Capitulo 2: Transformación

-¿Por qué tenía que venir a Transilvania?- pensé mientras observa a Van dormir, la hinchazón de su cara había bajado considerablemente durante las horas, pero ya había dejado de sangrar. Yo sabía que no había sido un sueño lo que había visto, pero aun así me sentía irreal y confundida, me costaba mucho creerlo. Poco a poco Van abrió los ojos, ya había limpiado la sangre de su cara y la suciedad ahora solo se veía la horrible herida que le surcaba una parte de la frente, la nariz y la mejilla derecha.

-¿Te encuentras bien?- pregunté preocupada.

- Si, he estado peor- dijo Van sonriéndome cálidamente.

-Que bueno, porque ahora me tienes que explicar que es lo que paso- dije.

-Está bien, pero solo si prometes no interrumpir como acostumbras y escucharme sin burlarte- dijo con tono severo.

-Está bien-

-Nosotros, somos hombres lobo, como te dije antes, si en verdad eres hija de los Swals, tarde o temprano terminaras convirtiéndote, el caso es que ayer en la tarde llegue tarde al hospital por que unos vampiros nos atacaron, a mí y a otros del clan. Entre los vampiros estaba Dracula…-

-Dracula ¿Quién es ese?-

-Dracula es el rey de los vampiros, el primero que hubo, el líder. El y sus vampiros nos atacaron, cuando nos zafamos de ellos fui lo más rápido que pude al hospital. Allí sentí algo extraño, la presencia de un vampiro. Nosotros los hombres lobo podemos transformarnos a voluntad, pero en luna llena nos volvemos salvajes e incontrolables así que cuando sentí al vampiro corrí a atacarlo, fue extraño, era un fuerza muy grande concentrada en ese lugar, probablemente mis sentidos me jugaron un truco- esto último lo dijo mas para sí mismo.

-la cosa que te ataco, ¿era un vampiro?-

- Si, pero no era un simple vampiro, el era Dracula-

Me encontraba sola, en mi habitación, las lágrimas no dejaban de caer por mis mejillas. El me había ilusionado, la última semana había sentido que la soledad por fin se iba. Vlad parecía un príncipe salido de un cuento de hadas, desgraciadamente detrás de ese príncipe se ocultaba un monstruo, un terrible monstruo. El sol se asomaba por las ventanas de mi habitación, Karmila no se había presentado en toda la noche, había algo en mi interior que me decía que tenía que protegerla, pero no me preocupe mucho, en ese momento me encontraba sumida en mis penas. Lo único que logro distraerme un poco fue cuando baje a desayunar y limpie las partes de la casa que me eran conocidas. Cerca del medio día Karmila apareció, tomo una naranja de la cocina y subió a su habitación sin pronunciar palabra, tenía muy mala cara la que me hizo preguntarme ¿Qué le habría pasado? Un impulso en mi cerebro de hizo subir hasta la mitad de la escalera, dispuesta a hablar con ella, pero desistí, no tenia por que meterme en su vida y para colmo yo tenía suficientes problemas con los que cargar.

Note como el semblante de Van se ensombrecía cada vez que nombraba a Dracula.

-¿Tan mal es?-pregunte, su respuesta me hizo arrepentirme de haber preguntado.

-No tienes idea, no puedo pensar en una persona más cruel y sanguinaria que él; hace años, siglos, el idiota decidió que estaba aburrido, así que mando a sus vampiros a cazar a todos los niños entre 7 y 14 años. Una vez que tenia a todos los que pudieron atrapar los llevo a su guarida y los degolló, saco sus corazones y su sangre. Almaceno los corazones y la sangre en cavas, como si fuera vino, y los cuerpos y cabezas los clavó en estacas en el centro, todo lo hizo por la noche. Así que cuando la gente despertó se encontró con los cientos de cadáveres empalados en el centro de la ciudad, la angustia se podía ver en cada persona. Y no hay duda que él se encontraba entre la gente, disfrutando de la desgracia y el sufrimiento. – termino su respuesta Van con cara de asco y con los ojos cerrados. Yo no tenía palabras, lo que acababa de escuchar era simplemente monstruoso, por no decir más.

-Y ¿Por qué no acaban de una vez por todas con él?-pregunte tontamente, rompiendo el silencio que se había formado.

