Draco suspiró antes de abrir la puerta para que su madre, Narcisa Malfoy entrara en el despacho de la ahora directora de Hogwarts, Minerva Mcgonagall, quien presidia la mesa central del despacho. A su derecha sentadas, las profesoras de adivinación y herbología, y de pie el profesor de defensa contra las artes oscuras.

Narcisa estaba segura de que iba a salirse con la suya, lo necesitaba. Draco lo necesitaba. Se sentó en la silla vacía frente a ellos, y Malfoy al igual que Snape optó por quedarse de pie.

—Buenos días, — saludó por fin la matriarca de los Malfoy – gracias por recibir mi precipitada petición de reunión.

— No hay problema, — dijo a modo de cortesía Minerva – estaba al tanto de su situación. Era una decisión importante dejar que Malfoy volviera, y hubo una votación. Draco no podrá estudiar en Hogwarts.

— Mi hijo es inocente de todos los cargos, el ministerio así lo decidió. – atacó Narcisa, pero la directora levantó la mano y Narcisa guardó silencio.

— El señor Malfoy no podrá estudiar aquí. Pero tenemos una vacante para el puesto de pociones. Habrá condiciones, y estará vigilado.

Draco tenía los ojos muy abiertos, y no podía decir nada de la impresión. Sabía de sobra que Mcgonagall era una mujer entrada en años, pero no que se le iba tanto la cabeza. ¿Enseñar pociones? Eso era una locura. Los estudiantes se lo comerían vivo. Por no contar que sus compañeros de clase serían sus alumnos. Era una verdadera locura. Miraba a su padrino en busca de alguna señal, pero su rostro estaba tan imperturbable como siempre.

- Acepta – dijo Narcisa.

- Madre, ni siquiera ha escuchado las condiciones.

- Las acataras, y punto. – zanjó la señora Malfoy.

- Si madre.

- Bueno, en ese caso el curso empieza en dos semanas, le recomiendo que esté aquí un par de días antes, Severus te ayudará con el temario que impartirás en cada curso. No tendrás varita, ni acceso a la sección prohibida de la biblioteca.

- Y ayudaras en todo lo que se te pida – añadió Pomona sonriente.

- Estará instalado mañana mismo, no tiene tiempo que perder. – dijo Narcisa – Estoy segura de que hará un buen trabajo, no se arrepentirán de haberle dado otra oportunidad.

- Eso espero – dijo la directora dando por finalizada la reunión.

Los Malfoy abandonaron Hogwarts rumbo a su mansión. Narcisa sabía lo que hacía, en Hogwarts Draco no solo se labraría un futuro, además estaría seguro de aquellos pocos mortífagos que quedaban sueltos y que los consideraban unos traidores a la sangre, y al Señor Tenebroso. Y como madre, eso es lo que más deseaba para su único hijo. Seguridad.

En el despacho de Minerva reinó el silencio durante unos segundos. Todos los profesores allí presentes pensaban lo mismo. Aunque fue la profesora Sprout la que se atrevió a decirlo en voz alta.

— ¿Qué vamos a hacer con el joven Malfoy?

— Sería una pena no darle una segunda oportunidad. — añadió Trelawney — es tan joven.

— En mi opinión creo que será muy capaz, — intervino Snape – conocimientos no le faltan. Pasó todos los exámenes.

— Por eso mismo la señora Malfoy prácticamente suplicó para que le acogiéramos. Quiere que le ayudemos a formar de nuevo su futuro, un futuro lejos de la oscuridad, un buen cabeza de familia.

— Bueno, para ser un cabeza de familia primero necesitará una mujer — dijo Sybill mirando a través de sus gafas de culo de vaso — y me temo que no valdrá cualquier mujer.

— No creo que eso… — intentó disuadir a las brujas Snape.

— Una fuerte — coincidió Pomona — que no le tenga miedo al qué dirán. Y con un carácter fuerte para manejar a un slytherin.

— No se me ocurre nadie así...

— Yo no creo que… — intentó de nuevo Snape sin éxito.

— A mi si — sentenció McGonagall — Hermione Granger.

Pomona y Sybill se quedaron pensativas. El juego acababa de comenzar.

Nada más aparecerse en la Mansión Malfoy, Draco no esperó a cuestionar la decisión de su madre.

¿A caso te volviste loca? – gritó en el vestíbulo, provocando un eco que se extendió escaleras arriba.

