Segundo capítulos, gracias a Fridda por sus siempre apreciadas correcciones y a la vez por darme mi comentario de ánimo, igualmente agradezco a la segunda personita que se tomó el tiempo para hacerlo. La verdad no creo merecer tales halagos, mil gracias.

Venganza y redención

Las historias que había escuchado de niño sobre las emocionantes aventuras que acontecían en el mar se alejaban mucho de las horas de completo aburrimiento que transcurrían en la cubierta del barco. El cielo y las nubes era su principal distracción desde que había dejado tierra, ahora la nave debía encontrarse bordeando cerca de los territorios orlesianos. La única que parecía divertirse a bordo era Charlotte, la inquieta mabari que Elissa había dejado a su cuidado ¿o él estaba bajo el cuidado de la mabari? Puede que su encantadora esposa hubiese insistido en que la perra lo acompañase por esa razón.

Se sentó como de costumbre cerca de la proa, viendo corretear a una emocionada Charlotte que no dejaba de husmear en cada rincón del barco. Dio un largo suspiro cuando una vez más levantó la vista al cielo. Tal vez para la gran mayoría de aquellos que hacen un viaje por mar la primera vez, lo común sería contemplar la inmensidad de las aguas mecerse a un ritmo casi hipnótico, dejándose llevar por su calma mientras estas no se embravecieran cuando se suscitara alguna temida tormenta, cosa que ninguno de los tripulantes deseaba por razonables motivos, sin embargo Alistair prefería desviar su mirada de esas aguas que lo conducían a lo desconocido.

Lo intentó los primeros días, simplemente dejarse llevar y contemplar al sol ocultándose dentro de las profundidades del mar, pero no pudo. Los amargos recuerdos de su infancia lo perseguían hasta ahora, en su mente, al ver el sol ser engullido por las aguas le recordó a su padre mismo siendo devorado hasta sumergirse por completo en las profundidades del azul intenso que tenía ante sus ojos. Aquel padre que nunca conoció pero que siempre anheló.

Deseaba creer que al ser libre de las ataduras que significaba llevar su sangre, ese tipo de pensamientos se disiparían para siempre, sin embargo en la soledad que ahora experimentaba debido a sus deberes de Guarda Comandante, su padre representaba el eterno retorno que siempre lo atormentaba. Tal vez el mar le trajo el último sueño que tuvo de niño, de que si algún día se aventuraba en un barco, él lo buscaría y lo encontraría con vida, que lo abrazaría arrepentido y serían felices. Los acontecimientos cambiaban algunas veces, pero su sueño infantil siempre era que su padre estuviese con él. Después de todo, no cualquier niño podía decir que su padre era el mismísimo rey de Ferelden.

Cada vez que los pensamientos deprimentes lo envolvían, tocaba ligeramente el nuevo anillo que adornaba uno de sus dedos, como si lo acariciara suavemente. Siempre que eso ocurría, era cuando se daba cuenta que si los malos recuerdos parecían haberse esfumado era porque desde hacía dos años Eli estaba a su lado. Jamás se habían despegado desde ese entonces, ya sea como amigos o amantes, su compañía era vital para él. De lo contrario, Alistair temía volver a ser el mismo niño ingenuo a quien todos querían manipular. Era lamentable que el ahora Comandante se sintiera de esa manera y le hacía pensar en lo mucho que le faltaba para convertirse en un verdadero hombre, en un verdadero líder al igual que Duncan, su gran ejemplo a seguir.

No necesitaba a Eli únicamente porque la amara, sino porque era la única persona que le dio la fortaleza que siempre había necesitado para enfrentarse a cualquier obstáculo al hacerle creer en sí mismo. Puede que la presión que Duncan ejercía sobre él cuando recién había ingresado a la orden, haya sido porque de igual forma creía en su potencial, por desgracia nunca pudo estar seguro de ello o siquiera atreverse a preguntarle cuando estaba vivo.

