Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, puesto que pertenecen a Hiro Mashima. Esta historia esta hecha sin fines lucrativos.

·

Silences: Soledad

·

—Así que estabas aquí.

Natsu se giró sorprendido, al reconocer al dueño de la voz. Gildarts se encontraba de pie, tras él, de brazos cruzados, y con una sonrisa curiosa en el rostro. No hizo ningún gesto de reconocimiento, y volvió a alzar la vista al cielo nocturno.

No podía dormir. Tenía… varias cosas rondándole la cabeza. Desde que se había marchado, esa picazón no dejaba de hurgarle en el cerebro. Era una sensación molesta. Como si hubiera olvidado algo. Algo importante. Suspiró con profundidad, y sintió como Gildarts tomaba asiento al lado de él, con parsimonia.

—Demasiado callado. En ti, eso resulta preocupante –aseguró con jocosidad.

Sin embargo, Natsu se mantuvo en silencio, con la maquinaria de su cerebro funcionando a toda velocidad. Se había despedido, ¿no? Había dejado una nota. Y ella cuidaría de todos, estaba seguro. Porque ellos también cuidarían de ella… ¿verdad? Seguro que todo estaba bien.

Se llevó las manos a los cabellos, revolviéndolos de manera exasperada. ¡Por un demonio, ¿qué narices pasaba con él?! ¿¡Desde cuando dudaba tanto!? ¡No le había tomado ni treinta segundos en decidirse a marcharse para entrenar y volverse más fuerte! ¡Quería protegerlos! ¡A todos! ¡A ella!

—Natsu.

El muchacho paró de revolverse los cabellos, y giró la cabeza, para advertir como Gildarts le observaba casi sin parpadear. Desvió la mirada, un poco desconcertado. No sabía que pasaba con él. La picazón se hizo más profunda, y se obligó a reprimir un gruñido irritado.

—¿Qué ocurre?

El tragafuegos entrecerró los ojos, y desvió la mirada hasta el suelo. Se suponía que no pasaba nada. Todos estarían bien, y él sería mucho más fuerte para protegerlos cuando regresara. El cabeza de cucurucho y él, se darían la bienvenida dándose de guantazos. Erza estrellaría su cabeza contra su peto metálico, orgullosa de ver lo fuerte que se había vuelto. Y Lucy…

¿Y Lucy?

¿Qué haría Luce?

Joder... No lo sé.

—Yo… –titubeó, e inconscientemente, apretó una mano en un puño–. Me encuentro molesto con algo, pero no sé qué es exactamente.

Gildarts alzó las cejas, sorprendido ante el rostro confundido que mostraba el tragafuegos. —¿Hay algo que te preocupe?

—No –volvió a dudar–. Bueno, creo que no.

El usuario de magia de choque mantuvo una ceja alzada con escepticismo. —¿Se trata de algo en particular? ¿De alguien?

Ah… alguien. Para Gildarts, no había pasado desapercibido el sutil respingo que había dado el cuerpo del muchacho. Quiso curvar una sonrisa jocosa, pero la guardó para otro momento en el cual el chico estuviese un poco más receptivo. Conocía de antemano la facilidad del dragon slayer de fuego para encenderse. No quería descontrolarse, y mandarlo a volar sin querer otra vez.

—¿Te preocupa?

El chico se mantuvo un silencio durante unos segundos, como debatiendo consigo mismo la respuesta. —Si.

Gildarts suspiró, y se llevó una mano al mentón, en un gesto pensativo. —Yo no soy la mejor persona para decir esto, pero esa preocupación, puede servirte de motivación.

Natsu giró la cabeza, para contemplarlo, con las líneas del rostro bailándole atónitas. —¿Motivación? –consultó con ingenuidad.

El padre de Cana, asintió con convicción. —¡Claro! –alzó un dedo, convencido– Si tanto te preocupa, piensa que con lo que estás haciendo, podrás proteger siempre a esa persona. Así te asegurarás de que nunca le ocurra nada.

El tragafuegos abrió los ojos, estupefacto. —¡Oh! –exclamó– No sé si lo he entendido bien del todo, pero creo que tiene sentido.

—¡Pues claro! –arreó un guantazo a la espalda del muchacho, en un gesto de ánimo– ¡Yo soy un tío muy listo ahí donde me ves, chaval! –se carcajeó con gusto.

El chico hizo un amago de sonrisa. —Creo que… estará dolida. Y creo que lo que me molesta, es que lo sé.

Gildarts paró de carcajearse en seco, y contempló con atención el rostro atribulado del chico. ¿Dolida? Do-li-da. Género femenino. Entrecerró los ojos, entendiendo por fin el conflicto del tragafuegos, y suspiró en reconocimiento. Sabía quien era. Hace unos años, puede que si las cosas hubiesen resultado diferentes, la situación sería muy distinta a la de ahora. Pero al final, no lo era. Sin querer, la jovencita de cabellos rubios había encantado a alguien sin saberlo. Bueno, puede que sí. Nunca se sabía.

—Ya era hora –musitó con suavidad.

