Capítulo 2: Déjame solo.

.

— Hola Kunihiro, gracias por venir, sé que estas muy ocupado por tu trabajo pero hay algo que me inquieta y necesito tu consejo. — Dijo Morinaga un tanto nervioso por lo que estaba por comunicarle a su hermano.

— Dime Tetsuhiro, te escucho no hay problema. — Respondió su hermano.

— La cuestión es que…que...— No le salieron las palabras de la boca.

— Oye tranquilízate, ¿no creo que sea nada malo o sí?

— Nada de eso, te lo diré sin rodeos. He decidido que quiero comprar una casa y encontré un lugar que realmente me agrada. Sé que puedo lo convertirlo en mi hogar.

— Me sorprende la noticia, espero que no te estés precipitando y dime respecto a eso ¿qué opina al respecto el hombre de mal carácter con el que vives en Nagoya?

Morinaga se quedó pensativo un poco pues no quería decirle sobre los problemas y resoluciones con su sempai, de manera que respondió luego de un breve momento de silencio:

— En realidad no sabe sobre mi decisión quiero estar a su lado; quiero hacerlo mi pareja y estar a su lado para siempre. También sé que aunque tiene un carácter particular lo amo.

— Está bien, te ayudare pero dime estas seguro de que él siente lo mismo por ti. Me contaste como es su relación actualmente y como creo que eres lo suficientemente inteligente para darte cuenta de lo que haces por eso te ayudare. — Dijo acomodándose los anteojos Kunihiro.

— En serio muchas gracias hermano, estoy demasiado feliz, sé que nuestra relación es bastante complicada. Además se muy bien que debo ir despacio con él, y eso es lo que hare pero dependiendo de lo que él decida yo quiero tener un hogar en este lugar. — Morinaga parecía un niño contándole la noticia a su hermano desbordaba felicidad.

— Me alegro por ti hermano, sólo te pido una cosa, si las cosas no salen como tu deseas, sigue adelante y enfréntate a las consecuencias de tus actos ¿de acuerdo?— Conocía a su hermano menor y sabia de su pasado así que estaba preocupado.

— Se a lo que te refieres y así lo hare porque estoy harto de depender de los demás, ten por seguro que así será. — dijo el menor ahora tan solo con una sonrisa más melancólica.

Varios días atrás Morinaga evitaba a su sempai y era demasiado notorio a tal punto que el mismo Souichi se dio cuenta.

Morinaga no lo había tocado desde que llegó, ni siquiera un beso, ninguna insinuación o alguna caricia, ni las charlas amenas que siempre tenían. Todo esto ponía preocupado e histérico a Souichi, no únicamente por el comportamiento de su kohai, sino que desde ese día en el laboratorio todo cambio. Sus pensamientos le dieron vueltas en la cabeza un par de veces mientras caminó a su habitación, enfadándolo todavía más:

«Que le pasa a este idiota, ¿por qué no me beso? Si es en lo único que piensa ese Baka, no es que yo lo quisiera algo así, es obvio.»

En la misma casa Morinaga daba vueltas en su cama y sus pensamientos no lo dejaban en paz. Sus emociones se encontraban al límite pues no podía acercarse a él sin sentir ese dolor en el pecho que tanto lo hacía sufrir. Así todos sus pensamientos yacían al lado de Souichi:

«Creo que debo dejar las fantasías pero siento que no puedo, por ese dolor en mi pecho. Me gustaría que ese sempai idiota sólo se rindiera. Me he dado cuenta tantas veces de lo mucho que me aprecia y según yo me lo demostró, sin embargo en el fondo creo que nunca sentirá amor por mí.»

Los siguientes días, Morinaga procuraba salir temprano y volver tarde para evitar encontrarlo y esas acciones tan evidentes no pasaron desapercibidas por el tirano que antes de decir algo simplemente se quejaba para sus adentros:

«Ese idiota de Morinaga quién piensa que es, cree que no me doy cuenta que me está evitando y no es la primera vez que ocurre.»

Tanta fue la desesperación que una tarde mientras no se encontraba Morinaga, entró a su habitación para buscar algún indicio de lo que sucedía. El porqué de su comportamiento tan extraño.

Esculcando en los cajones de los muebles, encontró una caja pequeña y se inquietó de tan solo reconocer lo que era, puesto que ahí había un anillo de compromiso que lo enfadó todavía más. Además halló unas notas que tenían ideas para «Una cita perfecta» puesto que así se titulaban.

Tan enfadado de suponer que se quejó en voz alta:

— ¿Qué mierda es esto? ¿Qué está pensando? No lo puedo creer , estará pensando en… Es mejor no decirle nada de lo que descubrí, en primer lugar no debería estar aquí.

De inmediato salió de aquella habitación y regresó a la suya. No quería hacer suposiciones erróneas, de manera que aguardó para saber hasta la fecha de los boletos avión y la reservación del restaurante.

El día estimado llegó pero Morinaga no le comunicó nada a su sempai sobre los boletos, ni la reservación en el restaurante; razón por la cual, Souichi estaba cada vez más histérico. Sólo le dijo que lo esperaría en el departamento por la noche y que no llegara tarde.

