Ninguno de los personajes conocidos que se mencionan son míos, sino de la autora J. K. Rowling.


- Mione, ¿estás segura de esto? – Le preguntó Ginny por quincuagésima vez antes de salir de la Madriguera.

- Que sí, que estoy bien – respondió la castaña en tono cansado – además, sin magia no pueden hacer nada. Y si lo intentan, simplemente les daré un puñetazo y los dejaré k.o.

- Bueno, al menos es una suerte que Luna vaya a venir. Agradezcamos que las lechuzas siguen existiendo – río la pelirroja.

Las jóvenes acabaron de empaquetar y bajaron con sus maletas hasta el recibidor, en donde unos taciturnos Ron y Harry las esperaban. Todos llevaban varias maletas de viaje ya que no sabían cuánto deberían quedarse en la casa con los refugiados, Mcgonagall no supo responder a esa pregunta. La desaparición de la magia había azotado fuerte y ahora todos los exmagos estaban completamente descolocados.

- Juradme que me escribiréis, por favor. Cada día – rogaba Molly – y a tus padres también, Hermione.

- Claro que sí, señora Weasley – sonrió la castaña.

- ¡Oh, por Merlín, niña! ¡Deja de tratarme tan formalmente! – Exclamó la madre de los Weasley – si eres como una hija más para mí.

Al salir de la casa les esperaba un taxi-monovolumen que había enviado Mcgonagall para que les llevara a la oficina de ayer.

- Bueno, ¿listos? ¿Seguro que no os arrepentiréis a mitad de camino? – Pregunto dubitativa Hermione a sus tres acompañantes.

- ¡Claro que no! – Exclamo Ginny – además, ¡esta es la nuestra para hacérselo pasar mal a esos sangre-idiotas!

- ¿Qué os parece si les decimos que los muggles beben lejía? – Rio Harry.

La castaña puso los ojos en blanco. Menudas ideas.

- Anda, vamos, que aunque no haya magia Mcgonagall nos dará una buena nos retrasamos – habló con consciencia.

Dejaron todas las maletas en el inmenso maletero del coche y se subieron a los asientos de atrás, que quedaban separados del conductor por un cristal negro opaco y tomaban forma de U para que pudieran verse unos a otros.

- ¿Por qué creéis que los Malfoy han acudido a la orden? – Preguntó Ron confuso.

- Supongo que tontomord se quedaría a cuadros cuando la magia desapareció – elucubró Ginny usando ese mote con el que siempre llamaba al señor oscuro – los Malfoy soy una familia traicionera que va con el más fuerte, como ya hemos visto, así que al ver que sus queridos amigos de sangre real no podían protegerles se arrastraron como perritos ante los buenos. ¿Visteis la cara de Lucius en la oficina? ¡Parecía que le habían echado un crucio! – Rio.

- Ginny, se respetuosa – pidió Hermione.

- ¿¡Respetuosa!? ¿¡Con esos imbéciles!? ¡Ja! ¡Antes muerta! – Aseguro.

Hermione y Harry se miraron y suspiraron. Ginny y su carácter extremo no cambiarían nunca. Ni siquiera ellos le habían puesto mote al señor oscuro, pero ella iba tan alegre llamándolo tontomord, ganándose la sorpresa de unos y el odio de otros.

Ron por su parte iba en su mundo, comiendo alegremente el bocadillo que le había preparado su madre para que "aguantara" la travesía, aunque habían desayunado hace apenas diez minutos.

Los cuatro amigos se cogieron de las manos cuando estaban llegando a la oficina. Vieron a todos esperándoles ya en la salida, con varias maletas, y las caras más largas que habían visto jamás por parte de los Malfoy. Sin duda, aquella situación iba a ser una infernal tortura para todos.

Salieron a saludar a los de la orden y a Luna, que estaba casi saltando de la emoción, y esperaron a cualquier indicación de la profesora.

- Bien, veo que todos están ya listos – dijo ésta – iremos directos a la casa y allí acabaremos de dar los últimos retoques al plan. Señorita Granger, su coche irá delante para que nos guie a los demás.

