La primera vez que Yuri había conocido la realidad del mundo en que vivía, fue a sus cortisimos 5 años de vida. Una edad en la que ya había sufrido la suficiente violencia como para no querer volver a sonreír. Sus padres no se querían, ni un poquito. Ningún niño está preparado para saberlo, pero aún así, él cree haber nacido sabiéndolo. Termino de confirmarlo cuando conoció el dolor físico en su rostro después de un golpe que su propio padre le había dado cuando apenas tenía 3 años, ya que luego de ese acto, su madre le grito a diestra y siniestra que era un monstruo por golpear de esa forma a una criatura. Si bien los golpes y las quemaduras con el cigarro recibidas de su progenitor dolían y ardían, el niño se había hecho tan inmune al dolor, que ya no lloraba. Tampoco gritaba. Era normal, se decía. Después de todo, sus primeros recuerdos eran de su padre bebiendo, su padre rompiendo cosas, su padre destruyendo todo a su paso. Inclusive a su madre. Es mi culpa, me porto mal. Es natural, es por mi bien, cada golpe es por mi bien. Todos los padres son así con sus hijos. Pero su madre era un caso diferente.
Papa no lo quería, pero mamá si. Mama lo mimaba y alimentaba. Mama le cantaba canciones para dormir y lo arropaba en la noche. Lo bañaba y le enseñaba cosas. También le peinaba el cabello y se lo trenzaba. No tenía tijeras en la casa por temor a que su padre un día decidiera lastimar al pequeño, así que dejaba su cabello dorado crecer hasta que tuviese el dinero para cortárselo. Mamá quería mucho a yuri, pero mamá no se quería a si misma. Al menos, no lo suficiente. Soportaba golpes, abusos e insultos todos los días de parte del hombre que prometió quererla y cuidarla el resto de su vida.
Se odiaba por eso, por soportarlo. Igualmente, había intentado todo. Dejo a su bebé con la vecina muchas veces para hacer la denuncia correspondiente en la comisaría. Denuncias que no le tomaron por no tener suficientes pruebas de maltrato, claro, porque sus golpes y su bajo peso no significaban nada.
Nadie la escuchaba. Le decían que necesitaba mas pruebas y que ellos necesitaban hacer la investigación correspondiente. No lo soportaba. Su marido no solo era un alcohólico, si no que también la engañaba, la golpeaba, la insultaba y aun peor, hacia lo mismo con su bebe.
Inclusive intentó escapar muchas veces con el niño brazos. Pero el mal nacido de su marido siempre la encontraba, o la descubría antes de siquiera poder salir del edificio. No tenía maldita idea de como lo hacia. Seguramente tenía contactos o tal vez solamente ella era muy torpe a la hora de pasar desapercibida. No lo sabia.
Siquiera tenía permitido comunicarse con sus padres; el maldito la había despojado hasta del teléfono de línea.
Cansada de la situación, decidió que debía tomar medidas desesperadas. Ella amaba a Yuri, era su luz, su vida. Lo único que le quedaba, y así como lo amaba, daría la vida por él.
Quiso dejarle una carta o una nota al menos; pero de inmediato lo descarto, sabiendo que eso hundiría sus planes y su sacrificio seria en vano.
Durmió pegada a su bebé. O mas bien, dejo que él durmiera una ultima vez seguro en sus brazos. Miro su carita de porcelana, sus cabellos dorados en una trenza y sus pestañas largas. Era tan parecido a ella, daba gracias a dios por eso. Canto su canción favorita en voz baja mientras le acariciaba el rostro. Quería quedarse con esa ultima imagen de su niño, quería grabarla a fuego, para jamás olvidarla, para reencarnar en otra forma y volverlo a encontrar, para poder protegerlo desde donde esté.
Estuvo así toda la madrugada, negándose a derramar lagrimas sobre el rostro de su ángel.
En la mañana cuando el sol apenas asomaba, su marido llego a la casa, por supuesto, ebrio. Dejo al niño en la cama durmiendo y beso por ultima vez su cabecita, susurrándole que lo amaba y que la perdonara por lo que iba a ocurrir.
No puso un pie en la cocina que la pesadilla comenzó. Normalmente cuando ese hombre la agredía, ella se defendía o trataba de apartarse de él, mas no esta vez. Se dejo golpear, humillar y hasta lo provoco, diciéndole todo lo que siempre había querido gritarle a la cara. Al menos se quitaría la mierda de la garganta antes de pasar al otro mundo. Ojalá y su voz lo acompañara hasta el último suspiro, atormentándolo en sus sueños. Sin dejarlo dormir en paz. Conforme los golpes pasaban, su cuerpo se sentía más adolorido, veía cada vez más borroso y perdía fuerzas. Dejo de sentir el cuerpo hasta que todo se volvió negro. Lo ultimo que susurro antes de cerrar los ojos, fue el nombre de su hijo.