-No es tan fácil. Mis antepasados y miles de personas han intentado vencerle, pero nadie nunca ha logrado ni siquiera herirlo gravemente. Por no mencionar que nadie conoce su forma humana, salvo sus vampiros.-

Después de la plática regrese a casa de Vania, lo que Van me había contado me había marcado. Ahora tenía miedo, como nunca antes había sentido; era miedo de todo, de salir, de hablar con los demás. Afuera había fuerzas que nunca había imaginado, fuerzas muy poderosas capaces de destrozarme si ese era lo que querían. Ahora estaba más segura que Van no me había mentido el día que nos habíamos conocido en el bosque, y al instante el miedo me recorrió todo el cuerpo. En ese momento entendí que, como Van había dicho, yo a cabria convirtiéndome en un monstruo como ellos, acabaría convirtiéndome en un hombre lobo.

Decidí salir a caminar para tomar aire fresco, el lugar que siempre me tranquilizaba era el valle; pero ese lugar ya no era una opción, allí había conocido a Vlad. Salí de la casa, al principio Voloi había tratado de seguirme, pero en ese momento prefería salir sola. Cerca de casa había una plaza; era circular, rodeada de arboles, tenia bancas de piedra y en el centro había un monumento en nombre de un guerrero "Dragón", era la estatua de piedra de un hombre con una armadura y casco, estaba en posición de combate con la espada lista para atacar, lo único que se veía de su cara eran los ojos que se me hacían terriblemente familiares. Pero antes de que pudiera descifrar de quien eran esos ojos, empezó a sentir que alguien me observaba, mire a todos lados y descubrí un par de ojos rojos, brillantes, que me miraban desde la copa de un árbol. Me aterre y comencé a correr fuera de la plaza y por donde me era posible, entre calles y callejones, no me di cuenta ni de la velocidad ni del camino, lo único que me importaba era escapar de aquellos ojos rojos. Me detuve en un callejón, estaba completamente oscuro, ya no había necesidad de entrar y esconderme allí, los ojos ya no me seguían. Me asegure que nadie me miraba ni me seguía ya y pude tomar un largo respiro para estabilizarme. El corazón me palpitaba en los oídos y mi respiración era agitada y entrecortada. Decidí emprender el regreso a casa un vez que ya estaba del todo calmada, pero cuando empezó a caminar, varios pares de manos me tomaron por los brazos, piernas boca y ojos. Lo último que logre ver era a un joven de cabello rizado y castaño como sus ojos. Después sentí un fuerte golpe en la parte trasera de la cabeza y todo quedo negro.

Escuche como Vania salía de la casa y logre verla por la ventana caminando, tal vez a mi me haría bien algo de aire fresco. Salí a caminar también, pero yo fui en otra dirección a la de Vania. Esta era una buena oportunidad para explorar Transilvania y cocerla mejor. Camine un buen rato, observando todo así como aprendiéndome calles y lugares. Mi caminata me llevo hasta el hospital y el cementerio decidí ir al segundo, sabía que podría ser peligroso como Van me había dicho, pero me arriesgue. Camine por el cementerio preguntándome cuantos de los que allí se encontraba habían sido víctimas de los hombres lobo o los vampiros. Seguí caminando y me encostre con una tumba de nombre conocido "Radut Jakish", una extraña sensación me recorrió el cuerpo, el pobre había muerto el día anterior y ya lo habían enterrado. Ahora su cuerpo se encontraba en un ataúd bajo la tierra fresca. El había sido víctima de un vampiro y yo había sido muy ciega, ahora ya no había nada que hacer el estaba muerto. Continúe mi paseo hasta que me tope con el mausoleo de la familia Valkam, ahora sabia por que el apellido de Vania se me hacia familiar, era el mausoleo de su familia. Hacia una semana que había llegado a Transilvania y aun no sabía casi nada de mi familia, pero ahora que sabía que Van no me había mentido, sabía que mi familia había sido una familia de hombres lobo y le podría preguntar cosas de ellos. Entre al mausoleo y vi las tumbas de Anya y Milla, la de la primera tenía unas perfectas nuevas rosas blancas. Llegue a la conclusión de que alguien visitaba constantemente la tumba de Anya y le dejaba rosas, pero nadie parecía haber visitado la de milla en mucho tiempo. Cuando ya iba a salir unas manos me sujetaron con una fuerza descomunal, después sentí un pañuelo en la boca y nariz que me drogo al instante, todo se volvió negro.

