A veces, cuando tenía tiempo libre, Kisuke todavía se preguntaba por qué no había vuelto a la sociedad de las almas. Es verdad que con todo el ajetreo de la guerra y los movimientos entre los puestos del Gotei 13, nadie se había molestado en levantarle el destierro, pero seguramente si le preguntaba a Shunsui, no tardaría ni medio minuto en ayudarle con aquello, y probablemente hasta le darían puesto de teniente. Al fin y al cabo, todavía había vacantes. Pero eran ocurrencias instantáneas. En la tierra estaba perfectamente, y de hecho lo prefería: lejos del drama y lejos del peligro; investigando sin que nadie le prohibiera nada ni le molestara...
—¡Kisuke! —corrección: casi nadie.
—Buenos días. Pasa, pasa, no te quedes en la puerta. ¿Un té? ¿Un café? —El recién llegado no entendió la ironía, o más bien la ignoró.
—¿Quién es el gato de Chesir?
—¿El quién? —Hirako le seguía sorprendiendo. Le sorprendía ya en la Academia de Shinigami, cuando le veía juguetear con la paciencia de Aizen. Le sorprendió cuando fue nombrado capitán de la décimo segunda división, y le dijo aquello de que "un superior no debe, bajo ningún concepto, dejarse condicionar por los sentimientos de sus subordinados o intentar complacerles en todo. Haz lo que a ti te parezca bien. Y si ves que nadie te sigue, significa que no vales para el puesto. Además, sospecho que tú nunca has sido bueno interpretando a los demás". Aquello se le había clavado. Quizá porque no esperaba que se pusiese serio tan pronto, o igual porque no creía posible que Hirako le hubiese comprendido de aquella manera, acostumbrado como estaba a que fuese su superior en la escuela de shinigami y en el Gotei 13. Le sorprendía ahora, plantado en medio de su tienda; metido en su gigai como si fuese la cosa más cómoda del mundo. Esto último era curioso: la mayoría de los shinigami de la zona pasaban por allí para averiguar si había forma de hacerlo más soportable, aunque a Hirako, igual que a él mismo, después de tantos años, más le valía haberse acostumbrado.
—El gato de Chesair. O de Chesir. Como se diga. Qué es. —En lo que hablaba, Hirako cogió uno de los botes de píldoras modificadas, lo miró sin ninguna clase de curiosidad y lo devolvió a la estantería.
—Has venido hasta la tierra solamente para preguntarme por un personaje de cuento. ¿Sabes lo que es el internet? —Shinji se encogió de hombros. Él tampoco lo tenía muy claro: una vez, cuando vivían en la tierra, Rose le había dicho que pensaba demasiado en Aizen. En aquel momento había un motivo: Hirako quería venganza. ¿Ahora? Ahora era absurdo pensar en él, y sin embargo ahí estaba, recordando cosas que habían pasado hacía siglos.
—Anda, dímelo. Tengo cosas que hacer.Y la cobertura en la Sociedad de las Almas es más floja que la paciencia de Hiyori. —Otra cosa sorprendente de Hirako: seguía hablando de Hiyori como si estuviese viva.
—Es un personaje del cuento de Alicia en el País de las Maravillas. Un relato interesante.
—¿Me has hablado de él antes?
—Puede ser. Hablamos demasiado últimamente. ¿Quieres una copia o algo?
—Sí. Y también lo que te pedí la otra vez.
La sonrisa de Urahara, ya de por sí amplia, se acentuó. Se acercó al mostrador y sacó una bolsa de plástico de debajo.
—Aquí está.
Hirako miró dentro. Había dos discos: Skrillex y MUSE.
—Eres más raro que un perro verde —comentó Kisuke.
—¿Qué?
—Algo que se dice por aquí. Si me esperas, subo a por el cuento.
Cuando Hirako salió de la tienda, buscó una cafetería, pidió un capuchino (¿por qué no hacían ese tipo de cosas en la Sociedad de las Almas?) y empezó a leer Alicia en el País de las Maravillas. Cuando lo terminó, se leyó Alicia a través del espejo. Después cerró el libro, lo metió en la bolsa y salió de la cafetería pensando en que tenía que comprar una cafetera para el cuartel de la Quinta y una estantería.
SORA DESU!
Como habréis comprobado, comienzan los spoilers. Así como curiosidad, yo había escrito la mitad de este capítulo ya con Hiyori en él cuando me di cuenta de que había muerto y tuve que empezar otra vez. Por favor, decidme cómo va la cosa y si os ha gustado o si no.
