¡Hola! Bueno, aquí le traigo la segunda parte de este viejo fanfiction encontrado en un disco externo (Bendito sea ese disco, tengo muchas cosas ahí que creía perdidas). Dije que no me demoraría tanto en subir la historia, pero soy tan procrastinadora con las cosas que debo hacer, que al final termino haciéndo todo al límite (me gusta sentir esa adrenalina xD). Eso sí, no es para tanto, he aprendido a priorizar :D

No lo aburro más con mis tonterías xD. Es hora de que pase a leer.


Travesuras subterráneas.

El amanecer se dejó notar en la habitación, los rayos de luz entraron por la ventana, Leaf se percató de esto y se despertó de inmediato. –Ya amaneció –dijo. La chica se sentó en la cama y miró a su lado, ahí estaba él: Red, quien aun seguía dormido. El chico no tenía idea de donde estaba, todavía seguía atrapado en sus sueños. Para Leaf era una oportunidad de oro, un sueño que no quería que por nada del mundo acabase. Se acercó un poco a él y pudo sentir más cerca su respiración y aroma. La joven de cabellos castaños se acercó más al chico, específicamente a la boca de este con la clara intención de besarlo. Sentía un poco de nerviosismo, temía que él despertara, se encontrara con ella en una cama y se armara un gran mal entendido. Con todo, Leaf se armó de valor y le dio un timido beso a Red en la comisura de los labios. Eso ya era un avance para ella, aunque él no estuviese consciente.

Leaf dejó ese momento a un lado y se levantó de la cama, de ahí fue de inmediato a uno de los baños con todas sus cosas, incluida su ropa. El pequeño beso había sido suficiente y no quería provocar un impasse en la habitación mientras se vestía. ¡Qué pena si Red despertaba en ese momento! Ya en el baño, entró en la ducha y pudo relajarse por completo, todo gracias al agua tibia que caía por su espalda. Continuó su ritual pensando en Red, en si le había hecho bien el tratamiento con hielo que le indicó la Enfermera Hoy. Su Dewogong la ayudó a realizar esa tarea cada tres horas durante la noche.

Mientras tanto, en la habitación un adormecido Red estaba tratando de despertar. Eran muchas horas las que había pasado de esa forma y le costaba despegar los ojos. Cuando logró hacerlo miró a todas partes de la habitación, desorientado por no saber en donde estaba. -¿Cómo llegué aquí? ¿Estoy en casa? –se preguntó muy confundido. Vio que sus cosas estaban junto a una silla, así que se levantó, pero cuando lo hizo sintió un malestar en la zona derecha de su abdomen. El dolor no era intenso. Recordó el percance que tuvo el día anterior con su bicicleta producto del temporal. –A lo mejor alguien me trajo a este lugar –pensó mientras se levantaba cuidadosamente. Antes de llegar al lugar donde estaban sus cosas, se detuvo junto al espejo del cuarto y vio las vendas que tenía en la zona abdominal y otras partes de su cuerpo, además de percatarse de algunas contusiones en sus piernas y brazos. Sin duda había sido un accidente considerable, que aofrtunadamente no pasó a mayores. Red tomó sus cosas y de su mochila sacó ropa para vestirse. Ya listo, dejó la habitación y caminó por un pasillo que lo llevó a la sala de recepción del Centro Pokemon. -¡¿Enfermera Joy?! –preguntó con un dejo de asombro. La chica de cabellos rosados lo miró también un poco sorprendida. –Veo que ya despertaste, -le dijo al chico. Red se acercó más a la parte central donde estaba la mesa de atención del recinto. -¿Me puedes decir como llegué aquí? –preguntó el chico con curiosidad. La Enfermera asintió con la cabeza. –Te trajeron aquí en medio de la tormenta del día de ayer. Estabas herido y por estar lejos de tu casa tuviste que quedarte en nuestras instalaciones y de paso pudimos curar tus heridas. –Sí, me di cuenta de las vendas, pero me puedes decir cómo o quien me trajo hasta aquí. –¡Bueno! Ayer, en la tormenta… Justo cuando la Enfermera Joy estaba comenzando su relato su fiel compañera y asistente, Chansey, llegó corriendo al lugar. Se veía agitada. -¿Qué pasa Chansey? –dijo Joy con preocupación, dejando de lado lo que le estaba contando a Red. Chansey le informa a la Enfermera que ha habido un accidente en las cercanías del Mt. Moon y que el Centro Pokémon cercano al lugar no da abasto para atender a los heridos, lo que significa que el recinto de Ciudad Plateada tendría que servir de apoyo para el tratamiento de las criaturas heridas.