Por fin las cosas salían como él quería, tenía a la chica, el estúpido Dralle la había tenido frente a sus narices todo el tiempo y no se había dado cuenta de lo valiosa que era. La había tenido por una semana y ni idea tenia de quien era. Su plan por fin se completaría, por fin acabaría con la plaga de licántropos que querían terminar con su existencia, su venganza arrasaría con todos ellos y con cualquiera que se metiera en el camino. El último de la estirpe del dragón saldría victorioso. Alguien toco la puerta de su habitación y entro, era un hombre de cabellos casi blancos, ojos avellana, muy pálido y alto, claro, no tan alto como el rey vampiro.

-Señor, ya la instalamos en un cuarto del ala norte, en dos semanas podremos llevar a cabo el plan- dijo el vampiro de cabellos blancos.

-Perfecto, ¿saben algo de Nicholas?-pregunto Dracula. En ese momento entro un vampiro alto, aparentaba tener cerca de 17, de cabello rizado y castaño, sujeto con un listo en una media coleta, alto y blanco de ojos castaños.

-¡¿Qué haces aquí, Nicholas?!-grito El rey de los vampiros.

-Seños…-trato de explicarse el recién llegado.

-¡Deberías estar vigilándola!-interrumpió Dracula colérico.

-Lo estaba haciendo, pero ella se percato de mi presencia y corrió, era muy rápido, más de lo normal para una persona común. Luego seguí su rastro, pero cuando llegue los licántropos ya la tenían, eran mínimo 15. Lo siento, señor.- el rey de los vampiros soltó un grito de furia al tiempo que sus ojos se tornaban rojos, luego se tranquilizo poco a poco y sus ojos volvieron a su tono azul. Solo era un fallo a su plan, pronto lo repararía y terminaría con su cometido.

Desperté, tenía los ojos y la boca vendados además de que tenía las piernas y brazos atados. Me dolía todo el cuerpo y sentía una extraña sensación en la lengua. Me encontraba en un lugar húmedo, ya que podía sentir el suelo levemente mojado y había un olor a humedad. Todo estaba en silencio, pero podía sentir que alguien estaba allí conmigo, tal vez eran mis captores, o tal vez era otro prisionero. Por mi mente cruzaban miles de sospechosos de quienes pudieron haberme secuestrado, pero ninguno parecía tener algún motivo concreto. De pronto lo comprendí, me habían secuestrado los vampiros.

La cabeza me retumbaba y me dolía al extremo, no quería abrir los ojos por que la luz me lastimaba. Podía sentir que me encontraba atada, era algo rasposo, probablemente un árbol. Podía escuchar que a mi alrededor había varias personas platicando varias cosas, pero yo no les ponía atención, el dolor de cabeza me estaba matando. Poco a poco el dolor disminuyo y abrí los ojos, me encontraba a la mitad del bosque y frente a mi había cerca de 60 hombres y mujeres con capuchas negras o cafés. Un encapuchado noto que me encontraba despierta y alerto a los demás, luego se quito la capucha y me sonrió maliciosamente. Era una joven de cabello rubio y ojos verdes, de nariz recta y labios delgados y finos.

-¿Seguro que es ella?, Van-pregunto estas, analizándome con la mirada.

-Estoy seguro, Zhyra, es ella- dijo otro encapuchado en tono seco y un poco molesto.

-¿Y se puede saber cuando la vamos a matar?-pregunto Zhyra con la mirada aun mas diabólica que su sonrisa.

-cuando Fargo regrese- contesto el mismo encapuchado de tono molesto. Cuando termino de decir esto, el terror recorrió todo mi cuerpo. Yo no tenía ni idea de quienes eran los encapuchados, ni de por qué querían terminar conmigo. La llegada de un hombre detuvo mis cavilaciones, venia corriendo a gran velocidad. Se detuvo en seco frente al encapuchado que parecía el líder y había respondido y tuve la oportunidad de observarlo con más detalle. Era alto y corpulento, pero no gordo, más bien musculoso, de cabello y ojos castaño oscuros, su nariz era recta y terminaba levemente hacia abajo, pero lo que más destacaba de su cara eran tres cicatrizas paralelas que tenía en la mejilla; esto le daba un aspecto algo amenazador.

-Que bien, ahora la podemos matar-dijo Zhyra adelantándose hacia mí y mirándome.

-No, todavía no la podemos matar-dijo el recién llegado.

