Hola, chicas. Quisiera agradecer a quienes me han dejado un comentario. Maruvta: muchas gracias por darle una oportunidad a la historia, y espero que te guste.

Bellota: Gracias por dejar tu comentario, me da muchísimo gusto que te hay atrapado la historia. Y para aclarar tu duda, Harry vive en Londres, pero ha viajado a USA anteriormente.

También quiero agradecer a los follows y a los favorites y a todos que decidan darle una oportunidad a la historia. Por favor, no olviden escribir su comentario y sus impresiones, me ayuda a saber si les ha gustado la historia.

Disclaimer: los personajes de Harry Potter le pertenece Rowling, yo sólo los tomo prestados para crear una historia sin fines de lucro y exclusivamente para entretenimiento. Por favor, disfruten de unos momentos de lectura.

Los días en América

No podía quitar la vista de ese par de ojos grises que la amedrentaban sin piedad, sentía que la estrujaban, respiró con dificultad, dio un paso hacia atrás, mordió su labio inferior, hasta que apartó la mirada; no podía seguir sosteniendo esos pesados ojos grises; ya no los soportaba. Tragó saliva, nuevamente; parecía que había pasado mucho tiempo desde que volvió a insistir en su identidad, pero ella no reaccionaba. Estaba nerviosa, nerviosa y asustada; no, no estaba asustada, ¡estaba aterrada! El semblante de aquel hombre era fiero, tenía el ceño fruncido, su cabello despeinado caía sobre su frente dándole una imagen aún más agresiva.

Llevaba puesto un pantalón oscuro y encima una camisa blanca desabrochada. Hasta ahí llegó la mirada de Hermoine, a ese pecho amplio y abdomen firme, mojó los labios casi como un impulso; entonces él empezó a bajar los últimos escalones, despacio y amenazador. NO le quitaba la mirada de encima, estaba furioso, se veía furioso. Se sintió pequeña, infinitamente pequeña, como una presa asechada por el cazador furtivo más letal. La rodeaba sin dejar de mirarla, intuía quién podía ser; la nueva empleada de su madre, algo había comentado con ella hace unos días. Pero no pensó que fuese tan joven. Lo vio caminar a su alrededor sin volver a preguntar nada o emitir alguna otra palabra, sólo la rodeaba, Hermione sintió miedo, giraba conforme él caminaba, a una distancia considerable de ella. Tenía un gesto de repulsión y de enfado en el rostro.

Ella tomó su propio brazo sintiendo inferioridad ante el acecho

―Hola…

Silencio

―Usted debe ser el joven Malfoy

Silencio

Él seguía rodeando

―Su madre, la señora Malfoy , me ha dado…– giraba ella también para intentar estar frente a frente

―La señora Malfoy, me ha dado …– estaba nerviosa, él no dejaba de caminar en círculos a su alrededor, si iba a gritarle que al menos diera señales de tener esa intención, pero él no decía nada, sólo fruncía el ceño y caminaba y caminaba en círculos ¡La estaba mareando!

―La señora Malfoy le ha dado ¿qué? – se detuvo secamente para soltar su voz grave y áspera. Se detuvo de repente cuando ella daba un paso para girar también sobre sus talones; un pie quedó cruzando el otro y por ello casi tropieza. Él dio un paso al frente lo que provocó un susto en Hermione, que tuvo que equilibrar su peso levantando ambos brazos yéndose un poco de lado antes de responder

―ella me ha dado autorización de venir a esta biblioteca para estudiar - mojó sus labios con nerviosismo y volvió a desviar la mirada cuando sus ojos cruzaban con los de él.

Él dejó de fruncir el ceño y de hecho se mostró contrariado, un poco confuso, para luego mostrar una sonrisa que al parecer de Hermione no era muy amistosa sino más bien malévola. Volvió a tragar saliva.

―Así que eso hizo - volvió sobre sus pasos, dio media vuelta y empezó a abrocharse los botones de la camisa, hasta el cuello. Abrió uno de los cajones de la cómoda de madera y sacó una corbata y un chaleco. Hermione lo vio dirigirse a una puerta que estaba a un lado de las escaleras y que ella no había notado hasta ahora, tal parecía que era el vestidor. Entró y cerró la puerta tras él.

Hermione suspiró, aunque no supo si fue por alivio o por sentirse contrariada, no tenía ni la más remota idea de lo que sucedía. Aquel tipo llegó hecho una furia y ahora actuaba como si nada, a demás que la había dejado ahí plantada. ¡Qué modales! Levantó las manos al cielo en señal de incomprensión y confusión ¡Y estas son personas educadas! ¡A dónde iremos a parar!

El sonido de la puerta al abrirse la sobresaltó y giró sobre sus talones para mirar al joven salir perfectamente vestido, el pantalón perfectamente colocado; la camisa fajada, el chaleco perfectamente abrochado y la corbata ajustada apropiadamente. Se había peinado y llevaba ahora el cabello hacía atrás, a Hermione le pareció que ese peinado suavizaba la expresión hostil de su rostro. Así lucía como un apuesto caballero, formal, educado y seductor.