La castaña asintió, porque era lo único que podía hacer. Había abierto la boca para decir algo pero la voz no salía, sus cuerdas vocales estaban paralizadas y con ellas parte de su cuerpo. Tal era la rigidez que sentía que Harry y Ron tuvieron que empujarla suavemente para que fuera al conductor a decirle la dirección y como llegar. Tras esto todos se repartieron entre los cuatro coches que esperaban y el camino empezó. Hermione agradeció poder volver a ir con sus amigos, añadiendo a Luna.

Salieron de Londres y empezaron a atravesar las zonas de las afueras hasta llegar a un desvío que se metía en la montaña, el cual cogieron. Siguieron por el camino de piedra hasta encontrarse con una especie de mini-pueblo en el valle de una montaña.

Durante la travesía Luna les había contado que todos los seres mágicos que ella podía ver habían dejado de ser visibles. Hermione se entristeció ante este hecho. Luna era una chica soñadora, algo extraña sí, pero que sabía ver más allá de todo y todos. No juzgaba por las apariencias ni las primeras impresiones, algo que ella había dejado de saber hacer. Haber perdido esa capacidad seguro que entristecía mucho a la joven Luna, aunque la chica seguía conservando ese brillo en los ojos.

El coche de Hermione se paró al final del pueblecito, en donde acababa el caminito. Cuando todos bajaron Hermione se acercó a la profesora.

- No podemos seguir por ese camino con los coches, sólo pueden pasar motos y bicis – explicó – yendo caminando tardaremos menos de diez minutos aun llevando las maletas a cuestas – sonrió. Y entonces cayó en algo – voy a llamar a mi prima para asegurar que haya comida y eso, esperad un momento.

Los refugiados se fijaron en un pequeño objeto negro que llevaba la castaña, cuya parte delantera estaba cubierta de cristal brillante, y se preguntaron para que servía. Todos quedaron sorprendidos cuando esta se llevó el objeto a la oreja y empezó a hablar sola.

- ¿Veis? Ya se ha vuelto loca – se burló Draco.

- No se ha vuelto loca – intervino Tonks – es un móvil, un objeto que usan casi todos los muggles para comunicarse entre ellos. Es como las cartas animadas o las lechuzas de los magos, pero en directo e inmediato.

- ¿Y con quien habla? – Preguntó Blaise.

- Con su prima Claire, que está en la casa – dijo señalando hacia el bosque.

Los refugiados se miraron entre ellos. ¿Móvil? ¿Ese aparato se llamaba así? ¿Y servía para comunicarse inmediatamente? Vaya con los muggles…

- Tendríamos que ir un momento al almacén a por bebidas, que mi prima ha arrasado con todas – bromeó Hermione - ¿Harry, Ginny, me ayudáis? – Preguntó ocultando sus intenciones, las cuales al parecer sólo notó Lupin, que se aguantó una risita.

- Claro, vamos – sonrío la pelirroja.

- Esperadnos aquí – ordenó la castaña antes de salir hacia un edificio marrón con letrero blanco, no sin antes coger una bolsita que le había tirado Lupin.

Serán memos, ni que fuera a gastarme tres millones. Pensó al ver la bolsita llena de dinero muggle.

Hermione vio la suya en cuanto entraron en el supermercado. Ni Harry ni Ginny conocían el sitio, así que les indicó que fueran al tercer pasillo y cogieran lo que quisieran.

- ¡Por Merlín, Hermione! – Escuchó chillar a la pelirroja mientras cogía algunos refrescos y zumos.

Cuando llegó a donde la parejita esperaba los vio a ambos más rojos que el pelo de Ginny evitando mirar al estante, en donde había una gran variedad de preservativos, lubricantes y juguetes.

- ¿Qué? – Preguntó aguantándose la risa.

- ¿Lo has hecho a posta, verdad? – Inquirió Harry sin levantar la vista.

- ¿El qué? ¡Oh! ¿Esto? No sabía que había esto aquí. Creía que era la zona de las galletas – mintió.

Harry y Ginny la miraron haciendo pucheros y la castaña estalló en carcajadas, que de seguro se escuchaban hasta en donde los demás esperaban.

