Recuerden que los personajes no son míos, si no de Suzanne Collins.
CAPITULO 1: PIEZAS DE DOMINÓ.
15 AÑOS DESPUES
Desde el inicio supe que este día no iba a ser uno de los mejores.
Normalmente despierto casi en seguida de que la alarma de mi celular comienza a escucharse, no más de cinco segundos, e inmediatamente después me levanto, tomo las cosas necesarias para arreglarme tras una ducha y me encamino hacia el baño de mi habitación. Después de una ducha de exactamente diez minutos, bajo a desayunar con mi familia, recojo mi mochila y salgo camino hacia la escuela. Todo es perfectamente calculado para aumentar mi eficiencia, concentración y puntualidad. Como suele decir mi abuela: "Una mente ordenada, es una mente sana".
Pocas veces he salido de este patrón trazado y esos, no han sido de mis mejores días. Por ello no me gusta permitir que se repitan a menudo.
¿Alguna vez has visto las piezas de dominó acomodadas en hileras? ¿Has notado todo el caos que se puede ocasionar con tan solo empujar la primera ficha? Pues esa es una buena manera de ejemplificar lo que me pasa.
No sé si fue que en realidad estaba muy cansada, pero desperté justo cuando la alarma estaba por posponerse. Asustada, me levanté de golpe y perdí varios minutos buscando la ropa que me pondría. La noche anterior también había olvidado dejarlo todo preparado.
Mi respiración estaba acelerada y las manos me comenzaban a temblar, eso era una mala señal. Traté de recobrar la compostura, no quería perder más tiempo. Con la mirada borrosa, gracias a las lágrimas, me encaminé a terminar mi rutina matutina.
—Todo está bien, no te preocupes, solo son dos minutos de retraso
Ignoré ese pequeño sentimiento de alivio al comprobar la hora en mi celular. Terminé de arreglarme sencillamente y bajé a desayunar.
La estancia de mi casa se encontraba en completo silencio, señal inequívoca de que todos se encontraban en el comedor, esperándome. Deposité mi mochila en el sofá justo antes de encaminarme al encuentro de los demás. Tras las pequeñas puertas de la cocina se podía escuchar el tintinear de los cubiertos, mi mente comienza a maquinar diferentes razones para aquel silencio… han discutido, tal vez por un comentario de mi abuela acerca de mi retraso. Tomo una bocanada de aire antes de entrar.
—Buenos días— saludo con la cabeza baja, no quiero ver el rostro de mi abuela.
—Se te hizo tarde— y ahí está ella, ya esperaba su comentario, pero no por eso es menos hiriente.
—Mamá, creí que había sido lo suficientemente claro— papá la regaña en tono severo, entonces sí que han discutido.
— ¿Quieres comer, Katniss? — mamá trata de salvar la mañana.
—Gracias— camino aun con la cabeza baja hasta sentarme en mi lugar, donde ya me espera un plato de tortitas, fruta, un vaso de jugo y en una pequeña servilleta un par de píldoras.
— ¿Qué fue ahora? — mi abuela habla bruscamente
—Mi alarma, tardé en apagarla— respondo antes de que mi papá pueda replicarle algo. No quiero que discutan más por mi causa—. También me demoré en encontrar mi ropa.
—Pero la niña no quiere hacerme caso— replica soltando sus cubiertos con demasiada brusquedad en el plato, por primera vez subo la mirada para verla a los ojos, un grave error—. No te retrases más y come todo.
—Sí, abuela— tomo las dos píldoras juntas con mi jugo de naranja.
Sé que mi papá está por replicar algo, sin embargo por el rabillo del ojo veo como mi madre lo toma por el brazo, interiormente le agradezco que sea ella la que detenga esta discusión en potencia.
