N/A: Buen día. Una disculpa por tantos meses de ausencia, la verdad he tenido poco tiempo para dedicarle a este proyecto pero espero que en vacaciones pueda avanzar más rápido. Les dejo el nuevo capitulo y espero leerlos pronto.
Capítulo 2. El camino de Xever
El entierro había sido muy breve y discreto, los tres miembros que quedaban del Clan del Pie presentaron sus honores a quien habían llamado y seguido fielmente como su maestro. Dadas las circunstancias, no habían logrado trasladar su cuerpo a Japón, como él hubiese querido, tendrían que conformarse con el lugar que escogieron en Nueva York, no lo suficientemente digno pero serviría. Tras jurar que nunca revelarían el sitio donde su maestro yacía por la eternidad, procedieron a mover la pesada piedra que cubría la entrada y se retiraron en silencio. A pesar de toda su maldad, Destructor finalmente encontraría su reposo ataviado con su característica armadura, incluyendo el preciado kuro kabuto, el cual ninguno de sus seguidores creía que hubiera alguien digno de portarlo.
No tenían guarida donde regresar, el edificio completo había colapsado junto con otras miles de edificaciones durante la invasión; por lo que Bradford les ofreció quedarse en uno de sus antiguos dojos, abandonado desde el día que se reveló que servía a Destructor.
— ¡Esto es una pocilga! — gruñó Garra de Tigre al poner el primer pie enaquel lugar.
Una nube de polvo se levantó de inmediato ante la imponente pisada del felino, lo cual se repetía a cada paso; la queja de Garra de Tigre tenía mucho fundamento pues el lugar presentaba los evidentes estragos del tiempo. Polvo y telarañas parecían ser la decoración del lugar, además de una nociva fauna de ratas y cucarachas que se desperdigaban por todos lados, aprovechándose del abandono en que se encontraba lo habían convertido en su hogar. La falta de energía eléctrica cerraba el círculo de desagrado, confiriéndole el grado de pocilga.
— Si lo prefieres puedes quedarte en la calle — reviró Bradford con evidente molestia.
— No me importaría, he dormido en cuevas y árboles con más higiene que este lugar —exclamó Garra de Tigre sin arrepentirse de sus palabras previas —, pero creo que esto servirá por esta noche. Tenemos que planear la forma en que volveremos a reunir nuestras fuerzas para el Clan del Pie.
Ante la propuesta de su compañero, Xever y Bradford se limitaron a guardar silencio mientras se volteaban a ver mutuamente.
— ¿No estarás hablando en serio, verdad? — Le cuestionó Bradford al felino —.Destructor está muerto, ¡el Clan del Pie se acabó!
— ¿Cómo se atreven a siquiera pensar en renunciar a los planes del maestro Destructor? — Les respondió alzando su puño y agitándolo frente a su rostro con firmeza —. Las tortugas continúan con vida, ellas son las causantes de la muerte de nuestro maestro y deben pagar con su vida.
— Entendemos que estés molesto — intervino Xever señalando al felino con determinación —, pero debes aceptar que el maestro está muerto, al igual que la rata. Al final cumplió su venganza y nuestra deuda con él está pagada; lo que hagan las tortugas me tiene sin cuidado — finalizó cruzándose de brazos y con una mirada de reproche, posición que fue imitada por su compañero secundándolo en su forma de pensar.
— Entonces, ¿es así como son las cosas? — cuestionó Garra de Tigre frunciendo el ceño y apretando la mandíbula mientras mostraba sus colmillos.
— Eso parece — respondió Xever sin amedrentarse, dispuesto a luchar contra su antiguo compañero de batallas si fuese necesario.
Garra de Tigre les lanzó una mirada de odio y desprecio, apretando sus dientes con coraje, acto seguido lanzó un estruendoso gruñido.
— ¡No son más que unos mediocres sin honor, ¿qué se podría esperar de ustedes?! — exclamó con furia antes de dar media vuelta y salir del local, descargando su frustración en cuanto objeto se encontrara en su camino a la salida.
Por un instante ambos permanecieron de pie en silencio, apenas lo suficiente para asegurarse que el felino mutante no regresaría, resuelto a forzarlos a que continuarán su cruzada en el Clan del Pie, permaneciendo fieles a los deseos de venganza de un cadáver; lo cual no ocurrió.
— ¿Tú que piensas hacer? — preguntó finalmente Bradford pensando que su compañero declinaría su oferta de ofrecerle un refugio al menos por esa noche.
— Creo que aceptare tu invitación — le dijo mientras pasaba la mano por una barra levantando el polvo acumulado, ante la mirada de extrañeza de su compañero —, pero no esperes que me queda a limpiar contigo mañana este desorden.
— Por supuesto, no esperaba más de tu parte — respondió su compañero.
Bradford saco un par de colchones que utilizaba para los entrenamientos, y tras unas fuertes sacudidas para retirarles el exceso de polvo, procedió a colocarlos en el piso para que se tendieran en ellos. Ambos se acostaron boca arriba, mirando entre la oscuridad el techo que parecía amenazar con venirse abajo en cualquier momento, permaneciendo en silencio por un tiempo, hasta que finalmente el invitado decidió romperlo.
— ¿Qué harás a partir de ahora? — preguntó con cierta curiosidad.
— No lo sé — respondió el anfitrión con premura, sorprendido por la pregunta tan repentina de su compañero —. La verdad es que no me iba tan mal con esto de las escuelas de artes marciales, probablemente continúe con eso.