Estoy totalmente cuerda. – contestó Narcisa en un tono calmo, pero autoritario. – Tendrás un trabajo, y conseguirás un nuevo sitio en la comunidad mágica, uno respetado. Y si no, ser profesor es un puesto por el que empezar. Ya se nos ocurrirá algo para que no acabes 20 años dando pociones.

A Draco le dolió la comparación con su padrino.

- ¡Tal vez si quiera! – contestó Draco lleno de ira – Tal vez si quiera parecerme al hombre que me enseñó todo lo que sé.

Narcisa sonrió satisfecha, sabía que su hijo idolatraba a su padrino. Y en parte no le culpaba, Snape había sido una figura masculina en su vida mucho más importante que Lucius. Incluso para ella Severus había sido un gran pilar en su vida. Ahora solo tenía que dejar que su primogénito siguiera el plan que ella había ideado.

Muy lejos de allí, en el callejón Diagon una muy entusiasmada Ginny Weasley, agitaba los brazos para llamar la atención de Hermione, quien tenía serios problemas para andar entre la multitud. Había un montón de estudiantes que miraban con una ilusión que creía perdida los escaparates de la tienda de mascotas, de la librería, incluso de la tienda de ropa en donde se vendían uniformes escolares.

— Pensé que no os encontraría nunca — dijo Hermione abrazando a Harry y a Ginny, ya que Ron se había apartado lo suficiente como para que ella pillara la indirecta de que no quería ser abrazado por ella.

— Ellos van a mirar la tienda de escobas, mientras nosotras vamos a mirar los uniformes. Así que no quiero ver vuestros traseros antes de dos horas. — Harry y Ron asintieron, había cosas que no iban a cambiar nunca — Hermione y yo tenemos que ponernos al día — añadió con una risita que no auguraba nada bueno.

— ¿Que os parece si os esperamos en Sortilegios Weasley? — Propuso Harry.

— Es una gran idea. — dijo Ginny

Se fueron en distintas direcciones. Hermione miraba a todos lados, pensaba que se tardarían muchos años para que todo volviera a ser como antes, pero para bien de todos, eso no fue así. El callejón estaba lleno de tiendas, y la gente tan alegre como la primera vez que ella lo vio.

- No soy yo quien debería decírtelo – dijo Ginny pensando en si dar la mala noticia a su amiga, al parecer su lealtad a Hermione era mayor – pero mi hermano… ha estado viéndose con Lavender de nuevo.

Hermione se sintió dolida, pero sabía que lo suyo con Ron nunca iba a funcionar, por lo que aferrarse a sentimientos pasados era un total despropósito. Si Ron quería seguir adelante con otra mujer y tener una vida feliz, ella no era nadie para evitarlo. Aunque siendo sincera, preferiría que hubiera sido con cualquier otra mujer.

- Agradezco tu preocupación Ginny – dijo Hermione sonriendo – pero estaba pensando en pasar la tarde de chicas discutiendo a cerca de lo larga que es mi falda del uniforme, y que por su culpa los chicos no me miran.

- ¿Entonces vas a dejar que elija yo el largo de tu falda? – dijo la pelirroja con una sonrisa – tranquila, no me mires así, seguirá estando en el límite de la decencia.

Tras varias discusiones sobre el largo de la falda, y lo ajustada que le estaban las camisas. Hermione y Ginny estaban mirando medias en la sección de lencería. Bueno, Hermione miraba medias y calcetines, Ginny estaba enfrascada en una búsqueda de un conjunto "de mujer" para su amiga. Cuando dio con un sujetador y unas bragas de color vino muy sugerentes. Se giró y las estiró para mostrárselas a Hermione.

- Hermione. ¿Qué te parecen estas?

- Son muy bonitas Weasley – dijo Draco Malfoy con esa voz ronca que siempre le había caracterizado. – Le quitará el aliento a cualquiera.

Hermione no podía estar más roja, en cambio Ginny estaba pálida. Malfoy paseó su mirada por las prendas de mujer que estaban allí colgadas. Miró a Hermione y se acercó a ella con una sonrisa que habría hecho suspirar a cualquiera, y con un modelo de encaje blanco bastante sencillo y elegante, aunque igual de provocador.

- Aunque si lo que quieres es ponerlos de rodillas y hacerlos suplicar que les dejes besar el suelo que pisas… Usa este.

- Señor Malfoy – dijo entrando la dueña de la tienda — ¿Qué hace en la sección de lencería?

- No quería ahuyentar a la clientela. – dijo con una sonrisa – y la sección de lencería femenina siempre es interesante.

- Tengo los trajes que pidió preparados. Acompáñeme.