Mi atención se centra completamente en el plato de comida frente a mí. Tengo miedo de que si levanto la vista, mi abuela pueda decirme algo más. Debería estar acostumbrada a su forma de ser, después de todo, tengo una vida viviendo con ella. Sae Everdeen o solo la abuela Everdeen, es una de las personas que siempre tratan de mantener todo bajo su control, no puedes contradecirlos a menos que estés dispuesto a mantener una discusión en la que por supuesto ella va a ganar. No puedo culparla, cuando mi padre nació ella apenas tenía 22 años y su esposo la abandonó tras un largo tiempo de maltrato psicológico. Ella sola se hizo cargo de su hijo y tuvo que trabajar arduamente para que los del servicio social no le arrebataran a mi padre de su lado. Todo por lo que ella atravesó sin duda la marcó de por vida y, si aunado a eso, le agregamos su condición, no es muy alentador el escenario.
Como dos tercios de mi desayuno antes de ver disimuladamente la pantalla de mi celular, ¡Genial! Ahora ya voy ocho minutos retrasada de mi horario. Dejo escapar un suspiro de frustración y mentalmente me doy un golpe, seguramente ahora todos en la mesa me están observando, casi puedo sentir la mirada de mi abuela sobre mí. Mantengo la vista sobre mi plato para evitar la situación incómoda.
— ¿Todo va bien, cariño? — mamá me pregunta con gentileza.
—Sí. Gracias por el desayuno. Me voy a la escuela antes de que se me haga tarde.
—Más tarde— me corrige la abuela Everdeen.
—Más tarde— repito en un susurro.
—Puedo llevarte en el auto— se ofrece mi padre.
—No. No importa. No quiero que se te haga tarde por mi culpa— levanto la mirada para ver directamente a mi papá.
—Apenas son las 7:40 y no tengo que trabajar hasta las nueve, además si vamos en carro será más rápido.
Su argumento es bueno, pero no puedo. Siempre voy caminando a la universidad, las ventajas de vivir en un distrito relativamente pequeño como lo es el doce. Sé que sería mejor aceptar la oferta de mis padres, pero mi rutina ya ha cambiado lo suficiente.
—Por lo menos deja que te acompañe— debí suponerlo, él tiene algo de qué hablar conmigo, tal vez sea acerca de los comentarios de la abuela. Siempre que hablamos es sobre eso—. Podemos ir caminando.
—Vale— por más que me oponga sé que no voy a cambiar su opinión.
Me despido rápidamente de mi mamá y de la abuela Everdeen. Me dirijo hacia la sala de estar para tomar mi mochila, hago un repaso mental de todo lo que necesito y lo que debo de traer en el interior.
—Carpeta, libro, trabajo. Carpeta, libro, trabajo. Carpeta, libro, trabajo…
— ¿Tienes todo lo que necesitas? — la voz de papá me sorprende, por ello me giro al instante y en su rostro llego a captar algo diferente, sin embargo se va demasiado rápido como para darme tiempo de darle un nombre.
—Si— él intenta tomar mi mochila, pero me alejo de su alcance. Solo quiere ayudarme y aligerar mi carga, y yo no se lo permito. Ahora sí que identifico la expresión en su rostro, está herido por mi rechazo.
Salimos de la casa en silencio. El cielo está comenzando a iluminarse y el distrito despierta a su vez. Los niños caminan por las calles tomados de la mano de sus madres. Los hombres se dirigen a la mina para empezar su día laboral. Atravesamos los lindes con la Veta, que es el lugar menos favorecido del distrito, tengo vagos recuerdos de haber vivido una temporada en ese lugar, pero eso era cuando apenas era una niña de máximo tres o cuatro años. Actualmente residimos en una zona mejor, pero no tan privilegiada como lo es la de los comerciantes, papá tiene un buen trabajo como para mantenernos en un estatus medio.
Seguimos nuestro camino y de vez en cuando uno que otro trabajador de la mina se acerca para saludarnos, conozco solo a algunos de ellos ya que son los que están bajo el mando de mi papá.
—Recuerdo que este distrito era uno de los más pobres— y ahí está su forma de comenzar una charla, siempre hablando del pasado— por fortuna todo esto ha estado cambiando para bien, mira que tener una universidad en el distrito es un gran avance. No tiene mucha variedad de carreras, pero fue bueno que te interesara una de ellas.