Yulia Plisetsky fallecio a sus 26 años, amando a su hijo. Temiéndole a su marido. Pero siendo libre ella y liberando así a su pequeño.
Ese hombre no soltó ni una lagrima y yuri tampoco. En esa casa el miedo era mas fuerte que el amor. Y él amaba a su madre, pero le temía mucho a su padre.
Ni siquiera se digno a levantar el cuerpo de su fallecida mujer del piso; la dejo tirada en la habitación como si fuese un adorno mas que complementará la decoración del departamento.
El cuerpo estuvo una semana entera ahí, frío, sin moverse, cada vez se miraba mas sombrío y aterrador: pero eso no evitaba que Yuri intentará despertarla. Trataba de encontrar calor en sus brazos o de hacerla sonreír pero nada funcionaba.
Fue entonces que Yuri teniendo 5 años, entendió que ya nadie lo cuidaría del monstruo que convivía con él en el mismo cuartucho barato. Supo que probablemente ya no comería ni se bañaría. Supo también que él soportaría todos los golpes y que probablemente moriria en no mucho tiempo. Y aún así, no lloro ni una vez. Tal vez era lo mejor. Podía caminar, pero le costaba hablar. A su padre le irritaba escucharlo siquiera respirar, así que las pocas veces que pudo aprender, fue con su madre presente; mas nunca había soltado una palabra coherente en su vida. Ahora que ella ya no estaba, sentía que no tenía sentido seguir viviendo. Ya no le quedaba mas nada.
Eran pensamientos tristes e inhumanos para un niño de esa edad, pero era todo lo que la vida se había empeñado a enseñarle. Conocía mas insultos que palabras bonitas.
Quien diría que un soleado día de abril, la vida le sonreiría al pequeño rubio. Un día en el que llevaba semana sin bañarse y sin comer. Un día más de la semana que pasaba abrazado al cuerpo de su mama, suplicando que despertara o al menos se lo llevara con ella. Un día en el que la puerta de su "hogar" fue derrumbada a patadas.
No recordaba muy bien esa parte de todas formas. Escucho gritos, golpes y finalmente a su padre siendo apresado. Recordó que lo tomaron en brazos y lo sacaron de ahí. Recordó el pitido de algunas maquinas que jamás había visto y una habitación horriblemente blanca. También que su cuerpo se sintió más fuerte al recibir el alimento y cuidado necesitado. Solo recuerda pequeñas escenas difusas de lo que fue su rescate. Pero lo que si recuerda con lujo de detalles, como si fuese la escena más importante de su vida, es a un hombre corpulento, con alguna canas y la mirada más cálida del universo entero. El señor tenía los párpados inferiores y los bordes de los ojos rojos, como si hubiese llorado, lo sabia porque lo había visto en su madre. Yuri era un niño muy perceptivo e inteligente, su silencio lo había convertido en lo que era.
El supuesto amable hombre se sentó a su lado mirándolo con adoración, como si el fuese alguna clase de tesoro, como si lo quisiera. Al ver la curiosidad en la mirada del pequeño, el hombre habló.
-Pequeño Yuratchka, ¿como te sientes?- dijo amablemente mientras le revolvía con suavidad sus dorados cabellos. El niño solo asintió en respuesta, casi ronroneando por la caricia recibida. Miro los ojos del adulto y por primera vez, noto sus ojos verdes. Ojos brillantes, llenos de seguridad y amor. Los reconoció, como los ojos de su madre. Lo reconoció como un ángel enviado por ella y sintió deseos de llorar. Tomo la mano que reposaba en su cabeza y la coloco en su carita, dándose cuenta de que a pesar que el tacto no era el mismo que el de su progenitora, le daba la misma sensación de paz.
- Eres un un niño muy valiente Yuratchka, muy fuerte... ¿Sabes quien soy yo?- le dijo con cuidado. El niño no respondió. Se sentía como si supiera la respuesta pero al mismo tiempo no supiera la palabra para definirlo. Al ver la duda, el hombre sonrío.
- Soy tu abuelo pequeño, yo te cuidare desde ahora y no dejare que nada igual vuelva a pasarte- dijo con un deje de culpa.
El adorable niño abrió los ojos con asombro. Esa era la palabra, era perfecta. La palabra mas hermosa que había escuchado hasta ahora. Tan hermosa, que no se pudo resistir.
