Draco tardó unos momentos en asimilar lo que acababa de pasar. Era la primera vez que alguien se atrevía a ponerle una mano encima, y lo peor es que no fue cualquier persona la que le propinó el golpe, sino que fue nada más y nada menos que la sangre sucia inmunda de Granger, esa maldita sabelotodo impertinente a la que tanto detestaba. No supo bien en qué momento pudo despegar sus pies del suelo, pero cuando fue consciente ya estaba corriendo por los pasillos intentando visualizar la castaña melena de su enemiga. Luego de empujar a varios alumnos de primero de la casa Hufflepuff, logró verla doblando la esquina, por lo que apresuró el paso y en menos de un minuto pudo alcanzarla, la tomó por el brazo con la mayor fuerza que pudo y la acorraló contra la pared.
- Sangre sucia asquerosa, así que te crees con derecho a pegarme, ¿verdad? La gente como tú no tiene el derecho de acercarse a la gente como yo, ni siquiera deberías respirar el mismo aire que yo respiro y sin embargo te crees lo suficientemente valiosa como para alzar tu sucia mano contra mí. Sabía que los Gryffindor eran valientes pero lo tuyo roza la estupidez. - escupió Draco intentando ser todo lo hiriente posible.
- Y tú eres un experto en reconocer la estupidez cuando la vez, ¿verdad? Sino no se explica cómo puedes tener amigos, y es que deben ser tan estúpidos como tú como para querer acercarse a alguien que solo puede querer a su propia sombra - replicó Granger con los ojos llorosos y la frente bien alta.
Draco apretó el brazo de la castaña con mayor fuerza, se encontraba más furioso que nunca, se sentía capaz de echarle los tres maleficios imperdonables en ese mismísimo momento sin importarle estar en un corredor del colegio.
-Eres una... - comenzó a decir el rubio, pero se vio interrumpido por la voz de la profesora McGonagall.
- ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Qué hacen ustedes dos que no están camino a su próxima clase? Vamos, circulen, circulen – los apremió empujándolos para que caminaran.
Granger se había salvado por la aparición de esa maldita vieja, pero eso no iba a quedar así, de una u otra forma se iba a vengar de ella, solo tenía que pensar cómo.
De camino a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras se encontró con sus amigos quienes estaban muy ensimismados en una charla sobre Quidditch como para prestarle atención a su presencia, aunque mejor para él, no tenía ganas de hablar con nadie, muchísimo menos después de lo ocurrido con Granger. Durante la clase aprovechó la excusa de estar demasiado ocupado prestándole atención a Snape y esquivó todas las preguntas de Blaise acerca de dónde había ido luego de la clase de Pociones. Luego de casi una hora intentando concentrarse en su libro de "Teoría de Magia Defensiva", decidió que no iba a llegar a ningún lado, lo cerró con fuerza y se dedicó a mirar al resto de sus compañeros de clase. Crabbe leía con el ceño tan fruncido que parecía que su libro estaba en un idioma distinto al del resto de la clase, Nott ya había empezado a redactar su ensayo y se veía bastante concentrado haciéndolo, Goyle comía a escondidas un pedazo de pastel de calabaza que había robado del desayuno, Zabini se encontraba igual o peor que Crabbe y Pansy había cerrado su libro al igual que él y ahora se dedicaba a peinarse el cabello. Nunca le había prestado demasiada atención a Pansy, al menos no como el resto del colegio. Draco había notado que en los últimos dos años su amiga recibía mucha más atención masculina que antes y la verdad notar el por qué, ya poco quedaba de aquella niña esquelética y malhumorada que había sido en sus primeros años de colegio, ahora era una muchacha atractiva y seductora, consciente de su poder sobre el género masculino. Sin embargo, nunca la había visto en una relación estable con nadie, claro que se había enterado de su aventura con Blaise, pero no había durado más de un par de semanas y luego volvieron a ser amigos como siempre. Draco se encontraba tan abstraído en sus pensamientos que no había notado que la hora había llegado a su fin y todos sus amigos se encontraban guardando sus útiles.
