Capítulo 2
Blue Eyes
Lena amaba sentarse en lo profundo de aquel bosque que colindaba con el área subterránea donde estaba la base. Para ser precisos, amaba sentarse cerca del enorme lago que se extendía varios metros a lo largo del profundo bosque. El agua siempre estaba medianamente caliente y la pelinegra disfrutaba el contraste contra su piel siempre fría. Ademas, el lugar solía estar solo la mayor parte del tiempo. Muchos decían que los kriptonianos odiaban los lagos porque eran aguas no purificadas.
Conclusión: el lago era un lugar seguro.
La joven ojiverde dejó caer su arco y su aljaba bajo la sobre de un árbol. Su mirada recorriendo la extensión del largo. El sol estaba a algunas horas de ocultarse y Luthor deseaba disfrutar de los últimos rayos. Colocó su túnica negra sobre su arma y seguido sus pantalones y camisa.
El silencio del bosque era interrumpido por las suaves melodías de los pájaros que se escondían entre los árboles. Lena cerró los ojos escuchando a las aves mientras comenzaba a sacar su ropa interior. Esos sonidos la hacían olvidar el mundo en el cual había sido empujada.
El agua del lago tenia una temperatura agradable. Luthor se lanzó a la misma sin detenerse a comprobarlo. Disfrutando la diferencia en temperatura. Por minutos sólo disfrutó de la naturaleza y de su soledad. Si cerraba sus ojos podía recordar a sus padres: deseaba tanto regresar a casa. Cuando era adolescente, en un momento dado deseó enamorarse y salir de casa. Ahora sabía que era el deseo mas tonto que hubo tenido.
-Oh Rao estas desnuda.- habló una voz y la pelinegra abrió sus ojos asustada. Su cuerpo quedó paralizado cuando se encontró con la otra persona.
Lena nunca había contemplado unos ojos como aquellos. La extraña le miraba con sus ojos a medio salir y su boca ligeramente abierta. Estaba igual de mojada que Lena. Sus cabellos como destellos del mismo sol se adherían a su rostro.
Sus ojos eran azules. A Lena le parecían los ojos mas hermosos del mundo. Parecía que el cielo estaba contenido en aquella mirada celeste. La desconocida parecía igual de sorprendida y perdida que la pelinegra. Entonces Luthor procesó las palabras que la rubia había dicho y se sonrojó recordando que estaba, en efecto, desnuda. Lena se percató de inmediato que la otra parecía llevar su ropa interior.
-No sabía que estabas aquí.- explicó Luthor abrazando con ambas manos sus pechos. La rubia bajó la mirada ante el movimiento.
-Yo...estaba del otro lado...- explicó la ojiazul señalando hacia atrás.
-Si, bueno...soy Lena. - se presentó la morena extendiendo una de sus manos, Kara la miró durante algunos segundos y luego la sujetó.
-Oh Rao tenías esa mano en tus pechos. Lo siento, no quise decir eso, no es que me hubiese fijado. Es solo que estaba nadando, tengo buena vista bajo el agua. Tienes bonitos pechos. Digo, tienes pezones. ¡Oh por favor golpéame!- suplicó la rubia llevándose ambas manos a la boca. A Lena le pareció divertida y adorable.
-Tengo pezones evidentemente. ¿Te llamas?- preguntó la ojiverde intentando cambiar el tema.
-Kara. Me llamo Kara, solo Kara.- respondió la mujer en con voz aguda. Lena sonrió. La ojiazul estaba un poco sonrojada.
-Kara, solo Kara, es un placer.- habló la Luthor con una sonrisa.
-Sí, el placer fue mío.- habló la rubia, sus ojos bajaron al agua durante dos segundos y cuando levantó la mirada estaba más sonrojada.
-No deberías estar en el lago. Es peligroso estar sola. - intentó aconsejarle la pelinegra.
-Tu estas sola. ¿No estás en peligro?- cuestionó la ojiazul.
-No para una persona como yo. Sé cuidarme sola. Tu en cambio...
-No soy la mejor cazadora kriptoniana del mundo, pero puedo cuidarme.- la interrumpió la rubia con una sonrisa.
La sonrisa en los labios de Lena desapareció inmediatamente. Las palabras de la ojiazul fueron punzadas en su pecho. Debía matar a la rubia, pero... Kara era agrabable. No veía motivos para hacerle daño. Recordó que su base estaba a poca distancia: Kara estaba en peligro.