Red quedó solo y sin respuesta en la recepción. Al ver que las labores de Joy y Chansey eran la de atender a los Pokémon heridos, el castaño decidió ir a la habitación que estaba usando, allí tomó su mochila y luego abandonó el lugar para seguir su camino. Al salir del Centro Pokémon, lo primero que hizo fue tomar la pokeball de su Charizard. –Tenemos que continuar nuestro viaje, Charizard –dijo mientras se montaba en él. –Usa vuelo y vamos a Pueblo Lavanda. Charizard obedeció la orden y emprendió el despegue llevando a su entrenador como pasajero. –Pueblo Lavanda es más tranquilo y además, es cercano a Ciudad Fucsia, debido a su cercanía con Azafràn –pensó mientras surcaba los cielos.

Leaf había terminado su baño en las dependencias para entrenadores del Centro Pokèmon. Despuès de vestirse fue hasta el cuarto que había compartido con Red, pero para su sorpresa se encontró con el lugar vacio. -¡Red! –exclamó la chica al percatarse de su ausencia. Sin más, fue hasta donde se encontraba la Enfermera Joy haciendo los preparativos para recibir a los Pokèmon heridos. –Disculpa, Enfermera Joy, ¿sabes a donde se fue Red? La mujer de cabellos rosados la miró algo asombrada. -¿Qué dices? –Si has visto a Red. Fui a la habitación y cuando entré él no estaba. La enfermera seguía coordinando la llegada de los Pokèmon al recinto, poco tomaba en cuenta a Leaf. –Lo vi hace un rato –contestó mientras checaba información en su computadora. -¿Dijo a donde iba? –insistió Leaf con sus preguntas. –No… Nada. Joy seguía atenta a la pantalla de su ordenador, no prestándole atención a Leaf. La chica de cabello castaño estaba siendo ignorada por completo. Comprendió que Joy tenía un gran trabajo que realizar, así que mejor se retiró del Centro Pokémon.

Leaf intentó ir a Ciudad Celeste a través del Mt. Moon, pero sus planes se vieron frustrados por el accidente que había en las cercanías de la montaña. –Este no es mi día de suerte –dijo decepcionada mientras observaba el alboroto que había en el lugar. –¿A dónde se habrá ido Red? ¿Ya estará en el Parque Compi? –se preguntaba. –No tengo tiempo de quedarme aquí –dijo mientras sacaba una pokeball. –Si no puedo ir por tierra, puedo ir volando. Leaf lanzó la esfera y de ella salió un Noctowl de colores brillantes y con estrellas a su alrededor. Sí, era un hermoso Noctowl varicolor. –Noctowl, llévame más allá del Mt. Moon. El Pokèmon búho obedeció la orden de su entrenadora y juntos sobrevolaron la zona. –Si Red va por vía terrestre seguro podré verlo desde aquí. Como es testarudo lo más seguro es que va en su bicicleta.

Red seguía sobrevolando la Región de Kanto. Estaba próximo a llegar a Pueblo Lavanda. Logró divisar la ex Torre Pokémon, lugar que antiguamente era un cementerio Pokémon y que hoy albergaba en su estructura la radio de la región. –Hemos llegado. Desciende, Charizard. El tipo fuego/volador aterrizó frente al Centro Pokémon del pueblo. –Vaya, hace mucho tiempo que no pasaba por aquí –dijo mientras bajaba rápidamente de su Charizard. -¡Aouch! El chico sintió un pequeño dolor en la parte derecha de su abdomen. –Eso es por la caída de ayer. El chico hizo una mueca y regresó a Charizard a su pokeball. –A pesar de que la radio de Kanto funciona en este pueblo, este lugar aun sigue mostrando esa atmosfera de misterio. El chico comenzó a caminar por las calles de Lavanda. No buscaba nada ni nadie, solo daba una caminata para recordar viejos tiempos. -¿Qué será del Sr. Fuji y su casa de voluntarios Pokémon? –se preguntó. De pronto, sus pensamientos se vieron interrumpidos por un par de señoras que conversaba a las afueras de una tienda.

