencia de alguien a mi lado y sin siquiera pensarlo me vi invitándole un trago.
Las luces solo me permitieron ver pequeños fragmentos de su rostro, evidentemente era un hombre.
Bebimos.
Y desperté en la cama con él.
Sentí su presencia mucho antes de que se comenzara a remover a mi lado y mientras se vestía lo observé.
Me había acostado con un niño. Estaba tan jodido que ni siquiera me percaté de quien era mi compañero de cama.
—Si piensas huir sin decir adiós, deberías hacerlo con tu ropa.
Aquellas palabras fueron las primeras que salieron de mi boca, Noah soltó mi polera y me miró con ojos asustados.
Ginny fue mi última y desastrosa relación hace algunos años. En algún momento de este tiempo me había metido con uno o dos chicos, pero no sabía que me iban hasta que desperté con él, sinceramente lo pensé, pero no dejé que el sentimiento fluyera con todas las cosas que tenía en la cabeza.
—No me di cuenta.
Su voz solamente me confirmó el error que había cometido, me había metido con un niño. Un lindo niño de cabello oscuro y ojos chocolate.
—Noah…
Me levanté colocándome a su lado. Me percaté de su incomodidad, pero obvié mi desnudes y le pregunté si tenía algún dolor logrando que me mirara cuando le toqué los hombros. Contestó afirmativamente por lo que fui a buscar algunos analgésicos y se los entregué con un vaso de agua.
Cuando terminó, me alejé, para darle espacio y evitar tocarlo nuevamente.
Noah se movió y tomó mi polera colocándosela. Le quedaba gigante.
—¿Recuerdas algo de anoche?
—Poca cosa.
Su respuesta me golpeó. Evidentemente era la primera vez que bebía.
—Vaya eso es muy alentador para mí.
—Supongo que beber no es lo mío.
Su mirada transmite todas las respuestas que había supuesto.
Inexperiencia.
Inexperiencia en todo su esplendor.
—Supongo. Eres demasiado joven.
Bufa.
Es adorable.
—Habla la persona más vieja —me reprocha frunciendo el ceño.
Rectifico.
Es absolutamente adorable.
Me rio ante mis pensamientos.
Tengo treinta años y no puedo estar cayendo por un niño.
—Tengo por lo menos diez años más que tú y he vivido más cosas que la mayoría —murmuro.
—Para mí te vez bien.
—Gracias.
—Debo irme —señala la puerta. Puedo ver como su mirada vaga por mi habitación.
—¿Siempre vas a ese lugar? —me atrevo a preguntar.
—No —responde buscando algo en el suelo—. La verdad, es que cumplí dieciocho hace una semana y ya que tuve tiempo y dinero decidí celebrar —se encoje de hombros.
—¿Aún vas al colegio? —pregunto tímidamente. ¡Oh Santo Merlín! Esto me confirma que me he metido con un niño.
—Sí, en dos meses me gradúo.
Me mira.
Sus ojos achocolatados brillan.
—Contrariamente a lo que puedes pensar no te acostaste con un niño, a pesar de que no tengo tanta experiencia soy más maduro que la mayoría de mis compañeros. Lindsay dice que…
Mi mente se perdió en la palabra "experiencia".
Fue inevitable, él es como un imán. Solo llevamos horas juntos.
—¿No tienes tanta experiencia? —pregunto recordando lo anterior.
—S-sí, eso dije.
—Eso quiere decir, ¿Te habías acostado con alguien?
—Yo…
—Lo supuse.
Me pego a su cuerpo.
Y al final, resulta que me atrae más de lo que pensaba.
Me besa. Ya no hay rastro de timidez ni de pudor.
Todo fluye cuando nuestros labios se tocan.
…
1 año después…
No volví a verlo después de ese día.
Después la extenuante sesión de sexo que habíamos tenido, Noah se quedó dormido por algunas horas. Y en algún punto de todo lo anterior, le pedí su número de teléfono.
Estúpido, ¿No?
Estoy seguro de que Noah me lo dio solo por cortesía. Le llevaba más de diez años, ¿Por qué se fijaría en alguien tan mayor?
Sentí ligeros movimientos en la cama y pisadas desnudas por el piso.
Fingí dormir.
Fingí que no me importaba si se iba o no. Me aferré a creerlo porque no deseaba ilusionarme con alguien como Noah, con un niño que a penas y estaba comenzando a vivir la vida.