-¿Por qué? ¿Qué paso?, Fargo-pregunto el líder.

-Van, "el" capturo a la nueva- dijo Fargo.

-Y eso que, tenemos a la chica Valkam, hay que asesinarla mientras podamos-dijo Zhyra alterándose

-Si lo hacemos el asesinara a la chica de Van como venganza- dijo otro encapuchado de la multitud.

-Voy a ir con Dracula y hacer un intercambio en el baile de mascaras de esta noche- dijo Van, el líder.

-Pero es más importante terminar con ella-dijo Zhyra enfadada y señalándome- ¿Qué importa si perdemos a uno más?-

-¿¡Que importa!?- se altero Van- No seremos como los vampiros, no dejaremos atrás a uno de los nuestros.

De la nada un par de brazos de desencadenaron y me levantaron del suelo. Era una persona muy fuerte, así que no hice el intento por zafarme o escaparme ni por dificultar las cosas. Aun con los ojos vendados me saco del lugar donde me encontraba y me hico caminar un buen rato, guiándome, por escaleras y pasillos muy estrechos. Me condujo hasta una habitación donde me descubrió los ojos y logre observarlo. Era un hombre de cabellos casi blancos, pero sin una sola arruga en su cara, no era tan alto como las personas que había visto, pero tampoco era bajo, su piel tenía el tono pálido clásico de Transilvania, sus ojos eran color avellana, su nariz era aguileña y sus dientes estaban torcidos y amarillentos. Me metió en el cuarto y me observo con desdén; el cuarto donde me encontraba era grande y lujoso, la cama era bastante grande, todos los muebles eran de madera, una madera clara y suave. Había dos mesas de noche y un tocador además del ropero, había dos ventanas por las que entraba una tenue luz, luz de luna.

-en el closet hay un vestido, póntelo y arréglate, más vale que te apures, en media hora estaré de regreso y te sacare estés vestida o no- dijo terminando la frase con una sonrisa maliciosa. Una vez que cerró la puerta tras de sí me quede sola, observando todo a mi alrededor. Me asome por las ventana, no había forma de escapar, primera porque me encontraba en un piso muy elevado y segunda por qué no tenía ni idea e donde me encontraba. Todo lo que había en el paisaje eran montes y montañas. Decidí obedecer las órdenes de mis captores pues no tenia opción, además de que no tenía intención de crearme un problema con ellos. Como dijo, el vampiro regreso al cabo de 30 minutos, para entonces yo ya estaba lista y arreglada.

Mis captores me dejaron sola por horas, el cielo se tornaba anaranjado rojizo cuando regresaron. Zhyra me desató y me interno un poco más en el bosque a un lugar donde los arboles estaban tan juntos que la luz ya casi no entraba y era difícil caminar. Allí de dio un vestido que llevaba en la mano y se dio la vuelta sin decir palabra. En entendí que me tenía que poner el vestido, así que lo hice. Cuando estuve lista camine medio paso y enseguida la rubia se giro y me observo cono ojo crítico. Ni por un segundo pensé en escaparme, y ahora menos observando los reflejos de la rubia, sabía que no podría llegar ni siquiera a los limites del bosque. Zhyra me regreso al claro donde nos encontrábamos antes y luego entre ella y otras mujeres me pintaron y me peinaron. Escuche como el líder y Fargo hablando.

-¿si vamos a intercambiarlas en el baile?- pregunto el castaño.

- Si, puedes creer que el cobarde no mostro su cara- dijo el líder, que aun llevaba capucha.

-Nunca lo hace, no debería sorprenderte- contesto Fargo.

Me vendaron os ojos otra vez y me volvieron a conducir por una serie de pasillos y escaleras, sobre todo escaleras. Escuche como una puerta se abría enfrente de mí y una ráfaga de viento me golpeo el pecho. Sentí como me hacían subir a lo parecía ser un carruaje y me sentaban. El carruaje se comenzó a mover. Al poco rato me descubrieron los ojos, me encontraba en un carruaje, había tres hombres, dos a mi lado y uno enfrente de mí. El de enfrente de mí era un hombre alto, de piel muy blanca, de cabello negro y largo, usaba un traje negro y un antifaz blanco, este ultimo resaltaba mucho sus ojos azul intenso, ojos que yo conocía, pero mi memoria fallaba nuevamente. Después de algún tiempo me asome por la ventana, la luna iluminaba la ciudad tenuemente, nos dirigíamos a un lugar que yo no conocía, pues no conocía muchos lugares de Transilvania. Llegamos a nuestro destino, antes de bajar del carro, el hombre de los ojos azules me puso un antifaz que hacia juego con el vestido; me ayudo a bajar y me condujo dentro del salón. En el lugar había muchas personas con macaras y antifaces, bailaban y sus trajes y vestidos de colores ondeaban al compas de la música.

