Shingeki No Kyojin no me pertenece. Mis respetos a su respectivo creador.
Comisión para Cerisier Jin
[AU] [RivaMika] [Omegaverse]
Yuanfen: destinados
II
De odios y tentaciones
Él había pasado más de la mitad de su vida tratando de salir adelante, después de todo, si con el paso del tiempo todavía no estaba muerto era por algo. Algunos lo atribuían a cualidades surgidas de una prodigiosa herencia genética y otros a su marcadas feromonas de alfa. Sea como fuera, Levi era admirado por muchos, temido por unos cuantos y respetado por otros.
Cuando se alió a la agencia inmobiliaria de ReSmith, por petición del fundador de la misma, dudó de que tan bien se le dieran las bienes raíces: en el seminario de preparación habían dejado muy en claro que para ser un exitoso agente de las bienes raíces tenía que entablar múltiples relaciones sociales y él no era precisamente empático y sociable con las personas.
Cuando Erwin Smith lo quiso como su mano derecha en el mercado, no lo entendió en absoluto. Para él, no tenía ningún sentido. No tenía experiencia en los negocios y su experiencia laboral no era nada relevante.
De hecho, el momento en que lo conoció aún hablaba con su mejor amigo y si no hubiera sido por éste mismo jamás habría conocido al hombre que le cambió la vida. Atravesaba una penosa situación económica; a él, a Farlan e Isabel los tenían con sobre aviso en que desalojaran el departamento que compartían.
Aún guardaba en su memoria la convicción de Farlan en salir adelante, en que a pesar de estar hasta el cuello todavía quedaba esperanza, desbordando activas feromonas alfas; el rubio lo llevó con él a charlas y reuniones en pro de animar su espíritu emprendedor y aprovechar al máximo su gen alfa. Levi no lo entendió en esos momentos.
Y aunque hoy en día había cumplido con las expectativas de Farlan, seguía cargando con las heridas del pasado y las consecuencias de sus decisiones.
Después de cuatro años había retornado al suburbio en que vivían los Jaeger, accediendo a los planes de Erwin de extender las propiedades ligadas a la agencia en los terrenos de Shinganshina. Lo primero era encontrar una vivienda y su instinto alfa rugió y peleó dentro de él rechazando cualquier propiedad que no estuviera cerca de donde residía aquella insufrible mocosa que compartía su apellido.
No había caso.
Se resignó y siguiendo lo que dictaba su dinámica, aprontó el papeleo y puso a la ciento dieciséis a su nombre. En menos de una semana el camión de la mudanza llevó sus cosas y condujo su preciado Cadillac hasta la vivienda; los niveles de feromonas en el área le alertaron y no tardó en identificar un aroma peculiar de entre los omegas de la zona. Sintió que se le revolvían las entrañas y que sudaba frío, que algo meramente animal luchaba por dominarlo y obligarlo a responder a sus deseos de llevarse a la dueña de los ojos grises más maravillosos que había visto en su vida.
No pudo aguantar demasiado; el hogar de los Jaeger estaba a muy pocos metros y la fuerza olfativa le hizo saber que Carla y Eren estaban ahí y que también ella estaba ahí.
Posó la mirada en una de las ventanas del segundo piso y la encontró. Lo miraba como siempre, sin connotaciones emocionales, pero nada más conectar con las pupilas entendió la confusión de la hembra omega. Y se sintió miserable y maldito, como cuatro años en el pasado.
—Bien, señor Ackerman, es todo.
El beta y sus ayudantes se aproximaron a él luego de dejar sus pertenencias tal como lo había indicado. Les agradeció educadamente y le dio la mano al hombre, para seguidamente despedirlo con una grata suma de billetes verdes.
Las ansias tenían el aire infectado y Levi sabía que era cuestión de tiempo que sus vecinos vinieran a darle la bienvenida con deliciosas tartas. En tanto, para despejarse de la cabeza a la muchacha Ackerman se encerró en su pasatiempo personal con escobas, desinfectantes, trapeadores, trapos y más y más objetos destinados a la limpieza.
