Héroe del hierro forjado, aquel era el nombre que le otorgaron con el tiempo, no se lo gano, tampoco era algo que le gustaba, el no era la justicia o un héroe, tampoco era alguien que se le denominaría justo, el era un asesino, alguien que por el bien de todos mataría lo que fuese.
El fin justifica los medios, aprendió aquello de la manera más directa posible.
¿Qué obtuvo?
Manos tan manchadas que nunca sujetaran nada, nadie lo recordaría como alguien que hizo el bien, solo a una persona la cual mato a tantos que nunca podría ir a otra lugar que no sea el infierno.
¿Cuánto tiempo paso ya siendo el guardián de la humanidad?
El abismo que lo tragaba le indicaba que dentro de poco terminaría en otro tiempo, en otra era, en otro plano, con el único objetivo de siempre.
Matar.
Si sintiera su cuerpo le gustaría reírse en voz alta, más no era algo posible, estaba en camino a ser convocado, como siempre, a luchar, a matar.
Al menos una sola vez, aunque sea solo una, le gustaría…
Vivir una vez más nuevamente.
— ¿Entonces? —la voz de uno de los soldados sonó mientras que tenia a la mujer en el suelo, lo único que parecía indicar que su vida seguía en el mundo, eran los pequeños gemidos, y sus dedos rozando aquella carta.
Una carta negra como el carbón, o al menos parecía una carta.
Medea lo veía, el filo muerto de aquella espada, el cómo no brillaba en nada, el cómo se mantenía en la nada, el oxido con el acero.
El mundo perdió color mientras que observaba aquella espada oxidada, la hoja roída y sin filo en lo que quedaba, la empuñadura rota y carcomida, no era nada más que una espada desgatada de mandoble y doble filo tan vieja que parecía que a cualquier movimiento se rompería.
Pero, a pesar de esa apariencia, lo sentía, él como si jugaba con aquella arma, podría terminar partiéndose a la mitad.
—Ar… —un susurro salió de la mujer mientras que intentaba hablar, los hombre encima suyo la observaron con interés, más el único que estaba a la espera de cualquier cosa era el hombre con la espada en la pantorrilla de la mujer.
La única razón por la cual no la habían matado era el hecho de que les ordenaron entregarla viva y en un estado decente.
— Archer…—aquel susurro fue lo único que necesito el hombre para sentir como miles de cuchillas le cortaron por todos lados. Observo por todos lados hasta sentir de donde venia aquel sentimiento.
El soldado saco su espada de la mujer arrancando un grito de la mujer mientras que observaba la carta levitar, algo iba mal con todo aquello.
Se mordió el labio bajo su casco mientras que sus hombres aun estaban en shock por la sensación.
Una espada marchita salió de la carta en el mientras que descendía al suelo extendiéndose, no le gustaba nada de aquello; cuando estaba por lanzarse contra la mujer lo vio.
Una figura roja emerger tomando la espada oxidada en el suelo, poco después de aquello, aquella espada se movió.
Archer lo vio, si bien siempre se encontraba con ella en todas las líneas, era la primera vez que era invocado por ella.
Medea, o al menos en la mente de Archer en apariencia era idéntica a la bruja de la traición.
Estaba en el suelo tirada con una herida sangrante en su pie y una flecha en su hombro, no solo eso, sus rasgos hundidos, el aspecto demacrado y la capa negra que siempre parecía llevar de manera orgullosa estaba reducida a una tela negra que apenas y era posible llamar ropa, frente a eso, allí estaban hombre en armadura y espadas, una en particular con sangre.
—Archer…—una vez más, el espíritu bajo la mirada y vio el rostro de la mujer en confusión completa no solo eso sino que mostraba aquellos ojos.
Los ojos que ella tenía casi a sus fines de la quinta guerra cuando salto para evitar que mataran a su maestro, la mirada de traición por todos pero con la mínima señal de luz en sus ojos. Aquella mirada, no era algo que sus ideales pudieran ignorar, por más torcidos que sean, por todas las circunstancias no podía, además.
Archer lo sabía además, que ella era el foco del ataque y no al revés, aquella aura de peligro o malicia no venía de la mujer, debía moverse.