Draco hizo una pequeña reverencia a las leonas y siguió a la dueña de la tienda. Hermione seguía roja de pies a cabeza, no se había movido ni un ápice.

- Dios mío – dijo Ginny – Draco Malfoy acaba de recomendarte ropa interior.

- Solo se estaba burlando de mi Ginny. No viste su cara, como si yo no pudiese hacer que los hombres suplicaran por mí. – dijo Hermione con un tono algo triste. La verdad era que no solía atraer a ningún hombre.

- Con estos renovados uniformes harán cola para estar contigo. – la animó la pelirroja.

Era tarde cuando llegaron a casa, pero era noche de chicas, así que después de cenar se quedaron en la cocina comiendo dulces. La noche de chicas consistía principalmente en ellas dos hablando de temas que no dirían sin saberse bien seguras. Normalmente eran cuatro, Ginny, Hermione, Fleur y Tonks. Todavía no habían invitado a Angelina a una de esas noches, pero pronto lo harían.

Cuando entraron en la iluminada cocina Tonks tenía una bandeja de dulces en la mesa. Hermione cogió uno mientras se sentaba entre Ginny y Fleur. Comenzaron a hablar de rutinas, y de lo cansadas que estaban.

- No, no, no – dijo Tonks – nada de cosas deprimentes, estamos aquí para pasar un buen rato.

- Ciegto – secundó Fleur – debemos hablar de cosas integuesantes, no de nuestras penas diaguias.

- No me ha pasado nada interesante últimamente – dijo Tonks algo apenada.

- A nosotras si – dijo Ginny entusiasmada – fuimos de compras al callejón Diagón, adivinad quien estaba allí también…

- GINNY – gritó Hermione exaltada – no creo que esa sea una anécdota para contar.

La pelirroja abrió la boca para contestar, pero una lechuza golpeó la ventana. La dejaron entrar, era grande y majestuosa. Llevaba un paquete cuidadosamente envuelto que dejó caer en el regazo de Hermione antes de salir por donde había entrado.

- Dios mío – gritó Tonks – dime que esa lechuza no es de quien creo que es.

- De quién – intervino Fleur – eso parece un regalo caro.

- No sé de quién será – dijo Hermione abriendo la tarjeta.

Pero para su mala fortuna Ginny tenía mejores reflejos que ella, no por algo jugaba al quiditch, así que se la quitó.

- Acepta el regalo Granger – comenzó a leer la pelirroja — y pásalo bien.

- ¿Quién lo figma? – preguntó Fleur emocionada.

- Un arrodillado y suplicante Draco Lucius Malfoy. – Las jóvenes empezaron a gritar de emoción.

- Dios mío, Hermione – dijo la metamorfomaga aún asombrada – qué le diste a Malfoy para que se arrodille y suplique tan fácilmente. Porque si algo se de mi primo es que no se doblegaría ante nadie, es demasiado orgulloso y fanfarrón.

- No le dí nada – dijo Hermione furiosa – solo pretende burlarse de mí. Como pasó en la tienda. Apuesto que dentro del paquete está ese bonito conjunto blanco que él eligió.

Hermione abrió la caja, y como era costumbre no se equivocaba. El conjunto estaba allí, exquisitamente envuelto, tanto que lo hacía parecer más caro y exclusivo de lo que en realidad era.

- Maldita serpiente – murmuró la castaña.

Una llamarada verde en el despacho de la directora de Hogwarts anunció la llegada del nuevo profesor de pociones. Miró al joven con curiosidad, cualquier parecido con un profesor era mera coincidencia.

— Buenos días directora McGonagall — saludó el aristócrata con una leve reverencia.

— Buenos días señor Malfoy, no le esperaba tan pronto — dijo la mujer mirando el reloj que había sobre su mesa. — llamaré a Severus, él te instruirá para tu nueva tarea.

Malfoy asintió y esperó en silencio, su padrino no tardó en aparecer.

— Buenos días Minerva.

— Buenos días Severus. Como sabrás estas aquí para guiar al joven Malfoy en su nuevo puesto.

Los dos Slytherin se despidieron de la mujer y caminaron por el silencioso castillo rumbo a las mazmorras. Snape le explicaba las normas del colegio, nada extraordinario que no imaginase. Aunque sabía que sería el nuevo recadero de todos los profesores ya que por orden del ministerio no podía negarse a las órdenes que la directora le diese.

Cuando Snape terminó de explicarle los temarios una hora y media después, estaba más que saturado.

— ¿Alguna pregunta? — dijo Snape esperando que la respuesta fuese negativa.