Agitó la cabeza ante este último pensamiento, se sonrojó y miró asustada hacia el joven, ahora de espaldas a ella descolgando un saco que completaba su atuendo. Se sintió tranquila al darse cuenta que él ni volteaba a verla, suspiró.

Mientras miraba su reflejo en el espejo, recordó que no estaba solo y pudo notar el reflejo de Hermione llevarse una mano al pecho y respirar profundamente. Giró y se detuvo un momento para volver a mirar a la chica. La miraba fijamente a los ojos, y después bajó la vista, sin disimulo, hacia sus zapatos gastados.

Hermione entró en pánico, nunca le había importado el desgaste de sus zapatos ni que otros criticaran la edad de los mismos; ella estaba consciente de que sus padres no pudieron costear tantos pares de zapatos como todas las chicas de su edad tenían pero la amaban y se esforzaban por darle siempre lo mejor, así que nunca les dio importancia a las críticas que le hacían sobre su forma de vestir o de calzar, hasta ese momento en el que se sentía más que vista, analizada.

Sus mejillas se encendieron de tan rojas que se pusieron, bajó la mirada también a sus zapatos, pero no a los suyos sino a los de él, quiso esconder sus pies y recogió sus manos cerca de su estómago, sintió un enorme vacío. Él notó su incomodidad, la vio mirar sus zapatos, relucientes y lustrados. Caminó hacia la mesita de noche junto a la cama, pasó muy cerca de Hermione, tan cerca que pudo percibir su aroma, ese aroma a madera y piedra, entonces comprendió que no se trataba de los muebles, sino de él; miró sorprendida como si una verdad entrañable le fuese revelada.

Tomó un reloj de bolsillo de la mesita de noche, lo guardó en uno de los bolsillos de su pantalón y habló finalmente mientras abría el cajón y sacaba su cartera para meterla al interior de su saco

―Puede visitar la biblioteca cuanto quiera, pero tiene prohibida la entrada a dos lugares

Volvió su mirada a Hermione quien lo vía atenta sin poder articular todavía palabra alguna

―la segunda planta y esta habitación – concluyó sin dejar de observar a la chica esperando su respuesta

Hermione, por su parte, seguía contrariada, pero ya no sabía ni por qué, si por el sonido de su voz o porque le estaba dando su permiso tan amablemente luego de gruñir como un oso

―¿Por qué?

―¿por qué?

―sí, ¿por qué?

―bueno, porque lo digo yo – concluyó levantando los hombros como si se tratase de lo más natural del mundo. No quiso dar tiempo a que ella contestara y empezó caminar hacia las escaleras

―Pero su madre, la señora Malfoy, dijo que podría acceder al uso de toda la biblioteca

Detuvo sus pasos después de haber subido unos cuantos peldaños. Dio media vuelta con un pie en el peldaño inferior.

―Y tendrá acceso a ella, excepto a los lugares que ya mencione –contestó con mucha calma, hasta parecía una persona diferente

Emprendió otra vez su marcha, pero fue seguido por Hermione que corrió tras él para intentar que la dejara acceder a todo el material que, por la vista y el espacio tan grande, era muchísimo

―Pero, señor Malfoy, yo necesito acceder a todo el material

Caminaba a prisa con ella siguiéndolo

―¿necesita? ― interrogó sin dejar de caminar

―Sí, me prepararé para hacer un examen de ingreso a la universidad ―se explicaba solemne, aunque tropezara en más de una ocasión, o más bien resbalaba a causa de las suelas gastadas de sus zapatos, lo que provocaba la sonrisa de burla, pensaba Hermione.

―Ya veo –dijo en tono neutro

―Ahora lo ve, es necesario que pueda acceder a todo el material de su biblioteca

―No creo que lo necesite ―dijo ya casi llegando a la salida ― es más, estoy seguro que con los libros que hay aquí le serán suficientes ―extendió los brazos señalando la cantidad de libros en las estanterías

Hermione dejó escapar un sonoro resoplido en desacuerdo frunciendo el ceño, gesto que para él resultó cómico. Llevó las manos a los bolsillos del pantalón y la miro, una vez más de pies a cabeza, como meditando un poco

―No puede entrar

―¡sí puedo! la señora Malfoy me lo concedió

―Esta, señorita, es mi biblioteca y yo digo que no se lo concedo

―¡Pues entraré de todas maneras! – dijo decidida colocando las manos sobre la cintura ―Usted ya se va, ¿no?

Volvió a sonreír con alevosía antes de contestar

―aún así, no entrará

―¿Cómo está tan seguro? – cruzó los brazos esta vez

―simple, porque lo digo yo – otra vez encogió los hombros señalando lo obvio ―y porque parece ser una señorita con educación, apelo a su sentido ético para no entrar donde NO DEBE hacerlo

Hermione hizo una mueca con sus labios y apretó ambas manos en puños. Ahora entendía todas las advertencias que le habían hecho sobre el hijo de los señores, aunque ella podría decir que no es que sea especial con los intrusos, es que es un engreído malcriado. Además, lo peor de todo es que nunca nadie le advirtió que fuera tan endemoniadamente atractivo. ¡Por Dios santo, Hermione, deja de verle la cara con tanto embeleso!

