Bueno, aquí con la siguiente manzana.

Espero les guste tanto como la primera.

Disclaimer: D. Gray-Man no me pertenece, de ser así… aish Tyki ya tuviese a Allen sometido con un collar de perrito con correa y todo. Que cruel soy x/D. Y yo seria feliz viendo todas las cositas que harían para mi u/u soñar no cuesta nada la verdad. Triste realidad.

Enjoy

Whispers in the Dark


.: Manzanas Rojas :.

- Pero tan solo mira como has quedado…

- ¿Te gusta?...

- Así... así te quería tener…

- ¿Cómo que "ya no más"?...

- Me aburres…

Era todo lo que su mente alcanzaba a formular, palabras y solo palabras, pues los recuerdos eran muy fuertes para él.

Su boca entreabierta, sedienta de la vida misma, de la luz que solo tenía recuerdos. Sus ojos perdidos en algún rincón del universo infinito, quizás ya muertos, quizás ya se habrían suicidado con tantas imágenes de dolor; y aunque no lo admitiese: también de placer. Era lo que mas le dolía. Lo que hacia que sus heridas mermaran sangre con más fluidez que los propios cortes y las embestidas dentro de sí…

Duele, todo el cuerpo le duele; y tirita de frío por la carencia de ropa. Solo allí, desnudo y derrotado, revestido en magulladuras, marcas que dejaron los tentáculos en sus muñecas y tobillos, pero sobretodo la sangre que hasta hace un momento no había dejado de manar de su ano. Ahora solo quedaba la desagradable sensación del líquido seco sobre su cuerpo. Y claro, el dolor.

Incluso en el suelo se divisaron leves salpicaduras de semen, cuando alcanzo a notarlas empezó a sentir nauseas, hasta hacerlo vomitar lo poco que tuviese adentro, y más sangre.

Si ya no tenía nada que perder.

Todo se lo había quitado él.

Si, él que ahora recostado de la pared con la camisa de lino abierta y fumando un cigarro lo observaba con pereza y cierta indiferencia. En silencio, lo estudiaba con un gesto tan ajeno a su dolor que le hacía preguntarse ¿Cómo era que existía gente tan ruin?

¿Cómo alguien como él podía…?

¿…hacerlo gemir de placer?

No lo comprendía, ni sabia si lo quería comprender.

Simplemente estaba ofuscado en si mismo, buscando entre los escombros algún refugio de ese ser. El destructor de lo que amaba. Le había quitado a Lenalee, le había arrancado de la luz y separado de su familia, y ahora…

Lo había ultrajado. Lo había utilizado para satisfacer su carne y hacerlo pecar.

En resumen, lo había violado.

Las lágrimas adornaron sus mejillas e hicieron que la piel le ardiese con la sal. Como el acido le quemaba, le ardía el alma. Temblaba, empezaba a estremecerse en el suelo como si convulsionase, su pecho respiraba agitadamente, creía que estallaría; seguro era alguna reacción nerviosa por el trauma que había dejado en su cuerpo. Oh Dios solo tenía quince años.

Un aullido salio de su irritada garganta, acompañado de leves salpicaduras de más sangre. Quizás por el dolor, quizás por las secuelas del orgasmo. O quizás porque estaba asimilando su triste realidad, y empezaba a caer en la cuenta de que había caído.

¿Por qué su inocencia no lo castigaba como se lo merecía?

¿Acaso esto lo habría permitido Dios?

- ¿Por…qué? – débil susurro, pero Tyki lo había escuchado.

- Porque yo lo he querido – le respondió tajante. Valiéndole madres el alma destrozada de Allen.

Varios hipidos y sollozos salieron desde el fondo del alma del pequeño, ya no podía más con aquello que sentía, fuese lo que fuese. Dolor, ira, impotencia o desolación. O también, la confusión.

Hasta que al fin se había cansado, y cediendo al cansancio su llanto enmudeció hasta llegar a la inconciencia.

Dejo los restos del cigarro a un lado cuando este ya se había terminado de consumir. Se quedo mirando al niño por unos instantes, como si estudiase cada detalle de la fisonomía desnuda de la criatura; aunque en realidad los ojos de Tyki miraban un poco mas bajo la piel, era como si estuviese leyendo un libro sin abrirlo, intuyendo lo que dirían sus palabras conformando oraciones que llevan a una trama que podría ser muy entretenida o muy tediosa.

No comprendía porque empezaba a sentir tanta intriga por aquel niño que creía totalmente devorado por sus fauces.

Se incorporó con soltura, obviando la leve molestia en los músculos de su cuerpo que yacían relajados aun por el efecto del orgasmo. Se agacho frente a la cabeza del niño, quien tenia los cabellos esparramados impidiéndole ver su rostro, estos incluso tenían leves salpicaduras de sangre. ¡Oh! ¡Cuanta sangre!

Percibió con la punta de sus dedos la capa rugosa que se extendía por el suelo. Se preguntaba: ¿hace cuanto que estaba allí con él? Seguramente ya habría amanecido. Inconcientemente empezó a acariciarle los cabellos con delicadeza, a lo que el chico le respondió con un leve quejido. Vaya, hasta ese punto lo había llevado. A ser tan sensible a su tacto.

