La decisión de Takano

¿El señor Onodera Ritsu? – ambos se pusieron de pie y caminaron tras la enfermera, quien los guió hasta el consultorio. Abrió la puerta, un poco sorprendida al ver que no sólo el ojiverde la había seguido, sino también el apuesto joven que lo acompañaba. Luego de regalarles una sonrisa, caminó hacia la sala de espera.

Buenos días, señor Onodera – le tendió la mano, y al instante se percató de Takano – Oh, me va a disculpar, pero sólo familiares cercanos pueden quedarse – Takano, entendiendo que la apreciación del médico se debía a la diferencia de físicos, y que su familiaridad no era vista como un tema de conversación por parte de Ritsu, sonrió con un dejo de tristeza y se volteó, con intenciones de irse.

Está bien, doctor. Es mi… novio – el médico abrió la boca y los ojos por completo, pero a Takano-san casi le da un infarto. Su Ritsu le estaba extendiendo la mano, invitándolo a entrar, pese a su sonrojo. No se hizo de rogar.

Lamento haber sido tan descortés, señor…

Takano… Takano Masamune…

Hum… su nombre me suena…

Si suele leer Mangas Shōjo – sugirió inocentemente y le dio un leve codazo a Ritsu, para que dirigiera su mirada hacia un área en particular.

¡Ah, yo no, mi hija, jajaja! – que no era otra que su estante, donde figuraban todos los mangas editados por Yoshiyuki Hatori, y los de ellos mismos. El pobre médico se puso rojo como un tomate y negó frenéticamente – Ejem… ¿en qué puedo ayudarles…?

Le explicaron todo, incluso aquellas cosas que Ritsu deseaba tanto olvidar o que al menos quedaran encerradas y sepultadas en esas cuatro paredes de su departamento (y en sus recuerdos…). Notaba que Takano estaba divirtiéndose al verlo tan sonrojado, pero era inevitable: aún no se hacía del todo a la idea de estar con un hombre (¡y qué hombre…!).

oo-oo

Fue en definitiva un día muy productivo, pese a que casi ni comieron por estar saltando de un análisis a otro cada hora. Pero estar juntos hacía llevadero el suplicio, así es que ninguno se quejó, pese a las colas y a todo lo que tuvo que pasar. Ahí estaba Takano-san, apretando su mano, como buen esposo… desde la toma de muestra de sangre hasta la bendita endoscopía… Ojalá en verdad lo hubiera sido… porque habría podido besarlo sin sentir vergüenza.

Calculo que los resultados estarán en dos días… El lunes por la tarde podrán venir a recogerlos… Independientemente de los resultados, sacarán una cita conmigo inmediatamente, ¿de acuerdo? – asintieron – Ya he dejado encargado que les guarden un cupo… Ah, señor Onodera, ¿tendría la amabilidad de llevar este formulario a la ventanilla número cinco? Veo que el señor Takano-san tiene muy inflamado su ojo derecho y quiero revisarlo… Corre por mi cuenta.

Por supuesto. Gracias por todo – le dio la mano – Te espero afuera – cerró la puerta.

La inflamación la tengo desde hace diez años… no me molesta… ¿Qué ocurre, doctor? Puedo equivocarme, pero… creo que quiere decirme algo…

Así es. Tengo… un mal presentimiento… – sintió como si le cayera un balde de agua helada – Espero equivocarme…

¿Se refiere a…? – el asentimiento del doctor le nubló la mirada. Pero el hombre puso una mano en su hombro, para calmarlo.

Aún no lo podemos afirmar… El señor Onodera es muy joven, y terriblemente irresponsable, por lo que he oído, consigo mismo. Sus hábitos alimenticios deben ser modificados desde esta misma noche.

Me encargaré de eso…

Deberá regular también ciertas actividades… – se sonrojó.

Yo…

Por ahora no… pero más adelante sí… ¿Cree poder lograrlo…?

Será como cambiar una muestra de amor por otra… Sí podré – habló con determinación.

