Disclaimer: Ninguno de los personajes, del mundo de Harry Potter, me pertenecen, si no a JK Rowling.
La historia es de MrBenzedrine y me dio su permiso para traducirla. ¡Thank you Amy!
Esté capitulo fue beteado por HunterLight Araiza y MissFerret.
SEX ED
Capítulo Dos:
Una burla
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"Allie" de Patrick Stump
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Draco Malfoy miró su pergamino en blanco sobre su escritorio, sin lugar a dudas frustrado. Desabrochó el botón superior de su túnica de trabajo y se aflojó la corbata, anticipando una larga y frustrante noche de reconstruir su plan de estudio para cumplir su apuesta con Granger. «Soy un imbécil» pensó malhumorado. No lo había pensado del todo cuando se acercó a ella para hablar sobre su manual o libro escandaloso. Siendo honesto, sólo quería provocarla un poco. El saber que uno de tus rivales de la infancia iba a ser ahora una presencia común de todos los días molestaría a cualquiera. Y además, ese libro había sido menos que aceptable según sus estándares. ¿Por qué demonios los estudiantes necesitaban hablar sobres sus impulsos sexuales en el aula? ¿No era eso para lo que un buen revolcón en la sección restringida servía?
Con un profundo suspiro, comenzó a escribir todas las pociones en su arsenal mental que pudo reunir que se aplicarían al tema en cuestión. Había pociones anticonceptivas, para los cambios hormonales, para los ciclos menstruales, se estremeció ante la idea, para embarazos, acné…bueno la lista podía seguir y seguir. Y podían ser fácilmente preparadas en la privacidad del hogar de alguien. Todas esas cosas muggles que Granger quería tratar en la clase…bueno…para esos estaban los padres. Era muy inapropiado que un profesor tuviera esa clase de relación con sus estudiantes, como si el sexo fuera un tema que debería darse en una conversación civilizada…hmmm.
—Por el testículo izquierdo de Merlín, sueno como un mojigato —suspiró para sí mismo.
—Bueno, al menos eso es algo en lo que ambos podemos estar de acuerdo —dijo una voz segura y aireada desde la puerta de su clase. Draco levantó la mirada y la alejo de sus notas para ver a la profesora Granger, aún vestida en su túnica de trabajo y llevando un sujetapapeles.
—¿Qué es lo que quieres? —dijo él con desprecio.
Granger esbozó una simple sonrisa mientras se acercaba a él, deteniéndose sólo cuando llegó al lado opuesto de su escritorio y se sentó encima de uno de los bancos de trabajo que era para que los alumnos preparen sus pociones. No para que su delgada figura se sentara precariamente encima de la mesada con sus piernas largas asomando por debajo de esa túnica atroz que eran tres veces más grande que su figura esbelta. Draco no tenía la intención de analizar su aspecto, pero estaba tan desesperado para encontrar algo con que molestarla que se encontró recorriendo la mirada sobre los rizos castaños de su cabello y su rostro intachable, aparte de algunas pecas desparramadas a lo largo del puente de su nariz. Solía ser una pequeña fea cuando eran niños, con su pelo rizado y sus dientes de conejo. Ahora, su cabello solo acentuaba su piel suave, enmarcando su cuello esbelto y bajando la atención hacia su delicada clavícula. Apartó rápidamente los ojos y los volvió a posar sobre sus ojos marrones. Merlín, necesitaba tener sexo. Incluso Hermione Granger parecía como una posibilidad prometedora en este punto… y eso era simplemente inaceptable.
Se enderezó en su silla, jugueteando con su corbata. Cuando ella no le contestó, él volvió a preguntar —¿Qué quieres? —chasqueó los dedos en el aire, arrogante.
—Oh. Sí —Ella regresó su atención a él como si hubiera estado perdida en sus pensamientos. Sus manos se abrieron y le presentaron su sujetapapeles para que él lo tomara, lo que hizo; a regañadientes. —Me senté en mi tiempo libre y escribí una propuesta…
—Aww, Granger. Estoy tan halagado. —dijo secamente.
Ella rodó los ojos y continuó—. Una propuesta para un horario intermedio durante la semana para combinar nuestros esfuerzos en la educación sexual de los estudiantes.
Draco alzó una fría ceja y sonrió—. ¿Esfuerzos combinados? ¿Así es como llamas a nuestra pequeña disputa?
—Si nuestra pequeña disputa termina educando a los alumnos sobre el plan de estudios que ya planeaba enseñar, ¿por qué no aprovechar tus credenciales?
—Si no te conociera mejor, diría que eso sonó a un cumplido.