Se sorprendió de lo suave que eran aquellas níveas hebras. La primera vez que lo había visto en aquel tren le había llamado la atención la coloración de su cabello, y se preguntaba si la textura sería como acariciar un puñado de paja. Se equivocaba, sus cabellos eran los mas suaves y manejables que había palpado jamás. Tanto como las de él, quien ahora con el cabello largo a veces le era imposible reconocerse en el espejo.

Casi sin darse cuenta, ya se encontraba arropándolo con su camisa. Al menos para que su cuerpo no estuviese tan a la vista de todos. Le tomó entre sus brazos al terminar de vestirlo, no pesaba casi nada, tan liviano como la ultima vez que lo había tomado del cuello. Echo una mirada furtiva a su rostro durmiente, cansado, pero relajado. El niño descansaba ahora, y extrañamente él se sentía como el velador de sus sueños.

Nuevamente, el interés por el exorcista despertaba, como en aquella ocasión.

Si su memoria no lo traicionaba, había sido él mismo quién había destruido la inocencia del brazo del chico, y gracias a eso él tenia aquella nueva forma. Y como pago, lo había atravesado con aquella espada de exorcismo, que no hizo más que despertar a su Noé interior de forma total. Al contrario de él que quería salvarlo, lo que logro fue hundirlo más. Cuando en su lugar el Noé buscaba su destrucción y consiguió despertar su verdadero poder.

¿Por qué carajos las cosas se habían dado de formas tan contrarias pero con un mismo fin?

Ahora que lo pensaba, sería interesante hacerle aquella pregunta al milenario que todo lo sabía.

--

Sus ojos fueron entreabriéndose poco a poco, al principio las imágenes se le hicieron borrosas pero poco a poco fueron cobrando nitidez: un techo se alzaba sobre su cabeza, y bajo su cuerpo una blanda y suave superficie lo relajaba. Fue cayendo en la cuenta de que ya no se encontraba en la habitación anterior, y que ahora no sabía que sería de sí mismo.

Entre sabanas de seda y una almohada de algodón junto con cojines de pluma reposaba el chico. Aunque le dolía un poco el cuerpo no podía quejarse: llevaba el brazo de su inocencia vendado y entumido levemente, en su piel ya no quedaba rastro de sangre y suciedad. Estaba totalmente limpio.

Al semi incorporarse con mucha levedad debido al agotamiento físico que sufría, se percató que encima de las vendas que llevaba su pecho por los cortes anteriores, llevaba una camisa blanca de algodón que le quedaba algo grande, como un camisón. Notó que la habitación donde se encontraba era un poco más espaciosa que la anterior; tenía cierto aire de calidez que llenaba un poco de tranquilidad el espíritu de Allen, casi como si estuviese en casa…

Un vago suspiro de melancolía escapó de los labios del albino. Empezaba a sentir la necesidad de saber como estarían sus amigos, ¿Habrían encontrado el cuerpo de Lenalee? ¿La Orden lo estaría buscando a él también o lo habrían dado por muerto?... tenía que saberlo de alguna forma, si iba a morir o jamás les volvería a ver quería tener la certeza de que todos estuviesen bien.

Ahora otra pregunta azotó sin querer pero con mucha ironía la mente de Allen, ¿Quién lo había atendido y ayudado en aquel lugar y con qué propósito?

- ¿Habría sido…?

- Ya despertaste, Allen… - dijo una voz que salía de la puerta del baño, Road venía con un cubo de agua y unas toallas blancas.

- Ro-Road… - dijo al ladear el rostro para ver a la pequeña, quién le sonreía tiernamente mientras dejaba las cosas en la mesa de noche y corría a abrazar al chico, terminando por caerle encima en aquella muestra de cariño tan propia de la niña. Claro, si ya le había robado un beso aquella vez. ¿Le haría algo valiéndose de su condición?

- ¡Oh Allen!… me alegro que hallas despertado al fin nee… - decía mientras frotaba juguetonamente su mejilla contra el pecho del chico, haciendo que este se viese un poco corto de espacio en aquella cama – llevas toda la mañana durmiendo y parte de la tarde eeh. Ya no hallaba que hacer con Tyki para que se levantara después… - fue interrumpida al escuchar ese nombre.

- ¿Tyki? ¿Fue Tyki quien me trajo acá? – interrogó algo contrariado.

- Si, a eso del amanecer Tyki te trajo a su dormitorio para atenderte y limpiarte. Luego el muy se quedo dormido contigo y no quiso venir a jugar conmigo – puchero – ni siquiera vino a desayunar.

- ¿Tyki… me ayudo?

- Sii, después conseguí despertarlo para que fuese a ver al Conde ya que esta muy cabreado con él – agregó la niña mientras se sentaba encima de el chico a la altura de las caderas – así que yo me ocupe de cuidarte mientras dormías.

- Ya veo… eh… ¡EH! – al fin había caído en la cuenta de la posturita en la cual ambos se encontraban – Ro… ¡Road! ¡¿Qué haces encima de mí?! ¡Bájate!

- Jee, ¿Qué no quieres jugar conmigo Allen? Tyki tardará en volver, así que tenemos todo el rato libre para divertirnos – dijo con una sonrisa de picardía que asustó al joven de níveos cabellos – ¡ven y juega conmigo!