- Bueno, ya que estamos aquí… - río - ¡cogeros algo! Total, os voy a poner a dormir juntos…

- ¿¡QUÉ!? – Exclamaron ambos a la vez.

- ¿Qué? – Preguntó - ¿acaso pensabais que iba a poneros separados?

- ¡Pero mi madre…! – Chilló Ginny.

- Tu madre no se va a enterar – le guiñó el ojo Hermione – y si se entera no pasará nada, que ya tienes la edad…

- Ron nos mata… - susurro Harry.

- Ron se olvidará de todo en cuanto vea a Claire, como siempre – aseguro la castaña – así que… ¿Vais a coger unos por voluntad propia o tengo que hacerlo yo?

La pelirroja y el moreno se miraron y, tras unos interminables segundos, la chica alzó la mano y se hizo con un par de cajas, unos normales y otros con estrías. Hermione se plantó delante del estante y cogió un bote de lubricante.

- Por si acaso – sonrío – según he leído estas cosas siempre van bien, sobre todo las primeras veces.

- Mione tú… ¿tú lo has hecho? – Preguntó Ginny cortada.

- ¿Yo? No, que va. ¿Con quién iba a hacerlo? ¿Con un libro? – Bromeó.

- Pensábamos que con Ron… - intervino Harry.

- ¿Ron? ¡Por Merlín! Que va, que va – aseguró la castaña – lo quiero mucho, pero como hermano, nada más. Y a él tampoco le intereso mucho, sino que se lo pregunten a Lavender… - río.

- ¿Tú crees que mi hermano y ella…?

- Creerlo no, lo sé – respondió la castaña – Brown me lo contó. Creó que pensaba que me iban a entrar celos o algo así – rio – será mejor que vayamos pagando y volviendo o esos se mataran entre ellos.

Y efectivamente, cuando volvieron se encontraron a un furioso y enrojecido Ron peleándose con el altivo Malfoy hijo.

- Da gracias a que no tengo mi magia, comadreja – chillaba el rubio – o volverías a probar el sabor de las babosas como en segundo.

- Quizá serías tú el convertido en hurón de nuevo – decía el pelirrojo.

- ¿Qué tal si esperáis a llegar a casa para mataros? – Preguntó Hermione en tono cansado.

- Tu calla sangre sucia – espetó el rubio, que sin poder evitarlo recibió un puñetazo en la nariz y cayó al suelo.

- Deberías vigilar esa lengua si no quieres recibir más ostias – sonrió Hermione.

- Vaya con la leona… - le susurro Blaise a Theo, sin darse cuenta de que este había estado mirando fijamente a Luna desde que bajaron del coche.

Tras tranquilizar los ánimos y repartirse el equipaje y la compra reemprendieron el camino, esta vez a pata.

Draco cada vez estaba más furioso. ¿Cómo se atrevía esa maldita sangre sucia a tratarle así? Sus nudillos se estaban poniendo blancos de lo que apretaba los puños. Si pudiera pillarla, si pudiera pillarla esa metomentodo le iba a pagar con creces esos atrevimientos.

- Hermione – susurró Ginny – parece que el hurón está bastante cabreado.

- Me da igual – aseguró ella – que se ponga como quiera, pero si está en MI casa hará lo que YO diga – dijo lo suficientemente alto como para que el resto la escuchara.

Tras los diez minutos que había indicado Hermione llegaron a un precioso claro en el que se observaba una hermosa casa de estilo victoriano, de tres plantas y con una fachada de ladrillo pintado de blanco preciosa.

- ¡Wow! – Exclamó Zabini – no me imaginaba que tu familia tuviese dinero para una casa así. ¿Por qué no lo has dicho nunca?

- ¿Para qué? – Preguntó Hermione alzando una ceja – además, esta casa lleva en mi familia mucho tiempo.

- ¿Cuántas habitaciones tiene? – Preguntó Luna.

- Hay doce y en el altillo hay espacio para dos o tres camas más si fuera necesario – explicó – al ser tantas el que la construyó pensó que sería buena idea poner un baño en cada cuarto, además de los cinco comunes.

