La mujer del dragón tatuado.
Capítulo dos: Conmigo no se juega.
Después de horas aburriéndose mientras aún continuaba presa en la celda, Karin decidió ponerse a hacer un poco de ejercicio para pasar el rato.
-"¿Estas segura de que quieres eso?"- un recuerdo llegó a su mente mientras se ejercitaba. -"Es como tres veces más doloroso de esa manera."-
Por puro instinto se llevó una mano a su hombro derecho pasando a tocar levemente su espalda, donde descansaba en su piel el signo de su antigua yo, el recuerdo de lo que fue y siempre será… en toda su espalda, en parte de sus muslos, glúteos y ligeramente a un costado de su abdomen se encontraba su tatuaje, realizado al método antiguo, lo que hizo que fuera mucho más doloroso.
Aun recordaba el dolor y ardor en su espalda cuando y después de que se lo realizo. Recordaba cada perforación en su cuerpo, pero no solo se lo realizo por gusto, sino que también como un recordatorio.
Toshiro pisoteó su camino a la celda común femenina donde dejaban a las prisioneras antes de enviarlas a las celdas principales para que esperaran su juicio con una mirada de frustración que de inmediato se retorció en una de sorpresa al vislumbrar algo que definitivamente no estaba esperando ver.
Kurosaki Karin se encontraba con los pies apoyados sobre una de las sillas de concreto de la celda mientras ejercitaba los músculos de sus brazos. A pesar de su presencia ella continuó con las lagartijas sin notarlo en lo absoluto.
Pero eso no fue ni por asomo lo que dejo impresionado al capitán, sino el notar que se había retirado su chaqueta y camisa blanca, quedando únicamente con un sujetador deportivo de color negro, aunque él no estaba mirando su sujetador, claro lo que más llamó su atención en verdad era lo que ella tenía en toda la espalda. Un tatuaje de dragón muy elaborado y difícil de hacer.
Ella se detuvo a centímetros del suelo y empezó a elevar sus pies sin ningún esfuerzo, quedando parada de manos, para después con un rápido movimiento quedar de nuevo sobre sus pies.
-¿Te gusta lo que ves?- interrumpió los pensamientos del albino sin aparente interés observando al capitán mientras colocaba sus manos en sus caderas. -Porque mis ojos están aquí.- señalo sus ojos con dos dedos.
Hitsugaya frunció el ceño cerrando sus ojos y volteándose inmediatamente. Y no es que hubiera estado observando los atributos de la morena, que no eran nada pequeños, sino que se enfocó en los detalles del tatuaje de esta, por alguna razón sentía que ya lo había visto en alguna parte.
-¿Quieres cambiarte?- ordenó con dureza. –Y te aseguró que NO es lo que crees.- se regañó mentalmente al volverse a rebajar a su nivel.
-Sí, sí, lo que digas. Tú cree eso y yo fingiré que no tenías tus ojos fijos en mis pechos mientras me ejercitaba.- se rió entre dientes. –Pervertido.- lo miró con ojos entrecerrados en afán de hacerlo enojar.
-Pervertido… ¡NO SOY UN PERVERTIDO!- gruño volteándose inmediatamente encarando a Karin. -Aparte eres tú la que se ha quitado la ropa.- contestó algo sonrojado sin saber si era por enojo o por vergüenza.
Ella lo observo como si lo estuviera estudiando y analizando muy meticulosamente.
-¿Eres virgen? ¿O acaso homosexual?- pregunto Karin con una mirada muy seria, preguntándolo totalmente en serio.
Toshiro gruño por lo bajo cerrando sus ojos y rogando por paciencia. Karin se acerco a los barrotes de la celda y observo detenidamente al capitán de la policía.
-Dudo que seas gay, o al menos esperó que no. Sería toda una pena para las mujeres… no estás nada mal, pero si eres con las chicas como con las esposas entonces eres un amargado o un sadomasoquista.- sonrió descaradamente. –Por cierto… ahora que lo pienso yo aún no sé tu nombre, ¿cierto?-
El albino no respondió, simplemente se limitó a abrir la celda y hacerse a un lado en clara señal de que saliera.
La pelinegra siguió al de ojos turquesas fuera de la celda no sin antes despedirse de sus nuevas amigas las prostitutas, llegando a un corredor donde Toshiro la esperaba con el ceño fruncido, más que muy irritado.
