Capítulo 2: Acción-Reacción

Notas de Lunita: Como dije, aquí vuelvo con un nuevo capítulo -para una vez que llego puntual Ú.Ù- Gracias a la ayuda de Ayumi Warui a partir de ahora ya puedo recibir reviews anónimos. No sabía que tenía el filtro activado, ¡gracias guapa!
En fin, espero que lo disfrutéis. Nos vemos n.n

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-¿¡Quién anda ahí!? -preguntó uno de los Uchihas. Ambos hermanos se separaron casi al instante.

Naruto contuvo la respiración. Tenía que pensar en algo y deprisa si quería salir con vida de allí. Su cabeza dio mil vueltas a la situación tratando de encontrar alguna pequeña abertura por la que escabullirse, pero no encontró ninguna lo suficientemente satisfactoria. Encogido como estaba no podía ver nada de lo que ocurría fuera, por lo que agudizó el oído al máximo. Escuchó pasos. Luego, uno de los dos se detuvo en seco y escuchó el sonido de las palmas de las manos contra el suelo. Escuchó como abrían la puerta de al lado con brusquedad, para luego cerrarla de golpe y abalanzarse contra la de su retrete.

-¡Sal de ahí, cabrón! -gritó Sasuke forcejeando con la cerradura.

Naruto dio una y mil gracias por que la cerradura parecía resistir bastante bien los constantes empujones que le estaban propinando. Una luz de esperanza brilló en su interior. Con un poco de suerte se cansarían y se irían. Tal vez podría salvarse.

-No te molestes, ototo, no va a ceder -dijo Itachi. A Naruto le dio un vuelvo el corazón.

Pero cuando creía que al fin se había salvado, aquella alegría se alejó de su mente como si le hubiesen tirado un cubo de agua fría por la cabeza. Escuchó como se abría de nuevo la puerta del baño contiguo y como alguien se subía, como él, a la taza del váter.

-Valla valla. Mira quién tenemos aquí: una pequeña rata callejera -dijo con sorna el mayor- yo que tú saldría por voluntad propia antes de que te saque yo.

Naruto iba a abrir, de verdad que quería hacerlo, pero no podía. Su cuerpo estaba totalmente paralizado por el pánico. Aguantó la respiración por unos instantes, encogiéndose todavía más en el asiento. Quería gritar, quería correr, ¡quería huir de aquel maldito lugar!

-Parece que no va a salir nii-san -contestó Sasuke.

-Sí, eso parece.

Escuchó el sonido de una chaqueta caer al suelo. Comenzó a temblar como un cobarde. Pero cuando creyó que todo estaba acabado para él, alguien golpeó en la puerta del vestuario.

-¡Mierda! -exclamó el Uchiha mayor, precipitándose al exterior a través de la pequeña ventana que había en la pared.

Cuando hubo salido, Sasuke respondió.

-Adelante, ya estoy listo -contestó con voz amable fingida.

-Sasuke, la directora quiere verte -comentó el recién llegado- acompáñame por favor.

-Claro.

Naruto sabía que se había ido de allí en total desacuerdo, pero por primera vez, suspiró de alivio. Sí, Itachi le había visto desde arriba, pero no podía deducir que era él, ya que como mucho, le habría visto la nuca. Además, había muchos chicos rubios en la escuela, ¿por qué tenía que ser él precisamente?

Sin duda, ese había sido su día de suerte. Se había salvado por los pelos.

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Cuando llegó la hora de entregar su artículo, al día siguiente, Jiraiya suspiró decepcionado. Naruto se había limitado a colocar un par de fotos del partido con una leve descripción debajo. La única imagen que puso algo comprometida fue la del torso desnudo del Uchiha donde aparecía el tatuaje para que pareciese que había hecho algo de espionaje. De todos modos, Ero-sennin dio su aprobación y el artículo se publicaría aquel mismo día.

El periódico se repartía habitualmente en la hora del almuerzo y los alumnos lo comentaban unos con otros en la cafetería. Naruto se había relajado bastante y estuvo un rato con Lee y Kiba charlando sobre lo que habían hecho los últimos días, aunque procuró evitar el tema de su pequeño trabajo para el periódico. Ya había pasado suficiente como para encima tener que comentarlo.