Deseaba que Eli estuviese a su lado para decirle que todo iba a salir bien, que no hablaría de más al presentarse con su informe ante el Guarda Comandante en Weisshaupt. No se encontraba nervioso en lo absoluto, su ansiedad se reducía a que simplemente ya quería terminar lo más pronto posible el embrollo en el que Morrigan lo había metido y del cual le estaba infinitamente agradecido, a pesar de los problemas que le depararan sus obligaciones como Guarda, estaba seguro que los afrontaría sin problema. Al rozar su anillo se decía a sí mismo que al fin tenía un hogar al cual regresar, por fin comprendía a sus compañeros en Ostagar cuando mencionaban sus deseos de volver a casa.

"Pero si apenas llegaste hace unos días."- solía él mencionar cuando escuchaba a alguno de ellos expresar el anhelo de regresar prontamente al hogar.

Ahora los entendía, el que siempre tuviesen un lugar al cual volver era algo que reconfortaba y hacía sentir que valía la pena seguir viviendo. Llevar una vida normal era algo que le había sido siempre negado y gran parte de su vida creyó que la misma felicidad también le estaba prohibida, pero él mismo buscó el camino para llegar a sentirla, incluso en la distancia se sentía feliz al saber que había alguien que lo esperaba.

Esta segunda oportunidad que le fue otorgada por Morrigan tanto a él como a Elissa, le daba un nuevo valor a su vida el cual no estaba dispuesto a desperdiciar. Quería dar todo de sí como Guarda Comandante a pesar de no sentirse completamente listo para asumir tal responsabilidad, y de igual manera quería gobernar lo mejor posible el arlingo de Amaranthine no importando todos los papeles, peticiones o asuntos por aprender. La diplomacia fue algo a lo que siempre le huyó, pero no más. Si estaba vivo a pesar de tener todas las probabilidades en contra, era el momento de demostrarse a sí mismo que podía hacerlo.

Un llamado sorpresivo hizo que su vista se enfocara nuevamente en lo que acontecía en el barco.

- "Su perra se comió uno de mis guantes, Comandante."- dijo el joven que lo miraba molesto.

Alistair dirigió su vista a Charlotte quien fingía no saber nada de lo que hablaba el hombrecillo. Suspiró resignado, él no era tonto, era consciente de que ella sabía muy bien del crimen del cual era acusada y fingiría demencia, además se hubiese visto ridículo que comenzara a pelear con la terca mabari.

- "Supongo que entonces te debo un par nuevos y llámame Alistair, ya te lo he dicho."

El joven se sentó a su lado aceptando su pérdida.

- "Los había comprado en Pináculo, eran nuevos."- soltó el chico haciendo una especie de puchero.

Alistair sonrió. No sabía el por qué pero ese joven le recordaba a sí mismo cuando recién había ingresado a la Orden.

- "Lamento escuchar eso, yo también he tenido mis pérdidas desde que mi esposa decidió quedarse con ella, pero cuando se trata de pelear jamás decepciona esta pequeña."- Charlotte se acercó para ser acariciada por Alistair, la mabari percibía cuando ya había sido perdonada de su travesura en turno.

- "¿Su esposa? Se refiere a Lady Cousland ¿verdad?… bueno, aunque ahora que es su esposa… sería ¿lady Theirin?"- el joven trataba de entablar con nerviosismo una charla. Alistair intuía que algunas veces su compañero también debía aburrirse.

- "La verdad es que ella ya no era llamada Lady Cousland desde hacía bastante tiempo y yo realmente nunca he sido Lord o príncipe de nada, mi apellido jamás ha salido a relucir en ninguna conversación. Así que solamente somos los guardas grises Alistair y Elissa."

- "Pe… perdone… no fue mi intención sacar conclusiones, es sólo que es lo que había escuchado."- se disculpó apenado.

- "¿Y qué escuchaste Rorik?"

- "¡Vaya! ¡Recordó mi nombre! ¡Casi nadie recuerda mi nombre!"- una sonrisa boba se imprimió en las facciones del guarda.