—Entonces me conoces mejor —ella se levantó de su lugar y apoyó una mano sobre su planificador, empujando modestamente sus pechos en su línea de visión, aunque estuvieran cubiertos por la tela gruesa de ébano de su túnica. Draco tuvo que concentrarse en mantener la atención al dedo de ella presionado firmemente sobre el sujetapapeles. Los pechos eran pechos, y él era sólo un hombre. Se tragó el nudo en la garganta y siguió su dedo hasta los corchetes resaltados, enmarcados y numerados del horario que ella había delineado—. Le pedí a la directora McGonagall una copia de tus horarios así podía adherirlos a los míos. Me di cuenta que ambos tenemos los de quinto año los martes, los de sexto los miércoles, los de cuarto los jueves, y los viernes a los de séptimo año. Pensé que tal vez, una vez a la semana, podemos concentrar nuestros esfuerzos en una clase juntos.
—¿Quieres combinar nuestras clases una vez a la semana?
—Así cada año recibe una clase educacional combinada una vez por mes. Esto garantiza que ambos podamos estar atentos a como el otro enseña, qué nos gustaría comparar y contrastar, y luego podemos acceder a las situaciones a través de exámenes a finales de cada mes. —Ella le sonrió triunfante, a solo centímetros de su rostro. Draco fue vagamente consciente que ella olía a lavanda y rosas mientras se ponía un mechón de pelo detrás de su oreja y esperaba su respuesta.
Oh. Cierto. Él debería decir algo, ¿no? —Déjame adivinar. Ya has aclarado esto con la directora.
—¡Sip! —ella mostró sus, ahora, dientes perfectamente rectos y le dio un gesto engreído con la mano. Lo cual le hizo sentir nauseas lo contenta que ella estaba con sí misma. Nadie debería ser así de feliz. Rogó en silencio de poder encontrar una manera de derribarla—. ¿Qué dices, Malfoy? ¿Crees que puedes manejar una clase conmigo?
—Lo hice durante seis años de mi infancia. ¿Qué es otro medio año más? —él rodó los ojos y se reclinó en su silla para evitar seguir inhalando su perfume; le estaba haciendo cosas a su cuerpo con las cuales él no estaba particularmente de acuerdo—. Dígame, profesora Granger, ¿cómo se llama el perfume que está usando? ¿Oda de la insufrible perfeccionista?
—De hecho, se llama Malfoy es un mojigato número 7.
—¿Se supone que eso es un insulto? —él resopló una sonrisa y se volvió a inclinar hacia adelante, estaba vez presionando el rostro en su espacio personal solo para molestarla. Y lo hacía; o al menos eso pensaba, porque sus mejillas se teñían de un maravilloso color magenta—. Te diré qué, ¿por qué en algún momento no vienes a mi dormitorio y te mostraré que tan lejos estoy de ser realmente un mojigato? —alzó una sugestiva ceja, deleitándose en su muestra de horror y disgusto.
Ella luchó para encontrar una respuesta, aferrándose a una como una balsa mientras hablaba—. ¿Estás tan desesperado por tener intimidad que te rebajarías a invitarme a tu dormitorio? ¿Has olvidado que soy hija de muggles? No tenía idea de que el apellido Malfoy se permitiría ser empañado con la idea de estar gritando tu nombre debajo de ti.
Draco sintió sus mejillas sonrojarse, porque, uno, ella estaba hablando de sexo, y dos, porque la idea de que cualquier mujer grite su nombre debajo de él envió una sacudida a través de la parte baja de su abdomen como una onda de calor eléctrica. A pesar de la vergüenza, se las arregló para replicar con un aire de confianza—. Entonces… ¿eres de las que gritan?
La mirada que obtuvo de ella no tuvo precio; su mandíbula desequilibrada cuando ella abrió la boca, mostrando esos suaves y atractivos labios…maldita sea. No. No atractivos. Estúpidos. Labios estúpidos de una mujer estúpida con un nombre estúpido. ¿De todas maneras que clase de nombre era "Hermione"?
Granger logró cerrar la boca de golpe mientras le arrebataba su sujetapapeles y sacó el pedazo de pergamino y se lo tiró a su rostro. Draco retrocedió, agarrando el papel insultante y quitándolo de su cara. Cuando la volvió a ver, sus ojos estaban llenos de enojo, a pesar de la naturaleza tranquila con la que ella hablaba —Esa es tu copia. Y en verdad no me importa si apruebas los horarios o no. Ya ha sido autorizado por la directora —se levantó, moviendo esas partes de piel cubierta modestamente, que habían alcanzado el máximo interés de Draco—El cronograma comienza la próxima semana. Escribí cada tema y color coordinado con su semana apropiada.