- E… ¡espera! ¡Roooad! – reclamaba sin que le prestase atención a sus protestas.

Estaba claro que en aquel lugar no tenía ni voz ni voto, era solo un prisionero, un ave al cual han encerrado en una jaula de oro para adornar el salón. Pero el que él le hubiese atendido y no lo hubiera dejado a su suerte o lo hubiese matado, no le daba a pensar en una razón para la cual el Noé lo había salvado.

O podría ser, que buscaría hacerle eso de nuevo… o cuando le placiese antes de mandarlo al abismo de la muerte. Solo pensar en eso un leve estremecimiento le recorría el cuerpo, como sentir de nuevo la piel de él contra la suya. Recordaba que su contacto lo hacía arder en… ¿Pasión?

Si, tenia que reconocerlo, muy a pesar de su honor ahora quebrantado, el era un ser humano, y los seres humanos pecan. Por eso su maestro le decía que la carne era débil, y pensar que creía que lo repetía por mero cinismo. Que irónica era la vida.

Nada justificaría el hecho de que le había gustado en parte. Quizás ahora ese era su mayor temor en aquella cárcel. Terminar esclavo de los deseos de Tyki.

- Listo, así podemos empezar – dijo Road interrumpiendo los pensamientos de Walker.

- ¿Uh?… ¿eeehhh? ¡EH! Road pero ¡¿QUE DEMONIOS HACES?! – chilló al notar lo que había hecho con él mientras estaba ensimismado en sus pensamientos.

- Tranquilo Allen… ya veras que te gustara… - dijo esta en un tono muy sensual para una enana como ella. Sus ojos dorados lo fulminaban y lo atrapaban mientras se acercaba peligrosamente encima de él, relamiéndose los labios…

- Espera Road… espera ¡NO! ¡AHHH! – fue lo último que se escuchó.

Pasemos a otra escena más armoniosa.

--

El Conde lo esperaba sentado en su mecedora. De lejos incluso reconocía aquella regordeta figura que se balanceaba entre risas. Al entrar en aquél salón de piso de mármol y paredes blancas notó que no muy lejos del personaje se encontraba una mesa donde reposaba un canasto de manzanas, verdes y rojas. Demasiada coincidencia era que encontrase eso justamente cuando él venía a ser regañado.

- Tyki-pon, tardaste mucho en venir – dijo en tono despreocupado, con aquella eterna sonrisa que partiría en escalofríos a cualquiera.

- ¿Me buscaba no es así… Conde del Milenio?

- Si, si… te estaba esperando – susurró el milenario de manera escalofriante, incluso el moreno se sobresalto en sus adentros, perfectamente disimulado en sus facciones relajadas.

- Bueno, aquí estoy. Listo para ser regañado – dijo con soltura y despreocupación encogiéndose de hombros. El Conde soltó una leve risita más que siniestra, llena de ironía.

- No Tyki-pon, no voy a regañarte. Te he hecho llamar para darte un trabajo que sólo tú puedes hacer – dijo acuchillando al moreno con la mirada. El Conde empezaba a darle miedo.

Como en contadas ocasiones, aquella sensación que le transmitía las intenciones del regordete personaje lo alertaba, le hacía intuir que lo que seguía a partir de ahora daría un giro de trescientos sesenta grados.

- Le escucho.

- Quiero que completes la misión que se te dio antes de ir a Edo – sentenció el Conde tomando una manzana roja del canasto.

- ¿Se refiere a… la de matar al chico? – preguntó con cierta curiosidad, como si por un momento no comprendiese bien la petición del milenario.

- Así es, ¿te sorprende? – Preguntó al moreno, este negó tranquilamente con la cabeza – bueno, me he dado cuenta de que te estas divirtiendo mucho con él – la oración del Conde le provino de un nuevo vuelco en su interior ¿acaso sabía lo de la noche pasada? – así que puedes tomarte el tiempo que desees para acabarlo, no me importa como sea mientras cumplas Tyki.

- … usted de verdad que no acaba de sorprenderme, Conde del Milenio – agregó a modo de ironía. Subestimar la mente de su maestro era un error garrafal - ¿y a qué viene tanta condescendencia para conmigo?

- Tú lo sabes bien, no hace falta que te lo diga manzanita verde – otra vez esa comparación, ¿a qué punto pensaba llevarlo el Conde? – eres el único que puede destruirlo…

El único que puede frenarlo…

Algo que ni siquiera puede lograr el mismo Conde. En vez de llenarlo de orgullo vanal, sentía un incómodo vacío en el estómago. Otro vinculo con el chico. El Conde definitivamente lo sabía todo y no le diría nada. Y se reía de él en su cara, disfrutando de su intriga.

- ¿Y por qué soy el único que puede acabar con el exorcista? Por favor, estamos hablando de un chico moribundo sin muchas esperanzas de sobrevivir aquí. Cualquiera podría… - el discurso de Tyki fue interrumpido por un "crack" producto de la mordida que el Conde daba a la manzana. Un brillo apareció en los ojos del hechicero.

