—Jazmín Rojo Bajo Lluvia De Sangre—
Por Zury Himura
Correcciones :Claudia Gazziero
Disclaimer: La historia no me pertenece, este fanfic es escrito sin fines de lucro. 2. Cualquier parecido con algún fic, novela o película anterior es meramente coincidencia y se prefiere no profundizar en eso.
3. Se aceptan gustosamente solo reviews positivos. Favor abstenerse de críticas destructivas y comentarios grotescos. 4. Zury Himura se reserva el derecho de admisión de reviews mala onda. 5. Zury Himura ama todos por igual, muchas gracias por sus comentarios anteriores.
Capitulo2: Otro camino… pero pedregoso…
"Si pudiera retenerte a mi lado ignorando la existencia de los demás,
Si tocaras mi alma y me dijeras que a mi te entregaras,
Lucharía contra mí
Pues mi corazón ha decidido despertar" R.H
─Buenas noches señora Tani─ saludó atentamente el pelirrojo al entrar a la posada ─Esta joven desea poder pasar esta noche en su posada─ explicó empujando a la chica hacia al frente.
La joven miró enfadada al chico por el empujón. Después dirigiéndose a la dueña del edificio hizo una reverencia.
─Buenas noches señora Tani, es un verdadero placer en conocerle. Mi nombre es Kaoru… Kaoru Kamiya─ terminó presentándose con una dulce sonrisa.
— ¡Por dios hija! mira como vienes ¿qué te ha pasado?—Miró a Kenshin con una mirada implacable.
—Ni me vea yo no le hice nada— levantó las manos en signo de rendición y se alejó unos pasos
—Traeré algo para que te cubras y algo de cenar.— Kaoru asintió agradecida mientras la anciana se adentraba hacia la cocina dejando a Kaoru y al pelirrojo a solas.
— ¿Me dirás que fue lo que paso mocosa?— Le preguntó dirigiéndose al comedor.
Kaoru paso saliva al verse cuestionada, su relato era triste pero no tenía nada de que arrepentirse.
—Veras… es algo difícil— señalo la joven sentándose a lado de Kenshin— Pero te lo diré ya que me has salvado la vida. Mi padre murió hace una semana y media. Regresó a casa herido de gravedad sólo para despedirse de mi…— Dijo con voz entre cortada. Lagrimas recorrieron sus mejillas exponiendo sus penas ante el hombre— Pero días antes morir; presintiendo que algo pasaría, él me dijo que buscara a sus conocidos en esta ciudad; ellos me ayudarían y me protegerían. También por lo que sé ellos tienen el testamento y la última voluntad que mi padre les confió por si algo le pasaba. Ellos eran su única familia así que tenía que venir. Yo no tenía para comprar el pasaje así que se me ocurrió la "brillante" idea de recurrir a donde los negocios ilícitos. Ahí pude saber sobre un hombre que transportaba a personas como esclavos, así que voluntariamente me entregué. —Kenshin asombrado la miró, pues había arriesgado su vida sólo por la voluntad de su padre aun así se inmutó dejándola seguir con su historia— Mi sorpresa fue que desde el primer día que llegué los hombres del lugar no dejaron de molestarme, encontraban cualquier pretexto para quedarse a solas conmigo. Pero… Con lo que ellos no contaron era que se toparían con pared, pues en ese momento yo estaba vulnerable con la muerte de mi padre pero no era tonta ni mucho menos estúpida. Tomé escobas, palos, incluso les arrojaba platos, lancé puños y patadas pero nada funcionó pues ya tenía días sin comer y las fuerzas se me habían ido. Los dientes me sirvieron como arma así que decidieron drogarme para que yo no pudiera hacerles más daño. Aquella noche fue cuando llegamos a la ciudad estaba cerca del punto de encuentro entre mis conocidos y yo pero ocurrió lo que tú… lo que tú ya sabes…—Kenshin sintió un nudo en la garganta, a esta chica le había llovido sobre mojado y aun así la había visto sonreír esa noche. Se hacia la fuerte, era fuerte o quería serlo… no lo sabía, pero la admiraba por su determinación.
Tani quien había oído la historia de la pobre chica decidió entrar al comedor haciéndose la desentendida.