El muchacho de cabellos rosas lo contempló, con la confusión bailándole en la mirada. —¿Ya era hora? –repitió, sin comprender– ¿A qué te refieres?

El usuario de magia de choque sintió como una gota imaginaria le recorría la cabeza. Es que este chico no tenía remedio. Esa chica traía como loco al tragafuegos, y ni siquiera era consciente de ello. ¿O si? Era pronto para saberlo. Tal vez, él mismo estaba empeñándose por ignorarlo. En parte, podría llegar a entenderlo. Puede que fuese demasiado complicado para él. Al menos, por el momento.

—¿Se lo dijiste?

El dragon slayer de fuego, frunció la boca en un gesto tenso. —Le dejé una nota –acotó con tirantez.

Gildarts volvió a entrecerrar la mirada. —¿Desde cuando huyes?

Natsu giró el cuello en un movimiento violento, provocándole que hasta le chascaran los huesos. —No lo he hecho –masculló, empezando a enfadarse.

—Sí que lo has hecho. Y eso es lo que en el fondo, te está machacando.

El tragafuegos abrió la boca para contestarle, levantándose de golpe, y sin embargo, no emitió palabra alguna. Apretó las manos en puños, sintiendo como le temblaban. ¡Él no era un cobarde! ¡Lo hubiera hecho! Pero…

¿Pero…?

Joder. No quería despedirse. No de ella. De ella no. Apretó los puños con más fuerza, provocándole que se le empezaran a dormir, a causa de la presión que estaba ejerciendo. Gildarts tenía razón. No había podido hacerlo. En el fondo, no quería reconocer que el rostro triste de ella lo hubiese frenado en seco. En menos de un parpadeo, o un instante. Ver como su rostro decaía ante su partida, no hubiese podido soportarlo. Ella le hubiera seguido. Él lo sabía. La conocía. Iría a cualquier sitio o lugar, sin siquiera titubear, aunque fuese a las mismísimas puertas del infierno. Lo sabía, porque él hubiese hecho lo mismo. Y no quería ni podía arrastrarla a eso.

Se dejó caer al suelo de nuevo, abatido. Joder, ¿¡Qué coño le estaba pasando!? No sabía en que categoría se encontraba Luce. No entraba en la categoría de amigos. Ella era más. Mucho más. Tanto, que ni siquiera quería ser consciente de cuanto. Entraba en la categoría de familia, pero a la vez, no entraba. La quería. Quería su felicidad, por encima de un montón de cosas, por no decir de todo, pero no la veía como una hermana, como a Erza, Lissana o Wendy. Ella era su compañera. Eso sin dudarlo. De cualquier aventura o majadería en la que se viesen envueltos. Leal, sencilla y amable. Por muy impulsivo o inconsciente que él fuera, ella se mantenía ahí, sin moverse un ápice, aunque contuviera las ganas de mandarlo a volar.

—Querer es algo complicado.

Natsu, con el rostro desesperado, volvió a mirar a Gildarts. Él quería a Luce, si. Sin ninguna duda. ¿Pero… cuanto? La cuidaba y la protegía. Pero últimamente, eso que sentía se estaba empezando a descontrolar. Empezaba a notar pequeños cambios sutiles. Como que su sonrisa se acentuaba cuando llovía. O como se le iluminaba la mirada ante un nuevo libro de su saga favorita. Ponía los ojos en blanco, sin poder evitarlo, cuando llamaba la atención, más de la cuenta, de la población masculina sin saberlo. Como le picaban las yemas de los dedos, cuando caía en la cuenta de que se había quedado observándola más de lo habitual.

¿Cuánto… más?

Joder. No quería saberlo. ¡No quería! Le desbordaba, porque no lo comprendía del todo.

—¿Qué me dices?

Natsu volvió a mirar a Gildarts, que le contemplaba con un brillo astuto en los ojos.

—¿Ahora te sientes… lo suficientemente motivado?

·

·

N/A: ¡Sí, señor!

Como me ha gustado meterme bajo la piel de Gildarts. Es la primera vez que lo hago, y me ha encantado. Gildarts tiene esa parte adulta, y a la vez esa parte infantil, igual que Natsu, y creo que por eso se entienden y se llevan tan bien. No sé si alguien había probado a escribir algo respecto a esta parte del manga, así que si no había sido así, ¡Aquí me tenéis a mi!

Me ha costado meterme en esta parte, sinceramente. Porque en realidad, no sabemos de qué hablaron, pero… ante la sugerencia de LeehaVanillaPoison (este one-shot va para ti, querida), mi mente empezó a funcionar revolucionada. Mi musa (que tiene muy mala uva), aparece sin previo aviso ¡Así que aquí tenéis la segunda parte!

Bien, poco más puedo decir. Que sepáis que me estoy quedando con todas vuestras sugerencias, así que ya sabéis, ¡todas vuestras ideas son bien recibidas!

Mil gracias a Eagle Gold, mariadragneel, LeehaVanillaPoison, Hiyoko-sama, Inrene (espero que este final también te haya gustado, mi niña) y también a kaze no akuma, porque sin vosotros, no habría sacado tan rápido este segundo one-shot.

Nos leemos!

Nindë