Eureka Seven es propiedad de Bandai y Studio Bones. Ningún personaje es mío, salvo algún OC del que se necesite la presencia por ahí. Nada de lucro, esto sólo lo hago para entretenerme un poco.
2. NOS ENCONTRAREMOS
OTRA VEZ
No tengo idea. Simplemente desapareció.
Él estaba obsesionado con la idea de terminar el anticuado molino de trapar pero el aire salado sólo echaba a perder su trabajo; hacía oídos sordos a todos mis intentos de persuadirlo y al principio funcionó, dejó de enfocarse a eso y dedicaba su tiempo a trabajo mecánico de verdad: nuevos motores, nuevas piezas, nuevos mecanismos.
Le fascinaba todo eso, pero lo único que podía hacer brillar sus ojos azules era ese antiguo molino; lo único que podía hacer escurrir de sudor su cabello marrón era el arduo trabajo en esa antigüedad ya inservible.
Se levantaba temprano para trabajar en esa cosa y cuando yo despertaba empezaba a trabajar conmigo. Al caer la noche siempre guardaba sus herramientas y regresaba al molino. Llegué a pensar que nunca dormía porque una vez que entraba ahi, ya no salia, no importa qué hora de la madrugada fuese.
Los niños querían construir un memorial para Eureka pero él se negó. "El scab no está muerto, ella está viva.", decía. Ellos lo aceptaron más rápido, tal vez no la muerte pero sí la ausencia. Él nunca lo aceptó, duele saberlo. Pensé que con el tiempo mejoraría, lo aceptaría, se adaptaría a la nueva rutina, a este nuevo mundo que apenas seguimos descubriendo. Los niños no lo tomaron en cuenta y lentamente fueron tomando posesión de una parte de la vitrina donde yo tenía unas fotos de mi ausente familia. Fueron llenando un rincón con fotografías de ella, decían "Buenas noches" y "Buenos días" al irse a dormir y al levantarse. Fue tan fácil para los niños. Fue tan difícil para él. Espero que no haya hecho ninguna tontería, que regrese pronto. Él hubiera dejado un mensaje, una nota, algo, no simplemente irse así. Haya hecho lo que sea que haya hecho, nos habría dejado algo, él no es así. Ni un adiós, ni una razón, nada. No puedo creerlo de él.
Antier parecía que sería un día común. Me levanté y él ya estaba en la mesa desayunando con los niños, venía del molino, sus dedos estaban rojos de haber usado tanto las herramientas en el mecanismo viejo. No me quedé mucho tiempo ya que necesitaba hacer una llamada, unas piezas importantes llegarían ese día. Después de atender mis deberes y gritarle un poco al torpe chico de repartición... "No se donde está su taller señor ¿Puede ser más especifico?", ese idiota nunca se aprende la dirección... escuché como él entraba y se ponía el overol de trabajo, tomaba el plan de trabajo del día y hacía sus anotaciones. A partir de ahí todo fue normal, rutinario. Lo único notable era la humedad en el ambiente, por el mar. Nunca me impondré a este clima. Él preparó la comida, bastante vegetariana para mi gusto pero no dije nada al respecto, lo último que necesitaba era que su mirada se apagara más o estuviera silencioso el resto de la tarde. Platicamos del trabajo y cuando los niños llegaron de la escuela nos contaron sus aventuras. Y descubrí que Maurice se quedó en la casa toda la mañana, al parecer él ya lo sabía, pero no me había dicho nada. Qué forma de perder el tiempo. Regañé al niño por eso y el chico respondía que no le interesaba. A quién me recordará. Renton lavaba los platos mientras tanto, pero en el momento que volteó a ver a Maurice éste se calló abruptamente, como si lo hubieran abofeteado. Me sentí orgulloso en ese momento, así debía ser, tener autoridad y mano firme para lidiar con los pequeños monstruos y que estos temieran las represalias. Yo ya estoy viejo para esto y la verdad él nunca me hizo mucho caso cuando era más pequeño, ni ahora, después de todo...
Maurice subió molesto a su habitación y todos pudimos escuchar el portazo. Se siente mal ahora por haber pasado ese día con él de esa forma. Sigo sin saber porqué Maurice no quiso ir a la escuela ni dónde estuvo durante la mañana ni qué hacía, está tan callado, debe sentirse tan culpable. Yo tambien lo estoy. Si hubiera sabido, si tan solo hubiera sabido...