- ¡Caramba! – Exclamó Blaise - ¿vosotros ya habéis estado aquí? – Les preguntó a Harry, Ron y Ginny, que asintieron – que escondido te lo tenías, leona – río.

Hermione puso los ojos en blanco.

- ¡Heeeeerrrrmiiooooneee! – Se escuchó a lo lejos.

Se giraron todos hacia la casa y vieron a una mujer corriendo hacia ellos. Hermione soltó las maletas de golpe y cerró los ojos, preparándose para lo que fuera a venir.

- ¡Hermy! ¡Herms! ¡Mione! ¡Mini! ¡Chiqui! ¡Castañiiitaaa! – Chillaba la mujer mientras abrazaba a Hermione y, levantándola, giraba de un lado a otro.

La castaña se vio inevitablemente atrapada en ese torbellino de emoción que era su prima. Claire era una adulta bien formada, con sus treinta y cinco años bien puestos a pesar de aparentar unos veinte, morena de pelo largo y lacio, ojos azules y una figura envidiablemente atlética. Su comportamiento era cambiante, pero siempre que estaba su Hermione cerca se mostraba juvenil y alegre. Tenía los títulos de arquitectura y abogacía, aunque hacía unas semanas había comenzado con un año sabático y se había retirado a la casa familiar a descansar de todo el estrés que le traían sus trabajos.

- Argh, C-Claire, me ahogo – dijo casi sin poder respirar Hermione.

Claire la soltó tan rápido que cayó al suelo de culo.

- Ya podrías controlarte, capulla – dijo enfadada mientras se levantaba.

- Joooo. ¡Compréndeme! ¡Hacía AÑOS que no nos veíamos! – Lloriqueó.

- Nos vimos el verano pasado… - dijo Hermione con la ceja alzada.

- ¡Eso para mi es mucho! – Exclamó lanzándose de nuevo hacia su prima, a quien volvió a espachurrar varias veces hasta dejarla despeinada y con toda la ropa descolocada – con lo que te adoro.

- Ya, ya. Seguro que "adorar" es la palabra – susurro la castaña colocándose bien la ropa.

- ¿¡Qué insinúas!? – Exclamó Claire - ¡Qué me guste verte con poca ropa no significa nada! – Refunfuñó.

Ante tan afirmación Blaise se atragantó y empezó a reír.

- ¡Vaya, leona! ¡Yo también quiero ver eso! – Exclamó alegre.

Hermione se rascó la cabeza. Le resultaba raro que un Slytherin fuera así con ella y su prima, cosa que le gustaba en parte, pero conocía la fama de pervertido de Blaise así que no sabía que pensar.

- Sí, seguro que vosotros dos os lleváis muy bien – susurro para sí.

- ¿Por qué dices eso, leoncita? – Sonrió Blaise.

- Los pervertidos os lleváis bien entre vosotros, es ley universal – respondió Hermione teatralmente, cosa que provocó otra risotada del moreno.

Mcgonagall tosió, para llamar la atención.

- Será mejor que vayamos yendo hacia casa – sonrío Hermione avergonzada, ya que ninguno de los allí presentes, a excepción de Harry, Ron y Ginny, conocían cierta faceta suya que sólo mostraba en casa.

La sorpresa que se llevarían cuando descubrieran que era más que una rata de biblioteca…

Mientras caminaban los metros que les separaban Ron, Harry y Ginny "regañaban" a Hermione, por dejarse tratar con tanta familiaridad por parte de Zabini.

- Oh, venga ya – dijo ella cansada – vamos a estar no sé cuánto tiempo todos juntos. ¿No creéis que si ellos hacen el esfuerzo por llevarnos bien debemos corresponderles?

- Zabini y Nott no parece que tengan la misma mentalidad que los Malfoy, aunque siempre están con él – cuchicheó Luna con su habitual y dulce vocecita – no creo que pase nada por juntarnos con ellos.

- ¡Si pasa! – Exclamó Ron - ¡Son serpientes! ¡Ser-pien-tes!

