Capítulo 1

Bella y los huevos.

Camino tan apretadamente hasta la casa de mi hermana, bueno más bien en busca de un taxi que me lleve hasta su casa. Parece que me estoy orinando pero no quiero que nada se salga. Toco el timbre y ella me recibe con alegría.

—¡Bella! — me abraza—. ¿Cómo te fue? ¡Pasa!

—Gracias— digo apenas un poco antes de que sus delgados pero fuertes brazos me asfixien.

Caminamos hasta la sala en donde hay un corral y los indicios de una guerra entre puré de manzana y calabaza.

—Acaban de comer— explica y yo veo a los tres pequeños durmiendo plácidamente.

—Son unos ángeles— me enternezco.

—Querida, en serio que los amas.

—Se supone que son tus hijos— la regaño.

—Los amo pero son un dolor de trasero cuando se lo proponen, mejor cuéntame… ¿Cómo te fue en tu cita con señor probeta?

Me sobo la barriga y sonrío alzando ambos pulgares.

—La masa está dentro del horno.

Ella se ríe.

—No entiendo como logras hacer esos chistes, yo estaría muerta de los nervios— comenta luego de servir una taza de té inglés.

Yo bebo un sorbito.

—Ah sí, lo estoy. Estoy más que nerviosa… ¡Créeme! Pero trato de ver todo del modo positivo, este es mi chance.

Alice toma mi mano y me sonríe.

—Puedes intentarlo de nuevo sino funciona.

Niego.

—El tratamiento cuesta cerca de dieciséis mil dólares, todo mi dinero se fue en esto. Y tal como lo veo, mi edad más el tiempo en el que tardaría en volver a reunir esa cantidad, no me ayudarían mucho— digo apesadumbrada—, este es mi último chance.

—¿No crees que exageras? Tienes veintisiete, podrías encontrar salsa para bebés de modo gratuito.

—Sabes que no creo en Mr. Right. Es como el santa Claus personal de Bella— pongo los ojos en blanco.

—¿Estás jugando? Creo que más de uno mataría por meter su baguette en tu horno, Bella.

Yo me río.

—Sí pero el panadero indicado no ha aparecido y ya me di por vencida. Además, ya vengo de la clínica y mis huevos están en su lugar.

Alice abre los ojos sin entender.

—Los bebés— explico.

—Menuda loca— bebe de su taza—, eres una mujer exitosa. Una talentosa chef, esas metáforas contigo son engañosas— me riñe.

—No te preocupes, Alice. Todo saldrá bien. En un año, cuidarás a tu primer sobrino.

—O sobrinos— espeta—, ¿No dijiste que eran cinco?

Asiento.

—Pero es raro que todos se queden, sería un milagro que tuviese tantos.

—Ya veremos, ya veremos. Pero mejor dime, ¿te gustaría ir a cenar con Jazz y conmigo esta noche? Mi suegra cuidará a los mellizos y mi madre a la pequeña Lillie. Celebraremos el ascenso de mi Jazz.

—¡Me encantaría! Me alegro tanto por mi cuñado— la abrazo—. ¿Dónde iremos?

—A cenar y luego a un pub.

—Oh no, sabes que no bebo alcohol.

Alice niega.

—Tranquila, te pediré una piña colada virgen… Tan virgen como tú— se burla.

—Cierra el pico— me cruzo de brazos—, no he tenido sexo en meses pero eso no quiere decir que me haya clausurado. Abra una inauguración… Luego. Ahora estoy en la etapa de… Mantenimiento— explico.

—¿Cuándo? Podría tomar años. No puedes tener sexo en tu tratamiento, Bella. Y no puedes remodelar tu vagina, ¿lo sabes?

—No me fastidies — le pido— que ya lo sé. Tendré sexo sino estoy embarazada pero… Sí lo estoy… Guardaré reposo… Al menos hasta que nazcan.

—Wow— exclama—, suerte con eso, mujer.

—¿Por qué? — pregunto horrorizada.

—El embarazo de los mellizos me puso más que cachonda. Asaltaba a mi esposo en cualquier lado y que decir del último, parecía ninfómana después de treinta minutos de celibato.

Yo me carcajeo.

—Estás loca, Alice.

—Sé lo que te digo…— me toma de las manos— y haznos un favor a todos antes de que te pongas histérica por el mal humor: compra un vibrador.