— ¿Es broma? — preguntó con sarcasmo Xever —. Ni siquiera eres tan bueno para pelear y ¿pretendes enseñarle a alguien más?
— Soy mejor que tú, eso es seguro — respondió con una sonrisa, tomando el comentario como una burla sin malicia —. Recuerdo que al menos era muy popular, incluso hasta logré hacerme amigo de esa estúpida tortuga.
— Sí, lo recuerdo — la mirada de Xever se quedó clavada en el plafón del local, rememorando aquellos tiempos en los que era un fiel seguidor de Destructor cuyo único propósito era ayudarlo con su venganza; por un tiempo creyó que eso era lo mejor, que así conseguiría el favor de su maestro y toda la grandeza y poder que deseaba, pero ahora todo eso se había esfumado.
— ¿Y tú? ¿Qué harás? — preguntó Bradford sacando a su compañero de su letargo.
— No, lo sé — respondió con cierto desdén como si fuera algo que no le resultará relevante —. Tal vez vuelva a buscar a los chicos de los Dragones Púrpura, seguramente necesitan un buen líder que los saque del hoyo.
— Mira quien habla acerca de enseñar sobre cosas de las que no sabe — le dijo con un tono burlesco de voz.
— Quisieras aprender de mí, las calles son una mejor escuela que tu estúpido dojo — respondió Xever girándose para darle la espalda.
— Claro, sí tú lo dices. Por supuesto siempre puedes venir conmigo y te haré un buen descuento.
— Idiota —murmuró Xever con apatía.
— No te molestes — dijo mientras daba un enorme bostezo —. Para serte sincero, después de tanto tiempo creo que he comenzado a apreciarte un poco; la verdad no me caes tan mal hasta podría considerarte mi amigo — se levantó un poco de su lecho para observar a su compañero quien continuaba dándole la espalda sin inmutarse — ¿Acaso ya te dormiste?
— No, idiota — respondió Xever pausadamente —. Mejor ya duérmete, estas comenzando a decir tonterías.
— Sí, solo es eso. Tonterías.
Ambos dejaron de hablar y procuraron mantenerse quietos esperando que el sueño finalmente los venciera. A la mañana siguiente Bradford despertó con los primeros rayos del Sol que golpearon su rostro para darse cuenta que el colchón a su lado se encontraba vacío. Xever había cumplido su promesa, se había marchado sin ayudarlo a limpiar.
Los rumores de las calles parecían ser ciertos, los Dragones Púrpura tenían un nuevo líder. Un hombre que había dado mayor amplitud a sus operaciones de robo y extorsiones, dándole cierto prestigio a su antigua banda y haciéndola crecer en número de miembros. Fue una suerte que no cambiaran su guarida por lo que fue muy fácil encontrarlos. Un tipo calvo y fornido, que hacía de portero, intentó detenerlo en la puerta pero ni siquiera tuvo oportunidad de decir algo; Xever lo saludo con un profundo rodillazo a la boca del estómago seguido de un certero golpe a la nuca. Al pasar el umbral de la puerta se encontró con su antigua guarida, bastante cambiada pues ahora había más muebles y autos mal estacionados, los cuales seguramente eran robados. Al fondo un grupo de aproximadamente veinte personas formaban un circulo al tiempo que gritaban y levantaban el brazo con fuerza en el aire, tan entretenidos que ni siquiera lo habían visto entrar; pero algo no le gustaba del todo pues no lograba ver a Fong ni a alguno de sus otros dos compañeros, por lo que se acercó con cautela al grupo para averiguar lo que sucedía.
— ¡Estos tres no son más que una burla para el nombre de Dragones Púrpura! — exclamaba un hombre con rasgos orientales, con el tatuaje de un dragón chino sobresaliendo en su antebrazo derecho, al tiempo que pateaba con violencia a Fong quien luchaba por cubrirse de manera infructuosa. Sid y Tsoi se encontraban junto a él visiblemente lastimados, mientras el resto de los miembros no cesaba de insultarlos y algunos se atrevían a lanzar escupitajos en sus rostros. — ¡no merecen vivir! ¡Son basura que debe ser desechada!
— Piedad… por favor, Hun. Piedad — imploró con una tenue voz Fong suplicando por su vida y la de sus compañeros.
— No merecen ninguna piedad — respondió su nuevo líder extendiendo su mano para otro de sus subordinados le entregará un cuchillo—, ustedes han arruinado el último robo con sus tonterías y he perdido tres hombres a manos de la policía. Mi paciencia con ustedes se ha terminado — finalizó en tono amenazante, tomando a su víctima del cuello mientras agitaba el arma frente a su rostro.
— ¡Debes sentirte muy valiente amenazando a alguien tan débil! — le dijo una voz que se sobrepuso al resto de los gritos de amenazas e improperios, con lo cual todos guardaron silencio. El círculo se abrió permitiendo que todos pudieran ver al extraño visitante —. Digo, si lo mejor que puedes hacer es golpear a Fong, no creo que eso tenga mucho mérito.
— ¿Quién eres tú? — preguntó Hun señalándolo con el cuchillo en mano.
— Es Xever, el antiguo líder de los Dragones — le dijo otro de los miembros, un hombre gordo de poca estatura y con una barba larga y trenzada.
— Por supuesto — exclamó con ironía el oriental mostrando una sonrisa burlona —, el famoso Xever que los abandonó para irse a cazar tortuguitas. Claro que ahora sabemos que no lo lograste y vuelves aquí para ver si te damos un lugar ¿no es verdad? Pues estas de suerte, porque el puesto de lamebotas está a punto de desocuparse — dijo dando un par de golpes leves en la cabeza de Fong con la hoja del cuchillo provocando la risa de los demás miembros —. Por cierto, mi nombre es Hun, procura pronunciarlo con orgullo cuando lo digas.