Asiento levemente con la cabeza. Estoy de acuerdo con él. Desde que estaba por terminar el instituto había empezado a investigar sobre carreras universitarias, pero la mayoría que valían la pena, para mí, estaban fuera del doce, tal como contaduría y administración. Siempre me llamaron mucho la atención las matemáticas, tal vez porque solo se debe de seguir una fórmula para llegar al resultado y se debe de mantener un orden para hacer bien el trabajo. Pero las carreras ofrecidas por la universidad eran tan diferentes a lo que buscaba, artes plásticas, filosofía, música y una gran variedad, sin embargo no era la que yo deseaba. Hasta que tomé una decisión tras descartar todas las carreras que definitivamente no cursaría.
—Katniss Everdeen, licenciada en derecho— papá habló con orgullo ocasionando que una pequeña sonrisa se formara en mi rostro— mi pequeña va a ser una abogada. ¿Te hemos dicho lo orgullosos que estamos de ti?
—Muchas veces
—Pues nunca va a ser suficiente. Lo has hecho muy bien en estos siete semestres, hija. Aunque…— él hizo una pausa, casi puedo jurar que fue para probar mi curiosidad, sin embargo no seguí su juego, simplemente me quedé callada. Ese es mi escape y me ha funcionado—. Hay mejores oportunidades en otros distritos.
—Ya hemos hablado de esto. No. Me. Quiero. Mudar— hablé pausadamente gracias al nudo en mi garganta y ni siquiera logro levantar la mirada del camino.
—Tu mamá y yo hemos hablado y creo que es lo mejor para la familia. El Capitolio es un lugar que ofrece muchas posibilidades, e incluso la universidad de ahí es de mucho prestigio—. Su voz está llena de súplica—. Los tres nos instalaríamos en un departamento muy cerca del campus, podríamos mudarnos en cuanto termines este semestre en noviembre, dos meses son más que suficientes para mudarnos.
— ¿Y la abuela?
—Ella podría quedarse aquí en la casa— aceleré el paso, no podía seguir escuchando a mi padre hablar de esa manera—. Kat, cielo… es por nuestro bien estar, es por ti. ¿No te gustaría tener un desayuno sin peleas?
—Son unos egoístas. No pueden, no pueden…— apreté los puños a cada lado de mi cuerpo y respiré profundamente antes de seguir hablando— no pueden hablar entre ustedes y planear algo que me va a afectar. No puedes hacer como si mi abuela no importara y abandonarla. No quiero irme, no quiero irme y no quiero irme.
Papá estaba parado frente a mí con la boca abierta como si lo hubiera abofeteado. Si me lo preguntan, no, no me arrepiento de haberle hablado de esa manera… o por lo menos no lo hacía ese día. Mi instinto de sobrevivencia hablaba por mí.
—Katniss…
—Es suficiente, puedo llegar a la escuela yo sola. Si no te importa ya voy muy retrasada y… sabes lo que pasa.
—Lo sé— mi padre se acercó para besar mi frente, en contra de todo mi ser, me obligué a recibir ese beso—. Te amo, nos vemos en la cena.
—Adiós.
Caminé de nuevo a paso apresurado, en ningún momento me giré para ver a mi padre velar mi camino. No le respondí y tampoco me despedí como siempre. Troné cada uno de mis dedos con tal de calmar la ansiedad que comenzaba a invadirme. No podían obligarme a cambiar de distrito. Son mis padres, sin embargo soy lo suficientemente mayor como para negarme y que me tomen en cuenta.
Las piezas de dominó seguían cayendo y aun no llegaba la hora del almuerzo.
…
Los pasillos de la facultad estaban llenos de estudiantes, aun quedaban cinco minutos para la hora de entrada y a pesar de ello sentía como si hubiera faltado a la primera clase. Caminé con la mirada en el suelo, temía que si la levantaba, todos me verían en forma acusatoria. Muy pocas veces llegaba tarde.