─Aquí tienes hija ─ Le extendió una charola que contenía: sopa de miso con algunos panecillos. La anciana la miró con tal asombro─ En realidad eres muy hermosa, no pensé ver unos ojos tan inocentes como los tuyos en una época como esta─ dijo la anciana dirigiéndole una mirada de advertencia al joven pelirrojo, quien se hizo el desentendido cruzando los brazos y haciendo una mueca de indiferencia─ ¡Kenshin! no sé si a tu mujer le vaya a parecer buena idea que traigas mujeres a la posada y menos semidesnudas─ articuló la anciana tratando de animar aquella atmósfera.
—Bueno, no tiene porqué… Si usted no le dice claro… — Kenshin la miró queriendo comprar a la anciana con una sonrisa— Esta chiquilla no significa nada para mí, sólo la encontré afuera (¡si claro!... con la ropa desgarrada, seguro) ─ Añadió al ver su plan de compra fracasado .Colocó las manos detrás de la nuca en forma despreocupada y más seria. La anciana lo miró un poco desconcertada.
─ Soy Kaoru Kamiya hija de un samurái, y proveniente de Tokyo. Y por nada del mundo tendría algo que ver con un joven tan grosero y prepotente como él─ musitó dándole la espalda por completo a su acompañante ─ Este joven sólo me sirvió para encontrar donde dormir como él mismo lo ha dicho.
Kenshin por su parte perdiendo su autocontrol cerró los puños e hizo muecas de evidente molestia. No podía creer la actitud que la chiquilla estaba adquiriendo. Si, estaban actuando para que la anciana no sospechara de su tristeza y disimular la forma en que se conocieron pero… ¡a que bien actuaba la mocosa!
— ¡Tú eres la que quisieras tener algo que ver conmigo!... si vieras la cantidad de mujeres que me piden que las acompañe a comprar el pan…—Él joven se vio interrumpido por la anciana quien se acercaba a Kaoru.
─ ¡Qué bueno oír eso jovencita!... ya decía yo que te veías demasiado inocente y bonita para este cabezota dura.─ abrazó a Kaoru ─ Creo que es él el que quisiera algo con una hermosura como tú─ sonrió la anciana en forma de desquite contra el pelirrojo—…Pero le pegan, entonces por eso no puede—terminó riéndose.
─ ¡¿Qué?!─ gritó Kenshin molesto─ si yo quisiera tendría a esa maldita mocosa rendida a mis pies… claro, si yo quisiera─ Se cruzó de brazos con una sonrisa triunfadora (al menos eso pensó).
La anciana se sorprendió al oír a su inquilino expresándose de esa forma y con tanta molestia. Los últimos cuatro años de su estancia en la posada ella nunca lo había visto perder los estribos de esa forma ni siquiera con las pesadas bromas de sus compañeros de trabajo. Si, era un poco altanero y arrogante pero sólo en cuanto al trabajo respectaba. Normalmente él era un chico muy amable y respetuoso con ella. Y hasta se llevaban bien. Él y su mujer nuca hablaban, eran muy callados, serios y distantes; incluso cualquiera podría decir que la pareja se comunicaba sólo con miradas. Definitivamente este chico andaba un poco alborotado esa noche, abriendo la boca de más. Tani nunca pudo hacer amistad con Tomoe porque la misma era un poco altanera y de cierta forma la miraba con inferioridad. Aunque, no podía negar que Tomoe se portaba diferente con Kenshin, pues se veía que muy en el fondo lo estimaba y este a ella (al menos eso era lo que la anciana esperaba). Pero esa noche no pudo negarse pensar que: esta chica dulce despertaba emociones en aquel chico incluso todo era inconscientemente. Ella algún día pensó que este era más duro que una piedra y que jamás viviría para ver lo que ahora estaba viendo.
La anciana salió de sus tan confusos pensamientos y miró a Kenshin con reprobación, pues, a pesar de tenerle mucha estima no aguantaba las ganas de abofetearlo por su mal comportamiento con esa jovencita.
─No se preocupe señora Tani… ─ La joven tomó la mano de la anciana al verla en movimiento hacia la cara del joven─ Yo sé defenderme sola─ Le dirigió una mirada retadora a Kenshin que muy sínico se reía de una manera burlona.
Kaoru se acercó hacia Kenshin (él por lo menos se esperaba un golpe o una patada voladora). Le acarició una mejilla siendo cuidadosa con el tacto de sus dedos; caminó alrededor de él compartiendo su caricia con la alta coleta pelirroja. Se detuvo detrás de él y la joven pasó una mano por en frente del asesino, arañando sutilmente la parte descubierta de su pecho; se pegó un poco más al cuello del chico simulando una respiración descontrolada para que él la pudiera notar. Siguió caminando hasta llegar frente a él. Kaoru percató que la respiración de Kenshin era agitada y que incluso la veía de diferente manera. Se acercó lentamente hacia el rostro del joven quedando a escasos centímetros de distancia. Ella le acarició el pecho y se dirigió hacia el cinturón (primero pensó: agarro la katana y le rompo la cabezota, pero después se arrepintió). Kaoru acercó tanto su rostro al de él que sus respiraciones chocaron. Kenshin vuelto un loco trató de buscar los labios de esa chiquilla atrevida.