Si él supiera todo lo que he pasado, lo que soy y en el punto en el que estoy. Se horrorizaría.
De todas maneras, nunca les había dicho a mis conquistas, las pocas que hubo, que era mago. A mis once años dudé cuando me lo dijeron, imaginen a una persona más adulta; que solo ha visto magia por televisión o por algún farsante haciendo trucos. Odiaría ver su reacción y que me rechazara.
De hecho, ni siquiera sabía porque estaba pensando en ello. No pensaba decirle a Noah cosas de mi vida, no pensaba en el cómo una pareja estable ni mucho menos.
Después de ese hecho, volví a la rutina. Levantarme temprano, ir al Ministerio, tomar misiones y desaparecer por días, llegar a casa comer algo y dormir hasta el otro día.
Rutina.
Simple y llana rutina.
Los fines de semana que tenía libre los ocupaba para ir a cenar con Ron o Hermione. Mis amigos habían decidido separarse luego de cinco años de relación, la razón de su ruptura había destruido la amistad que habían mantenido. Ninguno de ellos dio un motivo, siempre he pensado que hubo una infidelidad de por medio. No quise indagar más allá.
Ambos estaban rehaciendo sus vidas.
—Estoy feliz de encontrarme contigo un sábado. Por general, siempre estas ocupado —Hermione sonrió ampliamente.
La cafetería que había elegido estaba con mucha gente.
Hermione me había obligado, arrastrado, a un lugar nuevo. Una cafetería que tenía un rico pastel de limón, según ella.
—Las misiones me quitan mucho tiempo.
—No deberías trabajar tanto.
—Lo dice la persona que está prorrogando ley tras ley —levanto una ceja—. Tú eres igual de imparable que yo, Herm.
—Pero hasta yo tengo un límite.
Nos quedamos en silencio cuando nuestros pedidos llegaron.
—¿Cómo está Ron?
La cuestión era esa.
No hablaban entre ellos y me se sentía como el mensajero.
—Está en Alemania. Su equipo estará una temporada allá. Cuando lo vi se veía bien, feliz de conocer ese lugar.
—Me alegro —sonrió levemente.
—Sí, él está bien. Está saliendo con Luna —le comento.
No se sorprende. En cambio, sonríe. Una sonrisa real.
—Linda pareja. Yo también estoy saliendo con alguien.
Eso me sorprende gratamente.
Hermione y yo somos imparables, ya lo mencioné. ¿En qué minuto comenzó una relación?
—¿Quién si se puede saber?
—Oliver Wood.
—Wow… eso es… genial. ¿Cómo sucedió?
—Fue a presentar un proyecto al Ministerio y me lo encontré en los pasillos —se encogió de hombros—. Una cosa llevó a la otra y fuimos a tomar un café. Nos hemos estado viendo desde hace un mes.
—Me alegro, Herm.
—¿Y tú, Harry?
Bueno, ¿Qué puedo decirle?
Me acosté con un niño y no lo he visto, aunque he pensado mucho en él.
—No hay nadie.
Ella revolvió su café antes de mirarme a los ojos.
—Estaba equivocada. Me estaba enfocando mucho en el trabajo y dejaba mi vida de lado, con Oliver siento que debería trabajar menos. Me encanta tener sábados y domingos libres porque sé que lo veré y estaremos juntos. Deberías trabajar menos y salir más —me aconseja.
—Ser Auror es muy extenuante. Tú sabes que las misiones pueden llevar días o semanas. Robards no estaría de acuerdo en que bajará mis horas —reí ante la idea.
—Quizás, pero podrías tener más cuidado al momento de elegir —eleva una ceja. Sí, ella sabe.
Y tiene razón.
Hermione siempre tiene razón en las cosas que dice.
—Lo pensaré.
Rueda los ojos.
—Siempre dices lo mismo. Al final, solo logramos vernos una vez al mes como mucho. ¡No es vida! —suspira.
Me encojo de hombros.
Miro brevemente por la ventana, es jueves y está lloviendo. Es algo inusual a estas alturas del mes.
—Debo ir al tocador.
Dejo que Hermione se vaya.
Saco el teléfono y sin pensarlo mucho busco el número de Noah. Lo grabé en el mismo momento que él me lo dio.
Mi dedo tiembla cuando pulso "llamar".
El pitido salta al instante. Bien. Solo debe contestar.
—¿Hola?
—¿Noah?
—Uhm, sí, ¿Con quién hablo?
—Soy Harry.