-Debes irte de aquí. - le ordenó Lena.
-Aun no estoy lista. El sol tardará dos horas en ocultarse y el agua esta deliciosa.- comentó la ojiazul con una sonrisa.
-No entiendes, tu...tu eres una kriptoniana.- explicó Luthor.
-Y tu una murante: lo sé. Solo ustedes habitan los bosques.
-Mi grupo está cerca, si perciben tu edor vendrán a atraparte.
-Edor suena horrible. Me he bañado varias veces. ¿Huelo tan mal?- cuestionó la rubia frunciendo el ceño.
Luthor no respondió de inmediato. De repente fue consciente de que, en realidad, Kara no tenía un olor desagradable. Se inclinó hacia adelante invadiendo el espacio personal de la cazadora para percibir su aroma. La otra abrió enormemente sus ojos.
-Hueles a lirios.- comentó Lena.
-A mi madre le gusta el perfume de lirios. Siempre lo he usado, tu hueles a chocolate. Me encanta el chocolate, es tan dulce y...
-Hueles a lirios.- repitió Luthor no creyendo lo que decía. Los kriptonianos usualmente olían al fuego de sus armas.
-Si, ya lo dijiste, es debido a que...
Lena le puso una mano sobre la boca obligándola a guardar silencio. Los ojos de Kara estaban a medio salir. La otra mano de la pelinegra se colocó en su hombro y antes de que la rubia pudiese cuestionar que pasaba la pelinegra la obligó a meterse bajo el agua.
-¡Lena!- gritó Samantha saliendo de entre los arbustos.
-¡Sam! ¡Me estoy bañando qué haces aquí!- habló la pelinegra suplicando que la otra no decidiese entrar al agua y que no viese a la cazadora.
-Es que...percibí el edor de un cazador. Avanza y vuelve a la base. Luego del ataque de hace una semana no es seguro que estes aquí y sabes que Xavier prohibió salir.- explicó Arias mirando a todos lados con el ceño fruncido.
-Me daré prisa.- aseguró Lena, los ojos de Arias se detuvieron en la ropa de Luthor.
-¿Te sacaste el amuleto? Ya sabes que no debes bañarte sin tenerlo encima de ti. Los cazadores te reconocerían mas rápido.- le regañó Sam.
-¡Tienes razon! ¡Me lo pondré de inmediato!- le aseguró la pelinegra.
Sam la miró con desconfianza durante unos tres segundos. Lena Luthor no era la clase de persona que daba la razón tan de inmediato. Aun así, Arias no quería ser metiche o imprudente. Debido a esto se volvió a perder entre la espesura del bosque con el fin de darle oportunidad a la pelinegra a vestirse.
Cuando la otra se hubo girado Lena esperó solo cinco segundos antes de dejar a Kara emerger. La rubia salió jadeante, intentando capturar el oxígeno que se le había negado. Estaba sonrojada e incluso toció un poco haciendo sentir a la ojiverde un poco culpable.
La culpa fue de corta duración porque Luthor recordó que le acababa de salvar la vida a la kriptoniana. Interiormente sentía curiosidad por la mujer; nunca un kriptoniano había olido a algo diferente a fuego. Lena estaba pensando en eso cuando la voz de la rubia interrumpió su reflexión.
-Casi me ahogas. Realmente...pensé que moriría viendo tus pechos. La próxima vez debes avisarme, hubiese tomado una respiración profunda. Juro que estuve a un segundo de simplemente morir...
-Debes irte.- la interrumpió Lena colocando una mano en la boca de la rubia para que guardase silencio. La ojiazul se sonrojó un poco.
Kara no dijo nada, pero sus ojos hicieron contacto con los de la otra. Ambas quedaron en silencio, perdidas en la mirada de la otra. En la mirada azul de la kriptoniana habia un mundo nuevo. Los hermosos ojos tan azules como el cielo reflejaban libertad y sentimientos tan auténticos que Luthor sentía que podía palparlos.
-Vete, por favor. - pidió Luthor.
-Esta bien...pero...volveré, Lena. - prometió la rubia.
Luthor no supo porqué o como, pero ella sabía que la kriptoniana no estaba mintiendo. Desde ese momento, la pelinegra se preguntó si existirían mas como la rubia. Y en su cabeza seguía dándole vueltas al olor a lirios.