Alistair no pudo evitar soltar una pequeña risa, le recordaba demasiado a sí mismo ¿en verdad parecía tan inocente a esa edad? Eli y los demás debieron divertirse mucho con esa ingenuidad. Ahora no podía siquiera culpar a Zevran de jugarle tantas bromas en contra. Rory contó todo tipo de rumores, algunos muy exagerados, otros se saltaban detalles y unos más eran tan ridículos que no tenía caso discutirlos. Por primera vez, Alistair tuvo un par de oídos atentos a todo lo que saliera de sus labios, Rorik escuchaba con ávido interés. Cuando tenía alguna duda lo detenía, y esa pregunta llevaba a otra. El rubio se preguntaba si Duncan se sentía de la misma manera cuando lo instruía a él. Llegado el atardecer, fue que finalmente Alistair pudo hacerle algunas preguntas.

- "¿Cómo es Weissaupth, Rorik?"

El chico se mantuvo pensativo un rato antes de responder.

- "Es un lugar triste."

- "¿Eso es todo?"- volvió a inquirir Alistair sin conformarse con una respuesta tan breve.

- "A decir verdad, todo en los Anderfels es triste si se compara con otros lugares, pero en Weissaupth es aún más sombrío. Tal vez sean las torres que están a punto de derrumbarse, los tapices bordados que emulan batallas sangrientas o el constante olor a muerte de los que allí han caído, o puede que sólo sean las caras largas de los pocos guardas que conocerá. Ya conoció a Harold, es una persona de pocas palabras y amigos, pero es un buen hombre."

- "Tú no pareces alguien sombrío a mi parecer, creí que los demás serían más o menos como tú."

- "Yo me uní hace poco señor y no estuve mucho tiempo en Weisshaupt, para ser sincero días después del ritual me enviaron a Ferelden junto con Harold para buscarlo, la verdad es que él fue quien se dio a la tarea de encontrarlo, básicamente yo sólo lo acompañé. Esa ha sido la primera vez que he salido de los Anderfels. Fue emocionante."- comentó sonriendo.

Era la primera vez que Alistair escuchaba a alguien realmente emocionado por conocer Ferelden, esperó unos minutos antes de seguir hablando pues todas las conversaciones sobre Ferelden terminaban con un "¿por qué huele a perro mojado?" o algo peor.

- "Si Weisshaupt es tan triste como dices ¿por qué te uniste a la orden?"

A juzgar por el rostro de Rorik, esa pregunta no la esperaba. Un aire incómodo enrareció el ambiente.

- "Era eso o dejar que mi madre y hermana murieran de hambre. No iba a desperdiciar las habilidades que mi padre me había enseñado viéndolas sufrir de esa manera. Así que un día tomé mis pocas cosas y me uní. No tenía nada que perder. La verdad mi historia no tiene nada de gloriosa, señor."

- "Eso no es verdad, todas las historias gloriosas inician así. Tú huías del hambre, mi esposa de ser asesinada y yo… no lo sé… mi propia vida siempre había sido una desgracia desde mi nacimiento. Así que supongo que huía del destino que me habían impuesto."- Alistair sonrió ligeramente.

Rorik parecía comprender a lo que Alistair se refería, la charla se prolongó un poco más. El joven le hizo compañía hasta que las estrellas aparecieron brillantes en el cielo y al final hubieron de retirarse a sus camarotes. Para Alistair el final de ese día, significaba que más pronto volvería a casa, con su familia.


La mujer que estaba ante sus ojos era ella definitivamente. Hacía años que no la veía pero sus facciones aún la delataban, el color del cabello y los ojos verdes que tanto odió que lo miraran fingiendo inocencia en el pasado. En eso no había cambiado, su mirada podía engañar a cualquiera, menos a él. Elissa Cousland era tan traicionera como un día lo fueron sus padres al poner a su familia entre la espada y la pared para obligarlo a casarse con ella y así extender su poder hacia Amaranthine, su padre, el arl Rendon Howe le confiaba estos secretos a Nathaniel para que no se fiara si es que ellos argumentaban lo contrario. Fue por eso que jamás se sintió capaz de seguir con ese compromiso, sin saber que por ello los Cousland lo intentaran asesinar aun siendo su invitado en el castillo y aliado. Su padre lo único que hizo fue defenderse al igual que sus hombres.