Confiaba en que el fuerte olor de sus implementos le quitara el aroma de Mikasa de la nariz y de la cabeza.
Pero no, y maldijo el género que lo había regido.
Su alfa interior le recordó vívidamente el aroma y los recuerdos de la última vez que vio a la antipática omega de fríos ojos y su nuca se estremeció de solo hacerlo. Comenzó a dudar de sus decisiones y de su capacidad de raciocinio. Cerró los ojos y contuvo el aliento, tratando de mantener la mente en calma.
No debió haberse mudado a ese lugar, ni debió acceder a su traslado hacia Shinganshina. Él lo sabía. Erwin lo sabía. Hasta la idiota de Hanji lo sabía.
Y, contra todo pronóstico, su instinto alfa estaba decidido a hacerle vivir un infierno.
Las siguientes horas no dejaron de tocar a su puerta y Levi tuvo que recordarse el motivo inicial de estar ahí para no mandarlos a todos al demonio. Joder, que tampoco era un ogro.
Un pan casero y una tarta de frambuesa fueron los obsequios de sus primeros vecinos y cada vez que abría la puerta a otro que venía con intenciones de presentarse, era inevitable echar ojeadas a la casa de los Jaeger.
Si tenía suerte la madre de su excompañero de rescate estaría metiendo una deliciosa tarta en el horno. Y si tenía aún más suerte, una más crecida Mikasa se la llevaría.
—Tch, por supuesto que no. —Se dijo a sí mismo, abofeteándose mentalmente. Comenzaba a pensar ridiculeces.
"Deja de ser un puto imbécil y recuerda que se trata de una mocosa"
Tu mocosa predestinada, le gritó otra voz en lo hondo de su consciencia.
"¡A callar jodida consciencia!"
Se acabó, se estaba irritando y lo único que podía hacer por su sanidad mental en esos casos era aliviar el estrés con una infusión de té de hierbas.
Mientras la jarra hervía en la cocina, se dejó caer rendido sobre su sofá. Comenzaba a hacerse de noche, pero al menos podía tener la seguridad de que su nuevo hogar estaba más limpio que una sala de operaciones. La casa, dentro de lo que cabía, era agradable y espaciosa: dos plantas, cómodas salas de estar, cuatro habitaciones, cocina italiana, cuarto de lavandería, terraza, patio trasero y un bonito jardín delantero por el cual le pagaría a un jardinero para mantenerlo.
Quizás era demasiado para un hombre solitario como él, pero las casas grandes significaban más tiempo invertido en limpieza.
Respiró hondo; hasta la glándula en su nuca se sentía contenta con la elección –aunque tuviera una razón más sospechosa entre manos-. Miró las paredes blancas y azuladas y el bonito soporte de la escalera. Un sentimiento nostálgico hinchó su pecho y recordó a la persona que más anhelaba en ese momento allí.
—A mamá le agradaría éste lugar. —Pensó en voz alta.
"Oh Levi ¡tu casa es muy grande! Es perfecta para que crezcan tus cachorros. Dime que vas a cambiar éstas cortinas, mi amor, tus viejas cortinas no lucen para nada bien cielo"
Sí, Kuchel le diría una cosa de esas.
Su momento personal en memoria de quien fuera su madre se vio interrumpido por el sonido de su celular. Cuando lo encontró en la pantalla leyó "llamada grupal". Rodó los ojos hastiado y contestó.
—¡Enano!
—Hey, Levi ¿Qué tal tu nueva casa?
Miró a sus mejores amigos dividir la pantalla y les respondió con una hosca voz.
—Nada mal.
—¡Tienes que enseñárnosla! —.Exclamó la siempre enérgica Hanji.
—No me jodas, la conocerás cuando vengas para acá.
—¿Es eso una invitación?