-La actual Torre de radio anteriormente era un cementerio, se le conocía como la Torre Pokémon, además era hábitat de fantasmas. -¿Fantasmas dices? -Claro. En esa Torre había fantasmas, pero desde que la radio funciona en ese lugar, ya nada se sabe de ellos. –Bueno, pero imagino que en otro lugar del pueblo debe funcionar el cementerio Pokémon, ¿o no? –Sí. Se dice que funciona en los subterráneos de la Torre. –Vaya… Eso es… algo aterrador. Hay un cementerio bajo nuestros pies.

Red logró oír la conversación de ambas mujeres. Le causó curiosidad que el cementerio Pokémon se encontrara bajo la Torre. -¿Un cementerio bajo la torre? No estaría mal ir a dar un vistazo, -se dijo el chico así mismo. Sin más, el oriundo de Pueblo Paleta se armó de valor (sí, porque no negaba que ir solo a ese lugar le causaba un poco de miedo) y se fue hasta la torre. Caminó alrededor de ella hasta dar con el sector que conectaba el exterior con el cementerio subterráneo. Ese lugar era en la parte trasera de la Torre Radio, para entrar al camposanto era necesario abrir unas puertas que estaban en el suelo, cubiertas por arbustos. Movido por la curiosidad, Red quitó los matorrales. Con eso tenía la oportunidad en sus manos. Red entró al lugar sin pensarlo dos veces. ¡Sentía una gran curiosidad por conocer ese cementerio! Ya dentro del recinto, Red comenzó a recorrer los pasillos de ese solitario y oscuro lugar, iluminado solo por su linterna.