La pelinegra se apresuró a salir del agua luego de que Kara se encontró bastante lejos. Lo primero que hizo al salir fue agarrar su amuleto y colocarlo en su cuello. Inmediatamente, el olor a lirios se transformó en el horrible olor a fuego que le recordaba la herida eternamente abierta de su hombro.
Sorprendida por su descubrimiento, Luthor miro el amuleto confundida. Era claro que había magia envuelta en los amuletos que todos los de su grupo llevaban. La pelinegra no entendía porque motivo los amuletos transformarían el olor de cualquier kriptoniano en edor. Pero algo en su cabeza le dijo que habían cosas que ella no sabía y que necesitaría descubrir.
...X...
Luego del intento de ataque a la base, Lena había sido obligada a permanecer allí por un tiempo entrenando a otros. La base era enorme, bulliciosa en ocasiones y con gente caminando por los pasillos. A Luthor le gustaba salir y sentarse en lo alto del arbol más cercano para observar el cielo.
Desde que era pequeña disfrutaba mirar la inmensidad de aquell espacio tan azul. Cuando apenas tenía seis años solía ir al piso más alto de su casa y extender su mano por la ventana como si pudiese acariciar aquella inmensidad. En ocasiones sentía que podía tocarlo...y volvía a ser aquella niña cuyo único deseo era saber cuan alto estaba el cielo.
El sonido de pisadas alertó a la pelinegra. Lena se puso de pie en la gruesa rama del árboles y sus garras salieron. Su cuerpo estaban tenso pero reconoció la voz de Lucy Lane así que de un salto bajo del árbol.
-¿Qué ha ocurrido?- cuestionó Lena cuando el grupo le salió al encuentro.
-Trolls han atacado a un grupo en medio del bosque.- explicó Lucy deteniéndose ante la sorpresa de encontrarse con Luthor.
-¿Han podido contenerlos?- preguntó Lena.
-Samantha está haciéndose cargo, pidió refuerzos. Han perdido tres guerreros.- explicó Lucy con el ceño fruncido.
-Si quieres podría ir a ayudar. La base está protegida, nada le pasará.- ofreció Luthor, estaba cansada de no hacer mucho para ayudar.
-Xavier me dio luz verde para elegir guerreros asi que eso te incluye.- comentó Lucy.
Luego de eso retomaron la caminata entre los espesos árboles. Se podía percibir el estado de tensión en el ambiente y en cada ser que componía el bosque. Luthor siguió de cerca al grupo, con su arco en mano y una flecha con punta bañada en metal de plutonio. El metal perforaba de forma limpia y rápida la gruesa piel de los trolls.
Los trolls y los X-Men nunca se habían llevado totalmente bien, pero habían logrado soportarse durante los últimos años. Aun asi, en ocasiones simplemente la enemistad entre ellos los llevaba a enfrentarse a muerte. Justo como estaba ocurriendo en ese preciso momento.
-¡Cuidado!- escucharon gritar a Samantha, la mujer de cabello castaño empujó a uno de los otros guerreros logrando librarles a ambos del poderoso golpe de uno de los siete troles.
Lena pensaba que había visto todo, pero días como este le demostraban lo poco que había realmente visto. Los trolls en sus dibujos animados eran pequeños, feos, pero adorables. Los seres delante de ella eran dos veces su tamaño, con cuerpos grotescos, dientes filosos y gigantescos puños.
Habían tres trolls muertos en el suelo y cinco guerreros. Luthor se acercó a uno de los árboles cercanos al área de pelea mientras el grupo que había venido con ella se dispersaba. Eran días como este que Lena recordaba que habían muchas formas de morir. Morir como un heroe, siendo atravesado por la arma de kriptonita de un kriptoniano. O morir aplastado por la enorme mano de un troll.
La pelinegra pronto había encontrado una posición extremadamente buena en lo alto de un árbol. Sus ojos verdes buscando el momento oportuno para atacar. En poco tiempo, la primera flecha viajó como un rayo, quedando incrustada en el cuello del troll que se enfrentaba a Sam.