- Después de todo fue él quien logro despertarte e hizo de ti lo que eres ahora…

Por breves segundos, el recuerdo de aquel escalofriante dolor que le había cegado en el despertar regresaba. Al cerrar los ojos sus inquietudes fueron exterminadas. Comprendía lo que debía hacer ahora.

- Ya veo, entonces creo que empezaré de inmediato – dijo con soltura mientras tomaba del canasto una manzana roja. Cuando se retiraba del salón el Conde le miraba en silencio. Siempre sonriendo.

--

- ¡Oh Allen! ¡Pero que delicioso te ves! – exclamó la niña con emoción y un brillo de ilusión en los ojos, como si estuviese viendo un tentador pastel solo para ella.

En realidad la diferencia no era mucha. Allen se encontraba atado de las muñecas a la cama, con la camisa abierta. Algunos sitios de su torso estaban demarcados por estratégicos puntos de crema batida donde una cereza de marrasquino se posaba tentadoramente. Road se relamió nuevamente los labios antes de atacar el primer botón, el cual se encontraba en la tetilla derecha del albino.

Las manos del chico se aferraron con nerviosismo a las sabanas cuando la lengua de la pequeña empezaba a trazar líneas. Allen abrió la boca de par en par y dejo escapar un hondo gemido al sentir los diminutos dientes de la chica presionar el broche que sobresalía de la zona. Aquel miembro de textura viscosa esparcía en los alrededores rastros de dulce y saliva, dejándole una escalofriante sensación en su piel. Si todas esas cosas no le estuvieran sucediendo ahora, jamás se hubiese dado cuenta de lo sensible que era su piel.

- Que dulce eres… Allen… ¡te comeré todo! – dijo con efusividad mientras presionaba no muy inconscientemente el empeine de su rodilla con la entrepierna de el chico dándole un vuelco en el pecho que le sobresalto. Las secuelas de la violación estaban latentes.

- ¡NO!… ¡ESTO NO! – chilló el peliblanco logrando romper sus ataduras con la fuerza de "quien sabe donde saco", apartando de un empujón a la niña que se encontraba sobre él. Road aterrizó sentada en el colchón. Aunque no le había hecho daño alguno, aquella acción sobresalto a la chica y la dejó pensativa.

- Allen… - susurró. El chico había optado por abrazar nerviosamente sus piernas y esconder su cabeza entre sus rodillas. Estaba harto de ser tratado como un juguete, como un muñeco o antojo sexual de cualquier Noé que hubiese en la casa. Primero Tyki y ahora Road ¿Qué seguía? ¿¡El Conde también se antojaría!? NA: Quién te manda a ser tan comestible u/u

Fue cuando llegó el que faltaba. Tyki abrió la puerta para encontrarse con un Allen deprimido y consternado y una Road que le miraba en indiferente silencio. Tal como lo había hecho él en la habitación. Su rostro se torno en una expresión entre sorpresa y la confusión.

Confusión ¿Y ahora qué pasa?

- Eh… ¿Se puede saber qué hacían? – preguntó con cierto tono irónico en sus palabras. Al chico se le vino el mundo encima al escuchar esa voz resonando en sus sienes, sintiendo como la pesadilla regresaba a su memoria.

- Creo que Allen no se siente bien Tyki – respondió la infanta con tranquilidad, bajándose de la cama y haciendo un ademán para salir de la habitación – ayúdalo a limpiarse o lo picaran las hormigas por la noche – fue lo último que dijo antes de cruzar el umbral de la puerta y perderse de vista.

Tuvo la intención de impedir que la chica se fuese y que le explicara mejor en que llevaban toda la tarde, pero la imagen del chico intentando refugiarse vanamente en si mismo fue más que suficiente para comprender de que venía el asunto. Road no se había resistido a sus impulsos de devorarlo en cuanto pudiese y era de prever. A ella también le gustaba el niño de níveos cabellos, quizás tanto como a él.

Se acercó al chico en silencio, aunque sabiendo que él lo sentía venir hacía sí. Vio como se abrazó con más firmeza al punto de parecer un poco desesperado, cosa que en sus adentros le conmovió, como si empezase a sentir algo de piedad por el chico. No había necesidad de reprocharse, habían ciertas cosas que no le gustaban ver y el observar a alguien así le desesperaba en sobremanera. Aunque en algunas ocasiones le gustaba y le llenaba de un sádico placer. Pero ahora le era desagradable ¿Quién lo entendía?

Lo jaló de los cabellos hacía atrás separándolo de sus rodillas y obligándole a fijar la vista en su rostro. Sus ojos grises carecían del brillo que lo caracterizaba y tenía un semblante acabado. Del resto seguía teniendo el mismo encanto del cual muchos habían quedado prendados de él. Se quedo mirándolo por un instante, en el cual el chico le correspondía el gesto con cierto temor y a la vez con embelesamiento. Como si mirase a una víbora que esta a punto de devorarlo. O como si de aquello dependiese vivir o morir. Dependencia.

Aun no podía verlo pero cada vez estaba más cerca de entenderlo…

El pelinegro sacó un pañuelo del bolsillo de su pantalón con el cual empezó a limpiarle el pecho cuidadosamente, con un gesto totalmente opuesto al que había recibido las veces anteriores en sus encuentros con el Noé. ¿Por qué lo cuidaba? ¿Por qué lo trataba bien ahora?