En las alturas de Kanto, Leaf se encontraba con su Noctowl tratando de encontrar rastros de Red en tierra firme. No había indicio del chico, pero sí pudo divisar a lo lejos las características casas púrpura de Pueblo Lavanda. –Ese es Pueblo Lavanda. Ahí está la radio de Kanto –pensó Leaf. -¡He! A lo mejor ahí saben algo de Red, o también puedo poner un aviso de búsqueda. ¡Desciende Noctowl! El búho shiny obedeció a Leaf y aterrizó en las afueras del recinto asistencial Pokémon. –Red aún sigue herido y… No es bueno que esté solo –se dijo la chica. Leaf caminó en dirección a la Torre de Radio, tocó la puerta principal y unos segundos después esta se abrió. Entró al lugar y caminó hacia la recepción. En el escritorio central se encontraba un sujeto ordenando documentos y carpetas, además de mirar la pantalla de su computadora de vez en cuando. –Disculpe –dijo Leaf. El hombre miró a la castaña un poco asustado. -¡HA! ¡¿Quién es?! El sujeto se asustó por completo al ver a la entrenadora. –No se asuste, por favor. Leaf trataba de calmarlo. –Parece que hubiese visto a un fantasma. El individuo de la recepción se tranquilizó cuando Leaf tomó su antebrazo. –¡Gracias a Arceus! ¡No eres un fantasma! -¿Fantasma? No, no lo soy –contestó Leaf. –Es un alivio. El hombre suspiró. –Ya sabes, esta torre era un cementerio Pokémon y se rumoreaba que habían fantasmas. –No se preocupe, esas son tonterías que inventa la gente –dijo la chica bajándole el perfil a la situación (ella sabía que ese lugar alguna vez fue habitado por Pokémon fantasma, ya que en ese lugar atrapó a su travieso Haunter cuando tan solo era un Gastly). –No creo, en este lugar pasan cosas extrañas –dijo el hombre en tono de decepción. -¿Cosas extrañas? A Leaf le dio curiosidad saber. –Así es, señorita, todas las mañanas encontramos las estanterías desordenadas, muebles tirados, vasos rotos, en fin, nada está en su lugar. Este lugar fue un cementerio Pokémon y estoy seguro que eso algo tiene que ver. –Por favor, no diga esas cosas, quiere. Puede que sea el cuidador de la radio el que se queda a hacer travesuras en este lugar. –Ya no sé qué creer, jovencita. Por cierto, ¿qué haces aquí? –preguntó el hombre ya más calmado. –Estoy buscando a un amigo. Su nombre es Red, ¿lo ha visto? -¡Red! ¿Te refieres al joven Campeón de Kanto? –Sí, él mismo –respondió Leaf sonriente. –Se le ve tan… bajo perfil. Hasta pensé que ese chico no tenía amigos. –Bueno, es que él es especial para hacer amistades. Leaf reía un poco para salvar la situación y no dar tantas explicaciones. –Quería poner un aviso en la radio por si alguien lo ve. Necesito encontrarlo con urgencia. –Bueno, jovencita, hablaré con el Director de la radio para que se autorice a transmitir tu mensaje. El hombro abandonó su escritorio y se fue en dirección del pasillo derecho. -¡Lo esperaré aquí! –gritó Leaf mientras el hombre se perdía en la distancia. –Así que fantasmas… -pensó Leaf. La entrenadora esperó por varios minutos. El sujeto de la recepción se estaba tardando. En su espera, Leaf comenzó a observar a su alrededor, caminó por el espacio de la recepción, observando unas fotografías. Las fotos enmarcadas parecían ser de los trabajadores de la radio en los distintos lugares de la región que han visitado. Leaf se estaba aburriendo de esperar, así que comenzó a recorrer el primer piso del recinto, eso la llevó hasta un pasillo corto, donde había una puerta al final de este. No había ningún letrero indicando de qué se trataba ese cuarto. Leaf se dejó llevar por la curiosidad y entró en la habitación. El lugar estaba a oscuras, no había ventanas, solo pudo iluminarse por medio de la linterna que llevaba. –Parece que este lugar lo usan para dejar las cosas que ya no sirven –dijo mientras observaba cajas y algunos equipos de sonido viejos. De pronto, su curiosidad hizo que se centrara en una alfombra de aproximadamente de 40x40 centímetros que estaba en el suelo perfectamente estiraba. Leaf empezó a caminar sobre ella con cuidado, pero de un momento a otro perdió el suelo seguro y cayó a un lugar desconocido para ella. -¡Ay! Eso dolió –dijo mientras se levantaba con cuidado. -¿Dónde estoy? Parece un sótano. La entrenadora empezó a sentir un poco de miedo. –Este… Este… Mejor buscaré una salida. Invadida por una sensación de temor comenzó a caminar por los pasillos subterráneos de la Torre Radio, cuando de pronto escuchó unos sollozos, alguien estaba llorando. -¡Hay alguien más aquí y parece que está llorando –dijo. Fue en dirección del sonido y allí se encontró con una niña de unos seis años. –Hola –dijo Leaf en tono amable para tratar de acercarse a la pequeña. -¿Qué haces aquí? ¿Te perdiste? La niña se tranquilizó al ver a Leaf. –Es… Mi Vulpix. -¿Cómo dices? –preguntó Leaf mientras secaba sus lágrimas. -¡Vulpix no volverá! La niña se abrazó a Leaf y comenzó nuevamente a llorar. –Tranquila, -le dijo mientras acariciaba su cabeza. -¡Un momento! –se dijo. –Este lugar era el cementerio Pokémon. Fue remodelado y ahora funciona la radio de Kanto, pero todo lo del cementerio fue trasladado a los… subterráneos. Al menos eso escuché una vez. Eso significa qué... Estoy en el cementerio y esta niña entró aquí de alguna forma.