Mi captores me prepararon y me dejaron lista, luego ellos se alistaron con diferentes trajes y vestidos, además de con mascaras de diferentes colores. Me llevaron desde el bosque hasta la ciudad y de allí a un salón donde, según yo sabía, se llevaría a cabo un baile de mascaras. Por lo que había escuchado de la conversación de mis captores, aquí seria donde me cambiarían por otra persona. Entramos y comencé a bailar con el líder, era un hombre de mi misma estatura, cabello rojizo oscuro y ya que una gran mascara cubría su cara lo único que veía eran sus ojos grises. Bailamos entre la multitud de personas el Valls que la orquesta tocaba, todos hacían casi los mismos movimientos y se movían a los mismos compas. Mi acompañante estaba nervioso y miraba a todos lados, su vista se detuvo en una pareja que bailaba a pocos metros de nosotros. Eran dos jóvenes, ambos de cabello negro, el era un tanto más alto que ella, ambos tenían ojos azules pero de diferente tono. Ella vestía un vestido azul rey y una antifaz del mismo color, el usaba un taje negro y en la bolsa del pecho tenía una rosa blanca. Con un movimiento rápido, el pelirrojo me dio la vuelta, dirigiéndome a la otra pareja y haciéndome caer en brazos del hombre de negro.

Me había encontrado bailando con mi captor hacia unos minutos, pero el común súbito movimiento había desaparecido y me había dejado en los brazos de un joven de cabello rojizo, mascara y ojos grises.

-¿Te encuentras bien?-me pregunto preocupado y al instante lo reconocí. Era Van.

- Sí, estoy bien. ¿Qué haces aquí? ¿Quienes me secuestraron?-pregunte

-quienes crees, los vampiros y estoy aquí para rescatarte. Tú haces desastres y yo tengo que arreglar las cosas. No tenemos mucho tiempo, lo más seguro es que tengan algo planeado así que hay que ser my cuidadosos- dijo observando a todos lados. Todo era muy confuso para mí.

Sus ojos azules me miraban, mi cuerpo se estremeció. Sabia quien era, sabía que estaba mal que lo que estaba haciendo, pero aun así no podía, no me quiera separar de él. El antifaz blanco cubría gran parte de su cara, pero al descubierto quedaba su boca y sus ojos azules. Bailamos y sin darme cuenta me fue conduciendo hacia la pared, cada vez estábamos más cerca de una cortina roja que cubría una de las grandes y largas ventanas. En un giro me metió en la cortina donde ya se encontraba otro hombre, era el joven de ojos y cabello cafés que había visto antes. Me sentía nerviosa por el extraño comportamiento de Vlad

-Tranquila- dijo como si pudiera leer mis pensamientos- quédate aquí, Nicholas te protegerá- y se fue.

Bailaba tranquilamente con Van, era agradable hacer algo normal como bailar después de tantas cosas extrañas que me habían sucedido. Pero la alegría no me duro mucho, casi todos en el salón se quedaron en silencio, mirándose unos a otros. No comprendí lo que pasaba hasta que voltee en dirección en la que miraban y vi a un grupo de hombre en la entrada. Tenían los ojos rojos, brillantes, y de su boca salían dos prominentes colmillos; eran vampiros. De la nada un monstruo salió y ataco a Van, era enorme, de piel grisácea, muy musculoso, de ojos completamente rojos y alas, garras y colmillos gigantescos. Van salió disparado contra la pared, mientras el vampiro me tomaba por el cuello. Su cabello era negro y alborotado, sus ojos me miraban con intensidad y malicia, mi cuerpo se estremeció ante tal mirada. El aire poco a poco se terminaba, sofocándome en una terrible y agonizante experiencia; de repente Van, convertido en hombre lobo, le regreso el ataque al vampiro. Todos en el salón se transformaron, ya sea en vampiros o en licántropos, todos se habían convertido en monstruos.