- ¿Por…por qué haces esto?... – se aventuró a preguntar como un infante que no comprende lo que sus ojos ven, y espera la respuesta de un adulto.

- ¿Mh?¿No es evidente? Porque si te quedas así te picarán las hormigas mientras duermes… - replicó como si fuese lo más obvio del mundo. Cosa que Allen tomó como un insulto a su inteligencia.

- ¡No me refiero a eso! ¡¿Por qué demonios me estas ayudando?! – reprochó el albino con una vena sobresaliendo de su frente. A Tyki le hizo gracia su expresión molesta y sonrío abiertamente.

- Oye, oye, no te molestes chaval. Ya esta – dijo con tranquilidad dando por finalizada su tarea. El torso de Allen estaba libre de aquella masa dulce. Las cerezas fueron removidas y ahora Tyki se las comía de un bocado. Del resto solo le quedaba la sensación pegajosa en todo el pecho.

Bajó la mirada. Ahora se sentía aun más humillado y confundido que antes, siendo ayudado y atendido por su verdugo. Y más que eso: empezaba a caer en la cuenta de que su destino ahora estaba en manos del moreno, y no podía hacer nada para cambiar eso. Inclusive de su mano dependía el que se sintiese más aliviado o desesperado.

Un minuto ¿de cuando acá Tyki tenía el poder de hacerlo sentir mejor o peor en una situación como esa?

La sensación de un tacto viscoso y húmedo lo devolvió a la realidad. Ahora se veía tomado por los hombros levemente con el torso inclinado, y el mayor degustando con su lengua de los rastros dulces que aun quedaban en su piel. Sintió como la piel se le erizaba con el contacto que no era para nada desagradable. Incluso la daba la impresión de que el Noé lo estaba tratando con… ¿cariño? ¡Eso no podía ser posible! ¿¡Y qué rayos hacía el permitiendo semejante trato!?

Pensó en apartarlo, sintió que debía apartarlo de su lado, sabía que no debía dejarlo seguir. Nuevamente sentía las fuerzas para resistirse y entendía que era el momento de usarlas otra vez. Pero algo era diferente. Había algo que no dejaba que eso pasase como en veces anteriores, algo que venía del fondo de su ser. Era un sentimiento que se alimentaba con cada caricia que el moreno le propinaba, y que doblegaba aquella titánica voluntad que tanto caracterizaba al exorcista. Aquella que lo había levantado en tantas ocasiones y que ahora cedía para dar vida a algo que Allen no conocía.

- Por qué… - aquello ni siquiera sonaba a una pregunta. Era más bien un susurro ahogado, un delirio que venía del interior del chico y escapaba de sus rosáceos labios.

- Porque te van a picar las hormigas, te dije… - dijo con naturalidad. No como una burla, sino como la broma que todos necesitan para sonreír un poco. Llenos de ironía.

Tyki sentía ese pecho respirar agitadamente, en un hipnotizante ritmo de sube y baja como el mecer de las olas. Sus sentidos se nublaban con el olor de esa piel blanca y suave como la de un recién nacido. Era como si estuviese tocando un ángel. Profanando el templo de un santo y ofendiendo a Dios con las caricias que le entregaba a su apóstol. ¡Oh! ¡Que bien se sentía… ser un autentico demonio!

Trazó en línea recta su trayectoria al inicio de su cuello, por el cual paso dejando un húmedo camino que se alargaba hasta llegar al mentón del chico. Sus labios estaban cerca de rozarle y la respiración del moreno se sentía tan cerca… Allen parecía no reaccionar. No. Parecía no querer reaccionar.

Una mano se escurrió tras su cuello para tomarle delicadamente, dándole un toque de sensualidad a la escena y buscando llevar al chico a donde él quería. Los labios de Tyki rozaron suavemente con las comisuras del niño, incitándolo, provocándolo y tentándolo a seguir, a que se dejase… a que cayese en la cuenta de que era terriblemente hermoso verlo tan dócil…

Y eso a él le gustaba. Que era lo excitante y peligroso del asunto.

Ya caía en la cuenta…

Entreabrió sus labios en un gesto de suplica, y Tyki los atrapó suavemente, moviendo los suyos propios en una dulce danza a la cual a Allen no le costaba corresponder… se aplacaba a su ritmo y se dejaba hacer. Se acomodó entre las piernas del chico para mayor facilidad de sus movimientos, tomando sus labios suavemente con los suyos y dejándolos escapar seguidamente. Con lentitud dejaba que su lengua entrase en la boca del niño para acariciar la suya fugazmente y volver a los roces; hasta que por fin consolido la unión del beso.

La lengua del moreno entró en la boca del niño sin oposición, buscando la de él y empezando a acariciarse sin prisas, suavemente, se percibían en frotes delicados y embriagantes. La mano que estaba apoyada en el hombro del chico se escurrió a su tierna espalda trazada con líneas delicadas, demarcando cada fibra que denotaban su fisonomía. Encontrando que en diferentes puntos de la misma el chico se arqueaba hermosamente con su roce, debilidades de las cuales él se regocijaba en electrizantes descargas de placer.