La conversación de ese día habrá durado dos minutos más o menos. Me disculpé por no llamarle antes y le pedí vernos. Increíblemente, él aceptó.
Desde ese momento han pasado cuatro meses, todo ha sucedido tan rápido. Las cosas entre nosotros se han dado perfectamente.
Nos volvimos a ver en un lugar público, el mismo al que había ido con Hermione esa vez, y nos saludamos cortésmente. Cuando comenzamos a hablar, fue como si nunca hubiésemos dejado de hacerlo. El nerviosismo se esfumó tan pronto como había aparecido.
Seguimos en contacto y viéndonos. De los lugares públicos pasamos a mi apartamento donde me encargaba de amar a Noah completamente.
Amar.
Pensaba que era algo que no experimentaría después de todo lo que había pasado. Con Ginny sentí algo similar, pero con Noah todo era distinto.
Él no veía al gran Harry Potter, el héroe.
Él solo veía a Harry.
Me sonreía y besaba con pasión y ternura. Solo se preocupaba de estar conmigo en los tiempos que tenía, ya estaba en la universidad. Y yo… yo debía mentirle cuando tomaba alguna misión y me iba a otro lugar.
Los meses siguieron pasando, en un abrir y cerrar de ojos nos afanamos en una relación que me tenía muy feliz.
Lamentablemente, las cosas nunca se mantienen así, Noah estaba empeñado en saber más de mí. Lo cual implicaba hablarle de lo que era realmente, un mago. Tenía ciertos reparos en ello, ya me había imaginado distintos escenarios en donde le contaba la verdad y solo en uno él se lo tomaba bien.
Me negaba a decírselo.
Él no soportó más y peleamos.
Al día siguiente, tomé una misión en Irlanda.
No ayudó. Estar peleados me hacía más torpe y estar menos concentrado. A pesar de conseguir lo que pretendíamos, me hirieron. Conseguí un moretón en la mejilla y varios ramillos en las manos, pecho y espalda.
Lo llamé.
Había tomado una decisión. Las consecuencias las asumiría por no sincerarme con él desde el principio. Quizás, hubiese dolido menos.
—Lo siento —fue lo primero que dije. Él me abrazó.
—Tienes que confiar en mí, las cosas no pueden ser tan malas.
Me besó.
—No solo te lo contaré, te lo mostraré. Necesito que me abraces y confíes en mí. Espero que… —aprieto los labios— podamos seguir con nuestra relación después de esto.
Él me mira dudoso, pero acepta. Lo abrazo y murmurando algo desaparecemos.
…
Hay un ligero estremecimiento en su cuerpo cuando llegamos al punto de aparición de Hogsmeade.
Toma una respiración antes de mirarme con esos ojos achocolatados que tanto me gustan.
—¿Qu-qué has hecho? —su voz suena temblorosa con un ligero tartamudeo. Sé que está bastante mareado y confundido.
Agarro sus manos para evitar que entre en pánico.
—Estoy confiando en ti —atino a decir. A veces, una imagen vale más que mil palabras. Podría habérselo dicho, pero estaba seguro de que no me creería.
Parpadea.
Intenta soltarse. Y mientras los hace mira a su alrededor.
Finalmente dejo que se aleje cuando veo el espectáculo que estamos dando. Lo sigo de cerca.
Sale del callejón topándose inmediatamente con el gentío que esas horas recorre las calles, pero no es eso lo que capta su atención. Faltan poco más de un mes para Navidad y todo está decorado para la ocasión: el Árbol de Navidad que está en medio es gigante y está encantado para que cada figurita se mueva.
Noah jadea cuando dos adolescentes con varitas en mano se persiguen, chillan e inofensivos hechizos salen disparados.
Está petrificado.
Parpadea y mira con atención a cada persona, objeto y animal que pasa por nuestro lado.
Tocó su hombro y él pega un tumbo. Está completamente asustado.
Sus ojos están desorientados por las cosas que ha visto.
—Vamos —le murmuró.
Dócilmente deja que lo lleve. Dócil solo porque está en shock.
Esperaba esas reacciones, de hecho, esperaba unas peores.
Como todo ha salido más o menos como lo planeaba, lo llevo a Las Tres Escobas, madame Rosmerta me tiene reservada una mesa apartada de todos los curiosos.
En pocos minutos estamos en el lugar, ella nos recibe con una sonrisa y nos dirige hacia nuestra mesa.