Bufó obstinado. No iba a dar respuestas obvias, esa molesta mujer y Erwin siempre serían bienvenidos en su casa. Además la conocía y sabía que le picaba el trasero por conocer su residencia.
—Bien Levi, ya Marlene te envió el directorio de Shiganshina y los nombres del equipo que quiero que guíes. Hay varios bienes y reuniones por organizar con grupos de omegas, así que asegúrate de acomodar el cronograma de actividades. —Asintió a las palabras del rubio. Erwin tenía plena confianza en él.
El resto de la llamada los tres alfas charlaron sobre asuntos de la oficina; él y Hanji mencionando con sumo cuidado las gestiones relacionadas a Nile Dok y cuando ya no hubo de que hablar, apeló a su amiga.
—Oi, cuatro ojos, ¿Cómo va el embarazo de Moblit?
—Va excelente enano. —Hanji contestó feliz, contagiando una sonrisa en Erwin y una imperceptible en Levi—. Ya tiene sus bracitos y sus manitas formadas. A Moblit la glándula no deja de picarle, pero es algo normal. Tengo que estar encima de él para que no se rasque.
—Es una suerte para el bebé que Moblit sea el omega y no tú.
—¡Oye, oye! Yo sería una excelente mamá omega ¡Además, lo que te dije lo subí en el grupo de WhatsApp! Apuesto a que ni siquiera lo has abierto.
—Tch, obviamente no. El ochenta y cinco por ciento de mensajes son tus ridículos memes.
—Debo dejarlos.—Habló Erwin cortando la conversación—Tengo una llamada de Anna.
—Y yo haré la cena, Moblit tiene hambre y eso lo pone de mal humor ¡nos vemos, chicos!
La llamada terminó y Levi regresó al implacable silencio.
Cayó en cuenta que en todo el día ningún miembro de los Jaeger tocó a su puerta y eso lo decepcionaba más de lo esperado. Tuvo que sacudir la cabeza cuando el último recuerdo de Mikasa Ackerman agolpó su mente. Fortuna para él que Erwin y Hanji se abstuvieron de mencionar algo de la azabache durante la llamada.
Cuando años atrás rescató a Mikasa Ackerman del asfixiante barro del desastre de Shinganshina y no sabía que su vida iba a dar un giro de ciento ochenta grados, mucho menos que le costaría sacarse del corazón a esa mocosa. Cuando comprendió la alteración de su glándula alfa, el descontrol en su temperatura, su excesiva preocupación por la salud de la niña y esas ansias irrefrenables por tenerla cerca en todo momento supo, más no aceptó, lo que ella significaba en su vida.
"Joder, si solo era una niña"
Su madre siempre le habló de las parejas predestinadas y lo oyó de boca de muchos durante años. Cuando conoció a su tío Kenny, un alfa como él, cualquier ilusión por encontrar algún día a su igual quedó en el olvido. Hoy en día, eran recuerdos difusos. ¿Qué posibilidad había de que un tipo como él tuviera la dicha de hallar a su destinado? Eran contados aquellos que hacían honor a lo primigenio de su naturaleza teniendo la dicha de hallar a su otra mitad, la cosa era tan inaudita, que rayaba en lo mítico.
Pero cuando conoció a Mikasa comprendió que no era un simple mito. Cuando comprendió que ella era su destinada su corazón volvió a ser el del niño vulnerable en brazos de Kuchel.
Sin embargo, no previó el odio que nacería en su pequeña omega. Un enorme odio dirigido hacia él. El corazón se le partió en pedazos.
Era demasiado bueno para ser cierto.
Entonces, vinieron las malditas secuelas.
La inquietud de su cuerpo, los desniveles en las feromonas, el dolor agonizante durante los celos. Saber que su omega lo odiaba era una horrible puñalada, una ponzoña que lo consumía lentamente. Temió entonces terminar como su tío, o como Erwin. Y terminó ganándose a su instinto como su peor enemigo, convirtiéndose en un dependiente de los supresores.
