ADVERTENCIA: Esta historia tiene un
lenguaje bastante fuerte, no por lo que dicen
o cómo lo dicen, sino por las situaciones que
se enmarcarán a lo largo de la historia.
Por favor, leer con discreción.
No es un prototipo agradable de relación.
Parte 2/3
Basada en: "Teddy bear" de Melanie Martinez.
SEGUNDA PARTE
"IT'S SO TERRIFYING HOW YOU PARALYZE ME"
–¡Corre, maldito enclenque! ¡Corre!
Boomer reía, dejó la lata de pintura roja en spray en el piso y corrió tras sus hermanos. Butch, quien le había gritado y estaba considerablemente nervioso –quién sabe por qué– lo tomó por la chaqueta negra que llevaba puesta y jaló de él para que corriese más rápido.
Brick se había adelantado hasta la salida trasera, esa que acababa de inventar luego de haber derribado la pared a raíz de puñetazos y patadas, así que ellos solo le seguían la pista.
La alcaldía de Townsville se había vuelto una víctima recurrente de los Rowdyruff Boys desde que hicieron aparición en la ciudad y, además, desde que en ella prueban todas las nuevas tácticas de irrupción a los grandes departamentos de la ciudad.
No robaban, no tenían necesidad de hacerlo, pero sí rompían cosas, rayaban y destruían los establecimientos, solo por diversión y nada más que diversión.
–¡Mierda, Boomer! ¡Si nos atrapan será tu culpa! –reclamó Butch, pero Boomer no dejaba de reír.
–No vengas con actitudes tan cobardes a estas alturas, ¿quién eres?
Butch no le respondió, de hecho, se mantuvo en silencio y siguió corriendo.
–No puedo creer que después de toda la seguridad que le ponen a la alcaldía, siempre terminen con los mismos errores –comenta Boomer.
–La policía ya debe venir en camino –dijo Butch–, los láseres que activamos enviaron la señal. Si no vienen ellos, vienen las Powerpuff.
–Ugh, qué disgusto. Bubbles me armará una escena cuando nos veamos.
A la distancia, pudieron ver el agujero que Brick había creado; ambos corrieron más rápido, llegaron casi al límite, tomaron impulso y saltaron fuera de la alcaldía.
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–¿Qué haces aquí?
Boomer estaba en la desastrosa habitación que rentaba en una pensión de criminales –no exagero, los otros arrendatarios tenían un amplio prontuario policial y otros seguían delinquiendo–, estaba acostado en su cama con siete latas de cerveza vacías a su alrededor.
–¿Qué hacías en la alcaldía, osito hermoso? –preguntó Bubbles dejando su cartera marrón sobre la pequeña mesa de esa cocina americana–. ¿Por qué te gusta hacer maldades cuando también eres un héroe como yo?
El tono de su voz, si bien intentaba imitar esa característica dulzura de su forma de hablar, era un poco más bajo, más áspero, como si estuviera forzada a hablar dulcemente cuando en realidad quería mostrar algo de enojo.
–Qué haces aquí –repitió Boomer sentándose en la cama.
–¿Por qué lo hiciste?
–Yo te hice una pregunta antes.
–Porque hiciste algo ilegal –empezó a dar pasos hacia él, sobaba sus propios brazos, no expresaba alegría en su rostro–, y quería saber…
–Porque se me dio la puta gana de hacerlo.
Boomer se puso de pie, pasó algo brusco al lado de Bubbles para ir hasta el refrigerador y coger una cerveza dentro de ahí, la abrió y la bebió mientras hacía contacto visual con su novia.
–¿Me vienes a reprender? –preguntó algo irónico y sonriendo con sorna.
–Boomer, no me parece correcto…
–Me importa una verdadera mierda lo que la "señorita heroína" considere correcto.
–No digas feas palabras –bajó un poco la mirada–, te quita encanto.
–No quiero tus putos sermones, ya deja de joder, sabes muy bien cómo es la situación en la que vivo y cómo vivo mi puta vida.
–Pero somos héroes…
–Solo cuando nos llaman. A ti y a tus hermanitas –se burló– las llaman constantemente, a nosotros, solo cuando se acuerdan. No soy un héroe todo el tiempo como tú, no me vengas a joder con eso.
–Pero…
–Ya deja esos discursos de falsa moralidad, ¡por la mierda! –exclamó Boomer.