Maeter y Linck dijeron cosas como "Se lo merece", "Já Maurice no puede contra papá", y comentarios de ese tipo. En ese momento también se me hizo cómico, y estaba seguro de que a Maurice le esperarían en la noche más regaños.
Volvimos al trabajo y le pregunté porqué el chico no había ido a la escuela, respondió que ni él mismo sabía exáctamente porqué, sólo que en la mañana se pusó más terco que de costumbre y él intentó obligarlo a ir. "Al parecer no fui capaz de convencerlo", me dijo con una sonrisa triste.
- Debo hablar seriamente hoy con él... aah, abuelo, yo nunca te la puse fácil tampoco, verdad? - preguntó bostezando.
- No, nunca lo hiciste. - respondí - Eras un pequeño demonio corriendo como torbellino por todas partes y llenando el almacén de revistas. - intenté sonar ambiguamente entre divertido y molesto, sin ser tan especifico, ya que al haber sido tan terco terminó en el Gekko-State con Holland y Eureka. Lo que menos quería es que recordara esas cosas, pero no lo logré.
- Era divertido, el mundo sería muy distinto si yo no hubiera sido así…
Y mejor cambié el tema, todo parecía siempre ir a dar al mismo lugar. Hablamos del clima, del nuevo taller de la ciudad, de cómo lidiar con niños pequeños, del clásico cliente urgido y de una chica que había dejado a modificar una motocicleta; a esto último él sólo dijo "Ya vino por ella ayer, ¿Qué no viste el recado que dejé en tu escritorio?" y no quiso hablar más del tema. Yo ya había leído la nota pero sentía la necesidad de empujarlo hacía otras personas y me dio un poco de esperanza verlo ligeramente sonrojado.
Al caer la noche, acomodamos y limpiamos para que el taller estuviera despejado para el día siguiente, y como cada noche, fue al almacén viejo por cosas que le pudieran servir en el molino... Reflectores de trapar, sintetizadores, baterías, cables... Todo ya obsoleto por la ausencia del scab. No dije nada, pero me sentí tan impotente.
Maeter le ayudó a preparar la cena y grité desde las escaleras que ya no quería más cosas verdes, basta de comer plantas. Al final, hicieron hotdogs. Maurice permaneció callado y un poco acomedido ya que lavó los platos. Fue una cena bastante tranquila. ¿Quién iba a decirlo, eh? Yo me fui a dormir y él se quedó con los niños platicando.
A la mañana siguiente no lo vi desayunando con los chicos. Les pregunté si lo habían visto y me dijeron que no. Supusimos que estaría en el molino y Maurice se ofreció a llevarle algo de comer, o despertarlo, porque era probable que se hubiera quedado dormido. Ya antes había pasado, pero no dejaba de ser menos preocupante. Hice pan tostado para mí y preparé café, apenas estaba agitando el líquido en la taza cuando escuche que Maurice entró.
- Todavía hay agua caliente por si te quieres hacer un café - dije, pensando que Renton vendría detrás, pero el niño pasó rápidamente a las escaleras y subió sin decir palabra. Se escucharon portazos en el piso de arriba y Maurice bajaba corriendo en las escaleras.
- ¡No corras! ¡Te he dicho que no corras! ¡Y ten más cuidado! ¡Vas a tirar esa puerta! - Grité, cuando vi a Maurice noté que lucía preocupado.
- ¡Papá! ¡Es Papá!
- ¡¿Papá?! - Gritaron Maeter y Linck al mismo tiempo.
- ¡¿Qué pasó Maurice?! ¡¿Qué tiene?!
- ¡No está! ¡En el molino todas sus cosas están tiradas!
- ¡¿Qué dices Maurice?!
- ¡¿Le pasó algo a papá?! - Preguntó Maeter. Linck simplemente se puso a llorar aún sin saber nada.
- ¡No esta en su cuarto! ¡Ni en el taller! ¡Todo esta cerrado!
- ¡¿Estás seguro?!
- ¡Me asomé por las ventanas pero no estaba!