No obstante, gracias a Eren Jaeger no todo fue tan malo. Durante sus crisis económicas y antes de acudir a la oferta que Erwin le habría hecho tiempo atrás, atravesando uno de los peores momentos de su vida, tenía la dicha de ver a la niña Ackerman en el café donde trabajaba cada jueves. Lo miraba de forma desagradable y odiosa, si, pero lo miraba.
Que patético podía llegar a ser.
Cuando Mikasa no regresó más, el dolor en su pecho, en su glándula, miembro y entrañas lo envolvió con mayor violencia. No la volvería a ver. No había porque quedarse y seguir sufriendo en esa ciudad maldita.
Que idiota fue al creer que podía burlar a la bestia que dormía en su interior.
La realidad era que Mikasa era su destinada y nada ni nadie iba a cambiarlo.
Estaba impaciente. Nadie de los Jaeger había ido a verlo; se recriminó la idea, no era un individualista, no. Su afán era humillante. Tenía que controlarse.
Ya había caído la noche cuando por fin oyó el timbre y tratando de no verse muy trastocado –para Levi trastocado era tener los ojos como monedas- abrió. Al otro lado de la puerta Grisha le sonrió, haciendo que Levi se sintiera tan maravillado como frustrado.
—Tiempo sin verte, Levi.
—Grisha. —Dijo a modo de saludo con un leve asentimiento.
—Joder, no has cambiado nada muchacho ¿cuál es el secreto para no envejecer? —.Bromeó el alfa de la familia con una risa forzada. —Carla y los chicos estaban locos por venirte a saludar.
Y sabía que con chicos solo se refería a su hijo biológico. Valía la pena soñar que Mikasa pudiera tener ganas de verlo.
—Que grato verte, Grisha.
Era una ironía llevarse bien con el padre de su ex compañero cuando con el hijo era todo lo contrario.
—Carla hizo pollo al horno para cenar. —Levi ya sabía a dónde iba la cosa. —¿No acompañas?
Por un milisegundo, tuvo un propio debate interno. Se moría por ver a la mocosa, pero al mismo tiempo sabía que para ella no era precisamente agradable verlo.
—Por supuesto.
A la mierda, se dijo, después de todo lo odiaría de cualquier forma.
La mesa estaba puesta y todos habían sido llamados a comer debido a su presencia. Eren le sonreía: no era el mismo chico que lo adulaba con ilusión, pero seguía manteniendo la misma admiración. Ella fue la última en aparecer y al verla Levi tuvo que tragarse el nudo en su garganta.
Apretó los dedos contra las mangas de la cazadora y se obligó a actuar natural. No era un puto acosador. Y maldito fuera su instinto por atosigarlo.
La glándula alfa reaccionó de inmediato cuando percibió las feromonas más dulces que había olido en su vida, pero casi neutralizadas por un desagradable aroma artificial, de esos que venían en envases que se aplicaban los betas. Frunció el ceño. Mikasa no necesitaba de esas mierdas.
Y ahí estaba, ese fuego ardiente contenido en los irises grisáceos, ese odio visceral por su presencia. Pero al carajo, la tenía enfrente y eso valía la pena. El alfa de la indignación podía irse un rato.
El resto de miembros de la familia le hablaba y él hacía un sobreesfuerzo por no rendirse a su instinto, irse con Mikasa y castigarla por mirarlo como si fuera un trozo de excremento. Sus rasgos ahora eran más estilizados, pero juveniles. Usaba una suelta camiseta y unos jeans que favorecían su trasero, además, ahora usaba un rímel que exaltaba sus largas pestañas y un tono de labial que convertía a sus labios en verdadero pecado.
La muchacha lucía bien, es más, de maravilla ¿Entonces por qué suprimía su esencia? Levi tuvo una sospecha y no hizo falta para él comprobarlo.
"Tch, eres una mocosa estúpida después de todo"
Una hermosa mocosa.
[…]
Ella trató de negarse a la cena, trató de evadir la ira omega de Carla por ser una maleducada y evitar a capa y espada verse cara a cara con el otro Ackerman nuevamente.