Fue allí cuando entro en razón de algo, su cuerpo, se sentía demasiado ligero, como si la clase no hubiera sido programada, como si estuviera listo para ir por cualquier cosa, como si estuviera vivo.
Una sonrisa feroz lleno su rostro mientras que miraba a la mujer, era obvio, Medea, Caster en su momento la convoco eso fue todo, lo sentía, no necesitaba la dependencia del mana de la mujer, no aquello no era necesario. No había actualización de parte del grial.
Estaba presente bajo su propia fuerza y no parecía que se fuera a agotar con el tiempo.
— ¿Quién eres? —el soldado lo sabía, era un pregunta estúpida, el vio como aquella figura roja fue convocada por la mujer, era obvio en su mente que solo podía significar algo.
La mujer invoco un demonio para su ayuda.
— ¿Ustedes hicieron esto? —el tono del hombre alto, de pelo blanco y piel en exceso bronceada hablo, era demasiado tranquilo y calmado, despegando la mirada de la mujer en el suelo.
El hombre de la armadura quiso responder, pero antes de poder hacerlo vio como todo daba una vuelta a la derecha, se sintió raro aquello ¿Qué era aquella sangre que salía volando?
Con ese último pensamiento la cabeza del hombre toco el suelo, al igual que la de los otros.
Fue instantáneo, las espadas casadas en manos en sus manos, Emiya sonrió ante aquello, la sensación de limitación no existía, como si la fuerza que siempre estuvo presente para reprimir su fuerza hubiera desaparecido. El estaba en su mejor momento y más.
Observo lo que hizo, la sangre por todos lados manchando la nieve, derritiendo esta brevemente debido a la temperatura, solo para ceder como todo, quedándose por la nieve.
Archer dio un suspiro, bueno aquella ya no era su problema, vio a Medea y se acerco, era mejor prevenir que curar si ella muriese aun no estaba seguro de lo que pasaría, era la primera vez que la invocación había sido de lo más extraña.
Viéndola de cerca, pudo ver las heridas, la flecha no llego tan profundo como parecía y la herida en la pierna no corto nada importante, la suerte le sonrió a la mujer, después de que Emiya la observase unos momentos y entendió, la mujer no se había desmayado por pérdida de sangre, más bien por dolor.
Rasgo algunas partes del vestido de la mujer y las uso como torniquetes y vendas en las áreas afectadas, poco después se dio la vuelta y busco el dinero que portaban aquellas personas que estaban ahora esparcidas en el suelo. Rápidamente después de aquello levanto a la mujer en brazos y salieran del lugar.
El idioma para su fortuna era comprensible, a pesar de nunca haberlo visto, podía entenderlo ¿Algo que ver con el sistema?
Sacudió esas ideas, ahora lo primero era asegurar la seguridad de la mujer, una posada y un tratamiento decente sería suficiente.
Era cálido, más de lo que había sentido en demasiado tiempo, su cuerpo le dolía por todos lados, pero a pesar de aquello, estaba cómoda, como desde hacia tiempo no podía, era relajante.
― ¿Ya despertaste? ―al instante el sueño fue reemplazado por las memorias de que paso, Medea se sentó de golpe en la cama, al instante se llevo una mano en su cabeza mientras que el dolor vino de golpe.
Miro sus manos, estaban con vendas limpias, sus ropas, ahora llevaba un vestido largo blanco del cual dejaba al aire los hombros, pudo verlo bajando un poco la mirada, las vendas que recorrían por su hombro y cuello, llevo una mano a su frente y lo sintió, una venda allí otra vez, no solo aquello, sino cuando roso su cabello también pudo sentirlo era demasiado suave y sedoso.
El olor molesto tampoco estaba.
― ¿El gato te comió la lengua? ―un voz que parecía divertida sonó de fondo mientras que se volteaba, allí fue donde lo vio, un hombre sentado con tranquilidad en la esquina contraria de la habitación, ropa ajustada negra, botas pesadas, y un ¿Abrigo? Medea no supo como tomar aquella prenda roja que colgaba en el hombre.