-Pasa, te daremos tus cosas y podrás irte.- comento Toshiro con pose firme. –Pero te advierto una cosa… volverás aquí y de eso me encargare yo.- amenazo sin elevar la voz.
-¿Eso es una amenaza, capitán? Porque de ser así me daré la libertad de reportarlo.- se burló de él con una sonrisa ladeada. Él solo la ignoro y se dirigió a la puerta que era custodiada por dos guardias. -Por cierto… me llamo Karin, Kurosaki Karin, no lo olvides.- se presentó con una sonrisa juguetona.
-No lo hare.- dijo sin siquiera mirarla.
La musica retumbaba fuerte y consistente en cada rincón de aquella discoteca donde predominaba mayormente el olor a alcohol, cigarrillos y sexo. Mujeres con escasa vestimenta se paseaban por aquí y allá atendiendo en todo tipo de pedidos a cualquier cliente que pudiera pagarlo.
-No pareces disfrutar del espectáculo, Gin.- comento sin aparente interés un líder Yakuza sentado junto a su socio.
Se trataba de Aizen Sosuke, conocido en las calles como "La Mariposa", apodo que hacía que sus rivales se confiaran pero siempre todos terminaban rogando por su vida, líder de una de las familias más peligrosas y con más conflictos con las demás. Él, a diferencia de los otros altos mandos, no portaba tatuajes en su cuerpo por ser una figura pública, lo que hacía que sus movimientos fueran en cierta parte legales.
Aizen era un hombre de cabellera castaña y según las mujeres el hombre ideal, era un manipulador en todo el sentido de la palabra, usaba su cabello hacia atrás y su mirada fría cuando estaba con sus hombres, pero cuando estaba a la vista pública no aparentaba más que ser un director de una prestigiosa universidad con una mirada amable y bondadosa, usando lentes de bibliotecario y otro peinado, aparentando ser una persona completamente distinta.
-No es eso…- comento Gin con su particular sonrisa distintiva.
Ichimaru Gin en ese momento se levantó del mullido sofá donde estaban y observo a su jefe. Al igual que Aizen no tenía tatuajes ya que era la mano derecha de este y participaba activamente en las mismas actividades que él, cosas como donaciones o cenas con gente importante y corrupta. Pero Gin tenía un aire casi perturbador sumado a que casi siempre parecía que tenía los ojos cerrados y esa permanente y particular sonrisa.
-Me retiro, Aizen-sama, he quedado con Rangiku.- informó Gin caminando a la salida ignorando a las bailarinas que le coqueteaban descaradamente.
El castaño observo por donde su teniente había salido, pero algo rondaba en la mente del gran jefe Yakuza, y era lo peligroso que se estaba volviendo el que Gin continuara saliendo con esa teniente de la policía, tenía información de la policía gracias a lo bocona que era esa mujer… pero poco a poco estaba empezando a cuestionarse la lealtad que le profesaba Gin a la familia. O si esa disque información era real.
De pronto uno de los muchos hombres de Aizen entro a la sala llegando rápidamente con su jefe.
-Señor, la reunión del Gotei será pronto. Dígame, ¿en que vehículo planea ir?- pidió saber el simple peón Yakuza dirigiéndose a su superior con sumo respeto.
Aizen dejo por un micro segundo su rostro pacifico volviendo a uno más irritado al recordar la reunión que se llevaba a cabo cada ciertos años con todos los líderes. Su subordinado pronto dejó la habitación para que este continuara con su relajación, Sosuke por otro lado volvió a posar su vista en las bailarinas que se movían para él, cuando de pronto su celular sonó y lo abrió sin ganas reconociendo casi enseguida el número.
-Momo.- saludo con el tono de voz que usaba en su fachada.
-¿Sabes? Nunca conocí a alguien con el cabello blanco, solo naranja.- comento Karin siguiendo a Toshiro por los corredores de la comisaria, siendo además custodiada por dos guardias que los acompañaban.
El albino prefirió ignorarla para no volver a perder los estribos, sin tener ganas de pasar por algo como eso en medio de su comisaría.
El capitán guió a su prisionera hacia un escritorio donde estaban las cosas que le decomisaron cuando la atraparon.
-Toma tus cosas y lárgate.- ordeno señalando la mesa.