El día había sido muy normal hasta la última hora de la tarde. Después de un día tan ajetreado, Naruto no planeaba hacerle el mínimo caso a la profesora de inglés, Kurenai. Era conocida porque, a pesar de tener una apariencia dulce, con aquella melena castaña y aquellos profundos ojos rojos, era una persona con carácter.

-The exam is the next Monday evening, don't forget it. Now, we are going to finish the lesson. In pairs, read the page 39 and do the exercices, ok? (Traducción: El examen es el próximo lunes por la tarde, no lo olvidéis. Ahora vamos a terminar la lección. En parejas, leed la página 39 y haced los ejercicios, ¿vale?)

-¿Qué ha dicho? -le preguntó Naruto en voz baja a Kiba.

-Algo del examen.

-Ahh, vale.

Naruto no era especialmente bueno en idiomas, lo sabía de siempre, pero aún así, algo había entendido de unos ejercicios. Se balanceó un poco en su silla, hasta darse cuenta de que todo el mundo se estaba poniendo en parejas. Miró a su alrededor para juntarse con Lee o Kiba, pero pronto se dio cuenta de que ya se habían puesto juntos. Suspiró cansado. No quedaba nadie libre y lo que menos le apetecía era hacerlo con la profesora.

Su sorpresa se agrandó más todavía cuando se fijó en quien se le acababa de poner delante. Le fulminó con la mirada nada más sentarse. Aquellos ojos negros parecían arder de rabia y clamaban venganza.

-We have to talk -gruñó el Uchiha con un sonido gutural.

-Háblame claro, teme -contestó Naruto molesto.

-Sé que fuiste tú, cabrón -dijo amenazador.

-¿Yo? ¿De qué hablas? -mintió como pudo, sabiendo que no iba a colar.

-¿Quieres que te lo recuerde a hostias, dobe? -murmuró en voz baja, de forma que sólo le oyese Naruto.

-Todo el mundo sabe lo de las fotos. Si aparezco herido ahora todo el mundo sabrá que es culpa tuya -añadió Naruto victorioso. Había estado todo el día pensando en una forma de pillar al Uchiha para que no pudiese hacerle nada y al fin la había encontrado.

Sasuke pareció meditar la respuesta un momento para luego sonreír de medio lado.

-Perfecto -añadió secamente sacando su móvil disimuladamente para que no lo viese la profesora.

-¿Perfecto? -preguntó el rubio empezando a estar atemorizado. Aquella respuesta no le había gustado ni lo más mínimo.

-Tu hermano pagará por ti entonces -añadió tecleando a gran velocidad.

Naruto se levantó de la silla y le agarró del cuello de la camisa con brusquedad.

-Ni se te ocurra, teme. Mi hermano no tiene nada que ver con esto -dijo arrugando el entrecejo de pura ira.

-Es una pena, dobe; ya le he dado a enviar -añadió con una sonrisa victoriosa.

Naruto hizo amago de levantarse, pero Sasuke tiró de él con fuerza para que volviese a sentarse en su sitio.

-Si intentas detenerlo, tendrás que vértelas conmigo primero.

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-¡Itachi-sensei! ¡Esto no me sale! -protestó molesto Deidara.

Ya faltaban tan sólo unos minutos para que acabase la hora de gimnasia, la última clase del día y si no era capaz de batear correctamente suspendería la asignatura y adiós a su media intachable de sobresaliente. Todo el mundo sabía que Deidara era rápido y tenía buena puntería, pero por capricho de la naturaleza, había salido extremadamente torpe y eso le impedía conseguir otro sobresaliente más para su colección. Lo más alto que había conseguido sacar en Educación Física había sido un seis raspado que le había regalado un profesor en primaria. Normalmente se las ingeniaba para entregarle un trabajo al profesor de turno, a modo de favor personal para subirle algo la nota y compensar la parte física.

Sin embargo, Uchiha Itachi, su nuevo profesor aclamado por todos los alumnos, no parecía estar dispuesto a aceptar aquel sencillo trato y le martirizaba todos los días con ejercicios que para él se hacían imposibles. Les hacía correr los primeros diez minutos de clase sin parar, para luego torturarles con ejercicios de diversos deportes, cada vez más complejos, hasta al final examinarles uno por uno. Sí, era guapo y estaba bueno, pero aquel profesor se había ganado a pulso un lugar permanente en la lista negra del rubio.