La anciana los miraba "horrorizada" (aja), pero aun así cuidaba las escaleras que daban al pequeño recinto del matrimonio Himura para que no fueran sorprendidos. Sí, la joven estaba siendo muy atrevida y muy impulsiva pero Tani por ser mujer comprendió a donde Kaoru quería llegar.
─El hecho de que usted quiera o no tenerme a sus pies señor samurái…─ le susurró muy cerca de su oído─ no cambia el hecho de que ¡yo no quiera!─ Terminó dándole un pequeño golpe en la mejilla del pelirrojo. Dio la vuela y volvió donde la anciana; Tani la recibió en sus brazos y comenzaron a reírse. En realidad lo que quería era agarrarlo y estamparlo contra la pared pero… él la había salvado y de cierta forma debía de portarse bien (su versión de portarse bien).
─ ¡Bien merecido lo tienes Kenshin Himura por ser tan grosero!─ formuló la dueña de la posada mientras se alejaba con Kaoru para presentarle su cuarto.
Kenshin se había quedado congelado por varias razones: nunca le habían golpeado, mucho menos una mujer, la hubiera matado, no lo hizo, se dejó envolver siendo que era un hombre casado, no se podía mover y no sabía porque, pero sobre todo el hecho de que él la quiso besar lo dejo en shock. Que diaria su Tomoe al ver tal espectáculo.
El enojo regresaba hacia Kenshin…
─ ¡Kaoru!─ gritó sin importar quien se despertara (más bien ni se le ocurrió).
— ¡Oh, con que Kenshin Himura! Muy bien, lo tendré en cuenta… —La joven volteó y con una sonrisa tan sínica dirigió su mano hacia enfrente y le sopló un beso en el aire. El pelirrojo absorto y enfurecido por lo que veía sacó la katana y simuló un corte, como si cortara aquel beso en el aire. Ella sonrió y salió de la casa con la señora Tani. Este, solo ante tal humillación, corrió hasta subir las escaleras ocultando la cara de tomate y llena de cólera bajo su flequillo rojo.
El joven de cabellera de fuego (esta vez hablando "casi" literariamente por el humo que le salía de coraje) cerró la puerta de un solo golpe asustando así a Tomoe, quien, se encontraba escribiendo en su diario. El futon estaba ya tendido en el suelo y ella sólo estaba esperando a Kenshin para poder ir a dormir. Quería disculparse por la manera en la que se había comportado esa tarde. Lo apreciaba, pero a veces el alejamiento de su esposo la hacía pensar que de cierta forma ella perdía el control. Además, ella esperaba que todo fuera diferente. Que él la besara y que la amara, que la mirara, y que le regresara el "control" y seguridad de antes. No era que ella estaba sufriendo, pero, de cierta forma se sentía frustrada al saber que lo estaba perdiendo. Se sentía impotente por no entenderlo y por seguir en esas circunstancias. No podía hacer nada, no podía darle más. Pues no cambiaría su forma de ser y de pensar sólo por él. Tal vez decirle que lo amaba y que lo quería haría que el joven volviera a confiar en ella, pero esas palabras eran sagradas y en esta situación no eran certeras. Cuando hablaba con él siempre era con un sentimiento vacío, hasta sus amenazas un poco absurdas eran vacías. Tomoe nunca, en los tres años de vivir a su lado, había manifestado sentimiento alguno hasta esa tarde. Sin duda odiaba lo que estaba haciendo con aquel chico y de cierta forma se estaba dando cuenta. En fin, ella no pediría nunca perdón, sólo arreglaría la situación como siempre lo hacía.
─ ¡Tomoe!...─ Enojado él chico se acercó a su esposa─ Mírame y dime si tengo algo de gracia en la cara─ la mujer confundida ante la petición de su esposo se puso de pie y negó con la cabeza─ Es lo que pensé─ añadió recordando lo sucedido con la chiquilla. Después, se sentó cerca de una ventana que daba hacia la calle. "Su rinconcito".