Inmediatamente fui a ver si las llaves estaban en el perchero, y sí, ahí estaban. Él tenía sus propias copias y estaban ahí también. Pensé en cosas terribles, pocas veces en mi vida había pensado en tantas cosas malas tan rápido... Decidí ir al molino personalmente, tal vez tuvo un accidente, quizá se cayó de las escaleras, la madera se daña muy fácil por la humedad salada del mar... era lo más optimista que podía pensar, que se cayó y Maurice al ver el desperfecto se asustó y no buscó bien. No puedo negarlo, salí corriendo de la casa hacia el molino, a unos 30 metros de la casa, los niños iban también detras de mí.
Él siempre mantuvo limpia la parte de abajo del molino, entramos y todo estaba ordenado, las escaleras se veian completas, no faltaba ni un pedazo de madera. Linck llegó primero e inmediatamente comenzó a gritar "¡Papá!, ¡Papá!", Maurice sólo se paró en seco y mientras yo subía las escaleras Maeter llegó. Subieron los tres conmigo y pudimos ver que detrás de la puerta del segundo nivel todo estaba desordenado... Desde hacía mucho tiempo era la primera vez que subía ahí, siempre pensé que reparaba el molino para poder detectar el trapar en caso de que volviera... pero el molino ya estaba reparado, su trabajo fue excelso. Quizá los niños no pudieron ver o notar lo que yo ví... Él estaba trabajando en una especie de motor que, la verdad, no tengo idea para qué es. No está completo, sigue abierto y los cables desordenados, tal cual los dejó. Sus herramientas lucían dispersas por todo el cuarto, los papeles fueron arrojados al suelo deliberadamente, se podía ver la marca de la suela de sus zapatos. Pero ni rastros de él. Busqué en todos sus papeles alguna nota, una señal, pero no encontré nada. Tampoco ni un plano o un boceto sobre el dispositivo. Lo sabré, cuando me atreva a analizarlo... Es gracioso, ¿no? Un gran mecánico como yo, sin querer analizar o saber para qué es una pequeña máquina... No, espera, ahora que recuerdo... El molino. La batería del molino tenía un compac drive y estaba cargada al 10%. No lo recordaba. Sólo la vi rápido, no lo había pensado. Ya no existe el trapar, el scab desapareció. No hay manera en que esa batería pudiera haber servido en mucho tiempo. Eso... eso sólo significa una cosa...
Papá desapareció. Y yo... desperdicié el tiempo. Ese día no quise ir a la escuela, es aburrido, yo quería quedarme en casa y tomar fotos de los paisajes por la mañana, pero me dio algo de vergüenza decirselo a papá cuando desayunabamos, preferí seguir burlándome de Linck que se cayó de la cama, y cuando al fin dije que no quería ir a la escuela, papá me preguntó si alguien me pegaba o me maltratab, y le dije que no. Linck y Maeter sólo decían tonterías, pero papá se veía preocupado, intentaba convencerme, pero yo me porté mal, le hablé mal, en vez de decirle lo que de verdad quería hacer, hice que se molestara y yo mejor me fui a nuestro cuarto (mío y de Maeter y Linck) a esperar a que se fuera con el abuelo hacía el taller. Me sentí mal pero ya había hecho el mal así que mejor aproveché... al día siguiente si planeaba ir a la escuela.
Salí de la casa y tomé muchas fotos, pero todavía no las llevo a revelar, pensé que si papá las veía se le quitaría el enojo, o se llevaría una sorpresa y me felicitaría. Hasta tomé una de él cuando salía del taller junto con el abuelo para comer en la casa. Yo estaba de buen humor, y papá me dijo que al día siguiente tendría que ir a la escuela y no saltarme ya ninguna clase, y le dije que sí. Nos hizo de comer ensalada con pollo, a Linck le encanta pero yo batallo con las verduras. Al abuelo tampoco le gustan, apenas vio los platos y empezó a hacer muecas, y empezó a regañarme cuando Maeter le dijo que no fui a la escuela. Me enojé y le dije que no me interesaba, que yo quería saber otro tipo de cosas; el abuelo se puso más terco y yo no me dejé, pero papá lavaba los platos y dejó de hacerlo para voltear a verme, su mirada era muy fuerte, rara vez está tan enojado de verdad, así que mejor regrese a mi cuarto, otra vez. Me quedé ahí viendo televisión, Maeter y Linck sólo se burlaban de mí, y luego se pusieron a hacer su tarea. Me preguntaban qué había hecho en todo el día, pero no les dije nada. Cenamos, tranquilamente, nadie dijo nada sobre por qué no fui, y decidí lavar los platos. Me sentia mal, fui egoista. Mamá me hubiera regañado mucho. Papá se quedó con nosotros platicando, a cualquier comentario él sólo se reía mientras tomaba un refresco, todos rodeándolo en el sillón de la sala, y nos preguntaba sobre qué queríamos hacer cuando estuvieramos grandes.