— Creo que te equivocas, Hun — le dijo Xever arrastrando el nombre de su rival y caminando son firmeza al centro del circulo deteniéndose al lado de Sid y Tsoi que intentaron abrazar sus piernas, pero él sólo los apartó con disgusto —. Agradezco que hayas cuidado a mi pandilla el tiempo que estuve fuera y me sorprende lo mucho que han crecido, pero ya regresé y aquí sólo puede haber un líder.
— ¿Qué te hace pensar que puedes venir aquí a exigir lo que no te corresponde?
— Por supuesto, no esperó me des el liderazgo así de fácil, por lo que te reto a pelear por él — continuó hablando sin amedrentarse pero mirando hacia sus lados, esperando que alguno de los nuevos miembros se atreviera a atacarlo —; eso claro si tienes las agallas de pelear con un verdadero guerrero o ¿sólo eres bueno para golpear a tres indefensos gusanos?
Los miembros de la pandilla volvieron el rostro hacía su líder quien miraba incrédulo al hombre que le lanzaba el reto, sin duda había expuesto su punto, si se negaba al duelo seguramente sus hombres lo verían ahora como un acto de cobardía.
— Estos tres estorban, sáquenlos del círculo — ordenó mientras devolvía el cuchillo al subordinado que se lo había entregado, seguido de vítores de parte del resto de los miembros confiados en la habilidad de su líder.
De inmediato retiraron a Fong y sus compañeros, haciéndolos a un lado para volver a formar rápidamente el círculo alrededor de los dos contendientes. Los descomunales alaridos de batalla no se hicieron esperar, todos apoyando a una sola voz a Hun pidiendo darle una lección al ahora extraño intruso que había osado entrar en su guarida. Ambos combatientes se movían en el perímetro del círculo de manera fluida, estudiando la guardia de su oponente y buscando un pequeño resquicio por el cual pudieran asestar un golpe. A diferencia de Xever que miraba a su rival con un penetrante odio, Hun sonreía en todo momento demostrando una exagerada confianza en sus habilidades.
La pelea no tardó en iniciar pues Hun se abalanzó sobre su oponente dando un par de golpes que fueron fácilmente bloqueados y una patada que se encontró únicamente con el aire. El contraataque de Xever fue rápido y preciso buscando encontrar el cuerpo del oriental quien había bajado la guardia durante su ataque, pero no logró conectar debido a la rápida reacción de su oponente quien logró esquivarlo mostrando siempre su mueca burlona que tanto le exasperaba. Ambos volvieron al ataque de inmediato, una ráfaga de golpes y patadas sacudían ambos cuerpos sin hacerse mayor daño, ante la mirada incrédula de los Dragones Púrpura que no dejaban de gritar para que los combatientes pelearan con ahínco. Finalmente fue Xever quien dio el primer golpe efectivo; una patada giratoria que se impactó violentamente en el estómago de su rival haciéndolo retroceder un par de metros y probablemente lo habría derribado de no ser porque se contuvo contra el muro humano que formaban sus hombres. Los Dragones Púrpura reclamaban a su líder que se hubiera dejado golpear por un extraño, dándole entender que probablemente sería mejor tener un nuevo dirigente. Como respuesta Hun solo se libró con despecho del agarre de los Dragones que lo sostenían y volvió a su posición de combate dispuesto a continuar con la lucha.
— Vaya, el hombrecillo se defiende — le dijo mientras volvía a mostrar la sonrisa que hace breves momentos había perdido ante el reclamo de sus subordinados —. Acepto que sabes pelear y eres muy bueno sin duda.
— Puedes felicitarme desde el suelo cuando te haya vencido — respondió Xever iniciando una nueva arremetida de patadas las cuales no lograron contactar a su rival.
— Sí, eres bueno — exclamó Hun al tiempo que esquivaba con mucha habilidad los ataques de su rival —, pero yo soy mejor — al instante detuvo con su mano una patada que su rival dirigía a su rostro, y con la otra mano libre logró conectar un golpe en el estómago.
Xever sintió el puño de su contrincante hundiéndose en su abdomen con violencia; el impacto fue suficiente para lanzarlo unos metros haciéndole caer al suelo. Intentó levantarse de inmediato, pero el dolor le impidió hacerlo, obligándolo a mantenerse unos segundos más de rodilla, para su suerte Hun parecía permitirle tomarse el respiro que tanto necesitaba.
— Eres ágil y tus ataques son rápidos, pero yo he entrenado durante años perfeccionando mi técnica, soy más veloz — le dijo mientras alardeaba dando pequeños saltos en el mismo lugar y lanzando golpes al aire —, además tu técnica es el capoeira, utilizas demasiado tus pies para pelear buscando realizar ataques a distancia, pero eso falla cuando acorto el espacio entre nosotros.
— Palabrerías — exclamó Xever con enfado mientras se levantaba finalmente, aun adolorido pero dispuesto a demostrar que su técnica de lucha no era inferior.
— Vaya, te recuperaste — Hun lo miraba con desprecio y cierta condescendencia provocando aún más a su rival —. No esperaba menos del antiguo líder los Dragones.
— ¡Cállate y pelea! — interrumpió harto Xever iniciando nuevamente el ataque.