―osh! – se le escapó mientras revoloteaba las manos sobre su cabeza para espantar la voz de su conciencia

A él pareció divertirle ese repentino gesto casi pueril aunque pensó que se debía a lo último expresado. Después el tiempo le aclararía el verdadero motivo del desplante. Volviendo la seriedad a su expresión, dio vuelta y salió de la biblioteca, se había perdido por unos momentos hasta que Hermione escuchó y después vio un auto entre el camino de sauces.

Resopló nuevamente, miró a su alrededor y decidió que lo mejor sería ponerse a explorar y a revisar qué clase de libros tenía. Caminaba por entre las estanterías pasando la mano sobre los libros, leía los títulos en el lomo; los temas eran variados, había desde filosofía y religión, hasta leyes, medicina y matemáticas. Se había topado con algunos libros de astronomía y física. Posiblemente el joven Malfoy tenía razón al decir que aquí había material de sobra para su preparación. Debido a que el material era inmenso, decidió buscar los ficheros de clasificación. Una biblioteca tan grande debe tener algún código de clasificación, así con las fichas sería más fácil estudiar. Pero no encontraba el afamado fichero por ningún lado, fue y vino entre las estanterías. Incluso buscó en el área de estudio, donde estaba la mesa redonda, pero no encontró nada. Bufó con enfado, pensó que tal vez el fichero estaba en el piso de arriba, por lo que se dirigió hacia las escaleras serpenteantes.

Pisó el primer escalón y volteó de inmediato hacia donde estaba la entrada ¡Qué tal que se vuelve a aparecer y empieza a gruñir como hace rato! Pisó el otro escalón, y volvió la mirada en dirección a la puerta. Su respiración parecía detenerse, Muy bien, Hermione, serénate. Sólo buscarás los ficheros y si no están, regresas, ¿ok?. Suspiró un poco más convencida, y subió, esta vez, corriendo hasta llegar al descanso, pero apenas lo pisó, dio media vuelta y bajó con la misma velocidad hasta llegar a la planta baja.

―Osh! ¡ no puede ser! –golpeó el pie contra el piso de mármol y dejó caer pesadamente ambos brazos a los costados. Lo que más le molestó, es que él tuvo razón, ella tenía un lado ético y si el dueño de la biblioteca le había dicho que no podía subir, bueno, era la regla y la iba a respetar. Aunque no siempre fue así y esto le provocaría algunos problemas más adelante.

Resignada y derrotada decidió mejor irse a la cabaña, su madre seguramente ya debió haber llegado y se preguntaría dónde estaba. Además, empezaba a ocultarse el sol y no quería caminar cuando hubiese anochecido, aun no conocía el camino y no quería perderse. Un viento fuerte sopló repentinamente cuando caminaba entre los sauces. Elevó el cuello para mirar esos enormes árboles. Le parecieron hermosos, se detuvo un momento y volvió la vista hacia la construcción de cristal y continuó con su camino.

En la cabaña encontró a su madre en su habitación escribiendo sobre papel.

―Hola, mamá

Jane levantó la vista al escuchar la voz de Hermione.

―Hola,hija, ¿qué tal tu día?

―mmm … bien - contestó escogiéndose de hombros, convenciéndose de que no valía la pena contarle a su madre el primer encuentro con el joven Malfoy ―pero mejor ¿cuéntame cómo te fue a ti en tu primer día de trabajo?―preguntó sentándose en el borde de la cama

―Mejor de lo que esperaba- contestó dejando de escribir para girar hacia Hermione y verla de frente sonriente ―el proyecto de la señora Malfoy es muy atractivo, abrirá la primera Galería de Arte moderno en New York – Hermione miraba platicar a su madre con entusiasmo y se alegró ella misma de ver a su madre ilusionada luego de escucharla llorar cada noche.

Su madre le contaba que la señora Narcissa mandó una invitación a jóvenes artistas para evaluar su obra y presentarlos como parte de un intento por la renovación del arte en la ciudad, pensaba que en América había mucho talento artístico que no debería ser desperdiciado; sobre todo después de la hecatombe mundial de hace algunos años y de la crisis a finales de la década pasada. Consiguió un lugar en Greenwich Village, donde asiduamente iban los artistas y escritores.

La familia Malfoy era respetada aunque después de la crisis sufrida recientemente, cayó un poco de la gracia en la mayoría de la población por ser una de las familias que lograron mantenerse en pie durante el problema económico del 29. Aunque la verdad era que no les fue del todo bien, perdieron muchas inversiones y propiedades. Si lograron mantenerse un poco estables fue gracias a los consejos que el mismo joven Malfoy dio a su padre para evitar la quiebra total. Así que la apertura de la galería tenía una doble función: uno, la valoralización del arte en América, que era la justificación pública y la políticamente correcta; y dos, la más importante para Narcissa y Lucius, quitarle esa imagen a los Malfoy de la familia cínica, fría y estúpidamente rica que se habían ganado en el país. Y no eran malas personas, se decían constantemente, sólo deseaban seguir conservando impolutamente el respeto y estatus que siempre habían tenido y qué mejor que el arte para demostrarle a la sociedad que no eran ni cínicos ni fríos.