Emiya estaba tranquilo, dejando su posición tranquila se acerco a donde estaba la mujer y se puso frente a ella, pudo sentirlo, el miedo que se formo en al momento de que se acerco.
Trayendo una de las sillas la puso al lado de la cama de la mujer mientras que bajaba el libro que tenía en su mano en la mesita al lado de la cama.
― No busco lastimarte, por algo te salve y te cure― Medea le costaba creer aquellas palabras, no existía el desinterés para ella, siempre había alguien que buscaba la manera sacar algo de parte de gente que estaba en su situación.
― ¿Quién eres? ―la pregunta fue apenas un susurro, Medea miro directamente al hombre, apretó las sabanas que estaban cubriendo la parte inferior de su cuerpo mientras que esperaba la respuesta del hombre.
― No comprendo nada actualmente, por lo cual puedes llamarme Archer hasta que las cosas sean claras―no era como si el hombre tuviera especial afecto hacia su nombre de igual manera, podría aceptar que le llamasen Emiya, pero Shirou para él estaba fuera de cuestión, al menos de momento.
Ante la mención de aquel nombre los ojos de Medea se abrieron, era aquel nombre que ella clamo antes de perder la consciencia, trago en seco mientras que sacaba la sabana debajo suyo al volver a recordar con más claridad las cosas, dio un suspiro de alivio mientras que solo vio su pierna envuelta en vendas, no sentía un dolor en especial de parte de aquella herida, no sabía si era bueno o malo.
― ¿Dónde estamos? ― Esta vez el tono de la mujer fue un poco más tranquilo.
― En una posada, no sabía dónde residías para volver, por lo cual fue la única opción que se me vino a la mente―Archer respondió con tranquilidad y de manera de demasiado sumisa, al menos eso era lo que tenía en mente Medea.
― Soy Medea de Colchis―menciono viendo los ojos del hombre, mostro solo por unos segundos sorpresa para que una risa amargue saliera de su boca.
―entonces no soy el único que reencarna sin terminar por lo visto…―fue un susurro que Emiya se dio a sí mismo, el rostro de confusión de parte de la mujer solo le dio un poco de gracia disminuyendo la tensión que ahora era vivida por el hombre.
Dando un suspiro se levanto y fue directo a una pequeña mesa en el centro de la habitación, Medea lo siguió con la mirada, fue cuando vio directo lo que tenía en frente, era un plato con manzanas.
Cuando Emiya volvió donde se encontraba Medea ella no aparto la mirada de él, el porqué no lo entendió, con un cuchillo que se encontraba en el plato agarro y cuidadosamente, y con toda la tranquilidad, empezó a pelar la manzana, fue continuo, para Medea aquello pareció una eternidad.
Cuando la manzana perfectamente pelada estuvo frente suyo ella vio como el hombre de pelo blanco corto un pedazo y se lo tendió frente a ella, quizá no le hubiera gustado la idea de ser alimentada, pero con el hambre y no haber comido algo decente en tanto tiempo, desecho los pensamientos y acerco su boca y comió aquel pedazo de manzana.
Casi daba para llorar la sensación de la comida dulce, era la primera vez en mucho tiempo que pudo conseguir algo de fruta fresca y mucho más siendo algo como una manzana.
Fue entonces que poco después vio el siguiente pedazo en su frente, otro mordisco, una pequeña risa de parte del hombre le dio a entender que estaba siendo demasiado expresiva en cuanto a la hora de ir por el bocado.
Emiya nunca pensó en ver algo como esto, hablar y alimentar de su propia mano a la mujer que era el símbolo de todo lo malo para muchos, el ver sus expresiones le tranquilizo, era como en aquel mundo donde todo cualquier cosa era por no decir un chiste, y siendo Medea algo como el pináculo de la exageración, fue una pena que todo aquello termino hacia demasiado tiempo o al menos eso era lo que recordaba.
El silencio lleno después de aquello de manera repentina, Medea se abrazo a sí misma, ella conocía lo injusto del mundo en el cual vivía, más ella nunca quiso hacer algo como el asesinato, lo recordó, la manera en la cual los cuerpos literalmente explotaron gracias a aquello que no era conocido por ella, ese sentimiento de algo primitivo saliendo de su ser encargándose de lo que la afectara.