-A... Abuelo- dijo con voz quedita, acariciando la mano de quien era su nueva adoración. Como si un rayo lo golpeara, se tiro encima del adulto abrazándole, sin darse cuenta cuando empezó a llorar y a gritar su nueva palabra favorita.
El hombre conmovido sólo atinó a aferrarlo entre sus brazos, diciéndole al oído, lo listo que era y lo mucho que había ansiado tenerlo consigo.
Ese fue el maravilloso día en que Yuri conoció a Nikolai Plisetsky.
La vecina de la puerta frente a la del cuarto de la familia Plisetsky estaba acostumbrada a que la adorable Yulia le dejara a su hijo casi todos los días un par de horas. Por eso se preocupo al no recibir su visita, al no escuchar los gritos ni los golpes del otro lado. No era una mujer tonta y sabia lo que ocurría en esa habitación, por eso jamás se negaba a cuidar al pequeño Yuri.
Por eso cuando la joven no volvió a tocar su puerta y no escucho gritos y golpes del otro lado, se sintió extraña. Pensó que se había mudado o había logrado escapar; pero ver a su marido llegando borracho y gritándole a alguien adentro, descartó la posibilidad.
Mas cuando sintió un casi imperceptible olor salir de la habitación un momento cuando el hombre entraba a la casa al mismo tiempo que ella salía a hacer las compras. El pánico la invadió y llamó a la policía.
El resto de la historia es obvia y patéticamente triste, ya que cuando habían interrumpido en el edificio, sacaran el cuerpo, arrestaran al asesino y llevaran al niño al hospital, fue que la policía recordó que la mujer que yacia dentro de una bolsa negra, había hecho la denuncia mas de 30 veces y que al final, no hicieron nada por ayudarla.
Las denuncias lograron meter en perpetua al hombre y desenlazarlo completamente del niño, llamando al único familiar directo materno que le quedaba, Nikolai.
No pasaron muchos días para que el niño fuera dado de alta, aún tenía cicatrices, pero nada de que preocuparse. Afuera nevaba. El hombre se encargó de comprarle lo necesario para abrigar a su pequeño nieto, luego se preocuparía en comprar el resto.
Mientras caminaban por las frías calles de Moscú, Yuri se preguntaba muchas cosas. ¿Como sería su nueva casa? ¿Podría comer todo lo que quiera allí? ¿Su abuelo se quedaría para siempre con él? Esperaba que si, ¿su padre lo iría a buscar? Se estremeció ante ese pensamiento. No había nada que le aterrará mas que su padre.
El mayor noto como el niño se tensaba y repaso la situación. Su pobre hija había muerto en manos de ese hombre, dejándole al pequeño a su cuidado. Sabia porque lo había echo, pero eso no hacia que el dolor en su corazón cesara. Perder a un hijo era el dolor mas grande que había experimentado en todos sus años de vida.
Su hija dio la vida por Yuratchka y él no iba a desestimar eso. Pudo haber matado al hombre... Pero sabía que su noble corazón no hubiese podido soportarlo y que no aguantaría la culpa. Así como sabia que si ella cometía el asesinato, sería encarcelada y alejada de Yuri de todas formas, quitándole también las chances de dejarle la custodia a él. De no ser por ese sacrificio, Yuri hubiese muerto en manos de su padre o hubiese terminado en un orfanato. Agradeció a dios que durante esa semana, el maldito no hubiese decidido el mismo final para su nieto.
Extrañaría a Yulia tanto como extrañaba a su fallecida mujer, pero volcaría ese amor en el pequeño. No tenía mucho para ofrecer, pero esperaba que fuera suficiente.
Al llegar a casa, Yuri se sintió seguro. El lugar emanaba el aroma del mayor y se sentía cálido. Recorrió la casa bajo la mirada atenta de su abuelo. Este le explico que en unos días le armaría una habitación para él solo. Eso era lo mas cercano a un palacio que el pequeño había visto en su vida. Pasaron la tarde jugando y riendo, al mismo tiempo que el hombre le enseñaba a hablar con mas fluidez y a leer. Llegada la hora de la cena, el hombre preparo su especialidad; el favorito de su hija. Se preguntaba si Yuri ya había probado el platillo. Se le hacia difícil saberlo, había dejado de tener comunicación con su hija hacia muchos años cuando salió embarazada tan joven y ella escapo con su estupido novio. No quiso dirigir sus pensamientos por ese camino, así que se concentró en la cena.
Una vez servida la mesa, Yuri miro expectante el platillo, sintiendo como el aroma mas delicioso del mundo se colaba por sus fosas nasales, abriéndole el apetito. Su abuelo era increíble.