Esta parte era la que no conocían ni Hermione ni su madre, para ellas era una labor impresionante y necesaria; los Malfoy se presentaban como los nuevos mecenas del siglo XX, para ellas ya lo eran, pues gracias a este proyecto de Narcissa pudieron salir de Europa, y vaya que lo hicieron en un momento oportuno, pues algunos años después llegarían hasta ellas, en la misma habitación, terribles noticias; pero por el momento, sonreían y aplaudían el trabajo de la señora Malfoy.

Aunque su hijo no estaba muy de acuerdo con este plan, dejó que su madre, como usualmente sucedía, hiciera lo que quisiera. Siempre y cuando no le involucraran en absolutamente nada que tuviera que ver con reuniones sociales o cosas por el estilo. Las odiaba, ya suficiente carga era saberse responsable de absolutamente todos los bienes de la familia por ser hijo único. A cierta edad se enteró que debía ser él quien administrara "sabiamente" la fortuna y negocios familiares, lo que estropeaba todo su plan de vida. Ser el heredero de los Malfoy le suponía una pesada carga, sabía que tarde o temprano debía enfrentarse a esas responsabilidades: heredar, casarse (con la mejor candidata, como decía su madre), tener hijos para continuar con la sangre Malfoy, administrar los negocios y seguir acumulando riquezas, ah! Y lo más importante, mantener impoluto el apellido de la familia. Pero había algo más que pesaba sobre sus hombros como una tonelada;el destino despiadado que se apoderó de su libertad.

Estaba cansado de repasar cada día ese plan cruelmente determinado y perfectamente pulido por eldestino. No protestó, nunca dijo que no, estaba resignado a cumplir a cabalidad con lo que le correspondía como parte de la familia Malfoy. Le habían educado bien y sobre todo le habían inculcado responsabilidades y la primera responsabilidad era hacerse cargo tanto de su familia, como de sus errores, sin embargo, hasta que no llegara el momento de asumir tales obligaciones, él era libre de disponer de su vida como mejor le pareciera, aunque poco tiempo después, luego de esa misma mañana al salir de su biblioteca, sus prioridades cambiarían.

Al día siguiente Hermione y su madre se levantaron muy temprano para ir a desayunar a la mansión. Usaron los mismos vestidos que ayer. Mientras Jane estaba alistando los últimos detalles a su peinado, Hermione, en su habitación, estaba hecha una furia por la rebeldía de sus rizos. Había momentos en que los odia, como esta mañana. Nada más no podían acomodarse en el recogido, salían como pétalos deshojados. Apretaba los labios en señal de enfado hasta que escuchó a su madre gritarle que ya debían salir, pues todavía faltaba caminar a la mansión. Hermione refunfuñó, otra vez. Respiró hondo y más serena tomó un listón de entre sus cosas, trenzó su cabello y lo ató con el listón, para salir disparada de su habitación.

El desayuno ya estaba servido a la mesa cuando llegaron al comedor. La señora McGonagall y el señor Petro pidieron a todos silencio para anunciar las actividades de ese día.

―La señora Narcissa me ha informado que planea organizar en próximos días una reunión en la mansión, en el salón de los helechos ― se escuchó el cuchicheo y aplausos suaves entre las chicas del servicio, sobre todo de Sophie, Esthela y Eliza. La señora McGonagall las miró fieramente reprendiendo su comportamiento poco apropiado y continuó― quiere que hagamos un presupuesto del costo total y presentemos un menú para aproximadamente cincuenta personas

―cincuenta personas es demasiado– intervino Mary – en el servicio sólo contamos con cuatro personas, incluyéndome.

―Pues tendremos que hacer un esfuerzo por organizarnos mejor, estoy segura de que el señor Petro no tendrá inconveniente en incluirse al igual que yo –dijo dirigiendo su mirada al señor junto a ella, quien asintió silenciosamente con la cabeza.

Mientras tanto, Marti, sentado junto a Robert, hacía un gesto de enojo, pues siendo el que llevaba menor tiempo aquí, le darían doble carga de trabajo; tal vez la hiciera de portero, pues todavía no lograba aprenderse de memoria el protocolo de los banquetes, la última vez que sirvió el vino cometió muchas fallas.

―Es posible que el señor Lucius nos permita contratar a más personas para el servicio, eso nos despejará un poco la carga, pero todo depende del presupuesto que autorice – acotó el señor Petro un poco rígido.

―Bueno, ahí está. Caty, quiero que me entregue al menos tres opciones para el menú – volvió a tomar la palabra McGonagall – Robert tomará nota ―el chico asintió―Mary, organice muy bien a las chicas, quiero la casa reluciente y asegúrese de tener la mantelería lista y bien planchada

―sí, señora

―Ah! Casi lo olvido, Hagrid – el hombresote levantó la vista serenamente, Hermione le miró curiosa – La señora Narcissa quiere que te ocupes del caballo del joven Malfoy, quiere que le busques un lugar donde puedan llevárselo

―Tengo que consultarlo con él – Ah! Pero sí habla! Pensó Hermione mientras miraba asombrada al hombre del otro lado de la mesa

―Son órdenes de la señora, Hagrid. Los tiempos han cambiado, tú ocúpate del caballo que ella se ocupará del joven Malfoy. – dio un aplauso para concluir con la mini asamblea y deseo a todos un excelente día.