Morinaga sabía que el ignorar a su sempai no duraría mucho, porque aunque le doliera la situación tan intermedia con él, lo amaba demasiado. Así fue que después de tantos días de escapar prácticamente de su casa, llegó el día de navidad, y con ese motivo decidió hacer una cena especial. Sólo repitió para sí mismo:

«No me importa lo que haya pasado, amo a sempai y sé que en el fondo el me corresponde. Debería arreglar las cosas, no puedo estar tan mal por las palabras tan impulsivas e hirientes.»

Morinaga sabía que se mentía a sí mismo, pues tenía la leve sospecha de lo que sucedería. Pero como un tonto enamorado continuó llenándose de esperanzas.

Esa noche, todo estaba listo absolutamente hermoso, aquella cena lucía digna de reyes. Morinaga con un traje negro que le quedaba perfecto y todo el departamento decorado, de forma que todo parecía salido de un cuento.

Decidido a hacer las paces y disculparse con su sempai por su comportamiento, aunque en realidad debería ser al revés, con tal de dejar todo atrás e invitarlo al viaje que había planeado y tal vez poder formalizar su relación.

Entre tanto, Souichi se encontraba en el laboratorio completamente exhausto, ya que no logró dormir durante los días en los que su ex kohai actuaba extraño, sólo pensaba en el porqué de la invitación tan repentina después de esquivarlo esos días.

Esa tarde ya estaba oscureciendo cuando sempai aún no terminaba su informe del día y no dejaba de bostezar por el cansancio. De inmediato fue vencido por el sueño sobre su escritorio, perdiendo la noción del tiempo. Al despertarse frente a su computador, con el sol radiante que se podía observar desde la ventana, comprendió de inmediato que se había quedado dormido e incluso dejó plantado a Morinaga. Todo exaltado agarró su laptop y literalmente fue corriendo a donde su amigo, esperando encontrarlo enojado o triste. No lo sabía pero al entrar a su departamento y ver también hermosa imagen e imaginar el esfuerzo que había puesto en ello lo hizo sentir mucha culpa.

Entonces fue allí donde vio a Tetsuhiro durmiendo en el sillón pacíficamente. Debía despertarlo pero no podía hacerlo, ya que le gustaba verlo así de frágil y tranquilo. Entonces este despertó y al ver a su sempai lo recibió con una de sus bellas sonrisas expresando:

— Bienvenido sempai, disculpe me quede dormido. ¿Qué hora es? — dijo mientras se desperezaba.

Souichi no podía disculparse, como todas las veces su enorme orgullo le impidió expresar su sentir, todas sus disculpas y justificaciones murieron en su cabeza:

« ¡MIERDA! Lo siento no fue mi intención dejarte plantado, por favor no te enojes. En verdad disculpa pues sabía que me comunitarias algo importante.»

Aunque aquellas disculpas debieron ser dichas, ya que de inmediato Morinaga se percató de que la luz del sol cubría el departamento, indicando que sus sueños y esperanzas finalmente podrían ser desechadas. El rostro de felicidad en su rostro de cernió de oscuridad respondiendo con tristeza:

— Ah ya veo, recién llegas. Feliz navidad sempai, te prepararé el desayuno.

— Oye Morinaga… no pongas esa cara, sólo es una simple ce… — Sus palabras fueron interrumpidas, una cosa era olvidarse de él y romper sus ilusiones, pero otra era menospreciar todo su esfuerzo. El acabose de su enorme paciencia lo hizo actuar finalmente:

— Cállate, por favor no digas nada.

Por más raro que pareciese, la tensión en el departamento se podía cortar con una tijera y Souichi se quedó sorprendido ante su respuesta. La confusión nuevamente lo corroyó: «¿Está enojado? ¿Triste? ¿Era una simple cena? ¿O tal vez no lo era?»

Esa mañana Morinaga se encontraba completamente frio, sólo guardó esa comida que se había desperdiciado, gracias a que ninguno pudo disfrutarla. Sacó todas las decoraciones del departamento mientras era observado por su sempai. Cuando finalmente acabó, caminó hasta Souichi y jamás pensó lo que diría:

— Sempai me iré, regresare a la farmacéutica. — dijo cabizbajo.

— Eso lo se idiota, sólo viniste por unos días. Pero pasando ese tema, me quería disculpar por lo de….— Intentó responder Tatsumi, siendo interrumpido nuevamente.

— No entiendes que me iré de forma definitiva. Eso es lo quería decirte anoche… — Sin embargo en sus pensamientos la verdad estaba muriendo en la punta de su lengua: «En realidad no, quería confesarle lo horriblemente que mal que me siento. Entiendo que ha negado una y otra vez como algo más que amigo. Y que he pretendido formalizar con él ya demasiadas veces, no obstante, creo que esta vez me rindo.»

— ¿A qué te refieres con «definitivamente»?— preguntó preocupado sempai, pensando que quizá pretendía abandonarlo, sin entender la razón.

—Ya no quiero volver a Nagoya, eso es lo que significa. Tengo un trabajo estable, un buen salario, amigos, gente que me aprecia, y allí quiero tener un hogar. Únicamente quería informarte mis planes. — Replicó al borde de las lágrimas Tetsuhiro.

— Está bien, ¿Cuándo será eso? — Cuestionó con una voz completamente fría. Aunque las dudas eran demasiadas: «¿Ahora que hice? ¿Encontraría a alguien más? ¿Para quién es ese anillo? ¿Por qué me dejará solo?