Arias no perdió tiempo en colocae su mano en el troll absorbiendo así su fuerza física. La espada de plutonio que tenía en su cintura pronto cortó el cuello del troll como si fuese la cosa más suave del mundo. Sam levantó la mirada en busca de Luthor. Tardó poco en encontrarla, en lo alto de un árbol: vigilante. Intercambiaron una sonrisa y la Arias se relajó un poco sabiendo que tenía su espalda cubierta.
Luego de una ardua batalla de treinta minutos los trolls parecían comenzar a cansarse. Sam ordenó que se detuviesen cuando el primer troll volvió a su tamaño natural: apenas 2 pies de altura.
-Hemos de saber el motivo de este ataque.- exigió Samantha acercándose al troll que había estado dirigiendo a los otros.
-¡Su gente ha destruido una de nuestras guarridas!- los acusó el troll, su voz era gruesa apesar de la pequeñez de su cuerpo.
-¿Qué calumnia es esa? No tenemos motivo alguno para hacer algo asi.- respondió Arias con el ceño fruncido.
-Dos de nuestros trolls les han visto. Han prendido fuego y se han ido. - los acusó el troll.
-Kriptonianos. Han estado en el bosque...- susurró Lucy a la derecha de Sam, la castaña asintió.
-La reconstrucción nos tomará mucho tiempo, exigimos ayuda su líder si quiere mantener la paz.- hablo el troll.
-Xavier y todos nosotros haremos lo posible por ayudar. Pedimos tiempo y paciencia. Pelear no nos llevará a nada. Los responsables de esto pagaran.- aseguró Arias en un claro intento de llegar a aguas medias.
Lena estaba todavía en el árbol. Su buen oído le ayudaba a escuchar la conversación, pero pronto perdió interés en la misma. Sus ojos verdes se movieron hacia lo largo bosque. Muchos seres vivían allí además de los trolls. El bosque era tan bien su casa...casa de las hadas, de los gnomos y de muchos otros.
La pelinegra bajó la mirada nuevamente, pero mientras lo hacía olió el humo a lo lejos. Se puso en pie, captando mas de desagradable aroma que llegaba a ella como ráfagas. Samantha aún discutía con los trolls y el resto parecía cansado. Lena no era fiel creyente de los trabajos en grupo. Con movimientos rápidos comenzó a deslizarse entre árboles hasta que cayó a tierra lejos de su grupo.
Sus sentidos, desarrollados por múltiples alteraciones, le permitían percibir el olor a fuego aun a largas distancias. Con su arco en mano y una flecha colocada en su lugar comenzó a moverse. El bosque estaba un poco oscuro debido al atardecer. La humedad se podía percibir en el aire y a cada paso sus botas quedaban incrutadas en el suelo arenoso.
Luego de un rato se adentró en un área con mayor vegetación. En lugar de frío comenzaba a hacer un poco de calor. Supo de inmediato que debía estar acercandose al fuego. Pensando que podrían ser kriptonianos atacando nuevamente alguna guarida de un troll desaceleró la marcha.
Escuchó risas mientras se acercaba, y un poco de música. No era la música común de esos días. Era música más suave y alguien cantaba. Luthor se movió con rapidez subiendo a un árbol. Los ojos verdes se abrieron llenos de sorpresa cuando observó al grupo que estaba sentado alrededor de una fogata riendo.
Cinco personas estaban allí: dos mujeres y tres hombres. En la oscuridad del lugar, Lena falló en reconocer a una de las kriptonianas. La pelinegra tomó una respiración profunda, logró entonces distinguir aquel olor de entre los edores de los cazadores. Sus ojos se oscurecieron. Llevó una mano a su hombro, tocando allí la piel que cubría su cicatriz.
En el momento no se detuvo a pensar en que su arma no era la adecuada para enfrentar a los cazadores. La flecha de plutonio perfectamente alineada para atravesar el corazón de aquel hombre que reía con los otros. Tendría el tiempo suficiente para huir, solo quería observar la muerta de aquel hombre. El kriptoniano responsable de muchas de sus pesadillas.
La flecha voló con precisión, pero el hombre se bajó a tiempo. La ubicación de la pelinegra quedó expuesta el tiempo suficiente para que un rayo verde que salió del arma del hombre de piel oscura la golpease en el hombro haciéndole perder el balance.