Confiado en su habilidad, Xever atacó con un par de patadas rápidas manteniendo a su rival a cierta distancia, entonces dio una patada giratoria esperando alcanzarlo, pero en el movimiento Hun se movió a una mayor velocidad hacia él, interrumpiendo la patada y enganchando su pierna con el brazo impidiéndole que completará el giro. Sorprendido Xever se encontró con el rostro de Hun a pocos centímetros del suyo, con esa sonrisa burlona que había tenido desde el principio de la pelea.
— Te lo dije eres lento — sin dejarlo reaccionar, pateó el pie de apoyo de su rival haciéndolo caer sin soltarle la pierna que mantenía presada con su brazo; Xever se desplomó sin oponerse quedando a merced de su rival —, no sirves en ataques a corta distancia, y no eres nada sin tus patadas — Hun hizo palanca con ambas manos en la pierna de su oponente, presionando con fuerza hasta que un crujido se escuchó sobresaliendo incluso entre los alaridos de los Dragones.
Xever se retorció del dolor sosteniendo su pierna que evidentemente estaba fracturada, arrastrándose dentro del círculo para alejarse de su oponente mientras los dragones vitoreaban a su líder al grito unísono de "¡Hun!, ¡Hun!". El asiático movía sus manos pidiendo a los espectadores que alzarán la voz, acercándose a su oponente derrotado y a su merced.
— Te lo dije, no eres nada. Sólo hay un líder de los Dragones Púrpura y ese soy yo — le dijo poniéndose sobre Xever y levantándolo por la camisa —. Pídeme piedad y tal vez te la conceda.
— ¡Púdrete! — exclamó Xever lanzándole un escupitajo al rostro.
Molestó por esto, Hun le dio un cabezazo en el rostro con lo que probablemente rompió la nariz de su rival. La sangre comenzó a surgir abundantemente cubriendo el rostro de Xever y dificultándole el respirar.
— Eres basura, un pobre hombrecillo que no vale nada — le decía limpiándose la saliva de la mejilla —. Soy mejor que tú, mejor que cualquiera ¡Soy Hun! — levantó el pie haciéndolo caer con violencia sobre el rostro de Xever que en ese momento dejó de moverse por completo.
Complacido con el resultado de la pelea, Hun comenzó a caminar con los brazos en alto, pavoneándose frente a sus seguidores eufóricos que no dejaban de repetir su nombre.
— ¡Sigue con vida! — exclamó repentinamente uno de los Dragones acallando de inmediato las voces que aclamaban a su líder. Se había acercado al cuerpo para sacarlo de su guarida, pero al momento de tocarlo éste dio una amplia y sonora bocanada de aire —. Aun respira.
— ¿Qué importa? — respondió Hun con desdén dándose la vuelta nuevamente —. Dispongan de él como les plazca.
— ¡Nosotros lo haremos! — irrumpió Fong acercándose al cuerpo de Xever, flanqueado por sus dos compañeros. Hun les lanzó una mirada suspicaz desconfiando en sus verdaderas intenciones respecto a su antiguo líder —. Déjanos redimirnos, demostrarte que en verdad podemos ser útiles para los Dragones Púrpura, deshaciéndonos de esta basura — finalizó dando un violento puntapié al costado del maltrecho cuerpo de Xever, quien apenas pareció reaccionar moviendo ligeramente la cabeza.
— Ya veo — exclamó Hun sin mucho entusiasmo mirándoles pesadamente —, bien como sea. Desháganse de él y espero por su bien que al menos esto lo hagan correctamente.
— Lo haremos — respondieron los tres a una sola voz y de inmediato Sid y Tsoi levantaron el cuerpo de Xever por los brazos comenzando a arrastrarlo hasta la salida más cercana.
Las suspicaces miradas de todos los presentes siguieron al grupo provocando un ambiente tenso hasta el momento en que abandonaron el recinto. De inmediato, varios de los miembros de la pandilla se volvieron hacia su líder cuestionando la poca confianza que Fong y sus compañeros les inspiraban ante la posibilidad de que sus verdaderas intenciones fueran rescatar a su antiguo camarada.
— Serían demasiado tontos — exclamó Hun sin mucho entusiasmo, restándole importancia —, pero aunque así fuera, Xever no representa ningún peligro.
Estaba despierto, o al menos eso le parecía por instantes aunque la mayor parte del tiempo se sentía como un sueño. Su cuerpo no le respondía, aunque le ordenara levantarse del lugar donde se encontraba, este simplemente se negaba a obedecerlo y aunque le resultará extraño, agradecía que por lo menos no sentía dolor alguno, pese a sus heridas y la precaria condición en que se encontraba. Los intervalos en que parecía estar conscientes duraban apenas unos segundos, pero en su condición le parecían varios minutos en los que escuchaba voces, algunas le resultaban familiares otras completamente desconocidas, pero todas eran como un susurro lejano apenas perceptible. "¡No puedo ayudarte… es demasiado peligroso!" se escuchaba una voz reclamando airadamente, "no estoy aquí por gusto, pero no tengo más opciones" le respondía su interlocutor a manera de súplica pero con cierto aire de altanería. Siguieron algunos murmullos imperceptibles y palabras sueltas que en ese momento no alcanzaba a hilar y comprender del todo; sintió un profundo dolor en la cabeza mientras todo se volvía negro a su alrededor, finalmente escuchó un ruido estruendoso antes de perderse completamente en la inconsciencia.