Ahí estaba él, siendo el perfecto imbécil al que parecía no importarle nada contaminando el lugar donde vivía otra vez, con su despampanante esencia de alfa. Una esencia jodidamente fuerte; una que drogó a Mikasa.
Mikasa no lo creía, Mikasa se sentía humillada. Mikasa no quería que le temblaran las piernas, pero lo hacían Mikasa no quería sentir el pulso desenfrenado ni cada intersticio de su dermis erizada, pero nada podía hacer para evitarlo. Mucho menos quería que esa glándula que tanto se esforzaba por neutralizar irradiara un montón de feromonas.
Se contuvo durante toda la escena y se esforzó en no ver por nada del mundo a los infernales zafiros, aparentemente, capaces de desarmarla. Y lo odió una y mil veces, como antes, como siempre. Porque ella lo odiaría eternamente.
Cuando por fin regresó a su habitación y se encerró, las lágrimas salieron a borbotones de sus ojos y el cuerpo se le estremecía en incontables espasmos. Su nuca no dejaba de arderle, como hacía mucho tiempo atrás.
Y nuevamente tuvo la evidencia golpeándole la cara, de que los cuentos no eran solo cuentos y la realidad que estigmatizaba su género estaba tan latente como el origen primitivo de todo.
Lo único que podía hacer era huirle como las ratas al veneno o los cobardes a la muerte. Y odiarse una y mil veces a sí misma por haber nacido omega, por haberse destinado a un alfa, porque ese alfa tuviera los ojos azules más despóticos que hubiera contemplado su existencia.
Y la azabache lloró y lloró y lloró.
Los días posteriores las cosas sólo pudieron empeorar. Levi vino a comer a diferentes horas del día, por lo que encontrarlo en la casa se convirtió en algo casi natural. Para Mikasa era una tortura. Para su instinto omega un lenitivo de felicidad.
Ahora él no pasaba de largo, no la miraba sin emoción. No, ahora él le competía a las miradas despreciativas y a las austeridades. Expelía estar siempre desafiante y a la defensiva.
"¿Qué demonios está pasando?"
Lo único positivo era que Eren había madurado lo suficiente para no verse fascinado cada cinco segundos con el azabache.
—¿Estás bien? Tus feromonas están decaídas. —Sasha la encaró con una preocupación latente.
—Estoy bien.
—Mika, tienes una cara de haberla pasado realmente mal.
A Sasha no podía mentirle, tampoco podía a discriminarla. Aunque evadiera a la alfa cada que invadía su espacio personal atiborrándola de preguntas, era la persona que le había hecho ver que ser alfa no era malo. De hecho, si de Mikasa dependiera, ella habría nacido alfa. Su padre en vida siempre le relataba sobre su estirpe y lo marcado que había sido el género alfa en los más fuertes de la misma; claro que ser alfa no impidió que una avalancha lo hiciera pedazos y recordar eso aumentó su resentimiento hacia Levi.
—Odio ser omega.
Solo Sasha además de Eren, Armin y Jean lo sabía.
—Mikasa. —La llamó.—¿No has pensado qué tal vez exageras al dejar de lado tu naturaleza? ¿No crees que las cosas mejorarían si aceptas lo que eres?
Desvió la mirada al suelo, ocultándose tras unos mechones y se excusó pobremente para alejarse de su mejor amiga. Lo cierto es que Mikasa estaba atestada de miedo, de uno que en sus sofocadas feromonas estaba bien escondido.
Mikasa rompía el estereotipo omega, ella no era débil ni se emocionaba por las presencias de alfas dominantes, como era el caso de su hermano, de Marco, Mina o Historia. Ella hacía deportes, tenía una fuerza física impresionante y aspiraba a cosas más grandes que a la protección de un marido alfa o convertirse en una incubadora.