Luthor se agarró el brazo y en pocos segundos estaba de pie corriendo entre los árboles. El edor de los cazadores le perseguía. Su corazón latía desesperado dentro de su pecho. Intentó saltar a un árbol, pero su brazo ardiendo por el rayo de kriptonita que le había golpeado no ayudaba.
Las pisadas de los kriptonianos eran ruidosas, Lena los estaba evadiendo con la maestría de una persona que en distintas ocasiones había presenciado la muerte. Llegando a una laguna, la pelinegra recordó la piedra que llevaba en el cuello. Cuando la tenía, los cazadores olían a fuego y era fácil percibirlos, se preguntó si su aroma cambiaría cuando se lo quitara.
Probando su suerte, la bruja sacó el amuleto, lo dejó entre los espesos árboles, memorizando la ubicación para volver a por el. Se acercó entonces a la laguna, descubriendo con rapidez que había una pequeña cueva detrás de una cascada. Sin pensarlo se arrojó al agua, nadando con rapidez hasta aquella cueva.
Cuando salió del agua, dejándose caer sobre piedra dura sintió el ardor en su hombro y el olor metálico. Se preguntó si los kriptonianos podrían oler su sangre. Sintiendo toda su ropa pesada, y su hombro quejándose por el peso de su aljaba comenzó a arrastrarse hasta el fondo de la cueva.
Su respiración era pesada. Cuando al fin recostó su cuerpo del fondo de la cuerva comenzó a deshacerse de su ropa. La capa negra golpeó el suelo con un ruido húmedo seguido de la camisa blanca manchada con sangre. Luthor llevó una mano a su hombro, tocando la herida causada por el arma de sus enemigos. Mordió sus labios al primer contacto. Miró su hombro, tomaría varios minutos la regeneración de su piel...las heridas proporcionadas por los kriptonianos tenían ese efecto.
El ruido lejano de alguien saltando al agua llamó la atención de Lena. Su cuerpo se tensó recordando a sus perseguidores. Sabía que las posibilidades de vivir eran muy pocas. Había sido algo estúpido, atacar a aquel hombre cuando estaba sola. Pero...si pudiese volver atrás...volvería a hacerlo. Lo había olido: era él...el hombre que le había dejado aquellas dos marcas que la atormentaban. Ahora debía añadir a otro hombre a la lista.
-Rao.- escuchó una voz, su cuerpo se tensó más. Lena intentó arrastrarse más lejos de la entrada. Sabía que tarde o temprano su enemigo la vería y acabaría el trabajo iniciado, pero lo retrasaría lo más que pudiese.
-¿Lena? ¿Eres tu? Tu olor y tu cabello son inconfundibles.- habló aquella persona.
Luthor frunció el ceño, porque conocía esa voz de algun lado aun cuando no recordase de donde. No sabía si temer o relajarse. La voz no se escuchaba amenazante y...entonces la olió...el olor a lirios que solo había percibido en una persona.
Era Kara.
La kriptoniana de ojos azules.
-¿Kara?- cuestionó con un hilo de voz.
La rubia pareció percibir el tono un poco lloroso porque sus pasos se hicieron mas apresurados. Pasaron apenas segundos cuando Lena sintió una mano en su pierna. Su cuerpo dio un salto e instintivamente intentó alejarse de la otra. Luchó por no entrar en pánico y terminar sacando sus garras.
-Si vas a matarme por lo menos te pido que lo hagas estrangulándome.- pidió la pelinegra sujetando con una mano su hombro.
-Yo...no pienso matarte...no puedo.- habló la rubia, su voz estaba cargada de preocupación. Lena sintió sus manos en sus hombros y soltó un pequeño jadeó porque la rubia acababa de tocar su herida.
-Oh por Rao, James pudo matarte.- murmuró la rubia, pero Lena no entendía porque la ojiazul parecía sorprendida y temerosa ante aquello. Al final, en la guerra la muerte era la ley.
-Yo ataqué primero así que...
-Cierto. ¿Por qué atacaste a Mike? No estabamos haciendo nada. - se quejó la kriptoniana, Lena en la oscuridad podía imaginar su puchero.
-¿Estás bromeando? Esto es lo que pasa cuando dos grupos son enemigos.- le recordó Luthor.
-¡Pero no debes atacar sin un grupo de apoyo? Si los otros te hubiesen atrapado en lugar de yo...
-No entiendes.- murmuró Luthor, casi prefería que la rubia estuviese intentándo matarle.