- ¡Yo quiero ir a la luna! - Dijo Linck, brincando en los sillones.
- Haha, ¿A la luna, Linck? ¡Pero eso está muy lejos! Ya no hay viajes a la luna. - Respondió papá.
- ¡Yo quiero ser fotógrafo! ¡Cada día practico! - Dije yo, acordandome de lo que hice en el día. Creo que sospecho que eso fue lo que me quede haciendo, me revolvio el cabello y me dijo
- Enfocate a ello Maurice!
- Yo no sé, no sé, ¿Actora tal vez? ¿Qué piensas papá? - Preguntó Maeter
- ¡No es actora! ¡Es actríz! - Dije yo.
- ¡Nadie te preguntó!
- Pienso que vas a ser muy bonita cuando crezcas. - Dijo papá, callándonos a los dos.
- ¿Cómo mamá?
- Sí, como ella. - Y suspiró.
Volteamos todos a ver el rincón de la vitrina donde teníamos fotos de mamá, así siempre la recordaríamos. Papá decía que no estaba muerta, pero aún así, no estaba con nosotros. No sé si dudaba de nosotros o no, pero siempre le creímos. Teníamos la esperanza de que mamá regresara un día, junto con el scab coral y el trapar. Yo pienso que papá se fue con ella, y los dos están juntos, cuidándonos desde donde estén. Cuando llegó la hora de dormir, el cargó a Linck de sorpresa y caminó hacia las escaleras, Maeter y yo lo seguimos, y los tres le dimos a mamá las buenas noches cuando pasamos al lado de la vitrina. Papá nos arropó, nos abrazó y nos deseo las buenas noches. Él siempre hacía eso, fue una noche rutinaria, sólo yo cambie las cosas durante el día porque no fui a la escuela.
A la mañana siguiente el despertador sonó y nos tuvimos que levantar, pero papá no estaba en la cocina haciendo el desayuno. Después llegó el abuelo, y empezó a prepararse cosas, así que mejor fui por papá al molino, porque muchas veces se ha quedado dormido trabajando en eso. La verdad yo no sé mucho de esas cosas, siempre que tenía que ir por él, estaba en el escritorio dormido sobre sus papeles, o en el suelo con las herramientas en la mano, o solo sentado sobre la silla, viendo por la ventana. Yo sé que el estaba triste. Siempre estaba triste. Su mirada buscaba ver cosas que nadie más buscaba. Tambien extraño a mama, todos la extrañamos, y sabemos que regresará, pero si aún no lo hace es porque todavía no puede, ¡pero lo hara! ¡Ella volverá! ¡Y volverá con papá! ¡Sé que están juntos!
Cuando llegué al molino y entre al cuarto del segundo piso, ¡Papá no estaba en ninguna parte, todas sus cosas estaban tiradas! Busqué, y busqué, y no estaba. Fui corriendo al taller y todo estaba cerrado, le di toda la vuelta y vi por todas las ventanas pero estaba obscuro, ¡no había nadie dentro!
Regresé a casa deseando que estuviera en su cuarto, entré corriendo, pero no estaba ahí tampoco, ni siquiera fue a dormir, su cama estaba arreglada. Primero pensé que tal vez se hizo algo él solo, que se había ido al mar... ¡el mar ha matado mucha gente! ¡En la noche es más peligroso! Pero papá no haría algo así, y pensé que tal vez un ladrón entró. Pero no había señales de ladrón, todas las cosas estaban ahí. Papá desapareció, pero yo sé qué significa eso. Me siento mal porque me porté mal con todos ese día. No pude disfrutarlo, no pude estar con él.
El abuelo y todos fuimos de nuevo al molino, Linck no dejaba de llorar y Maeter estaba desesperada, yo empece a llorar también, todavía no lo pensaba mucho, pero ya estoy seguro. El scab coral volverá, mamá volverá, y papá volverá también.