Perfecto. Independientemente de eso, quería sugerirle que en lugar de venir a recoger los análisis, autorice su envío a su correo electrónico… Yo me encargaré adicionalmente de enviarle las indicaciones más válidas y útiles para su caso particular… Pero, si no me equivoco, lo mejor será que él no sepa nada… Saberlo, en algunos casos, precipita las cosas…

Ya lo había pensado…

Tendrá que ser fuerte – apretó su mano.

Lo seré… por ambos… No suelo cometer el mismo error dos veces…

oo-oo

El lunes llegó… y se pasó casi con la misma velocidad. Aunque no le había dicho todo lo conversado con el médico, Ritsu había sido advertido por Takano-san acerca del envío electrónico de sus resultados. Y, aunque en la mañana estaba absolutamente pendiente, el retraso en la entrega del manga que tenía a cargo alejó por completo el tema de su salud de sus pensamientos.

Lo mejor es que te asegures de que está trabajando – intentaba por todos los medios seguir viéndose indolente y abusivo, pero no podía. Esos ojos verdes que amaba tanto eran como un imán y al mismo tiempo como un horror del cual debía huir, para no darle a conocer su angustia. Suspiró al agacharse para sacar un documento – Si vas ahora, puedes irle ayudando. Si hasta las once no han terminado, me esperas allá, iré a recogerte.

De acuerdo. Entonces me voy – como siempre, simuló tomar un objeto de su escritorio y acarició su mano, sonriéndole, de espaldas al resto. Pero esta vez añadió algo más, en un susurro – Te amo, idiota…

No digas esas cosas si quieres seguir pasando por un hombrecito…

Estúpido – se sonrojó por completo. Ya había volteado, pero él lo volvió a llamar.

Onodera…

Dime – no le contestó en ese momento. Era la hora del refrigerio y el resto estaba saliendo.

Llévate esto – le dio una bolsa de tela – He colocado las medicinas que nos dieron, tómalas luego de comerte el emparedado con el jugo de fresas, los compré en la mañana – afortunadamente los otros tres habían ya habían salido, porque habría sido altamente sospechoso que el jefe le diera su merienda precisamente al subordinado al que más odiaba – Por favor, Ritsu – suplicó, y sus ojos marrones se nublaron – Cómetelo, ¿sí?

En la mañana me serviste un desayuno para cuatro personas, estoy lleno…

A mediodía debes comer de todas maneras, estás muy flaco – desvió la mirada hacia sus papeles.

¡Ah, sí que eres desesperante! Sabes que lo haré, tonto – le sonrió. Ya estaba cerca a la puerta, cuando la mirada húmeda de Takano-san y su significado real lo golpearon – Takano-san… ¿ya llegaron? – lo miró fijamente. Cuando él bajó la mirada, se acercó lentamente – Takano-san…

Aún no… Supongo que son dos días exactos, faltan aún treinta minutos…

Tú y tu manía con la puntualidad…

No es manía… Esta vez… – pero no pudo completar la frase. Onodera se conmovió.

Oye… quita esa cara, te vez feo – no le respondió – Prométeme algo – lo miró directamente a sus ojos marrones – Sea lo que sea… me lo dirás…

Yo

Takano-san… ¿crees que soy débil…? Ya sobreviví durante diez años a una enfermedad terrible…

¿Amarme es una enfermedad? – preguntó, con una inocencia que le provocó besarlo, pero se contuvo.

No te estaba amando, he ahí el punto – por increíble que pareciera, Takano-san se sonrojó. Sonrió con ternura – Pero… ahora que las cosas pueden cambiar… supongo que estaré al mando…

No quiero que cambien – hizo un amago de querer abrazarlo, pero se contuvo.

Bueno… no en el sentido de mi salud… pero… ¿No te gustaría que intercambiáramos roles?

¿Eh? – se puso realmente nervioso. Estaba adorablemente indefenso.

