Voltron: Lost Memories
Capítulo 2:
"Despierto"
…
Abrí los ojos.
Estaba en el espacio. Yo pilotaba una nave e iba hacia adelante. No había nada, más que las estrellas. No sé a dónde me dirigía, o cuál era mi misión, pero sabía que tenía un destino y era mi deber llegar ahí.
Entonces volteé a mi derecha, y noté a alguien conmigo. Una figura oscura y borrosa. Sabía que era humano, pero no podía ver sus rasgos, no podía distinguir quién era, pero sabía que esa persona me importaba. Yo tenía que protegerla, pero también sentía la necesidad de llegar a mi destino. Miré hacia adelante, y miré la figura. Una y otra vez, porque no sabía qué hacer.
De pronto la figura ya no estaba. Y fue ahí cuando me di cuenta de que eso era lo que más me importaba. Sentí un vacío, y una preocupación por esa persona, y ya no estaba. Ahora viajaba sólo, hacia lo desconocido.
…
Por fin me desperté. Mis ojos pudieron abrirse, aunque la luz de la habitación me cegó por un momento. La fuerza en mis brazos al fin había vuelto. Me froté los ojos hinchados y esperé a que se adaptaran a la luz. Sentí mi boca seca y mi lengua pegajosa. Tenía mucha sed. Ya estaba cansado de estar recostado, así que me apoyé en las manos para sentarme. Al hacerlo sentí un dolor agudo en mi mano izquierda que me hizo gritar. Cuando miré, sólo era una intravenosa, que me estaría administrando medicamento. A pesar del dolor, conseguí recargar mi espalda en la almohada. Entonces él apareció en mi mente.
—¡Lance!
Aunque mi voz seguía rasposa, y necesitaba agua urgentemente, dije su nombre con claridad. Yo recordaba haberlo visto siempre a mi lado, siempre lo escuchaba a mi derecha, así que voltee. Pero no había nadie. Lo busqué por la habitación, pero no había señales de él, o de nadie más. Estaba sólo. Y ahora estaba confundido. Antes de despertar, cuando todavía estaba débil, recordaba haberlo visto, haberlo escuchado, incluso sentirlo. Miré mi mano, recordando la suya. Y después me sentí tonto por lo que estaba haciendo.
La habitación en la que me encontraba tenía dos puertas. La más grande, imagino que era la entrada y salida de la habitación. En el otro extremo, una más delgada. Pensé que podría ser un clóset, o tal vez otro cuarto, un baño, porque esa puerta se abrió y alguien salió por ahí. Yo esperaba que fuera Lance, pero en su lugar era…
—Shiro…
—¡Keith!
Se le iluminaron tanto los ojos, y me sonrió de tal manera, que no pude evitar sonreír yo también. Era como si no lo hubiera visto en mucho tiempo.
—¡Shiro!
Avanzó hacia mí y me abrazó con mucha fuerza. Me pregunté cuándo habría sido la última vez que me abrazó. En ese momento me sentí tranquilo, brevemente aliviado.
—¡Me da tanto gusto verte despierto! —Me dijo ya que me soltó —¿Cómo te sientes?
—Necesito agua —dije, poniendo mi mano sobre mi garganta.
—¡Claro!
Rápidamente se dirigió a una mesita, sirvió agua de una jarra en un vaso y me lo dio. El vaso de agua más dulce y refrescante de toda mi vida. Le pedí otro. Aunque al fin había despertado, estaba sentado, y mis brazos y piernas ya me respondían, mi cabeza me dolía un poco, y aún me sentía agotado.
—Shiro… —quería saber muchas cosas. ¿Qué hora era? ¿Dónde estabamos? ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaban los demás? ¿Qué había de Voltron? ¿Lotor?, y muchas preguntas más que podría haber hecho. Pero cuando vi con atención a Shiro, cuando estudié su rostro, sólo pude hacerle una pregunta —¿Qué te pasó?
—¿Eh? ¿De qué hablas?