¿El molino? Sí, lo reparé. Lo único que faltaba era el trapar, por eso mismo lo armé de nuevo con las piezas que quedaron obsoletas del taller. Sería mi detector, quien me dijera antes que nadie que el scab habia decidido acercarse nuevamente al planeta, convivir de forma pacífica y dejar de orbitar como un anillo planetario. Pero, más importante todavía, que me dijera que ella había estado cerca, muy cerca de mí otra vez. Soñaba con ella muy seguido sobre cosas que habían pasado... y otras que hubiera deseado que pasaran, y... y no voy a hablar de eso, me da un poco de vergüenza…
Pasé muchas noches en ese proyecto pero fue rápido y empecé a trabajar en un mecanismo diferente. El abuelo siempre me peleaba eso, no comprendía, y me incomodaba mucho con su mirada, podía ver que sentía lástima de mí, incluso los niños me trataban diferente, no era agradable, me sentía como un loco. Al principio tal vez de verdad lo hacían, pero después... ellos querían que aceptara que Eureka no iba a volver ya jamás. Pero yo sabía, en el fondo, que eso era mentira. Era cuestión de tiempo, ¿verdad? Si no en este tiempo, en otro. Hay infinidad de oportunidades para el Scab, podríamos encontrarnos un millón de veces en distintos lugares, aunque no fuera aquí… Pero estamos aquí, ésta es nuestra realidad… Nuestro destino. Mi destino.
Maurice, Maeter y Linck son los hijos adoptivos de Eureka. Bueno, no, son nuestros, adoptados por los dos. Ya llevan el apellido Thurston, no se perdió con nosotros. Maurice quiere ser fotógrafo, él es el único enfocado a lo que quiere ser, debe sentirse un poco mal ahora por cómo fue el último día que pasé con ellos… ¿Pero cómo podíamos saberlo? Me hubiera portado diferente… Pero estoy felíz aunque haya sido así…
Siempre soy yo quien prepara el desayuno en las mañanas, me levanto primero que todos y suelo ir al molino para recordar qué fue lo que deje pendiente, o simplemente para estar solo. Hice una pequeña plataforma al pie del ventanal y poder ver desde ahí el mar. Es hermoso. Maurice me encontró muchas veces así, me perdía tanto en mis pensamientos que olvidaba la hora, pero ese día si fui más puntual, esa mañana no fui al molino, decidí levantarme un poco más tarde y fui directo a la cocina a preparar el desayuno: Pan tostado con mantequilla, café y chocolate. Me asusté cuando escuche de repente un golpe en el piso de arriba y el agua caliente del café me cayó en las manos, pero poco después los niños bajaron… Linck se había caído de la cama. Creo que el abuelo se está quedando sordo, él bajó tiempo después y ni cuenta se dio del ruido. Ni siquiera nos puso atención, bebió el café, comió rápido y se fue. Siempre está así, deprisa… y para mi todo transcurre tan lento…
Maeter y Marice se burlaban mucho de Linck, empezaron a cansarme sus burlas y Maurice dijo algo de que no quería ir a la escuela. ¡No ir a la escuela! ¿Lo crees? Sí... Yo era igual, lo que yo quería no estaba dentro de un salón de clases, lleno de personas incomprensibles. Heh. Ni siquiera está en este planeta… Me enojé. Ellos apenas están empezando a estudiar cosas básicas y deberían aprenderlas, ¿no lo crees? Al final, Maurice se fue a su cuarto y los otros chicos se fueron a la escuela, yo fui con el abuelo y siguió un día de trabajo rutinario. Las comidas también suelo prepararlas yo, no me disgusta, cocinar se me hace interesante incluso. Cuando comíamos el abuelo se entero de que Maurice se había quedado en casa y lo estuvo regañando. Me molestó la actitud de los dos, dejé de lavar los platos y miré fijamente hacia la mesa, a los dos, el chico prefirió irse a su cuarto y el abuelo sonrió complacido. ¿Tan mal le caen los niños? Sé que el abuelo es bueno y se preocupa, pero no siento que su actitud sea la correcta, ni tampoco sé ya que es lo correcto. ¿Esto lo es? ¿Lo que hiciste lo es?
Regresamos al taller y el abuelo intentaba platicar conmigo sobre Maurice.
- Tu ya sabías que no fue a la escuela. - Me lo dijo como un hecho, con un tono neutro y sin reclamo alguno..
