¡Hola! Aquí un nuevo capítulo de esta hermosa historia, espero que lo disfruten

Disclaimer: los personajes y la historia son propiedad de su respectivo creador.

Advertencias: mundo alterno AU

Hermione fue despertada por el fuerte golpe de la puerta y una voz femenina que gritaba agitadamente:

—«¡Sŭbudete se!»¡Su Alteza Real! —

Justo se incorporaba cuando una robusta doncella de mediana edad ingreso en la habitación, Hermione pronto se dio cuenta de que las únicas palabras en inglés que sabía eran "Su Alteza Real". Entre un balbuceó búlgaro y un mimo complicado, la castaña interpretó que debía bajar al Comedor Real para desayunar, la muchacha se acerco a ella para ayudarla a desvestirse, pero la princesa mirando sus ásperas y desconocidas manos dijo:

—No, está bien. Puedo hacerlo yo misma —

La doncella la miro impotente, la castaña entonces suspiro e intento imitarla haciendo ademanes, pero fue inútil. La doncella se limito a mirarla confundida, hasta que Hermione le tendió los brazos y le permitió hacer su tarea.

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Esa mañana había niebla en el aire, y con osadía parte de ella se filtro en el castillo revistiendo los pasillos con un ligero cendal traslúcido, haciendo que pareciera mas como el escenario de una historia de fantasmas. Gracias a esto Hermione se perdió, la neblina empaño su visión mientras caminaba en los pasillos vagamente familiares del castillo, y cuando finalmente encontró el Comedor Real todos los demás ya estaban sentados. El príncipe se levanto de su silla cuando la vio, probablemente porque sus mejillas encendidas por la prisa unida aquella trenza que le hizo la doncella, la hacían parecer un poco a la chica del retrato.

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Cuando estaba sentada el zar Nikola comentó: —Pensé que tal vez Viktor podría mostrrarte después del desayuno los alrededores del castillo, pero parrece que habrá que postergarlo —

Hermione miro al príncipe, los ojos ébanos de Viktor estaban fijos en su plato, pero luego movió su mirada hacia ella y entonces hablo: —No, todavía vamos —

Su padre dijo algo en búlgaro frunciendo el ceño, pero Viktor negó con la cabeza insistiendo en otra cosa.

El zar se volvió hasta la castaña —¿Te imporrta salir con tan mal tiempo?, podrías hacerlo en cualquier otrra ocasión—

—No…—dijo la princesa en voz baja —no importa —

Simplemente porque de repente sintió la necesidad de estar al aire libre, para fingir por un momento que era autónoma, incluso si el viento lleno de niebla enmarañaba sus cabellos

—Bueno entonces asegúrate de usar un abrigo —

Y así se resolvió

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Después de la comida, el príncipe de ojos ébanos le señalo con la mirada el vestíbulo—Me reunirre contigo abajo—pronuncio aquello casi en un susurro, con su gruesa voz llena de barítono ocasionando con ello que una corriente le atravesará el cuerpo. No obstante él se levanto y se marcho de esa manera abrupta e impaciente con la que siempre se mantenía distante de ella desde que llego.

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Cuando volvió él tenía una caja grande entre sus manos

—Parra ti —dijo dándole la caja a Hermione

Ella ligeramente conmocionada quito la tapa revelando una cenefa de papel de seda lisa, cuando deslizo los dedos por debajo de esta para quitarla rozo algo tan suave que dejo escapar un jadeo involuntario. Retiro el pañuelo y debajo de una cinta de terciopelo color sangre, había un exquisito abrigo de piel blanca. Era tan suave que resbalaba tratando de escapar de las manos de la princesa mientras lo sostenía, nunca había sentido algo tan fino y primoroso, supuso que las pieles formaban parte de los trajes búlgaros. Así que básicamente sus guardarropas eran dueños en las texturas como de su país eran de la seda y satén.

—¡Oh esto es hermoso! ¿de que esta hecho? —

—«Polyarna mechka»—su idioma se envolvió tan naturalmente alrededor de sus palabras, que ella deseo rápidamente hablar búlgaro.

Pero aun había mucho tiempo para aprender, sin embargo era realmente vergonzoso que él, que aparentemente tuvo dificultades, pudo aprender unos conceptos básicos sobre el inglés. Mientras que ella se había negado obstinadamente a si quiera pedir clases de búlgaro.

—Yo no…—balbuceo avergonzada—¿qué? —

Él solo se encogió de hombros, era un príncipe, no se hundiría en charadas tontas como lo había hecho su doncella esa mañana. Su dignidad estaba bien clavada.