Jajaja – simulando que recogía un papel, acercó su boca a su oído – Independientemente de cuál sea mi enfermedad… o aún si no existe… a partir de ahora seré yo quien te ame… De modo que, prepárate para mi regreso… Saga-senpai…

¡Ritsu! – exclamó, con el corazón completamente acelerado. Pero ya Onodera-kun se había ido.

oo-oo

Hasta mañana. Te prometo que Yoshikawa Chiharu tendrá listo mañana el storyboard.

Dios te escuche… Presiónala lo más que puedas, recuerda que tu empleo también depende de ella – Tori sonrió malignamente para sus adentros. Claro que iba a presionarl…o, muuuy a su estilo.

Lo haré. Nos vemos.

Estaba solo, con todos los muñequitos ahora enterrados bajo rumas y rumas de papeles y bocetos. Se acercaba el día número veinte, y como siempre aún no llegaban ni al cincuenta por ciento del trabajo. Pero aunque en otras ocasiones se habría desesperado hasta el punto de casi despedirlos a todos, ahora cumplir con el cronograma era lo que menos le interesaba.

Había jurado siempre que no involucraría los temas personales con los laborales. Pero el destino, Dios, ambos, o algún enemigo que lo amaba en silencio le había enviado una vez más a Ritsu. Y no estaba dispuesto a perderlo nuevamente, así el enemigo fuera algo no visible, lucharía hasta el final por protegerlo.

¿Onodera de nuevo, verdad? - Takafumi Yokozawa había entrado hacía cinco minutos, sin que él se diera cuenta. Sólo cuando le habló, retiró la vista de la pantalla de su computadora, un poco asombrado por su presencia.

Afortunadamente sí – no sonrió. Empezaba a detectar el peligro de una lucha verbal.

Allá tú – pero ésta no llegó. Aparentemente Yokozawa había entendido al fin – Por cierto, me llamó hace cinco minutos. Dice que no respondes el celular ni el anexo, así es que me pidió que te avisara que ya estaba en casa – Takano miró su pequeña pantalla: efectivamente, tenía como veinte llamadas perdidas, mas cinco mensajes de texto – Hum… si se han peleado, me alegraré infinitamente, pero como no debo hacerme ilusiones, ¿puedo ayudarte en algo? Que no te des cuenta de que tu amado tormento te llama es un signo de alerta…

Estaba esperando un correo muy importante, por eso perdí la noción de lo demás. Lo siento.

No te disculpes. Él estaba preocupado, pensando que quizás estarías pensando que algo malo le había ocurrido – los ojos marrones se nublaron – Masamune – lo miró – Es por él, ¿verdad? Tienes la misma mirada triste de esos diez años, sólo que esta vez es más como un ataque de pánico que como una profunda decepción… ¿Le ocurre algo malo? – era lo bueno de tenerlo como amigo… Lo conocía tan bien como Ritsu.

Estoy rezando porque no – bajó la mirada. El otro se conmovió.

Lo que sea… deben compartirlo. Ya una vez por tercos y por no hablar tiraron todo al tacho – Takano se asombró, ¿estaba dándole un consejo para que conservara a Ritsu? – No me mires así. Lo odio, pero odio más verte tris – el clásico sonidito que avisaba la llegada de un nuevo correo electrónico apenas podía compararse con la décima parte del volumen total de sus voces, pero lo hizo callar. Los ojos marrones se abrieron por completo y la piel de Takano palideció mortalmente – Creo que… es tu correo… Me voy.

No – suplicó – Quédate un momento conmigo, por favor…

oo-oo

Ya era la una. Ritsu había llamado otras veinte veces más, sin éxito. Sólo un breve "Estoy en una junta, amor, llegaré muy tarde. Descansa." En forma de mensaje de texto.