—Siempre tan quisquillosa.
—Buenas noches, Malfoy.
Se giró sobre sus tacones y salió por la puerta más rápido de lo que Draco pudo contestar —¡Es profesor Malfoy para ti! —Pero ella ya se había ido, y él quedó sentado en su silla con una erección a medio formar presionando frustrantemente contra su cremallera.
Si…sip. Definitivamente tenía que tener sexo. Y pronto, antes de que en verdad empezara a pensar en Granger como una posibilidad sexual.
No. Una ducha fría. Una mano. Eso era lo que había utilizado durante estos últimos seis meses. Podría aguantar hasta el final del trimestre. No se permitiría la idea de él sumergido dentro de Hermione Granger mientras ella le arañaba la espalda y gritaba su nombre hasta el olvido.
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Hermione se arrojó en el colchón firme, y húmedo de su cama e intentó expulsar los exasperantes ojos gris plata de Draco Lucius Malfoy detrás de sus parpados. Tal vez, toda esta situación ya estaba fuera de control; cuando él había sugerido (en chiste, por supuesto, en realidad no lo había dicho en serio) que ella podía ir a su dormitorio, estaba ésta parte mortificada de ella que en secreto quería aceptar la oferta. Y no era porque le gustaba, ni mucho menos. De hecho, despreciaba al hombre en casi todos los niveles. Pero había pasado casi dos años desde que había estado…íntimamente…con alguien. Y el nombre de ese alguien era Ronald Weasley.
Aun podía recordar la manera en que sus labios se sentían sobre ella y la forma en que sus firmes manos recorrían su cuerpo. Se habían separado por motives infantiles, pero aun así había dejado una profunda cicatriz emocional en la psiquis de Hermione hasta el punto que ella no se había permitido tener intimida con nadie más desde ese entonces. Todo había sido tan inocente; todo lo que ella quería era intentar algo excitante en la alcoba/el dormitorio. Como por ejemplo…marcharse de ahí.
Cerró los ojos con más fuerza, tratando de luchar contra los malvados recuerdos, pero prevalecieron. Todavía podía escuchar las palabras de Ron resonando en sus oídos como campanas.
—¿Qué ahora quieres qué?
—Esta noche. En la cena. Pensé que tal vez podríamos…escaparnos. —Hermione se mordió el labio inferior mientras intentaba provocar a su entonces novio Ronald Weasleypara que se aventurara en aguas desconocidas con ella en la fiesta de compromiso de Harry y Ginny.
Ron la miró incrédulo y se frotó/refregó su espeso cabello pellirrojo—. No lo sé, Mione. Es decir… nos pueden atrapar.
—Sí, pero esa es la emoción, ¿no es así?
—¿Te emociona que puedan atraparte?
—Bueno, no —Ella frunció el ceño—. Sólo la idea de que podríamos ser atrapados. ¿No suena como a una experiencia que vale la pena tener?
—No, en realidad no —las cejas de Ron se juntaron—. No me malinterpretes. Me encanta lo que hacemos cuando estamos solos. Pero eso es todo. No creo soportar si Ginny o mi mamá me atrapa estando contigo en el baño.
El corazón de Hermione estalló muy levemente—.Oh. Pero si podías hacerlo con Lavender Brown en los pasillos de Hogwarts sin problemas, ¿no es así?
—¿Qué? —Él frunció el ceño —. Eso no es justo, Hermione. Era joven. Influenciable.
—Eso fue hace cuatro años. Eres apenas un poco mayor de lo que eras en ese momento.
—No te pongas insolente, —él suspiró —. Solo creo que no me interesa esa clase de…cosas.
—¿Cosas? ¿Es así como llamas nuestra relación? ¿Una cosa?
—Oh, vamos. Sabes que no quise decir eso. Quise decir lo… —bajó el tono de voz —sucio.
—¡Oh por Dios, Ronald! —La voz de Hermione se desvaneció de paciencia. —¡Es sexo! ¡Llámalo por lo que es! ¡Sexo!
—¡Está bien, Hermione!¡Sexo! —él gritó —. ¡No quiero desviarme del sexo que hemos tenido!¡El sexo que estamos teniendo está bien!
—¿Lo está? —ella se encontró devolviéndole el grito. —Bueno, ¡me alegra que estés satisfecho! ¡Porque no creo que diez minutos en la posición del misionero esté bien!
—¡También lo hacemos contigo arriba! —dijo patéticamente, sus orejas poniéndose de un tono brillante escarlata.