Entré en el aula de derecho fiscal justo a las ocho con un minuto, mordí el interior de mi mejilla tras comprobar el reloj. Por fortuna en las clases podría ponerme al corriente con el resto del día, siempre y cuando todo siguiera su orden natural.
El maestro Boggs llegó a las ocho con cinco minutos, como siempre y se dispuso a dar su clase. Siempre me había gustado su clase, el ritmo que marcaba y las anécdotas personales con las que siempre enriquecía el contenido, eran en verdad alentadoras. Desde el primer día de clases supe que esta materia iba a ser una de mis favoritas, el profesor me dio miedo en cuanto cruzó la puerta de entrada, con su traje negro y maletín de cuero, un hombre duro que podría pasar como mafioso. Desde ese momento supe que yo nunca cometería un crimen si él iba a ser el fiscal encargado de las acusaciones.
—Hey, chica azucarillo, deja de imaginar cosas y haz apuntes— me sobresalté como si hubieran gritado en mi oído—. El parcial está cerca y voy a necesitar de tu ayuda.
—Si tan solo pusieras atención de vez en cuando, Odair— repliqué en un tono más bajo temiendo por que el maestro pudiera oírme.
—Oye, yo pongo atención— giré mi cabeza fugazmente y solo logré captar una blanca sonrisa en el rostro de mi compañero—. Pero me relajo un poquito porque mi amiga es la mejor de la generación.
—Señor, Odair— el profesor se giró hacia él con cara de pocos amigos— ¿Alguna opinión sobre el caso?
—Sin comentarios, señor—. Algunas chicas rieron ante su respuesta, yo solo me enfoqué en mis apuntes.
—En ese caso guarde silencio y ponga atención.
En el resto de la hora no fui molestada nuevamente e interiormente agradecí que él supiera contenerse. Lo último que necesitaba en mi día era que me llamaran la atención. El profesor pidió los trabajos de cada uno de nosotros antes de retirarse del salón.
Revisé la hora en la pantalla de mi celular y me alegró ver que la clase terminó justo a las nueve y media de la mañana, al parecer mi día estaba por mejorar. Sonreí levemente antes de abrir mi mochila, sacar una botella de agua y una pequeña píldora para después tomarla.
—Será que ahora si puedo hablar con la chica azucarillos.
—El chico azucarillos aquí eres tú, Odair.
—Cierto, pero te gusta que te llame así—. Finnick Odair sonrió ampliamente logrando que la sonrisa llegar a sus ojos verdes y, casi como si lo hubiera ensayado anteriormente, pasó su mano por su cabello color cobrizo para alborotarlo. Las pocas chicas que quedaban en el aula soltaron una risita, ¿En serio ellas iban a defender a alguien ante un tribunal?
—Objeción, presunción— dije de inmediato ocasionando que mi acompañante dejara escapar una carcajada.
—Objeción denegada, señorita Everdeen— Finnick puso su cara de chico rudo— oye… ya tomaste tu…
Me congelé ante el cambio radical de tema, solo eso era lo que odiaba de él, en un momento podíamos estar riendo a carcajadas y al otro completamente serios, y viceversa. Sin embargo, nunca lo admitiré en voz alta, pero me agrada el hecho de tener a alguien que se preocupe por mis horarios.
—Sabes que sí, siempre lo hago.
—Vale, solo quería asegurarme… ya sabes, nunca puedes predecir cuándo vas a olvidar algo.
— ¿Eso si quiera es un dicho?
—Ni idea— ambos reímos, ¿ven a lo que me refiero? — vamos, tenemos técnicas de litigio. Y, a menos que tengas una buena forma de argumentar nuestro retraso con la maestra, te recomiendo ponernos en camino.
Negué lentamente con la cabeza antes de comenzar a caminar. En ese entonces tenía la tonta idea de que mi día estaba por mejorar. Por fin me ponía la corriente con mi horario.