Nathaniel comprendió las acciones de su padre esa trágica noche, en las cartas que había enviado se mostraba consternado por lo sucedido, esperando que su hijo creyera en su inocencia. Él no podía culparlo, pensó en volver de las Marcas Libres puesto que ya no había ningún tipo de relación que lo fuese a atar con los Cousland. Y antes de que llegara a una resolución, fue cuando se enteró de la muerte de su padre. Elissa Cousland junto con su gente habían tomado por asalto la residencia del arl en Denerim.

Ella lo asesinó y ahora era una heroína conocida en todo Ferelden, su padre murió como un traidor y a la reina se le ocurrió otorgarles la fortaleza. Este era el hogar de su familia por generaciones y ahora una criminal residía en ella como ama y señora. La rabia recorría su sangre hasta hacerla hervir en odio puro. Ella se acercó a las rejas para ver más de cerca.

- "¿Nathaniel? ¿Eres tú? ¿Nathaniel Howe?"- su mirada parecía estar llena de compasión, pero él no estaba dispuesto a caer en esa trampa.

- "Sí, lo soy. No es necesario que tú te presentes, eres la asesina de mi padre. Es el título con el que yo te conozco."

Notó que ella se sobresaltó, recuperó la compostura rápidamente y esos ojos compasivos que tanto detestaba volvieron a clavarse en él. Prefirió desviar la mirada al suelo donde estaba sentado. Su mano apretó la tierra hasta que esta caló en sus uñas pues todavía sentía sus ojos observándolo con atención. Estaba de pie a pocos metros de un deplorable y humillado Nathaniel Howe.

- "Mi señora, este hombre ha confesado su crimen. Anoche intentó entrar a la fortaleza con la intención de asesinarla. Por suerte un guardia notó su presencia y se necesitaron de otros tres más para someterlo."

Antes de que el guardia continuara, Elissa lo interrumpió.

- "Libérenlo."- dijo calmada.

Nathaniel la miró lleno de sorpresa ¿qué planeaba hacer con él esa mujer?

- "Mi señora, le he dicho que se necesitaron de cuatro guardias para someterlo ¡No puede liberarlo! ¡es peligroso para su seguridad!"

- "Tomaré la responsabilidad de sus actos, ahora les pido que lo liberen. Es una orden."

Ambos mantuvieron la mirada mientras el guardia quitaba de sus manos y pies las cadenas que lo aprisionaban. Lo tomaron del brazo para conducirlo fuera de la celda.

"Grave error de la señorita Cousland" pensó Nathaniel. Con un golpe rápido dado con todas las fuerzas que le quedaban pudo noquear al guardia en la cabeza logrando quedar libre y tomando una de las cadenas que el hombre conservaba, dio un golpe rápido dirigido a Elissa. Esta pudo retirarse a tiempo, la cadena sólo hizo una fisura en sus labios, dejando una pequeña mancha de sangre en su mejilla.

Antes de que tuviese tiempo de sacar alguna arma, Nathaniel la tomó del cuello violentamente azotando su cuerpo contra el muro de piedra.

- "No sabes cuánto tiempo esperé este momento Elissa."

- "Nathaniel… por favor…"- era lo único que ella alcanzaba a decir.

- "¿Qué pasa contigo? ¿Por qué no das algo de pelea?"- preguntó Nathaniel al oído.

Nathaniel notó las lágrimas que comenzaron a brotar de los ojos de Elissa y sin querer bajó la guardia por un momento, dándole a ella el tiempo suficiente para asestar a Howe una patada en el estómago haciéndolo perder el equilibrio. Ella luchaba por recuperar el aliento.