Ella sabía de qué iba todo; por años vio a Carla vivir bajos las faldas de su marido, callando con lo que no estaba de acuerdo para ser una omega complaciente, frotar con discreción y con embeleso la nuca alfa cuando él se lo permitía trayéndole a la cabeza una comparación equiparable con los fanáticos religiosos. Dominada por voces y cuando las cosas se ponían turbias entre ellos doblegada por estados de agresividad. Mikasa no podía estar más en contra.
Por eso quería a Levi lejos, sin mirarla, sin querer hondar en ella con esa petulante mirada.
Pero, como habitualmente, la suerte no estaba de su lado. Aquel día que Carla le pidió hacer la cena para ella, su hermano y Levi porque Grisha la llevaría a una cena substancial la azabache se preguntó qué tan desgraciada podía ser.
—Nunca sabemos, Mikasa. —Dijo la omega antes de irse en un intento de levantar sus muertos ánimos—. Solo deja que congenie con Eren.
Que congenie con Eren ¡pero qué buen chiste! Se dijo Mikasa. Levi y ella tenían que ser en serio reservados para que Carla creyera aquello; puntos para ella y al afán de esconder su casta. Si bien, tenía que darle crédito a Carla por al menos llegar a la conclusión de que la pareja destinada del insufrible alfa estaba en su núcleo familiar.
Presintió la presencia alfa en la puerta cuando comenzaba a cortar las verduras; reprendió mentalmente a su glándula por activarse e hizo maromas con la bufanda roja que Eren le había regalado por su cumpleaños.
—Por amor a todo lo es bueno. —Farfulló cuando Eren fue a abrir y las piernas comenzaron a temblarle.
"Sé fuerte, Mikasa"
[…]
—Señor. —Un arreglado y sonriente Eren le abrió la puerta.
—Hola Eren. —Fue disimulado en mover la nariz, instantáneamente buscando el aroma de la hermana del susodicho. Se extrañó al no identificar nada—¿Estás solo?
—Mis padres salieron a una cena con los amigos de papá. Solo estamos Mikasa y yo solos.
Eren lo dejó pasar y lo guió hasta la cocina, hablándole de cosas sobre la escuela a las que no les ponía verdadera atención. Buscó con dedicación a la muchacha azabache y tuvo la dicha de que el muchacho castaño lo llevara consigo a la cocina, donde la silueta de la preciosa omega estaba concentrada en cortar papas para la cena.
—Mikasa, el señor Levi ya está aquí.
—Ah. —ella se quedó estática de espaldas. Desde ahí, Levi percibió el perfume de fragancia beta que ella usaba y que a él lo sacaba de quicio.—Hola.
Su glándula alfa se estremeció contenta. Todo por un saludo.
Se motivó a sí mismo a conversar con el hermano de la chica. Ambos se ofrecieron a ayudarla, pero les dejó bien en claro que no quería la ayuda de ninguno. La mayoría de los temas fueron en torno al trabajo de Levi y lo mucho que a Eren le costaba química, los quisquillosos que eran algunos alfas con el muchacho y se enteró que Mikasa era buena en prácticamente todo. Levi le dirigía miradas a la espalda de la muchacha, siguiendo poco a poco su contorno; era una espalda verdaderamente atractiva. Cuando se detuvo en la bufanda su dinámica interna berreó ofuscada. Ella siempre procuraba mantener la nuca escondida y ajena a él.
—De verdad señor Levi, no sabe lo que daría por no ver química.
—No es tan difícil, mocoso. Lo que pasa es que eres un perezoso.
—Ay ¿usted también? Armin y Mikasa siempre me dicen lo mismo.
Le dio un sorbo al jugo de fresa que el chico Jaeger le había servido y dijo lo siguiente más por amabilidad que por otra cosa.
—Si necesitas una mano puedo…
El mal cubierto quejido de quien preparaba la cena del otro lado del mesón corrido los alertó junto con un inconfundible olor a sangre; Eren y él se levantaron de inmediato hacia la chica Ackerman.