—Sí. ¿Y cuando dejaste de considerar la importancia del juego previo?
—Te toco —dijo, más tranquilo. —No sé qué es lo que quieres de mi.
—Bésame. Provócame. Tómame como si fuera la última mujer en la tierra, Ron. Eso es lo que quiero —puso las manos sobres sus caderas y suspiró —. Quiero ser más aventurera.
Ron tragó saliva, cerrando la boca en un intento de contener una risa nerviosa mientras se movía inquieto—. Si soy un amante tan inadecuado, ¿por qué no vas a buscar a alguien que avive tu fuego? —sus palabras la abofetearon como una escoba al rostro.
El pecho de Hermione se paralizó y su respiración se detuvo —No…no lo dices en serio.
—Tal vez si —él susurró, metiendo las manos en sus bolsillos. Parecía triste pero determinado cuando dijo —: No séqué es, Hermione. Nos divertimos juntos fuera del dormitorio, pero…tienes razón. Esto entre nosotros no está funcionando.
—Nunca dije que nuestra relación no estaba funcionando. Sólo quise decir que…
—Sé lo que quisiste decir —él la interrumpió —. Pero sé lo que quiero decir también. Y no creo que esto esté funcionando.
—Ron…
Él se quitó una lágrima que se le había caído por la mejilla y se fue hacia la chimenea—. Mira…te mandaré una lechuza, ¿de acuerdo? Sólo…necesito tiempo para pensar.
Eso había sido hace dos años atrás. Dos años largos de comidas familiares incomodas y preguntas incomodas de amigos y miradas incomodas en el ministerio y una renuncia incomoda al ministerio de parte de Hermione para seguir una incómoda carrera como sanadora porque maldita sea, la incomodidad había sido demasiado para manejar.
Se limpió algunas lágrimas, se dio vuelta y clavó el rostro en la almohada.
Así que tal vez la idea de follar a Malfoy hasta dejarlo sin aliento eran solo sus hormonas sexualmente necesitadas. Es lo que se dijo cuando respiro hondo contra la almohada para calmar los latidos de su corazón. Se preguntó si Malfoy siquiera sabía lo que era la desviación sexual, o si era tan sexo vainilla como Ron. Con sus puntos de vista de la educación sexual, Hermione asumió que probablemente sería la última.
¿Pero qué sucedería si no lo fuera? ¿Qué sucedería si de hecho fuera un dios del sexo reprimido a quien le encantaba tomar una mujer en la sección restringida de la biblioteca bajo la luz de una linterna apagada? ¿Qué sucedería si supiera exactamente como complacer a una mujer mientras jugaba con sus pezones, y con ella entre sus piernas y la llenaba de lenguaje sucio en su oído? Todo eso mientras se presionaba contra ella de la manera más indecorosa posible. ¿Qué sucedería si se excitaba con nalgadas, amarrarse y reciprocidad oral?
Ja. Seh. Seguro. ¿Y qué sucedería si los cerdos también volaran?
Pero la idea de Malfoy jugando con ella alimentó una brasa ardiente en lo más profundo de su ser. Ayudaba que él era algo que mirar, incluso si fuera un imbécil insolente con una herencia demasiado grande para contar. Sus rasgos puntiagudos lo habían hecho ver como un hurón cuando era niño; ahora solo hacían que su sonrisa fuera mucho más fascinante al igual que sus ojos. Y estaba ese asunto apremiante de la Marca Tenebrosa en su brazo izquierdo que enviaba señales de peligro por todos lados: ¡Peligro! ¡Peligro! ¡No acercarse! ¡Ni siquiera pienses en él de esa manera!¡Ex Mortífago! ¿Hola? ¿Estás ahí?¡Tierra llamando a Hermione Jean Granger!
Bueno, eso funcionó. Eso borró completamente sus deseos sexuales.
Eso fue hasta que ella pensó en él quitándose una fina y sedosa camisa para revelar dicha marca. ¿Tendría buen cuerpo?, ella se preguntaba. ¿Sería terriblemente delgado bajo esa túnica? ¿O tenía músculos fibrosos que se conectaban a su pelvis en forma de V? Tal vez las cortinas coincidían con la alfombra.
¡Oh, por amor a los Elfos Domésticos! Esto no la estaba llevando a ningún lado.