La Kurosaki bufó antes de acercarse a la mesa y tomar las pocas cosas que estaban allí esparcidas. Eran objetos simples: un celular de un modelo como de hace dos o tres años atrás, una goma de mascar, un clip, su billetera vacía, el dinero que tenía allí, sus placas, su pasaporte, su licencia de manejo vencida, su cupón para un helado gratis y… una pistola de mano.
Karin tomo su arma pero de pronto se dio cuenta que esta no tenía municiones.
-Oye, ¿y mis balas?- exigió saber observando al albino pero luego se dio cuenta de la falta de otro de sus objetos. -¡¿Y mi navaja?!-
-No regresamos municiones ni armas blancas.- informó cruzado de brazos.
-Policías tenían que ser.- murmuro molesta guardando sus cosas, pero en si era irónico ya que ella era una especie de policía o más específicamente militar.
Él la observo molesto y la tomó del brazo dispuesto a llevarla hacia la salida a pesar que tenía mejores cosas que hacer pero ella rápidamente se liberó de su agarre y lo observo molesta, para después bufar y comenzar a caminar a la salida por su cuenta.
Cuando ambos estaban ya a las afueras de la comisaría Hitsugaya esperó a ver cuál era la siguiente acción de la criminal.
-Bueno… fue un gusto, capitán pervertido.- Karin le guiñó un ojo con burla.
-¿Sabes que es un delito insultar a un policía?- quiso voltear sus molestas bromas. –Te podría arrestar si quisiera, y quiero.- sabía que era inútil hacerlo, si no la condenaron por asesinato y posesión de "mercancía" ilegal, mucho menos la condenarían por decirle pervertido, aunque se lo diga a un capitán.
Toshiro no era idiota y tenía sus sospechas sobre la corrupción en la policía. La sola salida de la "sucia criminal" era una clara señal de esto y sí sus teorías eran ciertas esa "sucia criminal" lo podría conducir al nido de ratas que contaminaban la ciudad. Era claro que ella conocía o se juntaba con personas de influencia. O tal vez… solo tal vez ella misma era un alto cargo en el crimen de la ciudad. No sería la última vez que se vería con ella, de eso estaba seguro.
-Lo que tú digas, Toshiro.- contesto restándole importancia con un ademan de mano.
El capitán se impresiono aunque no lo demostró cuando escuchó su nombre salir de sus labios ya que nunca se lo mencionó, pero se aseguró de siempre mantener su mirada inexpresiva.
-Espera… ¿Cómo…?…- empezó a hablar pero Karin ya había empezado a caminar lejos dándole la espalda.
-Nos vemos… Toshiro.- lo observo de reojo.
-Es capitán Hitsugaya para ti.- respondió irritado observando la espalda de la chica pelinegra recordando el tatuaje de esta.
La Kurosaki bufo con fastidio al darse cuenta que había pasado toda la noche en la celda de la comisaria, ya en las calles apenas estaba empezando el movimiento, todavía era muy temprano a decir verdad… pero aún tenía muchas cosas que hacer.
-Te veré esta noche, en el mismo lugar… Adiós.- murmuró por lo bajo Ichigo antes de cortar la llamada de su celular mientras bajaba las escaleras de su casa.
Kurosaki Ichigo era un hombre de cabello anaranjado, fornido y alto con músculos marcados y complexión atlética, líder de una de las familias Yakuza mas crecientes en los últimos años, temperamental y serio, pero increíblemente buena persona, teniendo valores de proteger y ayudar. Sin embargo cuando debía ser el líder… era el líder, cosa de lo cual no se enorgullecía. Por otra parte Ichigo si tenía uno que otro tatuaje, el que más llamaba la atención era el de una mujer en su hombro derecho, pero más que nada era un tatuaje como el de un espíritu femenino que se asemejaba al de una princesa de hielo con una hermosa espada.
Con un lento caminar llego a la cocina de su casa donde su esposa Inoue Orihime, ahora Kurosaki más bien, preparaba el desayuno mientras su hijo esperaba en la mesa.
-Hola Kazui.- se acercó a su hijo revolviendo sus cabellos.
-Hola papá.- Kazui le sonrió a su padre para después volver a su Tablet donde permanecía jugando videojuegos.