Llevo una mano a su boca de la nada haciendo que el nombrado Archer, levantara una ceja en confusión mientras que vio el rostro de la mujer, la desesperación y el asco, bajando el plato que tenía en mano, Emiya llevo una a la de la mujer y la otra a su cabeza y empezó a acariciarla para poder tranquilizarla.
No era algo que tuviera en mente que llegaría a hacer, pero de igual manera concia esa mirada, la mirada de alguien que rompió uno de sus ideales, Emiya no sabía el desencadenante de aquello, tampoco pregunto solo se quedo allí cuidándola hasta que unas lagrimas salieron de los ojos de la mujer, negó con la cabeza y Medea se recostó en el hombro de Emiya.
Emiya abrió los ojos con sorpresa por la acción, Medea no quería estar al punto en el cual debía recurrir a alguien que ni conocía, que quizá solo le estaba mostrando compasión para poder aprovecharse después, pero allí estaba, rendida, al menos de momento no quería saber sobre si el hombre era una amenaza o no, después de todo, el que le ayuden y consuelen era un lujo que no creyó volver a tener.
— ¿Cuánto tiempo estuve fuera? — después de varios minutos Medea hablo mientras que se acomodaba en el hombro de Archer, ella pudo sentir como se estremeció su cuerpo ante aquella acción, no supo del porque pero tampoco le importaba.
— dos días— fue una simple respuesta de parte de Emiya, le sorprendió el tiempo que tardo la mujer en despertarse, quizá fuera por el cansancio acumulado o algo más, no sabría decirlo.
— ¿Llevas cuidándome desde que viniste? — los engranajes de la mente de Medea giraron recordando él como el hombre a su lado llego donde estaba, la carta fue el catalizador de aquello, la herencia que su padre le entrego y de la cual nunca se pudo deshacer. En teoría aquella carta era tan vieja como el imperio mismo, a lo cual, no sabía que opinar.
— No era algo que pudiera dejar así como así—Medea sintió un poco de tranquilidad por las palabras, no confiaba en ellas, no después de todo lo que paso, pero de igual manera, no pudo evitar dejarse ser un poco crédula de momento, al menos hasta que se recupere no había nada de lo cual debía preocuparse al parecer, después de todo, el hombre no abuso ella mientras estaba inconsciente.
— Me alegro oírlo—la respuesta de Medea hizo que una pequeña sonrisa se formara en el rostro del hombre, fue entonces que recordó algo, ahora viendo el cabello de la mujer y siendo que ahora estaba limpio no pudo evitar separarla un poco.
Más que una buena acción, era un capricho que surgió en la mente de Emiya, la mirada confundida de la mujer solo hizo que la pequeña sonrisa que tenia se agrande, ella no dijo nada mientras que Emiya estiro ambas manos hacia el cabello de la mujer, fue entonces que empezó a hacerlo, las trenzas que recordaba, las había visto tantas veces en tantos mundos, que le era imposible no recordar cómo eran.
Medea no sabía que pensar cuando el hombre, empezó a lo que para su parecer era jugar con su cabello, pero después de unos segundos entendió el ritmo de movimiento de las manos del hombre, trenzas detrás de su oreja.
Había olvidado aquello, siempre las usaba, a pesar de todo, siempre le gusto y el cómo veían, le recordaba los tiempos cuando vivía con su familia, cuando su madre le trenzaba el cabello, cuando todo era feliz en un sentido de la palabra.
Al cabo de unos minutos Emiya agarro el rostro de Medea mientras que tomaba la barbilla de esta para darle la vuelta, Medea desvío la mirada hacia abajo, una risa salió del hombre mientras que llevaba su manos al otro lado de la cabeza mientras que arreglaba el cabello esparcido dejando que caiga de manera uniforme.
Y allí estaba, la Medea como conocía, quitando las vendas y la mirada casi inocente, entonces allí estaba, el destino era una perra para las reencarnaciones o lo que sea que fuera.