Bubbles se sintió disminuida en ese momento, escuchar los gritos de Boomer cargados de enojo y rabia no era algo a lo que estaba habituada –la verdad, es que no lo quería admitir.
Sin embargo, no pudo aguantarlo, y empezó a llorar. Cubrió su rostro con ambas manos, sus sollozos eran suaves, Boomer no alejaba su molesta mirada de ella, pero al pasar unos segundos, suspiró pesadamente, dejó la lata de cerveza sobre la mesa del televisor y se acercó a ella. La abrazó, empezó a consolarla… Bubbles no tardó en corresponder aquel abrazo.
Oh, qué lindo que tu novio que reconforte luego de haberte gritado y tratado como estúpida, ¿verdad? La relación ideal.
Es ironía, por si no se dieron cuenta.
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Blossom bebía con suma incomodidad de aquel jugo de naranja que Buttercup había servido, Bubbles, en tanto, tenía el vaso en su mano y no dejaba de hablar de cómo es que Boomer había pasado de ser un violento a ser una ternura de persona y ser humano.
–Es que no me lo creerían, chicas, de verdad, ¡Boomer es el sol de mi vida! –dijo la rubia con una enorme sonrisa en su rostro, de esas que parecen contagiarte.
Ninguna de sus hermanas dijo nada ni tampoco sonrieron para corresponderle, solo asintieron pero desviaron la mirada para evitar tener que seguir en el tema o alimentarle la ilusión a su hermana.
Al notar esta actitud, Bubbles dejó de sonreír con alegría y en su lugar una sonrisa más bien cargada de rabia se apoderó de su rostro en ese momento. Dejó el vaso sobre la mesa aplicando un poco más de fuerza de la requerida, llamó la atención de Buttercup, y les preguntó a ambas:
–¿No me dirán nada?
Blossom carraspeó, suspiró y frunció levemente el ceño. Iba a hablar, se iba a hacer escuchar, oh, sí que lo iba a hacer.
–¿Decirte lo que te decimos siempre? ¿Que tu relación no es más tóxica que el cianuro solo porque todavía no los mata?
–No es lo que esperaba oír –se quejó Bubbles.
–Entonces no nos pidas la opinión cuando se trate de tu puta relación –dijo Buttercup con un atisbo de molestia–, porque no te gustarán nuestras respuestas en ningún sentido. Desde el primer momento es que estábamos en contra de tu relación, y lo sabes, Bubbles.
Bubbles se puso de pie, estaba dispuesta a irse a dar una vuelta para evitar los regaños de sus hermanas, si seguía en aquella casa iba a tener que soportarlo durante mucho rato y no, no quería hacerlo. Le molestaba cuando comentaban de esa manera sobre su relación –como si le estuvieran diciendo alguna mentira, Dios.
–No te vayas –pidió Blossom–, por favor, no hagas una pataleta.
–No es una pataleta –dijo la rubia–, es mi reacción natural, ustedes también la tienen.
–Lo que no tenemos es una relación tóxica –siguió diciendo Buttercup, pero Blossom la hizo callar.
–No te vayas –insistió Blossom.
–Boomer y yo no tenemos una relación tóxica –insistió Bubbles por su parte volviendo a tomar asiento en la mesa.
–Hermana –suspiró la pelirroja–, vamos, tienes que admitirlo.
–¡Es que no es tóxico! ¡Es la relación más linda de toda la vida! –exclamó ofuscada–. ¡Solo para que ustedes están celosas!
–¿No te das cuenta de que de verdad la toxicidad de tu relación es bilateral? –dijo Buttercup, ya no sonando tan agresiva.
–No lo es –reiteró la rubia.
Buttercup y Blossom compartieron una mirada de decepción, la mayor juntó ambas manos sobre la mesa y soltó un bufido antes de hablar:
–No queremos que termines golpeada o algo así. Si no le pones un freno, las cosas van a terminar muy mal.
Bubbles no quiso escuchar nada más, se puso de pie y fue por su cartera. No quería estar ni un minuto más en la casa si eso significaba tener que soportar esos desagradables comentarios de sus hermanas.
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–¡¿No te diste cuenta, estúpida?!