Hermione dio un bufido acalorado mientras sus manos viajaban entre sus piernas para frotar contra los pantalones de franela de su pijama. Deslizó sus dedos por debajo del delgado elástico y viajó más abajo, justo por sobre la tela de su ropa interior de seda. Mientras desplazaba delicados círculos por sobre su lujuriosa excitación, cerró los ojos de nuevo e intentó de imaginar a un caballero sin rostro quien no tuviera el pelo rubio platinado haciendo cosas profanas en la cama en este mismo momento. Este hombre sin rostro, y no Malfoy, sabría cómo besar el largo de su cuello mientras la incitaba con sus dedos largos de pianistas. Mordería su hombro; no mucho como para lastimarla, pero suficiente para provocarle un tímido jadeo mientras la jalaba hacia él así ella podía sentir el firme musculo de su erección presionar contra su trasero.
Sus dedos se deslizaron por debajo de sus bragas y encontraron la húmeda parte de su excitación y frustración, frotándose sus labios de arriba abajo en un intento de aliviar un poco de esta frustración sexual.
El hombre no Malfoy sabría empujar sus dedos contra su centro adolorido, sin llegar a sumergirse del todo, pero dibujando círculos cuidadosamente alrededor mientras susurraba suciedades en su oído como: «Quiero hacerte gritar mi nombre» y «Poner tus lindos labios a buen uso». Luego presionaría un dedo seguro en ella, llenándola por primera vez en años, mientras pasaba esos elegantes labios sobre su oído para susurrar…
Knock, knock, knock.
Hermione gruño frustrada, sentándose renegadamente y quitando la mano de entre sus piernas. Incluso en la privacidad de su propio dormitorio,no podía obtener una liberación. Salió de la cama rápidamente, envolviéndose en su manta favorita de felpa roja que había traído de su casa mientras caminaba pesadamente hacia la puerta y la abrió.
—¿Qué? —dijo furiosa, sin ni siquiera saber, o realmente importarle quien estaba del otro lado.
Para su disgusto, no era otro que el no objeto de su fantasía sexual de hace unos momentos, Draco Malfoy. Vestía un conjunto informal, sin corbata, y con una sonrisa insaciable escrita en las líneas de su rostro. Rió disimuladamente detrás de su mano antes de bajarla a su lado para decir —: Bueno, hola a ti también.
—P-profesor Malfoy —los ojos de Hermione se agrandaron, y apretó más su manta a su alrededor—. ¿Qué estás…? —aclaró la garganta, de repente muy consciente de la manera en que sus bragas estaban húmedas ante la vista de él —. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Simplemente estaba haciendo mi patrulla nocturna y pensé en venir aquí a entregarte esto —bajó la vista hacia su pecho y retiró un pequeño sobre del bolsillo. Hermione alzó una ceja mientras se lo entregaba y puso las manos detrás de su espalda.
—¿Subiste todas esos escalones sólo para darme esto?
—Creo que encontrarás que ser un profesor en Hogwarts te da bastante tiempo de inactividad —su tono era alegre, incluso juguetón. Pero Hermione nunca había visto a Draco ser divertido, así que tal vez estaba lo estaba mal interpretado. Sí, eso debería ser —. Abrelo.
—¿Delante de ti?
—Sí. Por supuesto. Quiero ver tu rostro cuando lo hagas —él esbozó una sonrisa mostrando el conjunto de dientes blanco perlados y la miró fijo a los ojos.
Hermione, desconcertada, abrió el sobre y sacó una tarjeta gruesa que decía en una elegante caligrafía "¿También gritas cuando pierdes?".
Ella pudo sentir los músculos alrededor de sus ojos tironearon, y sabía que toda la sangre de su cuerpo se había ido a su rostro. Probablemente podría ser una más de los Weasley: su rostro hubiera hecho juego con el cabello de ellos completamente. Hermione levantó la mirada hacia el rostro de Malfoy, que parecía estar bastante satisfecho con su reacción.
Su sonrisa se agrandó, se rió en voz baja —. No tiene precio —hizo un gesto con la mano en el aire mientras retrocedía del umbral de la puerta y fue a las escaleras —. ¡Que tenga una agradable velada, profesora Granger! —Sus risas podían escucharse todo el tiempo mientras bajaba las escaleras, e incluso un poco más cuando se paseaba por el pasillo para patrullar la escuela una vez más.
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NdT: Este Draco es un pillín jajaja
Gracias mis queridas lectora por la aceptación de esta historia, espero que a medida que lo vayan leyendo se encuentren más a gusto. No tengo mucho más que agregar, más que nada decirles que las aprecio muchísimo a todas. Un besote enorme y un gran abrazo. Nos vemos en el próximo capítulo.
Pd: ¿Saben lo que es sexo vainilla? Si no es así, siéntanse libre de mandarme un mensaje.