─Si lo que estás diciendo es por lo de esta tarde olvidémoslo─ Musitó acercándose hacia donde su esposo se encontraba ─ No quiero tener esa clase de problemas nunca más contigo.
Kenshin la miró un poco decepcionado, pues muy en el fondo de su corazón esperó "una disculpa" o al menos que ella dijera lo que él quería escuchar desde que la conoció: Que lo amaba. Él sabía que era lo que le seguía después, siempre era lo mismo. No le molestaba estar con su esposa al contrario, le gustaba su cuerpo y la amaba. Pero, ella a pesar de su belleza era tan simple, tan fría, tan quieta, tan distante a la vez que a veces pensaba que él era el único que disfrutaba en aquellos encuentros íntimos. Esto le hacía sentirse un ser egoísta e indeseable. Por otra parte ya había agotado todos los modos de expresarle su amor y esta era la única forma de demostrarle que la seguía amando, además de protegerla.
Tomoe se hincó ante él y le acarició el flequillo que caía sobre su cara. Kenshin tomó su mano y la miró un poco indiferente. No se sentía de ánimos para Tomoe esa noche, se sentía cansado e indispuesto. Su esposa no se dio por vencida y con la otra mano libre abrió el gi de su esposo, esperando de esta forma una respuesta de parte de él. Kenshin sólo negaba con la cabeza, no quería rechazarla tampoco, pero era su esposa, una hermosa mujer mayor que se había fijado en un asesino como él y que se le ofrecía en ese momento sin reproche alguno. Además él sentía que todavía la amaba… ¿qué tan malo podía ser?... Así que obligó a su cuerpo a responder.
Sin dudarlo más él la besó, trató de ser apasionado con ella, repitiéndose una y otra vez que ella era la única mujer a la que quería besar, la que quería tocar y a la que quería amar. Tomoe sintió la presión de su esposo sobre sus labios, lo cual la desconcertó. Ellos siempre habían sido calmados y respetuosos. Sintió las manos de su esposo enloquecidas y que arrebatadamente se desasían de su ropa y la de ella. Trataba de sucumbir ante la excitación de su esposo, pero ella simplemente no podía de esa forma. Él pelirrojo la tomaba por la cintura desnuda, la besaba con tanta pasión que se perdía en la propia locura de tenerla. Bajó a su cuello y lo mordisqueó, lo besó con tal premura mientras su mano se deslizaba desde su rodilla hasta llegar a la parte trasera de ella. De pronto reparó como el cuerpo de esta se tensó y claramente sintió como las manos de ella se interponían entre ellos para separarlo un poco.
─ ¿Qué es lo que te pasa? Sabes que no me gusta de esta forma tan… tan… tan animal─ le dijo la mujer decepcionando a su amante.─ hagámoslo como siempre, sabes que no me gusta que me marques o que maltrates mi cuerpo (¿Disculpa?). Kenshin no tuvo de otra más que asentir y seguir con "su deseo".
Todo acabó tan rápido que no le quedó de otra más que acostarse totalmente desconcertado y sintiéndose vacío. Ella lo abrazaba por la cintura sin ninguna clase de expresión. Mirándolos desde un tercer punto de vista parecían un par de infelices que habían hecho el amor por obligación y compromiso (lastimosamente).
Kaoru acomodaba el futon para poder descansar al menos esa noche, ya mañana se las arreglaría para encontrar a las personas que estaba buscando. Ella tenía un deber que cumplir y sabía que había llegado a su destino. Los recuerdos de aquella noche, los asesinatos y el hombre que quiso propasarse con ella, sólo reafirmaban la meta de Kaoru: ¡tenía que ser más fuerte!─ "Yo no quería esta vida pero el destino me ha obligado y ahora solo tengo que ser fuerte"─ pensó.
Sintió como las lágrimas se desplazaban sobre sus mejillas. Recordó a su padre y los tantos momentos que habían compartido juntos, hasta el día de su muerte. Los días de tristeza que le siguieron después de este acontecimiento y la fuerza espiritual que forzosamente tuvo que adquirir para salvarse de aquellos malos hombres. Lo único que quería era la última voluntad de su padre y marcharse para poder cerrar sus heridas.
─Hija, te he traído esta agua recién sacada del pozo por si quieres limpiarte─ Le dijo Tani entrando en la habitación ─ espero que no te moleste mi atrevimiento, pero te he traído un kimono que alguna vez fue mío cuando tenía tu edad─ dijo la anciana extendiendo las prendas a la chica.