La dulzura de ese mensaje le había confirmado a Ritsu que los resultados ya habían llegado, y que no eran alentadores. Podía imaginarse a un lloroso Takano-san tecleándolo, pensando la manera más correcta de contestarle sin levantar sospechas sobre su verdadero estado… Fallando desastrosamente, como siempre que intentaba no preocuparlo o mostrarle sus miedos. Y es que, cuando Takano-san estaba bien, contestaba sus llamadas incluso antes de que estas fueran siquiera imaginadas.

El leve clic de la puerta abriéndose le indicó que acababa de llegar. Se levantó, salió con rumbo a la sala y encendió la luz, asustándolo. Por un breve instante pudo apreciar el rostro empapado de Takano-san, pero como estaba lloviendo no pudo asegurar que fueran lágrimas o agua las gotas que lo cubrían. En un rápido movimiento, luego de sonreírle levemente, el hombre entró al baño y sacó una toalla, secándose el rostro.

Perdóname por demorar tanto. Yokozawa-san me dio tu mensaje al final del receso, pero, tuve que regresar a la sala de reunión… No pude salir…

¿Pudiste cumplir tus objetivos del día?

Sí… ¿y tú?

Mañana te daré mis revisiones para que me digas si acerté…

Ya estás a un paso de hacerlo por ti solo…

Gracias, pero prefiero que lo revises siempre… Lo importante es que nos fue bien… Ven, te ayudo – sus manos reemplazaron a las del mayor, secando su cabeza con mucha delicadeza. Ritsu se detuvo al cabo de dos minutos – Takano-san… me diste tu promesa…

Lo sé, pero no pude llegar más temprano y

Sabes de qué hablo… Mírame y habla con la verdad – sus dos manos tomaron con cuidado su rostro, dejando la toalla como un coqueto sombrero sobre su cabeza, pero los ojos marrones rehuyeron a los verdes – No soy tan débil como piensas…

Yo no pienso que seas débil…

Se nota…

Es sólo que… ¿Confías en mí? – lo miró por primera vez, sin poder frenar la formación de sus lágrimas. Ritsu palideció. Nunca lo había visto llorar, estando tan cerca. Se veía realmente desvalido y vulnerable. Se odió por ser el causante, aunque no fuera su intención.

Por supuesto que sí. eres el único pervertido con el que estaría bajo el mismo techo…

¿Y en la misma cama? – intentó aligerar el ambiente.

Eres un… Por supuesto que sí…

Entonces… no me preguntes…

Pero – lo besó. Con desesperación, ternura y urgencia. Eso confirmó los peores temores de Ritsu, y sin embargo, no se asustó. Cuando se separaron, el mayor inclinó su cabeza para chocar su frente con la suya – Dijiste que me dirías…

No te lo llegué a prometer… Estabas en tu fase de conquistador y yo estaba realmente turbado como para contestarte…

Eso es hacer trampa…

El tramposo comenzaste siéndolo tú. Te lo diré… cuando sea el momento… Te lo juro – lo abrazó. Y Ritsu notó cómo poco a poco su pijama se humedecía. Odiaba verlo así, porque imaginaba que durante esos diez años de separación su sufrimiento había sido inmenso, tan grande como el suyo, y él no había estado a su lado para consolarlo.

De acuerdo, tú ganas… Pero… creí haberte dicho que a partir de hoy todo sería diferente – los ojos llorosos del mayor se abrieron por completo al notar que ciertas partes de su anatomía estaban siendo… atendidas de manera deliciosa. Las sensaciones eran maravillosamente agradables y cegadoras. Se olvidó de llorar.

Rit… Rit

Saga-senpai… El que manda ahora soy yo…

Pe… pe – sus piernas empezaron a flaquear. No supo cómo, pero al cabo de dos segundos ya estaba más cómodo, boca arriba, con unos ojos verdes muy expresivos mirándolo desde la misma altura que los suyos. Si era un sueño deseaba no despertarse… pese a lo de la enfermedad y todo lo que su presencia significaba.

Deja de huir… Saga-senpai…– Masamune perdió por completo el aliento cuando el rostro de Ritsu fue en descenso.