Dejó que el niño respirara un poco, con un hilillo de saliva que unía brevemente sus labios inferiores, para descender lentamente a su cuello. Allen sentía la respiración acelerada del moreno en su piel y también la suya propia acelerando su pulso. Su rostro inclinado hacía arriba con gesto suplicante y la mirada perdida, con un brillo nuevo. Lujuria.

Entonces sintió un gemido nacer de su garganta, el mayor había optado por juguetear un poco con una de sus tetillas sonrosadas, atrapándolas sensualmente con sus labios en constantes succiones que hacían delirar al pequeño. Rápidamente aquella zona se humedeció con la saliva del Noé, causando que para mayor gusto de aquel demonio el niño se estremeciese nerviosamente por el contraste de temperaturas que causaba el cálido aliento del seductor personaje.

Los juegos empezaban a calentarlos, no había pensamiento en ambos que nublasen ese deseo, sobretodo en Tyki, conocido fielmente como un calentón. Y haciendo gala de lo mencionado, este ya se encontraba con ambas manos presionando el trasero del niño mientras aquella lengua jugueteaba con el ombligo del menor y este le correspondía con suaves gemidos, perdiéndose cada vez más en el abismo que se había dejado caer, al cual aun no encontraba fin. Reaccionó cuando dejó de sentirlo en su centro para luego observarlo desviar su atención más abajo. Para ser precisos su entrepierna.

El niño le miro nerviosamente, pero sin intenciones de oponer resistencias al mayor. Como si de antemano supiese que no podía oponérsele. Ya no, y eso Tyki se lo había dejado claro no con palabras, sino con acciones. Lo esclavizaba a sus deseos, lo hacía pecar delante de su Dios, y para colmo, le hacía sentir que le gustaba. Y enserio le gustaba.

Abrió las piernas del albino de par en par, separándolas y dándole fácil acceso a su parte más noble y sensible, con la que todo ser humano sucumbe sin más. La saludo con una lamida a su falo a lo que el chico respondió con un gemido ahogado y un gesto de sorpresa que no desaparecía. Era como si fuese la primera vez que lo tocaban.

Corrección, la primera vez que lo tocaban con su consentimiento.

Sin más, aquel miembro fue siendo atacado por incesantes lamidas que hacían vibrar al niño a su ritmo, aferrándose con desesperación a las sabanas en puños y manteniendo los ojos abiertos, con ademanes de apretar los parpados cuando el placer era demasiado para asimilarlo visualmente. Poco a poco fue endureciéndose y en ese punto el moreno optó por hacer que el chico se reventara aun más, introduciendo lentamente aquel pedazo en su boca, donde la muy conocida lengua de Tyki no daría tregua alguna a los espasmos y gemidos de Allen.

- Ah… Aaaahhh… ya… ya no…puedo… - susurraba el niño en gesto suplicante, con la espalda arqueada y temblorosa, apenas sosteniéndose con las manos apretadas firmemente en las sabanas de seda.

Era la verdad, ya no podía, y eso lo sabía el moreno mejor que nadie, pues sentía aquel trozo hincarse en su cavidad indicándole que faltaba poco. Con sus molares se cuadro cuidadosamente para presionar la punta del falo con estos, brindándole al pequeño un suave grito y un delicioso espasmo en toda su columna vertebral, una lagrimilla se había resbalado de los parpados del niño, recorriendo su mejilla mientras él gemía nervioso y desesperado por la nueva modalidad de Tyki para hacerle perder la cordura, la cual estaba funcionando perfectamente.

De un momento a otro termino por eyacular en la boca del moreno, haciéndolo suspirar ahogadamente por la sensación del calido fluido recorriendo su garganta. Este se separó arrastrando los labios húmedos sobre la piel del miembro empapado de sus fluidos. Allen suspiró y se dejo caer sobre el colchón agotado, con el pecho echo una bomba frenética en sube y baja. Tenía la cara empapada de sudor y dos salados broches brillantes adornando sus parpados.

- Vaya… eso si que ha estado intenso… - dijo el moreno en un tono suave y relajado para nada acorde con lo que acababa de hacer, limpiándose con el dorso de la mano una pequeña mancha blanca de la comisura de los labios mientras aquellos ojos dorados suyos se clavaban como aguijones en la adorable expresión del chico. Totalmente dócil e inocente de su destino.

- …

La camisa de Tyki estaba empapada de sudor, levemente adherida a su torneado torso; al notar esto el chico sintió sus mejillas ardiendo por haberse fijado en un detalle como aquel y sobretodo porque le empezaba a parecer atrayente la fisonomía del moreno. Ahora empezaba a mirarle con otros ojos, con los cuales descubría un cuerpo de musculatura definida, con líneas bien torneadas que mostraban aquel porte intimidante, pero a su vez arrebatador, como el imán que repele y atrae según su conveniencia. Un maestro de la causa y un creador de consecuencias.

No sabía como definirlo, no podía explicarlo.

Solo sentirlo.

El niño se incorporó de repente, colocándose apoyado en sus rodillas frente al Noé quien le miraba con curiosidad. Sus ojos grises destilaban un brillo que cegaba levemente los pensamientos del moreno, quien no lograba intuir los sentimientos del chico. Era como ver una mezcla entre la inocencia más pura y el deseo más intenso. Deseo por él.