- ¿En qué pensabas ahí adentro? Ni siquiera te diste cuenta cuando Snape dio por finalizada la clase y eso que fue la clase más aburrida que tuvimos hasta el momento - Theo se había acercado a él y parecía de un insoportable buen humor - la verdad es que lo prefiero como profesor de Pociones, al menos así sus clases eran entretenidas y dinámicas, ya sabes, calcular las medidas de los ingredientes, ver a Longbottom fastidiando algo, ver cómo le quitan puntos a Potter.. oye, ¿me estás escuchando?
No. No lo estaba escuchando en absoluto, estaba demasiado ocupado pensando en cómo se iba a vengar de Granger después de lo que le había hecho, pero por el momento su cerebro parecía Weasley, porque se encontraba totalmente en blanco.
- No estoy de humor para hablar. - se limitó a decir y Theo se alejó con aire ofendido.
Cuando llegaron al Gran Comedor dirigió una fugaz mirada a la mesa de Gryffindor y allí vio a la sangre sucia hablando alegremente con sus amigos, tan tranquila como si pensara que Draco no iba a hacer nada para vengarse, que equivocada que estaba.
- ¿Vas a decirnos por fin dónde te metiste luego de la clase de Pociones? Te buscamos por todos lados. - dijo Pansy mientras todos se sentaban en la mesa de Slytherin.
- Estaba en la biblioteca, terminando el trabajo que nos dejó Slughorn - bufó mientras se servía un poco de sopa de mariscos en su plato.
- Oh... que horrible tener que hacer equipo con Weasley, eres el que peor lo pasó, querido Draco - dijo ella imitándolo.
- Eso es cierto, lo tuviste peor que nosotros, aunque a mí me hubiese gustado que me tocara con Granger, la sabelotodo no hubiese podido con su genio y seguramente terminaba haciendo todo el trabajo por mí - opinó Zabini.
- Suerte la tuya que no te tocó con Finnigan, estuve toda la clase temiendo que de repente mi pergamino explotara - apuntó Nott con aire preocupado mientras sus amigos reían.
Estar así con sus amigos lo hizo relajarse un poco, se empezó a sentir menos malhumorado y hasta participó abiertamente en las bromas que el grupo hacía. Quién era Granger para decir que él solo podía querer a su propia sombra, ella no lo conocía.
Todavía no podía dejar de pensar en la bofetada que le había propinado a Draco Malfoy esa mañana, cada vez que pensaba en ello sonreía sin proponérselo. Era hora de que alguien le diera su maldito merecido a esa serpiente, y Hermione se sentía muy satisfecha de haber sido ella quien lo hizo.
Las clases pasaron rápido para la castaña, quien no paraba de tomar apuntes extremadamente detallados sobre cada palabra que decían los profesores, mientras que por su parte, Harry y Ron parecían estar cada vez más al borde del hastío con cada segundo que pasaba. Cuando por fin finalizó la clase de Herbología, los tres amigos se dirigieron a la Sala Común de Gryffindor a relajarse antes de la cena.
- Oigan, todavía sigo creyendo que Malfoy trama algo…
Hermione no pudo evitar suspirar y poner los ojos en blanco. Hacía semana que Harry no paraba de decir que estaba seguro de que el Slytherin traía algún plan secreto entre manos, hasta no tuvo mejor idea que decir que probablemente Malfoy se había unido a los Mortífagos, ¡vaya tontería! Un muchacho de dieciséis años siendo mortífago, resultaba imposible siquiera imaginarlo. Pero nada podía quitarle esa idea de la cabeza a Harry, ni siquiera las recurrentes negativas de sus dos amigos.
- Ya te dijimos, Harry. Es imposible que el Innombrable haya dejado a Malfoy unirse a los mortífagos, dime ¿de qué les podría servir alguien que ni siquiera ha terminado el colegio? Es ilógico hasta para mí – comentó Ron.
- No lo sé, no sé por qué Voldemort dejaría a Malfoy unirse a sus seguidores, pero sé que estoy en lo correcto – insistió una vez más el moreno.