—Bueno gracias—

Hubo entonces un silencio color rosa, Hermione acaricio la manga de su nuevo abrigo, los diminutos filamentos se movieron con el simple roce de sus dedos, pelillos individuales, minúsculos, e insignificantes por separados. Pero juntos formaban algo de gran magnificencia como era aquel abrigo.

—Vamos— manifiesto el príncipe encogiéndose de hombros en sus propias pieles, eran tan negro como su abrigo era blanco, tan oscuro que parecía que había una profundidad en el, era como si él se hubiera cubierto con el agujero de un pozo.

Pero no se detuvo para ayudar a la castaña a ponerse su abrigo, otro desaire sutil, porque por supuesto se habría imaginado que a quien lo entregaba era a la chica de hermoso vestido lavanda, seguramente a ella le regalaría una sonrisa brillante en sus labios.

Afuera los arboles permanecían en silencio, sumergidos en la niebla, un solo pájaro piaba desde las profundidades del bosque, Hermione noto que el príncipe parecía más a gusto ahí afuera, sin un techo sobre su cabeza para limitar sus sueños, pero él no la tomo del brazo como hubieran hecho en su tierra, sino que se quedo mirando el cielo.

El ave volvió a cantar y Viktor parpadeo regresando al mundo.

—Porr aquí —anuncio señalo un camino que se alejaba de la bahía, con su mano cubierta por un guante de cuero mientras que la otra la posicionaba en la espalda de ella por encima del abrigo.

El frio y el silencio eran diferentes ahí que en Escocia, más penetrante. Si bien en su país le erizaban la piel enfriándosela, allí buscaban un lugar en la medula los huesos de las personas, Hermione se estremeció, pero Viktor parecía tan impasible, él había sido criado en el empapado silencio, en un lecho de hielo.

El camino se ondulaba por el bosque como una serpiente. La castaña ya no sabía en qué dirección estaba el castillo; el bosque estaba oscuro y a pesar de su abrigo de piel ella se estaba congelando. Cada vez, era más consciente de que estaba en lo profundo de un bosque oscuro con un hombre extraño, incluso si ella se casaría al otro día con él. ¡Oh, sí solo la boda pudiera retrasarse una semana más! Entonces el hombre que ella besaría, usando su vestido de novia con incrustaciones de perlas sería menos extraño.

Los árboles empezaron a reducirse, y Hermione pudo escuchar el rugido del mar llamándolos. Salieron de la línea de árboles y allí, encaramados en el borde del lago, había una torre alta y negra. Parecía que había sido separado del castillo principal y colocado aquí por la mano de un gigante.

No habían intercambiado ni una palabra desde que habían abandonado el castillo, pero en ese momento él dijo: —¿Quierres entrrar? —Se detuvo—Hermy-own-ninny…—

No pudo evitar reírse, incluso si sintió una ligera emoción cuando él lo pronuncio. Esta era la primera vez que se dirigía a ella por su nombre. La castaña no sabía muy bien qué pensar. Una extraña sensación sin título se agitó en sus entrañas.

—¿Qué dijiste? —

Los ojos ébanos de él se abrieron y un sonrojo se adueño de sus mejilla, pero volvió a intentarlo con valentía: —¿Hermy-own-ninny? —

Ella se rió de nuevo—Lo suficientemente bueno para acercarse al original—

Y esta vez el príncipe se unió a su risa, Hermione casi detuvo la suya, Viktor tenía una risa fuerte y rica que le produjo placer nada más escucharla. Fue una verdadera risa, no fingida o puesta para ser cortés. Por un momento ella pensó en deslizar su brazo por el de él, pero luego se lo pensó mejor. El hecho de que compartieran una risa no significaba que ninguno de los dos se hubiera enamorado.

Las paredes en su interior estaban escabrosas, calada de niebla, un musgo tan oscuro como las mismas paredes crecían sobre ellas.

— Mirra — indicó el príncipe, mostrando los escalones que estaban tan musgosas como las paredes.

La oscuridad los tragó mientras subían, no había luces que guiaran el camino ni ventanas para extender la luz del día a través de la estrecha escalera. Hermione se centró en la parte posterior del cuello pálido del príncipe, que se veía coloreado del verde de la atmósfera. Quería preguntarle el propósito de la torre, por más extraña que fuera, le intrigaba, esta torre solitaria oculta a la vista del castillo, pero sabía que él no entendería sus palabras. Tendría que acostumbrarse a eso. Una vida de eternidad conteniendo sus palabras, siendo de mala gana la obediente y tranquila esposa que yacía a los pies de su marido como un perro.

El tipo de mujer que odiaba.