-¡Es hora! ¡A las duchas! -gritó Itachi como de costumbre, dando por finalizada la clase.

-¡Oye tú! -se quejó Deidara más que harto. Él era una persona educada, a la que le gustaba llevarse bien con la gente, pero ese hombre conseguía sacarle de sus casillas. Además, estaba más que seguro de que lo hacía a propósito. Le llamaba un centenar de veces y aún siendo el primero, cualquiera que le pidiese ayuda iba antes que él.

-¿Qué manera es esa de hablarle a un profesor? -le dijo mientras se le acercaba- Venga, a la ducha.

-Todavía no, tiene que salirme esta mierda -reprochó, irascible.

-La clase ha terminado. Ve con tus compañeros.

-¿Y qué hay de mis notas?

-Obviamente, estás suspenso -añadió crudamente- no me hagas perder el tiempo, mocoso.

-¡Tengo que aprobar esta maldita asignatura, así que no me vengas con esas! -le gritó furioso.

Le miró seriamente y le examinó de arriba abajo, como meditando su siguiente movimiento con calma.

-Está bien, probemos una última vez -aceptó mientras cogía una pelota y se colocaba en la posición de lanzador- ¿Listo?

-Sí.

Deidara agarró el bate con fuerza, esperándose una bola fácil. Pero lo que recibió no fue ni de lejos lo que esperaba. La bola pasó tan rápido delante de él que no podría asegurar si fue un espejismo o un rayo.

-¿¡Cómo diablos voy a golpearle a eso!?

-Strike uno. Te quedan dos intentos.

-¿¡Qué!? ¡¡¡Es imposible!!! -gritó con todas sus fuerzas.

-¡Tú concéntrate en la bola!

Volvió a colocarse en posición, preparándose mentalmente para golpearla con todas sus fuerzas, pero al igual que la primera vez, pasó ante sus narices sin que pudiese hacer nada al respecto. Gruñó frustrado. Iban a suspenderle y mandar a la mierda su media por culpa de un profesor capullo que se empeñaba en ponerle las cosas difíciles.

Itachi suspiró sonoramente y se dirigió a donde estaba el rubio, colocándose detrás de él.

-Ponte en posición -ordenó secamente; Deidara obedeció- para empezar, coges mal el bate, por lo que no me has hecho ni el más mínimo caso en toda la clase -le colocó las manos tal como debería ser.

-Perdone si no soy capaz de escuchar con atención algo que no me importa lo más mínimo -añadió irónico.

-Pon la espalda recta -siguió corrigiéndole sin hacer caso a sus quejas.

De pronto, el móvil del Uchiha emitió un breve pitido. Acababa de llegarle un SMS.

-Perdona un momento -Deidara le miró mal, pero no le reprochó; teóricamente ya habían terminado las clases.

La expresión seca y amarga que llevaba Itachi habitualmente cambió drásticamente. Había empezado por alzar una ceja de forma discreta para después torcer el rostro en una brillante sonrisa ladeada que se fue ampliando poco a poco. El rubio se estremeció. Algo en aquello no le gustaba nada y, por alguna extraña razón, sospechaba que tenía que ver con él. Cuando Itachi volvió de nuevo la cara hacia él, su rostro había tornado en una expresión dulce y cariñosa, totalmente falsa (le conocía lo suficiente para saber que él no era así) y amable que parecía mirarle con mimo. Deidara le vio con los ojos muy abiertos. Era totalmente hermoso e irresistible. Y sabía que cuanto más perfecta era una cosa, más peligrosa también.

-¿Ha pasado algo? -preguntó con timidez.

-Nada que deba preocuparte -le contestó con un tono mimoso, como tratando de embaucarle. Quiso retroceder, pero Itachi no le dejó- es sólo... que acabo de tener una idea.

Aquellas palabras no le gustaron ni lo más mínimo al rubio, que se contrajo levemente. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal.

-¿Qué idea? -preguntó temeroso.

-Otra forma de que puedas aprobar.

Aquellas palabras hicieron que se tranquilizase un poco. Al menos parecía que se había equivocado con el profesor. Tal vez Itachi-sensei sólo se hiciese el duro para aparentar; para que no le vacilasen como a otros en el fondo, pero al final, lo único que quería era aprobarle. Una leve sonrisa se le formó en los labios.

-Ven conmigo -le dijo tirando de él por un brazo.