Todos comieron animados. Al terminar el desayuno, la señora de la casa, mandó a buscar a Jane para que se reuniera con ella en la entrada de la mansión; este día irían a visitar la galería para que conociera el espacio y comenzara a organizar un plan cuando anunciaran la convocatoria durante la reunión que ya habían comenzado a planear. Se despidió de Hermione, ella tomó su mano y le dio un apretón deseándole suerte, mientras se levantaba de su silla para ayudar a Rose a guardar la mesa.

Al otro lado Sophie miraba descaradamente el peinado de Hermione, aunque de hecho lo había hecho durante todo el desayuno, pudo notarlo, y aunque no le dio más importancia, generó en ella un momento de incomodidad que le duraría casi el resto del día. Pasó rápidamente su mano sobre la cabeza para intentar peinar, como si sus dedos en ese momento pudieran hacer algo que su peine no pudo durante veinte minutos, hasta que fue interrumpida por Robert, quien le extendió la mano para saludarla.

―Hola, Hermione, sólo quería decirte que luces…

Pero fueron interrumpidos por Rose quien empujó ligeramente a Robert alejándolo algunos palmos de la castaña.

―ops! Lo siento – levantó su hombro mirando seriamente a Robert – ¿me ayudas Hermione?

Volteó a ver a la castaña que se encontraba un poco desconcertada por la repentina interrupción, pero la dejó pasar

―Claro Rose –y empezó a coger algunos platos de la mesa

Robert hubiese querido hablar nuevamente con Hermione, pero fue ahora el señor Petro quien lo solicitaba, por lo que tuvo que salir del comedor.

Hasta que Rose le vio salir, corrió junto a Hermione que ya cargaba con una torre enorme de platos hacia la cocina

―Dime, Hermione, ¿Robert te parece atractivo? - preguntó esperando a que su amiga colocara los platos sobre el fregadero

―¿Cómo? ¿Atractivo? ¿Robert?

―Sí, él

―Pues no lo sé, Rose. No me lo había preguntado

―Presiento que le gustas – dijo un poco más seria

―¿A Robert? No, sólo nos conocemos de un día, nadie puede gustarte en un día

―Hermione, alguien puede gustarte en unos cuantos segundos – refutó muy segura Rose

―Bueno, puede que tengas razón, pero creo que este no es el caso

―No?

―No

Y la plática ya no pudo continuar porque Caty llamó a todas las cocineras para hablar sobre el menú para la reunión de la señora. Rose tuvo que alejarse, pero se despidió sujetando a Hermione de las manos dándole un apretón y sonriéndole. De cierta forma se alegró escuchar a Hermione decir que no le atraía Robert

Por su parte, ella se quedó pensando en lo último que había dicho Rose "Alguien puede gustarte en unos cuantos segundos". A su mente le vino el recuerdo de cuando el joven Malfoy la descubrió en lo que parecía su dormitorio. En ese momento no se había percatado, porque todo le parecía extraño y confuso, pero luego de caminar hasta la cabaña se recordó a sí misma que no se DEBE de entrar en el DORMITORIO de alguien así como así, era algo muy íntimo. Fue en ese instante que se dio cuenta de que cometió un error y justificó el enojo y los gruñidos del joven Malfoy cuando la encontró a mitad de la habitación.

Pero ahora que resonaba otra vez en su cabeza la frase dicha por Rose, esos ojos grises volvieron a estar frente a ella. A pesar de que fueran idénticos a los de su padre, el mismo color y la misma forma; pensó que los del joven Malfoy escondían algo más, eran todo un tormentoso misterio.

―Hermione, niña – sacudió la cabeza cuando sintió la mano de Caty sobre su hombro – disculpa, pero Lisa necesita fregar esos trastes, ¿nos das permiso?

―Oh! Claro que sí, discúlpeme, señora Caty – contestó nerviosa y mejor salió de la cocina. Se despidió de Rose agitando su mano en el aire y emprendió su caminata a la biblioteca. Tal vez el aire fresco le despeje la mente de tanta insensatez, se decía.

El clima era perfecto, los rayos del sol iluminaban y reflejaban con fuerza los rosales y el verdor de las copas de los árboles, pero cuando llegó al camino de Sauces quedó maravillada por la vista. Vaya, hasta ni parece que estuviésemos en la ciudad de New York. El sol atravesaba las ramas caídas de los sauces llorones; normalmente eran considerados unos árboles tristes y melancólicos, pero a esa hora y con esa luz sobre sus copas, parecían tan pacíficos y encantadores.