—Tu… tu cabello. Es blanco —Y no sólo eso. Shiro lucía mayor. No viejo, claro que no, pero no era como yo lo recordaba. Tampoco vestía su ropa normal, o la armadura de Paladín Negro. Parecía más bien un uniforme —Y, tú… Tu brazo… —seguía teniendo una prótesis robótica, pero era muy diferente. Ahora estaba unida magnéticamente a su hombro. Me preocupé —¡Shiro! ¿Qué te pasó? ¿Dónde…?
La ansiedad me hizo levantarme, pero el intentarlo sólo hizo que me doliera la intravenosa en mi mano y me punzara la cabeza. Shiro se me acercó con rapidez y puso sus manos en mis hombros —¡Keith! Está bien. Tranquilo. No pasa nada —me hizo recargarme nuevamente en la almohada. A pesar de todo no dejaba de sonreír —Sé que te sientes confundido… pero es normal. Casi.
—¿De qué hablas? —Shiro perdió su sonrisa, y ahora parecía preocupado.
—Bueno... —pensó unos segundos —¿tienes alguna idea de en dónde estás? ¿Dónde te encontrabas antes de despertar aquí?
Pensé primero en este lugar. Nuevamente miré a mí alrededor. Me quedaba claro que no era una habitación común. Y tampoco era una habitación de hospital, no totalmente. No sabía en dónde estaba.
—Lo siento, Shiro. No conozco este lugar.
La voz de una mujer llamó nuestra atención —Sí lo conoces.
Cuando la vi, no fue miedo lo que sentí, sino desconfianza. Por la puerta principal apareció un Galra. Una mujer Galra. Recuerdos de la guerra se hicieron presentes en mi mente, y sentí una enorme necesidad por levantarme y pelear. Pero al verla con detenimiento me di cuenta de que no era como el resto de su raza. Ella era más esbelta, sus ojos no eran del todo amarillos, y su armadura… su armadura… la conocía.
—¿Eres… eres de la… la-a… de la…? —Traté de recordarlo. Sabía el nombre. Pero mientras más trataba de recordar mi voz perdía fuerza. Y me desesperé. En cambio, ella me dirigió una mirada comprensiva. Se acercó a mí.
—La Espada de Marmora.
—¡Sí! —dije aliviado —¡Exacto!
Ella me sonrió —Sí. Soy miembro de la Espada. Me llamo Krolia, ¿recuerdas quién soy?
Había algo familiar en ella, pero no sabía por qué —Yo… no lo sé.
Ella bajó la vista, y después miró a Shiro con una expresión seria —Hay que decirle —su voz se volvió autoritaria. Me sorprendió.
—Aún no —dijo Shiro, casi como súplica —debe entenderlo poco a poco, deja que vengan los demás.
—Si no se lo dices tú, se lo diré yo.
No quería preguntar, pero lo hice —¿Decirme qué? —Krolia me miró. Había algo de compasión, y también de coraje en sus ojos. Me era familiar.
—Keith, tengo que decirte que…
Shiro la interrumpió —¡Krolia es tu madre!
Miré a Shiro. Después miré a Krolia. Mi mente no estaba preparada para escuchar eso. Al principio no lo creí. No podía ser. Pero cuando Krolia me miró, algo en mi interior me dijo que era cierto. No puedo describir la alegría, la confusión, y también la ira que sentí en ese momento —Tú… eres mi… —entonces algo ocurrió. Mi cabeza dolió, y cerré los ojos un momento. Cuando los abrí me encontraba en una nave, con Krolia frente a mí, repitiendo exactamente las mismas palabras. Parpadeé, y nos vi peleando juntos en una base Galra. Parpadeé, y recordé…
—¿Keith? —dijo ella.
—No es la primera vez que nos vemos, ¿verdad? —levanté la vista. Había algo en su rostro. Parecía ser una Galra muy fuerte, pero había dolor en su mirada.
—Así es Keith. Ya nos habíamos conocido antes.
—¿Y por qué no lo…?