— Gracias…—fue casi un murmullo que apenas seria audible, pero Emiya lo escucho correctamente, la mujer tenía la cabeza gacha mientras que no lo miro, el hombre sonrió, realmente podía acostumbrarse a esa actitud tímida de parte de la mujer.
— La posada ¿Es la que está cerca de la plaza? — después de unos segundos viendo la habitación Medea recordó aquella habitación, era demasiado lujosa como para que fuera de otro lugar en la zona donde se encontraba en el barrio rojo.
— De hecho lo es—la confirmación del hombre hizo que sus ojos se iluminaran con interés por el hecho de que el hombre contara con el dinero, lo máximo que pudo robar en su mejor momento fue como para alquilar una habitación por dos horas, y siendo que el hombre dijo que llevaba aquí alrededor de dos días, entonces estaba al menos de momento asegurada su situación.
La puerta de la habitación se abrió mientras que una mujer ingresaba, llevaba un uniforme de empleada estándar, con el vestido negro, delantal y arco en la cabeza, empujaba un carrito con comida mientras que llegaba a donde estaba la mesa de la habitación y bajaba las bandejas tapadas.
La mujer de media edad, le dio una mirada rápida a Medea, le guiño el ojo mientras que sonreía, tan rápido como llego abandono la habitación, aquello verdaderamente fue raro para la de peli lavanda.
— ¿Comes? No creo que unos cuantos trozos de manzana pudieran ayudar a calmar lo poco que pude alimentarte mientras que estabas inconsciente—
Efectivamente, Medea no lo dijo, pero el hambre volvió hace poco, después de haber superado el asco, aun estaba allí ese sentimiento de que no podía remediarse, pero de igual manera no era momento de pensar en eso.
Apartando en su totalidad las sabanas, Medea se sentó en la cama mientras que pisaba con un pie, bien, con el siguiente, el dolor volvió mientras que no lo movió.
— ¿Te llevo hasta allí? La herida quizá no fue algo permanente pero me gustaría que no se abriera, se curara en unas semanas— Emiya menciono viendo las vendas en la pierna de la mujer.
Medea frunció el seño mientras que reconocía aquellas palabras.
— Bueno—fue la respuesta, se acomodo el vestido blanco que tenia ahora mientras que sentía como un brazo pasaba por su espalda y debajo de sus rodillas, era demasiado vergonzoso aquello como para ver directamente al hombre.
Emiya simplemente se rio, no espero aquello, verdaderamente no lo espero, el sonrojo leve en las mejillas de la mujer por la vergüenza no era algo que hubiera esperado ver, le causo gracia la situación, era verdaderamente contradictoria a todo lo que el recordaba en las líneas vividas, no podía hacer nada más que negar con la cabeza mientras que sintió unos cuantos golpes suaves en su pecho, aquello de parte de la mujer que hacia un puchero, sacando más risa de parte de Emiya.
No es que la razón principal fueran las expresiones de Medea lo que le causaban risa, no sino lo estúpido que era lo que estaba viviendo, jamás espero ver a la mujer que literalmente era alguien que debía odiarlo en esta situación.
— ya, ya— negó con la cabeza mientras que caminaba hacia la mesa.
La puerta se abrió nuevamente mientras que entraba la misma mujer con una botella de vino en mano, vio la escena, el hombre estaba cargando a la mujer, Medea se giro aun siendo cargada mientras que veía a la mujer dándole el mismo gesto que la ultima vez, solo dejo la botella y salió, para ser considerada la mejor posada en la zona verdaderamente tenia personal raro.
Sintió como sus pies tocaron el suelo y el hombre la sentó cuidadosamente en la silla, ella no le importo el sonido de la puerta junto con una risa breve pero divertida que seguro era de parte de la mujer, no aquello no le importo, el olor de la comida la lleno, era algo que no había tenido lujo desde hacía demasiado tiempo. Trago la saliva que se formo en su boca mientras que miraba las bandejas que tenía en frente.
