Los personajes pertenecen a la gran Naoko Takeuchi, la historia es completamente mía.

Hola a todos!

Estoy de vuelta!

Estuve trabajando con una nueva historia que les traigo a continuación.

Aclaro de una vez, que esta historia es completamente diferente a todo lo que he escrito. Aun así espero que le den una oportunidad y por supuesto que les guste.

Bueno sin más, les dejo leer el comienzo.

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Prólogo

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Aquella noche la morada de los Chiba era un hervidero de actividad. Las luces tintineantes dejaban ver el movimiento exhaustivo de los presentes, quienes se divertían con esmero, con el desenfreno habitual que su linaje permitía.

La sala estaba infestada de hembras, hembras humanas, que bailaban y reían con la inocente conciencia de ser el centro de atención, pero Andrew Tsukino sabia la verdad, aquel no era precisamente el motivo por el que fueran la sede de todas las miradas.

Mujeres incautas, imbéciles seres inferiores que ni siquiera eran conscientes de todos los peligros que las rodeaban en aquellos instantes.

Las hembras pululaban como moscas a la miel, sin el más mínimo conocimiento de que antes de que terminara la velada servirían para saciar uno de los apetitos más peligrosos que existía en aquellos lares.

Pero aquel desconocimiento era lo que hacía que Andrew se sintiera falto de tentación, falto de deseo. Asqueado por el simple hecho de ver aquellas insulsas y poco apetecibles mujeres que buscaban compañía entre los de su clase.

Era un hecho que todos los ahí presentes al igual que él, prefería a las de su propia especie para saciar aquel sin igual apetito, aquella sed de sangre y de sexo, el problema radicaba que las normas prohibían a los machos saciarse de aquellas apetencias de las hembras de su especie. Había un precio que había que pagar para poder hacerlo, uno que muchos pagaban con gusto.

Aquel era un asunto complicado, no solo porque el precio era un precio alto para muchos de ellos que valoraban demasiado su independencia, si no por que las hembras escaseaban en una naturaleza como la de ellos, donde el macho era predominante en todos los sentidos.

Además de todo, estaba el hecho de que en palabras de su hermano mayor, no podía desairar a su anfitrión, y a pesar de que la idea no le era en lo más mínimo incitante, era consciente de que antes de que terminara la velada tendría que adueñarse de alguna de aquellas hembras humanas, saciar su sed de sangre… y tal vez dar rienda a sus demás deseos y necesidades.

Camino por entre la muchedumbre, observando con especial aburrimiento el movimiento bullicioso de aquella velada. No estaba seguro de que era menos aceptable, el que tendría que participar en aquella distorsionada velada o estar en el lugar de su hermano mayor, dialogando con su anfitrión, Sabio Chiba.

El bastardo líder de los Chiba no era precisamente alguien con quien el deseara entablar una larga y aburrida conversación. Pero Haruka estaba realmente convencido de que aquella alianza era lo mejor para el clan Tsukino, y Andrew respetaba los deseos de su hermano mayor y líder.

También podía decir que su hermana menor tenía suerte de no tener que estar ahí, aunque dado el cariz de la velada, Haruka jamás le habría permitido a la pequeña e ingenua Serenity presentarse en aquella reunión.

Los cuatro hermanos Chiba habían hecho una pequeña aparición, pues los muy bastardos inmediatamente después de la cena se habían ido disculpando uno a uno y habían desaparecido sin más, y Andrew en aquellos momentos no pudo más que envidiarlos, pues él deseaba con desesperación marcharse, pero no podía cometer aquella descortesía, casi podía escuchar la reprimenda de Haruka si se atrevía a largarse.

Expulso sus sentidos, permitiéndose sentir todas las presencias que en aquellos momentos lo rodeaban, eran escasos los Tsukino que estaban ahí, acompañándolos por el simple hecho de proteger al jefe de su clan.

También podía percibir el aroma de la sangre fresca y podía sentir, más que oír, a los impacientes machos que se habían alejado con alguna humana, saciaban su sed y mucho más con ellas. Era algo inevitable, la alimentación en un macho estaba combinada con sexo, lo vieran por donde lo vieran era algo casi inevitable.

Existían quienes podían resistir la necesidad, pero era realmente escasos los que lo lograban, ya que era demasiado intensa la necesidad cuando se alimentaban.

Andrew sacudió la cabeza mientras intentaba sacarse sus presencias de la mente, el estar con tantos Chiba lo enfermaba, habían sido sus enemigos desde que tenía memoria, aunque siempre había sido más por costumbre que porque realmente alguna vez le hubieran hecho daño, pero el sentirlos cerca lo ponía alerta.

Y pensar que el motivo por el que se encontraran ahí varios de los miembros más importantes de los Tsukino era lograr una alianza con los Chiba, parecía bastante bizarro.

Mientras vagaba por el salón intentando despejar su mente, fue justo en aquel momento cuando la sintió, incluso antes de mirarla siquiera, algo extraño impulso su cuerpo como si de una corriente eléctrica se tratara.

Sin pensar demasiado en lo que hacía y llevado por aquella extraña sensación, camino sin aparente rumbo.

Una puerta abatible de doble hoja le dio la bienvenida llevándolo justo a un pequeño jardín interior. El lugar estaba resplandeciente gracias a las luces iridiscentes que lo iluminaban todo.

Y justo ahí estaba ella, de espaldas a él, observaba sin prestar atención un pequeño botón de rosa de color rosado que sus manos sostenían.

No necesito preguntar para saber que era una de su especie, y por supuesto tenía que ser una Chiba o por lo menos perteneciente a alguna de las líneas de sangre inferiores de los Chiba, estaba casi seguro por el color castaño de sus cabellos, pero por extraño que pareciera en aquel momento nada de eso le importo.

Era su sangre la que le llamaba con una salvaje inquietud que lo dejo abrumado por un instante.

Ella giro de pronto, sus ojos se abrieron con sorpresa al tiempo que un pequeño jadeo escapaba de sus labios al mirarlo. El botón en sus manos fue estrujado con violencia al tiempo que se llevaba la mano al pecho.

Ella era perfecta, su piel cristalina, sus ojos de un intenso color esmeralda llenos de anhelo, brillantes de conocimiento y reconocimiento y su sangre… su sangre llamándolo con aquella violencia, no hizo más que enardecer todo su ser.

Sin ser consciente de lo que hacía, se acercó a ella con violencia, y para su deleite ella no retrocedió, se quedó quieta… esperando por él…

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Que les ha parecido?

Sé que aún queda un poco confuso, pero aclaro que la historia es básicamente sobre los hermanos Chiba.

Bueno, espero que les haya gustado el comienzo de mi nuevo fic. Nos leemos el próximo lunes con el primer capítulo.

Besos!