Lentamente las manos del niño desabotonaban la camisa de Tyki con cautela, descubriendo poco a poco lo que había vislumbrado hacía unos instantes, las demarcadas líneas musculares de su torso no se hicieron esperar para ser mostradas a sus ojos. Al sentir el tacto de esa piel oscura con sus manos y luego con su mejilla notó como ese ardor regresaba a él, un calor que recorría todo su cuerpo y le hacía enrojecer. Tímidamente empezó a dar tiernas lamidas al ombligo del moreno el cual miró con desconcierto al pequeño, para luego asentir con gesto comprensivo. El pequeño le observaba de a intervalos mientras acariciaba con su lengua la piel del Noé, notando este que el chaval tenía las mejillas encendidas y un semblante que le hacía ver como el tierno y comestible niñito que era.

Pero luego las cosas cambiaron de nivel, las inocentes manos del albino se abrían paso con lentitud en el pantalón del mayor, sacándole lo que seria una de sus sonrisas más espontáneas y satisfechas al ver hasta donde llegaban las acciones del infante, quien ya había acabado de dejar su miembro afuera y sin detenerse a observar el tamaño o la contextura, tomo el mismo entre sus manos haciendo que Tyki presionase los puños en tensión. Sin dejar de sonreír.

Empezó con tímidas lamidas en la punta del falo, haciendo que el moreno gimiese cortadamente, cosa que en los adentros del chico pareció agradarle, como si los papeles se hubiesen invertido de repente. Suspiro hondamente cuando esas húmedas caricias se extendieron por toda la zona dejando a un Tyki muy acalorado y no-tan-dominante como unos minutos antes. Una sonrisa lujuriosa se dibujo en las comisuras de los labios del chico mientras lamia dedicadamente la porción, deleitándose con los gemidos entrecortados que nublaban de a poco la razón del Noé.

De un momento a otro ya lo había introducido en su diminuta cavidad bucal, dándose cuenta por si mismo del grosor de aquel miembro y de lo estrecha que era su boca para el moreno quien mantenía la boca ligeramente abierta y el rostro inclinado hacía arriba en un gesto sumiso, así como lo había estado el albino. De su garganta escapaban jadeos y gemidos entrecortados de placer y leve desquicio por las oleadas de sensaciones que el pequeño le hacía sentir en su pequeña boquita, acariciando entero su falo con su escurridiza lengua en el gesto más inocente y puro del mundo. Con un brillo de lujuria digno de un diablillo.

Cuando empezó a sentirlo endurecer en su boca, paso a dejar correr sus labios y su lengua con el pedazo aun dentro, moviéndose a un ritmo que sacaba de quicio los nervios de Tyki, quien firme cual de piedra permanecía sin mover un ápice de su cuerpo erguido, unicamente apretando los puños y temblando deliciosamente de placer. Cosa que sabía y para nada le era desagradable que el chico lo llevase un rato a su ritmo, si al final el resultado era el mismo.

Tendría que matarlo tarde o temprano, y él ganaría.

Grande fue la impresión del albino cuando sintió aquel líquido cálido correr por su garganta, era amargo y le provocó en sus adentros una leve sensación nauseabunda, más no se atrevió a vomitarlo fuera de sí; con los ojos cerrados lo había dejado pasar y poco a poco fue acostumbrándose al sabor y la sensación de sentir a alguien correrse en su boca. Tyki suspiraba satisfecho y se estremecía levemente a consecuencias del orgasmo.

- Parece que te subestime chaval… realmente eres todo un… - no pudo completar su irónica frase, pues el chico se había abrazado a la cintura del mayor de forma tan desesperada y algo posesiva que le había hecho perder el hilo. Allen tenía la cara hundida en el abdomen del Noé quien le miraba con leve desconcierto, las manos del niño firmemente entrelazadas tras él se sentían desesperadas, como si suplicasen algo con toda su fe.

-… – hubo un corto silencio en el cual un ruego resonó en la cabeza del albino.

Por favor no me dejes…

Sigue susurrando mi nombre en la oscuridad.

El moreno sonrió levemente, y tomando el rostro del albino entre sus manos echó una mirada a su cara, ambos ojos hechos dos ríos de fluidas lágrimas y sus mejillas levemente teñidas en carmín. Una expresión de lo más divina al parecer del sádico Noé.

- Si te pican las hormigas esta noche será por lo meloso que te vez… - susurró con una voz tan calmada y llena de dulzor que había quebrado en dos el corazón del niño.

Después de unos instantes de miradas arrebatadoras, Tyki se poso sobre los labios del niño y les beso dulcemente, como en su vida Allen había sido tratado. Irónicamente quien le hacía sentir tan bien era la persona que podía destruirlo.