Emiya sonrió mientras que recogía un plato y lo ponía enfrente de la mujer, sirviendo con cuidado la comida que estaba en la bandeja, quiso reírse de las expresiones de la mujer, pero no era algo que le gustaría hacer, su mente le decía que a pesar de las expresiones raras y casi cómicas de la mujer, no podía reírse, no cuando entendía que la razón de aquello era por la falta de no haber tenido una comida verdadera en mucho tiempo.
Al instante en que la mujer vio como le servían en su totalidad, llevo su mano hacia un tenedor que estaba al lado de la bandeja, no escatimo tiempo y dio un primer bocado, el sabor, las sensaciones que le transmitían, realmente era algo que no podía ser descripto.
Medea estaría dispuesta a llorar por el sentimiento, pero quizá en otro momento, no le importo solo siguió comiendo, ocasionalmente viendo a Archer que comía con tranquilidad y paciencia.
Emiya sonrió, él había sentido hambre una necesidad de cuando uno estaba vivo, algo que como sirviente no sintió, era realmente desconcertantemente agradable el sentimiento, aquello le indicaba que estaba vivo, siendo un sirviente quizá pudiera comer y demás pero solo por placer, pero ahora, después de los días experimentando termino entendiendo.
Revivió en su totalidad.
Levanto la vista y vio una vez más a Medea, dudaba si llamarla así, pero según ella era su nombre, quizá en nombre y apariencia fueran la misma, pero no tenia los recuerdos de la Caster que conoció, no sabía que opinar sobre aquello, después de todo, no era algo que hubiera pasado antes.
¿Era esta una misión a largo plazo?
El sonido de un tenedor cayendo en el plato lo saco de su pensamiento, fue allí cuando lo vio la mujer de cabello lavanda sonriendo con satisfacción mientras que lo miraba.
— Verdaderamente centrada ¿He? —ante aquel comentario de Emiya, Medea no comprendió, fue entonces cuando el hombre se levanto con una servilleta en la mano, camino hasta su lado para agarrarle su rostro una vez más por el mentón y mirarla, limpiando el rostro de la mujer.
Medea quería protestar, aquello era algo que solo se le llego a hacer cuando era una niña, claro que no estaba mal el gesto, pero internamente, se dio una reprimenda, había perdido el control en su totalidad y ni siquiera sabía que había ensuciado su propio rostro ¿Qué clase de adulta era?
Cuando el hombre termino agarro dos copas, una la puso frente a Medea y la otra frente a ella, vertiendo el vino en ambas copas y volviendo a sentarse en frente de la mujer mientras que tomaba con tranquilidad aquella bebida.
Medea vio como Archer sonrió cuando vio su vacilación ante tomar la copa, no sabía porque dudar, pero no podía hacer nada más, tomando la copa dio unos sorbos solo para que después de bajar la copa una vez más diera un suspiro de alivio y tranquilidad.
Una sonrisa lleno su rostro.
Viendo la comida estilo bufet y el vino, una cama en la cual dormir y estar caliente, además el hecho de que el hombre parecía ayudarla incondicionalmente.
Levanto la copa a la altura de su rostro mientras que sonrió, revolvió un poco el líquido carmesí con tranquilidad.
Ella podría acostumbrarse a esto.
Mis más sinceras disculpas, se que el capitulo decía para el 27 y siendo que hoy es el 30, me siendo mal por no haber cumplido mi tiempo. No se volver a repetir.
También perdón por cualquier palabra salida de lugar, faltas ortográficas y gramaticales.
Este será el típico proyecto que solo es para saciar mi necesidad de leer una historia entre ellos, así que habrá muchos momentos romance y esas cosas, claro entrando a la historia principal a partir del siguiente capítulo.
Comentarios:
Genjuki: gracias, pensar que también estarías viendo esta historia me alegro.
Alexkellar: es lo que intente recrear en su momento, el cómo era la vida en ese momento aquello es lo que intente ver y recrear, termine el capitulo allí para dar al siguiente con lo que no se dio, no me juzgues ¿Ahora termine correctamente? Espero que cumpla con tus expectativas la historia.
Sin más gracias por el apoyo y a los que le dieron seguir y favorito.
Próximo capitulo 15 de enero.
Rey de picas fuera.