- Harry, basta. Por más que nos repitas lo mismo una y otra vez no vas a poder probarlo, ya no discutiremos más del asunto – dijo Hermione golpeando con fuerza la pequeña mesa a la que se encontraban sentados los tres amigos.
Era bastante obvio que Harry no estaba nada contento con la decisión de su amiga de dar por finalizada la conversación, pero no siguió discutiendo. Tomando eso como una señal de paz, decidió despedirse de sus dos amigos y dirigirse a su habitación a descansar.
Para su tranquilidad, la habitación de las muchachas se encontraba vacía cuando ella entró. No es que no quisiera a sus compañeras de habitación, pero nunca había sido muy cercana a ellas, ya que siempre había preferido la compañía de Harry y Ron, por lo que los momentos a solas en aquel lugar eran una gran fuente de alivio para la castaña que detestaba las charlas incómodas y los silencios repentinos que se producían cuando ella entraba en la habitación. Se dirigió hacia su cama y comenzó a ponerse el pijama cuando notó algo que no estaba allí esa mañana cuando ella salió para encaminarse a sus clases del día. Sobre la almohada se encontraba reposado un pequeño sobre dorado en el cuál se leía "Para Hermione Granger" en una pulcra y estilizada caligrafía.
La muchacha tardó varios segundos en reaccionar antes de tomar lentamente el pequeño sobre en sus manos. Estaba indecisa, no sabía si abrirlo o no, es decir, claro que iba a abrirlo, pero se sentía muy nerviosa. Respiró hondo y lo hizo.
"Sé que esto te resultará extraño, casi tanto como me resulta a mi escribirlo, pero ya no me siento capaz de seguir callándome lo que siento. Eres la muchacha más linda e inteligente que he conocido, aunque me encantaría poder conocerte un poco más."
A la cuarta vez de releerla, Hermione bajó el pequeño trozo de pergamino que aferraba en sus manos y lo depositó sobre la almohada nuevamente. Estaba estupefacta, acababa de recibir una carta de amor anónima y no sabía qué pensar. Ella nunca había sido como sus compañeras o como Ginny, que había salido con varios chicos hasta el momento. Su primera experiencia en el amor había sido Viktor Krum y de eso ya había pasado un buen tiempo, pero después de él, nadie más había demostrado ese tipo de interés en la castaña.
Y si esa carta se la hubiese dejado… un leve cosquilleo la invadió al pensar que tal vez podría ser de quien ella realmente quería que fuera, pero no, no podía ser Ron, la carta decía textualmente "me encantaría poder conocerte más" y Ronald era una de las pocas personas que en realidad la conocían. No pudo evitar decepcionarse un poco al comprender que por más que llevara años deseando ser algo más que una amiga para el pelirrojo, este no parecía sentir lo mismo que ella.
Tomó nuevamente la carta y la volvió a meter en el sobre dorado, pensando qué hacer con ella para que nadie la encontrara jamás. Se levantó y abrió su baúl, rebuscó en el durante unos momentos hasta que encontró lo que estaba buscando, una pequeña caja musical de madera que le obsequió su madre antes de comenzar su primer año en Hogwarts. Hacía mucho tiempo no se detenía a prestarle atención, pero todos los años sin falta ella la volvía a poner en el baúl junto con sus útiles para llevársela de regreso al colegio. Aunque pareciera tonto, ese pequeño objeto la hacía sentirse más cerca de su hogar, más cerca de su madre y de todo lo que dejaba atrás cada año al subirse al Expreso de Hogwarts. En la parte inferior de la cajita había un compartimento lo suficientemente grande como para que entrara el sobre que quería ocultar.
Ahora solo quedaba una única cosa por hacer, desenmascarar a su admirador secreto.
¡Hola!
Aquí está el segundo capítulo después de un largo (extra largo) período de ausencia. Espero lo disfruten y se animen a dejar reviews que siempre son una enorme fuente de inspiración y nos animan a seguir.
Eso es todo por ahora, si tienen alguna sugerencia no duden en dejármela que siempre serán tenidas en cuenta.