Aprovechó el instante de duda del chico para separarse suavemente, y luego colocarse de un momento a otro tras el albino quien no comprendía absolutamente nada. Aun era demasiado ingenuo como para entender la clase de juegos que llevan los amantes. Le sentó sobre sus piernas, las cuales se encontraban ligeramente separadas y escondidas en las blancas sabanas. Le abrazó de la cintura atrayéndolo hacía si, sin que el chico opusiese resistencia alguna NA: ¿a estas alturas del partido serviría de algo? me pregunto y sintiendo aquel ardor al sentir la piel de su espalda dar contra el pecho del otro. Allen cerró los ojos con cierto aire calmado, intuyendo lo que aquello significaba, el estar así con aquel hombre que lo destruía y le hacía volar en sueños –quisiese o no-. No había nada que hacer, estaba a sus pies y para su desgracia se sentía realmente bien en sus manos.

Tyki respiraba pausadamente en su cuello, dando algunos ligeros besos en este mientras acomodaba bien su miembro en la entrada del albino. Él a diferencia de Allen no tenía nada que meditar, ya todo lo había decidido antes de llegar a la habitación y encontrarlo de nuevo. O quizás desde siempre, había resuelto que las cosas fuesen así. Y sonriendo como un Guasón entró de una sola embestida en el interior del menor.

Fue recibido con un ronco gemido y un leve arqueo en su espina, haciendo que el Noé se relamiese los labios mientras le tomaba de la cintura y le abrazaba en sus piernas. El de níveos cabellos se veía estremecer por el placer y la desesperación de la situación misma y de no poder hacer nada con lo que le hacía sentir. Simplemente era demasiado para él. Un niño apenas.

El Noé le daba lentas pero delirantes embestidas que hacían sucumbir al exorcista, quien tenía que morderse los labios para no gritar y llamar la atención de los huéspedes de la mansión. El moreno veía nublada su razón por el placer que le daba el estar tan apretado en el interior del chico, incluso podía sentir sus venas hinchándose en su interior dándole descargas de éxtasis en todo su cuerpo el cual sentía reventar quizás tanto como el del chico.

Lo atrajo más dentro de sí, lo que hizo que Allen ahogara un grito como le era humanamente posible. No estaba acostumbrado a tenerlo tan adentro y empezaba a sentir que se partiría en dos en cualquier momento, que sangraría de nuevo y tener que enfrentarse al dolor… más ahora era diferente, porque se había dejado caer y no tenía miedo de lo que Tyki le hiciese, ya no tenía nada, ya no habían esperanzas que albergaran en él, de un momento a otro iba a morir sin saber nada de la Orden y sus amigos. Todo lo que le quedaba era ese abismo al cual su verdugo lo había arrojado.

- Aaaahhh… Ty-Tyki… - susurraba el pequeño ahogado en gemidos entrecortados por sus jadeos, causa de las embestidas a su ser. Había sonado igual de sensual que la última vez que le escuchó decir su nombre así, al borde del delirio y la locura. Completamente suyo. Una visión que excitaba los sentidos del mayor, incitándole a ir aun más lejos.

- Mmmmm… eso es chaval… eso es… así me gustas… - decía el mencionado en la puerta de la oreja de Allen, quien se estremecía en sus brazos y lo sentía vibrar en su cuerpo con cada embestida que perforaba su ser. Él también estaba al borde de sus delirios.

La diestra del mayor tomo con suavidad el miembro del pequeño, el que ahora tendría que reventarse además con las lascivas caricias que el dedo pulgar le daba a la punta de su falo. El albino gimió aun más intensamente, intentando vanamente acallar los sonidos de su garganta en lo que podía, temeroso de que algún inocente abriese la puerta llamado por los ruidos y les encontrase así. Y tuviesen que parar…

Por el contrario eso a Tyki no le preocupaba demasiado. Se veía bastante entregado a la situación de ambos. A Allen no le cabía en la cabeza que existiese un ser tan retorcido, pervertido y sádico como aquel hombre que le hacía bailar al son que quería.

Creyó que era el momento, y el moreno aumento la velocidad de las embestidas en el chico, al cual sosteniendo con una sola mano su cadera le orientaba para que él solo se moviese al compás de sus movimientos. El chico ya no hallaba como morderse la lengua para acallar sus gritos por el dolor y el placer que le producía sentirle tan desgarrador en sus paredes, no quería saber hasta donde pretendía Tyki empalarlo y ni siquiera sabía si había más de "hasta donde llegar". Todo de lo que estaba seguro era que… ya no podía más.

De una vez ambos se vinieron al mismo tiempo, sintiendo como las oleadas del éxtasis nublaban sus sentidos por unos instantes y dejaban que aquella sensación de humedad los embriagara. Tal como la última vez, sentía húmedo su interior al punto de percibir como el líquido se desbordaba de su ser. Tyki jadeaba sudado y esperaba a que el pequeño se relajase para salir, cosa que no paso, pues se encontraba abrazándolo reconfortándolo, un abrazo al cual Allen se entregó, sonriendo de medio labio.

Ambos cayeron en la cama sin separarse aún, con el mayor abrazándole de la cintura y el pequeño entrelazando sus dedos en aquellas manos notablemente más grandes que las suyas. Allen suspiró entre cansado y…

Feliz.

Sonrientes cayeron en brazos de Morfeo.

Ya empezaba a caer en la cuenta… de aquellos sentimientos

Ya caía…


Primero que nada gracias por los reviews veo que también hay quienes disfrutan de la buena tortura xD

Se les quiere. Me amo (¿?)

Bye bee

Et in Arcadia ego - The rise of Clown