- Ya Ron, ya nos hemos enterado – le calmó Hermione – de todos modos, sean serpientes, caballos, cebras, pájaros, saltamontes o leones estamos en la misma situación. Si nos llevamos bien será mejor. Además, ¿tengo que recordaros que ninguno de esos dos nos ha hecho nada? No tenemos motivos en contra suya.

- Y por lo que parece son bastante simpáticos – sonrió Luna mirando de reojo a Theo.

- La verdad es que hace gracia la forma de expresarse de Zabini – río Ginny.

- ¡Oh, no! Harry, las hemos perdido – Se quejó Ron.

- Bueno, Ron. Cálmate un poco – pidió el moreno – quizá ellos dos no sean tan malos.

- ¿¡Qué!? ¿¡Tú también!? – Lloró el pelirrojo.

- Vamos, Ronald Weasley, ya verás como no es tan malo juntarse con ellos – ronroneo Claire abrazándole y estrechándole contra su generoso pecho – quizá incluso Zabini podría darte consejos para tener más músculo y estar más rico aún.

La cara de Ron copió el color de su pelo, aunque las orejas se mostraban en un rojo aún más potente.

Cuando llegaron al vestíbulo Zabini soltó una exclamación de sorpresa y Hermione empezó a pensar que quizá esas muestras individuales representaban lo que pensaban todos los grupo de refugiados. Al parecer el moreno era el más extrovertido de todos y el que menos temía expresar lo que pensaba.

El vestíbulo era un precioso espacio de paredes revestidas de madera color ocre, con moqueta azul oscuro y lámparas de pared. Del lado izquierdo salía una preciosa escalera negra con forma de curva hacia la primera planta.

- ¡Oh! Sí es la niña Hermione – dijo una voz de mujer mayor, de pelo canoso y ojos azules y tranquilos, saliendo por una puerta situada al fondo a la derecha.

Hermione dejó las maletas y salió brincando hasta ella.

- ¡Nana! – Chilló abrazándola – como me alegro de verte.

- Yo también me alegro niña Hermione – aseguró la mujer observándola – ha crecido mucho, ya no sé si debería llamarla niña.

- ¡Claro que sí, Nana! Puedes llamarme como quieras – sonrió la castaña.

- Entonces seguiré llamándola niña Hermione – anunció la mujer acariciándola con ternura – veo que mis niños Harry, Ron y Ginny han venido también – sonrío al ver a los amigos de la castaña.

- No íbamos a dejar sola a Hermione en esto – dijo orgulloso Ron.

- Me alegro de verla tan bien, Nana – sonrió Harry.

- Muchas gracias, niño Harry – aseguró la mujer - ¿los demás son los invitados?

Hermione se plantó delante del resto y fue presentándoselos a Nana y a Joseph, quién había salido del salón, situado en la derecha, en ese instante.

- Esta es Luna, una buena amiga a quien no habéis tenido oportunidad de conocer hasta ahora – presentó, y entonces se dio cuenta de lo semblantes que eran Luna y Nana, con ese aspecto soñador y risueño – aquí tenemos a Blaise Zabini, con el que debéis tener cuidado porque muerde…

- ¡Yo no muerdo! – Se quejó el moreno.

- Vale, entonces diré que eres una Claire en chico – dijo la castaña sacándole la lengua, acto ante el cual Blaise mordió el aire - ¿veis? Muerde – rio – aquí tenemos a Theodore Nott, Narcisa, Lucius y Draco Malfoy y al señor Severus Snape – finalizó.

Luego se acercó a los de la orden y los presentó también, añadiendo que ellos sólo se pasarían de vez en cuando.

- Entonces he hecho bien en preparar diez habitaciones – sonrió Joseph.

- En realidad sólo se necesitan nueve… - intervino Hermione mirando de reojo a Harry y Ginny, quien volvieron a obtener un rojo incandescente en el rostro.

- ¿Por qué dice eso, niña Hermione? – Preguntó Nana.

Hermione cogió a Ron por el brazo y sonrió.

- Bueno, es que Harry y Ginny dormirán juntos – anunció.