Mientras tanto, en otro lugar del cementerio subterráneo estaba Red. –Estoy seguro que vi correr a una niña por aquí, ¿en dónde se metió? –dijo mientras caminaba por los pasillos iluminado por su linterna. –Creo que era por aquí. Red iba demasiado concentrado preguntándose por el paradero de la pequeña, cuando de pronto escuchó unos sollozos que claramente eran de una infanta. Caminó a paso rápido en la dirección de los llantos, pero sentía la sensación de que no llegaba a su destino. El llanto lo escuchaba cerca, pero por más que caminaba no lograba dar con el lugar, parece que estaba caminando en cirulos. De un momento a otro, ese camino interminable se vio cortado abruptamente. El chico se encontró con dos caminos: uno a la izquierda y otro a la derecha. -¿Por dónde sigo? –se preguntó. –¿El sonido venía de allá... Venía de acá? No sabía que elegir. No aguantó la sensación de confusión, así que tomó el camino que le decía su instinto: el de la derecha. –Esa niña debe estar por aquí. En medio de su recorrido pudo divisar unas prendas de ropa blanca. Había alguien ahí. Fue hasta ese lugar, pero cuando llegó no había nada ni nadie. Él estaba seguro de haber visto a una persona de estatura baja, la niña que había escuchado antes. "Ayúdame a encontrarlo", fue lo que escuchó tras él. El entrenador se volteó pero no vio a nadie.

Leaf caminaba junto a la niña por los pasillos. –Oye, ¿cómo llegaste aquí? –preguntó Leaf a la pequeña. Vine a buscar a Vulpix –contestó ella. -¿A Vulpix? –Sí, Vulpix. La niña hablaba poco. –A lo mejor busca la tumba de su Pokémon. Eso sí, es de corta edad para ser entrenadora –pensó Leaf. -¿Sabes dónde está ese Vulpix? La niña solo movió la cabeza en señal de negación. Siguieron caminado por un pasillo, de pronto Leaf pudo ver una luz a lo lejos. Agarró la mano de la niña con fuerza y caminó en dirección a la luz. Con cada paso que daba la luz se había más intensa. -¿Quién anda ahí? –preguntó apartando su vista de la luz. -¡¿LEAF?! Esa era una voz familiar para ella. -¿Red, eres tú? –preguntó iluminando al joven de pies a cabeza. El muchacho a quien andaba buscando se encontraba frente a ella. -¿Cómo llegaste aquí? –preguntó Red. A Leaf le molestó un poco la pregunta. Se supone que tenían que viajar juntos, pero él la ignoró por completo y ahora le habla solo porque se la encontró por casualidad. –Lo mismo te pregunto yo a ti –dijo un poco enfadada.