Deidara le siguió algo extrañado, sin saber muy bien a dónde se dirigían.

-¿Va a llevar mucho rato? -preguntó algo cohibido.

-Depende de ti. Pero no creo que sea demasiado, tranquilo.

Al cabo de unos segundos, Deidara comprobó que le llevaban a los vestuarios masculinos totalmente vacíos. Antes de que pudiese reaccionar, Itachi le pegó un empujón, haciendo que entrase en uno de los retretes vacíos. Se llevó un fuerte golpe en uno de los hombros, pues había caído de lado, el cual se sujetó con la mano contraria. Itachi entró y cerró la puerta con pestillo.

-No es que me guste este método, pero tu hermanito Naruto nos ha obligado a esto.

-¿Naruto? ¿Qué tiene él que ver con todo esto? -preguntó dudoso.

-¿No lo sabes? Mejor que te lo cuente él. No es más que una asquerosa rata -dijo con desprecio, acercándose más a Deidara.

-¿Qué pasa? ¿Tienes que llegar a estos extremos para que te hagan caso? Eres patético.

Itachi le agarró la cara y le tiró del pelo, girándole y haciendo que quedase de cara a la pared. Después, se le acercó lentamente por detrás.

-Será mejor que te portes bien, ¿no querrás que te haga daño, verdad? -se jactó en su oreja, mientras le apresaba con fuerza.

-Lo siento, pero no me gustan este tipo de juegos -dijo mirándole por el rabillo del ojo.

Deidara estaba totalmente indefenso. Agarrado de aquella forma era prácticamente imposible escapar, pero su mente maquinaba a un ritmo frenético cualquier posibilidad que pudiese tener de escapar de allí. Tuvo una idea, pero tendría que actuar deprisa y con cuidado; si le pillaba le esperaría algo mucho peor.

Itachi optó por no entretenerse más y empezó a sobarle descaradamente el trasero. Esto sólo hizo que el cabreo de Deidara aumentase exponencialmente. Ya no aguantaba más a aquel maldito pervertido. Tenía que acabar con él cuanto antes.

Le dio un fuerte pisotón en uno de los pies. Como acto-reflejo, Itachi se inclinó hacia él, de forma que el rubio aprovechó para golpearle con el hombro sano y hacer que se tambalease hasta chocar contra la pared del baño, momento que aprovechó para girarse, forcejear con la cerradura y salir corriendo lo más rápido posible. Tenía que darse prisa y encontrar a alguien que pudiese ayudarle deprisa, ya que Itachi había comenzado a correr detrás de él y dado que estaba en mejor forma física que Deidara, no tardaría en pillarle.

Entró rápidamente en la secretaría del colegio, topándose de bruces con Shizune, la secretaria personal de la directora.

La secretaria le miró de forma rara. Deidara llevaba el pelo revuelto, un hombro dislocado y jadeaba con fuerza.

-Oye, ¿necesitas algo? -le dijo cordialmente

-¡La directora! ¡Necesito hablar con Tsunade! -exclamó exhausto.

-E-enseguida -respondió Shizune, a punto de entrar en el despacho cuando de pronto, apareció Itachi.

-No será necesario, yo me encargo del chico -dijo Itachi tirando del brazo de Deidara.

-¡Ahh! ¡Para que duele! -exclamó de dolor.

-Vamos.

Itachi le arrastró hasta un aula vacía.

-Di una sola palabra de esto y te aseguro de que lo lamentarás -amenazó seriamente, con odio reflejado en sus ojos; Deidara se estremeció- voy a curarte ese hombro y fingirás que no ha ocurrido nada de esto.

-¿Por qué debería callarme...? ¡Ahh! -Itachi le tiró bruscamente para ponerle el hombro en el sitio.

-Porque tu padre, su trabajo y en consecuencia tu familia, depende de la empresa de mi padre y como futuro heredero, no me sería muy complicado mover unos cuentos hilos y...

-Vale, está bien -dijo el rubio derrotado- lo he pillado.

-Bien -asintió el mayor- ya hablaremos de tus notas otro día. Te aseguro que vas a pagarme por esto.

Itachi abandonó el aula, dejando a Deidara pensativo ¿Qué iba a hacer ahora?

Continuará...

Notas finales: Gracias por haber leído, espero que os haya gustado. Nos vemos en el próximo capítulo n.n