- Si, lo dijo después de que te fuiste al taller, se enojo y se fue a su cuarto. - Le respondi.
- ¿Ni siquiera intentaste convencerlo?
- Sí, traté, pero el ya lo había decidido. No sé ni porqué.
- Debe ir a la escuela, el mundo ya es diferente y debe conocerlo. Deberíamos hasta de ir nosotros - Lanzó un pequeño suspiro - Te falta madera de autoridad para tratar con esos pequeños monstruos.
- Lo intenté abuelo - Le dije, con un ligero tono de reproche, como si él no supiera lo tercos que los niños pueden llegar a ser - pero... al parecer no fui capaz de convencerlo. - y sonreí derrotado. No, yo no tenia tanta autoridad, aceptarme no era lo mismo que hacerme caso.
Le dije que hablaría con Maurice, consciente de que yo nunca fui una carga fácil. Me respondió de forma dócil, sé que lo intenta, pero siempre termina mencionando a Eureka o a Holland, habla como si yo fuera lo más fragil del mundo…
Comenzamos a hablar de otras cosas, los proyectos terminados, las pruebas ya hechas, reparaciones simples… y sobre una chica que había dejado su motocicleta hacía unos días. Le respondí lo más seriamente que pude, pero creo que vio mi sonrojo… Lo hacía a propósito, estoy seguro de que ya había leído la nota.
La noche anterior camino al molino noté que alguien se acercaba al taller en una camioneta que sólo levantaba polvo y se detuvo en la entrada. Me desvié y fui directo hacia ahí, el conductor bajó y resultó ser una chica que había dejado su motocicleta vieja para adaptarla a gasolina. No sé porqué, pero su presencia me ponía nervioso. La primera vez que llegó al garage tiró al suelo un estante lleno de herramientas porque chocó con él, ¿cómo es que no lo vio? No era muy lista, era como de mi estatura, con cabello castaño recogido en una coleta y ropa de motociclista azul con blanco. Sus rasgos eran comunes y me pareció bonita, pero no en ese sentido romantico. Sólo bonita, como cuando ves algo y piensas "qué bonito". Lo único que hizo el abuelo fue hacerme señas para que yo la atendiera, y siempre que marcaba para preguntar el status el abuelo me pasaba la llamada a mi siendo que él sabía exáctamente esa información. Sé lo que quería. Que olvidara a Eureka. Pero eso es imposible. Siempre ha estado en mi mente, en cada momento, en cada cosa. Todo hablaba de ella y todo era ella. El amanecer, el mar, el molino, los niños, las maquinas, la tierra, el peso del patito colgando de mi cuello, la comida, los espejos, las fotografías, el abuelo, tú... Y todos buscaban arrancarme la esperanza, queriendo que aceptara su muerte siendo que es mentira, ¡pensar que podría fijarme en otra persona o tocar a alguien más era horrible!…
Lo siento, yo… Continuaré.
Abrí el garage y le entregué la moto después de que firmó algunos documentos. Se disculpaba continuamente por la hora.
- Disculpa por venir tan tarde, en la tarde no tuve tiempo y la necesito mañana temprano.
- Tienes suerte de que anduviera por aquí, el abuelo está tan sordo que nunca hubiera escuchado si llamabas o tocabas el claxon.
- ¿De verdad? ¡Muchas gracias entonces! ¡Y discúlpame mucho!
Le expliqué el nuevo proceso de encendido, apagado, descanso, y demas precauciones, no tuvo problemas porque rápidamente la encendió y la subió a la caja de la camioneta por medio de una rampa que ya habíamos preparado. Se bajó de un brinco y cayó justo enfrente mío.
- ¡Muchas, muchas gracias!
Y me dio un beso, rápido y torpe… Si… Fue tan raro, estaba en shock, no me moví nada mientras ella se iba, y aún después de algunos minutos yo seguía de pie, donde mismo, intentando pensar en lo que pasó.
Me sentia avergonzado, y me fui hacia el molino con las manos en los bolsillos. Me sentía… manchado.