El chico no sabía que contestar, se quedó mudo. El silencio se vio interrumpido por unas risas y el sonido de rebote de una pelota. –Eso… Eso parece una pelota –dijo Leaf olvidando la pregunta que le había hecho a Red. -Tienes razón -contestó él mientras miraba a su alrededor. -Viene de allá -agregó la niña que sostenía la mano de Leaf. -¿Dices que viene de ese sector, del pasillo que está a la izquierda? La pequeña movió la cabeza en señal de afirmación. -Oye, ¿dónde encontraste a esta niña? -preguntó el muchacho. -¡Silencio! -contestó la castaña. -Caminemos hacia donde ella dice. Red se encogió de hombros y no tuvo más opción que seguir a su compañera. Los tres caminaban juntos por el pasillo antes señalado. Ninguno de los tres pronunció una sola palabra, hasta que Red sintió que tocaron su hombro. -Oye, Leaf, ¿qué sucede? -preguntó el chico. -La castaña se detuvo y lo miró sin entender mucho. -¿Qué sucede de qué? -¿Ibas a decirme algo? Tocaste mi hombro. Leaf lo miró asombrada. -¿Tu hombro? Pero si yo he estado caminando a tu lado todo el tiempo, en ningún momento he tocado tu hombro. -Pero… Olvídalo. Red no quiso seguir insistiendo y continuó su camino. Era interminable, parece que nunca llegarían al lugar de donde provenían los sonidos. Un momento más tarde, fue el turno de Leaf. La chica sintió que la jalaron de su bolso, provocando que se cayera. -¡Ay! Eso dolió -dijo ella. -¿Por qué hiciste eso, Red? El chico movió su cabeza en señal de negación. -Pero si yo no he hecho nada. -Pero si tú estás caminando conmi… ¡Espera un segundo! ¡La niña! ¿A dónde está la niña que traía de la mano? Ambos miraron a todas partes. -No está -dijo Red algo impactado. -Pero si estaba conmigo -agregó Leaf mientras se ponía de pie. -A lo mejor quiere jugar a las escondidas -contestó el chico. -No lo creo. Leaf se cruzó de brazos. -Cuando la encontré estaba llorando y buscando a su Vulpix. -¿Su Vulpix? -preguntó él. -Claro. Ya sabes que este lugar era un cementerio Pokémon y desde que la radio funciona aquí, todas las tumbas fueron trasladadas a los sectores subterráneos. Red se quedó pensativo por unos instantes. -Vamos a buscarla -dijo Leaf sacando al Campeón de sus reflexiones internas. Cuando ambos quisieron seguir el camino se encontraron con una pared que les impedía el paso. -¿Una pared? ¿Pero cómo? -agregó el muchacho. -¿Qué rayos está pasando? Leaf se estaba poniendo nerviosa. -Regresemos a donde estábamos -sugirió el chico quien se adelantó a regresar por el camino anterior. Leaf iba detrás de él. La joven estaba nerviosa y no por estar a solas cerca de Red (por una parte, sí), pero el hecho de no saber cómo la niña que caminaba junto a ella desapareció la perturbaba. De pronto, su temor se vio incrementado cuando sintió que unas manos frías tocaron sus hombros. Dio un grito de terror. Red volteó para ver lo que sucedía, pero todo fue muy rápido, encontrándose con Leaf abrazada a él. Ni ella misma se había percatado de lo que había hecho. Se sonrojó por completo cuando se dio cuenta de la situación en la que estaba. -¡Lo siento! -dijo apartándose de él. Red siguió impávido. -Continuemos caminando -agregó. Esta vez Leaf caminó al lado de él. Su lapso de tranquilidad fue corto, ya que este se vio interrumpido por la repentina perdida de sus accesorios: gorra y sombrero, respectivamente. -¡MI GORRA! -¡MI SOMBRERO! -gritaron ambos al unísono. En eso, sintieron que no estaban pisando tierra firme y solo por instinto se tomaron de la mano. Cuando se dieron cuenta estaban en un gran colchón de plumas en una posición un poco comprometedora comprometedora.

Mientras tanto, en las dependencias de la radio de Kanto, el hombre de la recepción que había hablado con Leaf regresó a su lugar de trabajo, a buscarla y a comunicarle que el director había autorizado a que ella pasara un aviso de búsqueda. -¿A dónde se fue la chica? Le dije que esperara aquí. El sujeto comenzó a recorrer las dependencias del edificio preguntando por la muchacha de cabellos castaños. Le preguntó a varios de sus colegas de radio, pero ninguno sabía del paradero de Leaf. Al no obtener respuesta, tuvo que regresar nuevamente a las oficinas del Director. Entró algo agitado y preocupado al lugar. -¡Director! El mandamás de la estación radial se sorprendió por el ingreso repentino de su empleado. -¡Qué sucede! ¿Por qué entras de esa manera a mi oficina? -Disculpe, Señor Director -dijo el hombro mientras inclinaba su cabeza. -¿Qué quieres? El Director puso cara de pocos amigos. -La chica que quería poner un anuncio por Red ha desaparecido. -No exageres. Seguro se cansó de esperar y se fue. El Director no le daba crédito a las palabras de su trabajador. -Ella dijo que necesitaba localizar al Campeón de Kanto urgentemente. El Director pestañó rápidamente. -Seguro ya lo encontró. -Vamos, Señor Director, la chica se veía interesada en buscar al muchacho. El Director se sacudió un poco las manos y se levantó de su cómodo asiento. -Está bien. Para que veas que esa chica se fue, vamos a revisar las cámaras de seguridad. El encargado de dirigir los destinos de la radio de Kanto fue hasta la sala donde estaban las cámaras de seguridad e inmediatamente revisó aquella que se encargaba de vigilar el sector de la recepción. -¿Esa es la chica que tanto dices? -Sí, ella es. -Como ves se quedó ahí parada por unos cuantos minutos. -Pero sigamos viendo -insistió el recepcionista. Al cabo de media hora de grabación pudieron ver como Leaf caminó por uno de los pasillos de la radio, para luego ver como ingresaba a una habitación. -¡ENTRÓ EN LA HABITACIÓN QUE LLEVA A LOS SUBTERRANEOS! -gritaron ambos completamente sorprendidos. -No queda de otra -dijo el Director. -Hay que sacar a esa chica de ahí. -¿Y los fantasmas, Director? El encargado de la recepción entró en pánico al escuchar lo que dijo su superior. – no seas cobarde, hombre, por eso tenemos un equipo para estos casos. El Director de la radio contactó al equipo de seguridad y todos juntos fueron al sector de los subterráneos. Desde que la radio se instaló ahí han tenido que lidiar con los diversos sucesos que pasaban en ese lugar.