Nos apresuramos para tomar nuestros asientos en el salón de clases 112, la mayoría de los alumnos ya ocupaban sus asientos a la espera de nuestra profesora. Mi vista viajó directamente hacia los dos asientos al fondo de la clase y para mi sorpresa, uno de ellos ya se encontraba ocupado. El chico que estaba sentado, en el lugar de Finnick, contemplaba la clase, casi como si esperara que algo sucediera. No era un completo desconocido, desde el inicio del semestre lo había visto en la clase, por ello me molestó que justo ahora decidiera sentarse en el sitio de mi amigo.
Finnick pareció notarlo ya que se giró para dedicarme una sonrisa de disculpa, casi diciéndome que el lado positivo de las cosas era que yo conservaba mi silla.
Con un nudo en la garganta seguí mi camino hacia mi banco. Cuando estuve más cerca, es chico de cabello rubio sonrió ampliamente logrando que sus ojos color azul zafiro se iluminaran. Sabía su nombre, igual que el de todos mis compañeros de clase, a pesar de nunca haber entablado alguna conversación, él reaccionó como si nos conociéramos desde siempre.
Durante los minutos antes de que llegara la maestra, por el rabillo del ojo, logre percibir que el intruso parecía debatirse entre dirigirme la palabra o no. Debió de haberlo hecho, para yo tener mi oportunidad de reclamarle por su descuido.
La maestra Paylor se despidió de nosotros tras tres largas horas de clase en las que realizamos un ensayo de litigio con nuestros compañeros, Finnick fue unos de los primeros en sorprender a la maestra, no cabe duda que el derecho es lo suyo.
—Katniss, ¿cierto? — el chico a mi lado decidió que después de la clase era el mejor momento para hablarme, en el fondo desee haber guardado mis cosas más rápido y estar junto a Finnick antes de que él se decidiera a decir alguna palabra—. Soy Peeta Mellark.
—Lo sé— murmuré con la vista clavada en mi mochila, disimulando buscar algo en ella.
—Tenemos varias clases juntos— de nuevo asentí. Soy consciente de cada uno de mis compañeros en cada salón donde tomo clases—. Hum… ¿es un buen momento para hablar?
—No, no, no quiero hablar contigo, le ganaste el lugar a mi amigo, en donde se sienta junto a mi cada maldito día del semestre. Siempre es igual, tu entras cinco minutos antes de la clase y vas hacia el otro extremo de la clase para sentarte en el tercer banco de atrás para adelante en la tercera fila. Lejos de nosotros. Y ahora decides cambiarlo todo y retrasarme.
—Lo siento pero…—busqué con la mirada a Finnick, al parecer estaba resolviendo algunas dudas con Paylor cerca de la puerta de salida.
—Prometo no quitarte mucho tiempo
—Ya lo estás haciendo.
—Vale— por un momento creí que no me había escuchado así que levanté la mirada solo para encontrarme con sus ojos azules fijos en mí. Casi como si estuviera analizándome. Me ruboricé.
—Gracias— de inmediato buscó algo dentro de su mochila—. La semana pasada nos pidieron redactar un discurso de apertura para u juicio en específico y asignaron diferentes temáticas por equipos, pero yo tuve que retirarme antes— Peeta sonríe casi como si me pidiera disculpas— y quería saber si me aceptarías en tu equipo. Ayer hablé con Johanna…— duda y observa detenidamente el trozo de papel que sacó de su carpeta— Mason, ella está contigo y con Finnick. Dijo que hablara contigo primero.
—Hey, chico usurpador de lugares— Finnick acude a mi rescate.
—Peeta Mellark— se presenta extendiendo la mano para estrechársela.
—Finnick Odair— le concede acepando el saludo.
—Siento lo del lugar, es solo que necesitaba hablar con Katniss. Esperaba hacerlo antes de la clase, pero como no pude me vi en la necesidad de ganarte tu asiento.
— ¿Hablar sobre qué?, bueno, si se puede saber— interiormente agradezco que él sea en quién se centre toda la atención de ese chico.