- ¿que es abuelo?- dijo, tomando uno con la mano.
- Se llaman piroshky, son mi especialidad. Espero que te gusten- dijo amablemente, pero al mismo tiempo nervioso. La opinión de un niño siempre era importante, más aún si se trataba de su adoración.
Yuri se atrevió a probarlo y sus ojos se abrieron como platos, mientras el brillo inundaba su mirada. Dejo el sabor en su boca antes de tragar, para poner la mas hermosa sonrisa que el mayor había visto - ¿y bien? ¿Te gustan?-
El rubio asintió energéticamente con la cabeza luego de terminarse uno entero en menos de un minuto, mientras tomaba otro con rapidez y se lo llevaba a la boca.
- Supuse que te gustarían, eran los favoritos de tu madre- dijo sonriendo triste el mayor, mientras recordaba la infancia de su pequeña Yulia.
Yuri asintió despacio ante esa revelación y comenzó a comer mas tranquilo. No fue hasta que su abuelo menciono su nombre, que noto sus mejillas mojadas. Había soltado lagrimas sin siquiera fruncir el ceño, imaginando a su madre pequeña, comiendo en la misma silla que él, siendo feliz. No hizo ningún sonido mientras masticaba y sus lágrimas caían al mismo tiempo. Era como si cayeran voluntariamente, como si su alma sacara el dolor a través de sus ojos.
El mayor lo miro dolido, reprochándose por mencionar a su hija, él no tenía idea de lo que Yuri había visto o vivido todo ese tiempo y tal vez era demasiado pronto para hablar de ella. Se vio contrariado cuando el niño, ya sin lagrimas, tomo su mano y le pregunto- ¿llorar es malo, abuelo? Papa dijo que llorar es malo, que es de niñas-
Sintió su furia crecer hacia ese hombre, pero prefirió enfocarse en responder a esa pregunta - llorar nunca es malo Yuratchka, siempre y cuando sea necesario para liberar el alma-
Con el paso de los años, Yuri crecía al lado de su abuelo. Nikolai intento llevarlo a varios colegios, pero el rubio se negaba, teniendo miedo a socializar. Contrato tutores para que le enseñaran en casa; en el calor de su hogar su nieto siempre parecía tranquilizarse. Lo llevo a terapeutas infantiles y a todo tipo de lugar, intentando llegar a una solucion. No se había preocupado por eso antes, pero al ver que el chico no quería separarse de él, se alarmó.
Lo llevo a cada lugar que su bolsillo pudiera pagar, sin obtener resultados. Yuratchka había crecido siendo un niño reservado, solo le sonreía a él y solo le hablaba a él.
No hacia mas que realizar excelentemente sus tareas y mirar televisión. Y eso llegaba a quitarle el sueño.
Una tarde, Nikolai salió a hacer las comprar al centro de la ciudad, su nieto por supuesto se ofreció a acompañarlo para serle de ayuda. Entre tienda y tienda, el mayor se cruzo a un viejo amigo y se distrajo hablando con él. Yuri al sentirse extraño en presencia de otras personas, inmediatamente se sintió incomodo y comenzó a pasear la mirada por el lugar. Sus ojos se detuvieron en la pista de hielo al aire libre que abrían todos los años en esas fechas, debido al frío que hacia. Su abuelo siempre le daba una mesada a pesar de que él no gastara el dinero, así que teniendo dinero consigo, se dirigió a la pista, sin que su abuelo lo notara.
Pidió un par de patines y se adentró en la pista, calculando cada paso. Si alguien le hubiese dicho a las personas de alrededor, que esa era la primera vez que el niño tocaba una pista, se le hubiesen reído en la cara. Automáticamente al poner sus pies en ella, el rubio lo sintió natural; como si fuese la extensión de si mismo que había estado buscando todos esos años. Se deslizó con cuidado, sosteniéndose del borde de la baranda que estaba a los costados de la pista y con paciencia comenzó a soltarse. A los pocos minutos, a pesar de que le temblaban un poco las piernas, logró mantenerse de pie.
A metros de ahí, Nikolai hablaba con su colega al que no veía hace muchos años. Cuando quiso presentarle a su nieto, se percató de que este ya no estaba a su lado. No se desespero mucho, sabia que si Yuri se perdía o un extraño se le acercaba, gritaría. Por eso se quedo anonado al verlo en la pista a metros de donde el estaba, patinando como si se hubiese dedicado a practicar durante semanas. Se acercó lentamente hasta llegar al borde de la pista, junto con su colega.