Débiles rayos de luz llegaron hasta ellos y emergieron en lo alto de la torre, la castaña dejó escapar un suspiro. A un lado de la torre podían ver la interminable extensión del mar gris, y al otro lado otro océano infinito, solo el frente eran árboles. La imagen consiguió marearla, le hizo dudar de su vida hasta este punto. Estar ahí arriba, con nada más que el suspirar de las olas y de las ramas de árboles frotándose unas contra otras, hacía que todo pareciera tan inútil, tan pequeño. La vida humana era tan corta. Esos árboles, ese océano vivirían sin cambios durante miles de vidas humanas. Ella no era nada comparada con ellos. Nada.

Como si sintiera sus pensamientos, el príncipe la cogió del brazo para estabilizarla. Se sobresaltó, pero ya estaba demasiado conmocionada para hacer una reacción visible. Y de repente todos sus pensamientos se habían huido de la eternidad, para concentrarse solo en la presión de los dedos del príncipe que rodeaban su brazo, en la sensación de que él estaba justo detrás de ella, más cerca de lo que nunca habían estado cerca uno del otro.

— «Ne e li krasivo»—, susurró en búlgaro, como si hubiera olvidado que ella era una extraña a su lenguaje, —«¿ Zhivot ?» — Pero ella sintió que sabía lo que quería decir.

— Sí…—suspiró ella.

Cuando regresaron al castillo, empezaron a llegar los invitados a la boda— con baúles y mujeres de mal humor— a la que asistían personas con caras serias, que abarrotaban el gran salón. Todos gritaron cuando Hermione y el príncipe entraron, una mezcla de muchos idiomas diferentes flotaron en el aire, dominando entre ellos el búlgaro.

Hermione escudriñó a través de las muchas caras que la miraban con curiosidad, buscando a la familia real inglesa. Habrían sido invitados, ¿no? Antes de que ella pudiera determinar si estaban presentes o no, su madre la empujó a través de la multitud.

—Hermione, mi amor, tienes deberes de boda que atender. No tenemos mucho tiempo, ya que la boda es mañana —. Como si ella necesitara recordárselo. —Te fuiste por mucho tiempo, ¿sabes?—señalo mientras la acompañaba escaleras arriba.

Y así ella y el príncipe se separaron, miró hacia atrás para verlo dándole la mano a un invitado con una sonrisa etérea en su rostro, tan poco natural en comparación a la forma en que había separado los labios, mostrando todos sus dientes cuando se había reído con ella antes. Se dio la vuelta y siguió a su madre por las escaleras.

Esa noche hubo un banquete formal en el.

Reales y nobles que representan a países de todo el mundo se reunieron para una boda y unieron en una mesa, gracias al ajetreo de la tarde, la castaña no había vuelto a ver al príncipe, ni había podido preguntar si asistirían los miembros de la realeza británica.

Y ahora él estaba ocupado, escuchando al emir de uno de los países persas despotricar sobre algo, hablando tan rápido que no podía discernir qué idioma estaba hablando, sus padres estaban sentados en el extremo opuesto de la mesa, su padre asentía gravemente a algo que un hombre de cabello dorado les estaba diciendo.

El zar Nikola se levantó y la charla que rodeaba la mesa cesó. Levantó su copa y comenzó su discurso en búlgaro, repitiéndolo en su acentuado inglés: —Me gustaría prroponer un brindis, por supuesto que lo haré mañana más elaborado, pero como el ambiente es tan atrractivo, lo haré ahorra. ¡Por mi hijo y la princesa Hermione de Escocia, que toda la felicidad la tengan hoy, mañana y por el resto de sus vidas. Y por la unidad eterna de los dos países que reprresentan! —

Todos aplaudieron y llevaron sus bebidas a sus labios. Los ojos caramelos de Hermione atraparon al príncipe al otro lado de la mesa, y solo por un momento pareció como si le estuviera dando una pequeña sonrisa, solo para ella, pero luego tomó un sorbo de su vino y ella ya no estuvo segura de si había sido una Ilusión o no.

Se sentía cansada, cansada por las expectativas y las sutilezas necesarias. Las chicas normales podían comer sin tener que tener mucho cuidado con sus modales en la mesa porque estaban sentadas al lado de un duque.

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Se sintió aliviada cuando todo terminó, cuando los invitados se habían retirado a sus habitaciones, porque por supuesto, cuando pronto se casará con el anfitrión, debía permanecer hasta el último momento en la mesa.