Al despertar sintió un rayo de Sol golpeando directamente en su rostro, intentó levantar su mano para cubrirse pero sintió un ligero piquete que lo hizo desistir; al aclararse su mente y su vista notó que se encontraba en una cama de hospital, de su brazo sobresalía un catéter que había sido el causante de su molestia segundos antes.
— Una disculpa, olvide cerrar la persiana — se escuchó una voz extraña que hizo que se pusiera en alerta. Observó a un hombre envuelto en una bata médica, de rasgos orientales que se encontraba sentado en una vieja silla de madera junto a un escritorio a unos metros de su cama; el hombre se levantó de inmediato y camino hacia la ventana, jalando una pequeña cadena que hizo que las persianas se cerraran obstruyendo la luz que lo estaba molestando. Desconfiaba de las intenciones del desconocido, pero aunque quisiera levantarse y salir de ahí, su cuerpo estaba adormecido, apenas y podía sentirlo, por lo que tuvo que resignarse al ver que se acercaba colocándose a un costado de su lecho —. No debes temer, estas a salvo, aunque tu pierna tardará algunos meses en recuperarse — le dijo golpeando levemente con la pluma que sostenía el yeso de su pierna, el cual apenas había notado.
— ¿Quién eres? — preguntó Xever con extrañeza.
— Soy Jun, hermano de Fong — le respondió con cierto enfado, como si eso fuera algo indeseable —; él y los dos inútiles que tiene de amigos te trajeron aquí hace un par de días.
En ese momento reconoció la voz del doctor como aquella que había escuchado en su momento de delirio, ahora se daba cuenta que la otra persona era seguramente Fong.
— ¿Dónde están ellos? — le cuestionó intentando resolver cuál era su situación, si se encontraba en peligro o podía relajarse.
— Vinieron ayer, pero aun estabas inconsciente por la anestesia; después se fueron pero seguro regresan hoy — respondió mientras caminaba hacia el escritorio para tomar una pequeña lámpara y volver a su lado, sin previo aviso puso la mano en su cabeza y con el dedo abrió uno de sus ojos dirigiendo la luz de la lámpara para revisarlo; lo cual provocó la molestia de Xever que enseguida le dio una palmada con su mano libre para retirarlo —. Eres fuerte, creo que te recuperaras rápido.
— No entiendo, ¿por qué me ayuda si tanto le molesta? — Xever había notado el fastidio con el que le doctor lo revisaba, probablemente por considerarlo amigo de Fong, a los cuales era muy evidente que repudiaba.
— Está clínica atiende a personas de bajos recursos por precios francamente risibles e incluso en algunas ocasiones gratis — le dijo mirándolo con cierto resentimiento —, Fong te trajo aquí presumiendo que te ayudaría sin más por ser mi hermano, pero el lugar es pequeño y tenemos pocas camas; de verdad preferiría que tu lugar fuera ocupado por alguien que en verdad lo merece y no un malviviente que seguramente se ganó sus heridas en una riña entre pandillas.
Por sus palabras podía deducir que Fong no le había dicho mucho, lo cual lo colocaba en una situación incómoda pero de la cual no podía escapar.
— No tiene que preocuparse — exclamó Xever con enfado —, me iré de aquí apenas pueda moverme.
Jun lo miró de manera condescendiente, dio un fuerte suspiro y se acercó al escritorio para tomar una libreta que ahí se encontraba; después se encaminó hacia la puerta, dispuesto a salir pero se detuvo en el umbral.
— No era mi intensión ofenderte — le dijo con un tono más amigable —, a veces olvido que como médico tenemos la obligación moral de dar atención a cualquier persona; en tu caso me es más complicado porque Fong te trajo — volvió el rostro para mirar ligeramente a Xever —, pero debo evitar que mis problemas personales con mi hermano interfieran con mi labor. Te atenderé como cualquier paciente, puedes quedarte el tiempo necesario hasta que puedas levantarte.
Sin más que decir, el doctor salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Xever se quedó completamente solo sin nada que hacer excepto mirar al plafón en una habitación que le parecía se hacía más pequeña a cada segundo; deseando su pronta recuperación para poder cobrar venganza sobre el hombre que lo había llevado a esa situación.
Los días pasaron más rápido de lo esperado, apenas una semana de su operación, Xever ya podía ponerse de pie ayudado por un par de muletas, con lo cual su salida de la clínica se veía próxima. Durante el tiempo que estuvo ahí recibió la visita de Fong, Sid y Tsoi; así se enteró de la razón por la que Jun odiaba a su hermano y todo lo que tuviera que ver con él.
Ambos provenían de una familia de clase media, sus padres habían logrado ayudarlos a salir adelante a pesar del ambiente en que se desenvolvían. Fong era el mayor y su padre había logrado conseguirle una beca en una universidad gracias a que su jefe conocía al rector; todo parecía indicar que estudiaría medicina, era el orgullo de su padre. Pero en ocasiones el futuro puede irse a la basura por una mala decisión y eso le sucedió a Fong. Sin que sus padres lo notarán, había comenzado a hacer amistad con los miembros de una pequeña pandilla del barrio, jóvenes descarriados que se dedicaban a robar transeúntes y tiendas pequeñas solo por diversión; ellos habían retado a Fong para que robará en la oficina de su padre, reto que el chico aceptó. Pero Fong no era un ladrón muy hábil y uno de los guardias de seguridad lo atrapo en el acto, esto arruinó cualquier oportunidad de obtener la beca prometida. Su padre estaba decepcionado, apenas y había logrado conservar su trabajo y evitado que su jefe enviará a su hijo a la cárcel, con la condicionante de que su sueldo sería recortado y perdería varios de sus derechos laborales como el pago de las horas extras. Iracundo, su padre lo corrió de la casa, guardándole un odio y resentimiento hasta el final de sus días.