—Era lo que quería contarte —Krolia miró a Shiro, casi molesta. Era obvio que en algo estaban en desacuerdo. Pero si era tan importante para preocupar a, mi madre, sentía que debía saberlo también.
—Shiro —lo miré —¿qué ocurre?
En cambio, en Shiro distinguí dolor y miedo, jamás había visto a Shiro tan preocupado por algo, o por alguien. Ni siquiera por mí. Era como si alguien hubiera fallecido o algo… y entonces pensé en Lance. Mi pulso se aceleró, y no sé por qué, ¿y si algo malo le había sucedido a Lance? Pero… ¿por qué me preocupaba tanto Lance?
Shiro me sacó de mis pensamientos. Se inclinó hacia mí. Shiro habló lentamente.
—Keith. No sé qué tan preparado estés para escuchar esto, pero… en tu última misión sufriste un accidente. Uno terrible. Sufriste daños en tus piernas, en tus costillas, y hasta en tu brazo. Pero el daño más preocupante para todos, fue el de tu cabeza. El impacto fue tal, que… —Shiro se aclaró la garganta —sabíamos que ibas a despertar, pero había… hay, una alta posibilidad de que sufras pérdida de la memoria.
Estaba en shock. No sabía qué decir. No podía entender. No quería creer. Miré mis brazos. Yo no distinguí daño alguno. Me descubrí y miré mis piernas… y no podía creer que tenía cicatrices, como si me hubieran tenido que operar. No podía creerlo.
—Pero… —no sabía qué decir —Pero yo… ¡Pero yo te recuerdo, Shiro! ¡Te reconocí! —me sentía desesperado —Recuerdo a Voltron, recuerdo a Lance… recuerdo a los demás Paladines… —mi respiración se aceleró. Jamás me había sentido tan ansioso —Recuerdo… ¡Recuerdo a Krolia!
—Y esa es una muy buena señal —dijo ella, con calma —significa que el daño no es tan profundo como temíamos.
—¿¡Tan profundo!? ¿Pues qué esperaban?
No me respondieron. El dolor en mi cabeza no hizo más que aumentar. Y comenzó a dolerme mucho. Tanto que tuve que hacer presión con mi mano en la sien.
—¡Keith! ¿Estás bien? —preguntó Shiro, pero yo ignoré su pregunta.
—¿Cuánto tiempo estuve dormido?
Fue Krolia quien me respondió —Casi ocho semanas.
—¿Qué? —la miré incrédulo. Pero yo sabía que hablaba en serio. Ocho semanas… dos meses —¡P-pero la guerra! ¿Qué pasó con Voltron? ¿Y Lotor? ¿Qué pasó con Zarkon?
—Keith —Shiro me tomó de los hombros.
—¿¡Qué!? —le grité. Sentí unas terribles ganas de llorar, pero no lo hice.
—Keith —repitió. Suspiró —la guerra terminó. La ganamos —intentó sonreír, pero claramente no estaba feliz.
—¿A qué te refieres con que terminó?
—Eso mismo. La guerra terminó. Zarkon, Lotor, Honerva, los vencimos.
No podía creerlo. No podía ser posible. Pero, entonces… —¿Hace cuánto fue eso?
Miré a Krolia. Ella, igual que yo, estaba cruzada de brazos con sus ojos cerrados. Era nuestra manera de afrontar las situaciones. Abrió sus ojos y me miró. Y sin decir nada le supliqué que me respondiera.
—La guerra terminó hace cuatro años.
Sentí mareo, mi respiración se aceleró. Mi corazón latía tan fuerte que creí que me lastimaría. Shiro me dijo algo más, pero sólo percibí murmullos. Cuatro años. No podía ser. El dolor de cabeza se convirtió en un aguijón.
Y me dio gusto.
Porque en cuanto lo sentí, el cansancio, el mismo cansancio se apoderó de mí de nuevo. Mi cuerpo se volvió débil otra vez. Y no pude mantenerme despierto más tiempo.
Todavía escuché a Shiro decir mi nombre antes de quedar inconsciente.
…
Cuatro años.
…
¿Cómo pudo ser posible?