—Es sobre el discurso de introducción que nos encargaron la semana pasada, quiero integrarme al equipo con ustedes.
—Pues, ¿Qué dices Kat? — Finnick apretó mi hombro derecho. Sabe que tan complicada es la situación, el trabajo se entrega en tres días y este es un cambio completamente radical para nosotros, algo que no me gusta, me aterra.
—Solo di que no.
—Entiendo si no se puede, debí preguntar antes y…
—No hay problema— logré hablar a través del nudo en mi garganta
—Muchas gracias, me salvaron de una grande— Peeta hizo el intento de abrazarme, pero retrocedí un paso sin disimularlo.
—Por nada.
Nos quedamos silencio. Quiero salir de ese salón lo más pronto posible, mi horario amenaza con retrasarse de nuevo, sin embargo hay que realizar las formalidades, al día siguiente nos íbamos a reunir en mi casa para terminar los últimos detalles de nuestro trabajo. Gracias al cielo, Finnick es el encargado de todo eso, yo solo me limito a asentir de vez en cuando. Peeta se despide de nosotros con una enorme sonrisa. Antes de irse pareciera que quiere decirme algo, pero cambia de opinión.
—Vaya, ese es un gran logro para ti— mi amigo habla seriamente— por porque creí que comenzarías a gritarle a ese pobre chico.
—No hubiera ganado nada— replico cortante.
—Pero apuesto a que lo deseabas.
—Camina, Odair, se me hace tarde.
—Lo siento, ¿te acompaño a tu casa? — Niego con la cabeza—. Vale, nos vemos mañana.
Se despide de mí con un leve beso en mi mejilla en la puerta del salón y camina hacia el estacionamiento de la facultad.
Suspiro pesadamente poniéndome en camino, según el reloj de mi teléfono celular son las doce con quince minutos, de nuevo voy tarde con mi horario. Un nudo se forma en la boca de mi estómago gracias a los nervios que comienzan a invadirme, todo en la escuela fue relativamente tranquilo, con la excepción de Peeta Mellark, pero las piezas de dominó siguen cayendo.
Muerdo el interior de mi mejilla, los pensamientos en mi mente comienzan a arremolinarse, la culpa por como traté a papá hace acto de presencia. Debí permitirle a Finnick acompañarme, él me ayuda a distraerme con sus ocurrencias.
Apresuro el paso. El sentimiento de culpa incrementa, la opresión en mi pecho es cada vez mayor. Llego a mi casa casi corriendo, como si pudiera huir de todo. Giro el pomo de la puerta y así entrar a la seguridad de mi hogar.
— ¡Es tu culpa, niña estúpida! — mi abuela grita a manera de bienvenida antes de señalarme con su dedo huesudo.
¿Quién odia a esa tipa? yo si jajaja Vale chicos! Este es el primer capítulo oficial de mi nuevo fic, espero que aun haya personas por ahi queriendo leerme xD admito que no desaparecí por mucho tiempo, pero si estuve un poco incomunicada de este medio.
Agradezco a esas personas que ya me agregaron a su lista de favoritos, a aquellos que activaron las alarmas y sobre todo a ellos que se atrevieron a dejarme un review la semana pasada.
Ahora si, lo que interesa a muchos jajaja las actualizaciones: Tentativamente van a ser cada semana, máximo cada 15 días, pero no quiero llegar a eso ya que no es lo mismo leer la historia en forma continua. Espero poder actualizar los viernes como en estas semanas, pero como apenas empiezo no sé muy bien en que día dejarlo xD
Ultima cosa, la unica queja que tengo de FanFiction es que no me da la facilidad de comunicarme con ustedes como lo hace wattpad, o sea, dejandoles un post, eso me sirve al momento de un retraso en las actualizaciones ya que por ahí les aviso que pasó con el capitulo, si quieren pueden seguirme ahí, mi Nickname es WriterBookworm
Nos leemos pronto chicos, muchas gracias por el apoyo.