—Ninguna —contestó el rubio cansado — ¿Algún consejo quizá?

— No te acerques más de lo necesario a esas brujas dementes, te lo digo en serio chico, están necesitadas de amor y diversión a partes iguales. — Draco vio por vez primera el miedo en los ojos de Severus. — Le pedí a Hagrid que cuidara también de ti. Créeme cuando te digo que es un buen aliado. Eres carne fresca que no puede negarse. Nunca te quedes solo.

Draco asintió, guardando en su mente las palabras de su padrino. Las profesoras parecían inofensivas, pero algo le decía que tal vez no tanto. Al fin y al cabo, él, al igual que Snape había empezado su carrera de profesor muy pronto.

El 1 de septiembre llegó antes de lo que imaginó. Y por supuesto le tocó ir a recibir a los alumnos que ingresarían aquel año, aunque dio gracias al cielo cuando le asignaron el puesto junto a los carruajes y no con Hagrid en un bote. No soportaría la sensación de poder ser comido por el calamar gigante de nuevo, ni el frío, ni a los estudiantes de primer año preguntando cosas…

Estaba ayudando a una niña de segundo a montar en el carruaje cuando vio que los siguientes en la fila no eran otros que el trío de oro, Longbottom, Weasley y Lovegood. Draco pensó que aquello debía de ser su infierno particular, ¿Por qué habían decidido volver todos? Seguramente sería para conseguir un papel que les dejara entrar en el curso de aurores… y él tendría que darles pociones… Por un segundo se planteó tirarse de cabeza al lago.

- Gracias – dijo la chica ya sentada en carruaje con una sonrisa y un leve sonrojo en las mejillas.

Draco hizo una leve reverencia, en el fondo estaba ahí para eso.

- ¿Ayudando a chicas en apuros? – rio Weasley – no es tu estilo.

Pero lejos de lo que todos imaginaron, Malfoy le ignoró. Se limitó a dar un par de pasos hacia Snape quien miró con veneno al pelirrojo.

- Cállese Weasley – dijo imponente – si no quiere estar debiendo puntos antes de haber puesto un pie en el castillo. Y lárguense ya, no estamos aquí para amenizarles la tarde.

Todos subieron en silencio, menos Ron que murmuraba cosas para sí mismo. Hermione miraba al Slytherin junto al jefe de su casa. ¿Por qué había vuelto? Debería estar en algún país europeo gastándose su fortuna, o haciendo negocios con ella. ¿Por qué no subía a los carruajes? ¿A quién esperaba?

Todos estaban ubicados cuando la directora terminó de sortear a los alumnos de primero, como siempre Ravenclaw había recibido el menor número de alumnos junto con Slytherin. Cuando McGonagall hizo aparecer de nuevo la mesa de los profesores, estos entraron calmadamente. Draco entraría detrás de Snape y antes que Hagrid, si lo hacía bien, podría ocultarse un poco tras el semigigante.

Cuando entró empezaron los murmullos, quería salir corriendo de allí, pero era un Malfoy, así que esperaría su nuevo destino con la cabeza erguida.

- Y antes de cenar, — continuó Minerva – les anunciaré los cambios en el claustro de profesores. El señor Sanders me relevará en transformaciones – un mago regordete y sonriente se levantó y les saludo con la mano. – El profesor Severus Snape retomará la asignatura de defensa contra las artes oscuras – Snape no hizo ademán de levantarse, ni de saludar– El puesto de pociones será ocupado por Draco Malfoy – el rubio se levantó con la elegancia que le caracterizaba, no hizo ningún gesto, se limitó a mirar al frente con superioridad. Un murmullo general se extendió por el gran comedor – y la profesora Vector, será la nueva cabeza de Gryffindor.

- ¿La profesora Vector? – dijo Hermione indignada – no creo que vaya a ser una buena jefa para nuestra casa.

- Hermione, ¿No has oído que Malfoy va a impartir pociones? – dijo Harry con paciencia.

- Claro que lo he oído Harry, estaba aquí. Y no me extraña nada, el muy puñetero siempre estuvo por delante de mí en pociones, por mucho que lo intentara él era mejor, pero cómo no iba a serlo. Su madre es una eminencia en pociones curativas y su padrino el mejor pocionista de Europa.

Ron los miraba con os ojos muy abiertos, por lo visto que Malfoy diera pociones era lo más obvio del mundo. Harry miró a la mesa de los profesores, Draco hablaba con Hagrid cordialmente.

- Va a ser un año interesante…