Hermione disfrutó de la caminata hasta sintió un poco de nostalgia cuando alcanzó a ver la extraña biblioteca de cristal. Mientras más se acercaba intentaba buscar con la mirada algo que le indicara que ahí se encontraba el joven Malfoy. Recordó que ayer vino después de comer y él, al parecer, iba de salida. Hoy era un poco más temprano, a pesar de las órdenes de la señora McGonagall, más la plática de Rose y la pérdida de tiempo en sus ensoñaciones, había llegado mucho más temprano. Así que seguramente estaba ahí, suponiendo que salía todos los días a la misma hora.

Todo parecía tranquilo ahí adentro. Se quedó parada un momento frente a la puerta, dio un suspiro largo para relajarse y abrió con fuerza una de las puertas.

―¡Hola! - saludó al vacío sosteniéndose de la puerta

Silencio

―¿señor Malfoy? - buscaba con la vista a la expectativa de algún movimiento

Silencio

―Voy a entrar – esto lo dijo casi en un susurro soltándose de la puerta, al fin – ya entré

Y quedó quieta unos segundos más girando la cabeza de aquí para allá, de verdad parecía no haber nadie, volvió a soltar un suspiro y caminó despacio atravesando el pasillo central, llegó hasta el pie de las escaleras de mármol y empezó a subir sin dejar de mirar hacia las escaleras que daban al sótano. Bien, ahora sí, subes, buscas los ficheros y regresas, ¿ok?

―No estará pensando subir, ¿verdad?

―¡AH! ―gritó y del susto no pisó bien el escalón y resbaló, no cayó, lo que hubiese sido todavía más vergonzoso, y todo gracias a que pudo sostenerse con ambas manos del pasamano.

Levantó la cabeza y ahí lo vio, recargado al final de la escalera sobre el pilar del pasamano, sosteniendo un libro abierto, igual que ayer; con la camisa desabrochada, el cabello alborotado y aunque ahora su entrecejo no estaba fruncido, sí permanecía serio, sin expresión aparente. Hermione lo miró con la boca ligeramente abierta, y parece que se percató de su imagen poco adecuada pues se irguió rápidamente para quedar de pie y firme frente él.

Mojó sus labios de nervios y de vergüenza, se maldijo mentalmente ahora pensará que desobedecí la regla y me correrá de la biblioteca pensaba afligida

―Señor, disculpe, no es lo que parece, créame

―Ah, ¿no? Y dígame entonces ¿qué es? – dijo cerrando bruscamente el libro entre sus manos ―porque desde donde yo lo veo, claramente estaba subiendo las escaleras

―No

―¿No?

―Sí, bueno sí

―Sí

―No! Por favor! Déjeme explicarle

Guardó silencio y Hermione entendió que le estaba dando una oportunidad para hablar. Bien, Miome, serénate y deja de ver su abdomen. Sacudió la cabeza para acallar a su conciencia y respiró profundo.

―Yo sólo … - ¡Por Dios, qué camisa! ―basta ―murmuro entre dientes

―usted sólo ¿qué? – insistió el joven

―Yo sólo buscaba los ficheros, no era mi intención hurgar en lo que no me interesa, sólo me interesaban los ficheros, sólo eso, se lo prometo – reafirmaba lo que decía con el movimiento de sus manos – Nada más que los ficheros, lo juro.

Él permaneció imperturbable hasta que terminó por decir

―Nada más que los ficheros – repitió

―Sí , sólo los ficheros

Entonces llevó una mano al bolsillo de su pantalón café mientras la otra aún sostenía el libro. Y empezó a nacer en su entrecejo una seña de incomprensión que a Hermione le perturbó; ladeo ligeramente la cabeza hacia la derecha mirándola interrogante. Ella se puso tan nerviosa que comenzó a mojarse más seguido el labio inferior. Intentaba sostener la mirada pero terminaba por llevarla a los zapatos que usaba, de un café un poco más oscuro que su pantalón.

Entonces él preguntó

―¿Cuáles ficheros?

Hermione terminó por abrir y cerrar la boca en un solo instante para mirarlo perpleja

―¿Cómo que cuáles? – se encogió de hombros y levantó las manos a los lados incrédula―Pues los ficheros de clasificación, como en una biblioteca pública

―oh, claro, esos ficheros

Hermione asintió sonriente

―Aquí no hay

― ¡Qué! ¿Por qué? -ahora fue su turno de arrugar el entrecejo - ¿cómo clasifica los libros o cómo los busca?

―No necesito hacerlo, sé dónde está cada libro

―¡Cómo!

―Lo aprendí de memoria

―No

―¿No?

―me refiero a ¿cómo es posible?

―Bueno, señorita, esta es una biblioteca personal - empezó a bajar con tranquilidad cada escalón – de uso y disfrute exclusivamente privado – llegó hasta donde estaba ella y quedó quieto frente a Hermione ― por lo tanto, esos ficheros no son necesarios, no tenía contemplado que alguien más viniera aquí

Hermione bajó la mirada apenada, jugaba con los dedos de su mano. No se atrevía a levantar la mirada, sabía que él ya la estaba mirando fijamente, lo sentía, sentía una pesada mirada grisácea sobre ella. La sentía como una tonelada de piedras, se sentía inquieta y nerviosa, pero no podía pensar en qué hacer o decir. Tenía la sensación de que si no se movía terminaría aplastada por la fuerza de esos extraños ojos.