-¿Puedo revisar la herida?- cuestionó Kara.
-En la oscuridad solo vas a lastimarme. - habló Lena.
-Claro. Quédate quieta. Vengo en un momento.- indicó la rubia.
Lena no tenía pensando ir a ninguna parte. No podía ponerse en pie aun y los amigos de la rubia la matarían si la veían. Se acomodó contra la superficie de piedra en busca de una comodidad que claramente no encontraría. La ojiazul estaba devuelta en un abrir y cerrar de ojos.
Luthor escuchó el ruido de ramas, pero no supo lo que ocurría hasta que escuchó aquel sonido y el fuego iluminó la cueva. Lena siempre había pensado que las armas de fuego de los cazadores eran algo despreciable, pero viendo a Kara encender aquellas ramas usando su arma le hizo dudar.
-Ya está. Luz para curarte.- habló la rubia.
-¿Maté al hombre?- cuestionó Luthor cuando la ojiazul dio un paso en su dirección.
-Por suerte no, se bajó a tiempo.- comentó Kara sentándose delante de la pelinegra. Lena intentó reprimir el deseo de maldecir: era el error más tonto que podría haber cometido.
-Mierda.- susurró Lena, recordando que ahora tenía otra herida que no cicatrizaría y la había obtenido sin ganancia alguna.
-Deja de quejarte y déjame verte. Por suerte no lo mataste, los chicos no hubiesen detenido la búsqueda si lo hacías.- le dijo Kara con los ojos fijos en la herida de la otra.
-No tienes que curarme, la piel crecerá sobre la herida en cuestión de minutos.- habló Lena, la experiencia no era agradable, pero por lo menos no tendría que observar aquel hueco cada vez que se mirase al espejo.
-Pero jamás sanará por dentro si dejas que la piel crezca.- comentó la rubia, Luthor no pudo evitar rodar los ojos.
-Eso es conocimiento general.- comentó un poco enojada.
-Déjame ayudar, te dejaré el brazo como nuevo.- le aseguró Kara.
-Espera ¿qué?- la interrumpió Luthor.
-Puedo sanar esa herida mientras este abierta. Deja de hablar.- le pidió Kara.
Lena estaba completamente sorprendida por aquellas palabras. Para sorpresa de la pelinegra lo próximo que sintió fue un aliento frío sobre la herida. Cerró los ojos ante el claro constrante. Su piel había estado ardiendo.
-¿Cómo?
-Permanece con los ojos cerrados y no cuentes esto a nadie.
-Pero...
-Voy a...bueno...a chuparte...pero solo porque mi saliva tiene una especie de estimulador. Es lo que hace que los tejidos crezcan.- explicó la rubia, Lena la vio sonrojarse y decidió no comentar.
Kara tardó poco más de dos segundos en pegar sus labios fríos a la piel de la pelinegra. Lena sintió su un escalofrío recorriendo su cuerpo. No podía identificar con precisión todos los sentimientos debido a que eran demasiados. Mordió su labio inferior ante la placentera sensación que recorrió su cuerpo. Pero la sensación desapareció tan rápido como había aparecido. Lena estaba confundida...no conocía mucho sobre los Kriptonianos pero no debían tener aliento frío o saliva regeneradora.
-Ya...como nueva...- susurró Kara enderezándose.
-¿Qué haz hecho?- cuestionó Luthor.
-No lo sé. Bueno, técnicamente te he chupado el hombro. Un primo mío lo había hecho antes y...solo le imité.- explicó la rubia encogiéndose de hombros.
-¿Tu primo curó una herida provocada por un kriptoniano? ¿Curó a un mutante?
-No, bueno si. No a un mutante. Solo...a su esposa...- susurró la rubia mirando el suelo un poco más sonrojada que en un principio.
-No sabía que todos ustedes tuviesen aliento...
-¡No! ¡No todos lo tenemos! ¡Y no puedes decir nada!- pidió la ojiazul mirándole suplicante.
Lena lo entendió entonces.
-Es una mutación genética ¿cierto? Eres como yo.
-Yo...debo irme. Ten cuidado y...cuídate y...no estes sola nadando desnuda. Pescarás un resfriado.- habló Kara de forma rápida mientras se ponía de pie y luego corrió a la salida. Claramente huyendo de su realidad.
Continuará...