- ¿¡CÓÓÓÓÓMOOOO!? – Exclamó Ron de inmediato intentando moverse, aunque el agarre de Hermione se lo impidió - ¡No! ¡No pienso permitirlo! – Chilló – no es por ti Harry, pero mi hermana es muy pequ…

- Tu hermana tiene ya es bastante grandecita como para saber que hacer – le interrumpió Hermione fulminándole con la mirada, ante la que Ron se achantó – así que ya deja de tratarla como a una bebé…

- Peero… - se quejó Ron.

- Hay, Ronincito, deja de ser tan estricto – ronroneó Claire abrazándole por detrás y frotando indecorosamente su pecho contra la espalda del muchacho, quien no sabía dónde meterse – ni que fueras de los que piensan que el sexo sólo se puede practicar de noche – rio – deja que tu hermanita se divierta, que seguro que ya ha pensado en todo el tema de protección.

- Eh… Eh… Eh… – tartamudeó el chico sin saber que decir – su… supongo que no habrá problema…

Claire le guiñó el ojo a Hermione y está negó con la cabeza riendo. Claire y su desvergüenza eran capaces de convencer a cualquiera de lo que quisiera.

La castaña se percató entonces en las miradas entre confundidas y cómplices de los integrantes de la orden y se acercó a ellos.

- ¿Algún problema? – Preguntó sonriente.

- No creo que sea conveniente que el señor Potter y la señorita Weasley duerman juntos… - intervino Mcgonagall claramente sorprendida ante la situación.

- ¿Por?

- Podrían pasar… cosas…

- Ya… Porque en el resto de horas que se van a pasar juntos no puede pasar nada… - rio Hermione.

La profesora se quedó pensativa ante tal afirmación. Planteándolo así el hecho de que fueran a dormir juntos no era algo tan grave.

- ¿Todo irá bien? – Preguntó Lupin acercándose.

- Bueno… Tienen protección y esas cosas – sonrío Hermione – si no la usan es porque son idiotas.

Los de la orden acabaron de planificar el tema de las visitas de seguridad y algunos temas más y se marcharon, ya que Hermione les aseguró que estarían muy ocupados acomodándose y no harían falta. Antes de irse Mcgonagall obligó a la castaña a aceptar un cheque por una cuantía bastante elevada por las molestias de tener que cuidar y vigilar a los refugiados.

- Vale, antes de empezar nada, hay ciertas cosas que todos debéis saber – dijo la castaña – Nana y Joseph están aquí de doce de la mañana a nueve de la noche y de Lunes a Viernes – explicó – eso significa que el desayuno se lo preparará cada uno y los fines de semana estaremos solos.

- Niña Hermione, ya le dijimos a su madre que podíamos venir de nueve a nueve – sonrío Nana – nos encanta venir cuando usted está aquí. Déjenos ayudar, por favor.

La castaña les miró ceñuda. ¿12 horas seguidas con su edad?

- Iremos tomándonos descansos cada hora, si así está más cómoda – aseguro Joseph.

Hermione hinchó los mofletes. Tenerles más horas en la casa sería de gran ayuda, pero no quería atosigar.

- En serio niña Hermione – sonrió Nana abrazándola – y si tenemos problemas simplemente volvemos al horario normal y punto.

La castaña suspiró.

- Bueno… - se rindió - ¡peeero! – Exclamó mirando a todos sus invitados – tenéis que saber que Nana y Joseph se encargan de la comida, la limpieza de las zonas comunes y de la ropa. NADA MÁS. Cada uno mantendrá limpios su habitación y su baño privado y si en algún momento veo que ellos dos no pueden con todo haremos turnos para ayudarles – sentenció – y tenéis que recordar que los findes estaremos solos, así que nos tocará hacer un reparto para esos dos días.

Harry, Ginny, Ron y Claire asintieron de inmediato. Siempre que Hermione estaba en esa casa hacía todo lo posible para que Nana y Joseph no tuvieran que cargar con todo el trabajo que causaba una casa tan grande y esa era una de las razones por las que la adoraban. La castaña era siempre tan consciente de esos temas… ¡Adorable!