Lo que Fong había hecho repercutiría también en su hermano. Jun se alejó por completo del camino de su hermano, estudio con más empeño hasta el momento en que llegó su turno para ingresar a la universidad, entonces decidió hablar con su padre para que lo apoyará en su deseo de estudiar medicina; pero el hombre había formado una coraza en sí mismo impidiéndole volver a confiar en sus hijos por lo que le negó cualquier ayuda. Jun logró entrar a la universidad pero tuvo que conseguir un trabajo para poder pagarla; fueron tiempos difíciles en donde tenía que combinar trabajo y estudio, durmiendo apenas lo necesario; esperanzado que todo valdría la pena si al final le demostraba a su padre que no era como su hermano, lo cual no consiguió pues este murió cuando aún le faltaba un año para finalizar sus estudios. Un ataque al corazón y la falta de un médico cercano a su lugar de residencia terminaron por arrebatarle su deseo de enorgullecer a su padre. Al terminar la universidad Jun miró el lugar donde vivía y se dio cuenta que era donde quería estar, por lo que abrió una pequeña clínica en su barrio para que sus vecinos no tuvieran que sufrir la falta de atención medica como había sucedido con su padre. Al final parecía que había logrado una buena vida, pero como una maldición, había heredado el rencor de su padre por Fong, odiándolo a él y todo lo que estuviera relacionado. Jamás le habló, ni se interesó por saber de su vida, hasta el día en que llegó a la puerta de su clínica trayendo consigo el cuerpo maltrecho de uno de sus amigos; por profesionalismo, Jun lo recibió dándole los primeros auxilios, pero se negaba a atenderlo y le pidió a su hermano lo llevará a otro lado para que practicarán la operación necesaria en su pierna; pero Fong no quiso, incluso le rogó que lo atendiera pues no tenía a quien más recurrir ni el dinero para pagar un hospital, además de que no confiaba en dejarlo en ningún otro lado que no fuera con él. Ante la firme negativa de su hermano por llevárselo, finalmente aceptó realizar la operación, pues sabía que no hacerlo aquel hombre perdería la pierna y no quería tener eso en su consciencia.
Xever reconoció los trabajos de Jun y su labor, durante su etapa de recuperación siguió visitando con regularidad la clínica; al principio era recibido con recelo por el doctor pero al poco tiempo comenzó a verlo como algo normal e incluso fue ganándose su confianza. Sin darse cuenta Xever se había vuelto en parte de la clínica y cuando por fin pudo deshacerse de sus muletas comenzó a trabajar ahí como guardia de seguridad que tanta falta les hacía. Jun aún tenía sus reservas con él, pero en el fondo agradecía su ayuda, sobre todo porque se había convertido en el vínculo con su hermano, por el cual se había enterado que ya no pertenecía a ninguna pandilla y que ahora las evitaba por el temor de encontrarse con sus antiguos compañeros de los Dragones Púrpura quienes seguramente no estarían tan contentos al ver que había desaparecido tras llevarse a Xever de su guarida.
A los pocos días de comenzar a trabajar en la clínica, Xever regresaba una noche al departamento que compartía con Fong y sus otros dos compañeros. El camino era corto, pero en las noches frías como esa, su pierna le recordaba que no hace mucho había estado partida en dos y comenzaba a punzarle provocándole un fuerte malestar, rengueando llegó hasta un parque cercano y se sentó un momento a descansar, pasando su mano por la adolorida pierna convencido de que esto aminoraba el dolor.
— Una noche fría, ¿no es así? — le preguntó una persona mientras se acomodaba a su lado en la banca.
Sorprendido por la presencia del extraño, Xever hizo el ademan de intentar levantarse para ponerse a la defensiva, pero su movimiento cesó al reconocer su rostro; un rostro que había dejado de ver durante muchos años y que parecía olvidado en un recóndito rincón de su memoria hasta ese día.
— ¿Tony? ¿En verdad eres tú? — preguntó con incredulidad.
— Así es mi buen amigo Xever — respondió el hombre tendiéndole la mano en forma amistosa, lo cual Xever correspondió tomándola y dándole un tirón para darle un fraternal abrazo.
Conoció a Tony durante su infancia como ladronzuelo en las favelas de Brasil, ambos desarrollaron una envidiable habilidad como carteristas de turistas por lo que siempre se retaban con objetivos cada vez más complicados, lo cual les traía muchos problemas y un sinfín de persecuciones de las que apenas lograban escapar. Cuando ambos tenían quince años un hombre los atrapó robando comida, en lugar de denunciarlos decidió enseñarles capoeira convencido de que su práctica les daría una motivación para salir de la vida criminal, pero se equivocó. Aprender artes marciales no solo no los alejó de sus actividades delictivas, sino que además los volvió más audaces al momento de cometer sus fechorías, al grado de que ya no huían cuando eran descubiertos sino que ahora se enfrentaban a quien osará intentar detenerlos, incluyendo a la propia policía. La ambición los hizo moverse a Nueva York, pensando que en esa ciudad sin duda lograrían mejores botines; en uno de sus tanto desafíos, Tony reto a su amigo a robar el maletín de un empresario Japonés, nunca esperaron que dicho empresario sabría artes marciales por lo que reaccionó rápidamente dándole un golpe que lo derribó dejándolo aturdido, lo suficiente para que un par de policías que se encontraban cerca lo detuvieran. Tony observaba las acciones desde lejos y de inmediato se lanzó a ayudar a su amigo, pero se detuvo ante la mirada penetrante de la víctima que se percató de su presencia mientras se acercaba; la fría mirada llena de rencor y el rostro quemado de aquel hombre hicieron que se petrificara al instante, las sirenas que se escuchaban a lo lejos lo hicieron reaccionar solo para darse cuenta que nada podía hacer por su amigo, por lo que optó por irse. Xever pasó ocho años encerrado en la cárcel, Tony nunca lo visitó pues sabía que no tenía ningún tipo de parentesco con él y su presencia solo levantaría sospechas por parte de la policía.