—¡Mikasa! —Eren corrió hacia su hermana. —¿Te encuentras bien?
La azabache trató de esconder la mano izquierda bajo la manga del suéter negro que llevaba puesto, pero él fue más rápido al impedírselo tomándole la muñeca. Uno de los dedos de la chica chorreaba sangre.
—Mierda. —Salió de la boca de Levi y Mikasa trató de soltarse, pero él no le dejó hacerlo. —Tch, mocosa estúpida. No te muevas.
—No necesito su ayuda. —Escupió mortífera la chica mirándolo furiosamente.
—Iré por el botiquín de papá. —Y Eren desapareció escaleras arriba, dejándolos solos.
Los orbes grises lo miraron como un animal rabioso, pero Levi podía lidiar con eso y más si su omega estaba herida. Ignoró los grandes ojos y regresó al corte del dedo; las células omega comenzaban a filtrarse en su sistema, quemándolo.
—¿Te duele mucho? —Indagó con una voz más ronca que a Mikasa no le pasó desapercibida.
—… Puedo curarlo yo misma.
—Tonterías.
Levi sintió que un algo desconocido se extendía por su cuerpo, algo ardiente y sulfatado que se centraba en sus bajos instintos. Mikasa supo que algo había cambiado en él cuando la mirada azul índigo se tornó aún más oscura y, por ende, ese algo la ensombreció por completo también a ella. Como si lo que afectara a ese alfa estuviera halado a su entereza omega.
Ella atribuyó a ese algo desconocido como el culpable de dejarse hacer y de no evitar que el azabache la envolviera en su aura atestada de feromonas alfa, procediendo a sucumbir a algo menos humano y más animal. Así, dejó que la lengua masculina lamiera la sangre del dedo, en un acto impúdico que causó estragos en su bajo vientre y la hizo temblar.
Cuando ya el carmesí hubo desaparecido en la saliva alfa, Levi no se detuvo y continuó lamiendo ese dedo bajo un trasfondo más primitivo y autoritario como él solo. Atrajo más de la azabache, queriendo embeberse de ella, consumiéndola lamida tras lamida. El cosquilleo se tornó más intenso y Mikasa quiso decirle que parara, pero su cuerpo no respondía con la misma moción.
"Para…"
Succión. Firmes dedos alfa en la bufanda. Más succión.
"…Por favor, para…"
La bufanda cayó al suelo y un ardiente escalofrió sacudió la nuca expuesta de la omega. Los ojos de Levi, agujas silentes de la casta primigenia, la atuvieron a dejarse hacer. Entonces un gemido gutural vino a emerger de la muchacha cuando los dígitos del alfa hicieron contacto con la glándula omega, tomándola, instigándola, llamando a la glándula alfa del contrario a templarse con más ímpetu.
—¡Encontré el botiquín!
La intromisión de Eren los hizo apartarse y Levi gruñó por lo bajo. Al entrar en la cocina, el muchachito frunció el ceño.
—Mikasa, ¿qué hace tu bufanda en el suelo?
Que irónica podía ser la vida.
Él recogió la comida a medio preparar y ella la bufanda. Ninguno se miró. Ninguno dijo nada.
Y al cabo de unos minutos, se disculpó con Eren y su hermana sin motivos existentes para el primero y se fue.
El aire nocturno contrarrestó el ineludible calor que hizo mello en sus venas, arterias, carne e instintos. Necesitaba salir de ese algo que lo convertía en una puta bestia, necesitaba mantener la cordura. Pero esa muchachita omega lo tenía hecho mierda.
"Eres un maldito cobarde"
Solo podía repetirse eso incesantemente por renunciar a lo que su sentir y su lado alfa demandaba. Él no era de darse por vencido. Él no era un bastardo conformista. Él no se iba a condescender con un odio sin sentido: si Mikasa lo iba a odiar, que tuviera verdaderos motivos para hacerlo.