Noah se sienta y sus ojos se disparan inevitablemente hacia las personas que beben y conversan animadamente. Todos vistiendo túnicas.
—Disfruten chicos.
Madame Rosmerta deja dos cervezas de mantequilla frente a nosotros.
Muevo la mano provocando un muffliato no verbal. No quiero que nadie oiga nuestra conversación.
—¿Dónde estamos? —sus manos se aprietan en el costado de la mesa. Veo su intención de levantarse e irse.
—Estamos en Hogsmeade.
—¿Qué es Hogsmeade?
Suspiro.
Bien, ahora o nunca.
—Es un pueblo mágico —lo miro a los ojos—. Noah, yo soy mago.
Me mira con los ojos entornados.
—¿Mago? —me pregunta y luego desvía la mirada. Se lleva las manos a la cara—. Si querías terminar conmigo deberías haber ideado una excusa mejor. ¿Mago? ¿Qué estupidez es esa? Te pido que confíes en mí y me cuentas esa mentira —suelta enojado golpeando ligeramente la mesa.
Temo que se vaya y hablo apresuradamente:
—Es verdad, soy mago. No te mentiría con algo así y si te lo digo hasta ahora es porque confió en ti. Y de ninguna manera quiero terminar contigo.
Frunce el ceño.
—Los únicos magos que conozco son farsantes. ¿Cómo puede existir un mundo paralelo al que vivo?
—Puede porque solo las potencias más grandes del mundo muggle saben del mundo mágico.
—¿Mundo muggle?
—Personas sin magia.
—Oh. Entonces, soy un muggle —suena decepcionado—. Quiero irme. Ahora.
—Noah.
—Por favor… esto es demasiado. ¿Qué viene ahora? ¿Me dirás que fuiste a un súper mágico colegio? O ¿Qué eres un héroe? Lo pregunto por la forma en la que la gente te mira. ¿Me dirás que no has traído a ningún muggle aquí?
Harry parpadeo.
Si lo pensaba eran demasiadas las cosas que tendría que contarle a Noah. El chico se desesperaría y se iría.
—No he confiado en nadie tanto como para hacerlo —contesto—. El día que nos conocimos, pensé en todas las cosas que nos separaban por eso te dejé ir. Y, después, tuve la necesidad hablar contigo porque no podía sacarte de mi cabeza. Pensé en la suerte que tenía cuando aceptaste verme y aún ahora sigo pensando lo mismo —lo miro. Él me está prestando atención—. Tengo diez años más que tú. Mostrarte esto —señalo nuestro alrededor— no es lo que más temo. Temo que encuentres a alguien más joven o de tu edad y me dejes.
Traga saliva.
Toma el vaso de cerveza de mantequilla llevándoselo a los labios. Bebe un poco y lo deja donde mismo.
—Lo siento. Esto es demasiado y… ¿Tú sientes temor? —me pregunta—, me pediste el número de teléfono y solo quería que me llamaras, pero… ¿Cómo podrías hacerlo? Tienes un apartamento de lujo y tendrías a cualquiera con solo chasquear los dedos. ¿Me hablas de inseguridad? Bueno, soy la persona más insegura que puede existir. Esto es demasiado y a la vez todo nuevo. Yo… ¡Joder! ¡Estoy saliendo con un mago! —suelta una risita nerviosa.
Estiro mi mano sobre la mesa. Él solo tarda un segundo en entrelazarla con la mía.
Esto es más de lo que podría pedir.
—Confía en mí. Te contaré todo lo que soy y lo que he hecho, pero ahora sería demasiado.
—De acuerdo. No se lo diré a nadie y, aunque, Lindsay sea mi amiga tampoco.
Suspiro aliviado.
No fue tan malo.
Bebo de mi cerveza de mantequilla.
Abro la boca para preguntarle por otra cosa y un flash nos interrumpe. Al instante esa persona es sacada.
Mierda y yo que deseaba privacidad.
—¿Quién eres tú aquí y porque nos han fotografiado? —su rostro adquiere un todo rosa.
—Larga historia —respondo.
—Entonces, eres famoso. ¿Eso saldrá en alguna revista?
—Lo más probable —cierro los ojos—. Mañana todos sabrán que estoy saliendo con alguien.
Noah se levanta.
Rodea la mesa y me besa.
—Te quiero, Harry.
—También te quiero, Noah.
El futuro es incierto.
Todavía hay cosas que nos pueden unir o separar, pero estoy seguro de estar haciendo las cosas bien.