Respiró profundo una vez, y llegó hasta el pecho el aroma a madera perfumada, sintió una sensación de estar afuera, en medio del camino de sauces respirando el rocío que encierran sus ramas cuando atrapan el viento entre sus hojas.

Se preguntó cómo una persona con la mirada de plomo podía desperdigar por el mundo un aroma tan placentero. Se preguntó si ese perfume lo adquirió por pasar el tiempo entre sauces o sólo era una de esas lociones para caballero.

Cualquier opción era posible, aunque ella prefería pensar que se trataba de la primera. Todos, o más bien Rose, le contó que él siempre estaba en ese lugar. También se preguntó por qué sería tan solitario, no es un deforme, sino todo lo contrario

―¿qué es todo lo contrario?

―Ah! Yo …- levantó la mirada, ahí estaba tan cerca de ella, frente a ella. Dio un brinco del susto – lo siento, pensé en voz alta

―¿Qué examen hará? - le preguntó sin moverse ni un centímetro. Hermione lo miraba absorta, luego reaccionó y habló después de mojarse nuevamente los labios

― El de medicina – dijo con timidez. Él enarcó una ceja, tal vez lo consideraba ridículo, ella misma sabía que por normas curriculares no la dejarían ser doctora, ya que era mujer, pero bien podría obtener el título de enfermera.

―Necesitará estudiar anatomía, química y biología – le hizo una seña con la mano para que lo siguiera – esos libros están por aquí – Hermione caminó como hechizada

La guió por un pasillo lateral a la cámara de estudio donde se encontraba la enorme mesa redonda. Ahí había cinco torres de libros que llegaban, como todas, del piso hasta el techo.

―Esta estantería tiene libros sobre química – señaló con el libro en la mano la torre izquierda - esta otra – extendió nuevamente el mismo brazo hacia la torre frente a ellos – tiene los de anatomía y del otro lado, los de biología

La miró asentir a cada señalamiento

―¿y está? – preguntó Hermione curiosa por la torre que estaba a su derecha

Él la miró y contestó

―Esa tiene libros de física y astronomía - giró sobre sus talones y continuó caminando, ella lo siguió, rodearon la estantería que tenía los libros de anatomía para encontrarse con otra cámara de estudio o más bien de lectura, había un par de sillones uno individual y otro más grande, para dos personas y en medio había un tapeque redondo color nude y encima una mesa de centro, y también redonda, como la que estaba en el área de estudio.

―Puede estudiar en esta estancia – dijo colocándose de frente y señalando el espacio sin sacar la mano del bolsillo ni soltar el libro.

Hermione lo miraba con más atención ahora que estaba bajo un punto en el que los rayos de sol atravesaban las paredes de cristal e iluminaban toda su figura. Podía distinguir la complexión atlética, tenía el abdomen firme y por lo que se notaba en el pecho, era bastante fuerte sin ser grotesco.

Su porte era altivo y hasta aristocrático, por la manera de estar de pie se notaba la elegancia hasta para estar en tremendas fachas, cualquier otra mujer se escandalizaría por verlo con la camisa desabrochada. Su madre lo hubiese hecho. Era impropio que una señorita estuviera frente a un hombre con la camisa abierta. La parte buena era que ella no era una mujer cualquiera, aunque no podía negar que se sentía intranquila nada más de mirar tanta piel tan blanca

―Si no le satisface, puede ir al área de estudio, es la otra cámara – continuó levantando el brazo para señalar la dirección del área de estudio – hay bastantes cosas que ahora mismo estoy ocupando, pero puedo hacer un espacio para que pueda apoyarse.

Y sólo para variar y disimular un poco el suspiró que se le escapó miró sus manos, o al menos una, la que sostenía el libro. Tenía los dedos largos y delgados, se veían fuertes y masculinas.

―¿Escrutinio terminado? – preguntó él en tono de burla a la perturbada chica

Fue entonces que dedicó primero una mirada de furia a su rostro, pero después cambió su semblante al encontrarse con la serenidad de sus gestos faciales. Se sorprendió de la complejidad de su perfil, tan masculino en sus líneas; bien equilibradas sus cejas oscuras enmarcando la expresión regia de sus ojos, su nariz afilada de tamaño natural en armonía con sus ojos, su cabello, tan rubio que más bien parecía ser gris, igual que sus ojos. Podía pasar de la furia, en sus gestos, hasta la absoluta pasividad; como ahora, sin gesticulación alguna, pero podía distinguir que no se debía a la indiferencia, sino al estoicismo varonil de sus facciones.

Miró haciéndo un gesto altivo con sus labios, finos y definidos. Reaccionó después de comprender la pregunta que le había hecho hace unos momentos. Se mojó los labios nuevamente

―Sí

Él sonrió con alevosía

―Es decir, discúlpeme, estoy muy distraída

―Eso pude notar, si así como me veía puede dedicarle su atención a estudiar, seguramente sí se gradúa de médico

A Hermione le hirvió la sangre, pero ya no supo definir bien si fue de furia o de vergüenza. ¡Se había dado cuenta de que lo miraba afanosamente como queriéndoselo comer! Se vio atrapada

―Discúlpeme señor, pero si fuera un poco más decoroso en su vestir no pasarían estas cosas

―decoroso, claro – sonrió otra vez alevosamente. A Hermione se le detuvo el corazón. Dios mío, pero qué apuesto. ―Es usted la chica Granger, cierto?