Ichigo llego donde estaba su esposa para sacar un vaso de una de las repisas altas.
-Buenos días.- saludo Ichigo con una sonrisa a su esposa.
-Buenos días.- devolvió el saludo sonriendo radiante.
Orihime era una hermosa mujer de cuerpo de modelo que a vista de muchos era la típica esposa, pero no podrían estar más equivocados, ella se casó con Ichigo porque lo amaba y fue su amiga en la escuela, no por su dinero y poder, como todos podrían pensar.
-¿Qué harás hoy Ichigo?… Ya que Yuzu se ofreció a cuidar a Kazui, pensé que tú y yo podríamos salir.- comento colocando la mesa.
El Kurosaki observo a su esposo mientras tomaba una cuchara para degustar el no tan delicioso desayuno que le preparaba su esposa. Tenían guardias y servicio, pero Orihime insistía en ser ella quien preparara las comidas de la familia.
-No puedo, Orihime. Hoy en la tarde será la reunión de ya sabes que.- hablo así por la presencia de su hijo. -Y después saldré.-
-¿Saldrás?- pestañeó con confusión.
-Si… he quedado con Chad en ir por unas cervezas después de soportar a los idiotas con los que tenemos tregua.- hablo refiriéndose al resto de las familias, pero su voz tenia cierto nerviosismo.
El Gotei era el nombre que se le daba al grupo de familias criminales más poderosas de Tokio, familias que tenían algo así como una tregua, pero eso no evitaba que atacaran los territorios de las demás familias o que se metieran en los negocios de estas. Era una especie de trato que evitaba que destruyeran la ciudad y había una jerarquía. Un jefe podía hacer lo que quisiera con su familia, pero cuando esto afectaba a las demás, era momento de que el resto del consejo actuara. Y este era conformado por los representantes de cada familia, para llegar a un acuerdo democrático cuando surgía un conflicto demasiado fuerte. No era el mejor método, ni el más efectivo pero evitaba que la ciudad terminara en ruinas.
-¿Y a qué horas volverás? Así no estaré preocupada y tendré lista la cena cuando llegues.- pidió saber con una sonrisa.
-No lo sé, no te preocupes de todas maneras. Encontraremos algo con Sado.- comento sin darle importancia.
Kazui iba a comentar algo pero de pronto un gran, literalmente hablando, gran moreno entro a la cocina.
Era Sado, más conocido como Chad, un descendiente de sangre latina con una gran fuerza y uno de los mejores amigos y confidentes de Ichigo, siendo este su mano izquierda.
-Hola Chad.- saludo Ichigo al verlo. -¿Te quedas a comer?- preguntó despreocupadamente.
-Hola Sado.- saludo alegre el menor de los Kurosaki y futuro heredero.
Sado devolvió el saludo con un asentir de cabeza para pasarle un celular a Ichigo.
-¿Qué pasa?- su expresión se tornó ligeramente más seria.
-Urahara.- respondió Sado de manera cortante.
El jefe Yakuza tomo el teléfono y camino a la sala para que su hijo no escuchara su plática, que lo más seguro fuera de negocios ya que Urahara, su teniente, solo llamaba para tres cosas: para molestarlo, para burlarse de él o muy raramente cuando pasaba algo de suma importancia.
Fue en ese entonces que en la cocina solo quedaron el latino y el resto de la familia Kurosaki.
-¿Listo para salir esta noche a divertirte con Ichigo?- comento Orihime observando a Sado. -No se pasen con las bebidas por favor.-
-¿Salida?- comento intrigado el latino.
Orihime estaba pensando decir algo pero entonces Ichigo volvió a la cocina con el teléfono en mano.
-Chad, prepara todo para dirigirnos al lugar de la reunión… y mejora la seguridad.- pidió con algo de seriedad.
Sado asintió para retirarse de la sala sin decir ninguna palabra.
Ichigo volvió a su asiento para volver con su desayuno, pero había perdido el apetito.
-¿Pasa algo?- pregunto Orihime preocupada olvidando lo que dijo Chad.
-Nada, Orihime, no pasó nada.- dijo concentrándose en comer.
Momento antes en la sala:
Llegó a la sala con el móvil en mano dispuesto a mandar al diablo a su idiota teniente y amigo.
-¿Qué pasa, Urahara?- se colocó el teléfono en su oreja.