El alboroto llamó la atención de los demás guardias que llegaron prontamente, Nathaniel se vio de nueva cuenta rodeado y fue sometido antes de que lograra ponerse en pie. Uno de ellos lo veía con desdén.

- "Mi señora ¿desea que mandemos a este hombre directamente a la horca?"

- "Hasta aquí llegó mi suerte" se dijo él a sí mismo con resignación.

- "No…"- contestó ella aún con voz débil –"Invoco… el…derecho de llamamiento."

Al decir eso, Elissa se recostó contra la pared tratando de recomponerse. Nathaniel la miraba incrédulo.

- "Yo luché por limpiar el honor de mis padres, estoy segura que tú deseas hacer lo mismo."

Él le lanzó un gesto burlón.

- "La única manera de honrar a mi padre será cuanto te arrebate el último rastro de vida."- espetó el hombre lleno de furia.

Ella lo miró por un momento fijamente a los ojos. Nathaniel no podía soportar esa mirada.

- "Está bien, algunos de quienes intentaron matarme alguna vez, ahora son mis amigos."- se dio la media vuelta y salió del lugar.

Si con esas últimas palabras trataba de que se retractara de su propósito, Nathaniel le haría ver que estaba muy equivocada.


Alistair una vez le había dicho que no se debía odiar a los hijos por los errores de los padres. Él en su momento logró poner sus sentimientos de lado y ver en Anora la reina que Ferelden necesitaba, más allá del hecho de que su padre era el responsable de la muerte del hombre a quien él consideraba un padre. Elissa quería ser como él, sabía que la decisión que había tomado era la correcta.

Nathaniel no era Rendon, ella lo supo en ese momento cuando bajó la guardia. Justo en el momento en que ella comenzó a llorar, él se detuvo: mostró compasión. Eso era algo que el antiguo arl no le hubiese demostrado. Sabía que si le contaba la verdad sobre la muerte de su padre, tal vez el odio que sentía por ella disminuiría aunque fuese un poco, pero no podía hacer eso. Por nada del mundo podía confesarle que fue Alistair quien lo enfrentó en pos de defenderla, ya que eso significaba que sus ansias de venganza se destinarían al hombre que ama.

Alistair no mató a Howe por ser un asesino, lo hizo por ella. Y Elissa cargaría con las consecuencias de ello. Alguien tan noble como su marido no merecía el odio de nadie.

Terminó de atender los asuntos más apremiantes del día antes de que los guardias tocaran a su puerta para avisarle que tenía otro Ritual de Iniciación que atender. Se dirigió con paso lento al salón, temiendo que esa misma noche tuviese que cargar con una muerte más en su conciencia. El cuerpo de Mhairi fue quemado con honores el mismo día en que no pudo superar el Ritual, si Nathaniel corría con la misma suerte, su noche sería larga.

Nathaniel ya la esperaba en el salón, los guardias estaban atentos ante cualquier intento de huida. Elissa conocía poco de Nathaniel, pero podía estar segura que no era de los hombres que huían ante un desafío. Seguramente por su mirada, tenía la intención de demostrarle que si una mujer como ella pudo convertirse en guarda gris, él también podría hacerlo.

A su lado estaban Oghren y Anders, el tener ya dos reclutas la reconfortaba bastante. Todo había sido preparado por el senescal Varel, quien aún tenía sus dudas sobre dejar al hijo de Rendon Howe convertirse en Guarda Gris, siendo él un hombre que había pasado gran parte de su vida defendiendo Amaranthine aunque tuviese que estar en contra de las órdenes del antiguo arl, conocía a la perfección las vilezas cometidas por el hombre a quien una vez sirvió. Elissa se encargó de convencerlo, al menos lo suficiente para que accediera a oficiar el Ritual.

Nathaniel tomó la copa de las manos del senescal y bebió con desagrado su contenido. Elissa lo vio convulsionarse por unos minutos, dio un grito desesperado antes de que su cuerpo dejara de hacer movimiento alguno. Ella se acercó para examinarlo cuidadosamente.

Gracias al Hacedor, Nathaniel había sobrevivido.