— Sí que ha pasado tiempo — le dijo Xever una vez que se separaron —. Mírate, seguro te ha ido bastante bien — le dio un ligero golpe en el pecho para señalar la costosa camisa que llevaba puesta.
— Sí, un poco — farfulló con una triste sonrisa Tony.
— No debes culparte por lo de la cárcel — le dijo reconociendo la mueca de vergüenza de su compañero —, no podías hacer nada, además me liberaron con un "empleo".
— Eso me enteré, aunque te perdí por completo la pista, siempre me pregunté en dónde diablos te escondías.
— ¿Y cómo es que me encontraste? — preguntó repentinamente intentando desviar la conversación.
—No fue fácil pero ya sabes, las calles tienen ojos y oídos y, para el que sabe, hasta lengua — le respondió mientras sacaba un cigarro de su camisa y lo encendía —. Sabía que tenías tu propia banda, los Dragones Púrpura, averigüé donde se escondían y los fui a visitar, pero solo encontré a un trío de idiotas que difícilmente podría robarle el bolso a una anciana y ninguno dijo conocerte — Xever asintió con la cabeza, convencido de la fidelidad de Fong, Sid y Tsoi —. Yo mismo tengo mi propia banda y quería que te unieras, pero no sabía nada de ti, hasta hace poco. Uno de mis muchachos escuchó que los Dragones Púrpura tenían un nuevo líder y que incluso había humillado al antiguo en una pelea — el rostro de Xever reflejó el desagrado por ese comentario, pero no interrumpió a su amigo —, también se enteró que los tres miembros originales los habían traicionado y se lo habían llevado. Deduje que tú eras el antiguo líder por lo que decidí buscarte, fue difícil pero como te dije, las calles tienen lengua y hablan, sobre todo si sabes a quien preguntar.
— ¿Entonces decidiste hacerme una visita? Que buen amigo eres — le dijo con sarcasmo.
— Así es — exclamó Tony con la misma ironía —. La verdad es que esta ciudad es una locura, durante mucho tiempo fue difícil moverse con tantos mutantes y la invasión extraterrestre, además había una pandilla llamada Clan del Pie que controlaba la ciudad; era mejor mantener un bajo perfil y no enfrentarse a ellos — Xever no pudo evitar sonreír con satisfacción al saber que él conocía mejor esos eventos —. Pero ahora han desaparecido, al parecer eran parte de la invasión; sin ellos las demás bandas que existían hemos comenzado a progresar. Los Demonios dominamos gran parte de la zona de muelles y poco a poco hemos ido creciendo, pero no somos los únicos — se levantó repentinamente dando un par de pasos para alejarse de la banca y después dio media vuelta mostrándose preocupado —. No sé si lo sepas pero hay pandillas que superan los cincuenta miembros y se están comenzando a expandir por la ciudad; como yo lo veo es cuestión de tiempo para que una guerra entre pandillas se desate. Necesito a alguien en quien confiar, que sea mi mano derecha, mi consejero; te necesito a ti.
— Entiendo — exclamó Xever reclinándose un poco para poner sus codos sobre sus piernas y apoyar su barbilla pensando en lo que haría con su petición —. Lamento que hayas perdido tu tiempo, pero creo que tendré que declinar tu ofrecimiento.
— Sé que debes estar molestó por dejar pasar tanto tiempo, pero en verdad te necesito.
— No estoy molesto contigo, ya te lo dije — dijo Xever reclinándose nuevamente hacia el respaldo de la banca y levantando ligeramente su pierna lastimada —. No estoy en condiciones de pelear una guerra, además acabo de conseguir un empleo decente por primera vez y no quiero decepcionar a mi nuevo jefe.
— Te estuve siguiendo desde la clínica, te vi cojear y frotar tu pierna, ¿crees que eso me importa? — se acercó deteniéndose a un paso de él para después ponerse en cuclillas observándolo fijamente —. No te necesito para pelear, para eso tengo a hombres preparados que lo hacen por mí. Te necesito como mis ojos, mis oídos, mi consciencia. Como te dije una guerra se avecina, hay bandas creciendo de forma extraordinaria, incluso los Demonios estamos captando nuevos miembros en las últimas semanas, pero con tantas cosas en mi cabeza, me he complicado atender todo y menos saber en quien puedo confiar y en quien no; te necesito a ti como mi hombre de confianza a quien encargarle tareas delicadas y que me ayude a reconocer quienes de mis hombres son traidores y quienes son fieles. Solo en ti confiaría mi vida sin pensarlo, amigo.
Xever lo pensó un minuto, en verdad confiaba en su viejo amigo, pero temía no lograr las expectativas que tenía hacia él; si en verdad se desataba el conflicto que esperaba, sería de poca ayuda en las condiciones en que se encontraba.