Los Malfoy se miraban entre ellos con la expresión vacía. ¿Ellos? ¿Limpiar? ¡Para eso estaban sus elfos!

- Yo no pienso limpiar – murmuró Draco.

- Bien, pues dormirás en la mierda – sonrío Hermione – aprende a ser autosuficiente, niñato mimado, que nadie ha venido al mundo para servirte ni a ti ni a nadie.

El rubio enfureció ante tal anuncio.

- Yo soy un Malfoy, una de las familias más poderosas del mundo – gruñó – cualquiera desearía estar con nosotros.

- ¿Ah, sí? ¿Y por qué tengo que protegeros yo? – Preguntó la castaña, que estaba empezando a perder la compostura - ¿acaso no te das cuenta de la situación en la que estás? Ya no eres un mago, ni tú ni nadie. Ahora todos somos muggles – añadió acercándose a él – eres un mago que no puede hacer magia, huroncito, eres uno de esos squibs con los que tanto te metes – recordó con tono venenoso – así que aprende a cooperar en esta casa, o te aseguro que lo pasarás muy mal.

Todos quedaron petrificados ante el tono y la mirada de la castaña. No estaba furiosa, estaba lo siguiente. Harry y Ron se miraban preocupados, no habían visto muchas veces así a Hermione, pero sabían que era malo, muy malo.

- Bien, ahora os enseñaré vuestras habitaciones – anunció la castaña al cabo de unos minutos – seguidme.

Subieron al primer piso y vieron que había ocho puertas, de las cuales dos eran baños. Hermione comenzó a repartirlos, asegurándose de separar el máximo posible a los refugiados sin tener que renunciar a la compañía de sus amigos.

- ¿Por qué tengo que estar en la habitación que hay delante de la tuya, maldita Granger? – Preguntó Draco molesto.

- Porque así sabré si quieres hacer algo, y si lo haces podré darte un puñetazo en consecuencia – espetó ella – agradece que dejo a tus padres dormir juntos.

- Maldita sang… - empezó a decir el rubio, pero recibió otro puñetazo.

- Vuelvo a repetir: vigila esa bocaza, imbécil – insistió la castaña frotándose los nudillos.

- ¿Soy la única a la que le mola ver a Hermione tan agresiva? – Preguntó Claire en tono meloso.

- Sí, eres más rara que un perro verde – respondió Ron.

- ¡Ron, venga! Será que Hermione no está sexy en ese plan de dominadora – río Ginny.

- ¿Ves? ¿Ves? ¿Ves? – Insistió Claire.

Hermione suspiró ante los comentarios de sus amigos. ¡Cómo si no estuvieran acostumbrados ya a verla patear a ese hurón! Lo único que cambiaba ahora es que no había magia y el rubio no se atrevía a devolvérsela.

- Bueno, los de aquí ya sabéis cuales son vuestras habitaciones así que ale, a acomodarse. Los que quedan, seguidme hasta la segunda planta – dijo.

- Les avisaré cuando la cena esté echa – sonrió Nana antes de bajar con Joseph a la planta baja.

La escalera hacia la segunda planta era más enrevesada, pillaba todo el frontal de la casa, lleno de vidrieras preciosas, y volvía hacia dentro. Distribuyó a los que quedaban, asegurándose de poner a Theo y Luna cerca, ya que había visto las miraditas que se tiraban, y tras despedirse se fue a su habitación.


Mareliz Luna - ¿A qué si? ¡Yo también! Y en este cap hemos visto ya como les han dado una buena jajajaja

dracoforever - ¡Muchísimas gracias!

Siento si la descripción de la casa es un poco vaga, pero no se me dan bien esas cosas. Para ayudar a que os hagáis una idea he hecho una imagen con el Paint para que podáis ver más o menos como es. Para verla tenéis que meteros en mi perfil y ahí os saldrá. Los cuadrados simbolizan las puertas y yo me imagino toda la fachada (de toda la casa) llena de ventanas y eso.

No hagáis caso de las distancias y tamaños, que eso de dibujar a escala nunca se me ha dado bien.

¡Saludos!