Se lavó la cara tres veces y marcó por comida china. Al colgar, volvió a la casa de los Jaeger y para su sorpresa quien le abrió ésta vez fue la omega Ackerman.
—Pedí comida china. —Fue todo lo que dijo. Mikasa estuvo a un segundo de negarse.
—¡Qué bien! —Pero Eren se le adelantó.
Levi casi pudo sonreír triunfante.
Agradecía la habladuría de Eren durante la cena. En parte, se sintió culpable por el corte de Mikasa; lejos de lo acontecido, no podía dejar a los muchachos en esa circunstancia y que se las arreglaran ellos solos –aunque fuera lo natural dado el caso-. Así que sería amablemente egoísta, se drogaría con el aroma y presencia de la chica, ignorando que la voluntad de la misma pedía a gritos salir de su casa y le seguiría el juego al estúpido enamoradizo del hermano.
—¡Wao, señor, su casa es muy grande!
—Tengo un plasma de ochenta y cuatro pulgadas arriba con una consola de videojuegos.
—No puede ser—Los ojos del castaño se desorbitaron—. ¿Puedo…?
—Adelante.
—¡Si! Los espero arriba.
—Eren.—El llamado de la azabache lo detuvo en el primer peldaño de la escalera—Tenemos que ir a casa.
—¿Qué? No seas aguafiestas, Mikasa.
—Eren—.Ésta vez el tono fue más firme y directo—Hablo en serio.
—Déjalo subir, mocosa. —Ella cerró los ojos al sentir el efecto del tono alfa—Ve, Eren.
Sonriente y contento, el chico desapareció en la segunda planta. Levi llevó los platos al fregadero importándole un comino la penetrante tensión. Regresándose a la bonita omega, la ferocidad titilaba en su carita.
—No vuelva a usar esa maldita voz conmigo.
—¿Una omega dándole órdenes a un alfa? —El azabache subió ligeramente las finas cejas. —Eso si es algo nuevo.
—No me provoque.
Definitivamente la tensión se podía cortar con un cuchillo. Y él estaba harto.
Mikasa reprimió un chillido cuando, inesperadamente, el hombre alfa la aprisionó entre sus brazos contra una de las paredes, mirándola desafiante. El delicioso olor de la chica le llenó las fosas nasales.
—Eres en serio una jodida chiquilla insolente. —Mikasa rezongó colérica y nerviosa.
—¡Y usted…! ¡Usted…!
Las palabras se quedaron a medio camino: Levi ignoró olímpicamente las indignaciones de la muchachita embriagado con la esencia omega, femenina y dulce desprendida por ella –a pesar de estar ese molesto hedor de la fragancia beta- y tomando en una mano el rostro de nieve, lamió una de las mejillas sonrosadas de Mikasa.
"¿Qué…?"
El alfa no evitó una sonrisa socarrona de esas que le salían en contadas ocasiones. La vulnerabilidad de la Ackerman estaba ahí, a flor de piel ante él. Podía oír cada latido descontrolado del corazón omega y las corrientes calóricas de la glándula que la regía.
—Tch. —Chistó soltándola, luego de dejar la saliva impresa en una desconcertada mocosa—Tú no me provoques.
Pasé el día haciéndome mentes con éste capítulo ¡Ansío que te guste Cerisier! Es raro porque generalmente el Omegaverse es mayormente aplicado en yaoi, pero tiene muuuucho potencial para el hetero de igual manera uwu Incursioné más en Levi bb en éste cap y ahora es que empieza lo chido -inserte meme de Luisito comunica-
Jodido Eren interrumpiendo el momento como siempre, jum.
Curiosidad: En el capítulo anterior donde Levi halló a Mikasa en lo del "desastre de Shinganshina" es un guiño a un desastre ocurrido en el 99 en mi país donde la tierra literalmente barrió con las montañas. No se preocupen que mi estado no se vio afectado xD pero igual quería hacer ese pequeño homenaje y de paso cambiar la muerte de los padres de Mikasa.
Se despide
MioSiriban.