-Mataron a Rojuro Otoribashi.- anunció Urahara con un tono extrañamente serio.
Habían asesinado a un líder Yakuza.
Rojuro Otoribashi, más conocido en las calles como Rose, líder de una de las familias que se especializaba en la prostitución y pornografía, literalmente se estaba arrastrando por su vida en ese momento. La desesperación era palpable en el hombre rubio mientras intentaba llegar a una arma tirada que perteneció a uno de sus hombres, que ahora se encontraba muerto tirado a unos metros.
Cuando casi tuvo el arma en sus manos un golpe la alejo de su alcance. Rose gimió de dolor cuando ese mismo pie que golpeo el arma piso su mano y lo volteaba para que quedara de frente contra su cazadora.
Karin observo al líder de la mafia sin ningún sentimiento en su mirada colocándose en cuclillas quedando a su altura, luego llevó una de sus manos a su chaqueta sacando una pipa con alcohol y dándole un trago a Rose, para después dar ella un trago.
-Es bueno ¿no?- comento refiriéndose al alcohol.
El Yakuza la observo conociendo su destino, esperando el juicio final adelantado que tendría.
-Adiós, bastado.- mostro el cuchillo militar que tenía en su mano libre. -Vete al infierno.-
Karin introdujo completamente el cuchillo militar que tenía en su otra mano justo en la parte superior del cuello del Yakuza, causando que este vomitara sangre por la boca, así terminando con su vida.
Como última acción la mujer cerro los ojos del mafioso, para después levantarse y limpiar la sangre que quedo en su cuchillo arrojándola al suelo.
Horas antes:
Karin después de salir de la comisaria se dirigió casi inmediatamente al mercado central de la ciudad, desde allí observó como cajas y cajas de pescado llegaban al mercado deteniéndose en un pilar de uno de los edificios cercanos.
-Ha pasado mucho ¿no crees?- hablo una voz justo a un costado de ella, exactamente en otro extremo del pilar cuadrado.
-Ya lo creo, Urahara.- hablo sin dirigirle la mirada e ingeniándosela para que sus labios fueran cubiertos por su chaqueta.
En ningún momento se observaron o hablaron en voz alta.
-¿Estas segura de lo que haces?- comento Urahara ocultándose en un traje de… ¿alguien que va una convención?
-Más que segura, no te preocupes. Recuerdo el trato.- contesto observando los tanques de peces.
-Bien, te he dejado una pequeña ayuda.- hablo Urahara sin aparente interés. –Es un buen día para caminar entre la avenida 2 y la zona este ¿no crees?- fue lo último que dijo antes de marcharse como si nada.
Ella se quedó ahí unos minutos más, antes de observar como unos de los pescadores observaba levemente a su dirección para después tocar uno de los contenedores y marcharse.
Con un caminar lento la Kurosaki se acercó a ese contenedor y observo como no había nadie alrededor introduciendo sus manos entre el contenedor de peces, sacando un paquete alargado y protegido del agua.
Era momento de que las cosas se complicaran un poco para que la repentina llegada de una antigua Yakuza no se tome con importancia. Arriesgado, pero quién creería que una sola mujer podría hacer lo que planeaba hacer.
Era un buen día para caminar entre la avenida dos y la zona oeste, poca gente en las calles por ser una zona más que nada de oficinas, a veinte minutos de la comisaría más cercana y edificios no tan altos pero si ideales para poder captar todo lo que pasa.
Karin se encontraba en ese momento en un edificio de unos treinta pisos justo en la azotea de este. Con su equipo de trabajo donado amablemente por Urahara. Pero no solo fue equipo de trabajo lo que le dio Urahara, sino que también otras cosas, como documentos, unas fotografías que le serian de mucha utilidad y un ultrasonido. A pesar que le doliera tendría que usar parte de esa información para poner a su hermano a raya.
Entonces de una de las calles de la avenida surgió un grupo de cuatro vehículos que escoltaban a una limosina que solo de vista se notaba que esta era modificada y sumamente costosa.
-Por favor…- rodó los ojos con irritación.
Inmediatamente tomo su rifle de alto calibre anti blindaje y disparo simplemente a los dos vehículos que están escoltando a la limosina por delante, disparos que dieron justo en el área del piloto causando que estos se descontrolaran llegando a chocar entre si volcándose en el acto.