Me encontraba detrás de la cortina, horrorizada ante semejante escena que se llevaba a cabo en el salón. Veía como todos en el lugar cambiaban de forma y se atacaban unos a otros, en una batalla de razas. La cortina se abrió con un suave movimiento y Vlad apareció, no tenía ni un solo rasguño. Nicholas salió a la batalla, dejándonos a Vlad y a mi solos. El se había quitado el antifaz y su cara se veía completa, sus ojos se encontraban cubiertos de unas gruesas lágrimas, su cara expresaba dolor; el dolor de una profunda herida invisible. Lo mire tratando de averiguar cuál era su pesar; me acerque a él y alargue mi brazo, tratando de tocar su hombro. El desvió la mirada, como si se sintiera avergonzado de algo y luego me abrazo, un abrazo firma, pero a la vez suave y delicado. Suavemente acerco su boca a mi oído y en un susurro me dijo -¡Perdóname!-. Luego con un rápido movimiento se acerco a mi cuello y en ese instante sentí una fuerte punzada de dolor. El dolor era agudo y comenzaba en mi cuello y recorría todo mi cuerpo. Poco a poco el vampiro se separo de mi, sus ojos eran rojos intenso, lagrimas corrían por sus mejillas y de su boca salían dos blancos colmillos puntiagudos. El dolor incrementaba y una extraña sensación me adormecía el cuerpo. La garganta me quemaba, anunciando la llegaba de una extraña sed que solo una cosa podía saciar. Caí de rodillas, sin fuerza, el dolor y la sed consumían toda me energía. Empecé a sentir como mi cuerpo cambiaba, se hacía más grande, mi piel cambiaba de color a un tono azul grisáceo, de mis manos y pies salían unas gigantescas garras, mis dientes se volvían grandes y puntiagudos, especialmente los colmillos. Sentía como mis sentidos se agudizaban y el dolor físico desaparecía, me sentía más fuerte, más veloz, capaz de hacer lo que yo quisiera. Me incorpore poco a poco, Vlad había desaparecido, uniéndose a los cambios que experimentaba, aparecieron dos gigantescas alas de murciélago. Era como si ahora tuviera tres pares de brazos, y podía mover cada uno de ellos velozmente y con una destreza increíble. Tomando perfecta conciencia de mis cambios y de lo que era capaz, salí de detrás de la cortina, dispuesta a saciar la sed que aun sentía.

Van y otros hombre lobo me protegían de los vampiros, Dracula había desaparecido hacia unos minutos. Yo no sabía qué hacer era un batalla que giraba a mi alrededor pero de la cual yo no podía formar parte. De la nada un extraño dolor me recorrió el cuerpo, un dolor que me entumecía el cuerpo y me impedía pensar correctamente. Así como todos habían cambiado en su momento, yo lo estaba haciendo, las pablaras de Van se cumplían. Mi cuerpo comenzó a crecer, de mi piel salía pelo blanco, mis mano y pies crecían proporcionalmente con mi cuerpo y les salían unas poderosas garras. Mi cara también cambio de forma radical, además del cabello que le salía, también mi boca y nariz se unían en un ocio de lobo, mis orejas se volvían puntiagudas y mi cabello negro desapareció. Mis sentidos se agudizaron, pero también se volvieron engañosos, me confundían. El instinto, dormido en los humanos, en mi despertaba y me decía que hacer. Sin poder controlarme comencé a caminar en dirección a un vampiro en especial, un vampiro que según mi instinto decía, tenía que matar.