- Vaya Nikolai, no me dijiste que Yuratchka patinaba- dijo el hombre con calma.
-No... No lo sabia. Yuri jamás toco la pista hasta hoy, después de todo, no sale de casa sin mi por mas que le insista- miro asombrado la naturalidad con la que se comenzaba a desenvolver su nieto, mientras el hombre a su lado se escandalizaba diciéndole que era imposible que fuera la primera vez. Luego de un tira y empuje, el hombre le creyó.
Su amigo de despidió de él luego de hablar un poco sobre su nieto y se retiró, avisándole que le llamaría para reunirse con él y Yuri en otro lugar. Nikolai asintió y continuo prestándole atención a su tesoro. Cuando el turno pagado se termino, el rubio fue a devolver los patines para regresar con su abuelo, sorprendiéndose cuando le encontró esperándolo a la salida con una sonrisa.
-lo siento abuelo, ¿te hice esperar mucho?- dijo avergonzado.
-Para nada Yuratchka, ¿encontraste un pasatiempo?- le pregunto tranquilamente.
- Creo que si...- dijo Yuri para que una hermosa sonrisa se formara en su rostro, esa que puso la primera vez que probó sus piroshky.
Siguió asistiendo a la pista una hora por día, con la mesada que había ahorrado, acompañado de su abuelo, por supuesto. Trataba de encontrar nuevas formas de patinar, se caía a veces, pero por ser demasiado bruto, además de que sentía que no le alcanzaba con una sola hora.
La semana siguiente al día que probó la pista por primera vez, Yuri se encontró con la sorpresa de que su abuelo se paso de largo la pista del centro donde siempre patinaba, para llevarlo a la pista cerrada un poco mas alejada de su casa. No era muy concurrida, así que supuso que lo llevo porque era más amplia.
Emocionado de conocer un nuevo lugar, entro casi corriendo, pidió unos patines de su talle y corrió a deslizarse. Su abuelo sonreía sutilmente al ver esa energía que no le había visto tener en esos dos años que cuido de él. No lo quiso interrumpir, así que lo dejo ser.
Pasaron unos minutos antes de que Yuri recordara que no estaba solo y se acercó al borde a ver a su abuelo. Lo que lo dejo sorprendido, era ver que no estaba solo.
-Yuratchka, quiero presentarte a un amigo, ven, acércate- lo animo su abuelo, quitándole inseguridades. Una vez que estuvo lo suficientemente cerca, Nikolai prosiguió a presentarlos- Este hombre de aquí es un antiguo amigo mío de hace muchos años Yuri, su nombre es Yakov Felstman y será tu nuevo entrenador a partir de ahora- termino, mientras el hombre a su lado asentía en direccion al rubio.
Al ver la sonrisa de su abuelo, supo que no era una broma y su sonrisa ilumino la pista.
Acto seguido, Yuri se abalanzó sobre su abuelo dandole las gracias mientras, por primera vez, lloraba de felicidad.
Llore escribiéndolo, así saben que yo también me odio por hacerle esto a Yurio jajaja pero es necesario para la historia /3 no me odienpor favor que recien es el segundo capitulo, todo va a ser recompensado con mucho amorrr lo juro.
Respondo los comentarios a continuacion
MissGabita: Bueno, estabas ansiosa por leer el pasado de Yuri y te acercaste muchisimo con tus teorias! Jajaja Jamas voy a abandonar esta historia, lo super prometo tengo varios capitulos escritos ya, tardo una semana en publicarlos porque trato de terminar el fic a medida que subo los que ya tengo antes de que la facultad me corte las alas jajaja, me alegra mucho que te gustara la historia y espero que puedas seguirla hasta el final
SKforever'POM: Muchas gracias por valorar mi historia realmente dudo que alcance muchos lectore spor el simple hecho de que la trama es lenta y voy a tratar de ser lo mas especifica posible, ademas de que como ya dijiste, Kazajistan es un pais complicado, me dedique a investigar mucho las costumbres de Rusia tambien, para tener una perspectiva mas realista; espero que este capitulo tambien sea de tu agrado y continues la historia hasta el final
Hati-chan: Muchisimas gracias cambie mucho mi forma de escribir y me alegra que te guste
Ana banana: Tarada hacete una cuenta y comenta como la gente JAJAJA gracias hermosaaa, vos me inspiraste principalmente, te amo un millon ah como era eso jajaja no me abandonesss io na ma te tengo a tii, lee este capitulo tambien T-T
En general MUCHAS gracias a quienes comentaron aprecio muchisimo el valor que le dan a la historia, hasta el proximo Martes