Por otro lado la limosina paro casi de inmediato, se detuvo siendo seguida de los dos vehículos. Casi inmediatamente uno de los vehículos retrocedió con la clara señal de marcharse por donde vinieron, pero cuando este iba de camino contra la vía pasó justo al lado de un buzón de correos que estallo mandando al auto literalmente a volar volcándolo.
La mujer pelinegra sonrió de lado antes de ajustarse una correa a su cintura y bajar fácilmente los treinta pisos. Los pocos hombres que quedaban con mucha dificultad salían por las destartaladas ventanas de los tres vehículos dañados, mientras los hombres del único vehículo en pie salían con sus armas listas. Pero cuando intentaba comunicarse con sus demás compañeros, sus teléfonos no respondían y eso incluía a los pocos civiles que observaron todo desde las ventanas de sus edificios. Pero de pronto de los basureros más cercanos y buzones de correo empezó a salir una neblina muy espesa, sumando que tubos con la misma sustancia fueron lanzados limitando la vista de los criminales y de los civiles que observaban todo creando una cortina de niebla.
La agente llego al área y rápida y casi automáticamente empezó a disparar a la neblina escuchando los gemidos y el sonido de los cuerpos al caer.
Rose por otro lado solo observaba a sus hombre inspeccionando el área ya sin darle importancia a las mujeres con las que prácticamente estaba teniendo sexo en la limosina.
-Encárguense.- ordeno a sus hombres en la parte delantera de la limosina.
Fuertes disparos se escuchaba por todas partes, los hombres disparaba a prácticamente a cualquier parte incluso hiriendo a sus mismos compañeros, pero estos no duraron mucho tiempo ya que una bala en sus cabeza terminó con su viaje de la vida.
Rose dejo de escuchar disparos y observo por su ventana notando que ya no podía ver a ninguno de sus hombres. Con algo de nerviosismo llego a la parte delantera de la limosina topándose con sus hombre con una bala entre ceja y ceja, de tiras realizado desde afuera de la limosina.
Intento marcar de su teléfono pero este estaba en negro literalmente. Rose se disponía a volver a su asiento pero de inmediato los cristales blindados de su limosina empezaron a ser perforados, causando que las prostitutas que lo acompañaban murieran por los múltiples tiros que llegaban a sus cuerpos.
Rose se quedó con los ojos muy abiertos al sentir como su rostro que cada mañana se humectaba con las más costosas cremas era manchado de sangre.
Con el poco valor que le quedaba salió con su arma cubierta de oro ya desenfundada. Topándose con los cuerpos de todos sus hombres en el suelo, observando como de la neblina salía Karin con una mirada inexpresiva.
Karin bufo al ver que se había tardado tres minutos en acabar con la seguridad del líder Yakuza Rose, bueno sumando que corto las señales, tanto telefónicas como de Wifi, la policía se tardaría unos diez minutos más de los quince que usualmente se tardarían en llegar ahí con todo el tráfico y el mercado al aire libre que estaba hoy en la ciudad. Bueno… era una lástima no había roto ningún record personal, como solía decir su anterior mayor "no era su primer rodeo".
-Tú… eres la mocosa de Isshin.- acusó Rose con rabia apuntando a Karin con su particular arma reconociéndola en seguida. –Maldita traidora. ¿Con quién te aliaste? ¿La policía? ¿O acaso fue con Aizen?- acuso con rabia.
Pero Rose se dio cuenta que nadie la acompañaba, impresionándose de gran manera y antes que pudiera hacer algo… Karin disparo dos veces dándole a Rose justo en la unión de sus rodillas, pero este intento disparar por lo que Karin disparo al hombro de este hiriéndolo de gravedad.
Y antes que Rose pudiera hacer algo más Karin se acercó y arremetió con una fuerte patada en su rostro causando que este se topara con su limosina y sin darle tiempo de reaccionar Karin tomó el rostro del Yakuza golpeándolo repetidamente contra la limosina abollándola ligeramente, para después arrojarlo lejos del vehículo. Y así fue como paso.
Tiempo actual:
Karin se alejaba del lugar siendo cubierta por su trampa de humo. Pero no podía dejar cabos sueltos, es por eso que arrojo explosivos a los vehículos.