— Agradezco tu confianza, pero tengo una deuda con el doctor Jun — le respondió finalmente con desgano —. Quiero pagarle lo que ha hecho por mí, sobre todo evitar que su hermano vuelva a la vida de pandillero; hasta entonces no es conveniente que yo lo haga pues corro el riesgo de arrastrarlo conmigo.
— Entiendo — le dijo Tony sin ocultar la decepción en su rostro —. Respeto tu decisión, aunque no me agrada, tal vez ahora sientas que esto es lo mejor pero puede que cambies de parecer después, así que vendré a verte en un par de meses por si has pensado mejor las cosas— se puso de pie y extendió su mano amigablemente —, sin rencores.
— Sin rencores — respondió Xever muy animado correspondiéndole con el apretón de manos y aprovechando este gesto para que le ayudará a ponerse de pie.
— Como muestra de nuestra amistad, te daré un consejo antes de irme o más bien una advertencia — Xever sintió como si amigo apretaba su mano con fuerza y el tono de voz se volvía algo lúgubre —. No te confíes, te encontré con relativa facilidad y si yo pude hacerlo, Hun puede también. Cuídate.
Con esas palabras Tony se despidió de su amigo y se alejó de inmediato; mientras se Xever se quedó inmóvil observándolo perderse en las oscuras calles del barrio, sopesando su advertencia sin saber cómo le afectaría realmente, tal vez con el tiempo que le concedió cambiaría de parecer y aceptaría su propuesta; lo decidiría cuando lo volviera a ver, aunque eso jamás sucedería.
Después de aquella reunión en el parque llegó a pensar que jamás volvería a ver a su amigo, hasta la trágica noche en que golpeó a la puerta y se abalanzó dentro del departamento herido y apenas consciente; rápidamente lo acomodaron en el viejo sofá de la sala.
— ¡Ve a buscar a tu hermano de inmediato! — ordenó a Fong quien enseguida se movilizó hacia la puerta de manera diligente.
— ¡No! — exclamó Tony deteniendo en el acto al mensajero e intentando levantarse con pesadez —. Es peligroso y no estoy tan seguro de que no me hayan seguido — su voz se escuchaba rasposa, como si algo estuviera obstruyendo su garganta.
— No puedo dejarte simplemente morir, el doctor Jun puede ayudarte — le dijo Xever intentando hacerle entrar en razón, pero su amigo meneo la cabeza en forma negativa.
— Es muy tarde para mí — le dijo perdiendo su mirada en el techo —. Pero si en verdad quieres ayudarme, un cigarro no estaría mal.
Xever volvió el rostro hacia Tsoi quien de inmediato entendió lo que debía de hacer y fue a buscar lo que el hombre moribundo deseaba.
— Perdóname, debí aceptar tu ofrecimiento y seguir a tu lado — dijo Xever poniéndose encuclillas a su lado.
— Poco podrías haber hecho, incluso podrías haber muerto antes que yo.
Tsoi volvió con una caja de cigarros y cerillos, los cuales entregó enseguida a Xever, quien sacó uno de los objetos tubulares y lo colocó en la boca de su amigo para después encenderlo. Tony dio una profunda bocanada manteniendo el humo lo más que pudo hasta que se vio obligado a soltarlo en medio de un fuerte ataque de tos.
— Siempre pensé que esto me mataría — le dijo a su amigo con una triste sonrisa en el rostro —, pero parece que la muerte se cansó de esperarme — Xever lo miraba con profunda condolencia deseando poder hacer algo más por su amigo, pero las gotas de sangre que había salpicado al momento de toser, le indicaban que poco podía hacerse —. ¿Sabías que la única razón por la que vine a New York era por seguirte? — Xever meneo la cabeza negativamente sin pronunciar palabra alguna —. Yo te admiraba, siempre eras tan seguro de ti mismo y conseguías lo que querías. Me decía que si seguía contigo algún día sería tan bueno como tú o incluso mejor, por eso invente esa tontería de los retos, esperaba que hubiera algo que tú no pudieras hacer y yo sí; esa sería la prueba de que te había superado. Creo que lo que más me dolió fue que te encerraran antes de que pudiera demostrártelo — mientras hablaba daba leves bocanadas al cigarro, más cortas que la primera intentando evitar ahogarse con el humo pero cada vez era más evidente que se le dificultaba incluso respirar y de vez en cuando volvía a toser expeliendo restos de sangre —. Debo confesar que fui un tanto egoísta, cuando te invite a mi banda era para quería demostrarte lo mucho que había crecido sin ti, que era mejor que tú… pero ahora que ambos enfrentamos a Hun, queda en evidencia que sólo uno de nosotros fue lo suficientemente fuerte para sobrevivir… estoy muy contento de haberte tenido como… amigo — su brazo se deslizo por el sofá dejando caer el cigarro que aún tenía un poco de tabaco por consumirse y en su rostro se dibujaba una mirada perdida que se enfocaba en la nada en la que ahora se encontraba.
Por varios segundos un silencio sepulcral llenó el lugar, todos los presentes se encontraban petrificados, esperando que el recién fallecido volviera en cualquier momento en si lo cual estaba lejos de ocurrir. Finalmente Xever alargó su mano hacia el rostro de su amigo y con mucho cautela cerró sus ojos.
— ¿Qué haremos ahora? — preguntó Tsoi con la voz temblorosa.
— Nos hemos ocultado demasiado tiempo pero ya no más — respondió Xever mientras se levantaba —. ¡Buscaremos a Hun y lo haré pagar por esto!