Al principio, su cansancio le impidió ver correctamente al trío de personas que estaban de pie en el Gran Salón al lado de sus baúles. Pero luego sus ojos captaron el llameante cabello rojo y su corazón saltó. ¡Habían venido! Sólo tres de ellos, pero habían venido. El príncipe William, que pronto sería rey, con su brazo alrededor de su esposa, la princesa anterior de Francia, Fleur, y finalmente, la favorita de Hermione fuera de la familia, la princesa Ginevra, la más joven y la única niña nacida en la familia.

Olvidando su condición oficial, agarró un manojo de su vestido y corrió hacia su mejor y única amiga. Las dos chicas se abrazaron, su amistad con Ginny, era su vínculo más cercano hacia ser una chica normal. Se habían aprovechado de la estrecha relación y proximidad de su reino desde que eran niñas, cuando solían perseguirse a través de los pasillos del castillo, con las cintas se deslizándose fuera de su cabello, con los zapatos rígidos apretados en sus manos para poder correr descalzas, siendo sordas a los gritos de las doncellas y sirvientes porque estaban juntos, estaban felices, eran casi libres. Aunque ya no podían jugar con tanto deberes—las jóvenes de la familia real tenían ciertos estándares que cumplir—, pero aún compartían muchos secretos susurrados, confiados en el hecho de que ninguna de los dos podía decirlo.

—¡Ginny!— Hermione estaba sonriendo como no lo había hecho desde antes de irse de Escocia, con una sonrisa que estiró su rostro, el tipo de sonrisa que su madre desaprobaba porque estaba garantizada para darte arrugas poco favorecedoras. A las princesas ni siquiera se les permitía la felicidad porque el público siempre tenía que considerarlas como estatuas de porcelana perfectas, sin importar cuán rajadas estuvieran dentro.

—Hermione—dijo Ginny en el pelo de su amiga.

Se separaron mirándose con sonrisas brillando en sus rostros por la emoción de verse.

—Estoy tan contenta de verte.— la castaña se volvió hacia su madre. —Por favor, madre, déjame retirarme y hablar con Ginny por un momento—.

Su madre suspiró, pero sabía que la fuerza de la amistad era demasiado poderosa para romperla. —No hasta demasiado tarde, no quieres tener círculos oscuros y ojos cansados para tu boda. Y no demasiado fuerte, no debe molestar a sus invitados—.

Hermione llevó a Ginny a su sala de estar, donde, cuando estaba sentada, lo primero que dijo la otra chica fue: —¿Y? ¿cómo es él?—

—¿Quien?—

Ginny suspiró con impaciencia. —¡Pues tu príncipe, por supuesto!—

—Oh, bueno…— Hermione dudo. ¿Cómo era el príncipe? Todo lo que hacía parecía contradictorio y desconcertante, él había hecho todo lo posible por mantenerse oculto de la castaña mientras estaba parado justo frente a ella. —Misterioso, supongo. Muy serio.— Ella jugaba con las cintas en su vestido.

—Así que realmente no sabes cómo es él—.

—No,—confesó Hermione—esta es una de las cargas que tenemos que llevar las princesas sobre nuestros hombros: casarnos con hombres enigmáticos—.

—Al menos es bastante guapo—, dijo Ginny, pensativa. —mi príncipe ni siquiera se ve bien en su retrato oficial, y se supone que te hacen parecer tan atractivo como creíblemente posible. Él debe ser verdaderamente horrible en la vida real. Sin embargo, si tiene una buena personalidad, eso no importará. ¿No tienes idea de cómo es la personalidad del príncipe?—

—No—, dijo la castaña —yo no… yo no sé nada sobre él—

Esa noche ella se mantuvo pensando en el príncipe.

¿Estaría él haciendo lo mismo con ella en su mente?

Su rostro inescrutable flotaba en su mente, esos ojos oscuros y profundos que ocultaban todo dentro de ellos. Y él estaba allí cuando ella también abrió los ojos, su retrato colgado en la pared justo enfrente de sus ojos caramelos. Parecía casi siniestro en la oscuridad. Pero a pesar de todo esto, Hermione descubrió que quería pensar en él, no eran solo pensamientos naturales previos a la boda. ¿Pero por qué?, ¿ella solo quería resolverlo? ¿Resolverlo? Ella no estaba lo suficientemente segura de sus propios sentimientos para saber.

Al otro día, ella estaría casada.

Notas finales:

¿Y bien?, ¿les gusto este capítulo? A mí en lo particular la historia me parece hermosa.

Recuerden que la historia pertenece a Oswhine∙

Respondiendo a un comentario que dejaron; la razón de la aptitud de Viktor a Mione se desvelara en los próximos capítulos, creo que solo dos mas y ya.

Hasta la próxima, no se olviden de Comentar.

Un besito a todos :3