El resto de la tarde fue de lo mas común y en la noche Maeter ayudó a hacer la cena, simples hotdogs porque el abuelo ya no quería verduras. Maurice lavó los platos y fue una velada tranquila, el abuelo decidio irse a dormir y me quedé un rato con los niños antes de irme al molino, aunque la verdad me sentia ansioso y ya quería irme... en el garage encontre una pieza interesante que me serviría mucho, la modifiqué en un momento libre que tuve con el abuelo, creo que ni cuenta se daba que a veces trabajaba también en mi propio proyecto mientras hacía los nuestros… Se hubiera molestado mucho o me habría visto de forma más incomoda… No sé que es peor.
Me la pase bien con los niños, Linck dijo que quería ir a la luna; Maeter que quería ser actríz y Maurice fotógrafo. Yo nunca quise seguir los pasos del abuelo, pero el mundo no me dio de otra, y no es por egocentrismo pero soy muy bueno, me gusta, las nuevas máquinas son impresionantes, aunque ni el sol, ni la electricidad, ni la gasolina son tan buenos como energía como lo era el trapar.
Me espabilé un poco y subí los escalones de madera hacia la planta más alta, llevaba conmigo la nueva pieza, que de hecho si ese beso fue un cobro por ella entonces no estuvo tan mal, ya que venía en la motocicleta. Era una pequeña pieza con forma curiosa y casi cuadrada, color verde intenso, y parecida al Amita Drive, que funcionaba como un potente sintetizador de energía que no le servía de nada a la moto, pero con las adecuaciones que hice a mi me venía perfecto. Era la primera vez que veía algo así… No era algo normal. Sentí que alguien había enviado a esa chica con esa moto justamente para que yo obtuviera esa pieza, como si alguien supiera en lo que estaba trabajando.
Fui hacia el molino, sentía que las manos me sudaban, al fin iba a probarlo. Y ahí me esperaba el nuevo motor, en el medio de la planta más alta, después de subir todos los escalones de madera. En la parte superior izquierda estaba el ventanal y la pequeña plataforma, abajo de esa rampa estaban mi mesa de trabajo y el librero, del otro lado tenia todas las herramientas.
Prendí las luces y me senté frente al componente, acomodando todos los cables y despejando el espacio donde iría la pieza. Sentí como si tuviera que instalar el Amita Drive en Nirvash… Como la primera vez. Me llené de nostalgia y algunas de mis lagrimas cayeron sobre el cableado y sobre la pieza. No soporté mucho antes de que me entregara a mi tristeza… Dejé todos los cables donde estaban, la pieza sin insertar, y me senté frente al escritorio. Sólo tenía modelos y planos ya inútiles que había rescatado del garage del abuelo… sin saber bien qué hacía, al sentirme en los límites, los arrojé todos al suelo. La pieza brilló, como si fuera un compac drive, parecía estar reaccionando a mi tristeza. Ignoré hasta mi dolor y me senté frente al motor, impresionado. Tomé la pieza y la inspeccioné. Mi corazón latía con fuerza, me sentía felíz, me sequé las lagrimas con una mano y tomé mis herramientas. No debía entristecerme, tenía que hacerle una señal al Scab Coral de que estaba listo. Yo tenía algo que ellos querían y ellos tenían lo único que yo quería. Ya lo había aceptado desde hacía mucho tiempo. Podría ayudarlos a regresar a la tierra si conseguían evolucionar. Podría estar con Eureka. Estaríamos juntos. Seríamos uno.
FIN.
Notas. El Renton del manga siempre fue más habilidoso en mecánica que cualquiera de los otros Renton, y si AO hizo un homenaje a la película, entonces el Renton-manga también pudo haber sido lo suficientemente listo como para ser el creador de la Third Engine del NeoNirvash. Claro que, eso es sólo en mi imaginación. Tenía esto guardado como 1 año, y decidí terminarlo hace unos días cuando recordé que aún lo tenía pendiente.
La canción de donde tomé el título es "We will meet again" de Vast. Es una canción que habla sobre el dolor de perder a alguien querido, y las diferentes etapas de miedo, soledad y aceptación. En el capítulo pasado, el título estaba basado en el libro ""Meet Me At Infinity: The Uncollected Tiptree: Fiction and Nonfiction" de James Tiptree, Jr.
Y por último, el título de esta pequeña colección de historias, basado en la canción de New Order "I'll stay with you". Originalmente era "Diferentes historias para contar el final", pero no sé porqué no lo escogí, quizá estaba muy largo. Estaba pensando en hacer una versión en inglés y otra en español, perooo qué difícil estar traduciendo todo. Sorry I'm such a lazy lady.