Bubbles había quebrado un vaso que contenía una mezcla de alcohol y gaseosa que le resultaba muy rica a su novio, y Boomer no había encontrado mejor manera de reaccionar que gritándole a su novia.
La hizo a un lado presionando su pecho y así se abrió paso para ir por la pala y la escoba.
Boomer estaba jodidamente ebrio y, aunque Bubbles lo quisiese negar, también estaba algo drogado.
Bubbles suspiró pesadamente y empezó a recoger los pedazos grandes de vidrio para que solo tuviesen que secar y barrer las pequeñas partes que siempre quedan dando vueltas. Boomer ya estaba a su lado, de hecho le dio un pequeño empujón y empezó a barrer.
–¿No te sale más fácil secar y después barrer? –sugiere la chica mientras va a botar el vidrio.
–Cierra la boca.
Bubbles dejó caer el vidrio, suspiró y se volvió hacia Boomer que barría y arrastraba parte del alcohol sobre la pala.
–¿Qué dijiste?
–Que cierres tu maldita boca.
Y eso no lo iba a aguantar, no después de haber tenido una discusión con sus hermanas sobre su relación. Había decidido pasar la noche en casa de su novio para no darle la razón a sus hermanas, pero eso no significaba que estaba dispuesta a recibir malos tratos, ¡oh, perdón! "Inapropiados tratos" de su novio.
Boomer con suerte podía mantenerse de pie, barría con cuidado pero aun así parecía dejar un desastre peor. Ella se acerca y le arrebata los implementos, estaba segura de que podría terminar la tarea mejor que él.
–Déjame a mí, osito hermoso.
–No me llames por ese nombre –se queja Boomer dejándose caer sobre la cama.
Bubbles termina de limpiar, deja los implementos donde estaban originalmente y se acerca para acurrucarse junto a Boomer en la cama, sin embargo, este la corre.
–No jodas, vete de aquí, la cabeza me va a reventar.
–¿Me estás echando?
–Sí.
–Pues no me pienso ir.
–¿No te das cuenta de que me duele la cabeza?
–¿No te das cuenta de que me importa una mierda? Yo no te mandé a drogarte ni nada… Ugh, qué imagen de héroe…
–¡Detente ahí! –interrumpió sentándose en la cama.
La señaló con el dedo, la miraba completamente furioso, Bubbles extrañada había dado un par de pasos hacia atrás.
–¡Ya te he pedido mil veces que dejes de hablarme de esa mierda de "héroe"!
–No me apuntes con el dedo –le corrió la mano–, y no ocupes ese tono conmigo, osito hermoso.
–¡Deja ese puto vocativo!
Bubbles no lo resistió más y le plantó una bofetada a Boomer tan fuerte que sus dedos quedaron marcados en la mejilla izquierda de él.
–Será mejor que tú dejes de ocupar ese tono tan altanero conmigo, osito hermoso, porque no te gustará saber cómo te puedo dañar.
El golpe de Bubbles le había dolido y sorprendido, pero más le sorprendió ver esa sonrisa en el rostro de ella, esa sonrisa de seguro le podría causar cierto malestar en sus sueños. Era algo amable, pero denotaba un tono de malicia, crueldad, miedo, todo eso escondido en una maldita sonrisa.
–Entonces apaga la luz –dijo Boomer llevándose la mano a la mejilla–, así nos relajaremos más tranquilos.
Bubbles hizo caso y en menos de cinco segundos ya estaba acurrucada al lado de Boomer. Él la abrazaba y ella restregaba su rostro contra el pecho de su novio.
–Te amo tanto, mi osito hermoso.
Pero no obtuvo respuesta y, sin dejar de sonreír, le insistió.
–Te amo tanto, mi osito hermoso.
–Yo a ti también.
–¿Qué cosa?
–Te amo.
–¿A quién?
–A ti…
–Dilo –pidió, y su tono de voz no era el cursi que había estado utilizando.
Bubbles escuchó el suspiró de Boomer, y de paso el olor a alcohol que emanaba de su aliento.
–Te amo tanto, mi osita hermosa.
Definitivamente se ha alcanzado un nuevo nivel.
Respondiendo review(s):
Miss Insaaniity: Qué bueno que te guste. Espero te haya gustado este capítulo también.
Momoko Hiim: Gracias, gracias. Sigo esforzándome por darle ese toque distintivo, si cometo algún error, pido disculpas.