Esta pregunta la contrario más, olvidé presentarme! Oh! Qué modales los míos! No importa si el hijo de los Malfoy es un descarado degenerado, debí presentarme apropiadamente.

―Sí, soy la hija de Jane Granger, señor

―Draco Malfoy

―Es un gusto conocerlo

Entonces dejó de mirarla para ocuparse otra vez del libro que sostenía y empezar a caminar en la misma dirección por la que había venido. Hermione lo miró irse y escuchó que a lo lejos le dijo

―Si necesita algo sólo llámeme, estaré arriba – y sin volver a verla se perdió entre los pasillos de las estanterías.

Quedó de pie un rato más, sin moverse, sobre todo para controlarse un poco, su corazón latía muy fuerte, estaba acelerado por las emociones tan dispares que había experimentado tan sólo hace unos momentos. Respiró largo y profundo y puso manos a la obra. Cogió algunos libros que pensó le servirían para estudiar, su madre ya le había dicho que estudiar medicina era muy complejo. Tendría que aprenderse de memoria todas las partes del cuerpo así como su funcionamiento interno.

Empezó revisando los libros y atlas de anatomía, llevó algunos cuantos a la sala de lectura; se acomodó en el sillón más grande y ojeaba primero el índice, luego las ilustraciones, después empezó a leer. Así pasaron las horas, tres horas, para ser exactos, en que Hermione estudió, revisó y admiró los libros de anatomía. De vez en vez miraba hacia arriba para saber algo del joven Malfoy, había estado callado durante todo el rato, excepto un par de veces en que escuchó que caminaba entre los pasillos. Sí que es solitario.

En una de esas veces, Hermione se llevó un susto pues escuchó un ruido estruendoso justo arriba de donde estaba sentada, sonó a la caída de muchos libros o cuando menos algunos de ellos. Preguntó luego de guardar silencio y no escuchar nada

―¿Señor Malfoy, todo bien? – permanecía sentada con el libro de anatomía en su regazo, pero no hubo respuesta. Miró al techo y le pareció ver, entre el espacio de las barras de metal forrado que conformaban el techo, un par de zapatos para luego alejarse casi corriendo de ahí. Volvió la vista a su libro pero tardó un rato en concentrarse de nuevo, aquel suceso le pareció un poco extraño y a demás confuso.

El resto del tiempo todo permaneció en absoluto silencio, sólo se escuchaba el paso de las hojas del libro y de vez en cuando las pequeñas patitas de las aves y pajarillos que caminaban sobre el cristal. Un gruñido gutural y bastante escandaloso sacó a Hermione del sopor de la lectura; era su estómago que ya pedía un poco de comida, imaginó que ya serían las tres de la tarde; la hora en que la familia Malfoy comía. Pero…él sigue aquí. Miró al techo, nuevamente, ¿qué no comerá?

Y el gruñido se hizo presente otra vez. Decidió cerrar los libros y acomodarlos sobre la mesa de centro; apiló primero los que ya había revisado, y en otro lado los que aún faltaban. Sacudió la falda de su vestido azul, ajustó el nudo de su estola y caminó hacia la salida. Cuando pasó frente a las escaleras de mármol se detuvo un momento mirando hacia arriba, llevó sus manos a la espalda y subió, despacio, un pie al primer escalón

―¿Se va?

―¡Dios santo! - casi resbala al escuchar esa voz grave y sonora tras ella ―¡Señor Malfoy, debe dejar de hacer eso, un día va a matarme de un susto!

Él no dijo nada, tampoco tenía expresión en el rostro, sólo la miraba en silencio a los ojos, ella empezó a sentir nuevamente el peso de su mirada, tuvo la sensación de que el vacío en su estómago crecía cada vez más y esta vez no era sólo por la comida.

―Yo…

Escuchó cómo cerraba con fuerza el libro entre sus manos y entonces las miró, tan varoniles y fuertes, después se percató del libro, lo conocía era Shakespeare

―¿decía, señorita Granger?

Hermione dio un respingo

―Claro, yo me tengo que ir, es tarde – y su estómago gruñó más fuerte en ese momento provocando el colorete en sus mejillas

―Parece que es hora de comer – dijo él con una sonrisa apenas perceptible

―Sí – bajó la mirada apenada - permiso – hizo una reverencia y dio media vuelta pero se detuvo antes de tocar la puerta para preguntar

―¿Señor Malfoy?

Él ya caminaba al otro lado pero volvió para atender el llamado

―¿Usted no irá a la mansión? sus padres ya deben estar en el comedor …

―Camine con cuidado, señorita Granger – Hermione entendió la negativa – la veo mañana

Y siguió su camino hasta perderse entre las estanterías, Hermione sonrió ante este último comentario, se sintió feliz, extrañamente feliz.


CONTINUARÁ...