La recién convertida mujer lobo ataco a todo el que se le atravesaba, ella solo tenía un objetivo, una vampiresa que acababa de aparecer. La vampiro también tenía como objetivo la licántropo de pelaje albino, no sabía por qué, solo sabía que tenía que destruirla. Vania aun conservaba cierto dominio sobre sus actos, pero había algo dentro de ella que le decía que bebiera sangre y atacara a los licántropos. Karmila por el contrario, no tenia control de su cuerpo ni de sus acciones, su olfato era pésimo, esto le impedía identificar entre los de su misma raza y los vampiros. La chica atacaba a todo el que se le atravesaba hasta llegar a la vampiresa y poder darle un zarpazo. La vampiro salió disparada por el aire, pero se freno con ayuda de su alas. Tomo impulso en el techo y fue directo hacia Karmila y elevándola. La lobo blanco rasguñaba los brazos de Vania, tratando de liberarse de ella y a medida que la elevaba. Luego la dejo caer una vez que habían llegado al techo y mientras caía le dio un fuerte golpe que la disparo mas fuerte hacia el suelo agrietándolo. La licántropo se levanto y contraataco. Ambas comenzaron a pelear ferozmente, tratando de despedazar a la otra. La batalla que tomaba lugar en el salón no parecía tener fin, hombres lobo luchaban contra vampiros. Los líderes de ambos bandos luchaban también por encima de todos, Dracula volaba muy cerca del techo, divertido; Van, quien colgaba agarrado de los candelabros trataba de atacarlo. Vlad parecía estarse divirtiendo, ya que el joven no era ninguna amenaza para el poderoso vampiro, y de hecho sus ataques eran torpes y poco atinados. Justo debajo de ellos, Vania y Karmila luchaban tratando de matarse, intensificando cada vez más la batalla. La mujer lobo se abalanzo sombre la espalda de la vampiresa y le clavó los dientes en la espalda con singular fuerza, la vampiro comenzó a sangrar mucho y debilitarse por la pérdida del liquido rojo. Los vampiros llevaban la delantera sobre los hombres lobo, pero Dracula, al ver el estado en el que Vania había caído, se dio el lujo de detener la batalla y los vampiros desaparecieron como la niebla.

Ella estaba dormida, en su hombro izquierdo tenía un terrible herida, que ya había sido curada lo mejor posible. Yo me encontraba sentado en una silla continua a la cama, observándola. La había traído a mi castillo y la había curado antes de que perdiera demasiada sangre, necesitaría comer pronto. Sabía que era "ella", ¿pero cómo? ¿Cómo era posible? Tenerla frente de mi me producía una extraña sensación en el estomago, una sensación que hacia cientos de años que no sentía. Vania movió la cabeza ligeramente y despertó, pero al hacerlo me miro con susto. Se trato de incorporar y levantar de la cama, pero al mover el brazo izquierdo, este le dolió. Me acerque para ayudarla, pero se aparto haciendo un mueca de dolor. Sola logro levantarse y me miro fijamente, con la misma expresión de miedo y dolor.

-Me has…-empezó a decir alterada- me convertiste en un vampiro-

-yo…-trate de decir.

-Me convertiste en un monstruo, en un monstruo como tú, algo que yo no quería-

-¡Tu no entiendes!-dije enojado, sus palabras me herían, ella no podía comprender, no tenía idea.

-No quiero entender, no te quiero cerca-

-¡PUEDES ESTAR LO LEJOS QUE QUIERAS DE MI SIEMPRE Y CUANDO PERMANESCAS EN ESTE CASTILLO!-grite enojado- Es muy peligroso que salga- dije dándome la vuelta y saliendo, sus palabras aun resonaban en mi cabeza y en lo más profundo de mi.

Era extraño verla dormir, se encontraba calmada y pacífica, muy diferente a cuando estaba despierta gritando y hablando. La noche anterior por fin se había convertido y les había permitido ver a todo a uno de los legendarios lobos blanco de la familia Swals. Hacía siglos que no se veía a un Swals, ni siquiera Zhyra que tenia mitad de la herencia Swals. Karmila debía de ser un Swals puro. Cuando los vampiros desaparecieron la noche anterior, ella se había desmallado. Yo la traje a casa y la recosté en la cama para que descansara. Estaba desilusionado en ese momento, desilusionado de haber perdido otra batalla contra Dracula. Seguía inmerso en mis pensamientos cuando note que Karmila ya estaba despierta, tenía varios cortes en el cuerpo, pero nada muy grave.

-En vez de mirarme como idiota, podrías ayudarme-dijo sonriendo

-¡Ahh! Si claro-dije ayudándola a levantar-¿Cómo te sientes?-

-Bien un poco merada ¿Qué paso?-

-¿No recuerdas nada?-

-Si lo hiciera no estaría preguntando-

-Con las preguntas tontas que sueles hacer, no me sorprende-

-Bueno, me vas a decir o no-

-Si…anoche te convertiste en una mujer lobo y luchaste contra los vampiros-

-Con razón el dolor de cuerpo, y… ¿ahora que? ¿Que voy a hacer ahora que soy un licantropo?-

-Pues no hay muchas opciones, o mueres siendo cazado por un vampiro, o dedicas tu vida a cazarlos-