─Gracias señora Tani, nunca sabré como agradecerle todo lo que ha hecho por mí.─ la joven le agradeció sonriéndole.
─Sólo tengo que pedirte algo más antes de retirarme a descansar ─ añadió la anciana un poco preocupada─ Quisiera que tengas mucho cuidado con Kenshin, él es un hombre muy bueno, pero en realidad tú no sabes quién es él. Tú eres muy noble y no te mereces ninguna desilusión. Él es un hombre ocupado, y no quisiera que tuvieras alguna clase de problema con la mujer de Himura.
─Gracias señora Tani─ dijo la joven al momento que la abrazaba─ No tiene de que preocuparse por eso. Lo de esta noche ha sido sólo una lección que quise darle para que se le bajaran los humos a ese pelirrojito─ confesó con una sonrisa─ Lo único que le puedo decir es que a pesar de haber sido grosera con él le tengo mucha gratitud y admiración─ Confesó Kaoru─ Pero en realidad no ha pasado nada, ni pasará pues yo me iré mañana y me reuniré con mis conocidos.
La señora Tani abrazó con mayor fuerza a Kaoru y así le dejó saber que ella la ayudaría en lo que pudiera y que contaba con ella para todo. Así la conversación acabó entre ellas; la anciana se despidió de Kaoru antes de salir.
La joven de ojos azules se limpió el cuerpo, se vendo la herida bajo sus pechos y se vistió con una yukata. Se recostó y tapó con las mantas calientitas proporcionadas en su estadía. Recordó con horror lo que la hizo venir a Kyoto, no podía dormir con tales imágenes en su mente. Sabía que estaba cerca de su destino y aunque no era lo que realmente quería sabía que tenía que enfrentar y acabar con esto lo más rápido posible.
"¡Kaoru, Kaoru… corre, corre lo más rápido que puedas huye de él y no confíes en nada de lo que él te diga!"
"Cálmate papá… mira, mira te traje estos jazmines blancos tus flores favoritas"
"Kaoru escúchame..."
"No papá… debes dejar que el doctor cure tus heridas, toma las flores. Tú dijiste que verlas te recordaban a mí. Sostenlas y lucha por mí, no las sueltes, papá. ¡No las sueltes!"
"Kaoru… te amo hija mía y ahora ha llegado el día en que tú debes de ser valiente y luchar por la tuya"
"¡No!, déjeme doctor yo quiero estar con mi papá... Por favor yo puedo ser su fuerza déjeme, ¡por favor!"
"Se fuerte Kaoru, vete y se fuerte por lo que llegues a amar. Él te vendrá a buscar, recuérdame y lucha Kaoru…él, es fuerte… él… él… él…"
"¡Padre!".
─ ¡Padre!─despertó sudando frio. ─Padre…─ Sollozó sumergiéndose así en un llanto silencioso pero doloroso. ─Yo haré todo esto por ti y tu muerte estará gravada en mi mente hasta que deje de luchar, te lo prometo. ─ Se limpió las lágrimas y se recostó abrazándose a sí misma.
Escuchó unos pasos a las afueras de su cuarto. Este daba al jardín por ende sabía que cualquiera de los habitantes de la posada podía estar divagando en aquella noche tan hermosa. Se paró y se echó encima una frazada con bordes de flores de jazmín en cada esquina que la señora Tani le había regalado. Al salir del cuarto respiró profundamente… Ahh! el aroma que despedían todas aquellas flores─ "¡Jazmines!"─ ella pensó. Apresuró su paso dejándose guiar por el aroma. Allí frente a las flores de jazmín se encontraba el joven que hace unas horas había hecho rabiar. Pensó en retirarse y dejarlo solo pues se veía muy pensativo y… ¿triste?...Decidió ser valiente.
─ ¡Hola!─Saludándolo se colocó junto a él─ ¿No puedes dormir? Falta muy poco para que amanezca y tienes que descansar para seguir salvando a malcriadas de locos abusivos─ Soltó esperando recobrar una de aquellas sonrisas que le conoció en su primer encuentro. Pero el joven seguía en su mundo sin prestarle atención. Kaoru notándolo distraído decidió insistir ─Sabes… yo nunca había confiado en un hombre, esto, a consecuencia de las palabras que una vez mi padre me dijo antes de morir. Pero… cuando tu llegaste y me salvaste parecía que esas palabras eran contradictorias a lo que sentí cuando te vi─ El chico saliendo de su mundo no se pudo resistir y la miró con asombro─ Me sentí de alguna forma protegida. Y aunque tú digas que fui una "casualidad" yo te estoy muy agradecida─ Un poco nerviosa continuó ─ Lo único que hice después de que me salvaras fue portarme altanera contigo, dejé que mi orgullo me dominara y… y… sé que estuvo mal.─Kenshin se asombró de alta manera, no podía creer lo que estaba oyendo─ Por eso, y por la educación que mis padres me dieron, pero sobre todo porque tú eres tu… te pido perdón… De corazón te pido perdón. Y estoy de acuerdo si después de lo que te hice no me perdonas, pero quiero que sepas que de verdad te agradezco de tu presencia esta noche.