Al salir del área sin que nadie se diera cuenta se topó con una pareja que grababa la estela de humo sin saber que pasaba.
-¿Vieron lo que paso? Un grupo de hombres altos y de negro ataco a esos autos.- exclamo fingiendo estar alterada y se retiró lo más pronto posible.
Rápidamente corrió el rumor del grupo de hombre de negro que ataco al convoy de autos y misteriosamente en los videos de las personas algunos afirmaban haber visto a varios hombres, incluso algunos afirmaron que tenían un acento extraño y que eran de piel morena, incluso que podrían ser árabes.
Sonrió de lado al ver lo crédula que podían ser las multitudes y acciono el detonador en su bolsillo, cerciorándose de acabar con posibles supervivientes, pero eso era imposible, ella misma se cercioro de que así fuera.
Ella no era un juguete. Ella era cosa seria… muy seria.
Ahora debía reunirse con el idiota de Jinta que sin su conocimiento le facilitaría volver a sus viejas andanzas.
Toshiro llego a su oficina topándose con que su teniente no había llegado aún. Es más ni siquiera se dio cuenta de que paso toda la noche en la comisaria.
El albino se dejó caer en su mullida silla y se dispuso a ver los reportes de ese día… pero luego recordó que tenía una amiga muy importante, casi su novia desde que habían empezado a salir hace poco, que le había pedido que la llamara, cosa que olvido por completo hacer.
Tomó su celular ya ideando las mil y un excusas para que ella lo perdonara por de nuevo haber olvidado otra promesa.
-Hola.- escucho la voz de Momo.
-Hola, Momo, perdón por no llamarte anoche, pero… tuve un mal día. Te lo compensare, lo juró.- habló atropelladamente, estaba agotado física y mentalmente, pero aun así siempre trataba de tener un tiempo para ella.
-Perdón por no contestarte pero en estos momento me encuentro ocupada, llama más tarde, lo siento, deja tu mensaje después de la señal.- sonó la voz de la contestadora.
Él se quedó completamente inmovil por un momento, luego corto la llamada sin decir nada.
Desde hace unas semanas a partir de que Momo entro a esa nueva universidad había cambiado en gran manera, al menos para él…
A kilómetros de la ubicación de Karin e Ichigo, en una elegante mansión momentos antes de la muerte de Rose:
-Nos vemos esta noche.- hablo a su celular una pelinegra algo baja y menuda para su edad. Era Kuchik Rukia, sublíder de la familia Kuchiki, hermana adoptiva de Kuchiki Byakuya y esposa de Abarai Renji, el teniente de Byakuya.
Rukia era una mujer muy hermosa a pesar de todo, con un belleza singular por su apariencia de tener unos años menos… pero con un carácter de los mil demonios. Al igual que Ichigo tenía unos pocos tatuajes, uno en especial que destacaba era el que tenía en su hombro izquierdo y era la imagen como de un guerrero o ser ficticio, ya que tenía cuernos, piel blanca con un agujero en el pecho y largo ¿cabello naranja?
-¿Quién era?- cuestiono una voz justo detrás de ella.
Rukia se volteó inmediatamente observando detrás de si el elegante porte y poderío que reflejaba su hermano mayor, tranquilizándose casi de inmediato.
-Hola… Ichika ya termino su desayuno.- comento intentando cambiar el tema.
-¿Quién era?- volvió a cuestionar Byakuya.
-No era nadie.- respondió Rukia con tranquilidad.
Nota de autor:
Hasta aquí gente.
Primero que nada gracias a CELESTE kaomy-chan en esta historia que recibí ayuda de quien es a mi parecer una de las mejores escritoras de este fandom, algunos ya la conocerán por historias actuales como mi Rey o Linchen a Tite Kubo por mencionar unas de sus muchas historias.
Gracias de verdad a mi guía en esta historia de Karin y Toshiro, sin nada mas que decir gracias por tu colaboración y ayuda CELESTE kaomy-chan.
Otra cosa para los que no entendieron la frase "no es su primer rodeo" significa que no es la primera ves que Karin realiza una emboscada O que no es la primera ves que mata a todo un convoy.
Si les gusto dejen un comentario, que no saben lo mucho que ayuda, y si no, gracias por gastar unos minutos de su tiempo en compañía de esta historia. Se les agradece.
Me despido.
Paz.