Mientras tanto, en los sectores del subterráneo, Leaf estaba completamente sonrojada por tener a Red sobre él. La única forma que Leaf encontró para salir del impasse fue apartar a Red rápidamente de ella. La chica fue poco cuidadosa y quitó a Red de un empujón. Se le había olvidado el accidente que este sufrió el día anterior y sin darse cuenta golpeó a Red en la zona abdominal afectada, provocando que el chico se retorciera de dolor. -Red, perdón por golpear tu herida -dijo la chica mientras tocaba la zona de la herida. -¿Cómo sabes que estoy herido? -preguntó el muchacho adolorido. Leaf se vio acorralada con la interrogante. -Bueno, este… La conversación fue interrumpida por unas risas traviesas. Cuando ambos miraron de donde provenían las risas se encontraron con el trio de fantasmas Pokémon: Gastly, Haunter y Gengar. -¡Pokémon fantasmas! -dijo Red sorprendido. -¿Por qué nos trajeron aquí? Los tres Pokémon seguían mostrando su gran sonrisa perturbadora. Empezaron a crear ilusiones a ambos jóvenes. Gastly se encargó del trabajo e hizo que los chicos cayeran un parque de diversiones. Se veía un lugar hermoso y divertido. Como buen parque de diversiones, tenía una casa de los espejos y ambos chicos, controlados por los fantasmas, caminaron por el lugar viendo las distintas formas que adoptaban sus reflejos. Los tres fantasmas los seguían . Cuando ambos chicos se miraron en un espejo en que se veían extremadamente delgados, Haunter tomó las cabezas de los chicos y las puso una frente a otra y de un momento a otro el tipo fantasma/veneno hizo que los chicos se besaran. Estaban en trance, así que no tenían idea de lo que hacían con ellos.

El equipo de seguridad de la radio de Kanto se adentró en el subterráneo y comenzó a recorrer cada rincón del lugar. Ellos estaban acostumbrados a este tipo de situaciones. Muchas personas, por pura curiosidad por conocer el cementerio terminaban involucradas en problemas. Ellos sabían que los inconvenientes no eran en el sector del cementerio, sino que más debajo de este, en un sótano más apartado.