Kenshin se quedó atónito ante aquella joven parlanchina, pues nunca nadie le había pedido perdón. Desde que él era niño su vida fue destrozada y él la seguía destrozando más. Ese "Te pido perdón" retumbaba en su cabeza. El poder del perdón… Él necesitaba oír esas palabras, porque de alguna manera quería que este se incorporara en su vida. Perdonar a los demás, que los demás lo disculparan; pero sobre todo que él pudiera perdonarse así mismo de lo que hacía con su vida.
─Eres muy tonta, muy vulnerable e inmadura─ la joven abrió los ojos, "todavía de que se estaba disculpando"─… Pero también puedo decir algo bueno de ti: eres buena y eres especial─ Dijo esto pensando en lo que esa noche ella le había ayudado a sentir: tranquilidad al dormir, ganas de bromear y libertad de sentirse feliz. En realidad le iba a decir más virtudes que le había notado, pero, para que alborotar más a la chiquilla. De por si vio como le brillaron los ojitos al decir aquello… ¡imagínense si hubiera dicho algo más!
─También tengo otra cosa buena que decir de ti─ Añadió Kaoru─…Y lo pude notar con tu forma de ser, tú eres lo que no quieres ser─ confirmó la chica quitándose la frazada que se había puesto encima.
Kenshin la miró sorprendido, como había deducido eso… ─"bruja" ─pensó.
─Lo noté cuando caminábamos hacia la posada y el cambio radical que disté cuando entramos a ella─ dijo Kaoru acercándose más al joven─ No te juzgo, no quiero que me mal intérpretes, pero yo te vi sonreír más de una vez cuando hablábamos sobre tus muy penosas inseguridades físicas─ añadió la chica con una sonrisita juguetona. Pero también notó una leve sonrisita asomándose en el rostro del joven samurái ─ Cambiaste y no sé por qué, pero parece que te gusta debatir si eres sexy o no, y por eso sonríes, porque sabes que lo eres y te confías demasiado─ dijo la chica con la misión de hacerlo reír de nuevo.
─No es eso.─ sonrió el pelirrojo dándose cuenta al instante de su acción─ Es sólo que me hace gracia como lo dices, además tú no sabes quién soy y te atreves a hacerme ese tipo de bromas. ESO, es lo que me da gracia. ─Soltó.─ Pero acerca de tu disculpa, te lo agradezco. ─Le devolvió una dulce sonrisa a la chiquilla─ Y por lo de ese rato, perdóname también. No debí decir nade de eso.─ musitó sinceramente─…Pero ya que dijiste que soy sexy… me estas otorgando la razón─ se cubrió la cabeza riéndose al mismo tiempo que daba un salto hacia atrás esquivando el golpe de la chica.
─ ¡Te perdono por esta! sólo porque me salvaste. Sabes… eres muy vanidoso, me pregunto si las peleas entre tú y tu esposa son por el salario de cada quincena o por quien es el más bonito luciendo lazos de colores─ Rio señalándole su alta coleta roja mientras Kenshin se veía confundido─ De verdad espero algún día volverte a ver ─ Lo cobijó con la frazadita que hace unos momentos traía y le besó una mejilla antes de retirarse a su cuarto. Kenshin abrió los ojos con sorpresa pero se rindió ante el momento.
─Gracias Kaoru─ dijo muy despacio que su voz se confundió con el viento de aquella madrugada. ─ ¡Espera! Señaló mi cabello porque quiso decirme que parecía mujer ─una venita aparecía en la frente de Kenshin─ ¡Aaahh! chiquilla insolente ya sé que quiso decir con los lazos de colores.
Kaoru recorrió el largo y oscuro pasillo que daba a su cuarto. Pero antes de poder correr la puerta pudo ver a otra mujer de cabellos negros enterrándose en la entrada de la casa para abandonar así su escondite del jardín.─ "Qué raro"─ se dijo ella.
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