El trío de fantasmas continuó haciendo de las suyas con el par de jóvenes entrenadores. Los estaban manipulando como marionetas, los hacían bailar y cantar. En uno de esos bailes, Red se tropezó y cayó, lo que le permitió liberarse del control de los fantasmas. Leaf aún seguía danzando en modo trance. El chico intentó despertarla. -¡LEAF! Red movió a su compañera de los hombros. -¡LEAF! ¡LEAF! Como no logró su objetivo se bio la obligación de empujar a la chica. -¡DESPIERTA! -gritó el joven. Ese empujón y tono de voz hizo que la chica despertara. -¿Qué pasa? ¿Qué pasa? -dijo Leaf mirando de un lugar a otro. -Hemos salido de ese estado de ilusión -contestó Red mientras se agachaba frente a Leaf. Los tres fantasmas querían seguir con sus travesuras, así que Haunter aprovechó la situación y empujó a los muchachos uno contra otro, cosa de dejarlos casi pegados, rosando sus cuerpos. -¡Esto es demasiado! -exclamó Red. -Voy a terminar con este juego La mirada de Red cambió a una de seriedad absoluta. -El chico sacó una de sus pokeballs. -Tendré que derrotarlos para irnos de aquí -dijo decidido mientras sacaba a su Pikachu. Los tres fantasmas cambiaron sus expresiones alegres a unas de tristeza. –¿Vas a quedarte sin hacer nada?, -le dijo Red a Leaf. De pronto, el encuentro se vio interrumpido por un tajo umbrío y una finta. Era de un. -¿Y eso? -preguntó el joven Campeón -¡Un Absol y un Umbreon! -contestó Leaf. -Otra vez lo mismo -dijo el director de la radio que venía acompañado del equipo de seguridad. -¡Jovencita, te hemos encontrado! -agregó el recepcionista de la radio. -¿Qué pasa aquí? -preguntó Red. El Director de la radio se acercó al chico. -Pasa lo mismo de siempre, a lo que ya estamos acostumbrados. Estos tres Pokémon vivían en lo que era la antigua torre de Pueblo Lavanda, pero cuando pasó a ser remodelada y se convirtió en radio, todo lo que tenía que ver con el antiguo lugar, con el cementerio, fue trasladado a estos subterráneos, incluidos los Pokémon que habitaban ahí. Solo quedaron estos tres. Son algo traviesos, son ellos los que desordenan nuestro recinto radial por las noches y cada vez que alguien logra entrar a este lugar, ellos hacen lo posible por retener a esa persona y jugar con ella.

-Entonces, hay que terminar con estos inconvenientes -dijo Red. -Pienso capturar a los tres y así ya no causarán más problemas. ¡Pikachu, ve por ellos! -¡NOOOO! -gritó Leaf. -No lo hagas. -¿Por qué? Así la radio y las personas no sufrirán más problemas. Leaf se opuso rotundamente. -Se ve que ellos no quieren ser capturados ni nada de eso. Leaf tomó una de sus pokeballs y de ella salió un Haunter, que de inmediato reconoció a los otros tres fantasmas y juntos empezaron a bromear entre sí. -¡Están divirtiéndose! Red miró atónito la escena. -Sí. Eso quieren. Después que este lugar pasó a ser una radio se quedaron sin espacio para divertirse y con pocos de los suyos, por eso hacen travesuras. No son malos, solo quieren jugar.

Red se resignó y regresó a Pikachu a su pokeball. El Director se acercó al muchacho -Vaya, no esperaba a encontrar al Campeón de Kanto en este lugar. El recepcionista se acercó a Leaf. -Encontraste a tu amigo herido, que bueno. La chica se sonrojó un poco. -Solo fue una coincidencia. Red le dio una leve mirada de asombro a Leaf. -Bueno, todo ha terminado bien -agregó el Director. -Espero que no tengamos más problemas como ellos -dijo el hombre de la recepción. -No se preocupe, yo puedo arreglar eso -dijo Leaf. -Haunter, amigo, ¿te gustaría quedarte aquí con los tuyos? Así tendrían otro compañero para divertirse y no hacer tantas travesuras. Con un compañero más no tendrían la necesidad de molestar a las personas. El Pokémon miró a su entrenadora un poco triste. -Además a ti te gusta jugar. Siempre seremos amigos, no dudes de eso. El FANTASMA abrazó a la chica con una sonrisa, aceptando ser liberado.

Después de los sucesos ocurridos en los subterráneos de la radio de Kanto, los chicos se despidieron del Director y del recepcionista en la puerta principal del recinto. -No olviden visitarnos -dijo el hombre de la recepción. -Espero que algún día nos concedas una entrevista, Red -agregó el Director. -Puede ser. Sería un gusto. -Gracias por la ayuda -replicó Leaf. - -No, jovencita, gracias a ti por apaciguar a Gastly, Haunter y Gengar. La chica solo asintió con la cabeza. Los muchachos se despidieron de los hombres de radio y emprendieron su camino a Ciudad Azafrán para seguir con su misión.

¡NOS LEEMOS EN LA PRÓXIMA ENTREGA!


Próxima entrega: es probable que el último capítulo de esta historia lo suba este fin de semana o el siguiente.

No se olvide dejar su hermoso review. Acepto todo tipo de critica o sugerencia, no muerdo (?) xD.